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lunes, 1 de octubre de 2012

EL CAFÉ DE LA ALEGRÍA DE LA CALLE DE LA ABADA.


La placa que nombra a la calle de la Abada de Madrid tiene dibujado un rinoceronte. En el siglo XVI unos feriantes portugueses llegaron a los terrenos que hoy ocupa esta vía, que por entonces comenzaba a urbanizarse, para exhibir varios animales exóticos y entre ellos una hembra de rinoceronte al que nombraban abada. Las vicisitudes de este animal que mató e hirió a un buen número de personas, huyó y fue cazado en las cercanías de Vicálvaro, pasarían desde entonces a ser recordadas dando nombre a esta calle. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Calle de la Abada en 1917. La fotografía está tomada desde lo que hoy es la Gran Vía y entonces correspondía al final de la vía. A la derecha se ve el principio de la desaparecida calle de San Jacinto.

La calle de la Abada daba comienzo, antes de que la Gran Vía (avenida de Pi y Margall) se llevase por delante su último tramo, en la plaza del Carmen y terminaba en la calle de Jacometrezo, de la que hoy sólo queda una pequeña parte (desde la plaza del Callao a la de Santo Domingo). 

Fuente: Memoriademadrid.es
Superpuesto a la fotografía en la que se ve la Gran Vía de hoy, aparece el plano en que se aprecia como era la zona antes de la remodelación.  Señalados la calle de la Abada y el lugar donde estuvo el café de la Alegría.
 
Era esta una calle estrecha llena de mancebías, tiendas de libros de lance, casas de préstamos, buñolerías y salones de peinar, pero también estuvo en ella el Café de la Alegría

Foto: M.R.Giménez (2012)
Calle de la Abada y calle de Chinchilla. El edificio blanco de la izquierda corresponde con lo que fue la casa donde estuvo el café de la Alegría.
 
El café de la Alegría era un café neutral, a donde sólo se iba a tomar café y no a discutir de política. Era esta la razón por la que los extranjeros que llegaban a Madrid en la época del Trienio Liberal (1820-1823), cuando el café se inauguró, lo preferían a cualquier otro. 

Situado en la calle de la Abada, número 12 y haciendo esquina con la de Chinchilla, número 1, también se le conoció con el nombre de “café de Chinchilla”. 

Era uno de los pocos establecimientos del ramo que aún conservaban la forma de los antiguos cafés del primer tercio del siglo XIX. Tenía su acceso por un portal estrecho y maloliente que daba a un patinillo oscuro, por contar con sólo un farol protegido por un enrejado de alambre lleno de telarañas. A continuación había que subir una pequeña escalera de peldaños carcomidos que conducía a dos o tres piezas en hilera que daban paso a otra bastante grande y algo menos irregular. 

Su mobiliario se componía de veladores chapados de caoba junto a los que había banquetas de tosca madera forradas con tela roja y pesadas sillas con respaldo. La pieza más grande tenía espejos en las paredes, mesas de billar con paños de un verde descolorido, el mostrador y una anaquelería con docenas de botellas. Completaba el moblaje del local un viejo sillón en el que se acomodaba Gregorio Cedrún, dueño del recinto en el año 1857 o fecha de esta descripción. 

El café se traía de la cocina en pesados recipientes de cobre que portaba el mozo Marcos y se servía en vasos verdosos de vidrio o en tazas de pedernal. 

Francisco de Goya y Lucientes había sido parroquiano del café de la Alegría, llegando a pintar un lienzo para dicho establecimiento representando su interior y a varios de los asiduos clientes, incluyéndose él mismo. El cuadro estuvo situado sobre la puerta del café, pero se desconoce su paradero a día de hoy. 

Otro cliente del café de la Alegría era el romántico Juan Eugenio Hartzenbusch Martínez (1806-1880). 

En el año 1859 se vende con equidad el antiguo café con tres mesas de billar y los géneros de los que se compone el almacén y el día 4 de octubre de ese mismo año se inaugura en el local la Fonda de La Unión, cuyo precio del cubierto era de a 6 reales en adelante. El lugar tenía gabinetes y salas para servir comidas de encargo. 

La de La Unión era una fonda abierta desde los años treinta del siglo XIX, en la calle del Caballero de Gracia. Su dueño la traslada a la calle de la Abada, pero tan sólo permanecerá allí hasta el año 1864 ya que, en el mes de abril, se inaugura la famosa Fonda de Barcelona, en el mismo local. 

Fuente: B.N.E.
Anuncio de la Fonda de Barcelona del año 1873.
 
Esta fonda, una de las más famosas del Madrid del siglo XIX, estuvo anteriormente en la calle de Los Negros, número 4 (hoy calle de Tetuán) desde los años cuarenta de dicho siglo. El derribo de la antigua casa, por las obras de remodelación de la Puerta del Sol, hicieron que el negocio se estableciera en la calle de la Abada, número 12, esquina a Chinchilla, dando comidas y almuerzos de a 8 reales en adelante. 

Mantuvo la misma estructura de acceso que el viejo café de la Alegría: La puerta de entrada, el pequeño patio y la oscura escalera, aunque todo ello impregnado por un olor nada atractivo. A partir de la primera planta se veía que todos los pisos daban el patio, alrededor del que se había construido la casa y tenían una galería con balaustrada. Las habitaciones eran bastante aceptables, bien ventiladas con camas limpias, mantas nuevas y muy suaves. El precio por pensión era de 26 reales diarios (un camarero ganaba entre 144 y 336 reales al mes). 

Francisco Pi y Margall, siendo Ministro de Gobernación, cenaba en la fonda de Barcelona “pagando de su bolsillo”

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Fuentes:

Hemeroteca ABC (Ángel R. Chaves)
Hemeroteca B.N.E.
Memoriademadrid.es
Cartotecadigital.icc.cat
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
  

6 comentarios:

  1. Como que sin comentarios!!!!! Se merece un huevo de ellos. La historia de la rinoceronta es alucinante. Me ha encantado amiga Charo.

    Un beso muy grande, sigue asi, eres genial.

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  2. Gracias, David. Tú y tus cines sí que sois geniales.
    Otro besote grandote.

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  3. Hermoso reportaje, Charo. Gracias. Hace tiempo leí algo sobre esa rinoceronte, al parecer un mozo que trabajaba en el horno de la Mata, por hacer una "gracia" le dio a la rinoceronte un pan ardiendo, recién salido del horno. La bicha se lo tragó de un bocado, y no le sentó muy allá la broma porque erremetió contra el mozalbete mandándolo al otro barrio.
    Hermoso el nombre de ese café. Hoy nos queda un bar, el bar la alegría, en la calle Veneras.

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  4. Me alegra que te guste esta entrada, Carlos. Efectivamente, la historia cuenta esa anécdota del rinoceronte al que acompañaba un elefante, también. Debió ser sorprendente ver la estupefacción en las caras de los que veían a esos animales "tan raros" ¿no crees?.
    Gracias por leerme y un beso.

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  5. He llegado a este blog de casualidad buscando historias sobre la calle Chinchilla. Me ha encantado. Como curiosidad, mis dos estudios de la calle Chinchilla alojaron la ampliación de una academia de música donde ensayaba una jovencisima Lola Flores en los años 40-50 conocida por entonces Lola la Jerezana.

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  6. Gracias por la información, Fernando. Espero que sigas viniendo a estos cafés asiduamente.
    Un saludo.

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