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miércoles, 26 de octubre de 2011

CAFÉ EUROPEO Y EL CIEGO SIMARRO.

El café Europeo estuvo situado en la glorieta de Bilbao, nº 1, esquina a la calle Carranza, nº 2 y sirvió de inspiración a Camilo J. Cela para su novela “La Colmena”. Abierto bajo el título de café Europeo en el año 1898 (antes se llamó café Nueva York) acogía numerosas tertulias entre sus divanes de peluche rojo y sus grandes espejos, tenía el mostrador en el centro y al fondo una escalera de caracol que daba acceso a los lavabos y a otras salas superiores. Era propiedad de tres hermanas de las que Consuelo era la mayor y la que gobernaba con genio y figura aquel negocio. Se trataba de un café de barrio, de los llamados “de asiento”, no demasiado lleno por las mañanas, algo más ocupado por las tardes y abarrotado de público durante las noches y las madrugadas.

Los hermanos Machado frecuentaban este café cuando se inauguró y aún era bonito, a pesar de que nunca fue especialmente elegante; luego vinieron otros jóvenes escritores como Jardiél Poncela, Carlos Fernández Cuenca, Gargallo y Cesar González Ruano, entre los años 1923 y 1925. Tras la proclamación de la República Rafael Sánchez Mazas, Eugenio Montes, Samuel Ros, José Mª Alfaro, Marqueríe y Dionísio Ridruejo, Mourlane Michelena y Víctor de la Serna, establecieron en él su tertulia de madrugada a la que a veces solía asistir José A. Primo de Rivera.

El café Europeo, como la mayoría de los cafés y sus tertulias, decayó tras la Guerra Civil. Para supervivir fue vendiendo gran parte de su espacio a un banco (que hoy lo ocupa en su totalidad) hasta casi desaparecer en 1949, a pesar de que aún en los años 60 conservaba tres de sus viejas puertas con el cierre echado y sobre las que podía leerse el dorado letrero de caracteres ingleses con su nombre.

Al hilo de las peculiaridades de los personajes que pasaron por el café Europeo surge el nombre de Juan Simarro González, conocido en todo Madrid como “El ciego Simarro”, figura muy popular a pesar de su indigencia y sobre quien los periódicos del primer tercio del siglo XX se ocuparon con cierta intensidad. Había nacido en el año 1876 y comenzó a ser conocido hacia 1910 por establecerse para pedir limosna junto a la iglesia de las Calatravas (que no en la puerta), en la calle de Alcalá, durante las tardes y hasta las 11 horas de la noche.


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Iglesia de las Calatravas (s. XVII), en la que Juan Simarro ejercía su trabajo, aunque jamás en la puerta.

Era ciego desde niño, pero dotado de una gran destreza musical y dominaba varios instrumentos como la guitarra, con la que atraía a los transeúntes sentado en una banqueta y vestido siempre con levita. Se hacía escribir, dada su imposibilidad, un pequeño cartel que colgaba de su cuello y en el que se podía leer una frase resumen a cerca de su situación desdichada o una crítica mordaz respecto al estado de las cosas del país; así cierto día criticó un acto realizado por señoras católicas que formulaban una protesta ante Canalejas, otro combatió el socialismo de Pablo Iglesias porque Simarro sostenía que, de ser diputado por Madrid, lo haría mejor que el fundador del PSOE. Elocuente orador, sus numerosas argumentaciones eran captadas sin mayores dificultades por el multitudinario público que era capaz de congregar a su alrededor. “Mi fuerte es la política y dentro de la política, la sociología, y dentro de la sociología, la propaganda a todo trapo, en todo momento y en cualquier sitio” dijo en una entrevista publicada en 1910.

Diarios y revistas del momento dan noticia de las dificultades con la justicia del Ciego Simarro en repetidas ocasiones; así en 1911 encontramos que Simarro, ya encarcelado por un delito mayor y al que más tarde se hará referencia, es juzgado por estafa de 1,55 pesetas, importe de un desayuno y dos panecillos consumidos en el café Europeo, que dejó sin abonar el 25 de julio de 1909. Presentándose al juicio con su levita y un sombrero de copa, reconociendo que había hecho esa consumición en el referido café, adujo que lo hizo porque tenía hambre y no era cosa de dejarse morir de inanición, a lo que añadió el siguiente argumento: “Yo tengo aprendido que el hombre es un usufructuario de la vida, un mero administrador de la existencia, y como ésta no me pertenece, no creo que sea lícito que me suicide. Y a esto hubiera equivalido pasar más tiempo sin comer”. A pesar del discurso se pidió para él dos meses y un día de arresto. En este mismo año el Ciego Simarro compareció también ante los tribunales por haberse comido un filete con patatas y no haberlo pagado, alegando en su defensa que “Nadie tiene obligación de morirse de hambre”.

Los problemas con la justicia de Juan Simarro no fueron siempre tan insignificantes como las aludidas acusaciones por estafa. El día 22 de septiembre de 1910 es detenido y posteriormente acusado del delito de lesa majestad cometido mientras, sentado en su banqueta, tocaba la guitarra junto a las Calatravas. Aquel día llevaba un gran cartel al cuello en donde, primero el guardia que lo detuvo y la Sección Segunda de lo Criminal después, interpretaron que injuriaba al rey Alfonso XIII. Simarro argumentó en el juicio que: “Mis aspiraciones cifrábanse en un acta de diputado a Cortes, pues no aspiro más que a la regeneración de la patria. Escribí el cartel con injurias al rey porque deseaba llamar la atención del público para que me votaran en las próximas elecciones.” Pero en realidad, la frase del polémico cartel no era más que un fragmento de un discurso de Donoso Cortés –Marqués de Valdegamas- que había fallecido más de medio siglo antes; a pesar de ello el acusador solicitó ocho años de prisión mayor, una multa de 1.500 pesetas y la incautación de la banqueta y la guitarra del polémico ciego.


Fuente: Memoriademadrid.es
Juan Simarro González "
El hombre más consecuentemente enchisterado que hay en los Madriles".

El 23 de Julio de 1912, tras casi dos años en la cárcel Modelo de Madrid, es conmutada la pena por el destierro a Juan Simarro, que no volverá a Madrid. 

El Ciego Simarro viaja por España dando mítines y de esta forma, en 1914 recorre varios pueblos de Levante con “discursos ultrarradicales” en opinión de la prensa. Ese mismo año llega a Tortosa excitando a los republicanos para que se unan contra la campaña de Marruecos. En una entrevista publicada en agosto de 1916 el “ciego simpático y resignado”, como se le define por entonces, afirma que “España es siempre lo mismo. Presenta siempre la misma faz. En nuestra Nación, hoy como ayer, el único fin que nos guía, el único timón que nos dirige es el afán de enterrar en vida al que vale. Es un país de egoístas”.

En algún momento, alrededor de 1924, Juan Simarro se establece en Barcelona viviendo de la caridad que los suscriptores del periódico La Vanguardia donan al mismo para repartir entre los pobres. Los perceptores de las limosnas aparecen aquí con su nombre y apellido, su situación de necesidad (en el caso de Simarro “ciego”) y su domicilio completo. Más allá de 1933 no se hace mención de ninguna entrega para “El hombre más consecuentemente enchisterado que hay en los Madriles” como le apodó el periodista Mariano de Cavia.


Fuentes:

Hemerotecas B.N.E.  
La Vanguardia.
Memoriademadrid.es

5 comentarios:

  1. Gracias por la historia. Nunca habia oido hablar de este ciego Simarro y me parece un personaje fuera de serie.

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  2. Muchas gracias; intentaré seguir hablando de personajes curiosos y relacionados con los cafés de Madrid.

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  3. Enhorabuena por haberte decidido a montar el blog. Y gracias por la historia del ciego Simarro, cuya lectura me reservo porque ahora todavía no puedo dedicar mucho tiempo a leer en pantalla.
    un abrazo

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  4. Gracias por tus gracias y enhorabuenas, Cive Pérez, el ciego Simarro está de nuestra parte. Besos.

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