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miércoles, 1 de febrero de 2017

CAFÉ COLONIAL Y EL ULTRAÍSMO.

Si nos fijamos bien, el número 3 de la calle de Alcalá de Madrid hoy no existe. En la actualidad, y desde mediados de los años cuarenta del siglo pasado, lo ocupa una calle peatonal titulada Pasaje de la Caja de Ahorros.

Fuente: urbanity.es (1880). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2015).
En el año 1880 el edificio donde se situaba la tienda de vinos y la Fonda del Comercio se correspondía con el nº 1 de la calle de Alcalá. Junto a él, a su derecha, los toldos de la Farmacia de Vicente García Lomana, donde se instalaría después el Café Colonial. Hoy, la casa de este café no existe y en su lugar se abre el pasaje de la Caja de Ahorros.

Tras las obras de remodelación de la Puerta del Sol, ejecutadas entre los años 1857 y 1862, vino a instalarse la oficina de farmacia y laboratorio del doctor Vicente Lomana en el contiguo número 3 de la calle de Alcalá. Años después, en 1888, ese local albergaría uno de los más olvidados, pintorescos y concurridos cafés de Madrid, por sus tertulias literarias. El Café Colonial. 

Fuente: Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España. (1933).

El Colonial era un pequeño local, un café muy bonito al que iban cupletistas, actores, actrices, literatos, toreros… Nunca cerraba sus puertas, a excepción de las primeras horas del alba y para su limpieza. Dijeron de él que era el café de los artistas frustrados, por la gran cantidad de creadores desamparados que pasaron por sus mesas. En realidad fue el último café bohemio de Madrid.

Refugio tradicional de trasnochadores, fue el iniciador de las llamadas medias raciones, siendo el primero de los cafés en servir cocido, pote gallego, paellas en cacerola y suculentos solomillos, a cualquier hora del día.

Su salón principal estaba decorado con espejos en las paredes, veladores cubiertos de mármol y asientos tapizados en rojo, por lo que era conocido como “el café de los divanes” y apodaba sus mesas con el nombre del director correspondiente a cada una de las tertulias que allí se reunían. En el entresuelo tenía dispuestas varias mesas de billar de la marca Brunswick.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1912)
Interior del Café Colonial.

Parece que el Café Colonial tenía dos fisonomías diferentes: durante el mediodía y por la noche, era un lugar alegre donde se comía bien. De madrugada, su público era ruidoso y jaranero.

Cómicos de relevancia en las primeras décadas del siglo XX, como Loreto Prado y su inseparable Enrique Chicote, la bailaora Pastora Imperio o la popular cupletista Consuelo Portela “La Chelito”, asistían con frecuencia a El Colonial cuando terminaban sus espectáculos.

Alrededor del año 1915 ya era famosa la tertulia literaria compuesta por los periodistas José Ortega Munilla (padre del filósofo José Ortega y Gasset), Mariano de Cavia, los escritores Leopoldo Alas “Clarín", Manuel Fernández y González y el filósofo Miguel de Unamuno.

Sobre las mesas de El Colonial Enrique López Alarcón y Ramón de Godoy escribieron el drama en verso “La Tizona” (1914) y Fernando Mora la novela costumbrista titulada “La Magdalena en el Colonial” (1920). El autor José Augusto Trinidad Martínez Ruiz “Azorín”, dio nombre a la Generación del 98 en este café.

Fuente: bdh.bne.es (1905)
Calle de Alcalá. Señalada por la flecha, la ubicación del Café Colonial. 

Era el año 1916 cuando una mujer extraña, rubia, algo gordezuela y con aspecto no muy cuidado, comenzó a hacerse popular en los cafés de la Puerta del Sol. 

Llegaba después de medianoche al Café Colonial acompañada de un hombre anguloso, de perfil judío, pequeña barba, espesa melena y aspecto tan desaliñado como el de su compañera. Tras los cristales de sus lentes fosforescía la luz de una mirada penetrante y sonreía con perseverancia.

La mujer portaba siempre una voluminosa carpeta colgada del hombro, que contenía dibujos al pastel y trataba de vender a los parroquianos de los cafés, pidiendo por ellos sólo la voluntad. Mientras, su compañero se quedaba esperando en un rincón al fondo del Café Colonial con el cuello alzado de su gabán, quizá demasiado grande. 

Al fin se descubrió que ambos eran emigrados rusos y un día desaparecieron tras el rastrillo de la cárcel. Ella se llamaba Natalia Ivanovna Sedova y él Lev (Leiba) Davidovich Bronstein, más conocido por el nombre de León Trotsky.

Fuente: Hemeroteca de la B.N.E. (1912).
Cocina del Café Colonial.

Se puede decir que el Ultraísmo –el último de los ismos- se inició en el Café Colonial de la mano del poeta, escritor, ensayista, hebraísta y traductor Rafael Cansinos Assens (1882-1964) quien tuvo allí su tertulia, donde agitó y animó las vanguardias.

Surgido en el año 1918, el Ultraísmo fue un movimiento que pretendía renovar la poesía huyendo del tópico: Hay que dejar todo atrás. Hay que seguir adelante. Su manifiesto, editado en el año 1919, fue escrito en el Café Colonial por la tertulia de Cansinos Assens, que se reunía todos los sábados a las 12h. de la noche y concluía al amanecer.

Los ultraístas rechazaban la rima en la poesía rehuyendo lo sentimental, lo trágico y el intimismo. Por el contrario proponían la utilización de la metáfora, los neologismos, tecnicismos y las palabras esdrújulas, en sus composiciones. El manifiesto “Ultra” no contenía programa ni normas estéticas, era un movimiento literario y no una escuela; jamás se escribió nada contra los poetas anteriores.

Xavier Bóveda, Cesar A. Comet, Fernando Iglesias, Guillermo de Torre, Pedro Iglesias Caballero, Pedro Garfias, J. Rivas Panedas, J. de Aroca, fueron los firmantes de aquel manifiesto “Ultra”, de acuerdo con la orientación de Cansinos Assens. A comienzos de los años veinte del siglo pasado en el Café Colonial se uniría a este movimiento un joven Jorge Luis Borges, que llevaría el Ultraísmo hasta Hispanoamérica. Otros poetas destacados en este movimiento fueron: Lucía Sánchez Saornil, Tomás Luque Moyano, Gerardo Diego Cendoya, Vicente Huidobro Fernández, Juan Chabás Martí y un largo etcétera.

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1919).
Ejemplar de la revista "Cervantes" en la que aparece el manifiesto "Ultra" por primera vez.

El Colonial prosiguió con las tertulias, los bohemios, sus cenas especiales a tres pesetas, desde las 12 horas de la noche (1925) y con su famoso camarero Juanito Cruz, padre de veintisiete vástagos, toda una institución portasoleña.

En el mes de abril de 1936 se anunciaban las grandes reformas llevadas a cabo en el Café Colonial. Su nuevo dueño, Ramón Rubio, había encargado la remodelación del local al arquitecto Adolfo López-Durán Lozano. 

La planta baja de El Colonial se convirtió en un espacioso bar americano para el servicio de aperitivos, cervezas y vinos. El entresuelo fue dividido en diez comedores independientes que llevaban los nombres de ilustres parroquianos que habían pasado por el café a lo largo de la historia, con su retrato y biografía. (J. Romero de Torres, Frascuelo, Pérez Galdós, Gabriel y Galán, Martí –José-, EÇa de Queirós, Bretón). 

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1936).
Interior de El Colonial con las puertas de los comedores y el interior de uno de ellos.

Tres meses después de la apertura del renovado Café Colonial comenzó la Guerra Civil Española. En el mes de noviembre de 1936 varias bombas incendiarias cayeron sobre el edificio de El Colonial y las casas colindantes, reduciendo a escombros su interior y provocando un fuego que tardó tres días en ser extinguido. 


Fuente: Pares.mcu.es (1936) Fotografía de Luis Lladó.
A la izquierda, la fachada del Café Colonial. Todas las casas quedaron destruidas.

Los edificios correspondientes a los números 1, 3, 5 y 7 de la calle de Alcalá, fueron demolidos, modificándose la disposición de la vía. 

Fuente: Pares.mcu.es (1936). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014).
Principio de la calle de Alcalá, mismo lugar. Señalada por la flecha, la fachada del Café Colonial, destrozado.

A partir del año 1944 comenzaría la construcción del existente Pasaje de la Caja de Ahorros y del actual edificio que hoy se corresponde con el número 1 de esa vía.





Fuentes:

Bdh.bne.es
Cervantesvirtual.com
Es.wikipedia.org
Fundacion.cansinos.org
Hemeroteca del ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Mcu.es
Pares.mcu.es
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es

martes, 10 de enero de 2017

CERVECERÍA BAVIERA DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Instalada a todo confort y con lujo severo, la modernísima Cervecería Baviera fue inaugurada el jueves 11 de junio de 1931, en el entonces número 37 (hoy nº 33) de la calle de Alcalá de Madrid.

Fuente: B.N.E. (1931)
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2016).
Fachada de la Cervecería Baviera cuando fue inaugurada y en la actualidad.

Propiedad de Esteban Salas, quien contaba con numerosos establecimientos de restauración en Barcelona, esta cervecería ofrecía refinamientos asequibles a precios económicos. Tapas patentadas, “foie-gras” y magníficos canapés de caviar recibido diariamente de Rusia por vía aérea, acompañaban a la rica y fresca cerveza madrileña o a la de marca Walsehim, allí servidas. El establecimiento completaba sus consumiciones con una carta de pescados y carnes cocinados en una parrilla a la vista del público.

Fuente: B.N.E. (1931)
Anuncio de la inauguración.

Instalada en un local de pequeñas proporciones, según la prensa del momento, su decoración imitaba a las cervecerías alemanas: paredes con friso rematado por listones, techo de vigas a la vista, abundantes mesas y sillas de robusta madera repartidas por todo su espacio y profusión de lámparas con acogedora luz. 

Fuente: B.N.E. (1931)

Con el objetivo de ofrecer una copa de champán al Jefe del Gobierno y a sus compañeros, así como a las Cortes Constituyentes, en la persona de Julián Besteiro el día 14 de agosto de 1931 llegaron a la Cervecería Baviera dos camareros barceloneses, tras realizar a pie el recorrido entre ambas ciudades. Juan Pascual y Andrés Carrión, desearon así homenajear a la recién instaurada II República Española, que había sido proclamada cuatro meses antes. 

Una gran multitud de simpatizantes republicanos se dieron cita en esta cervecería y con gran entusiasmo acompañaron a los dos camareros, que a las seis de la tarde de ese mismo día se dirigieron al Congreso para llevar a cabo el agasajo.

Fuente: Urbanity.es (década de los años 30 del siglo XX).
Fachada de la Cervecería Baviera señalada con una flecha y situada junto al Café Aquarium (pinchar para ver su historia).

Con el tiempo la Cervecería Baviera se convertiría también en restaurante. El negocio, que en el año 1972 fue traspasado por su primitivo dueño, reabriría con el mismo nombre en el mes de abril de 1981, conmemorando sus bodas de oro. 

Seis años más tarde el antiguo local de la Cervecería Baviera se convirtió en el restaurante Don Pelayo.

Fuente: ABC (1987)
Inauguración del restaurante Don Pelayo (antes Cervecería Baviera).

El edificio de la calle de Alcalá, número 33 fue construido en el año 1900. En la actualidad se encuentra en fase de rehabilitación, desocupado, tapiado y parcialmente demolido.



Fuentes:

Hemeroteca del ABC
Hemeroteca de la B. N. E.
Urbanity.es

sábado, 31 de diciembre de 2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

EL TEATRO DE APOLO Y SU CAFÉ.

Muy conocida es la abundante historia del terreno que hoy ocupa el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Antiguo edificio del banco de Vizcaya, donde estuvo el Teatro de Apolo.
Junto a él la iglesia de San José (s. XVIII).

Allí estuvo parte del convento de San Hermenegildo del Carmen Calzado desde el siglo XVI, dentro del que se vino a instalar el Café de Solís (que luego cambiaría su nombre por el de Café de Cervantes) hasta mediados del siglo XIX, cuando fue demolido el edificio.

Sobre dicho terreno se edificaría el famoso Teatro de Apolo, que en un primer momento llevó el nombre de Teatro de Moratín, siendo inaugurado el día 23 de noviembre de 1873.

Fuente: B.N.E. (1872).
Fachada del Teatro de Apolo al término de las obras. A la derecha se aprecia el primitivo nombre "Teatro de Moratín".

Propiedad del banquero José María Fontagud Gargollo, el Apolo fue construido dentro, y a la vez, de un edificio cuyos pisos superiores serían destinados al arrendamiento de particulares y oficinas. 

Este lujoso teatro de estilo Rococó francés fue diseñado por los arquitectos Próspero (¿) Chanderlot y F. Festau, ejecutando la obra Alejandro Sureda Chappron. 

En su fachada de piedra labrada se abrían tres grandes arcadas, destinadas al paso de carruajes. En cada uno de sus extremos había dos puertas más pequeñas que daban paso al público que a pie asistía a las representaciones, sirviendo además como portales de acceso a las viviendas superiores. Todas ellas se cerraban con cancelas de hierro. 

Fuente: Vitoria-gasteiz.org (1896).
Entrada lateral del Teatro de Apolo.

Cuatro máscaras, representando la comedia y la tragedia, separaban cada una de las arcadas de acceso; encima de ellas, relieves con guirnaldas de flores y frutos remataban las bases sobre las que se habían instalado cuatro estatuas que simbolizaban las artes escénicas. 

Nada más pasar al interior del teatro se llegaba en un ancho vestíbulo semicircular cubierto, por el que entraban y salían los carruajes de los más privilegiados, adornado por dos columnas de hierro fundido y otras seis que imitaban el mármol. Completaban la ornamentación estatuas de bronce, grandes maceteros, candelabros y multitud de lámparas. Una balaustrada de hierro separaba del público asistente la zona de paso de los vehículos. 

Fuente: Historias-matritenses.blogspot.com.es (Ricardo Márquez)
Vestíbulo del Teatro de Apolo con el paso de los carruajes.

Tras este primer vestíbulo se pasaba a una galería acristalada en donde se instalaron las taquillas y las oficinas. A su derecha se encontraba el primitivo café del teatro, con camareros de patillas alfonsinas y cuyo alumbrado tenía mecheros de gas con llamas en forma de abanico. En este café, algunos años después, el dramaturgo Carlos Arniches Barreda establecería su tertulia.

Un tercer vestíbulo, adornado con estatuas de bronce y arañas de cristal, daba acceso al patio de butacas y a las escaleras de mármol que conducían a los palcos de los pisos superiores. 

Con capacidad para 2.137 espectadores, el Teatro de Apolo era un coliseo suntuoso, digno, artístico y bello. Sus cuatro pisos habían sido decorados por artistas de renombre, como los pintores: Francisco Sans Cabot (techo de la cubierta), José Vallejo Galeazo (techo del teatro), Francisco Pla Vila (telón de boca) y Manuel Domínguez Sánchez. Giorgio Busato y Augusto Ferri se ocuparon del interiorismo y de la escenografía.

Fuente:Mcu.es (finales del siglo XIX).
En la fotografía de Jean Laurent se expone la muestra del pintor Francisco Sans Cabot, para la realización de la obra que ejecutaría en el techo de la cubierta del teatro.

El Teatro de Apolo estuvo destinado a la representación de obras dramáticas, en un primer momento. Los altos precios de sus entradas no eran accesibles para todo el mundo y la falta de calefacción (llegó a ser conocido como el Teatro de los Pozos de la Nieve), unida a que la mala orientación de algunos de sus palcos impedía ver la función, le hicieron decaer a partir del año 1878.

Una gran reforma del local tuvo lugar a principios de la década de los años ochenta del siglo XIX. El Apolo no sólo hizo más confortable la sala, sino que cambiaría completamente su repertorio para llegar a ser conocido a principios del siglo XX como La catedral del género chico, gracias a las representaciones de zarzuela. 

Andando el tiempo, en el Teatro de Apolo se inauguró un nuevo café. Inicialmente anunciado como elegante salón de té, la noche del 28 de abril de 1923 abrió sus puertas el Café Savoia.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del Café Savoia cuando fue inaugurado.

Tomás Salcedo, propietario del nuevo café, quiso recrear un ambiente aristocrático en su establecimiento. Altos techos, friso de madera en paredes y columnas, además de un cómodo mobiliario con butacas tapizadas en pana y calefacción, conformaban una decoración severa y elegante.

El Savoia tenía dos plantas. A pie de calle, un amplio salón dotado de un pequeño bar lo comunicaba directamente con el teatro. En el piso superior o principal había dos preciosos salones, con preferencia para las señoras y acceso independiente por el portal de la casa.

El ambiente del Savoia variaba sustancialmente a lo largo del día. Desde su apertura hasta poco más de las seis de la tarde, el local se llenaba con gente de teatro. Actores, actrices, agentes y empresarios allí ultimaban los detalles sobre la formación de sus nuevas compañías. En este café se organizaron numerosos banquetes para homenajear a los compositores de las zarzuelas con mayor éxito en el Teatro de Apolo. 

A media tarde comenzaba la música de los conciertos, en su pequeño escenario dotado de tramoya, a los que solían asistir las niñas bien para tomar el té. En los salones superiores, comenzaban las tertulias.

Fuente: B.N.E. (1928)

El Café Savoia fue, a partir del año 1925, el domicilio social del Athletic Club (luego, Atlético de Madrid) y su entresuelo el lugar donde se instaló la secretaría de esta asociación. Allí se vendían las entradas para los partidos de fútbol y tenían lugar las reuniones de las juntas generales del club. 

Fuente: B.N.E. (1929).
Camareros despedidos por el cierre del Café Savoia, posando en el interior del establecimiento.

A pesar del gran éxito alcanzado por el Teatro de Apolo, en especial durante la última sesión de sus representaciones diarias llamada “La Cuarta del Apolo”, el edificio fue vendido y derribado para construir el banco de Vizcaya (actualmente ocupado por dependencias del Ayuntamiento de Madrid).

En el año 1921 la familia del banquero Gargollo, primer propietario del inmueble, lo había vendido por cinco millones y medio de pesetas a una sociedad. Poco tiempo después el edificio salió a subasta, siendo adquirido nuevamente por esos primeros propietarios y al mismo precio en que lo vendieron. 

A principios del año 1929 el banco de Vizcaya realizó una oferta de compra a la familia Gargollo, que accedió a la venta de la finca con la condición de que no sería destruido el popular coliseo. Como resultado final, el banco adquirió el edificio por cinco millones de pesetas, demoliéndolo por completo. Madrid perdió con ello uno de sus teatros más populares.

El Café Savoia fue el último superviviente de los negocios ubicados en este inmueble de la calle de Alcalá. Su propietario de entonces, Marcelino Gato de Gonzalo, tras cobrar su indemnización, anunció el cierre para el domingo día 3 de noviembre de 1929 publicando que toda la recaudación del día iría a parar a los treinta trabajadores del café, como única compensación por quedarse sin empleo. 





Fuentes:

Es.wikipedia.org
"Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero" Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca de la B.N.E.
Historias-matritenses.blogspot.com (Ricardo Márquez).
Mcu.es
Vitoria-gasteiz.org

martes, 15 de noviembre de 2016

DE LA TRINIDAD AL MUSEO ERÓTICO DE MADRID.

Nunca pudo imaginar Felipe II, mientras con su propia mano trazaba el boceto del Convento de la Trinidad para la calle de Atocha, que con el tiempo y sobre esos mismos terrenos vendría a instalarse el Museo Erótico de Madrid (MEM).

Fuente: Lib.es (2000-2001)

El proyecto del Convento de la Trinidad comenzó a pergeñarse en el año 1547 y fue encargado al arquitecto Gaspar Ordoñez. Con fachada principal en la calle de Atocha sus instalaciones ocupaban parte de la de Relatores y llegaban, por un estrecho callejón transitable, hasta lo que hoy es la plaza de Tirso de Molina. 

Fuentes: Fotografía izquierda, bne.es. Fotografía derecha, Nicolas1056 (1895).
El Convento de la Trinidad en la calle de Atocha en la maqueta de León Gil de Palacio de 1830.
Fachada del Convento de la Trinidad en 1895.

Tras la Desamortización de Mendizábal (1835-1836) el enorme Convento de la Trinidad y su iglesia fueron remodelados para acoger a lo largo del tiempo: las funciones de teatro de la Sociedad del Instituto Español, el Museo Nacional de Pintura, el Ministerio de Comercio, Industria y Obras Públicas, más tarde el de Fomento y su biblioteca, dotada con una inmensidad de volúmenes que después pasarían a la Biblioteca Nacional de España. Durante los años finales del siglo XIX este gran complejo de edificios fue ocupado por la comandancia del Norte de la Guardia Civil, que allí se mantuvo hasta la demolición completa de la construcción en el año 1900.

El gran terreno en que se ubicaba el exconvento de la Trinidad fue parcelado y dio origen a una moderna vía llamada Nueva de la Trinidad, que desde el año 1926 se renombró como calle del Doctor Cortezo

Flamantes edificios, en su mayoría con establecimientos dedicados al ocio, se instalaron con rapidez en la nueva calle. El primero de ellos, llamado Versalles e inaugurado en el mes de julio de 1915, era un lindo teatro de verano al aire libre, que apenas superó el año de vida. Poco después, en 1916, un nuevo cinematógrafo con el nombre de Cine Ideal se levantaría en esta vía, donde continúa en la actualidad.

Fuente: Fotografía de la izquierda madrilanea.com (1916). Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2016)
El Cine Ideal en el año de su inauguración y en la actualidad.

En el año 1917 abrió sus puertas el Teatro Odeón, que permutaría su nombre por el de Teatro del Centro un año después de su construcción y desde octubre de 1927, hasta la fecha, pasaría a ser conocido como Teatro Calderón.

Fuente: Fotografía de la izquierda B.N.E (1917). Fotografía de la derecha Vicente Valdés (2015).
El Teatro Calderón de 1917, cuando se llamaba Odeón.
Entrada del Teatro Calderón, en la actualidad.

El Frontón Madrid, inaugurado en el año 1929 y cerrado en 1982 fue propiedad de Ildefonso Anabitarte, que también explotaba el Frontón Moderno (1918) situado en la misma calle Nueva de la Trinidad.


Fuente: Fotografía de la izquierda cinesdemadrid.blogspot.com (1929). Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2007).
Fachada del Frontón Madrid cuando fue inaugurado y en total deterioro, antes de convertirse en hotel.

Al inaugurarse el Frontón Madrid el antiguo Frontón Moderno sería derruido para construir en su lugar el Teatro Fígaro (1931).

Fuente: Fotografía de la izquierda B.N.E. (1931). Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2017).
Fachada del Teatro Fígaro en su inauguración y en la actualidad.

Sería el número 2 de la calle del Doctor Cortezo y junto a la capilla y comedor del Ave María o único edificio que perdura, aunque muy modificado, de lo que fue el Convento de la Trinidad, el lugar donde vendría a instalarse en el año 2000 el Museo Erótico de Madrid (MEM).

Fuente: Fotografía de Santiago Ochoa (2000-2001).
Fachada del Museo Erótico de Madrid (MEM), de la calle del Doctor Cortezo, nº 2.

Bajo una visión artística del erotismo y huyendo de la pornografía Silvia Villanueva (directora) y Eusebio Bonilla, contando con la decoración de Txuspo Poyo, inauguraron este Museo Erótico el día 26 de octubre de 2000. Los ochocientos metros cuadrados de su local, distribuidos en dos plantas, se dividieron en cinco salas que explicaban la historia de todos los placeres sexuales a lo largo del tiempo.

Fuente: Lib.es
Reproducciones de piezas exhibidas en la sala de Historia.

Reproducciones de la Grecia antigua, Roma, Pompeya, piezas indígenas precolombinas, grabados y dibujos de los siglos XVIII, XIX y XX ilustraban sobre las artes amatorias representadas por diferentes civilizaciones en los distintos continentes, explicando cada una de ellas en su contexto histórico.

Fuente: Lib.es
Fotografías de la exposición.

Tras la parte dedicada a la historia se llegaba a la sala de las parafilias o perversiones, un espacio frío donde impera el azulejo y el acero para que las mentes más retorcidas sueñen con los tormentos más crueles. En ella se mostraban todos los objetos propios del fetichismo (anillas, argollas, cuero, látex, camas eróticas apoyadas sobre el suelo o suspendidas del techo, botas, máscaras, cadenas, cinturones de castidad). El precio de la entrada al museo era de 1.000 pesetas y daba la posibilidad de manipular muchas de las piezas allí expuestas. 

Una sala de proyecciones, otra dedicada al autoerotismo y una zona de multimedia con páginas web sobre las distintas manifestaciones, inclinaciones y formas de practicar el sexo en diferentes culturas, completaban la colección permanente del museo que también funcionaba como sala de exposiciones, en la que diversos artistas exhibían obras de pintura, escultura, fotografía o videoarte, sobre temas relacionados con el contexto.

El Museo Erótico de Madrid no tuvo tanto éxito como se esperaba. Quizá una escasa promoción o una gestión mal llevada, a la hora de aclarar que aquel espacio no era un sex shop sino un museo de arte erótico, dieron al traste con el primer y único centro de estas características que, hasta la fecha, se ha ubicado en Madrid. Dos años después de su apertura el MEM cerró sus puertas.



Fuentes:

Cinesdemadrid.blogspot.com.es
coam.org
dolcecity.com
flickr.com/photos/nicolas1056
flickr.com/photos/santiochoa
es.wikipedia.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Lib.es
Madridlanea.com
Vicente Valdés Santamaría.

jueves, 27 de octubre de 2016

RECREO DE CHAMBERÍ.

Allá por los primeros años treinta del siglo XIX, cuando el norte de Madrid terminaba aún en la Cerca de Felipe IV, vino a inaugurarse el Recreo de Chamberí. Fonda, café y baile situado extramuros de la ciudad, entre la puerta de Bilbao y el portillo de Santa Bárbara, era un lugar para la diversión todavía muy alejado del centro de la ciudad.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
La plaza de Chamberí, en la actualidad.

A finales del siglo XVIII el marqués de Santiago, rico propietario de numerosas fincas en Madrid, había construido para su regocijo una casa de campo o quinta en aquella zona del norte que aún no figuraba en los mapas de la Villa y que vendría a llamarse Chamberí. 

Algo más de un siglo después, en el año 1808, el rico hacendado Saturio Ángel de Velasco adquirió dicha quinta de grandes jardines y con ella la llamada Casa de las Torres o Casa de las Columnas, donde alrededor del año 1836 vendría a instalarse el Recreo de Chamberí

Fuente: bdh.bne.es. Plano de Madrid del agrimensor José Nieto (1848).
En el centro de la imagen se aprecia un incipiente "Chamberís" con la Casa de las Torres, situado al margen contrario de lo que más tarde sería la c/ de Santa Engracia.

Donde hoy, y desde el año 1886, se ubica la Junta Municipal de Chamberí, actual número 4 de la plaza, se hallaba la Casa de las Torres. El Recreo de Chamberí ocupaba, a excepción del cuarto bajo, tres de las cuatro plantas de la Casa en donde se instalaron la fonda, el café y un salón de baile. Los clientes debían abonar dos reales de vellón por persona y uno por niño para acceder al Recreo, siendo gratuita la entrada a sus jardines en donde se habían dispuesto merenderos a los que se podía llevar comida propia y desde los que se divisaban excelentes vistas en contorno de diez leguas.

Fuente: B.N.E. (1837).
Uno de los primeros anuncios publicados en la prensa del Recreo de Chamberí.

La fonda y el café estaban provistos de cuanto produce la estación, sirviendo todos los días almuerzos, comidas y meriendas de todos los precios, hasta el moderado de 2 reales (de vellón), buen guisado, pan y vino. Estas instalaciones tenían capacidad para dar servicio a quinientas personas.

Espectáculos de volatines, fuegos artificiales y bailes con orquesta, también al aire libre siempre que el tiempo lo permitiera, competían con los del cercano Jardín de Minerva, de precios más reducidos, que se encontraba en los terrenos donde hoy se sitúa la plaza de Alonso Martínez.

El Recreo de Chamberí de la Casa de las Torres tuvo una vida efímera, ya que sólo se mantuvo abierto entre los años 1836 y 1839. El edificio fue posteriormente ocupado por varias tabernas, a lo largo del tiempo. 

El aumento de población del nuevo distrito de Chamberí obligó a la dotación de los servicios necesarios en la zona y así, el día 19 de noviembre de 1850, se inauguró la escuela de instrucción primaria para niños de ambos sexos en la antigua Casa de las Torres de la plaza de Chamberí, que por entonces estaba situada en el número 11. 

Desde el año 1886 el solar donde se ubicó el Recreo de la Casa de las Torres está ocupado por el edificio de la Junta Municipal de Chamberí, designado hoy con el número 4 de la plaza.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Fachada de la Junta Municipal, donde se ubicó el Recreo de Chamberí.

Un nuevo Recreo de Chamberí vino a establecerse en el barrio en los primeros años del siglo XX. Eduardo Gimeno Correas, precursor del cine en España, inauguró este negocio en el mes de junio de 1910 sobre el terreno ocupado hasta entonces por el Lavadero de Olid, situado en la calle de Fuencarral, número 140 (actualmente nº 136).

Fuente: idehistoricamadrid.org. Plano de Facundo Cañada (1900).
Marcado en color azul, el Lavadero de Olid entre las calles de Fuencarral y Olid.

La familia Gimeno, propietaria de varios locales destinados primero a la proyección de vistas estereoscópicas y luego de películas, había instalado en el año 1901 su Gran Palacio Proyecciones Animadas en la calle de Fuencarral, número 125, que por entonces se hallaba junto a la glorieta de Bilbao. Al inaugurarse el nuevo Recreo de Chamberí este barracón fue desmontado y reconstruido en el cercano número 140 de la misma calle, pasando a formar parte de las atracciones que el recién estrenado negocio ofertaba.

Así, el día 18 de junio de 1910, tuvo lugar la inauguración del Recreo de Chamberí, parque al aire libre dotado de un elegante café, columpios, un ferrocarril en miniatura, arcos voltaicos, un gran tobogán que anteriormente estuvo instalado en los Jardines del Buen Retiro de la calle de Alcalá y, por supuesto, el cinematógrafo.

Fuente: B.N.E. (1910).
Anuncio en prensa de la apertura del Recreo de Chamberí, propiedad de Eduardo Gimeno (cuyo apellido siempre se transcribía con "J").

Diversas bandas de música amenizaron las veladas del público asistente al Recreo de Chamberí, entre las ocho de la tarde y las doce y media de la noche, al precio de 15 céntimos de peseta, por entrada. Al tratarse de instalaciones al aire libre, el parque sólo funcionaba entre los meses de mayo a octubre.

Parece que la atracción del cinematógrafo fue tomando mayor importancia dentro del negocio y su propietario, Eduardo Gimeno, decidió cerrar el Recreo de Chamberí y vender todos sus componentes (arcos voltaicos, columnas de hierro, etc.) a lo largo del mes de enero de 1912 para construir, en el mismo emplazamiento, el Palacio de Proyecciones, cinematógrafo que en la primavera de ese mismo año ya estaba en funcionamiento. 

Fuente: Josefina Martínez (sobre el año 1930).
Fachada del Palacio de Proyecciones, cinematógrafo de la calle de Fuencarral.

El Proyecciones era un gran barracón de madera, cuya fachada ya coincidía con las aceras de las calles de Fuencarral y Olid. 

Fue uno de los primeros salones construidos en Madrid para la proyección de películas y posiblemente el que más tiempo se mantuvo abierto de su estilo. 

El día 15 de septiembre de 1930 el Ayuntamiento clausuró este viejo edificio de cinematógrafo, por peligrosidad. Su propietario, Eduardo Gimeno, encargó al arquitecto Manuel López-Mora Villegas el proyecto para levantar un nuevo Cine Proyecciones, con capacidad para mil quinientos espectadores, que sería inaugurado el día 28 de diciembre de 1932 en la calle de Fuencarral, número 136 y que hoy podemos contemplar.



Fuentes:

Bdh-bnd.es
Coam.org
“El cine Proyecciones de Madrid: Las memorias de Eduardo Jimeno” Josefina Martínez.
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Idehistoricamadrid.org
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.

jueves, 6 de octubre de 2016

CAFÉ DE LAS CUATRO ESTACIONES DEL PRADO.

La Fuente de las Cuatro Estaciones de Madrid, también llamada de Apolo, fue inaugurada en el año 1802 en el Prado de San Jerónimo (que hoy se corresponde con la primera mitad del paseo del Prado), formando parte de la ornamentación proyectada por el arquitecto Ventura Rodríguez para conformar el Salón del Prado: un paseo arbolado, ajardinado y jalonado de hermosas fuentes. 

Cuando todavía la calle de la Greda (hoy de Los Madrazo) no tenía salida hacia el Prado de San Jerónimo, ya que esos terrenos formaban parte del hospital e iglesia de San Fermín que allí se ubicaba, vino a inaugurarse el Café de las Cuatro Estaciones, frente a la fuente de la que posiblemente tomara su nombre. 

Fotografía: Charles Clifford (aprox. 1859). Bdh-rd.bne.es
Fuente de las Cuatro Estaciones o de Apolo en el Salón del Prado.

Fonda y café, el de las Cuatro Estaciones no sería el primero ni el último de los establecimientos madrileños del ramo en llevar este título y abrió al público el día 12 de abril de 1835. 

Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz (1848). Cartografiadigital.icc.cat
1) Salón del Prado 2) Fuente de las Cuatro Estaciones 3) Iglesia de San Fermín 4) Emplazamiento aproximado del Café de las Cuatro Estaciones.
 
Este café servía comidas diarias, al precio de veinte reales el cubierto, en un comedor con capacidad para 50 ó 60 personas y distribuía sus servicios de habitaciones y restauración entre varias de las plantas del edificio. El recinto del café tenía un bonito y bien alumbrado salón de columnas y dos salas laterales al raso. En el piso principal se dispusieron dos estancias, con separación para señoras y caballeros, cuidando de su aseo y demás un pobre de San Bernardino (asilo de indigentes) cuyo salario consistía en las propinas o limosnas que los concurrentes se sirvan dar. 

Especializado en helados a la santillé, ponche a la romana y barquillos rellenos adornados con huevos hilados, entre otras delicias, el café de las Cuatro Estaciones preparaba también menús de encargo. 

La situación privilegiada de este café, entre la frondosidad del arbolado y el ajardinamiento del Prado, hacían de él un lugar apropiado para multitudinarios banquetes patrióticos y homenajes como el que se brindó al actor Julián Romea Yaguas y a su esposa, la también actriz Matilde Díez, en el mes de febrero de 1839. Al convite asistieron el dramaturgo Manuel Bretón de los Herreros y el poeta José de Espronceda Delgado, entre otros muchos invitados, siendo Matilde la única persona del bello sexo que podía alternar en una reunión tan peculiar.

Bailes y celebraciones, como la de la Noche de San Juan en la que el Café de las Cuatro Estaciones se siempre mantenía abierto, hacían de él un próspero negocio. 

Fuente: B.N.E. (1839)

En el año 1841 el café cambió de dueño y subió los precios, pero exhibiendo originales diversiones como el Nuevo grande espectáculo del Difanorama, estrenado el día 14 de julio de 1842. Estas funciones consistían en mostrar los llamados cuadros disolventes o ingeniosas vistas que, mediante la utilización de dos linternas, se iban disolviendo unas en otras creando efectos de transformación y movimiento. Así, se veía a una vaca bebiendo a la orilla de un río, moviendo la cabeza hasta llegar al agua; a un enfermo tomando su medicina o la erupción del Vesubio arrojando fuego y humo, entre otros veintiún cuadros con diversas panorámicas. (Hay que recordar que el cinematógrafo no se inventaría hasta cinco décadas después).

Fuente: scans.library.utoronto.ca
Fragmento del libro "Crónicas del tiempo de Isabel II" de Carlos Cambronero, publicado en 1913.

Algo antes de mediados del siglo XIX, las demostraciones de esgrima comenzaron a tomar importancia en los salones y el Café de las Cuatro Estaciones no se quedó atrás. Los más afamados profesores de esta disciplina se enfrentaron en este café a la espadachina belga Señora Boscocon reunión de las personas más distinguidas, durante el mes de diciembre de 1845.

Parece que el Cuatro Estaciones fue un café de tintes refinados a lo largo de los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX. Sus espectáculos innovadores y los numerosos conciertos que ofrecía en su jardín, unido al restaurante del piso principal en el que se habían instalado comedores individuales para grupos, parecían atraer a lo más notable de Madrid. 

Todo cambió en el año 1861, ya que las deudas de sus propietarios hicieron subastar las 114 mesas de pino, las 300 sillas de haya y todos los enseres del Café de las Cuatro Estaciones.

En los primeros años de la década de los ochenta, del siglo XIX, los jardines y edificios de la manzana comprendida entre las calles de Alcalá, Marqués de Cubas (antes del Turco) y Los Madrazo (antes de la Greda) fueron derribados para construir en sus terrenos el Banco de España.



Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Cartotecadigital.icc.cat
Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Prensahistorica.mcu.es