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lunes, 29 de mayo de 2017

PASAJE, MERCADO Y BAÑOS DE SAN FELIPE NERI.

Sobre el terreno que fue oratorio de San Felipe Neri, desamortizado en el año 1836, vinieron a construirse un pasaje o galería, un mercado y una casa de baños rusos. Este espacio estaba situado entre las madrileñas calles de Bordadores, San Felipe y de las Hileras.


Fuente: ign.es
Plano de Madrid (1848) de Pascual Madoz y Francisco Coello.
Junto a la plazuela de Herradores, señalado por el círculo, aparece el edificio del Pasaje y Mercado de San Felipe Neri.

A imitación de las cubiertas galerías comerciales francesas y con la finalidad de construir atajos peatonales entre las calles, vinieron a edificarse el Pasaje y el Mercado de San Felipe Neri inaugurados, respectivamente, el día 19 de abril y el 1 de agosto del año 1840.

Fuente: B.N.E. 81840)
Pasaje o Galería de San Felipe Neri, tras su inauguración.

Propiedad de Mariano Bertodano y Cía. el madrileño Pasaje de San Felipe Neri, además de calle, serviría para ubicar tiendas de objetos lujosos, mientras que en el Mercado se instalarían los puestos de venta para comestibles. Ambos recintos estaban separados entre sí, pero comunicados por un paso interior en el mismo edificio.

El conjunto fue proyectado por el arquitecto Mariano Marcoartú (Marco Artú), quien diseñó lo que se convertiría en el primer pasaje de Madrid. Cubierto por un techo, inicialmente con estructura de madera (más tarde sustituida por hierro) y cristal, contaba con una longitud cercana a los setenta metros. Sus dos alturas estaban separadas por una faja corrida que forma tableros y antepechos figurando un calado de buen gusto. El acceso a las tiendas se enmarcaba con pilastras pareadas y en su piso superior las ventanas, en forma de herradura, se adornaban con arcos túmidos (de herradura apuntados). La ornamentación de gusto gótico-arabesco se completaba con un suelo de losas de piedra y las pinturas del artista Francisco Martínez.

Cada uno de los comercios situados en esta galería tenía portones de madera y cristal, con una anchura de dos metros y veinte centímetros por tres con treinta de alto. Todos tenían una pequeña habitación sobre sí y algunos se completaban con una planta de sótano. Una droguería, la librería de Miguel Burgos, un gabinete de lectura o una fábrica de libros rayados y encuadernaciones, además de una tienda de vinos y una sastrería eran, entre otros, los negocios instalados en este Pasaje de San Felipe Neri al que se accedía por las calles de Bordadores y de las Hileras, además de por el centro de la fachada de la plazuela de Herradores.

Fotografía: M.R.Giménez (2017).
Edificios actuales, donde se ubicó el Pasaje y el Mercado de San Felipe Neri, vistos desde la calle Mayor.

Madrid, a mediados del siglo XIX, tenía carencia de mercados instalados en recintos cubiertos. Los productos se vendían en puestos callejeros y sin horario lo que provocaba molestos ruidos, malos olores y demasiada suciedad.

El Nuevo Mercado de San Felipe Neri quiso venir a paliar los problemas insalubres de la zona. Situado junto al Pasaje, ocupaba dos tercios en la extensión total de la nueva edificación.

Fotografías: M.R.Giménez (2017).
Las flechas señalan los lugares donde se situaron los accesos al Mercado de San Felipe Neri en las calle de Bordadores, nº 1 e Hileras, nº 2. 

Cuatro entradas daban acceso a esta plaza de abastecimiento: dos por la calle de Bordadores y otras dos por la de las Hileras. Su interior contaba con tres pasillos a la intemperie, con ordenados cajones en los que se vendían verduras, frutas o carne de caza, y otras cinco calles cubiertas que se destinaban a los puestos para la venta de carnes y pescados. Estas últimas tiendas eran las de mayor tamaño, tenían sótano y una habitación luminosa a nivel del piso del mercado, además de contar con grandes escaparates para exponer las mercancías.

El precio del alquiler de los cajones y de los puestos oscilaba entre 1 y 4 reales diarios. 

El mercado tenía también un gran patio interior, que distribuía los espacios y aportaba luz natural al recinto, además de un pozo de aguas abundantes en el cual se coloca una bomba que ha de servir no solo de seguridad contra incendios, sino también para regarlo diariamente y cuantas veces se requiera en tiempo de verano.

Las aguas pluviales que caían sobre la cubierta bajaban por cañerías de plomo a las tarjeas o canalizaciones, que estaban conectadas con el alcantarillado.

El enorme desnivel y la irregularidad del solar sobre el que se levantó este edificio fueron notablemente salvados por el arquitecto, que procuró sacar todo el partido posible.

Contra todo pronóstico ese género de vía cubierta no supo prosperar (en Madrid) como en otras ciudades europeas. Por razones desconocidas el mercado, cuatro años después de su inauguración, estaba casi desierto.

Un nuevo negocio vendría a instalarse en el fallido mercado de San Felipe Neri, con entrada por el antiguo Pasaje de acceso por la calle de Bordadores, número 1 y de las Hileras, número 2. Los doctores Joaquín Delhom y Manuel Arnús Ferrer abrirían el día 19 de abril de 1858 un establecimiento de Baños Rusos, que posteriormente derivaría en balneario, aprovechando el agua de la laguna subterránea de la Plaza Mayor.

Los nuevos baños de vapor a la rusa parece que se inauguraron sin haberlos terminado, por lo que sólo podía funcionar una parte de las instalaciones. Sus dueños aseguraron que, tras finalizar la obra, habría también baños para pobres y para los establecimientos de beneficencia de esta corte. 

Con horario desde las 7 horas de la mañana y hasta las 6 horas de la tarde, el precio de 24 reales daba derecho a un baño de vapor seguido de irrigaciones con agua fría. Otros servicios consistían en inmersiones en agua clara o baños sulfurosos artificiales, que también se realizaban a domicilio, explicando en su propaganda que el uso beneficiosísimo del baño da flexibilidad a los miembros, elasticidad y tono a la piel. Todos los baños se realizaban tras una consulta médica.

A finales del año 1864 se solicitó licencia al Ayuntamiento de Madrid para demoler el edificio donde estuvo situado el Pasaje de San Felipe, con el fin de edificar nuevos inmuebles. Tres meses después casi estaba completado el derribo. En su lugar se construirían las viviendas que hoy podemos ver.

Los baños rusos se mantuvieron abiertos casi hasta el fin de la demolición total de lo que fue el Mercado de San Felipe Neri, trasladando sus instalaciones a la calle de las Hileras, número 4, a mediados del año 1867. A partir de entonces cambiarían su nombre por el de Balneario de San Felipe Neri.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1870).
Puerta del Balneario de San Felipe Neri.

A los doctores Joaquín Delhom y Manuel Arnús Ferrer, que habían fundado los baños rusos en 1858, vino a unírseles el doctor Félix Borrell Font, inaugurando así el primer establecimiento erigido en Madrid donde la hidroterapia se practicaría en una instalación dirigida por profesionales médicos.

Dotado de los más costosos aparatos y de toda clase de conducciones para agua fría, caliente, vapor o aire comprimido el moderno Balneario de San Felipe Neri contaba también con baños hidroterápicos, de aire comprimido o rarefacto, minero-medicinales artificiales, sulfurosos y un largo etcétera. A la instalación de lujosas bañeras de mármol o de zinc estañado se unieron los más modernos instrumentos atmosféricos y de pulverización, así como duchas, desde las más enérgicas hasta las más suaves.

Este Balneario continuó con el servicio de baños a domicilio, de agua o vapor, transportados por medio de carros y que podían contratarse a cualquier hora del día o de la noche.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1870)

Con el tiempo el Balneario de la calle de las Hileras fue convirtiéndose en una casa de baños higiénicos, sulfurosos y medicinales de todas clases. Era difícil competir con las lujosas instalaciones de los que se abrían junto al mar y en la montaña.

Fotografía: M.R.Giménez (2017)
Calle de las Hileras, número 4, en la actualidad.

La última noticia de este negocio, encontrada en la prensa, data del año 1935. 

En la actualidad, y desde la década de los años cincuenta del siglo pasado, su espacio está ocupado por un edificio de uso comercial.




Fuentes:

Bdh.bne.es
“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones en ultramar” Pascual Madoz.
Hemeroteca ABC
Hemoroteca B.N.E.
Ign.es
“Manual histórico-topográfico, administrativo y artístico de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
Prensahistorica.mcu.es

jueves, 4 de mayo de 2017

HEMINGWAY EN LA CALLE DE LA TERNERA.

Se podría decir que Ernest Miller Hemingway o Ernesto Hemingway, como gustaba de llamarse durante sus estancias por España, continúa en la calle de la Ternera de Madrid.

Fotografías: M.R.Giménez (2017)
Dos aspectos de la pequeña calle de la Ternera.

El local situado en el número 4 de esta calle, que hoy alberga un restaurante cubano y a lo largo del tiempo sirvió para instalar diferentes negocios (carbonería, cochera, taller mecánico, lechería o depósito de libros), contiene un busto de Hemingway firmado por el escultor Santiago de Santiago Hernández. 

Esta escultura fue promovida por la asociación de los amigos de El Rincón de Hemingway, grupo que conoció y tuvo una relación muy estrecha con el escritor. Los toreros Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, el escritor José Luis Castillo-Puche y el propio escultor Santiago de Santiago formaban parte del colectivo.

La obra, que muestra en tamaño natural la cabeza en bronce del escritor, se instala sobre una base de piedra de granito en la que se lee Restaurante El Callejón a Hemingway, sobre una placa.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Escultura de Ernest Hemingway.

Fue a finales de abril del año 1982 el momento elegido para descubrir la escultura, con la asistencia del embajador de los Estados Unidos de América en España. El acto tuvo lugar en el restaurante El Callejón situado en el antiguo número 6 de la calle de la Ternera, histórica casa hoy desaparecida. 

Fuente: ABC (1982).
Descubrimiento de la escultura de Hernest Hemingway en El Callejón (c/ de la Ternera, 6)

La crónica de este inmueble, derribado a finales de los años noventa del siglo pasado, contaría, si existiera, que allí vivió y falleció el capitán Luis Daoíz Torres, héroe del levantamiento contra los franceses en el Cuartel de Monteleón de Madrid, el día 2 de mayo de 1808.

El único local del edificio fue ocupado por muchos negocios y entre ellos, en el año 1930, por la taberna Casa Guerrita Chico propiedad del que fuera novillero y después industrial Jesús Rodríguez Arribas.

Fuente: B.N.E. (1930)
Casa Guerrita Chico, situada en la calle de la Ternera, nº 6,

Más de una década después, en el año 1944, se inauguraría El Callejón como taberna especializada en comida casera, propiedad de Felipe García y Manuel Jiménez. Este antiguo número 6 de la calle de la Ternera era un lugar apartado, tranquilo y provisto de comedores independientes; fue visitado por Ernest Hemingway en tantas ocasiones que hasta tenía su propia mesa reservada de forma permanente.

Allí se reunió con muchos amigos españoles durante sus viajes a Madrid y conoció, por medio del torero Domingo Dominguín (Domingo González Lucas), a un joven militante del Partido Comunista que le fue presentado como Agustín Larrea, de profesión sociólogo y que no era otro que el futuro escritor y ministro de Cultura socialista Jorge Semprún Maura, por entonces en la clandestinidad y perseguido por el régimen fascista de Franco.

Semprún recordaría aquel encuentro con Hemingway del año 1954 en El Callejón al presentar su novela "Veinte años y un día" (2003), ambientada en la posguerra española y pergeñada durante aquella conversación con el Premio Nobel de Literatura.

Fuente: 2.munimadrid.es (1997).
Fachada de El Callejón, en la calle de la Ternera, nº 6, poco antes de ser demolida.

A mediados de los años ochenta del siglo pasado el negocio de El Callejón se amplió con el local situado en la casa contigua (que aún existe) del número 4 de la calle, por medio de un estrecho pasillo que comunicaba ambos negocios. Así el restaurante tendría como filial el Mesón La Ternera.

Fuente: ABC (1985)

El antiguo e histórico inmueble de la calle de la Ternera, número 6 fue derribado con toda su historia al finalizar la década de los años noventa. Sobre su solar se levantó de inmediato una nueva casa. 

El busto de Ernest Hemingway se instaló desde entonces en el local del número 4, antes mesón y hoy restaurante de comida cubana.

Fuente: mcu.es (1930-1936) - Fotografía de Antonio Passaporte.
Fachada del hotel Florida, situado en la plaza del Callao.

Ernest Hemingway se alojaba en el desaparecido Hotel Florida (pinchad) de la plaza del Callao de Madrid, durante la Guerra Civil Española. Este establecimiento se encontraba a muy corta distancia de la calle de la Ternera y de El Callejón.



Fuentes:

2.munimadrid.es
Es.wikipedia.org
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Mcu.es