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lunes, 4 de septiembre de 2017

MERCADO DE LA PLAZA DE LA CEBADA Y CAFÉ DE LOS NARANJEROS.

La plaza o plazuela de la Cebada era ya, a mediados del siglo XVI, un centro de venta de cereales, tocino y legumbres. La proliferación de los puestos y tenderetes allí ubicados haría necesaria una regulación de este espacio, para lo que fue encargado un primer proyecto de mercado abierto al maestro de obras José de Villarreal, en el año 1649. 

Fuente: memoriademadrid.es
Proyecto de mercado abierto para la plaza de la Cebada (1649).

El auge de las ventas en la plaza de la Cebada era cada vez mayor. A ella concurrían vendedores y compradores de productos alimentarios e incluso, durante el siglo XVIII, era el lugar donde se instalaban las ferias de Madrid. Así mismo, al comenzar el siglo XIX adquirió este paraje el lúgubre prestigio de ser designado para las ejecuciones capitales.

Fotografía: M.R.Giménez (2007).
Placa conmemorativa del ajusticiamiento en la horca del militar y político liberal Rafael del Riego, con un pequeño ramo de flores que allí se mantuvo durante varios años.

Casi dos siglos después del primer proyecto de mercado para la Cebada, se hizo muy necesaria su modernización. Tras la presentación de varios diseños, sería elegido el propuesto por el arquitecto Mariano Calvo Pereira: un edificio cubierto, de planta irregular, con seis puertas de acceso y una superficie de 6.323 m2. 

El nuevo mercado tenía dos plantas: un sótano destinado a almacenaje y, sobre él, la zona destinada a los puestos de venta. Con estructura de hierro forjado, fabricada en Londres por la casa G. B. Granley y compañía, tenía 166 columnas interiores con una altura de 4’53 m. Todo el edificio estaba iluminado por lámparas de gas, cuando la luz del sol no entraba por sus enormes cristaleras. 

Fuentes: memoriademadrid.es (1867) y mcu.es -fotografía de Jean Laurent (1875).
Proyecto del mercado de hierro. Su interior el día de la inauguración.  

Aquel mercado de la Cebada fue inaugurado a las cuatro de la tarde, del viernes 11 de junio de 1875. Treinta años después su espacio sería ampliado con cuatro pabellones cubiertos para la venta de frutas y verduras, por lo que fue necesario reestructurar la plaza y derribar edificios como la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, de la calle del Humilladero. En el año 1925 se añadieron otros tres pabellones, a los ya existentes; todos ellos serían derruidos ocho años después.

Fuentes: fuenterrebollo.com (década de los años 20 del siglo pasado) y hemerotecadigital.bne.es (1925).
En ambas fotografías se aprecian los nuevos pabellones anejos al edificio del mercado de hierro.

El viejo mercado de hierro de la Cebada fue finalmente derribado en el año 1956 y sustituido por el edificio actual, del arquitecto Antonio García de Arangoa e inaugurado el jueves 26 de abril de 1962, que parece también tener sus días contados.

Fotografías: M.R.Giménez (2007).
Exterior e interior del actual mercado de la Cebada.

En el mes de octubre de 1854 el Ayuntamiento de Madrid resolvió cambiar el nombre a la plaza de la Cebada. Desde el día 7 de noviembre de ese mismo año –treinta y un años después del ajusticiamiento del militar y político liberal Rafael del Riego Flórez- pasó a denominarse plaza de Riego, designación que se mantuvo de manera oficial hasta mediados de la década de los años setenta del siglo XIX, momento en que recuperó el nombre de plaza de la Cebada, como todos la seguían llamando. 

Parece que el ramo de los naranjeros del mercado de la Cebada, allá por la mitad del siglo XIX, tenía una gran influencia. La ubicación de sus cajones, a la altura del número 6 de la plazuela, servía como referencia para localizar otros negocios o lugares cercanos; incluso contaban con una numerosa representación en la toma de decisiones municipales relativas al mercado. Ningún productor podía vender naranjas por su cuenta, sin el consentimiento de dicho gremio.

En el número 5 de la plaza de la Cebada aparece ya en el año 1875 el Café de la Latina, que pasaría a ser más conocido como Café de los Naranjeros o Café de Naranjeros a lo largo de su existencia.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1915).
La plaza de la Cebada, con el viejo mercado de hierro. A la derecha, señalado con una pequeña flecha, el lugar donde se ubicaba el Café de los Naranjeros.

El de los Naranjeros era un café de cante y baile flamenco en el que comenzaron sus carreras artísticas figuras tan relevantes como: Ramón Montoya y Rafael Marín (guitarristas), Enrique de Lara y Francisco Mendoza Ríos “Faíco” (bailaores), además de Pastora María Pavón “La Niña de los Peines”, entre otros muchos. 

Por aquellos años del último cuarto del siglo XIX el flamenco estaba de moda en Madrid. Su público se componía de todas las clases sociales, congregándose en los cafés de cante instalados en los barrios populares. Estos establecimientos también atraían a la gente del bronce (delincuentes y pendencieros), por lo que era más frecuente encontrar en la prensa noticias sobre las disputas, camorras e incluso intentos de asesinato acontecidos en ellos, que reseñas sobre sus espectáculos.

Multitud de autores mencionaron al Café de los Naranjeros en la trama de sus obras. Benito Pérez Galdós lo cita en las novelas “Fortunata y Jacinta (Dos historias de casadas)” y en “Misericordia”. Pío Baroja Nessi lo menciona también en “La Busca” y en “Mala Hierba” de su trilogía “La lucha por la vida”. 

La zarzuela “La Chulapona” (1934) de Federico Moreno Torroba, con libreto de Federico Romero Zarachaga y Guillermo Fernández-Shaw sitúa dos cuadros de su acto segundo en el Café de los Naranjeros, que llegaría a ser reconocido como uno de los más antiguos templos madrileños del cante jondo, en el año 1905.

El domingo 18 de octubre de 1896 Antonio Zazo Maroto, dueño por entonces de este café, decidió dar un nuevo lustre a su negocio convirtiéndolo en un café de camareras al que llamó Café de la Patria. En él continuaban los conciertos andaluces de cante y baile, reflejando ya en sus programas los nombres de los artistas que allí actuaban.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1897)

A pesar de su cambio de marca, una vez más este café continuó siendo conocido con el nombre de Naranjeros y así pasó a la historia, tras su cierre allá por el año 1910.





Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Cervantesvirtual.com
Elartedevivirelflamenco.com
Es.wikipedia.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Hemerotecadigital.bne.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es

3 comentarios:

  1. El mercado de 1875 era muchísimo más bonito. Siempre me han encantado esos edificios de la arquitrctura decimonónica del hierro, con sus grandes ventanales como iglesias góticas. Una lástima que tantos de ellos hayan sucumbido ¿soy el único al que eso de anunciar que el café iba a ser servido por camareras le hace pensar un poc mal?

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  2. El mercado de hierro de la Cebada, parece que nació pequeño; por eso sus ampliaciones y los puestos desperdigados en sus alrededores. En lo de las camareras... habría de todo: aquellas mujeres tenían que ganarse la vida como podían, pero también hubo muchas que plantaron cara a la deshonestidad.
    Gracias por tu comentario, como siempre. Salud.

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  3. Riego sigue teniendo su pza en Oviedo,en donde habia una señorial libreria de viejo quee hundia el pecunuo y cerró por subida de alquiler,no sin antes cantar con el viejo lo que si supieran.... li ertad libertad libertad,està cerca del Fontan donde el mercado sobrevi e entre estatuas a esto o lo otro de oficios seculares marchitos y tabernas en donde los apuntes nuestros de cada dia eran abducidos por el tinto del porròn o el culin sidrero progre y zalamero.habia una carnicera que por 25ptas te daba cocido y chosco,los cinco duros tb te los cobraba el bus al pueblo.Saludos.Nidia.

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