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lunes, 24 de diciembre de 2018

LECHE DE ALMENDRAS PARA LA NOCHEBUENA.

A la lombarda, el besugo o el pavo, platos tradicionales en la cena de Nochebuena del Madrid del siglo XIX, vendría a unirse también algo que no podía faltar tanto en las mesas más pudientes como en las más menesterosas: La leche de almendras.

Tradicionalmente las almendras eran conocidas como remedio para las enfermedades del pecho o de la garganta y se elaboraba con ellas una pasta, a modo de manteca, cuidando de no perder su aceite. La masa obtenida se mezclaba con un poco de agua templada y comenzaba un laborioso proceso de prensado con estameña, para sacar todos los jugos.

En la década de los años veinte de mil ochocientos esta pasta de almendras, o la preparación ya dispuesta, se vendía en cafés y confiterías, pero también se regalaba a los parroquianos más habituales de estos establecimientos.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1842 y 1853). Anuncios de cafés en los que se vendía o regalaba a sus clientes habituales la leche de almendras.

Su elaboración para la cena de Nochebuena, en la que no podía faltar, consistía en diluir el producto en agua con azúcar, una corteza de limón, un poco de canela en polvo y una hoja de laurel, dejándolo hervir durante unos minutos. La sopa se servía acompañada por finas rebanadas de pan tostado, a los postres.

El incremento del precio del producto principal de este plato fue encareciéndose debido a la gran demanda. Eran muchos los cafés y establecimientos que añadían extraños elementos variados y más baratos al preparado, ocasionando no pocas alteraciones en el estómago de los consumidores.

Fue así como en la Navidad del año 1892 los cafés dejaron de regalar la leche de almendras a sus clientes, y no muchos años después el tradicional plato dejaría de estar presente en las mesas de Nochebuena de los madrileños, quedando olvidada esta costumbre hasta la fecha.




 ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!


martes, 4 de diciembre de 2018

TABERNA OLIVEROS DE EL RASTRO.

Quienes sean habituales de El Rastro de Madrid habrán pasado muchas veces por la calle de San Millán, frente a la plaza de Cascorro y muy cerca del Mercado de la Cebada.

Un gran cartel, en donde un orgulloso y risueño cocinero está cortando un jamón, reclama a quien le mira anunciando que “Para comer bien y barato” está en la calle de San Millán, 4. Allí, precisamente, se encuentra la antigua Taberna Oliveros, que abrió al público en el año 1857.
 
Aquellos eran por entonces “los barrios bajos” de Madrid y sus vecinos se ganaban la vida en los puestos de El Rastro o del mercado. A ellos se irían añadiendo quienes venían de otras zonas con el fin de vender frutas, verduras, carnes, animales vivos y también los que se dedicaban al transporte de personas y mercancías.

Muchas tabernas, tiendas de vinos, casas de comidas y cafés hubo en estas calles de La Latina, por donde se movía un público variopinto compuesto además por toreros con fama o sin ella y gentes de la cultura que se divertían escuchando la pintoresca forma de hablar de los parroquianos, para después ponerla en boca de los personajes de muchas obras de teatro y novelas de ambiente costumbrista. De todos estos negocios hoy sólo queda la Taberna Oliveros.

En este vídeo mostramos cómo es la taberna de la calle de San Millán, una de las más antiguas de Madrid, que mantiene intacta su decoración más que centenaria. 

Julio Oliveros, su propietario actual, nos cuenta la historia de sus pinturas murales, de los rótulos que prohíben cantar y bailar desde hace más de un siglo, de sus azulejos de Talavera de la Reina (Toledo). Nos mostrará también cómo era la típica barra tabernera de estaño, el grifo de vermut y su espléndida fachada decorada por el pintor Fidel Blanco.



https://www.youtube.com/watch?v=Hq-eggtLoHA

Vídeo: La Taberna Oliveros de El Rastro 

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