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jueves, 3 de noviembre de 2011

EL CAFÉ DE SAN MARCIAL Y EL SALÓN MONTANO.

En los terrenos que hoy ocupa la plaza de España, con su fotografiado monumento a Cervantes de Coullaut-Valera (padre e hijo), y que tardó casi cuarenta años en ser finalizado, estuvo la plaza de San Marcial y el café de su mismo nombre.


Es en el siglo XVIII cuando comienza a urbanizarse esta zona de Madrid con la construcción del convento de San Gil, destinado a los monjes franciscanos apodados “Gilitos”, y que con posterioridad José Bonaparte convertiría, ya en el siglo XX, en el cuartel de San Gil que albergara entre otros al Regimiento de San Marcial de la Guardia Real, que dará nombre a la plaza. Fue en el cuartel de San Gil donde el 22 de junio de 1866 se produjo “La sargentada”, rebelión progresista que propició más tarde el inicio de la Revolución de 1868 contra la reina Isabel II.


Fuente: Urbanity
Cuartel de San Gil desde la esquina de la calle de Bailén. Fue derribado en el año 1908.
           
Maestranza: Conjunto de los talleres y oficinas donde se construyen y recomponen los montajes para las piezas de artillería, así como los carros y útiles necesarios para su servicio.

En el número 2 de esta plaza estuvo situado el café de San Marcial desde 1870. Frecuentado por militares y famoso por sus conciertos de Rossini, por sus sabrosos platos y por las muchas representaciones teatrales que se interpretaban en un pequeño escenario situado a la izquierda del local. Es este café de San Marcial el que aparece en el dúo “Mazurka de los paraguas” de la zarzuela “El año pasado por agua”(1889) de Chueca, Valverde y Ricardo de la Vega. 
 
¿No sería muchísimo mejor/ cerrar un paragüitas de los dos/ y así, juntitos,/ y agarraditos,
marcharnos al café de San Marcial?
Mandar que nos preparen enseguí/ un solomillo y unos langostí/ unas chuletas,/y unas croquetas ...
¿Qué tal?

A pesar de su melodiosa fama o tal vez por ello, este café no estuvo exento de otros sucesos luctuosos como el que tuvo lugar en noviembre de 1890 cuando un joven llamado Eduardo, penetró en el local y pidió una copa de coñac “que apuró de un trago”. Al momento los parroquianos escucharon una detonación y “un ¡ay! agudísimo” comprobando que aquel se había disparado un tiro en el muslo izquierdo habiendo querido hacerlo en el vientre, para matarse. Se le encontró en el bolsillo una carta dirigida a su amada Petra, domiciliada en la travesía de las Beatas, a quien él consideraba que no podía hacer feliz.

En 1890 el café de San Marcial cierra sus puertas y el local es alquilado, un año más tarde, por la “Coalición Republicana” del distrito de Palacio probablemente para preparar las elecciones de ese mismo año y que serían las primeras con sufragio universal masculino desde 1876.

Los últimos años de vida del café de San Marcial coincidieron con el cercano, pequeño y elegante Salón Montano, ubicado en la primera planta del nº 3 de la calle de San Bernardino, esquina a la calle de los Dos Amigos, edificio construido por el arquitecto Ricardo Montano Menéndez, en 1884.

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
                                          
Tal vez todos los que habitamos en Madrid hayamos pasado innumerables veces por delante de esta casa, sin haber reparado en el remate de su fachada. Bajo el nombre de MONTANO, el relieve de un busto con bigote a la moda del siglo XIX y ostensible pajarita, no llamará la atención por su mirada perdida en lontananza, ni por su ubicación (por encima de la quinta altura de la casa) ya que la escasa amplitud de esta calle no deja mucho espacio para perder la vista en la búsqueda de curiosidades. Pero ahí está.
  

El salón, propiedad de la contigua fábrica de pianos “Hijos de Montano”, contaba con grandes ventanales abiertos a las dos calles y se utilizaba para conciertos, que a la vez de probar los pianos daban propaganda a la firma. Fue decorado con frescos y lienzos del considerado como el ceramista de la Generación del 98, Daniel Zuloaga (1852-1921) y de su hermano Germán Zuloaga (1855-1886), tíos del famoso pintor Ignacio Zuloaga.
                                    
Fue muy famoso y alabado por la prensa el concierto ofrecido en este salón por Pepito Rodríguez Arriola (1895-1954), que con sólo tres años de edad, el 4 de diciembre de 1899 dejó boquiabierto a un auditorio compuesto por 300 personas, al interpretar un magnífico recital que le abrió las puertas del Palacio Real y del Ateneo de Madrid. Este prodigioso niño era primo de la no menos asombrosa Hildegart Rodríguez Carballeira (1914-1933) cuya vida se relata en la película “Mi hija Hildegart” de Fernando F. Gómez-1977.

El Salón Montano, como sala de conciertos, cerró sus puertas en los primeros años de la década de los 20 del siglo pasado siendo utilizado posteriormente como exposición de pianos en venta. Desde la década de los años 70 se ha convertido en una tienda de decoración, que conserva perfectamente tanto los lienzos de los hermanos Zuloaga como la entrada y taquilla del salón de los hijos de Montano.

El creador del negocio de los pianos fue Alfonso Vicente Montano, que se estableció en Madrid el año 1838 con una empresa dedicada a la construcción de pianos y armoniums, que pronto se hizo famosa. En la prensa de la época se reflejan gran cantidad de críticas magníficas sobre “las excelencias del piano de cola y palo de rosa, embutido en ébano y con dibujo de metal en los bordes, bien construido, sólido y de tono voluminoso, sonoro y melodioso” que fabricaba el señor Montano.

El “Semanario Pintoresco Español” del junio de 1845, muestra un artículo donde se habla de la presentación de los pianos más destacados en el año en curso. Entre otros fabricantes como Juan Schneider, José Larrú y el Sr. Lacabra, aparece D. Vicente Montano con un piano “muy lindo, con el teclado excesivamente fuerte, que tiene unos soberbios bajos y unos triples que nunca se ahogan con ellos. Pero los 13.000 reales que cuesta el instrumento es un muy excesivo precio”.

Incluso una comisión nombrada por la Sociedad Económica Matritense en 1865 para visitar las industrias de la corte, da comienzo a su tarea por esta fábrica de pianos recorriendo sus talleres y quedando muy satisfecha por el grado de adelanto a que el señor Montano ha logrado llevar su fabricación.

El 23 de diciembre de 1876 fallece Alfonso Vicente Montano, habiendo legado a sus hijos el negocio de los pianos y el capital para seguir adelante con esta industria. “Hijos de Montano” se constituye entonces, haciendo aún más próspero el negocio familiar.



Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Urbanity


3 comentarios:

  1. Parece mentira cuanta erudiccion existe en los blogs de gente anónima,espero que siga usted ilustrandonos con su buena pluma

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  2. Recuerdo que en la esquina de esta calle S.Bernarino habia una tienda que vendia pianos hace mas de 30 años y luego fue una tienda de muebles. Bueno este blog que me ha recordado cosas de mi barrio que habia olvidado.

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  3. Me alegro de que este blog no sólo sirva para contar como fue Madrid en el pasado, sino que también sirva para que surja el recuerdo. Gracias, Jesús.

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