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viernes, 27 de diciembre de 2019

ZAMBOMBAS Y PANDERETAS.

Tanto la plaza Mayor como su vecina la de Santa Cruz, fueron tradicionalmente mercado para todos los productos navideños. De ellas hoy sólo subsiste el de la primera; sus ordenados puestos se han especializado en la venta de figuritas para el nacimiento, adornos multicolores y artículos de broma. Los tenderetes dedicados al comercio de turrones, mazapanes, cascajo (mezcla de frutos secos) o pavos y capones vivos, pasaron a la historia a mediados del siglo XX. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1886). La plaza Mayor de Madrid y sus puestos de Navidad.

Parece que fue a lo largo del siglo XVII, cuando la madrileña plaza de Santa Cruz se llenó de puestos que vendían todo lo necesario para celebrar la Nochebuena, que por tradición debía ser ruidosa, como decía la copla: “Esta noche es Nochebuena y no es noche de dormir, que está la Virgen de parto y a las doce va a parir”

Tambores, chicharras, rabeles, panderos, panderetas y zambombas se agotaban en este mercado, cuyos compradores pasaban la fiesta cantando villancicos y canciones por las calles, pidiendo el aguinaldo. El ruido de estos instrumentos rústicos ensordecía a los habitantes de la Villa durante aquella celebración, pero contaba con el permiso del alcalde corregidor. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1886). Venta de panderos, panderetas y pavos.

El pandero y el tambor fueron dejando paso a la pandereta, mucho más barata y manejable durante una noche de jarana y para las pequeñas manos de los niños. La zambomba también prescindiría de su primitivo recipiente de barro, que sería sustituido por un envase de hojalata. 


Fuente: prensahistorica.mcu.es (1860). El ruido atronador de panderetas y zambombas.
En los primeros años del siglo XX hubo una célebre fábrica de zambombas y panderos en la calle del Mesón de Paredes de Madrid. Su plantilla, compuesta por familiares y vecinos del barrio, hoy sería considerada como un modelo a seguir en el mundo del reciclaje. 

El suministro de los materiales, para la fabricación de estos instrumentos, se iniciaba con la recolecta de los botes vacíos por parte del trapero, que los vendía a bajo precio en aquel taller de Lavapiés. Una vez allí se elegían los que no tuviesen abolladuras, retirándose sus tapas y comenzando así el proceso para construir las zambombas. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1935). Un operario de la fábrica de Lavapiés selecciona los botes para la confección de zambombas.
 
Una de las partes del recipiente se cubría con un tenso trozo de piel de carnero, gato o conejo, introduciendo en su centro una caña perpendicular. Por último se adornaba con papel de colores y una artística flor, en lo alto del instrumento. 

La zambomba estaba lista para acompañar a los villancicos. Tan sólo faltaba humedecer la mano del concertista, al deslizarla arriba y abajo de la caña, para obtener los sonidos. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1935). Fábrica de zambombas de la calle del Mesón de Paredes.

En la fabricación de panderetas y panderos se utilizaba una tira de madera cubierta, en uno de sus lados, por una piel fina y tensada. Los platillos, colocados en el lateral y convenientemente recortados, procedían de las tapas de los botes usados para las zambombas. 


 ¡¡¡ FELICES FIESTAS!!! ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID.



Fuentes: hemerotecadigital.bne.es

lunes, 9 de diciembre de 2019

CASA MIRA Y SUS TURRONES.

Muy pocas son las centenarias pastelerías de Madrid que mantienen intacta su decoración. Aquellos magníficos aparadores de maderas nobles, los mostradores cubiertos de trabajados adornos, las enormes y llamativas lámparas o las estanterías con grandes cristales, hace ya muchos años que fueron sustituidos por el anodino aluminio y los soportes de metacrilato.



Antiguos Cafés de Madrid quiere hoy mostrar uno de los escasos comercios que aún se mantiene como en el siglo XIX. Casa Mira, que desde hace casi 140 años permanece inalterable en la Carrera de San Jerónimo, a pocos pasos de la Puerta del Sol.










Una fachada en madera de caoba, con cuatro columnas talladas, sirve de marco a la puerta de acceso. Su gran escaparate muestra los productos de esta fábrica de turrones, peladillas y mazapanes expuestos en la antigua rueda giratoria, una de las últimas que aún se conservan en Madrid.



Carlos Ibáñez Méndez, actual gerente, nos enseña aquí todos los detalles de este lujoso establecimiento inaugurado por su antepasado, Luis Mira de Jijona, narrando las muy curiosas anécdotas de una clientela que a lo largo de tantas décadas de existencia ha comprado sus famosos productos.



Sus muebles de caoba, las columnas de hierro que sujetan un techo adornado por las escayolas originales, los letreros en cristal que anuncian los géneros a la venta o un hermoso caramelero con veinticinco tarros, que contiene otros tantos tipos diferentes de estos artículos, nos trasladan a aquellos tiempos en los que los clientes disponían de sillas en las que, junto al mostrador, podían acomodarse para decidir sus compras.




viernes, 22 de noviembre de 2019

EL CASINO DE LA REINA.

Cuatro años después de la finalización de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814) el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien regalar a Isabel de Braganza, esposa del absolutista Fernando VII, una pequeña y elegante casa de campo a las afueras de Madrid. Así, en lo que entonces se denominaba la “Huerta del Bayo”, propiedad del catedrático Francisco del Bayo y situada junto a lo que hoy es la Ronda de Toledo, se construyó el Casino de la Reina Nuestra Señora. 


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org. (1875). Plano de Carlos Ibáñez Íbero en el que se dibuja el Casino de la Reina, situado entre las calles de Embajadores, ronda de Toledo y Ribera de Curtidores, aún sin concluir.


Sería el año de 1818 cuando, una vez rematadas las obras de esta finca de recreo situada en una de las zonas más menesterosas de Madrid, le vino a ser entregada a su nueva propietaria para su uso y disfrute. Pocos meses después Isabel de Braganza falleció, pasando el regalo municipal a manos de su real esposo, Fernando VII.
 
Los altos muros que cercaban el Casino de la Reina tenían su puerta principal de acceso en la Ronda de Embajadores (hoy de Toledo). Realizada en hierro, granito y piedra caliza estaba decorada por dos pares de columnas dóricas, situadas a cada uno de sus lados, conjunto que se remataba por las esculturas de sendas parejas de niños sujetando un jarrón. Esta puerta fue posteriormente desmontada e instalada como acceso a los Jardines del Buen Retiro, en lo que hoy es la Puerta de la Independencia, donde aún se puede contemplar.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es y memoriademadrid.es. A la izquierda la puerta del Casino de la Reina, en la ronda de Toledo. A la derecha la misma puerta en 1911, ya en su emplazamiento actual en El Retiro.


Tras cruzar la entrada al Casino se llegaba al extenso jardín diseñado sobre un terreno irregular. En él se había plantado una multitud de árboles diferentes, entre parterres de flores y grupos escultóricos, que formaban frondosos paseos con bancos para el descanso. En la parte más cercana a la calle de Embajadores se instaló una ría navegable, con su isleta y un puente chinesco de piedra. Dos estufas o invernaderos, una gruta artificial, fuentes y un cenador protegido por un enorme emparrado, eran algunos de los caprichos que esta finca contenía.


Fuente: memoriademadrid (1972). Restos del jardín del Casino de la Reina, hoy desaparecidos.


Una escalinata daba acceso al palacete neoclásico, situado al norte del recinto, edificio que hoy continúa en su mismo emplazamiento. Sus dos plantas y buhardillas fueron diseñados por el arquitecto Antonio López Aguado.


Fuente: man.es. Fotografía derecha: M.R.Giménez (2018). El palacete del Casino de la Reina al ser inaugurado y en la actualidad.


La decoración interior de este pequeño palacete era suntuosa. Su salón principal estaba recorrido por un zócalo de mármoles y en su techo se representó la “Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid” por el pintor Vicente López Portaña.


Fuente: es.wikipedia.org. Fragmento de la "Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid".


Ningún elemento de diversión faltaba en esta singular casa de campo que, ya en los primeros años sesenta del siglo XIX, sólo se utilizaba para recepciones oficiales. Su propiedad pasaría a manos del Estado y no del Ayuntamiento de Madrid, quien había costeado los gastos de su edificación. 

Poco a poco el Casino de la Reina sería desmantelado, utilizando su terreno y edificio para nuevos usos.  

El día 18 de marzo de 1867 se inauguró, de manera provisional, el nuevo Museo Nacional Arqueológico en lo que fuera palacete del Casino, ya sin la magnífica pintura de Vicente López, previamente trasladada al Museo del Prado. El Arqueológico contaba, entre otras secciones, con una importante colección numismática de ciento cincuenta mil piezas y tenía su entrada por la calle de Embajadores, número 68, abriendo al público los sábados de diez de la mañana a tres de la tarde. (Desde el año 1892 el Arqueológico ocupa su actual emplazamiento, en la calle de Serrano, número 13).


Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Inauguración del Museo Arqueológico en el Casino.
 

Sobre los terrenos que ocupaba la ría navegable y el invernadero grande se construyó en el año 1881 la Escuela de Veterinaria. El edificio de estilo neomudéjar, diseñado por el arquitecto Francisco Jareño Alarcón, mantuvo su actividad hasta el año 1958, fecha en la que pasaría a la Ciudad Universitaria como Facultad de Veterinaria. El viejo edificio, tras una gran remodelación, se convertiría en el “Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes” en 1960. 



Fuente: veterinaria.ucm.es (1891). Edificio de la antigua Escuela de Veterinaria, hoy I.E.S. Cervantes.


La zona que circundaba el terreno correspondiente al Casino de la Reina comenzaría a ser urbanizada, alargando la Rivera de Curtidores y comunicando los barrios de la Huerta del Bayo con el de Peñuelas, durante la década de los años setenta del siglo XIX. 

Para mitigar, en la medida de lo posible, la precariedad de sus habitantes, así como la falta de centros educativos en esta zona de Madrid, se eligió la parte oeste del terreno del Casino para albergar el “Grupo Escolar Príncipe de Asturias” (hoy C.E.I.P. “Santa María”), que sería inaugurado en el año 1916, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Aneja al colegio, también ocupó lo que fueron jardines del Casino la Escuela de Magisterio “Santa María” de la Universidad Autónoma de Madrid, hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. 


Fotografía: M.R.Giménez (2019). Hoy el C.E.I.P. Santa María fue el antiguo Grupo Escolar Príncipe de Asturias.


Mucho ha cambiado el Casino de la Reina a día de hoy. Los magníficos árboles y aquellos parterres de flores desaparecieron en pos de las construcciones descritas y de algunas más. Sus bancos y fuentes pasaron a mejor vida hace más de cien años, dejando en su lugar un anodino parque que hoy en nada recuerda lo que aquel sitio fue. El palacete, milagrosamente salvado de la piqueta, es hoy un centro social para el barrio. 



Fuentes: 

bibliotecavirtualmadrid.org 
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es 
man.es 
memoriademadrid.es 
veterinaria.ucm.es

jueves, 7 de noviembre de 2019

EL CEMENTERIO BRITÁNICO DE MADRID.

En la calle del Comandante Fontanes, número 7, en el madrileño distrito de Carabanchel, se encuentra desde el año 1854 este fascinante cementerio, cuya crónica va paralela a la historia de Madrid desde el siglo XIX.



De la mano de David J. Butler, Vocal de la Comisión Gestora del British Cemetery y espléndido guía del recinto, vamos a visitar y conocer los misterios del lugar en donde descansan muchos de aquellos personajes que contribuyeron a la industrialización de España durante el siglo antesapado.



¿Cuál fue la intolerante razón por la que hubo de ser inaugurado este cementerio? ¿Cuántas religiones se hayan representadas en sus tumbas? y ¿cuántos idiomas diferentes figuran en sus lápidas? En suma ¿qué enigmas nos esperan aquí para ser descubiertos?







(Este vídeo tiene la opción de subtítulos en inglés).




Allí descansan personajes singulares como Emilio Lhardy, creador del restaurante de la carrera de San Jerónimo; Willian Parish, uno de los propietarios del famoso Circo Price; miembros de la familia Loewe o la fundadora del salón Embassy, Margaret Taylor, cuyos ocultos secretos conoceremos.



Veremos aquí una tumba con la espada Excalibur de la leyenda arturiana, el panteón de la familia Bauer, que contiene los restos de quienes abrieron la primera sinagoga en España después de cinco siglos.



Un misterio inquietante, del aún activo Cementerio Británico de Madrid, es la pequeña losa que recuerda al famoso fotógrafo Charles Clifford. Enterrado en esta necrópolis en el año 1863, de sus restos sólo ha perdurado el fragmento de su lápida y ¿dónde está el resto del monumento?.


Este es un vídeo sobre la historia de Madrid, que nadie debe perderse.


Muchas gracias por seguir nuestro canal de YouTube, para conocer Madrid sin moverse del asiento.




lunes, 21 de octubre de 2019

SALÓN TEATRO JAPONÉS.

La moda del arte oriental influiría en occidente sobre todo desde el siglo XVIII. Las decoraciones de palacios, palacetes o teatros, el diseño del mobiliario y hasta el estampado de los tejidos adoptaron formas y dibujos exóticos. El gusto por el japonismo, las chinerías o los arabescos perduró hasta las primeras décadas del siglo XX.

En la madrileña calle de Alcalá, número 36 del año 1900, el día 1 de octubre, sería inaugurado el Salón Teatro Japonés.

Fuente: wikipedia.org. Fotografía: Manuel Compañy (1900). Entrada al Teatro Japonés.
 
Propiedad del empresario José (Pepe) Fernández, el Japonés era un salón pequeñito y coquetón, elegante y profusamente iluminado que programaba pequeños y variados espectáculos sin relación con lo que sugería el nombre del teatro. Cuplés, transformismo, bailes regionales o pequeñas obras teatrales constituían el entretenido programa de buen tono, sin cancioncillas obscenas ni faldas arremangadas, al que podían asistir las señoras y las señoritas, por melindrosas que fueran.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1900 aprox.). Señalada con una flecha la entrada al Teatro Japonés de la calle de Alcalá.
 
Decorado por el dibujante, interiorista e ilustrador José Arija Saiz, con la ayuda de Pedro de Rojas, Joaquín Xaudaró o Francisco Navarrete, entre otros artistas, lo que más llamaba la atención del público era el telón de su escenario, con motivos japoneses, que se plegaba haciendo caer una graciosa guirnalda de flores.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1900). Escenario con su guirnalda de flores. En escena Irma Darlot.


La pequeña sala estaba profusamente adornada por pinturas, farolillos, caretas y dibujos que rememoraban el arte japonés. Desde cualquiera de sus asientos se veía el escenario a la perfección.

Fuente: "Blanco y Negro" y memoriademadrid.es (1900). Detalles de la decoración interior.

Los decentísimos espectáculos del Teatro Japonés daban comienzo a las cinco de la tarde. Piezas cortas, breves y variadas distraían a un público diverso que veía desfilar por su escenario a las artistas, españolas y extranjeras, interpretando indistintamente couplets franceses y castellanos. Una de las más aclamadas fue Irma Darlot, con el diálogo “Fregolina”. Su transformación en doce personajes diferentes mereció los más entusiastas aplausos del público.



En el mes de marzo de 1902 el Japonés estrenó la obra bufa titulada “El pachá Bum-Bum y su harén”, en donde intervenía una joven de diecisiete años llamada Consuelo Vello Cano, más conocida por el nombre artístico de “Fornarina”. Interpretaba aquí un pequeño papel de esclava, vestida con una pudibunda y ceñida malla, que de inmediato desató las pasiones del respetable.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1902).Consuelo Vello "Fornarina" vestida para su papel en la obra "El pachá Bum-Bum y su harén".


Efímera fue la historia de este bonito Salón Teatro Japonés de varietés, que desaparecería a principios del año 1903 obligado por las exigencias del dueño de la finca.



El local donde se situó el Teatro Japonés albergó, desde el mes de octubre de 1905, el comedor de la asociación privada “Gran Peña”, que con posterioridad poseería casa propia en el número 2 de la Gran Vía de Madrid.



La historia del edificio de la calle de Alcalá, número 16 (ya en el siglo XX), terminó en el mes de julio de 1919. Los famosos negocios que allí se instalaban, como el Café Suizo (1844) o el Hotel Continental, cerrarían sus puertas por derribo del inmueble sobre cuyo solar se edificaría el suntuoso Banco de Bilbao, del arquitecto Ricardo de Bastida.



 
Fuentes:
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es
memoriademadrid.es

jueves, 3 de octubre de 2019

TEMPLETE DEL METRO GRAN VÍA, OBRA DE ANTONIO PALACIOS.

Para los habitantes de aquel Madrid del año 1919, atravesar la ciudad en un tren subterráneo iba a dejar de ser ficción para convertirse en realidad, porque el día 17 de octubre sería inaugurado el Metropolitano Alfonso XIII, que unía los Cuatro Caminos con la Puerta del Sol.



El viajero iniciaba su recorrido tras abonar el precio de 15 céntimos (de peseta) del billete. Pasillos, escaleras y el propio andén de la estación se hallaban recubiertos por blancas plaquetas de azulejos, con el fin de mitigar el temor a introducirse en el subsuelo madrileño. Coloridos mensajes publicitarios de cerámica, en las paredes, informaban sobre los grandes almacenes que se podían visitar o de los diversos artículos a la venta. 
 


Si el pasajero decidía apearse en la estación de la Red de San Luis (Gran Vía), y penúltima de aquella línea de Metro, debía salvar sus 25 metros de profundidad subiendo los tramos de una larga escalera o utilizando un gran ascensor, llegando así al monumental Templete, obra del arquitecto Antonio Palacios, a través del que se salía a la calle.










Antiguos Cafés de Madrid ha recreado en este vídeo el famoso Templete de la Gran Vía de Madrid, al cumplirse los 100 años de la apertura del Metro.



Mostramos aquí, con detalle, cómo eran el andén y el primer tren que circuló, la publicidad de entonces, aquella escalera y el famoso ascensor que tanto dio que hablar al Madrid de entonces. Descubrimos todos los detalles que el arquitecto Palacios diseñó para este acceso del Metro: la preciosa marquesina, los adornos que la rodeaban, sus verjas y ventanales, el plano con las primeras estaciones, contando también toda la historia de este monumento singular.



Al terminar, una sorpresa. El templete del Metro, en la actualidad, que se encuentra en el Concello do Porriño (Pontevedra).


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miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL PASEO DE LOS OCHO HILOS y FRANCISCO LEBRERO.

Hasta el día 7 de noviembre de 1902, el tramo de la calle de Toledo comprendido entre las glorietas de la Puerta de Toledo y de Pirámides era conocido con el nombre de Paseo de los Ocho Hilos.



Fuente: bdh-rd.bne.es (1924). Tras el Puente de Toledo aparece el paseo de los Ocho Hilos, con sus árboles, que llegaba hasta la Puerta de Toledo.

Esta bonita denominación surgió por las ocho hileras de árboles plantados en sus laterales (cuatro a cada lado), allá por los años cincuenta del siglo XIX, cuando el denominado “Plan Castro”, del urbanista y arquitecto Carlos María de Castro, propuso y realizó el trazado para el ensanche de Madrid.



El derribo de la Cerca de Felipe IV, en el año 1868, expandió la ciudad que por entonces contaba con trescientos mil habitantes, muchos de ellos instalados ya a extramuros en infraviviendas rodeadas de numerosas fábricas, talleres y vaquerías. Los nuevos barrios creados, como el del Puente de Toledo en el distrito de La Latina (hoy de la Arganzuela), verían construir bonitos edificios como el que fue propiedad de Francisco Lebrero.


Fotografía: M.R.Giménez (2019). La casa que fue de Francisco Lebrero.



El madrileño Francisco Lebrero Alonso (1842-1918) había trabajado desde niño como aprendiz en varias fábricas de fundición de metales, hasta que a mediados de los años setenta del siglo XIX logró montar taller propio, con su socio Juan Bou, en la desaparecida calle del Arroyo de Embajadores, número 27, que corría paralela al paseo de las Acacias.



Parece que la sociedad fue un negocio tan rentable que, en el año 1878, permitió a Lebrero adquirir un solar en el paseo de los Ocho Hilos, número 6 (hoy calle de Toledo, nº 122), donde estableció su propia fábrica de fundición de hierro y, posteriormente, también una pequeña y efímera factoría dedicada a la fabricación de pañuelos de seda, llamada “La Constancia”.



Fuente: idehistoricamadrid.org (1900). Plano de Facundo Cañada. La fundición-casa de Francisco Lebrero aparece remarcada en azul, en el paseo de los Ocho Hilos.



Republicano progresista (Primera República Española), partidario de Manuel Ruiz Zorrilla, Lebrero fue muy activo a lo largo de su vida en el desempeño de sus cargos en el comité que este partido había formado en el barrio del Puente de Toledo.



Fotografías: M.R.Giménez (2019). Portal actual del edificio de Francisco Lebrero. En sus laterales puede apreciarse aún el dibujo de las siglas FL entrelazadas.


En el año 1884 Francisco Lebrero encargó, al maestro de obras Lucas Raboso López, los planos para la construcción de un edificio que ocuparía una parte del solar situado en el paseo de los Ocho Hilos, número 6, al lado de la Puerta de Toledo. El inmueble tendría dos espacios habilitados para el comercio en su planta baja y dos pisos destinados a viviendas, más buhardilla. Dos años después, mientras se ejecutaban las obras, el arquitecto Luis Sanz Trompeta realizó un nuevo proyecto añadiendo una nueva planta, que sería desestimada con posterioridad.


Fotografía: M.R.Giménez (2019). Detalle de la rejería de los balcones.


El edificio, construido por completo con estructura metálica, tiene una preciosa fachada estilo neomudéjar de ladrillo visto acompañada por vistosa rejería con adornos vegetales, además de pequeñas columnas en balcones y ventanas. Pero destaca, sobre todo, la parte central de su zaguán en donde se encuentran situados un reloj y una veleta, en hierro galvanizado, que aún conserva las iniciales del propietario del edificio (FL).



Fotografía: M.R.Giménez (2019). Detalle del reloj y la veleta del edificio, con las siglas de Francisco Lebrero pintadas en blanco.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) la zona de los alrededores de la Puerta de Toledo resultó muy dañada por continuos los bombardeos. Al finalizar la contienda se construirían nuevas viviendas en la parcela que fue la fábrica de fundición. El edificio de Francisco Lebrero fue reedificado, respetando la bonita fachada del antiguo y la barandilla de la escalera interior.



Entre las muchas obras en las que intervino la “Fábrica de fundición de hierro de Francisco Lebrero”, heredada por su hijo Eugenio Lebrero en el año 1908, destacaron las realizadas para el Palacio de La Equitativa, la Escuela de Minas o el quiosco de la música de la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.


Fuentes:

bdh-rd.bne.es
coam.org
hemerotecadigital.bne.es
idehistoricamadrid.org
prensahistorica.mcu.es

lunes, 9 de septiembre de 2019

LA CURIOSA HISTORIA DEL PERRO PACO.

Habrá que viajar hasta el Madrid de finales del siglo XIX para conocer la historia de Paco: un simpático perro bonachón, seductor, listo como ningún otro y tan independiente que nunca consintió tener dueño alguno.












El animal paseaba a sus anchas por la Puerta del Sol, la calle de Alcalá o El Retiro, siendo saludado a su paso como un vecino más de la ciudad. Tenía siempre la cena pagada en el entonces célebre Café de Fornos y no se privaba jamás de asistir a todos los espectáculos y eventos que tenían lugar en Madrid.



El Perro Paco se merecía un homenaje. Fue tan famoso que sería recordado durante muchos años, después de su desaparición, y su memoria no puede caer en el olvido. Ese ha sido el motivo para la realización de este bonito y conmovedor vídeo que hoy cuenta Antiguos Cafés de Madrid.





Más información sobre el Perro Paco en el blog de “Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa”:
 








Muchas gracias por seguir el canal de YouTube https://www.youtube.com/channel/UCCmQb2UTq-TNbf8Y8n7n6_w



jueves, 22 de agosto de 2019

DOÑA MARIQUITA, CHOCOLATES Y BIZCOCHOS.

La historia de la chocolatería de Doña Mariquita, quizá la más famosa que tuvo Madrid, fue tan dilatada en el tiempo como olvidada hoy.



Cuando la ciudad contaba con doscientos mil habitantes, todas sus casas y calles cabían en una maqueta, el bandolero incruento Luis Candelas ya era prófugo y el absolutista Fernando VII mandaba en los destinos del país, es decir en el año 1828, Doña Mariquita instaló su establecimiento de refrescos, bizcochos y chocolates en la calle de Alcalá de Madrid.


Fotografía: M.R.Giménez (2015). Maqueta de León Gil de Palacio. Madrid en el año 1830.

Parece que Mariquita, valenciana de origen, tuvo siempre una especial maestría a la hora de preparar sus elegantes jícaras de chocolate, acompañadas de los dulces bolados o azucarillos; pero también dominaba la elaboración de los mejores mojicones de Madrid, para las meriendas ofrecidas a sus amistades. Fueron ellas quienes la animarían a abrir un negocio al público.

Fuente: ceres.mcu.es

Era, pues, el año 1828 cuando Doña Mariquita instaló su famosa chocolatería en el número 10 de la calle de Alcalá, junto a la Puerta del Sol.


Fuente: fotografía izquierda, hemerotecadigital.bne.es (1916). Fotografía derecha, M.R.Giménez (2019). La casa número 10 de la calle de Alcalá, donde estuvo situada la chocolatería de Doña Mariquita y el edificio que la reemplazó.


La fama del local, céntricamente situado, era cada vez mayor. Todo Madrid, desde la aristocracia hasta los forasteros, pasando por escritores y políticos, visitaban la tienda del rico chocolate y los ya famosos bizcochos de Mallorca (que pasaron a llamarse “mojicones” por los tortazos que se repartían los clientes para conseguirlos), cuya insuperable receta era guardada como un gran secreto familiar.



El local, de doscientos cincuenta metros cuadrados, tenía un pequeño salón siempre lleno de público y dos sótanos. Allí mismo estaba la cocina en la que se preparaban las consumiciones. Sobre su fachada de madera aparecía el rótulo que daba nombre al establecimiento, “Da. Mariquita”, y los productos a la venta.



A media tarde o a la salida de los teatros era frecuente que una multitud de clientes fueran a Doña Mariquita, que mantenía su local abierto hasta altas horas de la noche; pero en el año 1866 el conde de Cheste (Juan de la Pezuela), capitán general de Madrid, había dispuesto que la una de la madrugada era la hora en que se debía cerrar este tipo de establecimientos y no dudaba en vigilar, por sí mismo, el cumplimiento de su normativa.



Una noche de domingo del mes de septiembre Pezuela comprobó que el local estaba abierto, a pesar de haber pasado con mucho la hora de cierre. Entró en el salón y encontró en él a varios hombres importantes de la diplomacia y la política saboreando las delicias del lugar. El capitán, cortésmente, se dirigió a los presentes para recordarles las órdenes del cierre de los establecimientos e impuso una multa de dos mil reales a su dueña. A pesar de los ruegos de las personas importantes, la sanción tuvo que ser abonada.



Doña Mariquita falleció el día 16 de agosto de 1870 y muchos fueron los periódicos que dieron la noticia, más ocupados en informar respecto a si la famosa receta de los ricos bizcochos había sido transmitida a su única hija, heredera del establecimiento, que en reseñar otros datos de la famosa chocolatera.



El negocio continuaría adelante renovando el local y añadiendo nuevos productos a su menú, en competencia con los famosos cafés de la Puerta del Sol y de la propia calle de Alcalá, hasta que en el año 1926 se traspasó el establecimiento.



Los nuevos dueños dedicaron preferente atención a las especialidades de la casa: chocolates, mojicones, vinos, refrescos y exquisitos licores. El nuevo y renovado local de Doña Mariquita también ofrecía los novedosos cock-tails a la hora del aperitivo, servidos por un barman que enseñaba como realizarlos.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1928). El local de Doña Mariquita, tras la reforma.

En el año 1930 la oferta del negocio se incrementó con las comidas rápidas para quienes no tuvieran tiempo de ir a casa. Los llamados “lunchs” se componían de consomé, huevos, fiambres, emparedados, chocolate o café con mojicón por el precio de dos, tres o cuatro pesetas, dependiendo de la elección. Cuatro años después Doña Mariquita ya era restaurante, bar, pastelería y despachaba fiambres.


Fuente: madridciudadaniaypatrimonio.org (1942). Edificio del Banco Zaragozano que reemplazó la casa del nº 10 de la calle de Alcalá.

La casa del número 10 de la calle de Alcalá, que además de la famosa chocolatería era el emplazamiento de varias casas regionales, caería bajo la piqueta en el mes de diciembre de 1935. En su lugar se levantó el edificio estilo Art Déco del Banco Zaragozano, posteriormente propiedad de otras entidades bancarias, que en la actualidad es uno de los afectados por la denominada “Operación Canalejas”.




Fuentes:

ceres.mcu.es
hemeroteca.abc.es
hemerotecadigital.bne.es
madridciudadaniaypatrimonio.org
Papel y tinta” novela de María Reig.