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martes, 10 de enero de 2012

UN CAFÉ, DIEZ CRÍMENES Y UNA PARRA EN LA ANTIGUA CALLE DE LAS BEATAS.

Ni el poeta cordobés Antonio Fernández Grilo (1845-1906) ni las Beatas de Santa Catalina de Sena del siglo XVI, tuvieron la culpa de los diez crímenes que sucedieron en esta pequeña calle de Madrid entre los años 1932 y 1964.

La calle de Antonio Grilo (llamada así desde el 15 de marzo de 1899) comienza en la de San Bernardo y termina en la plaza de los Mostenses, aunque en el plano de Pedro Texeira (1656) era algo más extensa. Antes de su cambio de nombre y hasta 1899, esta calle se llamó de las Beatas.

Foto: M.R. Giménez
                                      Aún puede verse una de las placas con el antiguo nombre de esta calle. 

El nombre de Beatas le vino a esta vía por el beaterio de Santa Catalina de Sena que allí existió en el siglo XVI y cuyo edificio fue posteriormente ocupado por el convento de los Premostratenses de San Norberto (Mostenses), desde 1611. Muchos fueron los cambios acometidos en este inmueble desde su inauguración, apareciendo ya en obras en el plano de Texeira, siendo el más significativo el realizado por Ventura Rodríguez (1717-1785) quien construyó en 1754 la iglesia dedicada a San Norberto, que posteriormente sucumbió a la piqueta de José Bonaparte junto a todo el recinto del monasterio, en el año 1811.

Foto: Skyscrapercity

                                                    Iglesia de San Norberto de Ventura Rodríguez.

Como hecho curioso e indicativo de la desidia administrativa hay que citar que en el año 1887 Pedro Carvajal de Castro, ferrolano, vecino de Madrid y rico hacendado muere dejando en su testamento, entre otras posesiones, un solar de 131 m. sito en la calle de las Beatas, número 13, esquina con la plaza de los Mostenses, número 8. Dicho legado queda para su mujer o para sus tíos, en caso de fallecimiento de aquella, al no tener descendencia de su matrimonio y a la muerte de todos estos herederos se registra que sus bienes quedarán para la beneficencia municipal (Asilo de San Bernardino, ya desaparecido y casas de socorro de Madrid). Pero hasta el 6 de mayo del año 2000, el Ayuntamiento de Madrid no aprobó aceptar le herencia de Pedro Carvajal y al regularizar la posesión del terreno en el Registro de la Propiedad para incorporarlo al inventario del patrimonio municipal, se comprobó que hasta la fecha no se había producido la aceptación oficial de este legado. Dadas las circunstancias, tras 113 años desde la muerte del donante hasta la aceptación de su herencia por el Ayuntamiento de Madrid, el solar de la calle de las Beatas se encuentra ocupado,¡cosas de la vida!, por un edificio de oficinas (69 m.) construido en los pasados años 60 y por la vía pública, respectivamente.
Todas las muertes violentas que se produjeron en esta calle tuvieron lugar en la acera de los nùmeros impares, que cuenta con tan sólo once portales. La primera de ellas, por orden de antigüedad, acaeció en el  en el ya conocido café de San Bernardo.

El café de San Bernardo fue durante mucho tiempo punto de reunión de los estudiantes de la cercana Universidad. En 1930 fue escogido para homenajear a los señores Llabré, Subrá y Tena, afamados autores de la zarzuela “¿Qué tiene la jota, madre?” estrenada en Madrid el 6 de agosto de ese mismo año, con gran éxito. Así mismo, la peña de autores noveles “Seis autores en busca de un personaje” hizo de este café su sede. Pero en octubre de 1932 un brutal suceso se produjo en la cocina del local y con el título de “Sangrienta riña de dos pinches” se relató en la prensa de la manera siguiente: “A la hora de comer y sentados a la mesa con el cocinero y otros dependientes del establecimiento, los dos pinches empezaron a lanzarse unas frases aparentemente en broma. De pronto uno tomó una botella de vino y golpeó al otro en la cabeza. Ese, sin mediar palabra, tomó un cuchillo de cocina que es una herramienta monstruosa por su tamaño y la clavó en el vientre de su compañero produciéndole una tremenda herida, tan tremenda que le atravesó el cuerpo. Llevaron a los heridos a la Casa de Socorro, en donde a éste último le fueron aplicadas unas inyecciones para sostener el funcionamiento del corazón, pero falleció a los 10 minutos. Su lesión estaba situada en el vientre y medía unos 15 centímetros, con salida del paquete intestinal y extensa hemorragia”. Por si ésto fuera poco, el redactor de la noticia precisa que “Además advirtieron otra herida en forma de sedal en el hombro derecho. Esta lesión última era de pronóstico reservado”. 

Foto: M.R. Giménez
                                               Calle de Antonio Grilo, lo que fue el Café de San Bernardo.

 El número 3 de la calle Antonio Grilo tiene especial relevancia por los luctuosos hechos que allí acaecieron entre los años 1945 y 1964.

En noviembre del año 1945 y en el primer piso de este edificio unos ladrones dieron muerte a un hombre, de oficio camisero, con objeto de robarle. El cuerpo fue hallado unos días después en estado de descomposición, con un fuerte golpe en la cabeza y sujetando en la mano un mechón del pelo de su agresor. Nunca se averiguó quién fue el asesino.

En el mes de mayo de 1962 un sastre, en el tercer piso, mata a sus cinco hijos y a su mujer. Antes de pegarse un tiro exhibió los cadáveres de tres de sus víctimas en el balcón de la casa, ante un aterrorizado vecindario.

El último de los hechos macabros tuvo lugar en 1964, cuando fue hallado el cadáver de un recién nacido en el cajón de un mueble en el tercer piso de la casa. Su madre, una joven soltera de 20 años, lo había estrangulado con sus manos ocultando el cuerpo durante varios días.

En otro orden de cosas hay que contar que frente al portal número 3 de la calle de Antonio Grilo, había una parra. 

Foro: Claudio Álvarez (2004) 
                                                           La Casa de la Parra, que ahora es un solar.

La casa era tan antigua como cualquiera de las que aún conserva la calle de Antonio Grilo. A penas dos pisos de altura, de larga fachada y con un gran portal para entrada de carruajes, el número 8 de esta calle era conocido en el barrio como la Casa de la Parra porque su fachada estaba recorrida por esa enorme planta que salía desde el interior. Los vecinos la conocían desde siempre, no pudiendo precisar su edad. Pero un día del año 2005, cuando ya el edificio estaba vacío de inquilinos, tuvo lugar la demolición que se llevó por delante casa y parra, dejando un solar sombrío y triste, hasta la fecha.        


Fuentes:

Hemeroteca ABC.
“Las calle de Madrid”, Pedro de Répide.
Hemeroteca B.N.E.

1 comentario:

  1. Muy buen trabajo. Estuve en Madrid, pero aunque quería contactar y dar una vuelta por los viejos cafés de Madrid, me fue imposible. Felicidades otra vez. Ch

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