Páginas

lunes, 4 de julio de 2016

LOS GABRIELES DE LA CALLE DE ECHEGARAY.

En la parrandera y madrileña calle de Echegaray (que hasta el año 1888 se llamó del Lobo) y haciendo esquina con la de Manuel Fernández y González (antes titulada calle de la Visitación) estuvo el muy conocido colmao Los Gabrieles.


Fotografías: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004) y M.R.Giménez (2016).
Antigua muestra del colmao Los Gabrieles y fachada actual.

El nombre de gabrieles hace referencia en cheli o jerga madrileña, a los garbanzos del cocido. Precisamente ese fue el origen del título elegido, por su primer propietario, para este negocio que comenzó en el año 1907 en la calle de la Visitación (hoy de Manuel Fernández y González), número 7.


Fuente: B.N.E. (1907).
Anuncio de Los Gabrieles, en su primer emplazamiento de la calle de la Visitación, 7 (hoy c/ de Manuel Fernández y González).

Fue el día 14 de enero de 1907 cuando abrió al público el primer local que llevó por nombre Los Gabrieles, cuya inauguración tuvo lugar dos días antes contando con la asistencia del escultor Mariano Benlliure, entre otras personalidades. El antiguo periodista Rafael José Jimeno Vizarra tuvo a bien abrir este negocio en la calle de la Visitación, que comenzó siendo un restaurant económico para clases populares. Dotado de cocinas de gas, era un lugar amplio, lujoso, lleno de luz y alegría en el que se vendía comida para llevar en recipientes traídos de casa o adquiridos en el propio lugar, incrementando a 0,25 céntimos el precio de la ración. 

Los abundantes platos de callos, vaca estofada, pote gallego y por supuesto de cocido madrileño, con precios que oscilaban entre los 0’30 y 0’70 céntimos de peseta, originaron que centenares de personas, llegadas desde todos los puntos de Madrid, agotasen cada día las existencias del establecimiento en poco menos de una hora.

Un año después de su apertura Los Gabrieles ya contaba con sus propios y elegantes comedores que, al salir del teatro servirán el bocadillo de la noche.

El éxito del restaurant de la calle de la Visitación (oficialmente c/ Manuel Fernández y González desde el año 1898) propició que su dueño abriera un nuevo negocio con el mismo nombre, situado a poca distancia, en el entonces número 19 -hoy 17- de la calle de Echegaray. Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909. 

Fue así como sobre el año 1910 apareció el nuevo restaurante Los Gabrieles de la calle de Echegaray, sucursal del anterior, y que con el tiempo se convertiría en el famoso colmao flamenco.

Fuente: B.N.E. (1915).
Fachada del colmao Los Gabrieles en la calle de Echegaray.

A partir del año 1911 Los Gabrieles fue convertido en un restaurant sevillano, con una zona de entrada en la que se había instalado un mostrador cuyo frontispicio está hecho con cerámica de la propia Cartuja y un gran número de “cuartos especiales” decorados con vistosidad. 

Sobre sus muros aparecían pintados los paisajes de Granada, con la Alhambra y los cármenes, de Sevilla, con su Giralda y la Torre del Oro junto al Guadalquivir. Otro de los cuartos, instalado en el sótano, había sido decorado a semejanza de una tartana valenciana con sus asientos, además del ruedo de una plaza de toros, con su barrera. El resto de las habitaciones tenían una decoración más severa, a excepción de la titulada “La Lidia” que contenía multitud de láminas con tema taurino, firmadas por el pintor Daniel Perea Rojas.

Fuente: B.N.E. (1915) y lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Zona del sótano de Los Gabrieles, en la calle de Echegay, en la que se aprecia el ruedo de la plaza de toros, con su barrera.

En el año 1915 Los Gabrieles, de la calle de Echegaray, ya contaba con un conocido ambiente compuesto por toreros, guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco. Sus veinticuatro trabajadores, sevillanos en su mayoría, provenían del mundo taurino y sirven al público con esmero extraordinario. 

A partir del año 1917 las pinturas murales de las paredes del local empezaron a ser reemplazadas por azulejos de cerámica con diseño de prestigiosos pintores como Enrique Orce Mármol, Enrique Guijo Navarro o Alfonso Romero Mesa.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Dos de los murales de cerámica de Los Gabrieles.

Esta decoración, en su mayoría, consistía en paneles con anuncios publicitarios de diferentes bodegas como “Anís del Cisne”, “La Gitana” (manzanilla), “Marqués del Mérito” coñac y vinos, “Clásica” manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. También otras empresas como “La Balandrista” (conservas) o “Gallegas Olibet” abonaron el coste de los murales cerámicos con el fin de publicitar sus productos en un local cuya fama iba cada vez más en aumento.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Murales cerámicos de Los Gabrieles.

Alrededor del año 1924 Adrián Quijano, veterano encargado de Los Gabrieles, hombre a la antigua y de pintoresca facundia (de abundante y fácil palabra), se hace con la propiedad del local de la calle de Echegaray, ese rincón simpático donde se refugia la juerga que se quiere ribetear de arte, en opinión de alguna prensa del momento. 

La realidad fue que el colmao Los Gabrieles ya se había convertido en uno de los más famosos centros de flamenco que tenía Madrid, contando con su propio cuadro de bailaores, guitarristas y cantaores, a pesar de no ofrecer espectáculos sujetos a horario ni programación específica. Allí se consolidó el dúo formado por el cantaor Antonio Chacón García y el guitarrista Ramón Montoya Salazar, también compositor, siempre acompañado de su famosa guitarra apodada “La Leona”. Montoya fue el primero en impulsar el sonido de este instrumento en el cante ya que, hasta entonces, sólo había servido como acompañamiento de las voces.

Las tertulias de toreros y las jaranas flamencas en los reservados de Los Gabrieles, en su mayor parte organizadas tanto por señoritingos como por individuos de relevancia social, hicieron de Los Gabrieles un lugar cuya fama traspasó la ciudad de Madrid. Los numerosos banquetes que se organizaron para homenajear a escritores, dibujantes y artistas hicieron del restaurante andaluz un lugar al que volver. Fue el caso del famosísimo guitarrista Andrés Segovia Torres quien, acompañado del periodista peruano Felipe Sassone Suárez y del pianista Tomás Terán París, protagonizó una curiosa anécdota. 

En el transcurso de una comida en Los Gabrieles dos hombres gitanos con guitarra se acercaron a Andrés Segovia y sus acompañantes, preguntando al grupo: ¿Quieen oztez una mijita de juerga? Segovia propuso a sus amigos mantener oculta su muy conocida identidad, para que los músicos se manifestaran libremente. La figura del maestro, con melena y gafas por entonces, llamó la atención de los flamencos que preguntaron a Sassone sobre su identidad, obteniendo por respuesta que se trataba de un pintor francés. ¿Eze tío tan raro es franchute? Poz ahora va a ver eze tío la chipén. Tras los primeros jipíos y manoteos de guitarra, Andrés Segovia cogió el instrumento e intentó tocarlo aparentando desconocimiento, a lo que el guitarrista flamenco contestó: Ya zabía yo que ezte tío franchute no diquelaba de guitarra, a lo que el maestro respondió: ¡Qué franchute ni que cuerno, si soy más español que usted! y comenzó a tocar entre las risas de sus acompañantes y la estupefacción de los gitanos que fascinados se preguntaban ¿De dónde ha zalío ezte hombre?

La fama de Los Gabrieles, que alternaba la golfería pudiente con una clientela de artistas y escritores de reconocido prestigio, fue decayendo al finalizar la década de los años 50 del pasado siglo. Tres décadas después el local volvió a sus orígenes flamencos, recibiendo una clientela heterogénea compuesta por jóvenes y extranjeros.

En el año 2004 el colmao Los Gabrieles echó el cierre, debido a que el edificio de la calle de Echegaray, número 17, fue vendido a una empresa constructora. El local, con sus paredes de cerámica, fue protegido en el Plan General de 1997 por el Ayuntamiento de Madrid. En la actualidad, y tras numerosas vicisitudes que incluyen la reforma integran del edificio, una posterior okupación por un colectivo de lucha por una vivienda digna y un discutible proceso de restauración de los famosos azulejos, se encuentra cerrado y en su fachada no queda rastro alguno de su memoria.






Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca de “El País”
Lorenzoalonsoarquitectos.com
Munimadrid.es
“Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez” Eusebio Rioja Vázquez y Norberto Torres Cortés.
Prensahistorica.mcu.es

Retabloceramico.net

8 comentarios:

  1. Estupendo reportaje, Charo, ojalá que vuelva a abriri, porque es el mejor testimonio del muralismo de azulejos, un arte netamente español con características propias como el humor y la ironía.

    ResponderEliminar
  2. Preciosos recuerdos... si pudiéramos disfrutar de ellos. Nos tenemos que conformar con estos artículos que ponen de manifiesto todo lo que podríamos encontrar en el subsuelo de Madrid. Ojalá algún día se puedan recuperar estos azulejos para disfrute de todos. Gracias, Charo.

    ResponderEliminar
  3. Plenamente de acuerdo con vosotros. Los preciosos azulejos de Los Gabrieles deben formar parte del patrimonio de Madrid por su belleza y por su historia. Ya está bien de cerrar al público lugares emblemáticos y desconocidos para muchos, de esta ciudad. Ya vale de atesorar la belleza en manos de unos pocos sin permitir el acceso a todos.
    Gracias, Carlos y Carmina, por vuestros comentarios.

    ResponderEliminar
  4. Fenomenal artículo Charo. Cada vez te superas. ¡Que envidia para los perezosos!. Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Eres muy amable, Antonio. Estoy deseando leerte más en tus tabernas. Un beso enorme.

    ResponderEliminar
  6. No debe tener pocas anécdotas ni nà.los únicos Gabrieles que respeto son los de Fuentesaúco,los demâs van inundaos de mayonesa.A ver si alguien se anima a una réplica,aunque sea en tasca,y los murales...la yema y la clara.amén.saludos

    ResponderEliminar
  7. Que interesante...me encanta leer este tipo de historias de nuestra ciudad. Conocer más a fondo la historias de nuestras calles no tiene precio. Gracias

    ResponderEliminar
  8. Gracias, Marian. Me alegra que el artículo te parezca interesante.
    Un saludo.

    ResponderEliminar