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miércoles, 5 de agosto de 2020

EL CAFÉ RIESGO DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Tras la desaparición del famoso Café de Fornos, ubicado en la esquina de las calles de Alcalá y de Peligros en Madrid, vino a instalarse en su local un nuevo establecimiento del ramo. Más pequeño en dimensiones, pero lujoso y moderno, el Café Riesgo sería inaugurado por Honorio Riesgo y su hijo el día 23 de octubre de 1928.


Fuente: Ruiz Vernacci (1931) mcu.es El Café Riesgo en la esquina de las calles de Alcalá y Virgen de los Peligros.

Al Café Riesgo se accedía mediante una elegante portada en madera de caoba y mármol de Grecia, que sin duda resaltaba la magnífica fachada del edificio que el arquitecto Jerónimo de la Gándara había construido en el año 1868. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1928). Interior del Café Riesgo.

Cuatro meses de obras y un millón de pesetas de la época reconvirtieron el antiguo de Fornos en un modernizado café-restaurant, que aprovecharía parte de la lujosa decoración del viejo local. Nuevas sillas, veladores de mármol rosa, además de potentes aparatos de luz en el salón acompañaron en su interior a la instalación de modernas y relucientes cocinas provistas de cámaras frigoríficas. El entresuelo del nuevo café se dedicó a sala de billar, dotada de carísimas mesas de precisión, que harían de ella el lugar preferido por los buenos aficionados a este deporte en Madrid.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1928). Cocinas y sala de billar.

El café y restaurante ofertaba meriendas familiares, además de piscolabis para tomar después de las funciones teatrales, siendo suprimidas las propinas a sus camareros siguiendo las normas establecidas en los principales establecimientos análogos del extranjero. Aún así, la queja más habitual de los clientes asiduos era la estrecha distancia que había entre las mesas, ya que de unas a otras se podía escuchar a la perfección todo lo que se hablaba.

El Banco Vitalicio, que en el año 1923 había adquirido el viejo edificio donde se ubicaba el Café Riesgo, decidió realizar una nueva construcción más acorde con los espléndidos inmuebles que rodeaban al de su propiedad de la calle de Alcalá. Es por ello que en los primeros años treinta comenzó la demolición del conjunto de viviendas de Jerónimo de la Gándara, donde se ubicaba el café.


Fuente: madrid.org (primeros años 30 del siglo anterior). Demolición del edificio del café, tapado por el anuncio de Almacenes Simeón.

Bajo el proyecto de los arquitectos Eusebio Bona y Luis Mosteiro, en 1935 se inauguró el robusto edificio estilo Déco del Banco Vitalicio de España y en su planta baja volvió a instalarse el Café Riesgo, también bar y restaurante, mucho más moderno y cosmopolita que el anterior. 


Fuente: Otto Wunderlich, mcu.es (final de los años 30 ó principios de la década siguiente del siglo anterior). El nuevo edificio del Banco Vitalicio.


 
Extensos y luminosos salones con elegantes columnas hicieron de este nuevo café uno más de los asépticos y modernos establecimientos del ramo que se situaban en la calle de Alcalá. Su historia y aquella decoración decimonónica, al igual que los viejos parroquianos que ocuparon sus veladores, se habían marchado tiempo atrás con el derribo del antiguo edificio. 

 
Fuente: Martín Santos Yubero, madrid.org (1960). Acceso y salón del nuevo Café Riesgo.

El nuevo Café Riesgo cerró sus puertas en el mes de julio de 1960, sin que nadie le echase de menos.


Fotografía: Manuel Chamorro. El edificio donde estuvo el Café Riesgo, en la actualidad.

Hoy la esquina entre las calles de Alcalá y de la Virgen de los Peligros está ocupada por otro café, cuya decoración puede encontrarse en cualquier parte del mundo.



Fuentes:

 
hemerotecadigital.bne.es
mcu.es
madrid.org



lunes, 13 de julio de 2020

EL MUSEO CERRALBO.

En los años finales del siglo XIX, cuando el madrileño barrio de Argüelles aún se encontraba en fase de urbanización, Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, vino a encargar la construcción de su palacio entre las calles de Ventura Rodríguez y de Ferraz.

El edificio, dotado de los servicios más novedosos del momento, fue proyectado por el arquitecto Alejandro Sureda y serviría como vivienda familiar, además de contener las numerosas colecciones que el marqués iría atesorando a lo largo de su vida.

Constituye un magnífico ejemplo de residencia aristocrática madrileña.

En este vídeo, acompañados por Caroline Montero de Espinosa -técnico del Museo Cerralbo- veremos la impresionante decoración interior de este palacio, comenzando por la escalera de honor. Salones ornamentados por escogidos pintores, la fastuosa sala de baile, el comedor de gala, la sala de la armería, así como las galerías inspiradas en los palacios italianos que continúan tal y como el propio marqués las dispuso para exponer sus colecciones de arte, entre otras muchas dependencias.







 
Este magnífico edificio contiene una interesante colección de objetos procedentes de las excavaciones arqueológicas que el marqués de Cerralbo financió y realizó, además de una gran cantidad de bellas antigüedades y obras de arte adquiridas en diversos países durante sus viajes.

Enrique de Aguilera y Gamboa también recopiló numerosas piezas de gran valor procedentes de los lujosos palacios aristocráticos que en Madrid se iban demoliendo. Con ello contribuyó a preservar muchos de los tesoros que, de otra manera, hoy habrían desaparecido y que en el Museo Cerralbo podemos admirar.







jueves, 2 de julio de 2020

LA CALLE DE LA ADUANA Y MAIPU-PIGALL'S.

A escasos metros de la madrileña Puerta del Sol, y con inicio en la calle de la Montera, la de la Aduana siempre fue una vía pintoresca. Hasta el año 1850 llevaba el nombre de Angosta de San Bernardo, por ser más estrecha que la Ancha del mismo título situada en el barrio de Universidad (Malasaña).

En la acera de sus números pares queda la parte trasera del suntuoso edificio de la Real Casa de la Aduana, del arquitecto Francisco Sabatini, terminado de construir en el año 1769 y que desde 1846 es el Ministerio de Hacienda. 
 
Fotografía: M.Chamorro (2020). La calle de la Aduana.

La calle de la Aduana, hoy lugar de paso, lo fue antes de encuentro y ocio. Cafés, restaurantes, hoteles, cabarés o frontones fueron célebres en el Madrid de las primeras décadas del siglo XX en esta pequeña y estrecha calle.

En el antiguo y desaparecido edificio del número 4 de la calle de la Aduana (desde el año 1944 convertido en un pequeño pasaje peatonal llamado de la Caja de Ahorros, con salida a la calle de Alcalá), vinieron a instalarse numerosos negocios dedicados al ocio a lo largo del tiempo. Allí estuvieron entre otros, desde los años sesenta del siglo XIX, el Café del Comercio, el Francés de la Aduana y el Café de la Aduana, inaugurado el día 12 de febrero de 1882 por su dueño José Pérez, decorado con sencillez, pero con buen gusto, que ofertaba cubiertos desde 8 reales.

Fotografía: M.R.Giménez (2014). Pasaje de la Caja de Ahorros, lugar donde estuvo el antiguo número 4 de la calle de la Aduana.

Otro de los negocios instalados en ese número 4 antiguo de la calle de la Aduana fue el Restaurante Ambos Mundos, que abriría alrededor del año 1893. Dotado de luz eléctrica ofrecía cubiertos a dos pesetas, tenía servicio a domicilio y no parecía ser muy del gusto de Jacinto Benavente ya que, en cierta ocasión, al ser preguntado por el nombre algo pomposo del establecimiento, el dramaturgo contestó: “Lo encuentro muy exacto. Cuando entra usted a comer se encuentra con este mundo, y cuando ha terminado está ya en camino del otro”.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1894). Anuncio, con el menú ofertado, del Restaurante Ambos Mundos.

Alrededor del año 1911 se inauguró el Edén-Concert, nombre de moda en la época y utilizado por numerosos locales de espectáculos también fuera de Madrid. Un año más tarde sus propietarios, Beltrán y Martínez, renovarían el local contratando a las mejores artistas del momento en el género de las varietés. Cupletistas, duetistas, canzonetistas y bailarinas actuaban en aquel local de temperatura agradable, debido a una bien combinada instalación de ventiladores, en donde el abono de una consumición daba derecho a contemplar todos los números de la función.
 
Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1912). Elenco de artistas de la época.

El edificio situado en el número 4 de la calle de la Aduana fue arrasado por los bombardeos durante la Guerra Civil Española (1936-1939), al igual que su contiguo con fachada a la calle de Alcalá y en el que estaba instalado el Café Colonial. Hoy, como ya se ha comentado, su solar lo ocupa un pasaje peatonal.

En la acera de los números impares de la calle de la Aduana vino a inaugurarse en el mes de mayo de 1922 el Hotel Meublee (escrito Neublee, Meuble o Meublé en los distintos anuncios de la prensa). De gran confort y con calefacción, el nuevo negocio ocupaba los edificios señalados con los números 19, 21 y 23 de esta calle y ofertaba habitaciones con precios de 12,50 pesetas, con cuarto de baño y de 7,50 pesetas, sin él. 
 
Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1922). Distintos nombres en los anuncios del Hotel Meuble.
 
En el mismo conjunto de edificios donde se situaba el hotel abrió uno de los cabarés más bonitos de Madrid. Maipu-Pigall's fue inaugurado el día 20 de noviembre de 1926, a las 11h. de la noche, con la actuación de la orquesta americana Palm Beach Seven, el mejor jazz-band negro del mundo. 
 
Maipu-Pigall's se convertiría en el dancing de moda, tanto por sus orquestas como por la magnífica decoración Art Déco de todo el recinto. Salón de té, a las 6h. de la tarde, sus noches atraían a todo Madrid también por las actuaciones de conocidas vedets con lujosos vestuarios.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1926). Salón Art Déco del Maipu-Pigall's
  
El salón de baile tenía dos galerías dotadas de palcos, mesas para cenar junto a la pista y un escenario para la orquesta. La suntuosa decoración del local corrió a cargo de Eusebio Sayas y Jesús Dehesa de Mena, prestigioso dibujante por entonces, además de ilustrador y decorador modernista.

En la planta baja se situaba el salón de té, también bar americano, decorado al gusto modernista como todo el local.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1926). Salón de té Art Déco del Maipu-Pigall's.

Toda esta maravillosa ornamentación desaparecería pocos años después al cambiar el tipo de negocio en este número 19 de la calle de la Aduana porque, el día 7 de enero de 1934 sería inaugurado el frontón Chiki-Jai, espectáculo moral y sumamente distraído, en el que todos los días se celebraban partidos de pelota vasca con apuestas. 
 
El rastro del frontón de señoritas pelotaris Chiki-Jai de la calle de la Aduana, se pierde a finales de los años cincuenta del siglo pasado.




Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
prensahistorica.mcu.es 





jueves, 18 de junio de 2020

LOS HÉROES DEL 3 DE MAYO – CEMENTERIO DE LA FLORIDA.

Al pasear por el Parque del Oeste, en dirección a la Ermita de San Antonio de la Florida y junto a la Escuela de Cerámica de Madrid, la puerta de una verja llama la atención. Sobre ella y en uno de sus laterales se explica que ese lugar es el Cementerio de la Florida, donde se encuentran los restos de cuarenta y tres patriotas arcabuceados por los franceses, en la cercana montaña del Príncipe Pío, el día 3 de mayo de 1808.

La historia de este Cementerio, tan desconocido como fundamental para recordar los hechos que tuvieron lugar en Madrid durante aquellas jornadas, nos va a ser contada con gran detalle por el historiador y Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, Luis Miguel Aparisi Laporta.





La Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos, fundada en el año 1839, es la encargada de custodiar este Cementerio de la Florida. Dicha asociación fue creada para garantizar un entierro digno a los soldados, que por falta de medios y tras haber defendido a su patria, carecían de un lugar apropiado para tal fin.

El cementerio, plagado de simbolismos y con muchas e interesantes historias en su interior, homenajea en su entrada a los héroes que allí descansan con la copia en cerámica del cuadro de Francisco de Goya “Los fusilamientos del 3 de Mayo”, donde cada año tiene lugar el inicio del Día de la Comunidad de Madrid. 
 
Al fondo de un camino entre árboles se puede contemplar la estación número trece del antiguo vía crucis del siglo XVII, que comenzaba en el convento y ermita donde más tarde se construiría la Basílica de San Francisco el Grande. A continuación se encuentra la entrada al primer recinto de este antiguo cementerio, que hasta el año 1874 aún continuaba utilizándose.

Mostramos aquí la apasionante historia del Cementerio de la Florida, el más antiguo de Madrid, que relata una parte fundamental de la crónica de esta ciudad en los inicios del siglo XIX y os animamos a conocer, ya que el recinto permanece cerrado a las visitas la mayor parte del año.




miércoles, 3 de junio de 2020

CAFÉ DE NUMANCIA – CAFÉ DE LA MAGDALENA.

La antigua calle de la Magdalena, que aún conserva recias construcciones palaciegas del siglo XVIII, siempre fue comercial y bullanguera. En ella estuvo el famoso Teatro de Variedades desde el año 1843 (reconstruido en 1849), que fue uno de los de más honrosa historia y simpática popularidad de Madrid hasta ser consumido por un pavoroso incendio sin víctimas en el mes de enero de 1888.

Fuente: madrid.org (1850). El Teatro de Variedades, durante una representación.
  
Como toda calle popular, esta de la Magdalena contaría en su número 30 (hoy nº 28) con un famoso café allí instalado desde el año 1880, por entonces propiedad de Lorenzo Ortiz. El Café de Numancia, uno de los más longevos de Madrid, pasaría con el tiempo a tener otros nombres y a dedicar sus representaciones a distintos géneros musicales.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1899). Anuncio del Café de Numancia, convocando a una reunión.


El Numancia fue un café de reuniones y musical desde el principio. Contaba con un virtuoso pianista, que primero iba para médico y resultó músico de talento, llamado Federico Chueca, quien por cinco pesetas diarias y una cena acompañaba por las noches a las artistas allí contratadas. 
 
También café de cante flamenco, a la moda de aquellos años, el Numancia sería de los primeros en obsequiar a sus parroquianos con un billete de una rifa de un objeto artístico, que se entregaría al que coincidiese con el premio gordo de la Lotería Nacional. Un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso, vecino de Lavapiés durante el curso de 1897-1898 de la Real Academia de San Fernando, también se contaba entre los clientes de este café.

En el año 1891, después de cuatro meses de reforma, volvió a abrir el Café Numancia habiendo realizado muchas mejoras. Espejos, aparatos eléctricos y una espléndida colección de marinas, realizadas por el pintor Adolfo Giráldez Peñalver, sería la elogiada decoración de este café de barrio. No fue el último arreglo del local porque en el año 1901, bajo la dirección del joven decorador Manuel Fernández, el nuevo dueño del Numancia, Wenceslao Pérez, volvería a inaugurar este café sencillo y elegante con una cena ofrecida a la prensa, acompañada de un espléndido concierto de guitarras y bandurrias.
 
En los primeros años del siglo XX este café volvería a cambiar de dueño y de nombre, titulándose Café de la Magdalena.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907). Anuncio del recien inaugurado Café de la Magdalena.

Propiedad de Luis González desde 1907, sus salones y sala de billar fueron decorados con un gusto más moderno. De él desaparecerían los espejos, aparatos eléctricos y las marinas que Adolfo Giráldez había pintado para el antiguo Café de Numancia. En su propaganda se anunciaban grandes estancias para fiestas, bodas y banquetes. Lo único que parecía perdurar de su antecesor era la “vicaría” o salón para citas, que tenía su entrada por la trasera calle de la Cabeza, número 33.

Como curiosidad, en el año 1908 el dueño del café tuvo que denunciar en el Juzgado de Guardia a tres parroquianos que tenían la costumbre de llevarse todas las noches la silla donde tomaban asiento, llegando a reunir más de treinta.
 
Fuente: madrid.org (años veinte del siglo anterior). Albert Ziegler pintó esta escena, que quizá pudo haber sido en el Café de la Magdalena.

El Café de la Magdalena se convertiría en uno de los más famosos cafés de cante de Madrid, contratando a quienes después serían grandes figuras del flamenco. Éste fue el caso de Juan Sánchez Valencia “Estampío”, que llegaría a ser muy conocido por su baile del “Picador”. Bailaores como Salud Rodríguez “La hija del Ciego” o Vicente Escudero, a quien Manuel de Falla encargó la coreografía de “El amor brujo” y el prestigioso cantaor Antonio Chacón, también actuaron en este café. 
 
Sobre el año 1919 el nuevo propietario del local era Antonio Toledano. El género flamenco empezaría a combinarse con las varietés y el cuplé en los espectáculos de viejo café, al que cambiaron su nombre por el de Kursaal de la Magdalena
 
Cincuenta céntimos (de peseta) deban derecho a la entrada a este establecimiento de atmósfera cargada. Mesas, bancos de madera y pequeños palcos se situaban en torno a la sala. En el fondo un pequeño bar, una tarima que hacía de escenario y a su derecha una cortina que ocultaba la puerta de los retretes. Para la decoración de las paredes de algunas zonas se habían utilizado cabezas de toros y variados carteles.
 
Se llegó a decir que el Kursaal de la Magdalena era la basílica metropolitana del culto flamenco ya que, entre otros muchos artistas famosos en ese arte, allí actuaría Francisco Mendoza Ríos “Faíco”, al que se atribuye la creación del baile por farruca. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1921). Anuncio de las actuaciones del Kursaal de la Magdalena, con el bailaor "Faíco".

El día 8 de mayo de 1930 el viejo café de cante se convirtió en cabaret. Su dueño, que seguía siendo Antonio Toledano, lo volvió a inaugurar con el nombre de Trianón Sevilla, maravilloso rincón andaluz, con el precio de la entrada a una peseta.
 
Sin duda, para conservar el viejo ambiente, el Trianón también ofertaba en sus espectáculos un cuadro flamenco, pero a la vez y sobre todo sus funciones eran de variedades venidas a menos. Se mantenían los palcos del viejo café, pero el local había sido reformado. En su escenario imperaba la frivolidad de mujeres fatales artistas de menor categoría, anunciadas, en un largo programa en la puerta, como cupletistas y bailarinas. Su jornada comenzaba a primera hora de la tarde y terminaba a última hora de la madrugada. Cantaban y bailaban en el pequeño escenario, luego alternaban en las mesas y de ellas retornaban al tablao. Los espectadores venían e iban mientras ellas continuaban en el reducido local hora tras hora, copa tras copa, para salir de madrugada, con los pies heridos de bailar y la garganta deshecha de beber.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). Ambiente del interior del Trianón Sevilla.
 
Muchos clientes iban al Trianón Sevilla para ver en persona al que fue campeón de Europa en peso pluma, Antonio Ruiz. El exboxeador, de suerte adversa, era el portero del local a su pesar.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). El exboxeador Antonio Ruiz, corta la entrada de un cliente en la puerta del Trianón Sevilla.

La historia de este local se pierde casi al final de la Guerra Civil Española (1936-1939), años durante los que mantuvo su actividad como tantos otros negocios.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
Los cafés cantantes de Madrid 1846-1936”. José Blas Vega.
madrid.org