A la lombarda, el besugo
o el pavo, platos tradicionales en la cena de Nochebuena del Madrid
del siglo XIX, vendría a unirse también algo que no podía faltar
tanto en las mesas más pudientes como en las más menesterosas:
La leche de almendras.
Tradicionalmente las
almendras eran conocidas como remedio para las enfermedades del pecho
o de la garganta y se elaboraba con ellas una pasta, a modo de
manteca, cuidando de no perder su aceite. La masa obtenida se
mezclaba con un poco de agua templada y comenzaba un laborioso
proceso de prensado con estameña, para sacar todos los jugos.
En la década de los años
veinte de mil ochocientos esta pasta de almendras, o la preparación
ya dispuesta, se vendía en cafés y confiterías, pero también se
regalaba a los parroquianos más habituales de estos
establecimientos.
| Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1842 y 1853). Anuncios de cafés en los que se vendía o regalaba a sus clientes habituales la leche de almendras. |
Su elaboración para la
cena de Nochebuena, en la que no podía faltar, consistía en diluir
el producto en agua con azúcar, una corteza de limón, un poco de
canela en polvo y una hoja de laurel, dejándolo hervir durante unos
minutos. La sopa se servía acompañada por finas rebanadas de pan
tostado, a los postres.
El incremento del precio
del producto principal de este plato fue encareciéndose debido a la
gran demanda. Eran muchos los cafés y establecimientos que añadían
extraños elementos variados y más baratos al preparado, ocasionando
no pocas alteraciones en el estómago de
los consumidores.
Fue
así como en la Navidad del año 1892 los cafés dejaron de regalar
la leche de almendras
a sus clientes, y no muchos años después el tradicional plato
dejaría de estar presente en las mesas de Nochebuena de los
madrileños, quedando olvidada esta costumbre hasta la fecha.
¡¡¡FELICES
FIESTAS!!!