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martes, 28 de enero de 2020

CAFÉ DE PRADA, UNA TRAVESÍA Y UNA FUENTE.

La calle de San Bernardo, situada en el centro de Madrid, se llamó de los Convalecientes hasta que Felipe II mandó cerrar el hospital en ella ubicado y que le daba nombre. Poco después pasó a denominarse de los Convalecientes de San Bernardo, recogiendo así la denominación del convento dedicado a este santo y cuyo primer oficio fue celebrado en el año 1596. Ya en el siglo XIX, para distinguirla de otra más estrecha y con el mismo título, pasó a llamarse calle Ancha de San Bernardo (Ancha, para los del barrio), hasta que finalmente quedó con el escueto nombre de San Bernardo.

Fuente: mcu.es. Fotografía de Antonio Passaporte-Loty- entre 1927 y 1936. La calle de San Bernardo. A la derecha el inicio de la calle de los Reyes.

En el antiguo número 50 de esta vía (cuya casa ya derruida se corresponde con el actual número 40) vino a instalarse el Café de Prada, propiedad de Santiago Prada y cuya historia se remonta al año 1884.

Su servicio esmerado, la música de sus conciertos y un gran salón de billar harían del de Prada uno de los cafés de barrio más populares entre los estudiantes de la cercana Universidad Central de Madrid. Además, sería el lugar elegido por el periodista Emilio Carrere, los poetas Mauricio Bacarisse y Francisco Martínez Corbalán, el músico José Losada o el escritor antitaurino Eugenio Noel (Eugenio Muñoz Díaz), para la celebración de su tertulia.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1903).

El Café de Prada parece que comenzó su declive con la llegada del nuevo siglo. En su local comenzaban a reunirse pandillas de rateros que espantaban a la clientela y así Ricardo Prada, su dueño por entonces, traspasó el local que se convertiría en el Café Mercantil.
 
Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907).

Poco duró el nuevo negocio a su dueño, Guillermo Encinas de la Nieta, ya que sólo un año y pocos meses después de su apertura sería declarado en quiebra por el Juzgado de Primera Instancia del distrito del Hospicio, como se anunciaba en el mes de agosto de 1907.

Durante los primeros días del mes de enero de 1908, y con nuevos propietarios apellidados Gabela, el Café Mercantil volvió a ser inaugurado. Estos reputados jefes de cocina y reposteros anunciaban selectos menús bien condimentados, manteniendo en su negocio la estupenda sala de billar y los hermosos conciertos, con una orquesta de veintidós músicos. Pero tampoco duraría demasiado este café de la calle de San Bernardo en sus manos. Dos años después, en 1910, sería adquirido por Crisanto García del Barrio, industrial propietario del cinematógrafo Franco-Español, situado en la calle del Duque de Alba (terreno que con posterioridad ocuparía el ya desaparecido Cine Alba).

El Café Mercantil fue noticia, a su pesar, por un hecho curioso. Dos días antes de ser asesinado José Canalejas Méndez (presidente del Consejo de Ministros en 1912) en la Puerta del Sol, su ejecutor Manuel Pardiñas pasó varias horas en el café. Tras ingerir varias copas de coñac, vermú francés y fumar algunos cigarros de la mejor calidad, mantuvo distendidas charlas con la clientela y los músicos que allí actuaban. Tras el atentado, la fotografía de Pardiñas fue publicada por los periódicos de la época y todos reconocieron al individuo que la noche de aquel domingo de noviembre estuvo en el Mercantil.

Lo más singular de este caso fue que, al prestar declaración en el juzgado, compañeros y conocidos aseguraron que Pardiñas era un hombre bastante reservado, que no fumaba ni bebía y no le gustaba salir por la noche.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1932) y fotografía de la derecha M.R.Giménez (2020). La travesía de la Cruz Verde, con el Gran Café Bar Ideal, en 1932. El mismo lugar, hoy.

A principios del mes de marzo de 1916, en el mismo emplazamiento de la calle de San Bernardo, abriría un nuevo negocio con el título de Gran Café-Bar Ideal.

Suntuoso y refinado, sus nuevos dueños, Eduardo Arenal y Salvador Guinea, montaron en el nuevo café un servicio de pastelería, repostería y fiambres a domicilio, además de convertirlo también en chocolatería con precios económicos. Mantuvieron la sala de billar de cuatro mesas y el salón para las tertulias, en el que instalaron un elegante, artístico y magnífico piano orquestal norteamericano, equivalente a una orquesta de veinticinco profesores.

Hacia el año 1923 el Gran Café-Bar Ideal caería en declive, convirtiéndose en un modesto local en donde tomar un desayuno y salir por la puerta, pero manteniendo su sala de billar.

El edificio donde se ubicaron sucesivamente los cafés mencionados hacía esquina con la travesía de la Cruz Verde, que hasta el año 1835 se llamaba calle del Nabo. Con escasos veinte metros de longitud, esta pequeña travesía une las calles de San Bernardo y de la Cruz Verde.

Fuente: mcu.es. Fotografía de Juan M. Pando (1963). Así era la casa de la c/ de San Bernardo y la travesía de la Cruz Verde, donde se ubicaron estos cafés. El local terminó siendo ocupado por un banco.

Abastecida por el viaje de agua de Amaniel, vino a instalarse en esta travesía de la Cruz Verde una fuente de vecindad con forma de un jarrón grande de hierro. Corría el año 1848 cuando este caño vecinal fue inaugurado, reemplazando a la que fue famosa Fuente del Cura, situada en la cercana calle del Pez. 
 
Fuente: memoriademadrid.es (1864). Alfonso Begué. La Fuente de la Piña.
 
La fuente sería conocida como Fuente de la Piña por el vecindario y es muy posible que durante la Guerra Civil Española resultara destruida, siendo reemplazada por otra de piedra, también con un sólo caño y pilón.

Fuente: mcu.es (1963). Fotografía de Juan M. Pando. La travesía de la Cruz Verde con la fuente que reemplazó a la conocida como de la Piña.

Sería al principio de la década de los años setenta del siglo pasado, cuando el edificio y la fuente de la travesía de la Cruz Verde fueron demolidos.





Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
mcu.es
memoriademadrid.es
prensahistoriaca.mcu.es

martes, 7 de enero de 2020

DOS AÑOS DE CAFÉS. UN PASEO TRAS LAS CÁMARAS.

En Antiguos Cafés de Madrid estamos de celebración. Nuestra segunda temporada de vídeos, sobre la historia de esta fascinante Villa, ha tenido una gran acogida y queremos celebrarlo con esta nueva entrega, resumen del año, con escenas inéditas.








Mostramos aquí muchas de las historias que aún no habían visto la luz, curiosidades, tomas falsas y la simpatía de todos los que han hecho posible esta fantástica aventura que tiene por objeto descubrir Madrid.

Deseamos homenajear a todos los que han participado con nosotros, enseñándonos sus magníficos establecimientos centenarios, relatando las interesantes historias de los lugares más antiguos de Madrid y que aún continúan en activo, llevándonos a vivir las más curiosas tradiciones y deleitándonos con los mejores pitanzas. Con ellos hemos descubierto cuál es el hospital más longevo o el primer restaurante que se inauguró y hemos aprendido, entre otras muchas cosas, a identificar los restos de la Guerra Civil que aún se conservan en la Casa de Campo. Así mismo, nos han presentado al que fue el perro más famoso de la ciudad y hemos podido visitar la antigua estación del Metro de la Gran Vía, viajando en sus primeros vagones y ascendiendo por el famoso Templete del arquitecto Antonio Palacios.

El cariño y la amabilidad con que nos acogieron nuestros colaboradores se encuentra bien recogido en este nuevo trabajo.

Agradecemos muchísimo a quienes nos han seguido y comentado nuestros vídeos sobre la historia de esta magnífica ciudad. La enorme cantidad de cosas que hemos aprendido y podido transmitir a todos, es una parte de los proyectos que estamos preparando para la tercera temporada, que comienza a partir de ahora.



 ¡¡¡ MUCHAS GRACIAS A TODOS !!!

VAMOS A POR LA TERCERA TEMPORADA.

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viernes, 27 de diciembre de 2019

ZAMBOMBAS Y PANDERETAS.

Tanto la plaza Mayor como su vecina la de Santa Cruz, fueron tradicionalmente mercado para todos los productos navideños. De ellas hoy sólo subsiste el de la primera; sus ordenados puestos se han especializado en la venta de figuritas para el nacimiento, adornos multicolores y artículos de broma. Los tenderetes dedicados al comercio de turrones, mazapanes, cascajo (mezcla de frutos secos) o pavos y capones vivos, pasaron a la historia a mediados del siglo XX. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1886). La plaza Mayor de Madrid y sus puestos de Navidad.

Parece que fue a lo largo del siglo XVII, cuando la madrileña plaza de Santa Cruz se llenó de puestos que vendían todo lo necesario para celebrar la Nochebuena, que por tradición debía ser ruidosa, como decía la copla: “Esta noche es Nochebuena y no es noche de dormir, que está la Virgen de parto y a las doce va a parir”

Tambores, chicharras, rabeles, panderos, panderetas y zambombas se agotaban en este mercado, cuyos compradores pasaban la fiesta cantando villancicos y canciones por las calles, pidiendo el aguinaldo. El ruido de estos instrumentos rústicos ensordecía a los habitantes de la Villa durante aquella celebración, pero contaba con el permiso del alcalde corregidor. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1886). Venta de panderos, panderetas y pavos.

El pandero y el tambor fueron dejando paso a la pandereta, mucho más barata y manejable durante una noche de jarana y para las pequeñas manos de los niños. La zambomba también prescindiría de su primitivo recipiente de barro, que sería sustituido por un envase de hojalata. 


Fuente: prensahistorica.mcu.es (1860). El ruido atronador de panderetas y zambombas.
En los primeros años del siglo XX hubo una célebre fábrica de zambombas y panderos en la calle del Mesón de Paredes de Madrid. Su plantilla, compuesta por familiares y vecinos del barrio, hoy sería considerada como un modelo a seguir en el mundo del reciclaje. 

El suministro de los materiales, para la fabricación de estos instrumentos, se iniciaba con la recolecta de los botes vacíos por parte del trapero, que los vendía a bajo precio en aquel taller de Lavapiés. Una vez allí se elegían los que no tuviesen abolladuras, retirándose sus tapas y comenzando así el proceso para construir las zambombas. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1935). Un operario de la fábrica de Lavapiés selecciona los botes para la confección de zambombas.
 
Una de las partes del recipiente se cubría con un tenso trozo de piel de carnero, gato o conejo, introduciendo en su centro una caña perpendicular. Por último se adornaba con papel de colores y una artística flor, en lo alto del instrumento. 

La zambomba estaba lista para acompañar a los villancicos. Tan sólo faltaba humedecer la mano del concertista, al deslizarla arriba y abajo de la caña, para obtener los sonidos. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1935). Fábrica de zambombas de la calle del Mesón de Paredes.

En la fabricación de panderetas y panderos se utilizaba una tira de madera cubierta, en uno de sus lados, por una piel fina y tensada. Los platillos, colocados en el lateral y convenientemente recortados, procedían de las tapas de los botes usados para las zambombas. 


 ¡¡¡ FELICES FIESTAS!!! ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID.



Fuentes: hemerotecadigital.bne.es

lunes, 9 de diciembre de 2019

CASA MIRA Y SUS TURRONES.

Muy pocas son las centenarias pastelerías de Madrid que mantienen intacta su decoración. Aquellos magníficos aparadores de maderas nobles, los mostradores cubiertos de trabajados adornos, las enormes y llamativas lámparas o las estanterías con grandes cristales, hace ya muchos años que fueron sustituidos por el anodino aluminio y los soportes de metacrilato.



Antiguos Cafés de Madrid quiere hoy mostrar uno de los escasos comercios que aún se mantiene como en el siglo XIX. Casa Mira, que desde hace casi 140 años permanece inalterable en la Carrera de San Jerónimo, a pocos pasos de la Puerta del Sol.










Una fachada en madera de caoba, con cuatro columnas talladas, sirve de marco a la puerta de acceso. Su gran escaparate muestra los productos de esta fábrica de turrones, peladillas y mazapanes expuestos en la antigua rueda giratoria, una de las últimas que aún se conservan en Madrid.



Carlos Ibáñez Méndez, actual gerente, nos enseña aquí todos los detalles de este lujoso establecimiento inaugurado por su antepasado, Luis Mira de Jijona, narrando las muy curiosas anécdotas de una clientela que a lo largo de tantas décadas de existencia ha comprado sus famosos productos.



Sus muebles de caoba, las columnas de hierro que sujetan un techo adornado por las escayolas originales, los letreros en cristal que anuncian los géneros a la venta o un hermoso caramelero con veinticinco tarros, que contiene otros tantos tipos diferentes de estos artículos, nos trasladan a aquellos tiempos en los que los clientes disponían de sillas en las que, junto al mostrador, podían acomodarse para decidir sus compras.




viernes, 22 de noviembre de 2019

EL CASINO DE LA REINA.

Cuatro años después de la finalización de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814) el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien regalar a Isabel de Braganza, esposa del absolutista Fernando VII, una pequeña y elegante casa de campo a las afueras de Madrid. Así, en lo que entonces se denominaba la “Huerta del Bayo”, propiedad del catedrático Francisco del Bayo y situada junto a lo que hoy es la Ronda de Toledo, se construyó el Casino de la Reina Nuestra Señora. 


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org. (1875). Plano de Carlos Ibáñez Íbero en el que se dibuja el Casino de la Reina, situado entre las calles de Embajadores, ronda de Toledo y Ribera de Curtidores, aún sin concluir.


Sería el año de 1818 cuando, una vez rematadas las obras de esta finca de recreo situada en una de las zonas más menesterosas de Madrid, le vino a ser entregada a su nueva propietaria para su uso y disfrute. Pocos meses después Isabel de Braganza falleció, pasando el regalo municipal a manos de su real esposo, Fernando VII.
 
Los altos muros que cercaban el Casino de la Reina tenían su puerta principal de acceso en la Ronda de Embajadores (hoy de Toledo). Realizada en hierro, granito y piedra caliza estaba decorada por dos pares de columnas dóricas, situadas a cada uno de sus lados, conjunto que se remataba por las esculturas de sendas parejas de niños sujetando un jarrón. Esta puerta fue posteriormente desmontada e instalada como acceso a los Jardines del Buen Retiro, en lo que hoy es la Puerta de la Independencia, donde aún se puede contemplar.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es y memoriademadrid.es. A la izquierda la puerta del Casino de la Reina, en la ronda de Toledo. A la derecha la misma puerta en 1911, ya en su emplazamiento actual en El Retiro.


Tras cruzar la entrada al Casino se llegaba al extenso jardín diseñado sobre un terreno irregular. En él se había plantado una multitud de árboles diferentes, entre parterres de flores y grupos escultóricos, que formaban frondosos paseos con bancos para el descanso. En la parte más cercana a la calle de Embajadores se instaló una ría navegable, con su isleta y un puente chinesco de piedra. Dos estufas o invernaderos, una gruta artificial, fuentes y un cenador protegido por un enorme emparrado, eran algunos de los caprichos que esta finca contenía.


Fuente: memoriademadrid (1972). Restos del jardín del Casino de la Reina, hoy desaparecidos.


Una escalinata daba acceso al palacete neoclásico, situado al norte del recinto, edificio que hoy continúa en su mismo emplazamiento. Sus dos plantas y buhardillas fueron diseñados por el arquitecto Antonio López Aguado.


Fuente: man.es. Fotografía derecha: M.R.Giménez (2018). El palacete del Casino de la Reina al ser inaugurado y en la actualidad.


La decoración interior de este pequeño palacete era suntuosa. Su salón principal estaba recorrido por un zócalo de mármoles y en su techo se representó la “Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid” por el pintor Vicente López Portaña.


Fuente: es.wikipedia.org. Fragmento de la "Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid".


Ningún elemento de diversión faltaba en esta singular casa de campo que, ya en los primeros años sesenta del siglo XIX, sólo se utilizaba para recepciones oficiales. Su propiedad pasaría a manos del Estado y no del Ayuntamiento de Madrid, quien había costeado los gastos de su edificación. 

Poco a poco el Casino de la Reina sería desmantelado, utilizando su terreno y edificio para nuevos usos.  

El día 18 de marzo de 1867 se inauguró, de manera provisional, el nuevo Museo Nacional Arqueológico en lo que fuera palacete del Casino, ya sin la magnífica pintura de Vicente López, previamente trasladada al Museo del Prado. El Arqueológico contaba, entre otras secciones, con una importante colección numismática de ciento cincuenta mil piezas y tenía su entrada por la calle de Embajadores, número 68, abriendo al público los sábados de diez de la mañana a tres de la tarde. (Desde el año 1892 el Arqueológico ocupa su actual emplazamiento, en la calle de Serrano, número 13).


Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Inauguración del Museo Arqueológico en el Casino.
 

Sobre los terrenos que ocupaba la ría navegable y el invernadero grande se construyó en el año 1881 la Escuela de Veterinaria. El edificio de estilo neomudéjar, diseñado por el arquitecto Francisco Jareño Alarcón, mantuvo su actividad hasta el año 1958, fecha en la que pasaría a la Ciudad Universitaria como Facultad de Veterinaria. El viejo edificio, tras una gran remodelación, se convertiría en el “Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes” en 1960. 



Fuente: veterinaria.ucm.es (1891). Edificio de la antigua Escuela de Veterinaria, hoy I.E.S. Cervantes.


La zona que circundaba el terreno correspondiente al Casino de la Reina comenzaría a ser urbanizada, alargando la Rivera de Curtidores y comunicando los barrios de la Huerta del Bayo con el de Peñuelas, durante la década de los años setenta del siglo XIX. 

Para mitigar, en la medida de lo posible, la precariedad de sus habitantes, así como la falta de centros educativos en esta zona de Madrid, se eligió la parte oeste del terreno del Casino para albergar el “Grupo Escolar Príncipe de Asturias” (hoy C.E.I.P. “Santa María”), que sería inaugurado en el año 1916, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Aneja al colegio, también ocupó lo que fueron jardines del Casino la Escuela de Magisterio “Santa María” de la Universidad Autónoma de Madrid, hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. 


Fotografía: M.R.Giménez (2019). Hoy el C.E.I.P. Santa María fue el antiguo Grupo Escolar Príncipe de Asturias.


Mucho ha cambiado el Casino de la Reina a día de hoy. Los magníficos árboles y aquellos parterres de flores desaparecieron en pos de las construcciones descritas y de algunas más. Sus bancos y fuentes pasaron a mejor vida hace más de cien años, dejando en su lugar un anodino parque que hoy en nada recuerda lo que aquel sitio fue. El palacete, milagrosamente salvado de la piqueta, es hoy un centro social para el barrio. 



Fuentes: 

bibliotecavirtualmadrid.org 
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es 
man.es 
memoriademadrid.es 
veterinaria.ucm.es

jueves, 7 de noviembre de 2019

EL CEMENTERIO BRITÁNICO DE MADRID.

En la calle del Comandante Fontanes, número 7, en el madrileño distrito de Carabanchel, se encuentra desde el año 1854 este fascinante cementerio, cuya crónica va paralela a la historia de Madrid desde el siglo XIX.



De la mano de David J. Butler, Vocal de la Comisión Gestora del British Cemetery y espléndido guía del recinto, vamos a visitar y conocer los misterios del lugar en donde descansan muchos de aquellos personajes que contribuyeron a la industrialización de España durante el siglo antesapado.



¿Cuál fue la intolerante razón por la que hubo de ser inaugurado este cementerio? ¿Cuántas religiones se hayan representadas en sus tumbas? y ¿cuántos idiomas diferentes figuran en sus lápidas? En suma ¿qué enigmas nos esperan aquí para ser descubiertos?







(Este vídeo tiene la opción de subtítulos en inglés).




Allí descansan personajes singulares como Emilio Lhardy, creador del restaurante de la carrera de San Jerónimo; Willian Parish, uno de los propietarios del famoso Circo Price; miembros de la familia Loewe o la fundadora del salón Embassy, Margaret Taylor, cuyos ocultos secretos conoceremos.



Veremos aquí una tumba con la espada Excalibur de la leyenda arturiana, el panteón de la familia Bauer, que contiene los restos de quienes abrieron la primera sinagoga en España después de cinco siglos.



Un misterio inquietante, del aún activo Cementerio Británico de Madrid, es la pequeña losa que recuerda al famoso fotógrafo Charles Clifford. Enterrado en esta necrópolis en el año 1863, de sus restos sólo ha perdurado el fragmento de su lápida y ¿dónde está el resto del monumento?.


Este es un vídeo sobre la historia de Madrid, que nadie debe perderse.


Muchas gracias por seguir nuestro canal de YouTube, para conocer Madrid sin moverse del asiento.




lunes, 21 de octubre de 2019

SALÓN TEATRO JAPONÉS.

La moda del arte oriental influiría en occidente sobre todo desde el siglo XVIII. Las decoraciones de palacios, palacetes o teatros, el diseño del mobiliario y hasta el estampado de los tejidos adoptaron formas y dibujos exóticos. El gusto por el japonismo, las chinerías o los arabescos perduró hasta las primeras décadas del siglo XX.

En la madrileña calle de Alcalá, número 36 del año 1900, el día 1 de octubre, sería inaugurado el Salón Teatro Japonés.

Fuente: wikipedia.org. Fotografía: Manuel Compañy (1900). Entrada al Teatro Japonés.
 
Propiedad del empresario José (Pepe) Fernández, el Japonés era un salón pequeñito y coquetón, elegante y profusamente iluminado que programaba pequeños y variados espectáculos sin relación con lo que sugería el nombre del teatro. Cuplés, transformismo, bailes regionales o pequeñas obras teatrales constituían el entretenido programa de buen tono, sin cancioncillas obscenas ni faldas arremangadas, al que podían asistir las señoras y las señoritas, por melindrosas que fueran.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1900 aprox.). Señalada con una flecha la entrada al Teatro Japonés de la calle de Alcalá.
 
Decorado por el dibujante, interiorista e ilustrador José Arija Saiz, con la ayuda de Pedro de Rojas, Joaquín Xaudaró o Francisco Navarrete, entre otros artistas, lo que más llamaba la atención del público era el telón de su escenario, con motivos japoneses, que se plegaba haciendo caer una graciosa guirnalda de flores.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1900). Escenario con su guirnalda de flores. En escena Irma Darlot.


La pequeña sala estaba profusamente adornada por pinturas, farolillos, caretas y dibujos que rememoraban el arte japonés. Desde cualquiera de sus asientos se veía el escenario a la perfección.

Fuente: "Blanco y Negro" y memoriademadrid.es (1900). Detalles de la decoración interior.

Los decentísimos espectáculos del Teatro Japonés daban comienzo a las cinco de la tarde. Piezas cortas, breves y variadas distraían a un público diverso que veía desfilar por su escenario a las artistas, españolas y extranjeras, interpretando indistintamente couplets franceses y castellanos. Una de las más aclamadas fue Irma Darlot, con el diálogo “Fregolina”. Su transformación en doce personajes diferentes mereció los más entusiastas aplausos del público.



En el mes de marzo de 1902 el Japonés estrenó la obra bufa titulada “El pachá Bum-Bum y su harén”, en donde intervenía una joven de diecisiete años llamada Consuelo Vello Cano, más conocida por el nombre artístico de “Fornarina”. Interpretaba aquí un pequeño papel de esclava, vestida con una pudibunda y ceñida malla, que de inmediato desató las pasiones del respetable.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1902).Consuelo Vello "Fornarina" vestida para su papel en la obra "El pachá Bum-Bum y su harén".


Efímera fue la historia de este bonito Salón Teatro Japonés de varietés, que desaparecería a principios del año 1903 obligado por las exigencias del dueño de la finca.



El local donde se situó el Teatro Japonés albergó, desde el mes de octubre de 1905, el comedor de la asociación privada “Gran Peña”, que con posterioridad poseería casa propia en el número 2 de la Gran Vía de Madrid.



La historia del edificio de la calle de Alcalá, número 16 (ya en el siglo XX), terminó en el mes de julio de 1919. Los famosos negocios que allí se instalaban, como el Café Suizo (1844) o el Hotel Continental, cerrarían sus puertas por derribo del inmueble sobre cuyo solar se edificaría el suntuoso Banco de Bilbao, del arquitecto Ricardo de Bastida.



 
Fuentes:
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es
memoriademadrid.es