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Mostrando entradas con la etiqueta Lavapiés. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 3 de junio de 2020

CAFÉ DE NUMANCIA – CAFÉ DE LA MAGDALENA.

La antigua calle de la Magdalena, que aún conserva recias construcciones palaciegas del siglo XVIII, siempre fue comercial y bullanguera. En ella estuvo el famoso Teatro de Variedades desde el año 1843 (reconstruido en 1849), que fue uno de los de más honrosa historia y simpática popularidad de Madrid hasta ser consumido por un pavoroso incendio sin víctimas en el mes de enero de 1888.

Fuente: madrid.org (1850). El Teatro de Variedades, durante una representación.
  
Como toda calle popular, esta de la Magdalena contaría en su número 30 (hoy nº 28) con un famoso café allí instalado desde el año 1880, por entonces propiedad de Lorenzo Ortiz. El Café de Numancia, uno de los más longevos de Madrid, pasaría con el tiempo a tener otros nombres y a dedicar sus representaciones a distintos géneros musicales.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1899). Anuncio del Café de Numancia, convocando a una reunión.


El Numancia fue un café de reuniones y musical desde el principio. Contaba con un virtuoso pianista, que primero iba para médico y resultó músico de talento, llamado Federico Chueca, quien por cinco pesetas diarias y una cena acompañaba por las noches a las artistas allí contratadas. 
 
También café de cante flamenco, a la moda de aquellos años, el Numancia sería de los primeros en obsequiar a sus parroquianos con un billete de una rifa de un objeto artístico, que se entregaría al que coincidiese con el premio gordo de la Lotería Nacional. Un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso, vecino de Lavapiés durante el curso de 1897-1898 de la Real Academia de San Fernando, también se contaba entre los clientes de este café.

En el año 1891, después de cuatro meses de reforma, volvió a abrir el Café Numancia habiendo realizado muchas mejoras. Espejos, aparatos eléctricos y una espléndida colección de marinas, realizadas por el pintor Adolfo Giráldez Peñalver, sería la elogiada decoración de este café de barrio. No fue el último arreglo del local porque en el año 1901, bajo la dirección del joven decorador Manuel Fernández, el nuevo dueño del Numancia, Wenceslao Pérez, volvería a inaugurar este café sencillo y elegante con una cena ofrecida a la prensa, acompañada de un espléndido concierto de guitarras y bandurrias.
 
En los primeros años del siglo XX este café volvería a cambiar de dueño y de nombre, titulándose Café de la Magdalena.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907). Anuncio del recien inaugurado Café de la Magdalena.

Propiedad de Luis González desde 1907, sus salones y sala de billar fueron decorados con un gusto más moderno. De él desaparecerían los espejos, aparatos eléctricos y las marinas que Adolfo Giráldez había pintado para el antiguo Café de Numancia. En su propaganda se anunciaban grandes estancias para fiestas, bodas y banquetes. Lo único que parecía perdurar de su antecesor era la “vicaría” o salón para citas, que tenía su entrada por la trasera calle de la Cabeza, número 33.

Como curiosidad, en el año 1908 el dueño del café tuvo que denunciar en el Juzgado de Guardia a tres parroquianos que tenían la costumbre de llevarse todas las noches la silla donde tomaban asiento, llegando a reunir más de treinta.
 
Fuente: madrid.org (años veinte del siglo anterior). Albert Ziegler pintó esta escena, que quizá pudo haber sido en el Café de la Magdalena.

El Café de la Magdalena se convertiría en uno de los más famosos cafés de cante de Madrid, contratando a quienes después serían grandes figuras del flamenco. Éste fue el caso de Juan Sánchez Valencia “Estampío”, que llegaría a ser muy conocido por su baile del “Picador”. Bailaores como Salud Rodríguez “La hija del Ciego” o Vicente Escudero, a quien Manuel de Falla encargó la coreografía de “El amor brujo” y el prestigioso cantaor Antonio Chacón, también actuaron en este café. 
 
Sobre el año 1919 el nuevo propietario del local era Antonio Toledano. El género flamenco empezaría a combinarse con las varietés y el cuplé en los espectáculos de viejo café, al que cambiaron su nombre por el de Kursaal de la Magdalena
 
Cincuenta céntimos (de peseta) deban derecho a la entrada a este establecimiento de atmósfera cargada. Mesas, bancos de madera y pequeños palcos se situaban en torno a la sala. En el fondo un pequeño bar, una tarima que hacía de escenario y a su derecha una cortina que ocultaba la puerta de los retretes. Para la decoración de las paredes de algunas zonas se habían utilizado cabezas de toros y variados carteles.
 
Se llegó a decir que el Kursaal de la Magdalena era la basílica metropolitana del culto flamenco ya que, entre otros muchos artistas famosos en ese arte, allí actuaría Francisco Mendoza Ríos “Faíco”, al que se atribuye la creación del baile por farruca. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1921). Anuncio de las actuaciones del Kursaal de la Magdalena, con el bailaor "Faíco".

El día 8 de mayo de 1930 el viejo café de cante se convirtió en cabaret. Su dueño, que seguía siendo Antonio Toledano, lo volvió a inaugurar con el nombre de Trianón Sevilla, maravilloso rincón andaluz, con el precio de la entrada a una peseta.
 
Sin duda, para conservar el viejo ambiente, el Trianón también ofertaba en sus espectáculos un cuadro flamenco, pero a la vez y sobre todo sus funciones eran de variedades venidas a menos. Se mantenían los palcos del viejo café, pero el local había sido reformado. En su escenario imperaba la frivolidad de mujeres fatales artistas de menor categoría, anunciadas, en un largo programa en la puerta, como cupletistas y bailarinas. Su jornada comenzaba a primera hora de la tarde y terminaba a última hora de la madrugada. Cantaban y bailaban en el pequeño escenario, luego alternaban en las mesas y de ellas retornaban al tablao. Los espectadores venían e iban mientras ellas continuaban en el reducido local hora tras hora, copa tras copa, para salir de madrugada, con los pies heridos de bailar y la garganta deshecha de beber.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). Ambiente del interior del Trianón Sevilla.
 
Muchos clientes iban al Trianón Sevilla para ver en persona al que fue campeón de Europa en peso pluma, Antonio Ruiz. El exboxeador, de suerte adversa, era el portero del local a su pesar.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). El exboxeador Antonio Ruiz, corta la entrada de un cliente en la puerta del Trianón Sevilla.

La historia de este local se pierde casi al final de la Guerra Civil Española (1936-1939), años durante los que mantuvo su actividad como tantos otros negocios.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
Los cafés cantantes de Madrid 1846-1936”. José Blas Vega.
madrid.org




 

viernes, 27 de diciembre de 2019

ZAMBOMBAS Y PANDERETAS.

Tanto la plaza Mayor como su vecina la de Santa Cruz, fueron tradicionalmente mercado para todos los productos navideños. De ellas hoy sólo subsiste el de la primera; sus ordenados puestos se han especializado en la venta de figuritas para el nacimiento, adornos multicolores y artículos de broma. Los tenderetes dedicados al comercio de turrones, mazapanes, cascajo (mezcla de frutos secos) o pavos y capones vivos, pasaron a la historia a mediados del siglo XX. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1886). La plaza Mayor de Madrid y sus puestos de Navidad.

Parece que fue a lo largo del siglo XVII, cuando la madrileña plaza de Santa Cruz se llenó de puestos que vendían todo lo necesario para celebrar la Nochebuena, que por tradición debía ser ruidosa, como decía la copla: “Esta noche es Nochebuena y no es noche de dormir, que está la Virgen de parto y a las doce va a parir”

Tambores, chicharras, rabeles, panderos, panderetas y zambombas se agotaban en este mercado, cuyos compradores pasaban la fiesta cantando villancicos y canciones por las calles, pidiendo el aguinaldo. El ruido de estos instrumentos rústicos ensordecía a los habitantes de la Villa durante aquella celebración, pero contaba con el permiso del alcalde corregidor. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1886). Venta de panderos, panderetas y pavos.

El pandero y el tambor fueron dejando paso a la pandereta, mucho más barata y manejable durante una noche de jarana y para las pequeñas manos de los niños. La zambomba también prescindiría de su primitivo recipiente de barro, que sería sustituido por un envase de hojalata. 


Fuente: prensahistorica.mcu.es (1860). El ruido atronador de panderetas y zambombas.
En los primeros años del siglo XX hubo una célebre fábrica de zambombas y panderos en la calle del Mesón de Paredes de Madrid. Su plantilla, compuesta por familiares y vecinos del barrio, hoy sería considerada como un modelo a seguir en el mundo del reciclaje. 

El suministro de los materiales, para la fabricación de estos instrumentos, se iniciaba con la recolecta de los botes vacíos por parte del trapero, que los vendía a bajo precio en aquel taller de Lavapiés. Una vez allí se elegían los que no tuviesen abolladuras, retirándose sus tapas y comenzando así el proceso para construir las zambombas. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1935). Un operario de la fábrica de Lavapiés selecciona los botes para la confección de zambombas.
 
Una de las partes del recipiente se cubría con un tenso trozo de piel de carnero, gato o conejo, introduciendo en su centro una caña perpendicular. Por último se adornaba con papel de colores y una artística flor, en lo alto del instrumento. 

La zambomba estaba lista para acompañar a los villancicos. Tan sólo faltaba humedecer la mano del concertista, al deslizarla arriba y abajo de la caña, para obtener los sonidos. 


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1935). Fábrica de zambombas de la calle del Mesón de Paredes.

En la fabricación de panderetas y panderos se utilizaba una tira de madera cubierta, en uno de sus lados, por una piel fina y tensada. Los platillos, colocados en el lateral y convenientemente recortados, procedían de las tapas de los botes usados para las zambombas. 


 ¡¡¡ FELICES FIESTAS!!! ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID.



Fuentes: hemerotecadigital.bne.es

viernes, 22 de noviembre de 2019

EL CASINO DE LA REINA.

Cuatro años después de la finalización de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814) el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien regalar a Isabel de Braganza, esposa del absolutista Fernando VII, una pequeña y elegante casa de campo a las afueras de Madrid. Así, en lo que entonces se denominaba la “Huerta del Bayo”, propiedad del catedrático Francisco del Bayo y situada junto a lo que hoy es la Ronda de Toledo, se construyó el Casino de la Reina Nuestra Señora. 


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org. (1875). Plano de Carlos Ibáñez Íbero en el que se dibuja el Casino de la Reina, situado entre las calles de Embajadores, ronda de Toledo y Ribera de Curtidores, aún sin concluir.


Sería el año de 1818 cuando, una vez rematadas las obras de esta finca de recreo situada en una de las zonas más menesterosas de Madrid, le vino a ser entregada a su nueva propietaria para su uso y disfrute. Pocos meses después Isabel de Braganza falleció, pasando el regalo municipal a manos de su real esposo, Fernando VII.
 
Los altos muros que cercaban el Casino de la Reina tenían su puerta principal de acceso en la Ronda de Embajadores (hoy de Toledo). Realizada en hierro, granito y piedra caliza estaba decorada por dos pares de columnas dóricas, situadas a cada uno de sus lados, conjunto que se remataba por las esculturas de sendas parejas de niños sujetando un jarrón. Esta puerta fue posteriormente desmontada e instalada como acceso a los Jardines del Buen Retiro, en lo que hoy es la Puerta de la Independencia, donde aún se puede contemplar.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es y memoriademadrid.es. A la izquierda la puerta del Casino de la Reina, en la ronda de Toledo. A la derecha la misma puerta en 1911, ya en su emplazamiento actual en El Retiro.


Tras cruzar la entrada al Casino se llegaba al extenso jardín diseñado sobre un terreno irregular. En él se había plantado una multitud de árboles diferentes, entre parterres de flores y grupos escultóricos, que formaban frondosos paseos con bancos para el descanso. En la parte más cercana a la calle de Embajadores se instaló una ría navegable, con su isleta y un puente chinesco de piedra. Dos estufas o invernaderos, una gruta artificial, fuentes y un cenador protegido por un enorme emparrado, eran algunos de los caprichos que esta finca contenía.


Fuente: memoriademadrid (1972). Restos del jardín del Casino de la Reina, hoy desaparecidos.


Una escalinata daba acceso al palacete neoclásico, situado al norte del recinto, edificio que hoy continúa en su mismo emplazamiento. Sus dos plantas y buhardillas fueron diseñados por el arquitecto Antonio López Aguado.


Fuente: man.es. Fotografía derecha: M.R.Giménez (2018). El palacete del Casino de la Reina al ser inaugurado y en la actualidad.


La decoración interior de este pequeño palacete era suntuosa. Su salón principal estaba recorrido por un zócalo de mármoles y en su techo se representó la “Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid” por el pintor Vicente López Portaña.


Fuente: es.wikipedia.org. Fragmento de la "Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid".


Ningún elemento de diversión faltaba en esta singular casa de campo que, ya en los primeros años sesenta del siglo XIX, sólo se utilizaba para recepciones oficiales. Su propiedad pasaría a manos del Estado y no del Ayuntamiento de Madrid, quien había costeado los gastos de su edificación. 

Poco a poco el Casino de la Reina sería desmantelado, utilizando su terreno y edificio para nuevos usos.  

El día 18 de marzo de 1867 se inauguró, de manera provisional, el nuevo Museo Nacional Arqueológico en lo que fuera palacete del Casino, ya sin la magnífica pintura de Vicente López, previamente trasladada al Museo del Prado. El Arqueológico contaba, entre otras secciones, con una importante colección numismática de ciento cincuenta mil piezas y tenía su entrada por la calle de Embajadores, número 68, abriendo al público los sábados de diez de la mañana a tres de la tarde. (Desde el año 1892 el Arqueológico ocupa su actual emplazamiento, en la calle de Serrano, número 13).


Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Inauguración del Museo Arqueológico en el Casino.
 

Sobre los terrenos que ocupaba la ría navegable y el invernadero grande se construyó en el año 1881 la Escuela de Veterinaria. El edificio de estilo neomudéjar, diseñado por el arquitecto Francisco Jareño Alarcón, mantuvo su actividad hasta el año 1958, fecha en la que pasaría a la Ciudad Universitaria como Facultad de Veterinaria. El viejo edificio, tras una gran remodelación, se convertiría en el “Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes” en 1960. 



Fuente: veterinaria.ucm.es (1891). Edificio de la antigua Escuela de Veterinaria, hoy I.E.S. Cervantes.


La zona que circundaba el terreno correspondiente al Casino de la Reina comenzaría a ser urbanizada, alargando la Rivera de Curtidores y comunicando los barrios de la Huerta del Bayo con el de Peñuelas, durante la década de los años setenta del siglo XIX. 

Para mitigar, en la medida de lo posible, la precariedad de sus habitantes, así como la falta de centros educativos en esta zona de Madrid, se eligió la parte oeste del terreno del Casino para albergar el “Grupo Escolar Príncipe de Asturias” (hoy C.E.I.P. “Santa María”), que sería inaugurado en el año 1916, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Aneja al colegio, también ocupó lo que fueron jardines del Casino la Escuela de Magisterio “Santa María” de la Universidad Autónoma de Madrid, hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. 


Fotografía: M.R.Giménez (2019). Hoy el C.E.I.P. Santa María fue el antiguo Grupo Escolar Príncipe de Asturias.


Mucho ha cambiado el Casino de la Reina a día de hoy. Los magníficos árboles y aquellos parterres de flores desaparecieron en pos de las construcciones descritas y de algunas más. Sus bancos y fuentes pasaron a mejor vida hace más de cien años, dejando en su lugar un anodino parque que hoy en nada recuerda lo que aquel sitio fue. El palacete, milagrosamente salvado de la piqueta, es hoy un centro social para el barrio. 



Fuentes: 

bibliotecavirtualmadrid.org 
es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es 
man.es 
memoriademadrid.es 
veterinaria.ucm.es

martes, 5 de marzo de 2019

LA ALEGRE COFRADÍA DEL ENTIERRO DE LA SARDINA.

Entre las abundantes fiestas populares y callejeras de Madrid quizá El Entierro de la Sardina es la de más larga tradición y se celebra, aunque caigan chuzos de punta, todos los Miércoles de Ceniza para rematar el Carnaval.

Habrá que remontarse al siglo XVIII para conocer los orígenes de tan ocurrente y divertida costumbre, que hasta el pintor Francisco de Goya dejó plasmada en uno de sus cuadros.

Veremos aquí toda la historia de este singular entierro, sabremos por qué se celebra y cómo es la indumentaria adecuada para seguir al fúnebre y alegre cortejo compuesto por las peñas del Boquerón y de la Sardina, surgidas en El Rastro madrileño. 

Visitaremos el museo en donde se conservan los estandartes originales de tan humorístico sepelio y todos los féretros en los que se ha llevado a la sardina en los diferentes años.

Todo ello nos lo cuenta en este vídeo, con mucha gracia castiza, el vicepresidente de la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina, Enrique Orsi.


 




El Entierro de la Sardina sigue vivo hoy en Madrid gracias a esta Alegre Cofradía con sede en El Rastro. Su local se encuentra en el mismo lugar donde el anticuario Serafín Villén, quien recuperó esta fiesta hace más de medio siglo, tuvo su almoneda. 

Os animamos a participar en el Entierro de la Sardina de Madrid y a reíros de lo lindo, con esta Alegre Cofradía y con la del Boquerón. 

Sigue a  Antiguos Cafés de Madrid en YouTube, para conocer la historia de Madrid.



miércoles, 2 de enero de 2019

UN AÑO DE CAFÉS. UN PASEO TRAS LAS CÁMARAS.

A lo largo de este año hemos enseñado muchas cosas en nuestro canal de YouTube “Antiguos Cafés de Madrid”.

Descubrimos historias, edificios, lugares o personajes de los que no todo el mundo habla, pero que fueron y son los que han hecho de la ciudad de Madrid lo que ahora es.

En este vídeo que aquí presentamos hay nuevas anécdotas, curiosidades e historias inéditas que nuestros amigos nos contaron y ahora ven la luz por primera vez. Sabremos, por fin, de dónde viene la expresión ¡Hasta luego, Lucas!. Conoceremos el ambiente de los antiguos cafés madrileños. Saborearemos las sopas Rumford o nos enteraremos del uso que se le daba a una peculiar argolla en la taberna más antigua de Madrid, entre otras muchas e interesantes cosas.



Un año de Antiguos Cafés de Madrid



Cerramos aquí nuestra primera temporada y comenzamos la segunda en el canal, agradeciendo a todos los que han colaborado con nosotros su simpatía, su paciencia, y todas las buenas e interesantes historias que nos han contado.

Olga María Ramos, cupletista y cupletóloga. Juan José Moreno, bibliotecario de la Fundación Fernando de Castro. Fátima de la Fuente, presidenta de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Julio Oliveros, propietario de la Taberna Oliveros. Antonio Pasies, escritor y bloguero. Alberto Arcos, bailarín y coreógrafo. Hugo Pérez de la Pica, director de teatro. Vicente Valdés. Luis Chamorro, dibujante. Christian Peña, coordinador del Museo Histórico Minero. 







martes, 4 de diciembre de 2018

TABERNA OLIVEROS DE EL RASTRO.

Quienes sean habituales de El Rastro de Madrid habrán pasado muchas veces por la calle de San Millán, frente a la plaza de Cascorro y muy cerca del Mercado de la Cebada.

Un gran cartel, en donde un orgulloso y risueño cocinero está cortando un jamón, reclama a quien le mira anunciando que “Para comer bien y barato” está en la calle de San Millán, 4. Allí, precisamente, se encuentra la antigua Taberna Oliveros, que abrió al público en el año 1857.
 
Aquellos eran por entonces “los barrios bajos” de Madrid y sus vecinos se ganaban la vida en los puestos de El Rastro o del mercado. A ellos se irían añadiendo quienes venían de otras zonas con el fin de vender frutas, verduras, carnes, animales vivos y también los que se dedicaban al transporte de personas y mercancías.

Muchas tabernas, tiendas de vinos, casas de comidas y cafés hubo en estas calles de La Latina, por donde se movía un público variopinto compuesto además por toreros con fama o sin ella y gentes de la cultura que se divertían escuchando la pintoresca forma de hablar de los parroquianos, para después ponerla en boca de los personajes de muchas obras de teatro y novelas de ambiente costumbrista. De todos estos negocios hoy sólo queda la Taberna Oliveros.

En este vídeo mostramos cómo es la taberna de la calle de San Millán, una de las más antiguas de Madrid, que mantiene intacta su decoración más que centenaria. 
Julio Oliveros, su propietario actual, nos cuenta la historia de sus pinturas murales, de los rótulos que prohíben cantar y bailar desde hace más de un siglo, de sus azulejos de Talavera de la Reina (Toledo). Nos mostrará también cómo era la típica barra tabernera de estaño, el grifo de vermut y su espléndida fachada decorada por el pintor Fidel Blanco.



 
 

martes, 20 de noviembre de 2018

CAFÉ DE LA ENCOMIENDA.


Quizá una de las calles más populares, costumbristas y parranderas de Madrid, durante las décadas finales del siglo XIX y las del inicio del XX, fue la antigua calle de la Encomienda, que todavía une El Rastro y la calle de Embajadores con el barrio de Lavapiés.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). La calle de la Encomienda


En esta de la Encomienda, en su número 16, estuvo desde el año 1908 el Teatro Nuevo con espectáculos de varietés, que en 1911 se convertiría en el Cine de la Encomienda y en los años cincuenta de pasado siglo pasó a ser el Cine Odeón, con nuevo y moderno edificio, que acaba de sucumbir bajo la piqueta.

Fotografía de la izquierda: viejo-madrid.es (1928). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). El Cine de la Encomienda y lo que hoy queda del Cine Odeón.


Un profesor de baile flamenco llamado Antonio Cansino Avecilla, tuvo en el número 10 de esta calle su estudio, allá por el año 1911. Con Cansino daría comienzo una saga de artistas, hijos y nietos, que emigrarían a los Estados Unidos de América en 1913. Su nieta, Margarita Carmen Cansino, que había comenzado su carrera con el nombre de Rita Cansino, sería conocida mundialmente como Rita Hayworth.

Fotografía de la izquierda: noticiariocentrodeandalucia.wordpress.com. Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). Antonio Cansino Avecilla con su nieta Rita Hayworth. Casa nº 10 de la calle de la Encomienda, donde este profesor de baile tenía su estudio.


Una calle tan animada como la de la Encomienda, a la que tampoco faltaba una Casa de Socorro en su número 21, no podía carecer de un café.


El local del número 19 de la calle de la Encomienda siempre estuvo ocupado por alguna tienda de vinos, cervecería o chocolatería, sin contar con un nombre específico de negocio. A partir del año 1882 allí se instaló el Café del Brasil, que alrededor de 1887 pasó a llamarse Café de Barcelona, siendo por entonces propiedad de Francisco Fonz.


El flamenco se había popularizado en los años finales del siglo XIX y en las siguientes décadas alcanzaría gran relevancia. 
 

El Café de Barcelona de la calle de la Encomienda se convertiría en un café de cante y baile, alrededor del año 1892 y poco tiempo después pasaría a ser conocido en todo Madrid como el Café de la Encomienda.


Fotografía: M.R.Giménez (2018). La fachada del Café de la Encomienda en la miniatura de Miguel Yunquera.


Su pequeño salón rectangular era servido por camareras y tenía en el fondo un pequeño tablao con descoloridas cortinas rojas a los lados. Junto a este escenario una varilla con media docena de pares de castañuelas, al alcance de los artistas, y en un nivel inferior un desvencijado piano. Era un café popular y modesto, con paredes forradas de recomendaciones para la clientela: “Se reserva el derecho de admisión”, “Se prohíbe subir al escenario” o “Hagan nueva consumición en cada actuación”.


Los guapos, eran los encargados de mantener el orden en el interior del Café de la Encomienda. Eran perdonavidas que trabajaban también en locales de juego. En las épocas en que estaba prohibido tirar de la oreja a Jorge (jugar apostando dinero), estos individuos se buscaban la vida impidiendo alborotos en los cafés.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1904). Interior del Café de la Encomienda.

Muchos fueron los artistas flamencos que comenzaron sus carreras en este café, que perduraría hasta el inicio de la Guerra Civil Española (1936). Sus nombres y repertorio figuraban en las pizarras que, a modo de cartelera del espectáculo, solían ponerse a la entrada del local.


Enrique Lara (bailaor), Rafaela Valverde (cantaora) primero conocida como “Tanguerita” por su corta edad y luego como “Tanguera”, Antonio Pozo “Mochuelo”, que fue el primer cantaor en presentarse ante el público bien vestido y sin vara para hacerse son, o el guitarrista Ramón Montoya, que en el año 1919 parece que se hizo cargo de este café. 

Fuente: memoriademadrid.es (1910).


Un artista singular de este local de la calle de la Encomienda sería  Baltasar Mathé. Con el nombre artístico  de “Mate sin pies”, por tener amputadas las dos piernas a la altura de las rodillas, era un bailarín de gran habilidad. Actuó por todo el país, en Londres y en París, a lo largo de su carrera.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). Fachada actual de lo que fue el Café de la Encomienda.


El Café de la calle de la Encomienda sería el último de aquel Madrid flamenco en cerrar sus puertas. Tan sólo quedaría en las citas de las novelas de Pío Baroja y en la memoria de todos los artistas que por él pasaron, arriba de su escenario o formando parte del numeroso público que a él asistía. 




Fuentes:

Bibliotecavirtualmadrid.org
Hemerotecadigital.bne.es
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936” José Blas Vega.
Memoriademadrid.es
Noticiariocentroandalucia.wordpress.com
Viejo-Madrid.es