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domingo, 8 de marzo de 2015

LAS MUJERES EN LOS ANTIGUOS CAFÉS.

Se puede decir que la relación de las mujeres con los antiguos cafés y con sus tertulias nunca fue semejante a la de los hombres. El ocio y la cultura que prosperaban en los más importantes establecimientos de este ramo fueron inaccesibles para una gran parte de la población por diversos motivos económicos y culturales, pero en el caso de las mujeres existió además una prohibición social que, sin estar escrita, les impedía el libre acceso como clientes. 

Fuente: B.N.E. (1919)
Dos tertulias, exclusivamente masculinas, en el café Suizo.

Habría que hacer distinción entre los cafés del centro de Madrid, aquellos situados en la zona de la Puerta del Sol o de la calle de Alcalá, y los “cafés de barrio”. Las mujeres de familias acomodadas podían frecuentar los primeros, siempre acompañadas por sus padres o maridos, nunca solas o con amigas, pero jamás lograrían intervenir en las tertulias organizadas en ellos porque su opinión “no era bien recibida”. 

Fuente: ABC (1915).
Una familia al completo en el café de Puerto Rico. En la mesa de enfrente, una tertulia masculina.

En los barrios, especialmente aquellos que se encontraban cerca de un mercado donde las mujeres trabajaban en la venta de frutas o verduras, los cafés sí contaban con clientela mixta. La independencia económica de las mujeres trabajadoras de los denominados “barrios bajos” hacía posible su acceso a estos cafés, en los que hubo tertulias donde se promovieron muchas reivindicaciones sociales que, en ocasiones, llegarían a ser oídas en las más altas instancias gubernamentales.

Por lo general el papel de la mujer (sin acompañante masculino) en los cafés quedaba relegado a trabajar como camarera, con jornales aún más reducidos que los de sus compañeros, siendo obligadas a tomar parte en los espectáculos de cante, baile o teatro que allí tuviesen lugar o prostituyéndose para conseguir la retribución que les permitía sobrevivir.

Fuente: Mcu.es. Archivo Ruiz Vernacci. (1890).
Fotografía del cuadro de José María Alarcón Cáceres en el que se representa un café cantante de camareras.

A principios del siglo XX algunos cafés “de postín” procedieron a la apertura de una entrada especial para mujeres, que conducía a exclusivos salones destinados a meriendas y pequeñas reuniones, fuera de miradas indiscretas.

Fuente: ABC (1916)
Mujeres merendando en la sala especial de un café.

Por entonces mujeres intelectuales como Emilia Pardo Bazán o Carmen de Burgos “Colombine”, que deseaban formar parte de las tertulias de café con sus colegas masculinos, debían abrir su propia casa a escritores, pintores o políticos para poder intervenir en ellas. 

Fuente: Cervantesvirtual.com (Entre 1890 y 1915).
Tertulia literaria de Emilia Pardo Bazán en su casa de la calle de San Bernardo.

Con la proclamación de la II República Española del año 1931 la mujer alcanzó importantes derechos. Las normas sociales (como el famoso “qué dirán”) se relajaron y los cafés comenzarían a llenarse de grupos de mujeres independientes que creaban sus propias tertulias o participaban de las existentes con naturalidad, fumaban en público y abonaban sus propias consumiciones. 

Tras la Guerra Civil Española los incipientes avances sociales conseguidos sufrieron un retroceso considerable para todos y en especial para las mujeres. Muerte, cárcel y exilio se llevaron por delante a una buena parte de aquellos intelectuales que se reunían en los cafés. Ello unido a las condiciones enormemente restrictivas que la Ley de Orden Público imperante dispuso sobre el derecho de reunión, modificó sustancialmente todo el mapa tertuliano.

Las mujeres serían adoctrinadas, a partir de entonces, con principios como estos:

“No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa…; no hay que ser intelectual” (“El libro de las Margaritas” – 1940 - ). 

“Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador, reservado por Dios para los talentos varoniles” (Pilar Primo de Rivera -1942).

“Creyendo que nuestro papel está en la oficina, olvidamos aquel otro, perfectamente femenino: el de amas de casa” (“Formación familiar y social” asignatura obligatoria para alumnas de Bachillerato, años 50 y posteriores). 

Pero por fortuna, a pesar de todos los inconvenientes, siempre hubo quien se saltó la norma y quienes la apoyaron.

Fuente: Elcultural.es (años 50 del siglo XX).
Tertulia de escritores y escritoras en el café Gijón. Ana María Matute y Gonzalo Torrente Ballester, entre otros.


¡¡¡FELIZ DÍA 8 DE MARZO!!! 
desde los Antiguos cafés de Madrid.




Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Mcu.es Archivo Ruiz Vernacci.
Cervantesvirtual.com
“Tazas calientes manchadas de carmín. Mujeres de cafés en la bipolaridad moral des espacio público (1890-1936)”. Jordi Luengo López.
“La Sección Femenina”. Luis Otero.

2 comentarios:

  1. En tantas cosas ha tenido que ganar terreno la mujer que la circunstancia de su presencia en los cafés parece anecdótico, pero implicaba una posición social y cultural que desde muchos poderes no podía permitirse. Tienes un blog estupendo.

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  2. Resulta inaudito pensar que la mitad del mundo se cree y pretende hacer creer que es superior a la otra mitad. Tengamos claro que lo importante es conseguir la independencia real en todas las situaciones.
    Muchas gracias, Deme, por tu comentario y feliz día 8 de Marzo.

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