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domingo, 19 de agosto de 2012

DON NICANOR TOCANDO EL TAMBOR Y EL BARRIO DE LAS INJURIAS.


Los juguetes para niños siempre han existido, pero la industria no pareció interesarse por su producción masiva, accesible y asequible para todos hasta bien entrado el siglo XX, en España. Fue así como pequeños artesanos y vendedores ambulantes hicieron de esta fabricación su negocio, distribuyendo sus limitadas producciones en ferias, verbenas, mercados o por las calles de las grandes ciudades. Juguetes tan simples como imaginativos, realizados con recortes sobrantes de fábricas dedicadas a otros productos, llegaron a las manos de niños y niñas siendo, en muchas ocasiones, uno de los pocos regalos que obtendrían en su infancia. 

El juguete artesanal más famoso en Madrid fue don Nicanor tocando el tambor, de origen incierto y cuyos primeros datos encontrados se remontan a la última década del siglo XIX. 

Foto: MANCHA
Don Nicanor tocando el tambor adquirido en la Puerta del Sol, en el año 1980. 

Hay quien mantiene que el creador de don Nicanor tocando el tambor (porque su nombre consta de estas cinco palabras) fue el segoviano Acacio Talega, primera criatura en confeccionar un muñeco con un pito adosado en la trasera y cuyos pequeños brazos tocaban un tambor que se accionaba mediante un fino cordel; el juguete se llamó Nicanor en honor al padre del segoviano. Pero la paternidad del juguete, compuesto de doce piezas que en origen se fabricaba a base de cartón, caña, pedazos de lata y retales nuevos o usados, está aún por demostrar. 

Don Nicanor tocando el tambor fue el primero de una colección de juguetes artesanales que competían en las calles de Madrid: “El ratón y el gato, diversión para un susto”, “don Jerónimo subiendo por la cuerda”, “la cartera mágica”, “don Toribio que saca la lengua”, “la rata mecánica”, “el gallo hincando el pico”. Pero el único que llegó a participar en París, en el IX Certamen benéfico de sesenta y nueve naciones, allá por diciembre del año 1964 y cuyas ventas resultaron ser las más fuertes del pabellón español de la muestra, fue don Nicanor tocando el tambor. (Junto al palo de la fregona y el del pirulí, fue toda una aportación de la inventiva española en el extranjero, como vemos). 

Los vendedores ambulantes de don Nicanor solían poner a la venta su mercancía en la primavera y el verano de Madrid. La Puerta del Sol era en los años finales del siglo XIX, un lugar en el que se vendía de todo: Gomas de paraguas, “El calendario zaragozano” con los pronósticos del tiempo de Mariano del Castillo Ocsiero, libros de poesía. Sin duda cada uno de estos comerciantes debía gritar a pleno pulmón las excelencias de sus géneros, mientras los vendedores de don Nicanor utilizaban como reclamo el pito y el pequeño tambor del juguete para interpretar con destreza los pasodobles y las melodías de moda. 

Foto: ABC (1979)
 
Ya en el siglo XX uno de los más famosos comerciantes de don Nicanor tocando el tambor fue Victoriano Arias, quien obtuvo por primera vez licencia municipal para vender el juguete en la Puerta del Sol y en el Rastro madrileño, durante el año 1981 y siendo alcalde Enrique Tierno Galván (1918-1986). 

El último vendedor con licencia para la fabricación de don Nicanor tocando el tambor es Carlos Naldiño, que fue homenajeado por la peña “Amigos de Julio Camba” en Casa Ciriaco en el mes de noviembre del 2008, tras más de setenta años vendiendo el juguete en la calle. 

Detrás del bullicioso y alegre don Nicanor tocando el tambor se escondía una realidad bien distinta. La fabricación del muñeco, en Madrid se llevaba a cabo por artesanos que en su inmensa mayoría vivían en el barrio de Las Injurias

Fuente:Cartotecadigital.icc.es
Plano de Madrid (1919) de P. Nuñez Granés. El barrio de Las Injurias y Casa(s) del Cabrero, en él incluido.
 
El barrio de Las Injurias o del Cristo de las Injurias, se ubicaba en lo que hoy puede localizarse en las cercanías de la estación del metro de Pirámides, entre el final de los paseos de las Acacias y de las Yeserías, casi lindando con el río Manzanares y con el Puente de Toledo (s. XVII). 

Fuente: Maps.Google.es
Señalado en el recuadro lo que, sobre la fotografía actual, correspondería al barrio de Las Injurias.
 
La prensa no llegaría a hablar del barrio de Las Injurias hasta los primeros años del siglo XX, cuando los problemas de insalubridad y delincuencia se hicieron más patentes. Pero el barrio ya tenía una población importante durante los años setenta del siglo XIX, que sin duda fue incrementando con aquellos que llegaban a Madrid buscando una vida mejor. 

La miseria y la desesperación de una vida casi sin perspectivas se unían en Las Injurias y su barriada la Casa del Cabrero, con habitantes de todo tipo. Había quien trabajaba sin descanso en todos los oficios y tajos posibles, y también muchos delincuentes. Pío Baroja y Nessi en “La Busca” de la trilogía “La lucha por la vida” (1904) lo describe así: Llamaban así a un grupo de casuchas bajas con patio estrecho y largo en medio. En aquella hora de calor, a la sombra, dormían como aletargados, tendidos en el suelo, hombres y mujeres medio desnudos… Pululaba una nube de chiquillos desnudos, de color tierra, la mayoría negros, algunos rubios de ojos azules. Como si sintieran ya la degradación de su miseria, aquellos chicos no alborotaban ni gritaban. 

Fuente: B.N.E.
La Casa del Cabrero en 1909. Al fondo se aprecia la gran chimenea del Gasómetro, que existe en la actualidad.
 
Un viejo vecino del barrio describe la zona como el sobrante de todos los distritos de Madrid

Los que allí vivían pagaban al casero un alquiler diario y había un “retrete” para todos. La suerte es que las puertas y ventanas no cierran, lo que permite que el aire viciado de las viviendas, en que la gente vive hacinada, se renueve. 

Parece que en el verano del año 1906 el entonces alcalde de Madrid, Alberto Aguilera Velasco, decide demoler el barrio de Las Injurias para higienizar la Villa y Corte. En septiembre de ese mismo año una lluvia torrencial inunda gran parte de la zona, llenando de fango las huertas, ahogando a un gran número de gallinas y destruyendo multitud de pobres viviendas. El agua alcanzó más de un metro de altura. Pero el invierno de ese mismo año, las viviendas de barro, piedra y cañizo del barrio de Las Injurias también fueron casi arrasadas por una de las mayores nevadas de la época. 

Fuente: Flirckr.com
Barrio de Las Injurias en 1909. 
 
En el año 1909 se anuncia también la demolición de la Casa del Cabrero, que entonces contaba con una población de ochocientas familias. 

Es muy probable que los vecinos del barrio de Las Injurias volvieran a levantar sus míseras viviendas una y otra vez en los años posteriores a su derribo oficial. El ensanche de Madrid y la especulación del suelo permitieron que nuevas y modernas construcciones se apoderasen de la zona. A pesar de todo, en el plano de Madrid de 1950, publicado por la editorial Rápido y firmado por A. Menéndez, puede verse aún señalado el barrio de las Injurias, cuyo nombre hoy parece olvidado. 

Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de A.Menéndez del año 1950, donde aún aparece el barrio de Las Injurias. 
 
Tan sólo a tres kilómetros de distancia de la Puerta del Sol y sus lujosos cafés hace poco más de un siglo existía otro Madrid bien distinto, como hemos visto.





Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca El País.
Eladelantado.com
Prensahistorica.mcu.es
Cartotecadigital.icc.es
Maps.google.es
Especial agradecimiento a MANCHA por su colaboración.

6 comentarios:

  1. Hola Charo,

    ¡Me ha encantado tu artículo sobre el desaparecido barrio de las Injurias y del que apenas se sabe nada. Tú has aportado muchos datos interesantes.

    Te cuento una cosa: en los años 60 y 70 del siglo pasado, en la esquina de los paseos de Yeserías y Acacias estuvo la fábrica de Coca-Cola. Me lo contaron vecinos cuando me mudé a esta zona y en uno de los varios callejeros que conservo -nunca se sabe cuándo pueden ser útiles- aparece señalado. Te envío la imagen escaneada.

    Un abrazo,
    Mayrit

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  2. Hola Mayrit. Gracias por la información tan curiosa que proporcionas. Verdaderamente es chocante que precisamente Coca-cola se instalara sobre el terreno que fue Las Injurias. ¡La vida da muchas vueltas!.
    Un beso y nos seguimos leyendo porque tu buen trabajo lo requiere.

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  3. Muchas gracias por este interesante artículo.
    Juan M. A.

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  4. A los niños de los colegios, nos llevaban de 'excursion' a visitar la fábrica y nos obsequiaban con una botella, (haciendo adictos), que en la mayoria de las ocasiones, una vez agitada...,- nos podemos imaginar,- servía para hacer luchas.
    ¡Enhorabuena por el trabajo y muchas gracias!

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  5. Lo primero que quiero hacer es felicitarle, porque acabo de descubrir la página. Ya la iré viendo con detenimiento. De momento quiero contar que, a principios de los años ochenta había dos hermanos -lo digo porque se parecían mucho- que vendían el Nicanor tanto en la Puerta del Sol como en El Rastro. Era un espectáculo verlos tocar a dúo. Bueno, pues al único que le oído hablar de ellos es al novelista Juan Madrid; y de esto hace años.
    Un saludo y gracias por dedicarnos a los lectores su trabajo.

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  6. Ante todo gracias por el comentario, Malaparte. Recuerdo bien a aquellos vendedores de Don Nicanor que se situaban en la esquina de la Puerta del Sol y la calle de Preciados; el juguete que aparece en la fotografía de esta entrada está comprado en su puesto de venta.
    Espero seguir contando con sus visitas en este blog.
    Un cordial saludo.

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