Páginas

lunes, 28 de enero de 2013

CAFÉ DE CERVANTES EN LA CALLE DE ALCALÁ.


Entre el inicio de la Gran Vía de Madrid y la fuente de la Cibeles, en la acera de la izquierda que corta la calle del Barquillo, hubo dos cafés que llevaron el nombre de Cervantes. 


El café de Cervantes más antiguo estuvo situado donde hoy se encuentra el edificio que fue para el banco de Vizcaya en la calle de Alcalá, número 45 actual. Con anterioridad allí se había construido el famoso teatro Apolo (1873) que a su vez fue levantado tras derruir el Convento de San Hermenegildo del Carmen Descalzo, del año 1586. 

Fuente foto izquierda: foroxerbar.com/Foto derecha: M.R.Giménez (2013)
Fachada del teatro Apolo cuando aún no había comenzado la obra de la Gran Vía.
A la derecha, fachada del edificio que ocupa el actual nº 45 de la calle de Alcalá.

Este primer café de Cervantes inicialmente tuvo el nombre de Café de Solís, y abrió en los tiempos de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814). En este de Solís, apellido de su dueño Juan Solís, tuvo lugar una famosa anécdota que protagonizó el entonces aclamado actor Juan Valero quien, invitado a un aristocrático baile de máscaras para celebrar el Carnaval del año 1832, se presentó en dicha fiesta ataviado con frac y a cara descubierta. Los disfrazados asistentes al festejo, todos del más “rancio abolengo”, tuvieron a mal que un “cómico” se mezclase con la nobleza por lo que primero con groseros insultos y más tarde mediante codazos y empujones, lograron echar a Valero del café. El indignado marchó en busca del rey Fernando VII, que presenciaba una obra en el teatro del Príncipe (hoy teatro Español), para relatarle lo sucedido. Al día siguiente el actor asistió a un nuevo baile de Carnaval en el café de Solís, con la misma indumentaria que el día anterior y de nuevo sin cubrir su cara, siendo recibido con sumisión y cortesía, por parte de los mismos nobles allí presentes. Tras pasear unos momentos por el salón abandonó el baile, triunfante y victorioso.

Poco tiempo después del episodio carnavalesco, el de Solís cambiaría su nombre por el de café de Cervantes, siendo así inaugurado el día 31 de marzo de 1838. 

Este de Cervantes era, además de café, un lugar de exposición de las cosas más variopintas. Así, en el año 1845, una loba marina procedente de las aguas de Benidorm (Alicante) fue exhibida en sus salones, antes de ir a París. Donato, con su comparsa de micos y monos sabios, enseñados por él mismo, había llegado en marzo de 1846 para quedarse durante más de un año. Ejecutando vistosas y difíciles suertes y habilidades, los monos “El Africano”, “El Jinete”, “El Brasileño”, “La señorita Batavia” y “El Intrépido Payaso”, entre otros, realizarían sus números a las 4,30 horas y a las 6,30 horas, todos los días. También la Sociedad Artística Daguerriense se estableció en este café de Cervantes para vender retratos, cuadros y copias de cuadros al daguerrotipo, posibilitando la contratación de retratos a los clientes, de 11 horas de la mañana a 3 horas de la tarde. 

A partir del mes de marzo de 1847, el Cervantes ya se titula teatro, parece que había dejado de ser café y enseñaba al público asistente un gabinete con 60 figuras de cera con lujosos trajes de los personajes más renombrados. Al año siguiente, en 1848, se instala en el local un teatrillo mecánico propiedad de Pierre Hady. 

La desamortización de Mendizábal de 1836 había incluido en su censo al convento de San Hermenegildo, donde se ubicaba el café, y su dueño tuvo a bien cambiar el negocio un poco más abajo de la calle de Alcalá. Así se abrió el nuevo o gran café de Cervantes, en el número 51 (hoy 49). 

Fuente: Nicolás1056 (1900).
Imagen del palacio del marqués de Casa-Irujo de la calle de Alcalá. Casi en la esquina de la calle del Barquillo se aprecia la entrada del café de Cervantes.
El nuevo café de Cervantes fue instalado en los bajos del palacio del marqués de Casa Irujo, construido en el año 1836 por el arquitecto Lucio de Olavieta (que un año antes proyectaría el ya desaparecido mercado de San Ildefonso) y constaba de cinco plantas, un sótano y buhardillas. Su entrada principal estaba en la calle de Alcalá, teniendo otra de servicio por la calle del Barquillo. El edificio fue considerado como un palacio sencillo a la vez que bien estructurado para los usos a los que estaba destinado. Este palacio fue demolido poco menos de setenta años después de su construcción y sobre su solar se construiría el Banco Español del Río de la Plata, hoy sede del Instituto Cervantes. 

Fuente: B.N.E.
Reproducción del palacio del marqués de Casa-Irujo con fachada principal a la calle de Alcalá.
En la esquina de la calle de Alcalá con la del Barquillo se inauguró el 24 de junio de 1868 el nuevo café de Cervantes por su dueño, Juan Losa López, cuyo aseo y esmero se advierte por agradar al público. La gran afluencia de transeúntes de la calle de Alcalá hizo de este café uno de los más famosos del momento. 

Fuente: Nicolás1056 (1900)
Entrada del café de Cervantes por la calle de Alcalá. A la izquierda, la calle del Barquillo.
Según la prensa del momento, el negocio del café de Cervantes no tuvo demasiados problemas hasta la década de los años ochenta, del siglo XIX. La terrible nube de lluvia y granizo, acompañada de fuertes relámpagos y temerosos truenos que descargó sobre Madrid el 6 de junio de 1889, a las 3 y cuarto de la tarde, inundó completamente sus salones, atrapando a cuatro mozos en los sótanos y dejando a los parroquianos subidos sobre las mesas y los divanes, siendo todos rescatados aunque presos del pánico. Pocos años después volvería a repetirse el desastre con tres tormentas sucesivas y comenzaron los problemas laborales. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Esquina donde estuvo el café de Cervantes y el palacio del marqués de Casa-Irujo. Hoy el nuevo edifico alberga el Instituto Cervantes.

En el año 1896 se funda la Sociedad de Camareros y Reposteros, dependiente de la Unión General de Trabajadores (1888) creada para mejorar las condiciones de trabajo, a la que se afilian gran cantidad de obreros del gremio. Los dueños de los cafés comenzaron a despedir a todos los empleados que formasen parte de este colectivo y como protesta los asociados ocupaban durante horas las mesas de los establecimientos, realizando mínimas consumiciones. El café de Cervantes, cuyo dueño represaliaba a sus trabajadores por pertenecer a esta asociación, fue uno de los elegidos para la protesta en varias ocasiones. 

En el año 1899 el nuevo propietario Pérez Suarez, se hace cargo del Cervantes y lo reforma lujosamente. Fue este café uno de los primeros en sacar sillas y veladores a lo que entonces era el “boulevard” de la calle de Alcalá, durante los meses de verano, lo que no gustó a todo el mundo. 

En el año 1904, el 1º de mayo, los camareros reclamaron la abolición de “las mecánicas” o parte del jornal que dejan para la bajilla que se rompe, limpieza de paños y demás gastos que corrían por cuenta del asalariado. Casi todos los cafeteros aceptaron esas reclamaciones incluso las de usar bigote y poder sentarse, pero el dueño del Cervantes se había negado en redondo. Así, en los días de más afluencia de público, los miembros de la Asociación de Camareros volvieron a ocupar durante horas todas las mesas y los veladores del café sin consumir prácticamente nada. 

Aquellos iban a ser los últimos tiempos del café de Cervantes, que iba a ser rematado por el periódico “El Escándalo” mediante la publicación de una difamante noticia: Una marquesa, muy conocida en Madrid, tenía la costumbre de bañarse cada noche en leche de vaca que luego vendía al café de Cervantes, por un módico precio. La crónica fue contestada por el dueño del negocio, pero los parroquianos decidieron elegir otro café, ante la duda. 








Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Los cafés cantantes de Madrid” José Blas Vega (In Memoriam).
Artemadrid.wordpress.com
“Guía de arquitectura y urbanismo de Madrid” C.O.A.M.
Nicolas1056
Prensahistorica.mcu.es
Es.wikipedia.org
Foroxerbar.com

3 comentarios:

  1. Estupenda entrada, Chjaro. Parece ser que junto al segundo Cervantes hubo un teatrillo de monos amaestrados.

    ResponderEliminar
  2. Resulta difícil distinguir la información que la prensa del momento da sobre ambos cafés de Cervantes. A pesar de que Pedro de Répide habla sobre los monos en el segundo café, donde ahora está el Instituto Cervantes, los datos contrastados por fechas parecen indicar que ese espectáculo estuvo siempre en el local del primer café de Cervantes, incluso después de su cierre, en el convento de San Hermenegildo. Pero, se admiten opiniones.
    Muchas gracias, Carlos.

    ResponderEliminar