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lunes, 1 de abril de 2013

LOS CAFÉS Y LA FONDA DE SAN LUIS DE LA CALLE DE LA MONTERA.


Los trescientos treinta y tres metros de longitud de la calle de la Montera de Madrid parecen haber estado siempre plagados de comercios, fondas y, por supuesto, de cafés. Esta vía, cuya empinada cuesta comienza en la Puerta del Sol, continúa hoy con el mismo bullicio. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Maqueta de Dionísio León Manuel Gil de Palacios (1830) en la que se representan todas las casas y la iglesia de San Luis Obispo de la calle de la Montera, acera de los números impares.

Desde mediados del siglo XVI se sabe que existió la iglesia de San Luis Obispo en la calle de la Montera, que al ser originalmente de una sola nave fue demolida y vuelta a levantar en el año 1679 haciendo esquina con la calle de San Alberto y con fachada trasera a la plaza del Carmen. Este antiguo templo fue quemado en los primeros meses del año 1936, pero ya habría dado nombre a una famosa fonda y a varios cafés que se instalaron en esta vía. 

Fuentes: Foto izquierda, Rayosycentellas.net
Foto derecha, Palomatorrijos.blogspot.com (1935)
Iglesia de San Luis Obispo en fachada de la calle de la Montera, esquina con la calle de San Alberto.
La misma iglesia en su fachada de la plaza del Carmen, con el antiguo mercado del mismo nombre. 

Los orígenes encontrados en prensa sobre la fonda de San Luis de la calle de la Montera datan del año 1800, cuando aún el número de cada casa se ponía aleatoriamente, si es que llegaban a tenerlo. Hay noticias acerca de que esta fonda estuvo situada frente al número 32 (antiguo) en el año 1813, cuando ahí se inauguró un café llamado del Comercio que se haya bien surtido de vinos extranjeros a precios equitativos. Lo que se pone en noticia del público para su inteligencia. 

Lo que sí sabemos es que la fonda estuvo en la acera de los impares de la calle de la Montera, junto a la iglesia de San Luis Obispo - de ahí su nombre – y que en el año 1824 era ya acreditada y antigua, ofertando comidas cuyo precio oscilaba entre los 6 y los 30 reales, en adelante

El local debía ser algo siniestro, a decir de los viajeros que sobre él escribían; oscuro y miserable, de techos bajos y con pequeñas habitaciones sucias. Las comidas eran excesivamente grasientas y fuertemente especiadas, servidas en mesas con manteles que nunca se cambiaban. A pesar de todo estaba considerada como una de las mejores de Madrid y hasta el escritor Washington Irving (1783-1859) comió varias veces en esta fonda en el año 1826, durante una visita a Madrid. Por aquellos años sabemos que estaba situada en el número 17 (antiguo) de la calle de la Montera, antes de la reforma de la Puerta del Sol de mediados del siglo XIX. 

Fuente: Memoriademadrid.es (Entre 1921 y 1933).
Calle de la Montera e iglesia de San Luis Obispo. La fonda de San Luis habría sido, posiblemente, la casa más cercana a la iglesia.

La fonda de San Luis ocupaba tan solo la segunda planta del edificio que tenía entrada principal por la calle de Montera y otra secundaria por la entonces calle de Los Negros (hoy calle de Tetuán, en el tramo comprendido entre la calle del Carmen y la plaza del mismo nombre). El negocio también tenía un café en la planta baja al que, como no podía ser de otra manera, llamaron café de San Luis, que dejaría de existir definitivamente en el año 1862, al vender todos sus efectos sobrantes

En el mes de junio de 1846 el negocio acomete grandes reformas y se anunciaba ya como hotel-fonda ofertando también la venta de pastelillos de crema y bizcochos de Granada; por entonces las comidas se pagaban a 20 reales y tenía bastantes quejas de los clientes por las cortas raciones de sus platos. A pesar de todo el poeta Ramón de Campoamor Campoosorio, cuando era Jefe político de Alicante (Gobernador civil) en noviembre de 1849, recibiría allí un magnífico homenaje. También Mr. Alejandro, un famoso vendedor de sanguijuelas de goma, remedio utilizado por los facultativos de la época, vendía por lotes su producto en la fonda de San Luis. 

Fuente: B.N.E. (1850)
Mr. Alejandro vendía en la fonda de San Luis su remedio curativo.

El día 11 de agosto de 1858 el famosísimo prestidigitador, grueso, sesentón e italiano Giovanni Bartolomeo Bosco, realizó un ensayo de su destreza ante varios periodistas en la fonda de San Luis. 

Al grito de “Espíritus míos, obedecedme” los objetos que tenía en sus manos se hacían invisibles ante la mirada atónita de un público congregado alrededor del artista. Anillos, pañuelos, cajas y limones desaparecían o se escapaban de las manos de los espectadores. Le llenó a uno la mano de monedas, le mandó cerrarla fuertemente y sin acercarse a él, las monedas aumentaban o disminuían a capricho del que las apretaba. 

Fuente: B.N.E. (1880).
En ese año sabemos que la fonda de San Luis estaba en el número 17 de la calle de la Montera.

Durante los primeros años del pasado siglo XX, la fonda de San Luis se convirtió en Gran restaurant. En el año 1905 este nuevo negocio ocupaba el entresuelo del edificio, entonces número 29 de la calle de la Montera (junto a la iglesia). Con esmerado servicio y limpieza en la cocina ofertaba cubiertos de 1 a 3 pesetas, en adelante, poniendo a disposición de los clientes abonos por carnets desde 50 pesetas al mes, para las comidas. 

En el año 1912 lo que fue fonda, café y más tarde gran restaurante de San Luis, se trasladó a la calle de Fuencarral. 

Un nuevo café de San Luis aparece en la calle de la Montera, número 42 (hoy correspondería con el edificio del número 48), junto a la Red de San Luis, hacia la mitad del siglo XIX. 

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
El más reciente de los cafés de San Luis. En su fachada se recuerda que en el año 1853 José Mª Iparraguirre cantó el himno Guernikado Arbola, en el café que estuvo situado donde hoy se encuentra éste.
 
Este café era entonces el lugar de reunión de los ciudadanos vascos que vivían en Madrid y entre ellos José María Iparraguirre Balerdi (1820-1881), que haría más famoso a este local por interpretar aquí su Guernikako Arbola. 

Fuente: ABC
Cuadro del pintor Gregorio Hombrados Oñativia que representa a Iparraguirre durante el estreno de su Guernikako Arbola, en el café de San Luis.

Iparraguirre procedía de Guipúzcoa y había escapado de su casa a la edad de trece años, alistándose en el ejército para participar en la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Tras la contienda había viajado por Francia, donde conoció a una cantante que le enseñó música y a tocar la guitarra. Prosiguió viaje por Europa mientras componía un buen número de canciones. 

En el año 1853 regresó a España y se instaló por poco tiempo en Madrid actuando en el café de San Luis, donde estrenaría su célebre Guernikako Arbola (El árbol de Guernica) que se convertiría en casi un himno del País Vasco. Iparraguirre había compuesto la letra de la canción, que cantó acompañado de su guitarra y del pianista Juan José Altuna, quien sería el artífice de la música. El memorable éxito alcanzado aquella imprecisa noche, es recordado hoy por una placa sobre la fachada del reciente café de San Luis, situado en el número 48 de la calle de la Montera. 

Iparraguirre volvería a Euskadi en el año 1854, recorriendo pueblos y cantando el himno; tal entusiasmo producía entre la población que fue detenido temiendo que se alterara el orden público. Entonces marchó a América para regresar, posteriormente, a España y sufrir bastantes penalidades debido a su falta de recursos. Varios escritores e intelectuales vascos consiguieron una pensión para él, que poco tiempo pudo disfrutar porque fallecería a los pocos meses. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Historias y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Washington Irving en Madrid (1826-28): Cristóbal Colón” Eric Breeman.
Es.wikipedia.org
Palomatorrijos.blogspot.com
Rayosycentellas.net

4 comentarios:

  1. Vaya currada de entrada para recopilar todo lo ocurrido en esa Fonda San Luís.

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  2. Demasiado bien sabes tú lo que cuesta hacer una entrada del blog porque también te lo curras de lo lindo.
    Gracias por leerme, Roser (socia).
    Un besete.

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  3. Pues mira tu qué no habré pasado veces por la calle sin darme cuenta de la placa conmemorativa...lo que es no ver las cosas...
    Antonino I El Maligno

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  4. Es que hay que ir por Madrid como los turistas, con la cámara y el ojo "inspeccionador".
    Besetes, Antoñito El Maligno.

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