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miércoles, 1 de febrero de 2017

CAFÉ COLONIAL Y EL ULTRAÍSMO.

Si nos fijamos bien, el número 3 de la calle de Alcalá de Madrid hoy no existe. En la actualidad, y desde mediados de los años cuarenta del siglo pasado, lo ocupa una calle peatonal titulada Pasaje de la Caja de Ahorros.

Fuente: urbanity.es (1880). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2015).
En el año 1880 el edificio donde se situaba la tienda de vinos y la Fonda del Comercio se correspondía con el nº 1 de la calle de Alcalá. Junto a él, a su derecha, los toldos de la Farmacia de Vicente García Lomana, donde se instalaría después el Café Colonial. Hoy, la casa de este café no existe y en su lugar se abre el pasaje de la Caja de Ahorros.

Tras las obras de remodelación de la Puerta del Sol, ejecutadas entre los años 1857 y 1862, vino a instalarse la oficina de farmacia y laboratorio del doctor Vicente Lomana en el contiguo número 3 de la calle de Alcalá. Años después, en 1888, ese local albergaría uno de los más olvidados, pintorescos y concurridos cafés de Madrid, por sus tertulias literarias. El Café Colonial. 

Fuente: Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España. (1933).

El Colonial era un pequeño local, un café muy bonito al que iban cupletistas, actores, actrices, literatos, toreros… Nunca cerraba sus puertas, a excepción de las primeras horas del alba y para su limpieza. Dijeron de él que era el café de los artistas frustrados, por la gran cantidad de creadores desamparados que pasaron por sus mesas. En realidad fue el último café bohemio de Madrid.

Refugio tradicional de trasnochadores, fue el iniciador de las llamadas medias raciones, siendo el primero de los cafés en servir cocido, pote gallego, paellas en cacerola y suculentos solomillos, a cualquier hora del día.

Su salón principal estaba decorado con espejos en las paredes, veladores cubiertos de mármol y asientos tapizados en rojo, por lo que era conocido como “el café de los divanes” y apodaba sus mesas con el nombre del director correspondiente a cada una de las tertulias que allí se reunían. En el entresuelo tenía dispuestas varias mesas de billar de la marca Brunswick.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1912)
Interior del Café Colonial.

Parece que el Café Colonial tenía dos fisonomías diferentes: durante el mediodía y por la noche, era un lugar alegre donde se comía bien. De madrugada, su público era ruidoso y jaranero.

Cómicos de relevancia en las primeras décadas del siglo XX, como Loreto Prado y su inseparable Enrique Chicote, la bailaora Pastora Imperio o la popular cupletista Consuelo Portela “La Chelito”, asistían con frecuencia a El Colonial cuando terminaban sus espectáculos.

Alrededor del año 1915 ya era famosa la tertulia literaria compuesta por los periodistas José Ortega Munilla (padre del filósofo José Ortega y Gasset), Mariano de Cavia, los escritores Leopoldo Alas “Clarín", Manuel Fernández y González y el filósofo Miguel de Unamuno.

Sobre las mesas de El Colonial Enrique López Alarcón y Ramón de Godoy escribieron el drama en verso “La Tizona” (1914) y Fernando Mora la novela costumbrista titulada “La Magdalena en el Colonial” (1920). El autor José Augusto Trinidad Martínez Ruiz “Azorín”, dio nombre a la Generación del 98 en este café.

Fuente: bdh.bne.es (1905)
Calle de Alcalá. Señalada por la flecha, la ubicación del Café Colonial. 

Era el año 1916 cuando una mujer extraña, rubia, algo gordezuela y con aspecto no muy cuidado, comenzó a hacerse popular en los cafés de la Puerta del Sol. 

Llegaba después de medianoche al Café Colonial acompañada de un hombre anguloso, de perfil judío, pequeña barba, espesa melena y aspecto tan desaliñado como el de su compañera. Tras los cristales de sus lentes fosforescía la luz de una mirada penetrante y sonreía con perseverancia.

La mujer portaba siempre una voluminosa carpeta colgada del hombro, que contenía dibujos al pastel y trataba de vender a los parroquianos de los cafés, pidiendo por ellos sólo la voluntad. Mientras, su compañero se quedaba esperando en un rincón al fondo del Café Colonial con el cuello alzado de su gabán, quizá demasiado grande. 

Al fin se descubrió que ambos eran emigrados rusos y un día desaparecieron tras el rastrillo de la cárcel. Ella se llamaba Natalia Ivanovna Sedova y él Lev (Leiba) Davidovich Bronstein, más conocido por el nombre de León Trotsky.

Fuente: Hemeroteca de la B.N.E. (1912).
Cocina del Café Colonial.

Se puede decir que el Ultraísmo –el último de los ismos- se inició en el Café Colonial de la mano del poeta, escritor, ensayista, hebraísta y traductor Rafael Cansinos Assens (1882-1964) quien tuvo allí su tertulia, donde agitó y animó las vanguardias.

Surgido en el año 1918, el Ultraísmo fue un movimiento que pretendía renovar la poesía huyendo del tópico: Hay que dejar todo atrás. Hay que seguir adelante. Su manifiesto, editado en el año 1919, fue escrito en el Café Colonial por la tertulia de Cansinos Assens, que se reunía todos los sábados a las 12h. de la noche y concluía al amanecer.

Los ultraístas rechazaban la rima en la poesía rehuyendo lo sentimental, lo trágico y el intimismo. Por el contrario proponían la utilización de la metáfora, los neologismos, tecnicismos y las palabras esdrújulas, en sus composiciones. El manifiesto “Ultra” no contenía programa ni normas estéticas, era un movimiento literario y no una escuela; jamás se escribió nada contra los poetas anteriores.

Xavier Bóveda, Cesar A. Comet, Fernando Iglesias, Guillermo de Torre, Pedro Iglesias Caballero, Pedro Garfias, J. Rivas Panedas, J. de Aroca, fueron los firmantes de aquel manifiesto “Ultra”, de acuerdo con la orientación de Cansinos Assens. A comienzos de los años veinte del siglo pasado en el Café Colonial se uniría a este movimiento un joven Jorge Luis Borges, que llevaría el Ultraísmo hasta Hispanoamérica. Otros poetas destacados en este movimiento fueron: Lucía Sánchez Saornil, Tomás Luque Moyano, Gerardo Diego Cendoya, Vicente Huidobro Fernández, Juan Chabás Martí y un largo etcétera.

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1919).
Ejemplar de la revista "Cervantes" en la que aparece el manifiesto "Ultra" por primera vez.

El Colonial prosiguió con las tertulias, los bohemios, sus cenas especiales a tres pesetas, desde las 12 horas de la noche (1925) y con su famoso camarero Juanito Cruz, padre de veintisiete vástagos, toda una institución portasoleña.

En el mes de abril de 1936 se anunciaban las grandes reformas llevadas a cabo en el Café Colonial. Su nuevo dueño, Ramón Rubio, había encargado la remodelación del local al arquitecto Adolfo López-Durán Lozano. 

La planta baja de El Colonial se convirtió en un espacioso bar americano para el servicio de aperitivos, cervezas y vinos. El entresuelo fue dividido en diez comedores independientes que llevaban los nombres de ilustres parroquianos que habían pasado por el café a lo largo de la historia, con su retrato y biografía. (J. Romero de Torres, Frascuelo, Pérez Galdós, Gabriel y Galán, Martí –José-, EÇa de Queirós, Bretón). 

Fuente: Biblioteca Nacional de España (1936).
Interior de El Colonial con las puertas de los comedores y el interior de uno de ellos.

Tres meses después de la apertura del renovado Café Colonial comenzó la Guerra Civil Española. En el mes de noviembre de 1936 varias bombas incendiarias cayeron sobre el edificio de El Colonial y las casas colindantes, reduciendo a escombros su interior y provocando un fuego que tardó tres días en ser extinguido. 


Fuente: Pares.mcu.es (1936) Fotografía de Luis Lladó.
A la izquierda, la fachada del Café Colonial. Todas las casas quedaron destruidas.

Los edificios correspondientes a los números 1, 3, 5 y 7 de la calle de Alcalá, fueron demolidos, modificándose la disposición de la vía. 

Fuente: Pares.mcu.es (1936). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014).
Principio de la calle de Alcalá, mismo lugar. Señalada por la flecha, la fachada del Café Colonial, destrozado.

A partir del año 1944 comenzaría la construcción del existente Pasaje de la Caja de Ahorros y del actual edificio que hoy se corresponde con el número 1 de esa vía.





Fuentes:

Bdh.bne.es
Cervantesvirtual.com
Es.wikipedia.org
Fundacion.cansinos.org
Hemeroteca del ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
Mcu.es
Pares.mcu.es
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es

4 comentarios:

  1. Gracias por enseñarnos Madrid cuando era una ciudad bonita

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  2. Muchas gracias, Patricia. Comentarios como el tuyo animan a seguir contando cosas. Sólo añadir que Madrid sigue siendo una ciudad preciosa y sobre todo histórica. Salud.

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  3. MA-RA-VI-LLO-SA

    Sí, sí maravillosa tu por dejarnos estos relatos que rescatan la historia de ese Madrid que tanto añoramos y que nunca llegamos a vivir, pero que gracias a tus historias conocemos al dedillo.

    No pares, queremos más.

    Besos.

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  4. David, los colores que me han salido en la cara tras leer tu comentario, creo me van a durar un rato largo. ¿Qué mejor que salir de un magnífico cine como los que tú describes en tu blog e ir a tomar un "café con media? Pues a ver si lo hacemos un día de éstos.
    Besos y... quien no ha de parar eres tú. (¿Para cuándo otro de tus estupendos libros?.

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