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domingo, 9 de diciembre de 2012

EL CAFÉ DE LA CALLE DE LA VICTORIA.


Mucho antes de que la desamortización de Mendizábal (1836) hiciera desaparecer, entre otros, al convento de Mínimos de San Francisco de Paula, ya existía la calle de la Victoria (que también se llamó del Empecinado, durante algunos años del s. XIX) cuyo nombre tomó prestado a ese convento levantado en el año 1561. 

Fuente: Arquimatica.com
Plano de Madrid de Pedro Texeira (1656).
 
En el número 5 de esta calle, justo frente al pasaje Matheu, estuvo desde el año 1851 el café de la Vizcaína. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Vista del Pasaje Matheu. Al fondo la calle de la Victoria y lo que fue el café de la Vizcaína.

Parece que toda la historia de los cafés de la calle de la Victoria fue absorbida por el revolucionario café de La Fontana de Oro, que desde el siglo XVIII se encontraba en la misma esquina de la Carrera de San Jerónimo con la calle de la Victoria, siendo el lugar de encuentro más famoso y plataforma de oradores exaltados y defensores de los ideales libertarios durante, por ejemplo, el Trienio Liberal (1820-1823). Pero al decaer éste café y reemplazar el edificio en el que estuvo situado por el actual, en el año 1859 (Viviendas para Esteban Muñoz), comenzaron a tener vida o a abrirse nuevos locales a la sombra de lo que fue La Fontana de Oro, aunque algo más tranquilos. 

El café de la Vizcaína era un lugar modesto y reducido que cambió varias veces de dueño y nombre. Su importancia radica en que hoy en día podemos acceder a su interior bastante modificado, naturalmente, porque sigue siendo un negocio de restauración. Ya no es café, pero sí mantiene la barra y las mesas al haberse convertido en un restaurante. Su sótano, el que se anunciaba en el año 1890 por mantener la cerveza fría natural, debido a las excelentes condiciones de su cueva, hoy es un comedor abovedado. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Edificio y local donde estuvo el café.

A finales de los años ochenta del siglo XIX, el café de la Vizcaína fue adquirido por Severo Belmonte y Juan Fernández Sanseroni, pasando a llamarse café de la Victoria. Sus nuevos dueños anunciaban en los periódicos que ofrecen a sus nuevos y antiguos parroquianos el exquisito café al precio de 40 céntimos a domicilio y mesas de billar a 50 céntimos la hora

Uno de los parroquianos de este café de la Victoria era el camorrista “Pepe el Huevero”, que protagonizó varios altercados en diversos establecimientos del Madrid de entonces. En el año 1907, propinó un tremendo botellazo en la cabeza a un infeliz paleto llamado Eulogio, motivo por el que tuvo que rendir cuentas ante los tribunales. En su declaración Pepe contaba así el motivo de su ira: “Hallábame yo sentado en una mesa del café de la Victoria cuando estando hablando con una camarera, observé que el que luego lesioné me hacía objeto de sus burlas con cuyo motivo yo me cegué, y cogiendo una botella se la arrojé a la cabeza”. El fiscal solicitó para Pepe seis meses de arresto. 

Sólo tres años después, en 1910, “Pepe el Huevero” volvió a protagonizar otro alboroto en el café de la Victoria. Junto con un amigo, pertrechados de un estilete afilado y una faca (navaja), entró en el local para robar al dueño, a quien se dirigió con estas palabras: “¡Caballero! Aquí el compinche y un servidor necesitan veinte machacantes por prescripción facultativa”. 

Foto: M.R.Giménez (2012).
Interior del local con parroquianos de hoy.
 
El café de la Victoria cambió de nombre entre los años 1905 y 1909, pasando a llamarse café del Pasaje. Pero en 1910, retoma el nombre de la Victoria. 

En el año 1932 el negocio se convirtió en una cervecería y “colmao” andaluz con el nombre de Eritaña, que supervivió hasta los años setenta del siglo pasado. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Historia y Anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)” José Blas Vega.

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