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domingo, 3 de febrero de 2013

LOS CHISPEROS O EL MONUMENTO POSTERGADO.


A veces, sucede en Madrid que desaparecen, sin saber dónde han ido, monumentos que se preciaban mucho. Son como forillos o adornos de la escena, que desaparecen porque la decoración del otro acto lo necesita. 


Así comienza “El monumento postergado”, relato de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) que hace referencia, entre otros, al grupo escultórico que fue inaugurado el día 26 de junio de 1913 en la glorieta de San Vicente y desde el año 1932 se puede contemplar en la calle de Luchana, en Madrid. 

Foto: M.R.Giménez (2011)
Monumento de Los Chisperos o Los Saineteros, en la actualidad instalado en la calle de Luchana.

¿Se van solos esos monumentos? A veces, parece que se han ido, por fin, a gozar del descanso eterno y se han enterrado ellos mismos, y otras veces, si son ecuestres, parece que han huido en sus caballos capaces de las más duras caminatas. 

Una malquerencia de la autoridad competente, que se ha sentido mal mirada por la estatua, o porque tiene la manía de variar el decorado de la ciudad, como quien varia el decorado de su antesala, hace que desaparezcan ciertos monumentos. 

“¡Al sótano con ése!” dice a sus titanes municipales la autoridad competente, y entre todos bajan el monumento y lo subterranizan, recibiendo un buen premio en metálico por su dificilísima obra de remover lo que es de piedra o de bronce. 

¡Qué bien enganchan con sus cordeles interminables a la gran estatua, encontrándola todas la axilas que tiene! 

Titulado “Los Chisperos” o “Los Saineteros”, el monumento fue realizado por el escultor Lorenzo Coullaut-Valera e inaugurado, tras varios aplazamientos, por el alcalde, una infanta y el gobernador civil del momento, académicos de Bellas Artes, músicos como Tomás Bretón Hernández y Bartolomé Pérez Casas, además de Joaquín y Serafín Álvarez Quintero entremezclados con familiares de los, entonces ya desaparecidos y en ese momento homenajeados en el monumento: Ramón de la Cruz, Ricardo de la Vega, Federico Chueca y Francisco Asenjo Barbieri. 

Fuente: B.N.E. (1913)
Inauguración del monumento, ante diversas personalidades, en la glorieta de San Vicente.

El último monumento de esos que he visto desaparecer miste­riosamente es el de los Chisperos. Con gran boato y gran cariño se inauguró ese monumento a los Chisperos y a don Ramón de la Cruz, Barbieri, Chueca y Ricardo de la Vega en la Glorieta de San Vicente el día 26 de junio de 1912 (RAMÓN cita el año erróneamente ya que el monumento fue inaugurado en 1913, según la prensa). Asistió la Infanta Isabel, y ha­blaron Casero y Bretón. Y allí quedó el monumento perpetuando la vuelta de una verbena a San Antonio, y como si esperasen el tranvía los últimos chisperos. 

Fuente: B.N.E. (1913)  Foto: M.R.Giménez (2011)
La fotografía de la izquierda correponde al bajorrelieve "Pan y toros" del monumento y está tomada el día de su inauguración. A la derecha la misma placa, hoy.
Fuente: B.N.E. (1913)  Foto: M.R.Giménez (2011)
Imágenes del bajorrelieve "La Verbena de la Paloma", del mismo monumento.

Durante algún tiempo, al bajar a la estación del Norte, todo el mundo se despedía de Madrid en efigie, saludando al grupo de los eternos verbeneros. Era simpático ver al irse a esos buenos chispe­ros, que se quedaban sosteniendo el regocijo de Madrid, y era tam­bién simpático al volver encontrarlos allí mismo, invariables, defendiendo la continuidad de la fiesta madrileña, reanudando el gesto interrumpido en nuestra vida al salir de Madrid. 

Había días preciosos para ellos, en que se destacaban sobre la luz de la luna como esas parejas que se aman en los bancos sobre la luz del foco de un automóvil. Sus siluetas eran en la noche las de los que vuelven de la romería. 

Los extranjeros, que entran precisamente por esa estación, pre­guntaban, nada más entrar, quiénes eran esos engalgados transeúntes, subidos allí como para ver mejor la salida y entrada de los trenes. 

Todo iba bien, y la Glorieta de San Vicente resultaba alegre, enra­milletada y como adornada con el gallardete auténtico de San Antonio de la Florida. La estatua era como la columna indicadora del camino, y en el cruce del paseo de la Virgen del Puerto y del de la Florida de­cidía la mano indicadora del chispero cuál era el camino verdadero. 

Hasta que un día vimos desaparecer el monumento y ser sustituido por un gran farol, el gran farol, o, mejor dicho, la opulenta farola que había en la Puerta del Sol. No habiendo seguido los trámites de la transformación, no habiendo visto ni montar ni desmontar la máquina de los descendimientos, hubo un momento en que me imaginé que se trataba de una de esas transformaciones de las comedias de magia, y que el monumento se había convertido en farol, farol de cuatro brazos que representaban a los cuatro saineteros. 

Foto: M.R.Giménez (2011)
El Chispero que nunca sale en las fotografías, por estar situado en la parte de atrás del grupo.

Los simpáticos Chisperos (dignos artesanos que trabajaban los metales en fraguas rudimentarias, levantando chispas con sus martillos), sufrirían el intento de robo de una de sus placas de bronce en el mes de febrero de 1915. Hacia el año 1927, al crear el Parque de la Arganzuela (entonces Nuevo Parque Sur) sobre los terrenos de las antiguas dehesas, se decide instalar allí el monumento. Poco después, entre el final de la década de los años veinte y principios de los treinta del siglo XX, maltrechos y rendidos, fueron instalados detrás del paseo de Yeserías. 

Durante una temporada larga tuve perdida la pista de ese monumento escamoteado, y miraba el farol como si fuese esa cruz del camino que indica dónde está enterrado el que murió de un accidente violento. Debajo de él yacían chisperos y autores mezclados, como en una fosilla común. ¿O tal vez es que, aprovechando lo próximos que estaban de la estación, se habían fugado con toda la calderilla de su primera materia encima?. 

Sólo después de mucho tiempo, un día, al bajar por el paseo del Canal hacia el embarcadero para pasearme por esos viveros que tiene el Ayuntamiento junto a la ribera del Manzanares, me encontré con que estaba allí ese monumento, muerto de humedad y de sordidez en la hondonada sombría de esos jardines junto al río pestilente de tan malos efectos cuando anochece. ¡Pobres chisperos y pobres saineteros, arrumbados tan pronto en ese falso jardín de allá abajo!. 

En el año 1932 el ayuntamiento decide el emplazamiento definitivo del grupo escultórico en la calle de Luchana, a la altura de Manuel Cortina y Manuel Silvela, donde hoy se encuentra. 








Fuentes:
“Madrid” Ramón Gómez de la Serna, que contiene el texto “El monumento postergado” que aquí se transcribe de forma parcial.
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Es.wikipedia.org

5 comentarios:

  1. Como siempre felicitarte por tus artículos. Ya era hora de saber la fecha de la colocación de los chisperos en Luchana, Gracias.
    Y también la total confusión que hay en algunos escritos que situan la cafetería Fuentesila donde la Joyería Alexander, siempre he creido que esa bella marquesina perteneció a la cafetería Fuentesila.
    Gracias mil, y cordiales saludos
    J.Z

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  2. Me alegro de haber resuelto las dudas, que para mi también lo eran, sobre Los Chisperos y el café Fuentesila. Eres muy amable, Juana y espero sigas leyendo el blog y escribiendo en él.
    Un saludo muy afectuoso.

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  3. Esta plaza algunos la conocen como la de los chisperos. Pero creo que, oficialmente, no es una plaza, verdad?
    Enhorabuena por el artículo.

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  4. Esta plaza algunos la conocen como la de los chisperos. Pero creo que, oficialmente, no es una plaza, verdad?
    Enhorabuena por el artículo.

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  5. Efectivamente esta plaza no tiene nombre oficial, aún. Se encuentra insertada en la calle de Luchana.
    Los ciudadanos de Madrid siempre han mantenido, en este caso y en todos, los nombres de sus calles y plazas, a pesar de los cambios en sus denominaciones oficiales.
    Un saludo, Enrique y gracias por tu comentario.

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