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viernes, 12 de febrero de 2016

LA BOBIA Y SU MOVIDA.

En la pequeña calle de San Millán, número 3, situada entre la plaza de Cascorro, donde comienza El Rastro, y la calle de Toledo, estuvo una de las cervecerías con más fama de Madrid: La Bobia. 


Fuente: conchamayordomo.com
"La Bobia" de Amalia Avia Peña (1963).

La cercanía de esta calle de San Millán con el mercado de La Cebada siempre propició que gran parte de sus escasos locales fueran destinados a negocios de restauración. Así distintas tabernas, casas de comida y cafés fueron ubicados en ella, a lo largo del tiempo, para dar servicio a tratantes, compradores y comerciantes. 

En la casa señalada con el número 3 de esta calle, se inauguró el Café Mercantil la noche del 3 de abril de 1884, propiedad de Pedro García Villasante y de Zacarías Gutiérrez Solana. Un espléndido banquete que hizo honor a la galantería de los anfitriones y a la habilidad del cocinero reunió, a puerta cerrada, gran número de periodistas, autoridades del distrito de La Latina y concejales del Ayuntamiento. La apertura para el público se verificó dos días después de este evento.

El Mercantil estaba elegantemente decorado, a imitación de los cafés más céntricos de Madrid. En él resaltaban las pinturas del techo y un distinguido servicio. Pronto comenzaría a ser el café escogido por los republicanos del distrito para realizar los banquetes del 11 de febrero, aniversario de la proclamación de la I República Española. 

Las deudas acumuladas y la mala gestión del negocio propiciaron que el Café Mercantil debiera subastar todos sus enseres y mobiliario, tasados en veintitrés mil quinientas cuarenta y cinco pesetas y cincuenta céntimos, en el mes de septiembre de 1893.

El local del Mercantil, tras el cierre del café, pasó a ser ocupado por distintos negocios. Sus grandes dimensiones favorecieron la instalación de almacenes de frutas y verduras, pollería, tienda para la venta de alcohol, bazar, etc. Hasta que en el año 1921, la vieja casa del número 3 de la calle de San Millán fue derruida y su solar, propiedad municipal, salió a subasta. El adjudicatario del terreno sería Timoteo Rojas, quien encargó al arquitecto Gonzalo Domínguez Espuñes la construcción del nuevo edificio estilo decó donde, con el tiempo, vendría a instalarse La Bobia.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Calle de San Millán, nº 3, en la actualidad.

Fue el sábado, 4 de febrero de 1933, cuando La Bobia fue inaugurada como cervecería con precios corrientes

Fuente: B.N.E. (1933)

Su fachada de madera, semejante a la hoy desaparecida sastrería Claudio Alonso, el otro local del edificio, se adornaba con motivos art decó (que aún pueden apreciarse). 

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Elemento art decó de la fachada. Cierre decorado por Soen.

La Bobia anunciaba su marca en la fachada con un enorme rótulo de fondo rojo con letras tipo Park Lane, entre las que se había insertado luz de neón. Era un local de grandes dimensiones, con la barra situada a la izquierda de la entrada y numerosas mesas cubiertas de mármol blanco, en la zona de la derecha.

Su cercanía a El Rastro de la Ribera de Curtidores y al mercado de La Cebada, hacía del negocio un lugar frecuentado tanto por la clientela del barrio como por multitud de visitantes.

Fuente: pte.jgre.com (1977).
Pegada de carteles electorales en el rincón de la calle de San Millán, junto a La Bobia.

Durante los años treinta, del siglo pasado, La Bobia se anunciaba en la prensa como la cervecería más conocida de Madrid. Nunca fue un café propiamente dicho ni un lugar de sesudas tertulias. Era más bien un bar para el encuentro de los parroquianos del barrio y visitantes de paso. Su gran salón se llenaba de ancianos que veían a la gente pasar ante un sol y sombra (coñac y anís) y de personas que iban a desayunar un vaso de café con churros, acodadas en la barra. Todo cambiaba con la afluencia de los visitantes a El Rastro, los domingos por la mañana. 

Una verdadera revolución se llevó a cabo en La Bobia a partir del final de la década de los años setenta del siglo pasado. La Movida madrileña, contracultura surgida tras décadas de ignominiosa dictadura franquista, eligió a este bar como eminente núcleo de reunión dominguera.

Fuente: diomedia.com / Aurora Photos RM-José Azel.
La puerta de La Bobia durante La Movida madrileña.

Nuevos grupos de música, escritores, cineastas, fotógrafos, pintores y todo aquel que tenía algo que decir comenzó a manifestarlo. La Movida saltó en la calle y en las nuevas editoriales, también en los dos únicos canales de televisión existentes por entonces, en la radio y en los nuevos locales que apostaban por otra forma de entender la música cantada en el idioma que todos conocían. Ante la ausencia de revistas especializadas en contar todo lo que estaba pasando en Madrid aparecieron los fanzines, publicaciones confeccionadas con pocos medios por autores noveles, donde se hablaba de todo y se publicaban cómics con historias que, hasta ese momento, no habían visto la luz. Su medio de difusión fue El Rastro, instalado los domingos por la mañana en la Ribera de Curtidores y, tras la venta de los ejemplares, era necesario visitar La Bobia. 

Punks, rockers, mods con sus indumentarias respectivas, eran las nuevas tribus urbanas madrileñas que, junto con actores, artistas de todo tipo, ácratas, progres y músicos con mayor o menor fortuna, desplazaban a los parroquianos habituales de La Bobia para tomar los aperitivos domingueros, en la mayoría de las ocasiones uniendo a una noche algo nebulosa su presencia en el bar. Todo el mundo estaba en la puerta de la cervecería para ver y dejarse ver, para hablar con los demás, para tocar su música, porque había que estar allí, lloviera o no.

La Movida se diluyó en los años finales de la década de los ochenta del pasado siglo. Supuso, entre otras muchas cosas, un relevante cambio cultural y en la manera de entender la vida, dando una visibilidad a la ciudad de Madrid que hasta entonces no tenía.

Fotografías: M.R.Giménez (2008-2016).
Dos negocios de restauración, en años diferentes, del mismo local.

Pocos años después, en el mes de abril de 1991, cerró La Bobia. En su local se instalaron, a lo largo del tiempo, algunos negocios de restauración, el último de los cuales vuelve a repetir su marca.




  

Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
conchamayordomo.com
pte.jgre.com
diomedia.com  Aurora Photos RM - Jose Azel
es.wikipedia.org

14 comentarios:

  1. Gracias, Sereno. Algún sol y sombra nos habremos tomado en La Bobia. Salud.

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  2. Fantástico artículo, super... Encantada de que recuperes todo esto. Madrid es nuestro!!!

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  3. Claro que Madrid es nuestro. Son vivencias, recuerdos de y a las personas que nos lo enseñaron, largos paseos y magníficas charlas. La historia de esta ciudad no debe quedar jamás en el olvido porque Madrid tiene mucho que contar, pese a quien pese.
    Un besazo, Carmina y muchas gracias por tu comentario. ¡¡¡Viva Madrid!!!

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  4. Pues sí, algún que otro carajillo mañanero cayó por La Bobia en esa época que comentas. Unas cañitas en La Bobia y después a comer al chino de Pacífico.
    Gran entrada.
    Saludos,
    JdG.

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  5. En los setenta apareciò Ramoncin de concierto por Oviedo,y un cartel suyo nos convirtiò la facull de Letras en la Bobia,por un catedràtico que repetia,lo que me faltaba,grises y secretas en la puerta y dentro huelgas asambleas y la Bovia en verso.empwzamos a ponenos pañuelos rojos anudados al cuello y reparto de fotocopias cono fanzines...Manuel Gerena,Rosa Leon etc tan pronto eran temario como novedades de insurreccion..lo de angelitas sol y sombra,vinos calientes era opcional,pwro el rey del pollo frito en un ventanal estuvo hasta que un facha lo pintò a su estilo.Yo tenia que hacer un trabajo sobre La casa de Bernatda Alba y.me desmelenè con la obra completa de lo que se sabia por entonces.el prof me dijo aparcca el solysombra,puntuo lo que pedi pero ganas uno mas por las reseñas.Saludos.

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  6. Gracias por el estupendo artículo. Me ha hecho revivir una parte emocionante de mi vida. En la foto b/n de la pegada de carteles, aparece (creo) mi compañera desde hace... bueno, 3 años después de la foto. Hoy estuvimos allí, comimos navajas y caracoles en El Rastro; en fin, un rico baño de nostalgia y Mahou Clásica. ¡Qué reviva La Bobia!




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  7. Es muy gratificante saber que la historia de Madrid no se pierde ni lo hará nunca. Esa es la pretensión de este blog, que se refuerza con comentarios como el tuyo.
    ¡Qué viva Madrid y reviva La Bobia!.
    Un saludo y gracias.

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  8. Gracias por este artículo ameno y maravilloso. Leyéndolo, he caído en la cuenta de que cuando terminó la Movida y JUSTO con el cierre de La Bobia en la primavera del 91, es cuando yo decidí poner pies en polvorosa y salir de Madrid, que por entonces "me mataba". Qué curioso... por lo que veo ahora no soporté que se acabara esa marcha a la que durante tantos años culpé de mis pequeños deslices, pero que tan buenos momentos y amigos me dejó. Todo queda 'perdonado' y os agradezco esta oportunidad de compartirlo. Las mañanas de domingo en La Bobia eran magníficas, pacíficas y sorprendentes. Fue la de los 80 una década única e irrepetible sobre todo en España, quizás no tan prodigiosa como la de los 60, pero fue la mía.
    Añoro Madrid y toda su diversidad. Sigo apreciando sus terrazas, bares, tabernas, sidrerías, buenos restaurantes, cervecerías, etc. etc. etc. Jardines, cines, palacios, parques, teatros, museos, en fin, un sinfín. Y lo increíble es que mis padres de los barquillos, la zarzuela o la revista, y mis abuelos del mantón y el organillo ¡sentían y relataban cosas parecidas! Que no se pierda, que viva y reviva la Villa, ese espíritu chulo pero abierto y acogedor de mi querido Madrid. Mi corazón para todos los madrileños, sean de cuna o de colchón.

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  9. Nada que añadir. Sólo que estoy de acuerdo con que "Viva y reviva la Villa".
    Un cordial saludo.

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  10. Me ha encantado el post. Soy una madrileña que por diversas circunstancias vive desde hace años a bastantes kilómetros de la Villa. Y como suelo decir: "tengo madriñelitis aguda". Aunque la época de La Movida me pilló un poco pequeña, siempre me ha encantado y me gusta leer cosas sobre la época. Ya me habría gustado haber podido disfrutar de La Bobia en su esplendor ochenteno...
    Un abrazo

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  11. Gracias por tu comentario, Lluvia. Efectivamente la "madrileñitis" existe, pero es una enfermedad que se cura con una visita.
    Madrid siempre estará aquí para todos.
    Salud.

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  12. Yo era asiduo en esa época a ese bar los domingos, aunque estábamos en la mili los fines de semana nunca nos íbamos de permiso a Bilbao o Oviedo, nos disfrazabamos dejando nuestros trajes de bonito en la pensión y a disfrutar de esa fantástica ciudad en aquella época de la movida.

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