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martes, 6 de diciembre de 2011

CALLE DE NICASIO MÉNDEZ Y DOS CAFÉS DEL PUENTE DE VALLECAS.


Los viejos del lugar aún la conocían con el nombre de “Nicasio” hace una década, y es que esta calle fue llamada de Nicasio Méndez hasta recién iniciados los años cincuenta, a pesar de haber tenido otras esporádicas denominaciones como “Libertad” (1930) o “José Antonio” (1940). Fue pues en 1952 cuando la calle de Nicasio Méndez fue elevada a la categoría de avenida y rebautizada con el nombre de Monte Igueldo, como se la conoce hasta hoy.

Nicasio Méndez García  fue un concejal de Unión Republicana elegido para el ayuntamiento de Vallecas en 1903, cuando este hoy distrito de Madrid era un municipio cercano e independiente de la capital. Domiciliado en el número 16 de la calle que llevaba su nombre, Nicasio Méndez era propietario de casas y negocios en el Puente de Vallecas como el “teatro Cervantes”, situado en el número 7 (Erillas Bajas). En él se pronunciaron diferentes mítines de marcado carácter republicano, feminista y anticlerical a los que solía asistir un gran número de mujeres, lo que era insólito en aquellos años del incipiente siglo XX, para escuchar, entre otros, a Consuelo Álvarez “Violeta” (1867-1957).

Los nuevos barrios propuestos en el Plan Castro necesitaban gran cantidad de materiales para su construcción y Vallecas, que desde la Edad Media  explotaba sus canteras de yeso, desarrolló un importante papel en la aportación de este material. Su transporte se hacía inicialmente a base de garruchas, así llamados allí los carros de tracción animal, hasta que apareció “La Maquinilla”.

Desde la Villa de Vallecas a Pacífico un tranvía a vapor propiedad de la “Cía. del Tranvía de Arganda a Madrid”, apodado por los vecinos como La Maquinilla, comenzó a funcionar en 1888 para el transporte del yeso, no sin pocas vicisitudes.

Inicialmente se construyeron seis kilómetros de la vía proyectada hasta Arganda,  pero nunca llegó a completarse su trazado que transitaba por lo que hoy es la avenida de Monte Igueldo, la calle de Martínez de la Riva (Camino de los Yeseros) y terminaba en la fábrica de yesos “La Invencible”, situada en el kilómetro 13-14 de la carretera de Valencia. Aunque este tranvía trasportaba preferentemente mercancías, también disponía de coches para viajeros hasta que la compañía decidió retirar éstos últimos, lo que dio pie a una extraordinaria movilización popular en junio de 1931. Cincuenta vecinos armados de picos y palas, jaleados por la multitud, comenzaron a desmontar los raíles, no sin antes colocar un cartel explicativo que venía a decir: “La justicia del pueblo pedía el levantamiento de esta vía. Con nuestra actitud no queremos perjudicar a nadie, por el contrario, queremos que con este proceder se beneficie el pueblo”. 
          
Hacia 1875 los suburbios de la Villa de Vallecas estaban compuestos casi en su mayoría por inmigrantes procedentes de la zona meridional de la península, su falta de recursos y de infraestructuras públicas favoreció la implantación, ya en 1911, del “Círculo Socialista y de Sociedades Obreras del Puente de Vallecas”, situado en el número 31 de Nicasio Méndez, que propició la erradicación del analfabetismo tanto de niños como de adultos; también la “Iglesia Evangélica Bautista de Madrid” estableció en una casa baja de la misma calle la primera escuela para niños y niñas en el año 1914.

Muy popular fue el recreo-teatro-cine “San Méndez”. Situado en la calle Nicasio Méndez -probablemente a la altura de la calle Felisa Méndez- ofreció representaciones benéficas circenses (1929) a cargo de los clowns “Pompoff, Thedy y Emigg”  de la vallecana saga de los Aragón (Gaby, Fofó, Miliki y Fofito). También el “Cuadro Artístico de la Casa del Pueblo”, grupo socialista de teatro que comenzó a funcionar en 1923 con voluntad pedagógica para todos los públicos, llevó a cabo numerosas representaciones en este local. Estaba dirigido por Manuel Dicenta (1905-1974), recibía aportaciones de las corridas de toros benéficas de Ignacio Sánchez Mejías (1891-1934) y contaba con la colaboración de “La Barraca” de Federico García Lorca.  En el mes de julio de 1936, convertido ya en cine de verano y en mitad de la proyección de una película se interrumpe la función para hacer una llamada al alistamiento inmediato de todos aquellos que quisieran defender la República. Comienza la Guerra Civil.

Amos Acero Pérez (1893-1941) merece aquí una especial mención. Maestro racionalista, primer alcalde democráticamente electo de Vallecas –Villa y Puente- que lo fue durante toda la Guerra Civil, diputado y socialista. Asesinado, tras dos juicios paralelos plagados de anomalías, el 16 de mayo de 1941 en una tapia del cementerio de la Almudena. A fecha de hoy existen un parque y un colegio en Vallecas con el nombre de este hombre  honesto que la historia, imperativamente olvidada,  lo ha querido convertir en un desconocido.

Los Ateneos Libertarios tuvieron un papel relevante en Vallecas durante la época de la Guerra Civil. El 1 de febrero de 1937 se inaugura el “Ateneo Sur de Vallecas” en el número 84 de la calle de La Libertad (hasta entonces de Nicasio Méndez) y fue tal la afluencia del público asistente que debió trasladarse al número 119, cinco meses más tarde.

Tras la anexión de Vallecas a la metrópoli de Madrid el 22 de diciembre de 1950, paseando por la calle Monte Igueldo aún podemos encontrar algunos retazos de lo que fue la antigua historia de sus comercios y edificios. Casas de una altura se conservan milagrosamente en un barrio ya céntrico de la capital que ha sufrido los ataques de la especulación, como cualquier otro. Eran esas mismas casas las que se anunciaban para alquilar en los periódicos de la primera década del siglo XX, como la del número 40 (hoy 38) de Nicasio Méndez con “patio, jardín, agua de Lozoya, luz eléctrica y de 3024 pies”, que aún sigue en pie y que fue la peluquería de caballeros de “Paco el peluquero” ruidoso y concienzudo jugador de dominó.


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Actual avda. de Monte Igueldo, 38, donde estuvo "La peluquería de Paco".
                                              
De la gran cantidad de vaquerías con que contaba la zona aún podemos encontrar algún recuerdo olvidado como el del número 103 de la avenida de Monte Igueldo. Leche pura que se sirve a domicilio de La Tierruca. La composición está firmada por Enrique Guijo Navarro (1871-1944). Otro ejemplo de supervivencia asombrosa es la fachada de la tienda de comestibles “José Luque”, ya cerrada, en el número 96 de la avenida de Monte Igueldo. Cervezas, vinos finos La Confianza, vermouth, cafés El Gato Negro. El diseño de estos azulejos está firmado por Ángel Caballero, sucesor de Enrique Guijo .


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Diseño de Ángel Caballero para la tienda de José Luque.
                                                                        

Al ser Vallecas un municipio independiente de Madrid en esos momentos, los periódicos antiguos no hacen mención de los cafés más que para anunciar riñas y disputas de magnitud diversa. 


El café de Nueva Numancia, situado en la llamada entonces Carretera de Valencia y hoy avenida de la Albufera, era un lugar de espera para tomar el tren que conducía al Pueblo de Vallecas. En 1919 y bajo el titular “Una bronca entre autoridades”, se relata un altercado en el café de Nueva Numancia entre el Inspector Jefe de la Guardia Municipal del Puente de Vallecas y el Juez que le había expedientado de empleo y sueldo, por irregularidades cometidas en el desempeño de su cargo. Los adversarios comenzaron a discutir llegando a hacer uso de sus armas y gracias a la intervención de los parroquianos del café la disputa no tuvo un trágico final. La prensa completa la noticia con el siguiente comentario: “El suceso está siendo comentadísimo, tanto por el asunto que lo motivó como por la calidad de las personas que en él han intervenido”.


El café de Angelito era un café de cante también situado en la Carretera de Valencia que, durante el primer cuarto del siglo XX, era la vía más importante de Vallecas.




Fuentes:



Hemeroteca de la B.N.E.
Quieneseran.blogspot.com
Recuerdos aportados por Francisco Giménez Marcos "Paco el electricista" (In Memoriam).

 

5 comentarios:

  1. En el tramo de la calle Martinez de la Riva (nº26) delimitado por las calles Sierra de la Estrella y Monte Perdido existió, al menos en los años cincuenta y sesenta, un bar muy popular, que no taberna, llamado La Maquinilla. Ahora encuentro sentido a este nombre comercial . Era un lugar muy concurrido entonces, en un cruce donde se situaban algunos comercios. La Calle Martinez de la Riva ejerció durante muchos años como ineludibe via de acceso a pie de las masas populares hacia el metro de Puente de Vallecas.
    A la puerta se colocaba a diario un puesto móvil en el que se vendían papeletas para la rifa de objetos de menaje doméstico (a mi padre le tocó entonces un moderno aparato de radio).
    Encima del bar llegó a funcionar una academia de mecanografía que permitía ver desde la calle a las jóvenes alumnas (y algún alumno), de cuerpo entero, practicando. Un atractivo espectáculo que gozó de gran éxito de público mirón. En la misma manzana, en la esquina opuesta, funcionó una muy bien dotada tienda de ultramarinos.
    En la acera de enfrente se ubicaron otros muy característicos establecimientos, como una Pajería/Espartería (esquina opuesta con la Calle Monte Perdido) y una popular Gallinejería en el número 37 de Martínez de la Riva.

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  2. Muy buen comentario el tuyo, Blas. Gracias por compartirlo.
    Lo de la Gallinejería, entiendo que era un bar especializado en gallinejas, mollejas y fritos ¿no?.
    Un saludo.

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  3. Y es más... ese bar terminó por ser una tienda de ultramarinos, que tambié se llamaba "La Maquinilla" y que duró hasta al menos, la década de los noventa. Recuerdo ir a comprar con mi madre y era todo un espectáculo. La pajarería, muy pequeña y humilde, también la recuerdo. Hoy por hoy, los edificios y usos han cambiado, lamentablemente.

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  4. Y es más... ese bar terminó por ser una tienda de ultramarinos, que tambié se llamaba "La Maquinilla" y que duró hasta al menos, la década de los noventa. Recuerdo ir a comprar con mi madre y era todo un espectáculo. La pajarería, muy pequeña y humilde, también la recuerdo. Hoy por hoy, los edificios y usos han cambiado, lamentablemente.

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  5. Pedro, gracias por añadir tu comentario. A ver si entre todos podemos reconstruir la historia de lo que hubo en el Puente de Vallecas.
    Un saludo.

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