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viernes, 20 de diciembre de 2013

BARES AUTOMÁTICOS EN MADRID. TÁNGER Y TOKI-ONA.

Las máquinas de café o refrescos, las expendedoras de comida rápida o de dulces que hoy son frecuentes un lugares públicos y centros de trabajo, serían un resumen moderno de lo que fueron en su día los bares automáticos que se abrieron en Madrid durante la segunda mitad de los años treinta del siglo XX. Aunque hay noticias en la prensa sobre la instalación de un pequeño bar automático en el vestíbulo del malogrado teatro Novedades de Madrid, alrededor del año 1902, de resultado efímero. 

Los primeros bares automáticos estaban dotados de un mecanismo muy simple y eran deficientes en su funcionamiento al introducir la moneda por la ranura señalada con el rótulo del manjar o la bebida que se apetece, y no suele salir nada. Sus defectos de funcionamiento y la picaresca para burlar sus dispositivos los hicieron fracasar, en un primer momento. Al final de la década de los años veinte se ideó en Alemania un distribuidor automático a prueba de monedas falsas basado en los más perfectos modelos norteamericanos, y a partir de entonces el negocio de los automáticos iría en aumento en toda Europa, llegando a Madrid en 1935.

El primero de estos establecimientos inaugurado en la Villa fue el Bar automático Tánger, en la avenida de Pi y Margall, número 11 (hoy Gran Vía, 33).

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual de la esquina de la Gran Vía con la calle de Mesonero Romanos, donde estuvo el Bar automático Tánger.

En la esquina de la Gran Vía con la calle de Mesonero Romanos vino a instalarse el Tánger, en la primavera del año 1935, dejando boquiabiertos a los que por su acera pasaban. Lo moderno llegaba, por fin, aunque los parroquianos de los cafés “de toda la vida” se convertirían en detractores del nuevo sistema. 

Fuente 1ª fotografía: Memoriademadrid.es (1935). 2ª fotografía: M.R.Giménez (2012)
A la izquierda la puerta de acceso del Bar automático Tánger. A la derecha, en la actualidad.

Obra del arquitecto Alberto López de Asiaín, del pintor Vicente Otero y del ebanista Julián García, solicitaba para su inauguración bebidas, conservas y toda clase de suministros directamente de productores sin intermediarios en anuncios de prensa durante el mes de mayo de 1935.

Fuente: Memoriademadrid.es (1935)
Interior del Tánger, desde la puerta de acceso. A la derecha, las máquinas expendedoras.

El local tenía una planta baja, con acceso desde la calle, en la que se encontraban las máquinas expendedoras y la barra del bar, con camareros. En su sótano se instalaron la cocina, el obrador, almacenes, aseos y otras dependencias del negocio. 

Los automáticos están calculados con arreglo al espesor, peso y diámetro de nuestras monedas, y cualquier pieza extraña no llega al mecanismo distribuidor, por lo que no puede existir el fraude. El Tánger tenía más de medio centenar de trabajadores con lo que las máquinas y la mecanización son una reivindicación total al esfuerzo primitivo, sin el doble esfuerzo manual que antes se realizaba.

Este negocio no se había ideado como café de tertulia sino como un bar de comida rápida que se consumiría de pie, en la barra o en los mostradores instalados a lo largo del recinto.

En el mes de enero de 1936 se anunció la inauguración de un servicio de restaurante cuyo cubierto, al precio de 3’90 pesetas, constaba de tres platos, cerveza o vino, postre y pan, además de continuar con las máquinas expendedoras.

El bar automático Tánger formó parte de las industrias socializadas por los trabajadores del Sindicato de Alimentación y Gastronómicos, durante la Guerra Civil Española. En el año 1948, el local anunciaba en la prensa su cierre y traspaso, finalizando para siempre su actividad.

Fuente: Memoriademadrid.es (1935)
Interior del Tánger con la puerta de acceso al fondo. La barra con camareros se situaba a la derecha y se observa la entonces novedosa iluminación indirecta.

En los llamados entonces “barrios bajos” de Madrid, concretamente en la plaza del Progreso (hoy plaza de Tirso de Molina), número 2, se inauguró en el mes de agosto de 1935 el Bar automático Toki-Ona.

Fuente: B.N.E.
Inauguración del Bar automático Toki-Ona, el día 1 de septiembre de 1935.

El Toki-Ona (nombre vasco que significa “Buen Sitio” en castellano), era propiedad de José Usera y Santiago Artola. Sus máquinas expendedoras automáticas fueron fabricadas por Construcciones Mecánicas Mundo e instaladas por Adolfo Ruiz de los Ríos, diseñador de las mismas.

Fuente: Fuenterrebollo.com (1933)
En el recuadro aparece el lugar donde dos años más tarde se inauguraría el Bar automático Toki-Ona.

El local tenía barra con camareros, pero carecía de obrador; su pastelería, repostería y panadería procedían de Viena Capellanes (establecimiento propiedad de la familia del escritor Pío Baroja, durante sus inicios).

La apertura del Toki-Ona fue todo un acontecimiento en Madrid ya que la española Alicia Navarro, elegida ese mismo año Miss Europa, fue la encargada de inaugurar el local y su jardín de verano, que servía también como restaurante.

Fuente: B.N.E. (1935)
En la fotografía aparece Alicia Navarro "Miss Europa", junto a las máquinas expendedoras del automático, el día de la inauguración del bar.

Pocos meses antes del comienzo de la Guerra Civil Española, el Aero Popular de Madrid (primer grupo español de vuelo sin motor) daría un homenaje en el Toki-Ona al entonces afamado piloto Antonio Menéndez Peláez, primero en sobrevolar el océano Atlántico desde Camagüey (Cuba) hasta Sevilla (España), en un avión monomotor de cabina abierta.

El Toki-Ona también sería socializado por los trabajadores del Sindicato de Alimentación y Gastronómicos, al igual que el Tánger, durante la Guerra Civil. En 1940 aún organizaba cenas con espectáculo.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es
Fuenterrebollo.com

Memoriademadrid.es

2 comentarios:

  1. Debió ser toda una novedad, aquello del "automatismo"...
    Y el efecto de las luces indirectas, en la foto se aprecia muy bien,es fantático.
    Le aporta un aspecto especial y muy muy novedoso.
    Antoñito I El Maligno.

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  2. Sí que debió ser novedoso, para los "modernos" de la época, tomar un bocadillo sacado de una expendedora y de pie en el salón de un lugar refinado como era la Gran Vía de Madrid entonces.
    Me alegro de que te guste esta entrada y sigas el blog, Antoñito I.
    Un gran beso.

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