Páginas

martes, 12 de junio de 2012

LA FONDA Y EL CAFÉ DE SAN SEBASTIAN, EL RELOJ DE CANSECO Y UN CEMENTERIO.

Resulta asombroso comprobar la historia que nos cuentan muchos de los rincones del centro de Madrid. Esquinas por las que mil veces hemos pasado con ligereza nos relatan su vida al descubrir una fotografía, alguna noticia en un periódico antiguo o al escuchar el comentario de alguien que vivió en sus inmediaciones. Tal es el caso de la pequeña extensión que abarca la plaza del Ángel y la calle de San Sebastián en Madrid. 


Foto: M.R. Giménez (2012)
Plaza del Angel esquina a la calle de San Sebastián, fachada del Palacio de Tepa. 

El neoclásico Palacio del Conde de Tepa del arquitecto Jorge Durán, que hoy es un hotel, ocupa el número 2 de la calle de San Sebastián y tiene fachadas a la plaza del Ángel y a la calle de Atocha. Este edificio fue inaugurado en el año 1808 y construido en el solar que dejó uno anterior propiedad del hostelero italiano Juan Antonio Gippini, que llegó a ser el dueño del café de la Fontana de Oro

Foto: M.R. Giménez (2012)
Fachada del Palacio de Tepa, en la calle de San Sebastián. Al fondo se aprecia la torre del edificio que fue de los Almacenes Simeón y hoy es un hotel.
En el edificio propiedad de Gippini y hasta el año 1766, fecha en que fue derribado, estuvo la Fonda de San Sebastián y su café, local que alojó uno de los cenáculos con más influencia en la opinión y en los gobiernos de la época. Era allí donde se reunían los ilustrados Nicolás Fernández de Moratín (Flumisbo Thermodonciaco) y su hijo Leandro, José Cadalso Vázquez de Andrade (quien allí presentó sus “Cartas Marruecas”), Ignacio López de Ayala, Francisco Cerdá Rico, Vicente de los Ríos, Pietro Napoli Signorelli y Juan Bautista Conti, entre otros. La obra satírica “La comedia nueva o el café” de Leandro Fernández de Moratín, está ambientada en este establecimiento. 

Gippini, el dueño de la fonda, solía colocar en las paredes del recinto letreros normativos como “Prohibido hablar de política” y “Sólo se puede hablar de toros, teatro, versos y cosas de amor” a los que los contertulios no prestaban demasiada atención, obviamente. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Rótulo que señala la ubicación de la antigua Fonda de San Sebatián.
En la esquina de la calle de San Sebastián (antes calle del Viento) y la plaza del Ángel, estaba instalado el famoso Reloj Canseco. 

Foto: Urbanity.es (1920).
La calle de San Sebastián esquina a la plaza del Angel y a la izquierda, la calle de las Huertas.  Se ve la parte trasera de la iglesia y lo que fue su cementerio. En la derecha, adosado a la fachada del palacio de Tepa, el Reloj Canseco. 

Hasta bien entrado el siglo XX el reloj del palacio de Tepa dio la hora puntual. Antonio Canseco Escudero, que había patentado el “sistema Canseco” para un reloj sin pesas, tenía tienda en el antiguo número 10 de la plaza del Ángel. En su escaparate instaló "el de los Chinosde madera pintada, con las coletas hasta los pies y las caras y manos amarillas. A la altura de sus cabezas hay un boquete negro y lóbrego con un complicado mecanismo de ruedas, campanas, poleas y cadenas. Cuando las agujas del reloj se van uniendo y acercándose a las doce, hay un ligero estremecimiento en los brazos de los "chinos" y de pronto, al sonar la primera campanada un chirrido de muelles los pone en movimiento y un chino pequeño sale de una caja cuya puerta se cierra de golpe y montándose a caballo en una campana da un fuerte golpe en ella con un martillo muy grande saliendo despedido al voltear la campana y quedando colgado de la trenza, entre un estruendo de hierro que arman los dos chinos gigantes tirando de unas cadenas. 

Otro café de San Sebastián o Gran café de San Sebastián se instaló, tras la edificación del palacio de Tepa y junto a éste, en la calle de Atocha, antiguos números 45 y 47, también con entrada por la plaza del Ángel, en el que fue su número 11. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Ubicación del Gran café de San Sebastián, en lo que hoy es el número 35 de la calle de Atocha. El local sigue teniendo salida por la plaza del Angel, hoy número 10.
El nuevo café de San Sebastián abrió sus puertas durante la primera década del siglo XIX y era famoso por permitir el paso entre la calle de Atocha y la plaza del Ángel, como camino más corto para llegar hasta la de Espoz y Mina. Tenía una sala habilitada para señoras en la que se servían hojaldres, dulces de ramillete (de almendras), jamón fiambre, etc. Todo con mucha equidad y esmero. A mediados del siglo XIX, adosado a su puerta de acceso por la calle de Atocha, había un puesto de libros de medicina, cirugía, farmacia e historia natural, propiedad de José Dochao con precios sumamente arreglados

El Gran café de San Sebastián desapareció en la segunda década del siglo XX, cuando una taza de café con azúcar o una copa de aguardiente de Francia costaba 1’17 reales. 

Otra sorpresa, en forma de antiguo cementerio, aún nos reserva esta calle de San Sebastián. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Verja del antiguo cementerio, hoy vivero de plantas, de la iglesia de San Sebastián, vista desde la calle del mismo nombre. Aún se aprecia la placa indicativa del enterramiento de Félix Lópe de Vega en la que figura el año de su fallecimiento.

Adosado a la Iglesia de San Sebastián, cuyas primeras piedras datan del año 1554 y cuyas sucesivas remodelaciones no han parado hasta el año 1959, se encuentra hoy un jardín convertido en negocio de venta de plantas. 

El terreno, con entrada por las calles de San Sebastián y de las Huertas, fue el antiguo cementerio de la iglesia y era conocido como “El jardín de los cómicos”. En el recibieron sepultura, entre otros muchos, Félix Lópe de Vega y Carpio, Buenaventura Rodríguez Tizón (Ventura Rodríguez), Juan Antonio de Villanueva y de Montes (Juan de Villanueva) y María Ignacia Ibáñez, actriz muerta prematuramente y de la que José Cadalso se enamoró tan perdidamente que el día 22 de abril de 1722, intentó desenterrarla al no poder soportar su pérdida. 

El cementerio de la iglesia de San Sebastián fue clausurado por orden de José Bonaparte, en el año 1809, quien ordenó que las necrópolis estuvieran fuera de la ciudad. Así los restos mortales de todos los enterrados en este lugar fueron sepultados en una fosa común, cuyo paradero hoy se desconoce. 




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Cervantesvirtual.com
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Vegasdelcondado.com
“Guía de Madrid” Ángel Fernández de los Ríos.
 Jardindelangel.es

5 comentarios:

  1. Qué historia más bonia. Es verdad que Madrid sorprende.

    ResponderEliminar
  2. Excelente reportaje. En el último cuarto del siglo XIX era lugar de reunión habitual de médicos progresistas, como el célebre doctor Velasco (D. Pedro González Velasco) y don Florencio De Castro, discípulo suyo, quien le substituyo en la cátedra de Técnica Anatómica
    sgimenezroldan@gmail.com

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias por tu valiosísima aportación, Santiago. Sin duda la tertulia a la que haces referencia, con el doctor Velasco, tuvo lugar en el Gran café de San Sebastián de la calle de Atocha y plaza del Ángel, posterior al café de la Fonda de San Sebastián.

    Un cordial saludo, agradeciendo tus felicitaciones por esta entrada.

    ResponderEliminar
  4. Lope de Vega no fue enterrado en aquel pequeño cementerio, sino que fue sacado de su cripta en el templo y arrojados sus restos al osario porque, quien debió hacerlo, no pagó el mantenimiento de la cripta. Lo de que Cadalso intentó desenterrar a su amada IBáñez, es pura leyenda urbana que viene desde hace tiempo, pero que es sencillamente irreal e inverosímil.

    ResponderEliminar
  5. Carlos, parece que hay informaciones contrapuestas al respecto. Este blog toma la información, fundamentalmente, de la prensa escrita del momento y en muchos artículos insertados en los periódicos aparecen los datos que aquí se relatan.
    Un saludo.

    ResponderEliminar