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jueves, 3 de octubre de 2019

TEMPLETE DEL METRO GRAN VÍA, OBRA DE ANTONIO PALACIOS.

Para los habitantes de aquel Madrid del año 1919, atravesar la ciudad en un tren subterráneo iba a dejar de ser ficción para convertirse en realidad, porque el día 17 de octubre sería inaugurado el Metropolitano Alfonso XIII, que unía los Cuatro Caminos con la Puerta del Sol.

El viajero iniciaba su recorrido tras abonar el precio de 15 céntimos (de peseta) del billete. Pasillos, escaleras y el propio andén de la estación se hallaban recubiertos por blancas plaquetas de azulejos, con el fin de mitigar el temor a introducirse en el subsuelo madrileño. Coloridos mensajes publicitarios de cerámica, en las paredes, informaban sobre los grandes almacenes que se podían visitar o de los diversos artículos a la venta. 
 
Si el pasajero decidía apearse en la estación de la Red de San Luis (Gran Vía), y penúltima de aquella línea de Metro, debía salvar sus 25 metros de profundidad subiendo los tramos de una larga escalera o utilizando un gran ascensor, llegando así al monumental Templete, obra del arquitecto Antonio Palacios, a través del que se salía a la calle.








Antiguos Cafés de Madrid ha recreado en este vídeo el famoso Templete de la Gran Vía de Madrid, al cumplirse los 100 años de la apertura del Metro.

Mostramos aquí, con detalle, cómo eran el andén y el primer tren que circuló, la publicidad de entonces, aquella escalera y el famoso ascensor que tanto dio que hablar al Madrid de entonces. Descubrimos todos los detalles que el arquitecto Palacios diseñó para este acceso del Metro: la preciosa marquesina, los adornos que la rodeaban, sus verjas y ventanales, el plano con las primeras estaciones, contando también toda la historia de este monumento singular.

Al terminar, una sorpresa. El templete del Metro, en la actualidad, que se encuentra en el Concello do Porriño (Pontevedra).


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miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL PASEO DE LOS OCHO HILOS y FRANCISCO LEBRERO.

Hasta el día 7 de noviembre de 1902, el tramo de la calle de Toledo comprendido entre las glorietas de la Puerta de Toledo y de Pirámides era conocido con el nombre de Paseo de los Ocho Hilos.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1924). Tras el Puente de Toledo aparece el paseo de los Ocho Hilos, con sus árboles, que llegaba hasta la Puerta de Toledo.

Esta bonita denominación surgió por las ocho hileras de árboles plantados en sus laterales (cuatro a cada lado), allá por los años cincuenta del siglo XIX, cuando el denominado “Plan Castro”, del urbanista y arquitecto Carlos María de Castro, propuso y realizó el trazado para el ensanche de Madrid.

El derribo de la Cerca de Felipe IV, en el año 1868, expandió la ciudad que por entonces contaba con trescientos mil habitantes, muchos de ellos instalados ya a extramuros en infraviviendas rodeadas de numerosas fábricas, talleres y vaquerías. Los nuevos barrios creados, como el del Puente de Toledo en el distrito de La Latina (hoy de la Arganzuela), verían construir bonitos edificios como el que fue propiedad de Francisco Lebrero.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). La casa que fue de Francisco Lebrero.

El madrileño Francisco Lebrero Alonso (1842-1918) había trabajado desde niño como aprendiz en varias fábricas de fundición de metales, hasta que a mediados de los años setenta del siglo XIX logró montar taller propio, con su socio Juan Bou, en la desaparecida calle del Arroyo de Embajadores, número 27, que corría paralela al paseo de las Acacias.

Parece que la sociedad fue un negocio tan rentable que, en el año 1878, permitió a Lebrero adquirir un solar en el paseo de los Ocho Hilos, número 6 (hoy calle de Toledo, nº 122), donde estableció su propia fábrica de fundición de hierro y, posteriormente, también una pequeña y efímera factoría dedicada a la fabricación de pañuelos de seda, llamada “La Constancia”.

Fuente: idehistoricamadrid.org (1900). Plano de Facundo Cañada. La fundición-casa de Francisco Lebrero aparece remarcada en azul, en el paseo de los Ocho Hilos.

Republicano progresista (Primera República Española), partidario de Manuel Ruiz Zorrilla, Lebrero fue muy activo a lo largo de su vida en el desempeño de sus cargos en el comité que este partido había formado en el barrio del Puente de Toledo.

Fotografías: M.R.Giménez (2019). Portal actual del edificio de Francisco Lebrero. En sus laterales puede apreciarse aún el dibujo de las siglas FL entrelazadas.

En el año 1884 Francisco Lebrero encargó, al maestro de obras Lucas Raboso López, los planos para la construcción de un edificio que ocuparía una parte del solar situado en el paseo de los Ocho Hilos, número 6, al lado de la Puerta de Toledo. El inmueble tendría dos espacios habilitados para el comercio en su planta baja y dos pisos destinados a viviendas, más buhardilla. Dos años después, mientras se ejecutaban las obras, el arquitecto Luis Sanz Trompeta realizó un nuevo proyecto añadiendo una nueva planta, que sería desestimada con posterioridad.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). Detalle de la rejería de los balcones.

El edificio, construido por completo con estructura metálica, tiene una preciosa fachada estilo neomudéjar de ladrillo visto acompañada por vistosa rejería con adornos vegetales, además de pequeñas columnas en balcones y ventanas. Pero destaca, sobre todo, la parte central de su zaguán en donde se encuentran situados un reloj y una veleta, en hierro galvanizado, que aún conserva las iniciales del propietario del edificio (FL).

Fotografía: M.R.Giménez (2019). Detalle del reloj y la veleta del edificio, con las siglas de Francisco Lebrero pintadas en blanco.
 
Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) la zona de los alrededores de la Puerta de Toledo resultó muy dañada por continuos los bombardeos. Al finalizar la contienda se construirían nuevas viviendas en la parcela que fue la fábrica de fundición. El edificio de Francisco Lebrero fue reedificado, respetando la bonita fachada del antiguo y la barandilla de la escalera interior.

Entre las muchas obras en las que intervino la “Fábrica de fundición de hierro de Francisco Lebrero”, heredada por su hijo Eugenio Lebrero en el año 1908, destacaron las realizadas para el Palacio de La Equitativa, la Escuela de Minas o el quiosco de la música de la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.

 

Fuentes:

bdh-rd.bne.es
coam.org
hemerotecadigital.bne.es
idehistoricamadrid.org
prensahistorica.mcu.es

lunes, 9 de septiembre de 2019

LA CURIOSA HISTORIA DEL PERRO PACO.

Habrá que viajar hasta el Madrid de finales del siglo XIX para conocer la historia de Paco: un simpático perro bonachón, seductor, listo como ningún otro y tan independiente que nunca consintió tener dueño alguno.










El animal paseaba a sus anchas por la Puerta del Sol, la calle de Alcalá o El Retiro, siendo saludado a su paso como un vecino más de la ciudad. Tenía siempre la cena pagada en el entonces célebre Café de Fornos y no se privaba jamás de asistir a todos los espectáculos y eventos que tenían lugar en Madrid.

El Perro Paco se merecía un homenaje. Fue tan famoso que sería recordado durante muchos años, después de su desaparición, y su memoria no puede caer en el olvido. Ese ha sido el motivo para la realización de este bonito y conmovedor vídeo que hoy cuenta Antiguos Cafés de Madrid.



Más información sobre el Perro Paco en el blog de “Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa”:
 





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jueves, 22 de agosto de 2019

DOÑA MARIQUITA, CHOCOLATES Y BIZCOCHOS.

La historia de la chocolatería de Doña Mariquita, quizá la más famosa que tuvo Madrid, fue tan dilatada en el tiempo como olvidada hoy.

Cuando la ciudad contaba con doscientos mil habitantes, todas sus casas y calles cabían en una maqueta, el bandolero incruento Luis Candelas ya era prófugo y el absolutista Fernando VII mandaba en los destinos del país, es decir en el año 1828, Doña Mariquita instaló su establecimiento de refrescos, bizcochos y chocolates en la calle de Alcalá de Madrid.


Fotografía: M.R.Giménez (2015). Maqueta de León Gil de Palacio. Madrid en el año 1830.

Parece que Mariquita, valenciana de origen, tuvo siempre una especial maestría a la hora de preparar sus elegantes jícaras de chocolate, acompañadas de los dulces bolados o azucarillos; pero también dominaba la elaboración de los mejores mojicones de Madrid, para las meriendas ofrecidas a sus amistades. Fueron ellas quienes la animarían a abrir un negocio al público.

Fuente: ceres.mcu.es

Era, pues, el año 1828 cuando Doña Mariquita instaló su famosa chocolatería en el número 10 de la calle de Alcalá, junto a la Puerta del Sol.


Fuente: fotografía izquierda, hemerotecadigital.bne.es (1916). Fotografía derecha, M.R.Giménez (2019). La casa número 10 de la calle de Alcalá, donde estuvo situada la chocolatería de Doña Mariquita y el edificio que la reemplazó.


La fama del local, céntricamente situado, era cada vez mayor. Todo Madrid, desde la aristocracia hasta los forasteros, pasando por escritores y políticos, visitaban la tienda del rico chocolate y los ya famosos bizcochos de Mallorca (que pasaron a llamarse “mojicones” por los tortazos que se repartían los clientes para conseguirlos), cuya insuperable receta era guardada como un gran secreto familiar.

El local, de doscientos cincuenta metros cuadrados, tenía un pequeño salón siempre lleno de público y dos sótanos. Allí mismo estaba la cocina en la que se preparaban las consumiciones. Sobre su fachada de madera aparecía el rótulo que daba nombre al establecimiento, “Da. Mariquita”, y los productos a la venta.

A media tarde o a la salida de los teatros era frecuente que una multitud de clientes fueran a Doña Mariquita, que mantenía su local abierto hasta altas horas de la noche; pero en el año 1866 el conde de Cheste (Juan de la Pezuela), capitán general de Madrid, había dispuesto que la una de la madrugada era la hora en que se debía cerrar este tipo de establecimientos y no dudaba en vigilar, por sí mismo, el cumplimiento de su normativa.

Una noche de domingo del mes de septiembre Pezuela comprobó que el local estaba abierto, a pesar de haber pasado con mucho la hora de cierre. Entró en el salón y encontró en él a varios hombres importantes de la diplomacia y la política saboreando las delicias del lugar. El capitán, cortésmente, se dirigió a los presentes para recordarles las órdenes del cierre de los establecimientos e impuso una multa de dos mil reales a su dueña. A pesar de los ruegos de las personas importantes, la sanción tuvo que ser abonada.

Doña Mariquita falleció el día 16 de agosto de 1870 y muchos fueron los periódicos que dieron la noticia, más ocupados en informar respecto a si la famosa receta de los ricos bizcochos había sido transmitida a su única hija, heredera del establecimiento, que en reseñar otros datos de la famosa chocolatera.

El negocio continuaría adelante renovando el local y añadiendo nuevos productos a su menú, en competencia con los famosos cafés de la Puerta del Sol y de la propia calle de Alcalá, hasta que en el año 1926 se traspasó el establecimiento.

Los nuevos dueños dedicaron preferente atención a las especialidades de la casa: chocolates, mojicones, vinos, refrescos y exquisitos licores. El nuevo y renovado local de Doña Mariquita también ofrecía los novedosos cock-tails a la hora del aperitivo, servidos por un barman que enseñaba como realizarlos.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1928). El local de Doña Mariquita, tras la reforma.

En el año 1930 la oferta del negocio se incrementó con las comidas rápidas para quienes no tuvieran tiempo de ir a casa. Los llamados “lunchs” se componían de consomé, huevos, fiambres, emparedados, chocolate o café con mojicón por el precio de dos, tres o cuatro pesetas, dependiendo de la elección. Cuatro años después Doña Mariquita ya era restaurante, bar, pastelería y despachaba fiambres.


Fuente: madridciudadaniaypatrimonio.org (1942). Edificio del Banco Zaragozano que reemplazó la casa del nº 10 de la calle de Alcalá.

La casa del número 10 de la calle de Alcalá, que además de la famosa chocolatería era el emplazamiento de varias casas regionales, caería bajo la piqueta en el mes de diciembre de 1935. En su lugar se levantó el edificio estilo Art Déco del Banco Zaragozano, posteriormente propiedad de otras entidades bancarias, que en la actualidad es uno de los afectados por la denominada “Operación Canalejas”.




Fuentes:

ceres.mcu.es
hemeroteca.abc.es
hemerotecadigital.bne.es
madridciudadaniaypatrimonio.org
Papel y tinta” novela de María Reig.

jueves, 15 de agosto de 2019

TIENDAS ANTIGUAS DE MADRID.

Los antiguos comercios del centro de Madrid van desapareciendo poco a poco, llevándose una parte importante de la historia del barrio y de la ciudad. La dura competencia o el retiro de sus propietarios, cuando no el elevado alquiler de los locales, han sido las causas más frecuentes de la clausura de estas tiendas de toda la vida.

Con ellas no sólo se van los recuerdos, también esos fantásticos locales y sus preciosas decoraciones de otros tiempos. Aquellos emblemas que siempre estuvieron en sus escaparates o en sus fachadas quizá formen parte de la ornamentación de otros rincones o tal vez, en el peor de los casos, se marchen para siempre.

Con este nuevo vídeo Antiguos Cafés de Madrid desea homenajear a tres establecimientos emblemáticos dedicados al comercio del textil, alguno de ellos con presencia desde el siglo XIX. De todos, tan sólo uno continúa abierto y situado en el mismo emplazamiento en el que fue inaugurado.

 








La Moda” estuvo en la calle del Pez número 30, en el barrio de Malasaña, desde el año 1896. Fue el comercio dedicado a vender ropa infantil más antiguo de Madrid y cerró sus puertas a principios de 2019. Ángel Viñuales, su último propietario, nos narra aquí la historia de este negocio desde que fue fundado por sus bisabuelos.

En su escaparate estuvo el famoso “Niño de la calle del Pez”, un precioso maniquí que comía chocolate desde tiempos inmemoriales.

Casa Benítez” mantuvo abierto su magnífico establecimiento de estilo Art Déco hasta el mes de abril de 2019, en el barrio de Chueca. Pedro Fernando Feijóo, que continúa con su actividad a pocos metros de esta antigua tienda, en la misma calle de las Infantas, nos muestra en este vídeo la preciosa decoración de los años treinta que ha mantenido intacta desde entonces.

El famoso rótulo de su fachada y los maniquíes que representaban a los actores de cine más conocidos de la tercera década del pasado siglo, desaparecieron para siempre de sus grandes escaparates, pero siempre permanecerán en nuestro vídeo.

Almacenes de Aragón”, en la Corredera baja de San Pablo, número 15, es el único de estos tres establecimientos que continúa hoy con su negocio. Antonio Tello, dueño del comercio que inauguró su abuelo hace casi cien años, además de enseñarnos su antiguo almacén nos hace un recorrido por los lugares más emblemáticos del barrio de Malasaña.

Especializado en ropa para la casa, es uno de los pocos de Madrid que aún conserva las sillas para la clientela junto a sus mostradores. Dicha costumbre era habitual en todas las tiendas del ramo desde el siglo XIX, en Madrid.


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lunes, 22 de julio de 2019

ESPUMOSOS HERRANZ, CALLE DE ALCALÁ.

El Palacio de la Equitativa, uno de los edificios más emblemáticos de Madrid, terminó de construirse en el año 1891.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org. El Palacio de la Equitativa, de las calles de Alcalá y de Sevilla, recién inaugurado.
 

Obra del arquitecto José Grases Riera para la Compañía de seguros de vida “La Equitativa”, el inmueble estaba dotado de los mejores avances técnicos de la época: luz eléctrica, modernos ascensores y calefacción a vapor. Su estructura no ha dejado de modificarse a lo largo del tiempo, pasando de las tres plantas iniciales a cuatro en la reforma llevada a cabo en el año 1920 para el Banco Español de Crédito. Treinta y cuatro años después volvió a crecer en tres nuevas alturas (dos de ellas retranqueadas) y en la actualidad, tras haber sido derruido por completo su interior, el nuevo edificio resultante verá incrementar nuevamente su elevación, desvirtuando por completo su proyecto original.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). El Palacio de la Equitativa en la actualidad, aún en obras.


La Equitativa no fue en inicio la compañía que ocupó por completo las instalaciones de su flamante inmueble. Otros negocios (asesorías, empresas dedicadas al transporte, etc.) se instalarían en sus dependencias dejando los huecos de la planta baja, situados en las calles de Alcalá y Sevilla, para albergar lujosas tiendas de vestimenta, bazares, restaurantes y bares o joyerías. Entre ellos destacaría Espumosos Herranz, situado en el número 18 (después nº 14) de la calle de Alcalá.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1908). Fachada de Espumosos Herranz.


Jaime García Herranz Sánchez, químico e industrial, con laboratorio y negocio en Valencia, había inaugurado en enero del año 1891, en la Carrera de San Jerónimo, número 14, un despacho de vinos espumosos que podía competir dignamente con las mejores clases de champagne. Su marca, Espumosos Herranz, despachaba líquidos efervescentes, jarabes obtenidos de frutas naturales y también se dedicaba a proyectar instalaciones para fabricar bebidas gaseosas.

El agua de seltz (carbónica), muy de moda en aquellos años para curar las irritaciones del estómago, se distribuía en insalubres sifones de plomo hasta que la empresa francesa “Durafort et fils” consiguió realizar un modelo con piezas de cristal. Espumosos Herranz logró, en el año 1898, el privilegio exclusivo para utilizar este nuevo modelo de sifón, además de obtener la patente de un nuevo procedimiento mecánico para la fabricación de cualquier líquido espumoso, que consistía en un carruaje con todos los elementos necesarios para tal fin.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1908). Sifón higiénico de Espumosos Herranz.
 

El día 4 de junio de 1899, en el magnífico Palacio de la Equitativa, abriría al público el nuevo establecimiento de Espumosos Herranz, una preciosa y elegante instalación, con mármoles y espejos, decorada por el pintor Ruiz Conejo (¿Agustín?).


Fuente: memoriademadrid.es (1902). Interior del establecimiento de Espumosos Herranz, de la calle de Alcalá.


Aquel pequeño local incrementó su ya próspero negocio de la Carrera de San Jerónimo con productos destinados a calmar las afecciones de todo tipo. Así, despachaba ponches calientes al ron, durante el invierno, para evitar catarros y pulmonías; el agrio jarabe de agraz (jugo de uva sin madurar) para corregir y evitar los desarreglos intestinales; néctar con soda, kéfir del Cáucaso y sus ya famosas aguas alcalinas, litínicas, para enfermedades del hígado, diabetes y vías urinarias, que se embotellaban en el sifón higiénico, envasado en la fábrica que el establecimiento tenía en la calle de los Jardines, por entonces número 26.

El negocio familiar de los Espumosos Herranz continuaría abierto en la calle de Alcalá hasta los meses previos al inicio de la Guerra Civil Española (1936-1939). Tras la contienda, los locales comerciales del edificio de La Equitativa desaparecerían para ser ocupados por las dependencias del Banco Español de Crédito.



Fuentes:

bibliotecavirtualmadrid.org
hemerotecadigital.bne.es
memoriademadrid.es

miércoles, 10 de julio de 2019

LAS HUELLAS DE LA GUERRA CIVIL EN MADRID

El día 18 de julio de 1936 dio comienzo la Guerra Civil Española. Tres años de locura, miedo, sufrimiento y destrucción darían paso a una dictadura militar que alargó el tormento durante casi cuatro décadas más.

Este año se conmemora el ochenta aniversario del final de esa contienda y sus huellas, aún visibles en la ciudad de Madrid, seguramente van a sorprender a quien visite los lugares que aquí mostramos.

Con este nuevo vídeo Antiguos Cafés de Madrid, junto al politólogo Juan Antonio Chamorro, quiere descubrir y explicar la historia de muchos de los vestigios que aún perviven en la Casa de Campo y en el Parque del Oeste, emplazamientos en los que tuvieron lugar gran parte de las batallas más sangrientas y dilatadas en el tiempo para la toma de Madrid.





Vídeo: Las huellas de la Guerra Civil en Madrid.



La historia de Madrid también está en los fortines, las trincheras y los muchos restos de aquella espantosa guerra que aún son visibles en los lugares que con este vídeo ayudamos a identificar. El paseante de los cerros de Garabitas o las Canteras, a partir de ahora, podrá reconocer con más claridad qué son esas construcciones que aparecen en su camino, cómo estaban edificadas y para qué. Podrá ver aquí la conocida como Curva de la Muerte e investigar las inscripciones aún visibles en la Pista militar que desembocaba en uno de los puentes, ya desaparecido, sobre el río Manzanares.

Zonas de Madrid como Carabanchel, el barrio del Lucero o la Ciudad Universitaria son citadas aquí como parte destacada de la historia de aquellos años de guerra y asedio.

Mostramos las huellas olvidadas de un suceso que nunca ha de volver a repetirse en lugar alguno. Vestigios que pueden haber pasado desapercibidos para quien no conozca lo que en estos parajes sucedió.

El pueblo que desconoce su historia está condenado a repetirla.



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