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martes, 26 de febrero de 2013

CUATRO CAFÉS DE LA GRAN VÍA: FUYMA, IRUÑA, MANILA Y FUENTESILA.


A escasos metros entre sí y desde los años treinta hasta los cincuenta del siglo pasado, fueron inaugurados cuatro importantes cafés en la Gran Vía de Madrid: Fuyma, Iruña, Manila y Fuentesila. 


Fuente: Maps.google.es
Ubicación sobre mapa de los desaparecidos cafés Fuyma, Iruña, Manila y Fuentesila de la Gran Vía.


Ya había pasado la época de los vetustos y oscuros cafés del siglo diecinueve cuando la Gran Vía comenzaba la construcción de su tercer y último tramo. La modernidad de los primeros años treinta requería nuevos lugares de reunión con mucha luz natural, diseños interiores más sencillos y coloridos que olvidaban la madera o los divanes tapizados en terciopelo de los viejos cafés en pos del aluminio, el cristal y los revestimientos en piel de sus asientos. Así nacieron los flamantes cafés o cafeterías de la moderna avenida, que aún tenía los nombres de Conde de Peñalver, Pi y Margall y Eduardo Dato, dependiendo del tramo. 

El café Fuyma fue el primero en abrir de estos cuatro establecimientos. Estuvo situado en la llamada entonces, avenida de Pi y Margall, número 22 (hoy Gran Vía, 44), haciendo esquina con la calle de Hita (hoy de Miguel Moya). 

Fuente: mcu.es (década de los años 30). Foto recortada.
El café Fuyma, bajo su toldo, en la esquina de Gran Vía con la calle de Miguel Moya.

Inaugurado en el año 1931 por los dueños de la empresa “Fundición de Hierro Maleable” (de ahí su acrónimo nombre), era un café de planta rectangular al que se accedía por una pequeña puerta giratoria, situada en su fachada de la Gran Vía. El interior había cambiado los espejos de los viejos cafés por grandes ventanales con largos visillos de encaje, dejando así entrar la luz de la calle hasta casi el atardecer. Dos hileras de mesas en madera, con cristal de fondo verde aguamarina en la superficie, acogían a los clientes que podían hacer uso de las cuatro sillas correspondientes a cada una de ellas o juntarlas, si la tertulia era más numerosa. Sólo al fondo de la sala había espejos, grandes, forrando la pared que señalaba el final del café y bajo ellos, sobre una pequeña plataforma separada de la parte central, pero a la vista de todos, una fila de asientos corridos y tapizados en piel. En esta zona comenzaba una pequeña barandilla que recorría en ángulo recto todo el contorno del salón e incluía la barra del café, situada a la derecha del acceso, junto a la que había taburetes altos para tomar rápidas consumiciones. 

Fuente de la primera fotografía, desconocida. Foto: M.R.Giménez (2013).
El café Fuyma y el cine Palacio de la Prensa, con más de medio siglo de diferencia.

El Fuyma sería uno de los cafés escogidos por los reporteros de la Guerra Civil Española para escribir sus crónicas. De él decían que era el primer remanso de paz tras el cercano frente situado en la Ciudad Universitaria; a pesar de que la Gran Vía fue renombrada como la “Avenida del quince y medio”, por las miles de bombas que sobre ella caían de forma continuada. 

A partir del año 1939 la clientela del Fuyma se componía de notarios, militares y miembros de la colonia puertorriqueña asentada en Madrid, además del escritor Darío Fernández Flórez, quien ambientaría su novela “Lola, espejo oscuro” en este café. Junto a ellos, un barman llamado Francisco Sánchez Fernández comenzaba a preparar los trastos para convertirse en el torero “Frasquito” y presentarse en la Maestranza de Sevilla, en el año 1948. 

El café Fuyma desapareció en el año 1995 por baja rentabilidad, a decir de sus propietarios. Sería sustituido por una entidad bancaria y dejaría a dieciséis trabajadores sin empleo. 

El café Iruña bar fue inaugurado en el año 1932 y se encontraba situado en la esquina de la avenida Eduardo Dato, número 8 (actual Gran Vía, 52) con la calle de Silva, número 11. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1975)
Foto: M.R.Giménez (2013)
La esquina de la Gran Vía y la calle de Silva, donde estuvo el café Iruña.

Siete camareros (uno de ellos de Pamplona, de ahí el nombre del café) de distintos establecimientos de Madrid, decidieron un buen día abrir el suyo propio y formar la sociedad del Iruña, para lo que cada uno aportaría dos mil pesetas, de las de antes de la guerra. Por aquel tiempo la avenida de Eduardo Dato (desde la plaza del Callao hasta la de España) estaba aún sin terminar, llena de grandes solares destinados a los futuros edificios previstos. 

Fuente: B.N.E. (1938)

En el mes de abril de 1933 el colectivo de “Acción Literaria”, organización moderna al servicio de la literatura española que se propone exaltar los nombres de poetas, escritores, reporteros y oradores de las nuevas generaciones y divulgar su firma y su obra, tenía su lugar de encuentro en el café Iruña y solicitaba aportación económica para un valor joven que destaca en estos días, llamado Federico García Lorca y para su Club Teatral de Cultura (Anfistora). 

Todo iba bien hasta que en el año 1936 comenzó la Guerra Civil Española y cuatro de los siete socios del Iruña huyen de Madrid, otro es malherido en un bombardeo de la Gran Vía y el resto continúa con el negocio, de la mejor manera posible. La posguerra, tan dura para todos, lo fue también para este café que había abierto un “baile-taxi” (salón en el que las mujeres esperaban a ser sacadas a bailar cobrando un módico precio) en su planta baja y que sería clausurado de inmediato. Así, se ocupó el espacio con mesas de billar y de juego, que fueron intervenidas por la policía, a pesar de que eran numerosos los comisarios de la zona que al café asistían. Más tarde el sótano se convirtió en una sala de televisión, cuando comenzaban las emisiones en España, siendo muy frecuentada por toreros mejicanos como Carlos Ruíz Camino “Arruza”. 

En el mes de enero de 1975 el café Iruña bar echa el cierre definitivo, dejando a treinta y seis trabajadores, todos demasiado veteranos, con un mísero despido. Un restaurante de comida rápida, el primero de la cadena que se inauguró en Madrid, ocupa hoy el local de lo que fue el café Iruña. 

Foto: M.R.Giménez (2011).
Fachada del edificio del arquitecto Luis Díaz de Tolosa, construido en el año 1928, donde estuvo el café Iruña. Tal vez el mejor representante del Art Decó de la Gran Vía de Madrid.

Bajo el edificio Carrión de la Gran Vía, número 41 vino a instalarse la cafetería Manila en la década de los años cuarenta del siglo pasado. El local fue antes la sala de fiestas, café y bar Capitol.


Fuente: Memoriademadrid.es (1932)
Foto: M.R.Giménez (2013)
Esquina del edificio Carrión. A la izquierda el bar Capitol, que luego sería la cafetería Manila. A la derecha el local en la actualidad.

Manila tenía su puerta de acceso en la misma esquina redonda que antes daba entrada al antiguo bar modernista Capitol, entre la Gran Vía y la calle de Jacometrezo, prácticamente en la plaza del Callao. 

La curiosa forma del edificio Carrión obligaba a que la barra de la cafetería tuviese una parabólica forma, con la parte más estrecha enfrentada a la puerta, y a su alrededor altos asientos giratorios y fijos en el suelo. Su fachada estaba compuesta por grandes ventanales separados tan sólo por las finas estructuras de sujeción para los cristales. 

En el piso superior se encontraba una de las ventanas más bonitas de la Gran Vía, desde donde se dominaba gran parte de la plaza del Callao y toda la calle hasta la Red de San Luis. 

Fuente: Paseandocon.blogspot.com  (Principios de los años 90).
Aspecto parcial de la cafetería Manila, la magnífica ventana y sus terrazas.

La fama del Manila, debido a su céntrica ubicación, fue bastante singular. Se convertiría en lugar de encuentro para todo tipo de reuniones que deseaban pasar desapercibidas y también en escenario para numerosas películas, gracias a la privilegiada vista de sus ventanales. Pedro Almodóvar Caballero y José Luis “Garci” Muñoz, entre otros directores, rodaron en Manila. 

En el año 1996 Manila se cierra. Los dueños de la cadena de cafeterías a la que este local perteneció, no supieron gestionar el negocio a la muerte de su fundador y, tras demasiados conflictos y el heroico encierro de sus trabajadores reivindicando su puesto de trabajo, en el mes de septiembre de ese mismo año Manila desaparece dejando a cuarenta empleados con demasiados años de antigüedad, en la calle. 

Hoy el fantástico local está ocupado por una tienda de ropa y las magníficas vistas de su ventana están cegadas por un anuncio de su marca. 

El café Fuentesila fue el último de estos cuatro cafés de la Gran Vía en abrir y el primero en cerrar. Con el nombre de Fuentesila se instaló en el local que ocupara antes el café del hotel Gran Vía. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual de la fachada del café Fuentesila, de la Gran Vía.

Inaugurado a mediados de los años cincuenta del siglo XX, estuvo ubicado en la Gran Vía, número 25 hasta el principio de los años setenta. 

Los cercanos y muy famosos Almacenes Rodríguez surtieron de todo lo necesario al café Fuentesila en su apertura: Tapicerías para sus sillones, menaje, cristalería, etc. 

Fuente: ABC (1955)
Rincón del café Fuentesila.

Dotado de varios pisos, el Fuentesila era un café bastante amplio, tranquilo y algo oscuro por estar situado entre dos locales: la joyería Aleixandre (hoy es un restaurante de comida rápida) y la entrada del hotel Gran Vía. 

Fuente: Viejo-madrid.es (1960).
La desaparecida joyería Aleixandre, que hoy mantiene casi intacta su fachada.

Veinte años después de su inauguración el Fuentesila se convertiría en un restaurante self-service y el día 6 de abril de 1991 Madrid Rock, la tienda de discos más grande de España, abrió sus puertas en lo que fue el espacio del café. 

Fuente: El País (2005)
Fachada de lo que fue el café Fuentesila y entre los años 1991 y 2005 se convirtió en Madrid Rock.

En la actualidad el local que ocupó el Fuentesila y posteriormente Madrid Rock se ha convertido en una anodina tienda de ropa, aunque hay quien se mantiene a su puerta esperando tiempos mejores. 








Fuentes:
Memoriademadrid.es
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Viejo-madrid.es
Elpais.com
Paseandocon.blogspot.com
Mcu.es          
Prensahistorica.mcu.es

9 comentarios:

  1. Maravilloso como siempre, desconocia por completo el pasado de estos locales, salvo el de Manila que analicé en primera persona.

    Me ha llamado especial atención el Fuentesila, incluso pensaba que la tienda de discos había nacido mucho antes. Triste final para todos ellos, incluso para Madrid Rock.

    Esos Heavys de moda seguiran esperando la llegada de tiempos mejores en los que todo vuelva a ser como antes.

    Un beso y sigue así, ya veo que tus seguidores siguen aumentando.

    Cuidate.

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    1. Gracias, David. No sé si la Gran Vía volverá a ser lo que fue, pero lo que es seguro es que ni sus cines, ni sus cafés regresarán. Precisamente para eso estamos nosotros, para contar sus historias y recordarlos.
      Un beso muy grande.

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  2. Sólo conocí el Fuyma y me encantaba atravesar aquella puerta giratoria. ¿Porqué las autoridades municipales desde siempre han pasado de conservar tanto patrimonio de la ciudad y destruirlo? ¿Incultura? ¿Especulación económica? ¿Falta de sensibilidad y respeto?

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  3. En los cafés creemos que ha sido una mezcla de todo: Mucha incultura, demasiada especulación y una falta de cariño, sensibilidad y respeto por las cosas de Madrid que no tiene límites.

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  4. Muy buenas las fotos. Me gustaron mucho los antes y los después. Cómo cambia la gente, la moda... Sigue con el blog! Muy bueno!

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  5. Gracias, Willy, en ello estamos.
    Un saludo

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  6. Para llorar...
    Trabajé en la Cafetería Fuentesila, que es como la llamabamos, desde 1965 a 1970 +-.
    Mi mejor época, de los 18 a los 22 años. Donde abrí los ojos a la vida; en ese Madrid alegre, abierto, dicharachero; de bocadillos de calamares, mejillones al vapor y vino Ribeiro, en los bares gallegos de la Plaza de Santa Ana, con precios al alcance de todos los bolsillos.
    Fuentesila donde tuve mi primer amor-novia con mi compañera de trabajo Maruja.
    Mis compañeros, el primero el encargado Gral. Ignacio (me dijeron que sufrió los efectos del aceite de colza), Antonio con su Montesa Brio175 (cuantas escapadas a Toledo con la moto).
    Me dijeron que despues del cierre de Fuentesila, la mayoría se fueron a trabajar a la Cafetería del Hipódromo de Madrid.
    Despues de tantos años fuera de Madrid, no consigo encontrar a ninguno de ellos, me encantaría conectar con alguno, cosa dificil ya que yo era el mas joven de la plantilla.
    Estando yo en Fuentesila entró a trabajar un joven, un poco mayor que yo. Estaba todo el tiempo en los vestuarios cantando Zarzuela a "grito pelado", yo riendo le decía que iba a romper los espejos de arriba. A los pocos años lo ví cantando Zarzuela, en los Festivales de verano del Parque Sindical, con Pedro la Virgen, entre otros.
    En fin. Si alguien recuerda alguien de Fuentesila y puede darme su contaco.

    Slds

    Mariano Rosado Rino

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    1. Sobre sus compañeros no puedo decirle nada,
      Curiosamente comentarle que tengo una carta con las comidas y bebidas que ofrecían,
      Es de gran tamaño y en la portada está impreso un mapa antiguo. Probablemmente lo recuerde.
      Si le interesa podría enviarle fotos y venderlo. Saludos

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  7. Siempre es un honor contar con el comentario de quien vivió lo que aquí se cuenta en primera persona.
    Espero que encuentres a tus compañeros.
    Un saludo afectuoso, Mariano.

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