Páginas

jueves, 16 de noviembre de 2017

EL MUSEO DE OLGA RAMOS Y EL CUPLÉ.


El Museo de Olga Ramos recopila una enorme cantidad de objetos que reviven la historia de los antiguos cafés musicales de Madrid, que ya no existen, y de aquellos míticos tiempos del cuplé

La cantante, compositora y conferenciante Olga María Ramos, hija de “La reina del cuplé”, nos enseña aquí una espléndida colección de antiguos mantones de Manila, elegantes trajes de chifón o de seda y sus complementos, partituras históricas, instrumentos musicales centenarios, sugerentes abanicos de marabú o pintados a mano, fotografías dedicadas, decorados de escenarios, los espejos del antiguo Café Universal de la Puerta del Sol y muchas sorpresas más.





https://www.youtube.com/watch?v=yjUdFvpN7Es
"El Museo de Olga Ramos"


En el año 1918, cuando Olga Ramos (Trinidad Olga Ramos Sanguino) vino al mundo, el cuplé estaba en la plenitud de su apogeo. Varias décadas más tarde este género musical únicamente pervivía en la memoria popular, pero Olga lo rescató del olvido para devolverle su tono, su originalidad y su gracejo.

Olga Ramos, violinista titulada en el Real Conservatorio, comenzó su carrera musical en los antiguos cafés de Madrid (Universal, Varela) con su orquesta de señoritas. En ellos actuó durante los años cuarenta, cincuenta y gran parte de los sesenta junto a la pianista Magdalena Martín, y conoció a su marido, el también músico y compositor Enrique Martínez de Gamboa “El Cipri”. 

Desde el final de la década de los años sesenta del siglo pasado Olga Ramos retomó el cuplé y lo convirtió en algo muy peculiar. A partir de entonces, figura en la historia de Madrid con derecho propio.


Fuente: madridiario.com (2004)
Olga Ramos tomando café.


El cuplé formaba parte de los espectáculos llamados de variedades o varietés, que llegarían importados de Francia en los años finales del siglo XIX. La sátira y la picaresca eran ingredientes fundamentales de sus letras, acompañadas por melodías fáciles de recordar. Tal fue el caso de “La pulga”, que en el año 1899 estrenó, con gran éxito en Madrid, Nelle Martini. 

Las insinuantes letras con doble sentido y sicalípticas de estas canciones iban acompañadas por movimientos sugerentes de sus intérpretes femeninas, que ofendían la moralidad imperante en el momento. Así estos espectáculos, encuadrados en lo que se llamó el género ínfimo, sufrieron el acoso de la virtuosa censura y quedaron reducidos a un público masculino, conceptuado como de dudosa respetabilidad

Todo cambió alrededor del año 1912, cuando cuplés y cupletistas adquirieron un reconocido prestigio. Aurora Jauffret, conocida como “La Goya”, dignificó el cuplé y lo innovó, concediéndole importancia estética. Fue la primera en incluir en su repertorio canciones para ser vistas y cantadas por toda la familia.

El género ínfimo y las variedades decayeron allá por el año 1924, para remontar diez años después con nuevas representaciones mejor programadas, que provocaron el resurgimiento del género y la recuperación de estrellas del cuplé como Raquel Meller, Pastora Imperio o Amalia de Isaura. 

Posteriormente el género de la revista incorporó a sus espectáculos los antiguos cuplés, modernizándolos y manteniendo aquella picaresca en sus representaciones, que los censores de la dictadura franquista se encargarían de mitigar. 

El cuplé y la revista fueron muy populares hasta el final de los años sesenta del siglo anterior, a partir de entonces comenzó su decadencia. En la memoria de todos quedaron aquellas letras cupleteras con pegadizos estribillos: “La chica del 17”, “¡Ven y ven!”, “La machicha”, “Los nardos”, “Si te casas en Madrid” y tantas otras, a ritmo de pasacalles o pasodobles, chotis o habaneras.





Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemerotecadigital.bne.es
Madridiario.com
Triunfodigital.com
Vídeo: 
“El Museo de Olga Ramos” de “Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa”.
Suscríbete al canal de Youtube de los "Antiguos cafés de Madrid"




jueves, 2 de noviembre de 2017

EL PALACIO DE MONISTROL O DE SÁSTAGO.

La hoy conocida como plaza de la Luna, y oficialmente llamada de Santa María Soledad Torres Acosta, albergó uno de los edificios con más historia del centro de Madrid: El Palacio de Monistrol, también conocido como de Sástago

La voraz fiebre especulativa de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado había dejado en el más absoluto abandono, durante demasiado tiempo, tanto al viejo caserón como a los inmuebles de su entorno. El estado ruinoso del conjunto llegó a suponer un peligro para los peatones, por el continuo desplome de cornisas y partes de la fachada de los edificios. 

Fue así como en el año 1969 comenzó el derribo de trece fincas comprendidas entre las calles de Concepción Arenal, Tudescos, y su desaparecido callejón, Luna y Silva, llevándose también al antiguo Palacio de Monistrol, con sus tres siglos de intensa historia. 

El terreno fue excavado para albergar las cuatro plantas de uno de los aparcamientos más importantes de Madrid, con capacidad para 600 coches sobre el que se planeaba construir una gran plaza con un bello jardín “tipo italiano” y un edificio comercial de cuatro o cinco pisos. Finalmente fueron construidos dos edificios de seis alturas y una escalonada plazoleta con algunos pequeños árboles, además del estacionamiento.

Fotografía: M.R.Giménez (2017)
La plaza de la Luna (Santa María Soledad Torres Acosta), donde se situaba el Palacio de Monistrol.

Los antecedentes de la vieja casona, que luego sería el Palacio de Monistrol, se remontaban a principios del siglo XVII. El plano de Pedro Texeira (1656) muestra, en la esquina de la calle de la Luna con la de Tudescos, lo que fue el imponente edificio del oidor (juez) Francisco de Tejada y Mendoza. La casa tenía una característica torre rematada por un chapitel austriaco. En el patio principal había una fuente artística entre arriates. 

Fuente: bvpb.mcu.es (1656).
Plano de Pedro Texeira. El antiguo edificio de Francisco de Tejada y Mendoza, situado en la calle de la Luna, aparece señalado por la flecha.

Tras sucesivas herencias, el edificio llegaría a ser propiedad de los condes de Sástago en el año 1731 y con posterioridad, tras el matrimonio entre la condesa Sástago y el marqués de Monistrol en el año 1857, sería conocido como Palacio de Monistrol.

Fueron varias las modificaciones que se ejecutaron en el viejo caserón de la calle de la Luna, a lo largo del tiempo. 

En el año 1782 el Banco de San Carlos (antecedente del Banco de España, por abreviar) arrendó parte de la casa para instalar en ella sus dependencias. La obra de remodelación fue encargada al arquitecto Pedro Arnal, quien no parece modificara en el inmueble su severo aspecto, carente de toda ornamentación y trato neoclásico, dando incluso a sus comisas “la misma forma que tienen las antiguas”.

Fuente: archivesportaleurope.net (1885).
Fachada correspondiente a la calle de la Luna del Palacio de Monistrol, según proyecto del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco.

Los propietarios del Palacio de Monistrol o de Sástago sólo utilizaron como vivienda la parte noble del edificio, arrendando la planta a nivel de calle a diferentes negocios. 

El día 8 de octubre de 1826, en la esquina comprendida entre las calles de la Luna y de Silva, fue inaugurado el Teatro Pintoresco, que representaba espectáculos donde bailaban figuras mecánicas acompañadas por una brillante sinfonía. Siete años después la sala pasó a llamarse Teatro de Buena-Vista, en cuyas funciones intervenían compañías públicas, particulares o de actores y actrices aficionados. Tras su cierre, en el año 1876, el local se destinó a negocios relacionados con guarda y venta de muebles.

En la esquina opuesta del palacio, correspondiente con la calle de Tudescos, estuvo, ya en el año 1848, el famoso Café de la Luna: café amplísimo, dividido en grandes estancias de altos techos sostenidos por robustas columnas, así descrito tras la reforma efectuada en el año 1864. Frecuentado por artistas, escritores, periodistas y poetas, que allí tenían sus tertulias, era también un café musical con orquestas. Su dueño y creador, Joaquín Hevia, fue asesinado en el año 1890 protagonizando “El crimen de la calle de la Justa” (hoy calle de los Libreros), que tanto daría que hablar a la prensa del momento.

El Café de la Luna cerró en el mes de junio de 1908 y en su local se instalaron los Almacenes Eleuterio, en un principio especializados en pasamanería, tapicería y tejidos, que fueron inaugurados el día 11 de enero de 1909. El negocio llegó a ser muy popular, en especial durante la década de los años veinte y treinta del siglo pasado, abriendo varias tiendas en Madrid. El establecimiento de la calle de la Luna fue publicitariamente denominado como Almacenes CECA, para distinguirlo de la sucursal abierta en la calle de Fuencarral, que fue renombrada como MECA.

Fuente: prensahistorica.mcu.es
La fotografía de la izquierda, interior de los Almacenes Eleuterio, corresponde al año de su inauguración (1909).
A la derecha la fachada del Palacio de Monistrol en su esquina con la calle de Tudescos, en 1969. Se aprecia el rótulo en el que los almacenes aparecen renombrados como CECA.

Mientras todos estos negocios, y algunos otros de menor trascendencia, iban arraigando en el Palacio de Monistrol, sus dueños acometieron importantes remodelaciones en la antigua casona. Así, en el año 1885 se encargó una gran reforma del edificio al prestigioso arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. 

Era un edificio espléndido, con todas las características del arquitecto, cerámica, logias (galerías cubiertas), columnas, soberbio portal con magnífica escalera, estancias decoradas con delicadas molduras clásicas, etc. En su decoración exterior intervino Daniel Zuloaga Boneta, quien aportó una ornamentación cerámica muy parecida a la del Palacio de Velázquez (también obra del arquitecto Velázquez Bosco), situado en El Retiro de Madrid. 

Fuente: urbanity.es (1969) - archivesportaleurope.net (1885).
En el torreón del Palacio de Monistrol, de la calle de la Luna esquina a la de Tudescos, se edificó el mismo balcón con arquería que figuraba en el proyecto de Ricardo Velázquez Bosco.
 
El Palacio de Monistrol contenía una valiosa colección de objetos que el marqués José María Escrivá de Romaní, coleccionista y académico de Bellas Artes, había ido recopilando a lo largo del tiempo. Tablas de Jean van Eyck, óleos de Juan de Juanes, retratos de Federico Madrazo y Francisco Masriera, admirables tapices flamencos y gobelinos, porcelanas del Buen Retiro y de Sèvres, antiguas cerámicas de Talavera, ornaban las estancias de la gran mansión de la calle de la Luna.

Fuente: memoriademadrid.es (1928) y B.N.E. (1914).
Dos aspectos de la amplia escalera del palacio. En la segunda fotografía se aprecia la silla de manos estilo Luis XV.

Traspasando el enorme zaguán de entrada, una amplia escalera daba acceso a la vivienda. En ella resaltaba el escudo de los Sástago, también las columnas que sostenían la bóveda y una dorada barandilla. En sus blancas formas se habían instalado dos piezas destacadas: el arcón tallado del siglo XV que fue joyero de Isabel la Católica y la silla de manos, estilo Luis XV, con que eran transportadas las visitas reales. 

Fuente: B.N.E. (1909 y 1914).
A la izquierda, el salón de baile. A la derecha, el salón de antigüedades.

Un gran número de salones, cada uno dedicado a un uso particular (de baile, antigüedades, de billar, de lectura) o designados por el color de la seda que recubría sus paredes (amarillo, verde, azul) se embellecían con muebles de ébano, algunos de ellos con incrustaciones de marfil, vargueños, estatuas de mármol, enormes espejos, antiguas armaduras y lámparas de cristal veneciano.

La fantástica colección de tapices del palacio cubría gran parte de las paredes, en aquellos salones con techos artesonados o cubiertos de pinturas al fresco. De ellos, los más valiosos, fueron destinados a la capilla que recibía luz cenital por medio de una pequeña cúpula.

Fuente: B.N.E. (1914).
A la izquierda, el comedor. A la derecha, la capilla.

La última propietaria que habitó en el Palacio de Monistrol de la calle de la Luna fue la condesa de Alcubierre. En el año 1907 encargaría una última remodelación, de algunas partes del edificio, al arquitecto Joaquín Saldaña López: modernizando varias habitaciones para uso personal y el garaje ubicado en la calle de Silva. Tras su fallecimiento, en el año 1927, los herederos del palacio disgregaron las joyas de arte que guardaba, destinando a diversos usos la mayoría de tan señoriales dependencias.

En el viejo caserón de la calle de la Luna, número 11 se fueron instalando tiendas, oficinas del Canal del Lozoya, talleres y pequeñas fábricas, además de los negocios ya citados. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) parte del edificio sería ocupado por sectores del sindicato C.N.T. Las habitaciones con más luz fueron divididas y transformadas en estudios para escultores y pintores como Juan Genovés Candel, quien allí trabajó desde el año 1954, convirtiendo su estudio en un lugar de encuentro de artistas y escritores. Academias de baile, como la de Emilia Ardanuy, y un taller en el que se pintaban las grandes carteleras con que los cines de Madrid, y en especial de la Gran Vía, anunciaban las películas en sus fachadas. 

A mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado el Ayuntamiento de Madrid adquirió el Palacio de Monistrol, abonando a los propietarios la cantidad de diez millones de pesetas. Poco después comenzaría a tramitarse su expediente de demolición, no sin antes vender la magnífica escalera, el enorme portal adornado por gruesas columnas de granito y los mosaicos de Zuloaga que decoraban las tres fachadas del edificio, que fueron adquiridos por una señora extrajera, a buen precio, ofreciendo al capataz del derribo cien pesetas por cada azulejo intacto. 

En el mes de agosto de 1969 se dio la orden para la derribo del palacio, mientras los inquilinos se hacían fuertes en el interior del viejo caserón para evitar el desahucio.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1969).

Cuando ya llevaban tiempo deshaciéndolo, echaron abajo una pared y se encontraron con una gran sala entelada en azul y flores de lis en blanco, y un gran salón del trono. Por conversaciones entre los vecinos, se habló entonces de un título nobiliario, propietario del palacio, que había sido virrey de las Indias.


Para ampliar información sobre el Café de la Luna y el Teatrillo de Buenavista, pulsad aquí




Fuentes:

Archivesportaleurope.net
“Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX”. Pedro Navascués Palacio.
Bvpb.mcu.es
“El Banco de España en Madrid. Génesis de un edificio”. Pedro Navascués Palacio.
“El cine, la Gran Vía y yo”. Rosario González Truchado.
Es.wikipedia.org
“Guía del plano de Texeira (1656). Manual para localizar sus casas, conventos, iglesias, huertas, jardines, puentes, puertas, fuentes y todo lo que en él aparece”. María Isabel Gea.
Hemerotecadigital.bne.es
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es


Este artículo está dedicado a la memoria de Luisa Sánchez.