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Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Civil Española. Mostrar todas las entradas
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lunes, 7 de marzo de 2016

MARUXA Y CORALIA.

Me topé con ellas en la rúa do Vilar de Santiago de Compostela (La Coruña). Estaba nublado. Era el año 1972.


Fotografía: Manuel Chamorro (2014).
Escultura de César Lombera en Santiago de Compostela.



Un alboroto surgió de repente: voces chillonas, risas de jóvenes arremolinados junto a quienes intentaban avanzar con dificultad para continuar su camino. 

Entonces las vi.

Eran dos mujeres frágiles, con la mirada perdida en un punto lejano, casi acostumbradas al espectáculo que se congregaba en torno a ellas. Una, la menor en estatura, accionaba a penas su antebrazo izquierdo como defensa para abrirse camino entre el gentío. La otra, más alta y con una larga melena teñida de oscuro, en silencio, esperando la oportunidad para reanudar el paseo.

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Alguien me dijo que eran las locas de Santiago. Dos mujeres fuertemente agarradas del brazo, vestidas con vivos colores, maquilladas hasta la exageración. Bocas desdentadas, extrema delgadez, facciones angulosas al límite. Solas, aisladas en su mundo irisado del que parecían no desear que nadie más participase. 

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Maruxa y Coralia Fandiño Ricart eran hermanas y modistas. Habían nacido en el seno de una numerosa familia obrera compostelana. 

Desde que en el año 1925 la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) abrió su sede en la ciudad, tres de los hermanos Fandiño Ricart: Alfonso, Antonio y Manuel, llevados por sus ideas anarquistas, ocuparon puestos de relevancia en esta organización. Pero comenzó la Guerra Civil Española (1936-1939) y Galicia se convertiría desde el principio en una zona controlada por el bando franquista. La persecución y el exterminio metódico de todos aquellos que se mantenían fieles a la República dio comienzo y, como tantos miles, los hermanos Fandiño tuvieron que huir y ocultarse para no sufrir las represalias.

Entonces empezaron los interrogatorios, los sistemáticos registros a cualquier hora del día y de la noche en las casas de los fugitivos, el destrozo de sus bienes, las detenciones y las vejaciones a las mujeres de las familias de los que huyeron, por parte de las brigadas falangistas, con el fin de averiguar su paradero. Maruxa y Coralia sufrieron todo tipo de maltratos y humillaciones durante el período de la Guerra Civil y en los años posteriores.

Los encargos para la confección de prendas, único medio de vida de las hermanas, desaparecieron. Nadie se atrevía a tener relación con ellas por miedo a ser considerado “rojo” y “comunista”, nombres con los que despectivamente se calificaba a quienes no acataban las normas impuestas por el fascismo.

Fuente: Fotografía de Luis Carré. Revista "Viajar" (1978)

Las hermanas, siempre unidas, fueron deteriorándose poco a poco y su razón vino a instalarse en un lugar alejado del mundo real. Pero cada día, a las dos en punto de la tarde, salían a pasear por la zona vieja de Santiago de Compostela engalanadas con sus vestidos de colores y estridentes maquillajes. Silenciosas, andando con lentitud, miraban al frente intentando eludir al enjambre de individuos que se apiñaba a su alrededor profiriendo contra ellas mofas y escarnios mientras, con indolencia acostumbrada, sólo trataban de proseguir su camino.

Fuente: santiagoturismo.es (Aprox. década de los años 60).

En el año 1993 se les erigió como homenaje una escultura realizada por César Lombera, en el Parque de la Alameda de Santiago de Compostela (La Coruña).

Fotografía: Manuel Chamorro (2014)



DÍA 8 DE MARZO, TAMBIÉN CON EL RECUERDO PARA TODOS LOS SUFRIMIENTOS OLVIDADOS.



Fuentes:

Elpais.com
Santiagoturismo.es
Revista “Viajar”.

Agradecimiento especial para Manuel Chamorro, por las fotografías aportadas. 

lunes, 25 de enero de 2016

EL CAFÉ DE LA CASA DE LAS FLORES.

El barrio de Argüelles comenzó su planificación a mediados del siglo XIX, dentro del proyecto de Ensanche de Madrid planteado por el arquitecto Carlos María de Castro González. En una de sus parcelas, la situada entre las calles de Hilarión Eslava, Meléndez Valdés, Gaztambide y Rodríguez San Pedro vendría a construirse la Casa de Las Flores, entre los años 1930 y 1932, obra del arquitecto Secundino Zuazo Ugalde en colaboración con Miguel Fleischer. Este conjunto de edificios fue declarado monumento nacional en el año 1981 y marca un hito en la concepción de la arquitectura madrileña.


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Casa de las Flores, en la actualidad, desde la calle de la Princesa.

La primera construcción que ocupó la manzana donde posteriormente se ubicaría la Casa de Las Flores fue el campo deportivo de la Sociedad Gimnástica Española, club al que se concedió el título de Real en el año 1916. Se trataba de un pequeño estadio que servía para la celebración de diversas competiciones deportivas como béisbol, atletismo, gimnasia, boxeo y, sobre todo, fútbol. Fue inaugurado en el mes de abril 1913 y tenía su entrada por la calle de Rodríguez San Pedro, esquina con la de la Princesa.

Fuente: idehistoricamadrid.org (1927).
Fotografía aérea del barrio de Argüelles en la que se aprecia el campo deportivo.

Este recinto se encontraba frente a la casa donde vivió y falleció el escritor Benito Pérez Galdós (c/ Hilarión Eslava, número 7).

En el mes de mayo de 1922 la Real Sociedad Gimnástica Española inauguró su nuevo campo deportivo en la calle Diego de León.

Fuente: Diario ABC.(1913 y 1920)
En la fotografía de la izquierda se ve la casa de lo que fue la Hospedería de Jóvenes Obreras, en la calle de Gaztambide, nº 12, actual.
La fotografía de la derecha, señalada, la casa donde vivió Benito Pérez Galdós.

A lo largo del mes de octubre de 1930 dio comienzo la edificación de la Casa de las Flores, distribuida en dos cuerpos paralelos de cinco casas cada uno en dirección Norte-Sur, separados por un jardín. FOCSA, la empresa propietaria, lo era también de la fábrica de cerámica San Antonio que, para su propaganda, puso a disposición del arquitecto Zuazo cuanto quiso utilizar de ese material. Así el conjunto de los edificios mantiene sus sencillas fachadas en ladrillo visto, las cubiertas en baldosín y los interiores en terrazo, baldosa hidráulica y diversos tipos de cerámica.

A diferencia de las construcciones madrileñas, que utilizaban sillares de granito para los zócalos, la Casa de Las Flores lleva el ladrillo visto de sus fachadas hasta el borde de la acera.

Ocho de sus diez casas cuentan con seis alturas (vistas desde el exterior), distribuidas en planta baja (con sótano) y cinco pisos con cuatro viviendas, cada uno. Todas están dotadas de ascensor, desde su construcción. En el edificio también se instalaron lavaderos y tendederos de ropa, para uso de la comunidad. 

Fuente: B.N.E. (1933)
La Casa de las Flores, con su Café cervecería, al poco tiempo de ser inaugurada.

El total de las viviendas construidas en la manzana fue de doscientas ochenta y ocho, que tenían cuatro o cinco habitaciones en origen, además de cocina, baño, aseo, despensa, fresquera y calefacción. En el año 1932 cada cuarto (vivienda) correspondiente a las calles Rodríguez San Pedro, Hilarión Eslava y Meléndez Valdés tenía un precio de alquiler a partir de 180 pesetas mensuales, según tamaño. Eran pisos funcionales, admirablemente ventilados y muy bien iluminados en su conjunto, arquitectónicamente enclavados en el racionalismo madrileño.

La construcción del total de los diez edificios ubicados en esta manzana tuvo un importe de seis millones noventa y cinco mil ciento cuarenta pesetas con ochenta y cuatro céntimos.

Fuente: B.N.E. (1933) y fotografía: M.R.Giménez (2015).
Jardín interior de la Casa de las Flores y su pérgola, visto desde la calle de Rodríguez San Pedro.

La Casa de las Flores contaba con diecisiete locales destinados al comercio y en uno de ellos, ubicado en la esquina de las calles Rodríguez San Pedro con Hilarión Eslava, vino a instalarse el Café cervecería Las Flores en el año 1932.

Fuente: mmn-arquitectos.com (1935).
Fachada del Café cervecería Las Flores, con acceso por el soportal situado entre las calles de Rodríguez San Pedro e Hilarión Eslava.

La calle de Rodríguez San Pedro, en sus esquinas con las de Hilarión Eslava y de Gaztambide, formaba unas arcadas que servían de fachada a los soportales, que antes se encontraban al aire libre, y por los que se accedía a los locales allí instalados.

Fuente: B.N.E. (1935) y fotografía de M.R.Giménez (2015)
La terraza, en los soportales, del Café cervecería Las Flores. El mismo lugar hoy ocupado por una entidad bancaria.

El acceso al café Las Flores estaba situado dentro de la arcada, que hacía las veces de terraza cubierta por el soportal, en la calle de Hilarión Eslava. Una puerta giratoria daba entrada a varios ambientes bien diferenciados: un primer salón con divanes tapizados; a continuación la zona del mostrador, rodeado de pequeñas mesas con mármol en la superficie y sillas de madera; por último la parte más interior con un patio cubierto por cristales.


Fuente: dadum.unav.edu y B.N.E.
Interior del Café cervecería Las Flores, con sus tres ambientes diferenciados y luminosos.

Techos altos y luz directa proveniente de distintos ventanales y del techo acristalado, dotaban a este café de una gran luminosidad natural.

Es muy posible que un cliente habitual del Café Las Flores fuera Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda, el poeta chileno y premio Nobel que vivió en el quinto piso de la Casa de las Flores (posiblemente en la casa correspondiente al hoy número 72 -antes 66- de la calle Rodríguez San Pedro). 


Fuente: pinterest.com (Guerra Civil Española)
La Casa de las Flores, con la fachada correspondiente al Café cervecería, bombardeada durante la Guerra Civil.

La Casa de las Flores, la vivienda de Pablo Neruda y gran parte del barrio de Argüelles, al igual que casi todo Madrid, fueron bombardeados minuciosa y violentamente durante la Guerra Civil Española (1936-1939), por las tropas fascistas y sublevadas de Franco.

Los edificios de la manzana de Las Flores fueron reconstruidos a principios de la década de los años cuarenta, una vez terminado el conflicto. 

El café cervecería cerró definitivamente al quedar destrozado por los bombardeos y en su lugar se instaló, durante pocos años, una delegación del Instituto Nacional de Previsión. En la década de los cincuenta el local fue convertido en una sucursal bancaria, y así continúa en la actualidad. 








Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Prensahistorica.mcu.es
Idehistoricamadrid.org
Pares.mcu.es
Hemeroteca ABC
Pinterest.com
Dadun.unav.edu
“Neruda. El príncipe de los poetas” Mario Amorós.
“Confieso que he vivido” Pablo Neruda.
Es.wikipedia.org

lunes, 5 de octubre de 2015

JAUJA, BAR-RESTAURANTE AMERICANO.

Esta entrada del blog Antiguos cafés de Madrid y otras cosas de la Villa está dedicada a la memoria de Rosario González Truchado: “La chica más guapa de la plaza del Callao”.


La muy antigua calle de los Peligros, situada entre la de Alcalá y la Gran Vía de Madrid, siempre mantuvo su nombre original a pesar de los diversos añadidos que le han acompañado a lo largo del tiempo. Conocida hoy oficialmente como Virgen de los Peligros, ya en el plano de Pedro Texeira (1656) aparece como “de los Peligros” y años más tarde fue renombrada como “Angosta de Peligros” para diferenciarla de la “Ancha” (que desde 1849 vendría a conocerse como calle de Sevilla). 

Pasando el tiempo, dicha calle también perdió el apéndice de “angosta” para, desde el año 1865, llamarse únicamente “de Peligros” o nombre con el que ha quedado ya en la memoria de todos, aunque una última disposición municipal del año 1954 vino a anteponer a su nombre el de “Virgen de”, figurando así desde entonces.

Fuente: Todocoleccion.net (1928).
Calle de Peligros, como se la llamaba entonces.

La de Peligros era una calle muy estrecha que comenzaría su ensanche en el año 1804 y fue una de las elegidas para probar la instalación de un pavimento de madera, obra que daría comienzo en el mes de septiembre de 1843. Los grandes inconvenientes de este entarugado, propiciando resbalones y caídas de viandantes y caballerías al deformarse los troncos con la lluvia, forzaron a que se reemplazase por piedra tan sólo cinco años después de su instalación.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Calle de la Virgen de los Peligros, en la actualidad.

En el número 9 de esta muy comercial y transitada calle de los Peligros vino a abrir el bar-restaurante Jauja, en el que a cualquier hora el cubierto estaba a disposición del cliente y con económicos precios.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936)
Puerta de acceso al bar-restaurante americano Jauja, su portero y una de sus camareras.

Jauja fue inaugurado en los primeros días del mes de abril de 1936 como bar-restaurante americano. El cinematógrafo, por entonces, había puesto de moda la norteamericanización de las actividades y comer mirando al reloj. Es por ello que este moderno negocio se planteó para satisfacer las necesidades de empleados, negociantes y artistas que precisaban comer de forma rápida, aunque bien condimentada. Su lema, escrito sobre un frente del local, decía: Buen servicio, elegancia, economía y rapidez. El menú consistía en dos platos a elegir, pan, jarrita de vino de Rioja y postre, al precio de 4 pesetas. Jauja también contaba con un servicio a domicilio que, en quince minutos, transportaba los pedidos en una camioneta propiedad del negocio.

Además de los comedores y de un bar quick-lunch (para comida rápida), el local también disponía de instalaciones para servir y comprar café de la marca “La paz azucarera”, repostería, fiambres y helados americanos.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936).
Despacho de café "La paz azucarera" instalado en el mismo local.

El diseño del flamante bar-restaurante Jauja fue realizado por los arquitectos Saturnino Ulargui, Sáez de Vicuña e Izaguirre, que utilizaron con profusión en el mostrador, las columnas y los zócalos del local un material decorativo e inalterable que sustituye al mármol, al cristal y a la madera: “Formica” (plástico inventado en el año 1912). Los colores blanco, rojo, negro y verde antique de este material se combinaron de forma elegante, aunque un poco atrevida.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936).
La moderna barra del Jauja forrada de Formica.

En las paredes y los techos predominaban los tonos suaves. El pintor Mariano del Barrio combinó el óleo y el esmalte en diversos tonos verdes, blancos, rojos y grises que, compaginados con escayolas, dotaban al local de una perfecta armonía.

Para dar una mayor perspectiva se instaló un techo de figura difícil en su ejecución, además de luz indirecta en todo el recinto.

La aireación del Jauja se realizaba de forma natural basándose en la diferencia de temperatura de sus dos fachadas (en las calles de Peligros y Jardines) con diferente orientación. Este curioso sistema se ejecutaba por medio de la apertura de ranuras en los muros, a diferentes niveles, en armonía con las temperaturas extremas del clima, lográndose una traslación lenta de uno a otro lado por capas horizontales. De esta forma el aire se renovaba por completo de manera continuada sin gasto mecánico, pérdida de calor ni corriente.

El Jauja también contaba con música ambiental, procedente de las emisiones de la radio, sin demasiadas resonancias para facilitar la conversación de su clientela. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Edificio donde estuvo situado el bar-restaurante Jauja, en la actualidad.

Como remate del escenario cinematográfico que se quería representar en su ambiente, el Jauja había contratado los servicios de un portero de raza negra para su entrada. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Puerta de acceso de lo que fue el bar-restaurante Jauja, con sus fachadas a las calles de Peligros y Jardines.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el bar-restaurante Jauja fue administrado, como tantos otros negocios, por un Comité de Explotación formado por sus propios trabajadores. En el mes de abril de 1937 dicho Comité recaudó la cantidad de 5.000 pesetas, que haría entrega a la Junta Delegada para la Defensa de Madrid. 

En la actualidad, y tras pasar por varios negocios, el número 9 de la calle de la Virgen de los Peligros se ha convertido en un supermercado de alimentación.







Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemerotecadigital.bne.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Todocoleccion.net
Es.wikipedia.org

jueves, 2 de julio de 2015

EL BAR FLOR DE LA PUERTA DEL SOL.

La nueva Puerta del Sol de Madrid, cuya transformación se produjo entre los años 1857 y 1862, dio paso de inmediato a la instalación de numerosos establecimientos que ocuparon sus nada baratos locales. Como se sabe un gran número de cafés, hoteles y todo tipo de negocios abrirían aquí sus puertas compitiendo en lujo, confor e higiene. Pero también hubo bares, menos distinguidos que los cafés aunque tan importantes como ellos. Tal es el caso del Bar Flor, situado en lo que fue el número 14 (local que hoy corresponde con el nº 13) y que abrió al público en el año 1920.


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Puerta del Sol vista desde el mirador de lo que fue el Bar Flor. 

El local donde luego se instalaría el Bar Flor estuvo siempre ocupado por algún negocio desde que en el año 1861 se levantase el edificio donde se encuentra, propiedad del marqués de Manzanedo. Una academia de francés, las exposiciones de una fábrica de tejas (Sierra y Guisasola) o de un estudio fotografía (Manuel Alviach), la cervecería de Candela, que allí estuvo entre los años 1902 a 1917, fueron algunos de los comercios que en este lugar se ubicaron hasta que allí vino a instalarse el Bar Flor. 

Fuente: Charles Clifford (1862), Jean Laurent (1870), bdh.re.bne.es (1905) y Francesc Catalá Roca (1954).
El mismo local a lo largo del tiempo: Una academia de francés, una exposición de tejas, la Cervecería de Candela y el Bar Flor.

Jaime Rigo, Eduardo Carmona y Cía. inauguraron este bar de estilo modernista, que también era restaurant por cubierto y a la carta, el día 13 de septiembre de 1920, en la Puerta del Sol. Su magnífica decoración, con profuso empleo de mármol y bronce, corrió a cargo del escenógrafo e interiorista Salvador Alarma Tastás. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Fachada del Bar Flor, en su inauguración.

Todo el recinto estaba iluminado por lámparas de cristal tallado de originalísimo estilo, contaba con varios salones dotados de calefacción central y un mobiliario cómodo y rico.

Tras la puerta de acceso, sobre la que se encontraba una marquesina de mármol, había dos mostradores enfrentados: uno para el servicio del bar y el otro para la venta de pastelería, helados y fiambres.

El Flor disponía de las más modernas cámaras frigoríficas, hornos para pastelería mallorquina y maquinaria para la congelación de helados. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Mostrador del Bar Flor, en su inauguración.

Fue noticia en varios periódicos la donación del diez por ciento de lo vendido durante la semana ( correspondiente al día 28 de septiembre de 1921), que los propietarios del Bar Flor realizaron a la Cruz Roja con destino a los soldados de la Guerra de África (Desastre de Annual).

En el lateral derecho de su fachada estuvo instalado durante varios años un tablero en donde se escribían las noticias más relevantes del momento. Así, el público se apiñaba frente a la pizarra que en el establecimiento tiene “La Voz” y “El Sol” (periódicos) para conocer, por ejemplo, los detalles del recorrido del hidroavión “Plus Ultra” durante el mes de febrero de 1926.

La prensa también recogió el grave suceso acaecido el día 8 de febrero de 1928 cuando, a las 7,30 horas de la tarde, un gran trozo de mármol correspondiente a la cubierta de la entrada del Bar Flor cayó sobre numerosas personas que transitaban en ese momento por el número 14 del Puerta del Sol. Cinco heridos de diversa consideración y numerosos contusionados fue el balance del accidente. 

Fuente: Onis-online.blogspot.com (1931)
Fachada, modificada tras el accidente, del Bar Flor. A la derecha se aprecia la pizarra donde se escribían las noticias más destacadas de la prensa.

En el año 1929 llegó a Madrid el primer “Photomaton” que producía fotografías por máquina automática en ocho minutos, a un coste de 1,50 pesetas. El Bar Flor instalaría en su puerta, unos años más tarde, el primero de estos aparatos situado en la Puerta del Sol, cuando el mecanismo de este invento se redujo sustancialmente, ocupando solo el espacio de una pequeña cabina.

Durante la Guerra Civil Española el servicio del Flor continuó, animando a la clientela con llamativos anuncios de publicidad.

Fuente: ABC. (1938)
Anuncio para animar al consumo en el Bar Flor, durante la Guerra Civil Española.

Era el año 1941 cuando comenzó a editarse “La Codorniz” o La revista más audaz, para el lector más inteligente. Tuvo, entre otras sedes, una de sus primeras redacciones en la Puerta del Sol, justo encima del Bar Flor donde su director Miguel Mihura Álvarez y el dibujante Tono (Antonio Lara de Gavilán) discurrían las historias a contar en esta publicación.

El Bar Flor, como todos los cafés de la Puerta del Sol, fue entrando en decadencia. Durante los años sesenta del siglo pasado toda su ornamentación modernista había desaparecido, al igual que su servicio de pastelería, pasando a convertirse en un local para desayunos rápidos en la barra, tertulias subrepticias que comentaban los libros prohibidos por la dictadura imperante y lugar de encuentro disimulado para el furtivo mundo homosexual; todo ello amenizado por la música de una diminuta orquesta de señoritas pudorosamente ataviadas con falda larga y camisa rematada por un pequeño lazo negro en el cuello. 

En el año 1978 cerró el piso superior del Flor, desapareciendo su famoso mirador que mostraba todo lo que sucedía en la Puerta del Sol. Poco después el Bar Flor pasaría a la historia.






Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
Bdh-re.bne.es
Onis-online.blogspot.com.es
Madridciudadaniaypatrimonio.org
Es.wikipedia.org

lunes, 1 de junio de 2015

GRAN CAFÉ “SOCIAL” DE ORIENTE Y LA ESCUELA DE VALLECAS.

En la esquina de la calle de Atocha con la del Doctor Drumen de Madrid fue instalado uno de los cafés tan amplio y espacioso como olvidado en la historia. El Café de Oriente, que con el tiempo pasaría a ser conocido como el Gran Café Social de Oriente, acogería durante la década de los años veinte del siglo pasado a una de las más famosas tertulias de la Generación del 27, siendo también el punto de partida de la Escuela de Vallecas.


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Aquí estuvo el Café de Oriente, en la esquina entre las calles de Atocha y Doctor Drumen.


Con el nombre de Café de Oriente vino a inaugurarse este local el día 22 de junio de 1887 por la sociedad compuesta por el abogado, publicista y orador Manuel Zapatero García y el dueño del Hotel de Oriente de la calle del Arenal, José Rodríguez. 

El de Oriente era un café-restaurant tan espacioso que el día de su inauguración fue presentado a la prensa con una generosa cena para más de doscientos comensales. Elegante y lujoso, para ser de los instalados lejos del centro, poseía un hermoso mostrador de mármol, paredes cubiertas de espejos, adornos y pinturas en el techo semejantes a los de los cafés más céntricos y mejor decorados de Madrid. 

Este café fue escogido en numerosas ocasiones por los posibilistas de Emilio Castelar Ripoll y por los federales de Francisco Pi y Margall, durante las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XIX, para la celebración de banquetes con el fin de conmemorar la proclamación de la I República Española (1873-1874).

Fotografía: Jesús García Férriz (1929)
Glorieta de Atocha. La flecha indica la ubicación del Café Social de Oriente.

Se podría afirmar, sin ninguna duda, que la época de mayor importancia en este café tendría lugar en la década de los años veinte del siglo pasado, momento en el que será conocido como Gran Café “Social” de Oriente, gracias al pintor Rafael Pérez Barradas (1890-1929).

Fuente: Realacademiadebellasartesdesanfernando.com
Dibujo de Rafael Barradas sobre el Café Social de Oriente, realizado en los años veinte del siglo anterior.

Nada más llegar a Madrid, en el año 1919, Barradas comenzaría a frecuentar las famosas tertulias del Café de Pombo, donde entraría en contacto con los Novecentistas o Generación del 14 Rafael Cansinos-Assens y Ramón Gómez de la Serna, entre otros. También frecuentaría la Residencia de Estudiantes donde intimaría con Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca. Todos ellos serían asiduos al Café de Oriente, formando parte de la tertulia ultraísta denominada de “los alfareros”, dirigida por Barradas, y así llamada porque muchos de sus integrantes eran colaboradores de la entonces prestigiosa revista “Alfar”.

Fuente: En.wahooart.com.
Dibujo de un parroquiano del Café Social de Oriente, realizado por Rafael Barradas en la década de los años veinte del siglo pasado. 

Se puede decir que, en Madrid, el Ultraísmo (movimiento vanguardista en oposición al modernismo) tenía su sede en el Café Social de Oriente de la calle de Atocha. Allí aparece, en el año 1922, el pintor y sobre todo escultor Alberto Sánchez Pérez “Alberto” (1895-1962) incorporándose de inmediato a la tertulia.

Fuente: Museoreinasofia.es (1924)
Dibujo de Alberto Sánchez "Alberto" reflejando el ambiente del Café Social de Oriente.

La producción de dibujos y pinturas centradas en este café, en los personajes asistentes a su tertulia y en la frenética vida moderna de quienes pasaban por la glorieta de Atocha a toda prisa, fue colosal. 

Fuente: chobojos.zoomblog.com (1924).
Retrato de Federico García Lorca realizado por Salvador Dalí en el Café Social de Oriente.

Será en el año 1927 cuando aparece la denominada Escuela de Vallecas, grupo de pintores, escultores, poetas, escritores vanguardistas y cuyos iniciadores fueron Alberto Sánchez Pérez, Pancho Lasso (Francisco Lasso Morales) y Benjamín Palencia. 

El nombre de Escuela de Vallecas aparece por vez primera en un escrito posterior de Alberto Sánchez. No se trataba de una academia de enseñanza ni de un movimiento artístico; la Escuela de Vallecas fue una vanguardista forma de mirar y reflejar lo observado en los campos de Castilla. El grupo realizaba los recorridos a pie partiendo desde el Café Social de Oriente, junto a la Puerta de Atocha.

Aquellos itinerarios se emprendían a diario, en invierno y verano, a partir de las tres y media de la tarde. Por la vía del tren o por caminos alternativos, al llegar a las cercanías de Villaverde Bajo (barrio situado al sur de Madrid), el colectivo solía dirigirse a Vallecas (barrio situado al sureste de Madrid) donde está ubicado el Cerro Almodóvar "al que bautizamos con el nombre de «Cerro Testigo», porque de ahí había de partir la nueva visión del arte español". 

Fotografía: Emilio Sánchez Martín (1999-2000).
Cerro Almodóvar, llamado "Cerro Testigo" por la Escuela de Vallecas.

Con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Francisco Lasso iban también escultores, poetas, escritores y estudiantes de arquitectura. Maruja Mallo (pintora), José Moreno Villa (escritor), Eduardo Yepes (escultor), Antonio Rodríguez Luna (pintor), Juan Manuel Díaz-Caneja (pintor), Federico García Lorca (poeta), Luis Castellanos (pintor), Rafael Alberti (poeta), Luis Felipe Vivanco (arquitecto y poeta), José Herrera Petere (escritor), Miguel Hernández (poeta) formarían parte, con mayor o menor intensidad, de los que deseaban llegar a descubrir la sobriedad y la sencillez que transmitían las tierras de Castilla, añadiendo a los áridos paisajes de Vallecas los de Vicálvaro, Valdemoro (cuando aún eran municipios independientes de Madrid capital) y las provincias de Guadalajara y Toledo.

Los años más productivos de la Escuela de Vallecas, entre 1930 y 1932, coincidieron con la llegada de la II República Española, momento de gran renovación cultural en todas sus formas de expresión. Es en estos años cuando aparecerán también las Misiones Pedagógicas (impulsadas por el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío), el Teatro del Pueblo (dirigido por Alejandro Casona) y La Barraca (coordinado y dirigido por Eduardo Ugarte y Federico García Lorca) con la finalidad de extender la cultura y las nuevas formas de expresión por todos los pueblos del país.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) este panorama intelectual cambió sustancialmente. A pesar de todo, el gobierno de la II República acudió a la Exposición Internacional de París, en el año 1937, instalando su propio pabellón para recabar el apoyo de los aliados contra la sublevación del ejército fascista. Pablo Ruiz Picasso presentaría allí su "Guernica" y Alberto Sánchez Pérez la escultura "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella". 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Escultura "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella" de Alberto Sánchez, situada en la puerta del Museo Reina Sofía de Madrid

Tras la Guerra Civil la Escuela de Vallecas intentó resurgir de sus cenizas, entre 1940 y 1942) mediante el impulso de Benjamín Palencia, ocultando todo vestigio de lo ocurrido en los años treinta y ocultando sobre todo a “Alberto” su máximo impulsor, que por entonces se encontraba exiliado en Moscú.

La historia del Café Social de Oriente se resumirá desde entonces. En el año 1938 formaría parte de las industrias socializadas (gestionadas por los trabajadores) y tras la Guerra Civil, perdería el sobrenombre de “Social” y pasaría a convertirse en un café de barrio. Cerró sus puertas a finales de los años sesenta del siglo pasado pasando a convertirse en sucesivos negocios de restauración, hasta la fecha.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Realacademiadebellasartesdesanfernando.com
“Aquellas tertulias de Madrid” Mariano Tudela.
“Rodríguez Luna, el pintor en el exilio republicano español” Miguel Cabañas Bravo.
“La influencia del Futurismo en España” Juan Agustín Mancebo Roca.
En.wahooart.com
Chobojos.zoomblog.com
Cervantesvirtual.com
“La Escuela de Vallecas mito y realidad” Ayuntamiento de Madrid.
Memoriademadrid.es
Museoreinasofia.es
Es.wikipedia.org
“Benjamín Palencia y el origen de la poética de Vallecas” Caja Castilla-La Mancha.

viernes, 10 de octubre de 2014

PASAPOGA, SALA DE FIESTAS.

Con exuberante decoración a base de pinturas murales, grandes columnas, cortinajes, mármoles, espejos y hasta 12 kilos de auténtico oro para recubrimiento de sus artesonados, abrió en la avenida de Pi y Margall, número 15 (hoy Gran Vía, 37) de Madrid el ostentoso Pasapoga, en los sótanos del cine Avenida.


Fotografía: M.R.Giménez (2007)


En un principio, la planta baja del cine Avenida (1928) había sido destinada a ser el salón de billar más grande de Madrid, siendo inaugurado en el mes de octubre de 1930 con el mismo nombre del cine. El recinto presumía de sus techos de siete metros de altura, medida inusual en cualquier negocio semejante, y refinadas mesas de absoluta precisión de marca Guarner. Este negocio no duraría más de un lustro, tal vez por la competencia de la cercana Sala de billares del cine Callao y sus treinta y dos mesas de juego.

El local quedó en desuso hasta que los socios Vicente Patuel, Julio Sánchez, Rafael Porres y Rafael García decidieron inaugurar una opulenta sala de fiestas en lo que fueron aquellos billares; su nombre, Pasapoga, sería el acrónimo formado por las dos primeras letras de los apellidos de sus cuatro propietarios.

Fuente: Fotografía de la izquierda, Newscom.com (1962). Foto de la derecha: M.R.Giménez (2007)
Dos aspectos del Cine Avenida y de la puerta del Pasapoga con casi medio siglo de diferencia.

Proyectado por el arquitecto Enrique Simonet Castro y decorado por Mariano García, el Pasapoga abrió sus puertas el día 20 de mayo de 1942, a las 10,30 horas de la noche, exigiendo rigurosa etiqueta. El local, con planta de herradura, estaba revestido de mármol blanco, negro y verde en el vestíbulo, la concha del bar, columnas, palcos, escalinatas y en las cuatro pistas de baile con las que contaba. 

Dos puertas de hierro con aplicaciones en metal daban acceso desde la calle al vestíbulo recubierto con mármol de colores. Otra puerta interior, también en hierro, marcaba el inicio de la alfombrada escalera que remataba sus pasamanos dorados con sendos candelabros monumentales.

Fuente: Fotografía de la izquierda, diariomadrid.net (1965). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014). Puerta de acceso a Pasapoga.

En el piso inferior se encontraba el mostrador del bar, tenía forma de medio óvalo con banquetas giratorias a su alrededor y contaba con la más moderna maquinaria para dispensar agua de seltz y café, funcionando indistintamente con gasolina o electricidad.

Fuente: memoriademadrid.es (1953)
Escalera de acceso y mostrador del bar en forma de medio óvalo rodeado por banquetas giratorias.

Mobiliario de estilo isabelino, enormes alfombras, arañas y aparatos eléctricos en bronce y cristal, pinturas murales y hasta un gran lienzo del pintor Ramón Stolz Viciano cuyo coste fue de 1.500.000 pesetas de la época, conformaban una fastuosa decoración en los dos pisos del Pasapoga que, junto a estucados y su recubrimiento en pan de oro, había tenido un presupuesto de 3.600.000 pesetas del año 1942.

Fuente: tesorosdelayer.com (1942).
Guardarropa decorado con muebles isabelinos y zona de la orquesta.

Para acceder a Pasapoga era necesario abonar una entrada que, en el año 1942, costaba entre 15 y 18 pesetas, respectivamente en horario de tarde y noche.

Es necesario señalar que tanto en Madrid como en el resto del país tras la Guerra Civil Española, el año en que fue inaugurado el lujoso Pasapoga (1942) fue denominado como “el año del hambre”. El exilio, las ejecuciones permanentes de los republicanos que habían perdido en el conflicto, las penas de cárcel, las muertes por inanición y enfermedad, la desnutrición, la falta de medicinas y de todo lo necesario para una vida digna chocaba frontalmente con el lujo exhibido en esta sala de fiestas, hasta el punto de ser prohibido por la dominante censura fascista del momento el siguiente párrafo del anuncio referido a la inauguración del local: "Como complemento de tanta fastuosidad y riqueza, los más elegantísimos trajes de noche y las más valiosas joyas, lucidas por bellísimas damas, que con su presencia dieron realce a esta memorable inauguración que perdurará en los anales del Madrid aristocrático como fiesta de gran tono” (Arriba- 21/5/1942).

Las cartillas de racionamiento de productos básicos, vigentes en la posguerra española entre los años 1939 y 1952, servían para distribuir entre la población los alimentos de primera necesidad, pero a todas luces insuficientes y de mala calidad. El hambre, la miseria y la enfermedad se cebó con los ciudadanos que debían, para más inri, ensalzar casi en cada esquina la figura del dictador Francisco Franco y máximo responsable de la catastrófica Guerra Civil Española y de la tremenda posguerra. 

Mientras el salario medio diario de un electricista era de 20’15 pesetas, el de un panadero 12,58 pesetas y el de una costurera 7’55 pesetas, un té con pastas acompañado de mermelada y mantequilla (productos inexistentes para la población) costaba 16 pesetas a la concurrencia aristocrática del Pasapoga. De esta manera los madrileños comenzaron a denominar a esta sala de fiestas el Pasa y paga, naturalmente de puertas afuera.

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
Entrada principal del Cine Avenida (que en su última etapa tuvo varias salas) y puerta de acceso de Pasapoga. Ambos locales ya estaban cerrados en el momento de tomar la fotografía.  

En el mes de septiembre de cada año Pasapoga inauguraba su temporada. Las orquestas más famosas hacían bailar a sus encopetados clientes que bebían coñac con sifón o gin-fizz, y eran capaces de abonar las 10 pesetas que costaba el paquete de tabaco americano obtenido en el mercado negro (estraperlo). Artistas como Josephine Baker, Juliette Grèco, Ava Gadner o Jorge Negrete eran asiduos, durante sus visitas en Madrid, a esta sala de fiestas en la que se presentaría una jovencísima Sarita Montiel cantando “Yo te diré” como única melodía de su repertorio.

Con el tiempo la opulenta sala Pasapoga fue superada por nuevas modas que propiciaron su decadencia paulatina. Tras los momentos de esplendor durante aquella larga posguerra, se acabaron las presentaciones de moda que las casas de alta costura realizaban en sus pistas de baile, al no contar con pasarelas apropiadas; terminaron las fastuosas fiestas privadas de empresas que alquilaban aquel marco incomparable de lujo, único en Madrid, así como los dispendiosos bailes de disfraces que la alta burguesía y la aristocracia triunfadoras de la Guerra Civil solían celebrar. El Pasapoga pasó a ser una más entre la multitud de las salas de fiestas que iban abriéndose en Madrid, más modernas y con precios asequibles. 

Lo que comenzó con aires de glamour desmesurado, tras haber pasado por distintas fases de deterioro, sucumbió ante la oferta de una cadena de grandes almacenes del ramo textil que también se llevó por delante al Cine Avenida. 

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Lo que hoy queda de Pasapoga: Puerta de acceso y decoración interior de los almacenes.

De Pasapoga no queda más que su nombre en una pequeña vitrina situada tras lo que fue la puerta de acceso y una decoración bastante kitsch, que quizá pretenda rendir un chocarrero homenaje a lo que hasta el año 2003 hubo en este local de la Gran Vía. También quedó para la memoria histórica la anécdota que tuvo como protagonistas al director de cine Luis García Berlanga y, una vez más, a la censura franquista del año 1962 y que fue contada por el propio director: En el episodio que hice para la película Las cuatro verdades (llamado: La Muerte y el leñador) se me impuso un corte de guión. Estaba escrito: “Vista general de la Gran Vía”. Cuando subimos a lo alto del edificio Carrión, la productora lo eliminó como un plano engorroso de hacer, en realidad porque alguien de la censura había comentado: “Una vista general de la avenida… ¿quién nos garantiza que Luis no mete a dos obispos saliendo del Pasapoga?. Debía habérseme ocurrido a mí, es una espléndida idea.






Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemeroteca de ABC
“Posguerra, publicidad y propaganda -1939-1959” Círculodebellasartes.com
Hemeroteca de la B.N.E.
Newscom.com
Memoriademadrid.es
Tesorosdelayer.com
Diariomadrid.net

Encarnación Chamorro (in memoriam)

miércoles, 20 de agosto de 2014

EL PALACIO DE OÑATE Y EL PALACIO COMERCIAL PALAZUELO DE LA CALLE MAYOR.

Junto a la Puerta del Sol, en el principio de la calle Mayor de Madrid y frente al que fue convento de San Felipe el Real, que tras su demolición y desde el año 1845 alberga las Casas de Cordero, estuvo la Casa-palacio de los condes de Oñate. Dicho edificio fue construido a finales del siglo XVI y comenzaría a ser demolido en 1913 para edificar en su terreno el Palacio Comercial Palazuelo, que hoy podemos contemplar.

Fuente: Bdh-rd-bne.es (1859)
Puerta del Sol, durante las obras de remodelación. La fachada del Palacio de Oñate aparece señalada con la flecha.



El conocido por todos como Palacio de Oñate habría sido erigido sobre los terrenos que hasta el siglo XVII ocuparon las muy afamadas mancebías de Madrid. La gran casona tenía su acceso principal por la calle Mayor, su fachada posterior ocupaba un buen espacio de la calle del Arenal y remataba su gran superficie en el callejón de la Duda (desaparecido con la remodelación de la Puerta del Sol de 1857-1862). No fue un edificio especialmente artístico, pero sí lo sería su magnífica puerta barroca que el arquitecto Pedro de Ribera realizó durante una de sus remodelaciones durante el siglo XVIII. El dintel y las jambas, de piedra berroqueña, tienen adornos de bella sobriedad, que se prolongan en torno a los balcones superpuestos, entre los cuales campea el escudo heráldico.

La puerta en cuestión fue salvada y ofrecida a otras sociedades por el Ayuntamiento de Madrid, durante la demolición del palacio. Tras varias gestiones infructuosas con las entidades españolas fue aceptada por la institución francesa Casa de Velázquez, situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se instaló en el año 1935. Durante la Guerra Civil Española la casa de Velázquez fue prácticamente destruida, al estar en primera línea de fuego, y la magnífica puerta del Palacio de Oñate se perdió para siempre.

Fuente: Memoriademadrid.es
Fachada principal, en la calle Mayor, del Palacio de Oñate. A la derecha la puerta de Pedro de Ribera.


Antes de existir la Real Casa de Correos (1768) de la Puerta del Sol, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, la correspondencia era depositada en el Palacio de Oñate por ostentar el cargo de Correo Mayor de Castilla este conde propietario. Así, el primer buzón de la capital para depósito de las misivas estuvo en este palacio.

La casona de Oñate fue también conocida por el asesinato en su puerta, el día 21 de agosto de 1622, del poeta y conde Juan de Tassis y Peralta, amigo de Lope de Vega y de Luis de Góngora. Sus amores con Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, le costaron la vida.



Mentidero de Madrid, / decidnos: ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid. / Unos dicen que fue el Cid, / por ser el conde Lozano / ¡Disparate chabacano! / Pero lo cierto de ello ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulsor soberano.


(Atribuido a Félix Lope de Vega y Carpio).

Fuente: B.N.E.
Cuadro de Manuel Rodríguez de la Parra Castellano. La muerte del conde de Villamediana en el portal (recreado) del Palacio de Oñate (1868).

Frente al Palacio de Oñate era costumbre que durante la procesión del Corpus los pintores expusieran sus cuadros. De esta forma Bartolomé Esteban Murillo se habría hecho con la atención que Carlos II al exhibir una de sus obras dedicada a la Inmaculada Concepción.

El viejo caserón de Oñate fue ocupado, desde el último cuarto del siglo XIX, por negocios de todo tipo; almacenes, pañerías y el diario “El Globo” tuvieron su sede en él. Dos incendios consecutivos en el mes de febrero de 1910 destrozaron su techumbre y sótanos, por lo que tres años después comenzaría a ser demolido. Fueron muchos los planes para la edificación en el nuevo solar situado entre las calles Mayor y del Arenal: un lujoso hotel, grandes almacenes al estilo parisién o sede para el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial, pero al fin el promotor Demetrio Palazuelo Maroto, como acaudalado industrial, encargó un nuevo inmueble al arquitecto Antonio Palacios Ramilo que sería conocido con el nombre de Palacio Comercial Palazuelo.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
Fachadas de la calle Mayor y de la calle del Arenal, en la actualidad, del Palacio Comercial Palazuelo, lugar donde estuvo el Palacio de Oñate.

El moderno edificio, contemporáneo y muy parecido en su fachada a la Casa Matesanz de la Gran Vía, proyectado también por Antonio Palacios, fue concebido para uso comercial y de oficinas. Sus grandes ventanales abalconados proporcionan fácil acceso a la luz natural por sus fachadas de las calles Mayor y Arenal. Pero lo más sorprendente viene después de atravesar el pequeño portal revestido de mármol y espejos que se abre tras dos puertas de hierro forjado.


Vídeo: M.R.Giménez / Música: Ken Verheecke (Sees Of Change)
Interior del Palacio Comercial Palazuelo (2014)


Desde 1922, año en que terminaron las obras, el Palazuelo fue sede de oficinas comerciales de todo tipo; una de las primeras sería la del efímero Banco de Madrid.

Su magnífico patio acristalado, de donde parten dos grupos de escaleras que bordean de forma ascendente los huecos de los ascensores, recibe luz cenital a través de un vitral ribeteado en amarillo. El suelo está construido en mármol y gruesas baldosas de vidrio, formando con ellas un hexágono irregular.

De los cinco pisos de su altura, los tres centrales están circunvalados por barandillas de hierro con pasamanos dorado formando líneas onduladas, dejando en medio el hueco para que la luz del techo llegue a todos los rincones. Las oficinas comerciales se sitúan alrededor del patio tras grandes puertas de madera que, como todo el interior, están pintadas de blanco.

Tal vez el Palacio Comercial Palazuelo sea uno de los edificios más desconocidos del arquitecto Antonio Palacios. La prensa contemporánea a su inauguración no refleja, como en otras ocasiones, la belleza de un inmueble que pasa desapercibido para la mayoría de los que caminan por delante del portal de la calle Mayor, 4, de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org
Bdh-rd-rne.es
Memoriademadrid.es
Agradecimiento muy especial para Manuel Chamorro, por sus indicaciones para confeccionar el contenido multimedia de este artículo.