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viernes, 22 de noviembre de 2019

EL CASINO DE LA REINA.

Cuatro años después de la finalización de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814) el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien regalar a Isabel de Braganza, esposa del absolutista Fernando VII, una pequeña y elegante casa de campo a las afueras de Madrid. Así, en lo que entonces se denominaba la “Huerta del Bayo”, propiedad del catedrático Francisco del Bayo y situada junto a lo que hoy es la Ronda de Toledo, se construyó el Casino de la Reina Nuestra Señora. 


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org. (1875). Plano de Carlos Ibáñez Íbero en el que se dibuja el Casino de la Reina, situado entre las calles de Embajadores, ronda de Toledo y Ribera de Curtidores, aún sin concluir.


Sería el año de 1818 cuando, una vez rematadas las obras de esta finca de recreo situada en una de las zonas más menesterosas de Madrid, le vino a ser entregada a su nueva propietaria para su uso y disfrute. Pocos meses después Isabel de Braganza falleció, pasando el regalo municipal a manos de su real esposo, Fernando VII.
 
Los altos muros que cercaban el Casino de la Reina tenían su puerta principal de acceso en la Ronda de Embajadores (hoy de Toledo). Realizada en hierro, granito y piedra caliza estaba decorada por dos pares de columnas dóricas, situadas a cada uno de sus lados, conjunto que se remataba por las esculturas de sendas parejas de niños sujetando un jarrón. Esta puerta fue posteriormente desmontada e instalada como acceso a los Jardines del Buen Retiro, en lo que hoy es la Puerta de la Independencia, donde aún se puede contemplar.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es y memoriademadrid.es. A la izquierda la puerta del Casino de la Reina, en la ronda de Toledo. A la derecha la misma puerta en 1911, ya en su emplazamiento actual en El Retiro.


Tras cruzar la entrada al Casino se llegaba al extenso jardín diseñado sobre un terreno irregular. En él se había plantado una multitud de árboles diferentes, entre parterres de flores y grupos escultóricos, que formaban frondosos paseos con bancos para el descanso. En la parte más cercana a la calle de Embajadores se instaló una ría navegable, con su isleta y un puente chinesco de piedra. Dos estufas o invernaderos, una gruta artificial, fuentes y un cenador protegido por un enorme emparrado, eran algunos de los caprichos que esta finca contenía.


Fuente: memoriademadrid (1972). Restos del jardín del Casino de la Reina, hoy desaparecidos.


Una escalinata daba acceso al palacete neoclásico, situado al norte del recinto, edificio que hoy continúa en su mismo emplazamiento. Sus dos plantas y buhardillas fueron diseñados por el arquitecto Antonio López Aguado.


Fuente: man.es. Fotografía derecha: M.R.Giménez (2018). El palacete del Casino de la Reina al ser inaugurado y en la actualidad.


La decoración interior de este pequeño palacete era suntuosa. Su salón principal estaba recorrido por un zócalo de mármoles y en su techo se representó la “Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid” por el pintor Vicente López Portaña.


Fuente: es.wikipedia.org. Fragmento de la "Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid".


Ningún elemento de diversión faltaba en esta singular casa de campo que, ya en los primeros años sesenta del siglo XIX, sólo se utilizaba para recepciones oficiales. Su propiedad pasaría a manos del Estado y no del Ayuntamiento de Madrid, quien había costeado los gastos de su edificación. 

Poco a poco el Casino de la Reina sería desmantelado, utilizando su terreno y edificio para nuevos usos.  

El día 18 de marzo de 1867 se inauguró, de manera provisional, el nuevo Museo Nacional Arqueológico en lo que fuera palacete del Casino, ya sin la magnífica pintura de Vicente López, previamente trasladada al Museo del Prado. El Arqueológico contaba, entre otras secciones, con una importante colección numismática de ciento cincuenta mil piezas y tenía su entrada por la calle de Embajadores, número 68, abriendo al público los sábados de diez de la mañana a tres de la tarde. (Desde el año 1892 el Arqueológico ocupa su actual emplazamiento, en la calle de Serrano, número 13).


Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Inauguración del Museo Arqueológico en el Casino.
 

Sobre los terrenos que ocupaba la ría navegable y el invernadero grande se construyó en el año 1881 la Escuela de Veterinaria. El edificio de estilo neomudéjar, diseñado por el arquitecto Francisco Jareño Alarcón, mantuvo su actividad hasta el año 1958, fecha en la que pasaría a la Ciudad Universitaria como Facultad de Veterinaria. El viejo edificio, tras una gran remodelación, se convertiría en el “Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes” en 1960. 



Fuente: veterinaria.ucm.es (1891). Edificio de la antigua Escuela de Veterinaria, hoy I.E.S. Cervantes.


La zona que circundaba el terreno correspondiente al Casino de la Reina comenzaría a ser urbanizada, alargando la Rivera de Curtidores y comunicando los barrios de la Huerta del Bayo con el de Peñuelas, durante la década de los años setenta del siglo XIX. 

Para mitigar, en la medida de lo posible, la precariedad de sus habitantes, así como la falta de centros educativos en esta zona de Madrid, se eligió la parte oeste del terreno del Casino para albergar el “Grupo Escolar Príncipe de Asturias” (hoy C.E.I.P. “Santa María”), que sería inaugurado en el año 1916, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Aneja al colegio, también ocupó lo que fueron jardines del Casino la Escuela de Magisterio “Santa María” de la Universidad Autónoma de Madrid, hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. 


Fotografía: M.R.Giménez (2019). Hoy el C.E.I.P. Santa María fue el antiguo Grupo Escolar Príncipe de Asturias.


Mucho ha cambiado el Casino de la Reina a día de hoy. Los magníficos árboles y aquellos parterres de flores desaparecieron en pos de las construcciones descritas y de algunas más. Sus bancos y fuentes pasaron a mejor vida hace más de cien años, dejando en su lugar un anodino parque que hoy en nada recuerda lo que aquel sitio fue. El palacete, milagrosamente salvado de la piqueta, es hoy un centro social para el barrio. 



Fuentes: 

bibliotecavirtualmadrid.org 
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es 
man.es 
memoriademadrid.es 
veterinaria.ucm.es

miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL PASEO DE LOS OCHO HILOS y FRANCISCO LEBRERO.

Hasta el día 7 de noviembre de 1902, el tramo de la calle de Toledo comprendido entre las glorietas de la Puerta de Toledo y de Pirámides era conocido con el nombre de Paseo de los Ocho Hilos.

Fuente: bdh-rd.bne.es (1924). Tras el Puente de Toledo aparece el paseo de los Ocho Hilos, con sus árboles, que llegaba hasta la Puerta de Toledo.

Esta bonita denominación surgió por las ocho hileras de árboles plantados en sus laterales (cuatro a cada lado), allá por los años cincuenta del siglo XIX, cuando el denominado “Plan Castro”, del urbanista y arquitecto Carlos María de Castro, propuso y realizó el trazado para el ensanche de Madrid.

El derribo de la Cerca de Felipe IV, en el año 1868, expandió la ciudad que por entonces contaba con trescientos mil habitantes, muchos de ellos instalados ya a extramuros en infraviviendas rodeadas de numerosas fábricas, talleres y vaquerías. Los nuevos barrios creados, como el del Puente de Toledo en el distrito de La Latina (hoy de la Arganzuela), verían construir bonitos edificios como el que fue propiedad de Francisco Lebrero.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). La casa que fue de Francisco Lebrero.

El madrileño Francisco Lebrero Alonso (1842-1918) había trabajado desde niño como aprendiz en varias fábricas de fundición de metales, hasta que a mediados de los años setenta del siglo XIX logró montar taller propio, con su socio Juan Bou, en la desaparecida calle del Arroyo de Embajadores, número 27, que corría paralela al paseo de las Acacias.

Parece que la sociedad fue un negocio tan rentable que, en el año 1878, permitió a Lebrero adquirir un solar en el paseo de los Ocho Hilos, número 6 (hoy calle de Toledo, nº 122), donde estableció su propia fábrica de fundición de hierro y, posteriormente, también una pequeña y efímera factoría dedicada a la fabricación de pañuelos de seda, llamada “La Constancia”.

Fuente: idehistoricamadrid.org (1900). Plano de Facundo Cañada. La fundición-casa de Francisco Lebrero aparece remarcada en azul, en el paseo de los Ocho Hilos.

Republicano progresista (Primera República Española), partidario de Manuel Ruiz Zorrilla, Lebrero fue muy activo a lo largo de su vida en el desempeño de sus cargos en el comité que este partido había formado en el barrio del Puente de Toledo.

Fotografías: M.R.Giménez (2019). Portal actual del edificio de Francisco Lebrero. En sus laterales puede apreciarse aún el dibujo de las siglas FL entrelazadas.

En el año 1884 Francisco Lebrero encargó, al maestro de obras Lucas Raboso López, los planos para la construcción de un edificio que ocuparía una parte del solar situado en el paseo de los Ocho Hilos, número 6, al lado de la Puerta de Toledo. El inmueble tendría dos espacios habilitados para el comercio en su planta baja y dos pisos destinados a viviendas, más buhardilla. Dos años después, mientras se ejecutaban las obras, el arquitecto Luis Sanz Trompeta realizó un nuevo proyecto añadiendo una nueva planta, que sería desestimada con posterioridad.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). Detalle de la rejería de los balcones.

El edificio, construido por completo con estructura metálica, tiene una preciosa fachada estilo neomudéjar de ladrillo visto acompañada por vistosa rejería con adornos vegetales, además de pequeñas columnas en balcones y ventanas. Pero destaca, sobre todo, la parte central de su zaguán en donde se encuentran situados un reloj y una veleta, en hierro galvanizado, que aún conserva las iniciales del propietario del edificio (FL).

Fotografía: M.R.Giménez (2019). Detalle del reloj y la veleta del edificio, con las siglas de Francisco Lebrero pintadas en blanco.
 
Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) la zona de los alrededores de la Puerta de Toledo resultó muy dañada por continuos los bombardeos. Al finalizar la contienda se construirían nuevas viviendas en la parcela que fue la fábrica de fundición. El edificio de Francisco Lebrero fue reedificado, respetando la bonita fachada del antiguo y la barandilla de la escalera interior.

Entre las muchas obras en las que intervino la “Fábrica de fundición de hierro de Francisco Lebrero”, heredada por su hijo Eugenio Lebrero en el año 1908, destacaron las realizadas para el Palacio de La Equitativa, la Escuela de Minas o el quiosco de la música de la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.

 

Fuentes:

bdh-rd.bne.es
coam.org
hemerotecadigital.bne.es
idehistoricamadrid.org
prensahistorica.mcu.es