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viernes, 11 de mayo de 2018

LA TABERNA DE ANTONIO SÁNCHEZ.

El madrileño barrio de Lavapiés, situado en el centro de Madrid, fue siempre populoso y concurrido. Entre sus numerosos comercios, que congregaban a todos los oficios posibles, hubo también un considerable número de establecimientos dedicados a la venta de vinos.

En el número 13 de la calle del Mesón de Paredes se encuentra la taberna más antigua de Madrid, llamada de “Antonio Sánchez” desde el año 1891, pero que ya existía como tienda que despachaba vino en el siglo XVIII.

Su decoración centenaria se ha conservado intacta en el tiempo: las mesas y banquetas de su mobiliario, el magnífico mostrador de caoba tallada, los óleos representando a los más famosos toreros de siglos anteriores o sus impresionantes tinajas de barro de Colmenar.

¿Qué leyendas nos aguardan en la taberna de Antonio Sánchez? ¿Quiénes fueron sus clientes más famosos? ¿En qué consistió el festín pantagruélico del famoso pintor Zuloaga?



Para este vídeo, los Antiguos Cafés de Madrid contamos con la colaboración del escritor, bloguero y cronista de las tabernas Antonio Pasies Monfort. Con él descubriremos la historia de esta joya madrileña, sus anécdotas más curiosas y quiénes fueron los más célebres parroquianos que allí tuvieron tertulia.


Más información sobre la historia de las tabernas de Madrid en el blog "Tabernas Antiguas de Madrid".





viernes, 12 de febrero de 2016

LA BOBIA Y SU MOVIDA.

En la pequeña calle de San Millán, número 3, situada entre la plaza de Cascorro, donde comienza El Rastro, y la calle de Toledo, estuvo una de las cervecerías con más fama de Madrid: La Bobia. 


Fuente: conchamayordomo.com
"La Bobia" de Amalia Avia Peña (1963).


La cercanía de esta calle de San Millán con el mercado de La Cebada siempre propició que gran parte de sus escasos locales fueran destinados a negocios de restauración. Así distintas tabernas, casas de comida y cafés fueron ubicados en ella, a lo largo del tiempo, para dar servicio a tratantes, compradores y comerciantes. 

En la casa señalada con el número 3 de esta calle, se inauguró el Café Mercantil la noche del 3 de abril de 1884, propiedad de Pedro García Villasante y de Zacarías Gutiérrez Solana. Un espléndido banquete que hizo honor a la galantería de los anfitriones y a la habilidad del cocinero reunió, a puerta cerrada, gran número de periodistas, autoridades del distrito de La Latina y concejales del Ayuntamiento. La apertura para el público se verificó dos días después de este evento.

El Mercantil estaba elegantemente decorado, a imitación de los cafés más céntricos de Madrid. En él resaltaban las pinturas del techo y un distinguido servicio. Pronto comenzaría a ser el café escogido por los republicanos del distrito para realizar los banquetes del 11 de febrero, aniversario de la proclamación de la I República Española. 

Las deudas acumuladas y la mala gestión del negocio propiciaron que el Café Mercantil debiera subastar todos sus enseres y mobiliario, tasados en veintitrés mil quinientas cuarenta y cinco pesetas y cincuenta céntimos, en el mes de septiembre de 1893.

El local del Mercantil, tras el cierre del café, pasó a ser ocupado por distintos negocios. Sus grandes dimensiones favorecieron la instalación de almacenes de frutas y verduras, pollería, tienda para la venta de alcohol, bazar, etc. Hasta que en el año 1921, la vieja casa del número 3 de la calle de San Millán fue derruida y su solar, propiedad municipal, salió a subasta. El adjudicatario del terreno sería Timoteo Rojas, quien encargó al arquitecto Gonzalo Domínguez Espuñes la construcción del nuevo edificio estilo decó donde, con el tiempo, vendría a instalarse La Bobia.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Calle de San Millán, nº 3, en la actualidad.

Fue el sábado, 4 de febrero de 1933, cuando La Bobia fue inaugurada como cervecería con precios corrientes

Fuente: B.N.E. (1933)

Su fachada de madera, semejante a la hoy desaparecida sastrería Claudio Alonso, el otro local del edificio, se adornaba con motivos art decó (que aún pueden apreciarse). 

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Elemento art decó de la fachada. Cierre decorado por Soen.

La Bobia anunciaba su marca en la fachada con un enorme rótulo de fondo rojo con letras tipo Park Lane, entre las que se había insertado luz de neón. Era un local de grandes dimensiones, con la barra situada a la izquierda de la entrada y numerosas mesas cubiertas de mármol blanco, en la zona de la derecha.

Su cercanía a El Rastro de la Ribera de Curtidores y al mercado de La Cebada, hacía del negocio un lugar frecuentado tanto por la clientela del barrio como por multitud de visitantes.

Fuente: pte.jgre.com (1977).
Pegada de carteles electorales en el rincón de la calle de San Millán, junto a La Bobia.

Durante los años treinta, del siglo pasado, La Bobia se anunciaba en la prensa como la cervecería más conocida de Madrid. Nunca fue un café propiamente dicho ni un lugar de sesudas tertulias. Era más bien un bar para el encuentro de los parroquianos del barrio y visitantes de paso. Su gran salón se llenaba de ancianos que veían a la gente pasar ante un sol y sombra (coñac y anís) y de personas que iban a desayunar un vaso de café con churros, acodadas en la barra. Todo cambiaba con la afluencia de los visitantes a El Rastro, los domingos por la mañana. 

Una verdadera revolución se llevó a cabo en La Bobia a partir del final de la década de los años setenta del siglo pasado. La Movida madrileña, contracultura surgida tras décadas de ignominiosa dictadura franquista, eligió a este bar como eminente núcleo de reunión dominguera.

Fuente: diomedia.com / Aurora Photos RM-José Azel.
La puerta de La Bobia durante La Movida madrileña.

Nuevos grupos de música, escritores, cineastas, fotógrafos, pintores y todo aquel que tenía algo que decir comenzó a manifestarlo. La Movida saltó en la calle y en las nuevas editoriales, también en los dos únicos canales de televisión existentes por entonces, en la radio y en los nuevos locales que apostaban por otra forma de entender la música cantada en el idioma que todos conocían. Ante la ausencia de revistas especializadas en contar todo lo que estaba pasando en Madrid aparecieron los fanzines, publicaciones confeccionadas con pocos medios por autores noveles, donde se hablaba de todo y se publicaban cómics con historias que, hasta ese momento, no habían visto la luz. Su medio de difusión fue El Rastro, instalado los domingos por la mañana en la Ribera de Curtidores y, tras la venta de los ejemplares, era necesario visitar La Bobia. 

Punks, rockers, mods con sus indumentarias respectivas, eran las nuevas tribus urbanas madrileñas que, junto con actores, artistas de todo tipo, ácratas, progres y músicos con mayor o menor fortuna, desplazaban a los parroquianos habituales de La Bobia para tomar los aperitivos domingueros, en la mayoría de las ocasiones uniendo a una noche algo nebulosa su presencia en el bar. Todo el mundo estaba en la puerta de la cervecería para ver y dejarse ver, para hablar con los demás, para tocar su música, porque había que estar allí, lloviera o no.

La Movida se diluyó en los años finales de la década de los ochenta del pasado siglo. Supuso, entre otras muchas cosas, un relevante cambio cultural y en la manera de entender la vida, dando una visibilidad a la ciudad de Madrid que hasta entonces no tenía.

Fotografías: M.R.Giménez (2008-2016).
Dos negocios de restauración, en años diferentes, del mismo local.

Pocos años después, en el mes de abril de 1991, cerró La Bobia. En su local se instalaron, a lo largo del tiempo, algunos negocios de restauración, el último de los cuales vuelve a repetir su marca.




  

Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
conchamayordomo.com
pte.jgre.com
diomedia.com  Aurora Photos RM - Jose Azel
es.wikipedia.org

jueves, 16 de julio de 2015

UNA PASTELERÍA Y UNA FUENTE EN LA CALLE DEL MESÓN DE PAREDES.

Curioso es el nombre de esta calle de Madrid que informa sobre la posada o mesón, propiedad de Simón Miguel Paredes o Miguel Simón Paredes, según los autores, que allá se instaló por los tiempos finales de la Edad Media. Parece que se trataba de un negocio bien asistido que aposentó a los viajeros procedentes de Toledo, de Aragón y de otros puntos; sus grandes dimensiones le convirtieron en el mayor que por aquel tiempo había en las inmediaciones de Madrid. 


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Inicio de la calle del Mesón de Paredes.


De entre los muchos establecimientos de todo tipo que a lo largo del tiempo se asentaron en esta calle del Mesón de Paredes hay que destacar el que sería conocido como la Pastelería de Canales, nombre que tuvo desde las dos últimas décadas del siglo XIX hasta el año 1921.

La historia de esta pastelería se remonta al año 1561, fecha en la que se instaló su famoso horno que se mantendría en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado. Se trataba de la pastelería más antigua de Madrid y una de las más longevas de Europa. La excelencia de sus hojaldres, sobre todo, era bien conocida y parece que entre la clientela habitual se encontraban, durante los siglos XVI y XVII, Miguel de Cervantes Saavedra, Félix Lope de Vega y Carpio, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Pedro Calderón de la Barca.

Esta pastelería horneaba también empanadas rellenas con toda clase de carnes, buñuelos y dulces de huevo hilado o de frutos secos, que se vendían en las fiestas populares de Madrid, todo acompañado por licores y vinos. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Calle de Juanelo. A la derecha aparece el lugar donde estuvo la casa, hoy reemplazada por otra, en la que se ubicó la Pastelería de Canales.

La primera noticia encontrada en la prensa sobre esta pastelería de la calle del Mesón de Paredes, procede del año 1790. Sin nombre distintivo por entonces, estaba situada en la casa número 7 de esta calle (que luego pasaría a ser el nº 11 y hoy se correspondería con el nº 9), esquina a la de Juanelo. El negocio era tan conocido que servía de referencia para indicar la ubicación de casas u otros comercios por allí apostados. 

Fuente: B.N.E. (1879).
Anuncio de la famosa pastelería, donde se informa de la fecha de su fundación.

Muchos fueron los propietarios de este obrador a lo largo del tiempo. El más conocido fue Tomás Canales Hernández (de él proviene la titularidad del negocio denominado “Pastelería de Canales”), que mantuvo el establecimiento de la pastelería desde la década de los años noventa del siglo XIX hasta el año 1921. Además del antiguo horno, situado en la tienda, el local tenía una escalerilla como las de barco, que a los comedores del piso entresuelo conducía. 

En el local donde estuvo la pastelería vino a instalarse en el año 1922 el Bar Trianón, que parece dio un vuelco significativo al negocio convirtiéndolo en un lugar más moderno. Raciones, bocadillos, refrescos y bebidas de todas clases se ofertaban en este nuevo establecimiento, junto a los pasteles de toda la vida. En la vivienda que los dueños del Trianón tenían sobre el bar se cometió El crimen de la calle del Mesón de Paredes, en el mes de noviembre de 1932 y del que la prensa dio numerosos datos. 

Fuente: B.N.E. (1929)
Interior del Bar Trianón.

Bajando por la empinada cuesta, en dirección a la Ronda de Valencia, se encuentra la plazuela de Cabestreros, donde se inicia la calle del mismo nombre. Se trata de un rincón nombrado así de manera oficiosa por los vecinos, porque nunca tuvo denominación propia al estar integrado en la vía del Mesón de Paredes. La importancia de este lugar se debe a la Fuente de Cabestreros, que ya aparece en el plano de Madrid realizado por Pedro Texeira (1656). 

Fuente: bvpb.mcu.es
Recorte del plano de Madrid, de Pedro Texeira (1656), donde se muestra la primera Fuente de Cabestreros.

Dicha fuente original fue sustituida en el siglo XIX por otra más pequeña, de alto pilón y faroles en la parte superior.

Fuente: B.N.E. (años treinta del siglo XX).
La Fuente de Cabestreros de alto pilón y faroles, antes de su demolición.

El agua de la de Cabestreros procedía del viaje del Bajo Abroñigal y dotaba de servicio tanto al vecindario como al Convento de las Dominicas de Santa Catalina de Sena, enclavado frente a ella, y demolido a mediados del siglo XX. 

Conocida también como Fuente de los Machos, por sus presuntas propiedades vigorizantes, el antiguo surtidor con faroles del siglo XIX desapareció de la noche a la mañana, y sin avisar, un día del año 1934. Ese mismo año sería inaugurada por el Ayuntamiento la fuente que hoy se encuentra en dicho emplazamiento y que es conocida como la Fuente de la República de la calle de Cabestreros.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La fuente de la República de la calle Cabestreros, en la actualidad.

De planta rectangular y construida en granito, esta fuente consta de un cuerpo central al que remata el ornamento de una piña del mismo material. En él se encuentran las inscripciones que informan sobre el año de su construcción (1934) por la República Española - Ayuntamiento de Madrid – y el nombre de Fuente de Cabestreros. Sus dos caños, hoy en desuso, vertían el agua sobre sendos pilones orientados al norte y al sur.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Uno de los surtidores "secos" de la Fuente de la República de la calle Cabestreros.

Durante el final de los años setenta del siglo pasado esta fuente tenía sus inscripciones en letras doradas superpuestas sobre el cuerpo central. Muchas de ellas habían desaparecido, pero se leía perfectamente “República Española”. Hay quien asegura que este rótulo fue ocultado por los vecinos durante la dictadura franquista, para salvaguardar la procedencia de la famosa fuente que volvería a ser rehabilitada a mediados de la década del año dos mil, con su grafía original sobre la piedra.


Para saber más sobre esta calle mira el vídeo que le dedicamos: Calle Mesón de Paredes.








Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahisotica.mcu.es
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Cervantesvirtual.com
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” Antonio Campmani
Es.wikipedia.org
Bvpb.mcu.es
Munimadrid.es

domingo, 24 de junio de 2012

BARBIERI, UN CAFÉ QUE AÚN EXISTE Y UN TEATRO.

En la esquina de la calle del Ave María con la travesía de la Primavera, existe un café desde el año 1902. Lo sorprendente del lugar es que hoy en día podemos contemplar como fue hace más de cien años, con sus divanes y las mesas de mármol, las molduras del techo, sus columnas, espejos en las paredes y la musa Erato que parece presidir desde la altura todo lo que allí sucede. 


Foto: M.R. Giménez (2012)
Nuevo café Barbieri.

El café de Barbieri era un café de barrio, concretamente del de Lavapiés y en su época del Ave María, cuando Madrid era mucho más pequeño. En él se suministraban servicios de comida a domicilio (huevos, café, paellas, vino) y en demasiadas ocasiones el encargado tenía que denunciar la no devolución del servicio, que solía aparecer a la venta en algún puesto de El Rastro. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
La esquina de la calle del Ave María con la travesía de la Primavera.
El nombre de este café intercaló el adjetivo nuevo en varias ocasiones a lo largo de su dilatada historia, seguramente debido a los cambios de dueño y a las sucesivas remodelaciones del local. El juego de naipes más popular entre los parroquianos era el Giley o Gilé, en el que se utilizan sólo 28 cartas de la baraja española, y sus jugadores se denominan gileistas

Era el día 18 de septiembre de 1909 cuando se reunieron en él (entonces llamado café Barbieri, a secas) los supervivientes de la sublevación republicana que encabezó el general Manuel Villacampa del Castillo el día 19 de septiembre de 1886, sin duda alrededor de alguna botella de cognac “Los Ángeles”, muy famoso entonces y de venta en el local. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Interior del café con sus divanes, mesas con mármol y espejos en las paredes.
En mayo del año 1911, y bajo el epígrafe de “Las hazañas de un cojo” varios periódicos relataron la historia de un hombre que renqueaba lastimosamente y alquiló un coche en la plaza de Antón Martín. Durante una hora anduvo dando vueltas por Madrid sin destino aparente, hasta que mandó parar al cochero frente al número 10 de la calle de la Esperanza lugar donde vivía un pariente suyo, al parecer. El hombre subió a la casa, saludó a su pariente y envió a la criada al café de Barbieri a por dos cafés y ocho huevos fritos con tomate. Tras ingerir la pitanza ordenó a su familiar que abonase la cuenta, ya que él no disponía de dinero. Al negarse éste, el hombre insultó y agredió al dueño de la casa saltando por el balcón abierto, con mucha agilidad, ante el pasmo de la familia. En la cercana calle del Ave María fue detenido y conducido a la comisaría del Centro, acusado de estafa por valor de 65 pesetas. Ni el cochero ni el café de Barbieri consiguieron cobrar el importe de sus cuentas pendientes. 

Hoy el Nuevo café Barbieri sigue abierto. Desde los años ochenta del siglo pasado es famoso por sus tertulias de cinéfilos, recitales de música y las exposiciones de fotografía y pintura que se organizan en su interior. 

A muy poca distancia del café estaba el teatro Barbieri, en la calle de la Primavera, número 7. Fue inaugurado el día 1 de noviembre de 1899 con la obra “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla Moral. Este teatro ya existía desde el año 1880 con el nombre de teatro Madrid; contaba con dos pisos y un techo de hierro que se podía descorrer durante las noches de verano, en menos de cinco minutos. Su espacioso escenario tenía un telón de boca que representaba la Puerta de Alcalá. En el año 1898 el teatro Madrid se arrienda a otra empresa, se remodela y cambia su nombre por el del famoso compositor de zarzuelas Barbieri, para ser inaugurado al año siguiente. 

El mismo año de la apertura del teatro Barbieri es contratada la cupletista Augusta Berges, la primera artista de su género que alcanzó fama en Madrid. Su cuplé “La Pulga”, canción cuya letra (entonces en italiano) estaba salpicada de frases de doble sentido que Augusta acompañaba con movimientos pícaros y desenfadados en busca del insecto por todo su cuerpo, causó sensación en la época. 

“La Pulga” fue cantada por primera vez en España por la señorita Nelle Martini. De origen italiano, esta melodía fue después traducida a todos los idiomas dado el éxito que obtuvo. La versión española fue estrenada por Pilar Cohen en el Royal-Kursaal de Madrid. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es
Pilar Cohen buscándose "La Pulga" en 1910.

El teatro Barbieri fue destruido por un terrible incendio en diciembre del año 1927. Alguien había dejado un cigarro mal apagado sobre el diván de uno de los palcos; de madrugada comenzó a arder, despertando al conserje del teatro que tenía su vivienda en el mismo edificio y no pudo hacer otra cosa que avisar a los bomberos. Su esposa y los cinco hijos de la pareja, que habían quedado atrapados por el fuego en la vivienda, tuvieron que ser rescatados por un vecino albañil que trajo una escalera de mano. El incendio estuvo a punto de afectar a las casas colindantes al teatro cuyos ocupantes se vieron en la obligación de desalojarlas sacando sus muebles y enseres a la calle, que fueron custodiados por la Guardia Civil. El espectáculo en cartel, en el momento de los hechos, era un “music-hall” con la artista Antinea, quien perdió gran parte de su vestuario. 

Foto: ABC. (1913)
El teatro Barbieri volvió a construirse en la calle de la Primavera. Antes y después del incendio fue un local en el que se celebraban numerosos mítines políticos socialistas y republicanos, asambleas gremiales, actos reivindicativos y espectáculos cuya finalidad era la recaudación de fondos para familias de obreros sin trabajo. Anunciándose como cabaret también era baile hasta las nueve de la noche y ofrecía espectáculos de varietés, desde las once hasta la madrugada, en los años 30 del siglo pasado. 




Fuentes:
Hemeroteca digital de la B.N.E.
Hemeroteca digital del ABC.
Wikipedia.org
Prensahistorica.mcu.es
Agradecimiento especial al personal del Nuevo café Barbieri, por su amabilidad y a Vicente Valdés, quién me llevó a conocerlo.