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miércoles, 3 de junio de 2020

CAFÉ DE NUMANCIA – CAFÉ DE LA MAGDALENA.

La antigua calle de la Magdalena, que aún conserva recias construcciones palaciegas del siglo XVIII, siempre fue comercial y bullanguera. En ella estuvo el famoso Teatro de Variedades desde el año 1843 (reconstruido en 1849), que fue uno de los de más honrosa historia y simpática popularidad de Madrid hasta ser consumido por un pavoroso incendio sin víctimas en el mes de enero de 1888.

Fuente: madrid.org (1850). El Teatro de Variedades, durante una representación.
  
Como toda calle popular, esta de la Magdalena contaría en su número 30 (hoy nº 28) con un famoso café allí instalado desde el año 1880, por entonces propiedad de Lorenzo Ortiz. El Café de Numancia, uno de los más longevos de Madrid, pasaría con el tiempo a tener otros nombres y a dedicar sus representaciones a distintos géneros musicales.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1899). Anuncio del Café de Numancia, convocando a una reunión.


El Numancia fue un café de reuniones y musical desde el principio. Contaba con un virtuoso pianista, que primero iba para médico y resultó músico de talento, llamado Federico Chueca, quien por cinco pesetas diarias y una cena acompañaba por las noches a las artistas allí contratadas. 
 
También café de cante flamenco, a la moda de aquellos años, el Numancia sería de los primeros en obsequiar a sus parroquianos con un billete de una rifa de un objeto artístico, que se entregaría al que coincidiese con el premio gordo de la Lotería Nacional. Un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso, vecino de Lavapiés durante el curso de 1897-1898 de la Real Academia de San Fernando, también se contaba entre los clientes de este café.

En el año 1891, después de cuatro meses de reforma, volvió a abrir el Café Numancia habiendo realizado muchas mejoras. Espejos, aparatos eléctricos y una espléndida colección de marinas, realizadas por el pintor Adolfo Giráldez Peñalver, sería la elogiada decoración de este café de barrio. No fue el último arreglo del local porque en el año 1901, bajo la dirección del joven decorador Manuel Fernández, el nuevo dueño del Numancia, Wenceslao Pérez, volvería a inaugurar este café sencillo y elegante con una cena ofrecida a la prensa, acompañada de un espléndido concierto de guitarras y bandurrias.
 
En los primeros años del siglo XX este café volvería a cambiar de dueño y de nombre, titulándose Café de la Magdalena.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907). Anuncio del recien inaugurado Café de la Magdalena.

Propiedad de Luis González desde 1907, sus salones y sala de billar fueron decorados con un gusto más moderno. De él desaparecerían los espejos, aparatos eléctricos y las marinas que Adolfo Giráldez había pintado para el antiguo Café de Numancia. En su propaganda se anunciaban grandes estancias para fiestas, bodas y banquetes. Lo único que parecía perdurar de su antecesor era la “vicaría” o salón para citas, que tenía su entrada por la trasera calle de la Cabeza, número 33.

Como curiosidad, en el año 1908 el dueño del café tuvo que denunciar en el Juzgado de Guardia a tres parroquianos que tenían la costumbre de llevarse todas las noches la silla donde tomaban asiento, llegando a reunir más de treinta.
 
Fuente: madrid.org (años veinte del siglo anterior). Albert Ziegler pintó esta escena, que quizá pudo haber sido en el Café de la Magdalena.

El Café de la Magdalena se convertiría en uno de los más famosos cafés de cante de Madrid, contratando a quienes después serían grandes figuras del flamenco. Éste fue el caso de Juan Sánchez Valencia “Estampío”, que llegaría a ser muy conocido por su baile del “Picador”. Bailaores como Salud Rodríguez “La hija del Ciego” o Vicente Escudero, a quien Manuel de Falla encargó la coreografía de “El amor brujo” y el prestigioso cantaor Antonio Chacón, también actuaron en este café. 
 
Sobre el año 1919 el nuevo propietario del local era Antonio Toledano. El género flamenco empezaría a combinarse con las varietés y el cuplé en los espectáculos de viejo café, al que cambiaron su nombre por el de Kursaal de la Magdalena
 
Cincuenta céntimos (de peseta) deban derecho a la entrada a este establecimiento de atmósfera cargada. Mesas, bancos de madera y pequeños palcos se situaban en torno a la sala. En el fondo un pequeño bar, una tarima que hacía de escenario y a su derecha una cortina que ocultaba la puerta de los retretes. Para la decoración de las paredes de algunas zonas se habían utilizado cabezas de toros y variados carteles.
 
Se llegó a decir que el Kursaal de la Magdalena era la basílica metropolitana del culto flamenco ya que, entre otros muchos artistas famosos en ese arte, allí actuaría Francisco Mendoza Ríos “Faíco”, al que se atribuye la creación del baile por farruca. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1921). Anuncio de las actuaciones del Kursaal de la Magdalena, con el bailaor "Faíco".

El día 8 de mayo de 1930 el viejo café de cante se convirtió en cabaret. Su dueño, que seguía siendo Antonio Toledano, lo volvió a inaugurar con el nombre de Trianón Sevilla, maravilloso rincón andaluz, con el precio de la entrada a una peseta.
 
Sin duda, para conservar el viejo ambiente, el Trianón también ofertaba en sus espectáculos un cuadro flamenco, pero a la vez y sobre todo sus funciones eran de variedades venidas a menos. Se mantenían los palcos del viejo café, pero el local había sido reformado. En su escenario imperaba la frivolidad de mujeres fatales artistas de menor categoría, anunciadas, en un largo programa en la puerta, como cupletistas y bailarinas. Su jornada comenzaba a primera hora de la tarde y terminaba a última hora de la madrugada. Cantaban y bailaban en el pequeño escenario, luego alternaban en las mesas y de ellas retornaban al tablao. Los espectadores venían e iban mientras ellas continuaban en el reducido local hora tras hora, copa tras copa, para salir de madrugada, con los pies heridos de bailar y la garganta deshecha de beber.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). Ambiente del interior del Trianón Sevilla.
 
Muchos clientes iban al Trianón Sevilla para ver en persona al que fue campeón de Europa en peso pluma, Antonio Ruiz. El exboxeador, de suerte adversa, era el portero del local a su pesar.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). El exboxeador Antonio Ruiz, corta la entrada de un cliente en la puerta del Trianón Sevilla.

La historia de este local se pierde casi al final de la Guerra Civil Española (1936-1939), años durante los que mantuvo su actividad como tantos otros negocios.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
Los cafés cantantes de Madrid 1846-1936”. José Blas Vega.
madrid.org




 

lunes, 4 de mayo de 2020

EL CAFÉ SUIZO.

Pocos años antes de que la calle Ancha de Peligros fuese renombrada como calle de Sevilla, vino a instalarse en Madrid el Café Suizo. En la esquina con la calle de Alcalá, en una casa elegante y de nueva construcción, la compañía formada por Francisco Matossi y Pedro Fanconi abrió este nuevo café el día 3 de mayo de 1845.

Fuente: momoriademadrid.es (1919). La calle de Alcalá y el Café Suizo, cuyo toldo se aprecia a la derecha de la fotografía.

Los dueños formarían la sociedad “Matossi, Fanconi y Compª.” abriendo cafés con el mismo nombre en varias ciudades del país (Bilbao, Zaragoza, Alicante, Granada, Sevilla) hasta un total de cincuenta y tres. Cada uno de sus locales, además de los salones para tertulias, tenía una zona destinada a pastelería, ya que Fanconi era un excelente repostero.

El Café Suizo de la calle de Alcalá era un local con capacidad para quinientas personas, con entrada por la calle de Ancha de Peligros (Sevilla) y por la de Alcalá. Sus grandes ventanales se repartían entre ambas calles y, si el tiempo acompañaba, disponía una terraza a lo largo de su fachada. 
 
Dividido en varias y espaciosas salas el Suizo adornaba sus paredes, cuando fue inaugurado, con rico papel de diferentes clases. Veladores de mármol en varios colores rodeados de pequeñas banquetas sin respaldo forradas de terciopelo rojo, elegantes y bien situados quinqués de gas. En la planta del sótano tenía dos espléndidas mesas de billar y una escalera de caracol construida al aire, que subía a un pequeño salón donde había varias mesas para juegos no prohibidos.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1871). Interior del Café Suizo.

Inmediato a la zona donde se ubicaba la venta de repostería vino a situarse un salón para señoras.  

Comenzaba el verano del año 1855 y los dueños de este café pensaron que las mujeres solas, cuya presencia en estos establecimientos no estaba bien vista sin estar acompañadas de padre, hermano o marido, también tenían derecho a disfrutar de sus instalaciones. El nuevo recinto mostraba a su entrada un rótulo prohibiendo el acceso a los caballeros, quienes de inmediato tacharían la nueva propuesta de extravagante y ridícula. Los detractores del nuevo salón exigían que debía desaparecer, aduciendo que la mayor parte de las damas refrescan, visten, calzan y se divierten a costa de los hombres. No tendrán quien las convide. Pero el salón blanco, como así lo llamaron, fue un éxito de público.

En el Café Suizo se celebraron muchas tertulias de políticos, literatos, aficionados al toro, médicos, economistas. Junto a las puertas de la repostería, en uno de los veladores, solía sentarse Gustavo Adolfo Bécquer, que a este café asistió hasta el final de su vida.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1919). Tertulias en el Café Suizo.

El político Antonio Cánovas del Castillo, el poeta Vicente Barrantes o el escritor Pedro Antonio de Alarcón formaron parte de una tertulia en este café entre los años 1848 y 1857.

Sobre el año 1870 el dramaturgo Marcos Zapata o el dibujante Francisco Ortego se reunían también con el autor Adelardo López de Ayala y los pintores José Casado del Alisal y Antonio Gisbert.
 
La lista de los tertulianos en el Café Suizo fue muy extensa. Por él pasarían, a lo largo del tiempo, políticos como Nicolás Salmerón o Laureano Figuerola; escritores como José Echegaray o Manuel Fernández y González.

El Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal tuvo también tertulia en este café, que recordaría en el libro “Recuerdos de mi vida” publicado en el año 1901. Yo debo mucho a la sabrosa tertulia del Suizo. Aparte ratos inolvidables de esparcimiento y buen humor, en ella aprendí muchas cosas y me corregí de algunos defectos.

Fuente: madrid.org (1919). La esquina de la calle de Alcalá con la de Sevilla.
 
El honesto café de la alta burguesía madrileña, serio y tranquilo, poco a poco fue entrando en decadencia. Los componentes de las tertulias fueron creciendo en edad, mientras que los jóvenes escogían otros lugares de esparcimiento con ambientes más bulliciosos.
 
Aquel viejo Café Suizo echaría el cierre definitivo el día 16 de julio de 1919. Su edificio sería demolido y con él también desaparecería el famosísimo Salón Teatro Japones de efímera pero intensa historia.
 
Aquellos quesitos helados, los pasteles y los bollos de leche especialidad del repostero Fanconi a los que pusieron el nombre de suizos, serían recordados en el tiempo al igual que las mil y una tertulias que allí tuvieron lugar, cuyos componentes evocarían con melancolía en sus múltiples memorias o en artículos de los periódicos.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1919). Fachada del Café Suizo con su terraza.

Con rapidez comenzarían las obras de un nuevo edificio, propiedad del Banco de Bilbao. El proyecto del arquitecto Ricardo de Bastida concluyó en el año 1923 y allí continúa.


Fuentes:

es.wikipedia.org
hemerotecadigital.bne.es
madrid.org
memoriademadrid.es
prensahistorica.mcu.es

miércoles, 1 de abril de 2020

CAFÉ ORIENTAL y "TIRAR DE LA OREJA A JORGE".

Mucho se ha citado al Café Oriental de la Puerta del Sol, número 11, en prensa y en libros de autores como Pío Baroja o Benito Pérez Galdós. Su espléndida ubicación, haciendo esquina con las madrileñas calles de Preciados y de Tetuán, sirvió a los viandantes como referencia para indicar otras direcciones. La acera de su fachada fue mentidero de la Villa y lugar de reunión para grupos políticos de todas las ideologías, pero también se convirtió en un lugar excepcional para ver la dorada bola del “reloj de Gobernación” (hoy Comunidad de Madrid), que hasta bien entrado el siglo XX bajaba y subía dos veces diarias para señalar las doce horas.


Fuente: bdh-rd.bne.es (1862). Edificio de la Puerta del Sol con el Café Oriental en la esquina con la calle de Preciados.

Sería el domingo 10 de octubre de 1861 cuando, en la recientemente inaugurada Puerta del Sol, abrió sus puertas el Café Nuevo Oriental, con un salón capaz de recibir a mil cuatrocientas personas y decorado con un lujo exquisito en colores blanco y dorado. De altos techos, elegantes columnas de hierro, espacioso, bien iluminado por elegantísimos aparatos de gas y un salón de billar en su entresuelo, el local tenía acceso a través de varias puertas. 

Es de suponer que, entre la suntuosa decoración, el Oriental también había pensado en los aseos. No sabemos nada sobre el tema, pero sí que, en su misma puerta, sería instalada una columna mingitoria para uso exclusivamente masculino, allá por el año 1863. El centro de Madrid se hallaba entonces plagado de estos pequeños urinarios, situados en las zonas más transitadas (Red de San Luis, Puerta del Sol, calle de Alcalá), que eran además utilizados por limpiabotas o vendedores de pequeños artículos para ubicar sus negocios. Estos recintos no disponían de un hilo de agua que constantemente los lavara, siendo insuficiente su limpieza e insoportable el hedor que desprendían.


Fuente: bdh-rd.bne.es (1863). Señalada por la flecha aparece, en este recorte de fotografía, la columna mingitoria situada frente al Café Oriental.

El Café Oriental era famoso por las meriendas familiares, las tertulias de todo tipo en las que de todo se hablaba y por sus ricos panecillos largos y tiernos. En su gran salón de billar, situado en el entresuelo, fue apresado un grupo de aficionados a tirar de la oreja a Jorge, en el año 1889.

El juego de azar, que dependía de la suerte, estuvo prohibido en el país a lo largo de casi todo el siglo XIX y gran parte del XX. Su ejecución era considerada como un delito, lo que no impedía la proliferación de timbas clandestinas en los rincones de muchos establecimientos, entre ellos en los cafés. (El eufemismo “tirar de la oreja” parece provenir del siglo XVI, aunque con mucha posterioridad se le añadió el nombre de Jorge, quedando así la expresión utilizada en la prensa del siglo XIX para designar la acción de apostar por parte de los jugadores). 

En el mes de noviembre de 1894 el nuevo propietario del Café Oriental, Francisco Amigó González, sobrino del fundador, llevó a cabo una fastuosa remodelación del local, convirtiendo este negocio en uno de los más imponentes de la Puerta del Sol y aledaños.

Bajo la dirección de la prestigiosa casa de Nicasio Pechuán e hijo, el local fue transformado en una sala espléndida de la Alhambra. Molduras en los altos techos con profusión de dorados que crearon ambientes distintos, paredes forradas con grandes espejos, nuevo y brillante mobiliario en tonos oscuros, luz eléctrica y caloríferos. El nuevo diseño en madera para su fachada, de la casa Climent hermanos, incorporó los anuncios de aquellos productos que en el local se podían consumir. 


Fuente: mcu.es (finales del siglo XIX). La fachada muestra la nueva decoración del Café Oriental en la Puerta del Sol y en lateral de la calle de Preciados.

Se podría decir que por el Oriental pasó de todo y todos pasaron. Era un gran centro de reunión donde ver y dejarse ver, pero la respetable tranquilidad de su clientela no estaba exenta, en ocasiones, de algún lance pendenciero, sustracciones al descuido, petardos reivindicativos o de algún pollo pera dispuesto a entrar con su caballo con el fin de pasear entre los veladores. 

  
Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1905). La calle de Preciados y a la derecha el rotulo del Gran Café Oriental.

Benito Miranda sería el nuevo propietario del Gran Café Oriental en el año 1916. Un año más tarde, ante la subida de los precios de todos los artículos, la “Asociación de los dueños de cafés” había acordado incrementar el precio de los bollos y las medias tostadas a 0,15 céntimos (de peseta), pero por el incumplimiento de tal pacto por parte de otros propietarios del mismo gremio, el Oriental optó por regalar estas consumiciones a los primeros ciento cincuenta clientes, y hasta las 10h. de la mañana, que las solicitaran.

Los conciertos también fueron muy populares en el Café Oriental durante esta segunda década del siglo XX. El muy afamado y reputado violinista Fermín F. Ortiz acompañado por el maestro Espinosa, fueron muy del agrado de los inteligentes que premiaron con sus aplausos la inspirada labor de dichos señores.  

En el año 1925 se solicitaría una licencia de obras para el Café Oriental. Parece que se trató de dar un aire nuevo al local, despojándolo de su vieja fachada de madera oscura y, tal vez, de todos los artesonados que adornaban el interior. De esta manera, su exterior se cubrió con claras losas de mármol y se instalaron ventanas con grandes lunas de cristal, que lo despojaron de la elegancia de tiempos pasados. 


Fuente: madrid.org Fotografía de Martín Santos Yubero (años 30 del siglo XX). El café Oriental, con el diseño de 1925, durante la Guerra Civil Española.

El Oriental fue uno de los cafés socializados durante la Guerra Civil Española (1936-1939), manteniendo su actividad. Tras la contienda, el café desapareció y en su local fueron instalándose diversos comercios a lo largo del tiempo.



Fuentes:
bdh-rd.bne.es
bibliotecavirtualmadrid.org
hemerotecadigital.bne.es
madrid.org
mcu.es
prensahistoria.mcu.es

miércoles, 19 de febrero de 2020

ESPECIAL BENITO PÉREZ GALDOS. (Parte II). GALDÓS Y LOS CAFÉS.

Antiguos Cafés de Madrid continúa su homenaje a la figura de Benito Pérez Galdós en compañía de Álvaro Llorente, guía cultural y colaborador de Espacio Madrid, recorriendo los lugares de la ciudad que marcaron la obra y la vida del espléndido novelista.




En el año 1862, cuando Galdós llegó a Madrid procedente de Las Palmas de Gran Canaria, se encontró con una bulliciosa Puerta del Sol recién remodelada. De inmediato, surgiría la fascinación del escritor por el mundo de los cafés que allí acababan de inaugurarse y por las tertulias que en ellos se celebraban. ¿Qué influencia tuvieron en la enorme obra de Pérez Galdós estos establecimientos?

A lo largo de su extensa producción describió al detalle la historia de Madrid y de sus habitantes, durante el siglo XIX. Expresiones y frases castizas aparecen en boca de los personajes, tal y como el novelista las escuchaba en realidad. ¿Cómo y de dónde tomaba Galdós el lenguaje de sus protagonistas?

Sin duda el antiguo Ateneo de Madrid, que por entonces y hasta el año 1884 se ubicaba en la calle de la Montera, fue el lugar que influyó más en el escritor. En él Pérez Galdós conocería a todos los destacados intelectuales del momento. Allí sería testigo de acontecimientos históricos que más tarde plasmaría en sus novelas y escucharía las más singulares discusiones filosóficas, que en este vídeo conoceremos.

Benito Pérez Galdós falleció el día 4 de enero de 1920. Su entierro se convirtió en uno de los más multitudinarios de Madrid, al que asistieron miles de mujeres y hombres de todas las clases sociales, mientras la España oficial se mantenía al margen.

- Otros artículos relacionados con Benito Pérez Galdós en Antiguos Cafés de Madrid:

martes, 28 de enero de 2020

CAFÉ DE PRADA, UNA TRAVESÍA Y UNA FUENTE.

La calle de San Bernardo, situada en el centro de Madrid, se llamó de los Convalecientes hasta que Felipe II mandó cerrar el hospital en ella ubicado y que le daba nombre. Poco después pasó a denominarse de los Convalecientes de San Bernardo, recogiendo así la denominación del convento dedicado a este santo y cuyo primer oficio fue celebrado en el año 1596. Ya en el siglo XIX, para distinguirla de otra más estrecha y con el mismo título, pasó a llamarse calle Ancha de San Bernardo (Ancha, para los del barrio), hasta que finalmente quedó con el escueto nombre de San Bernardo.


Fuente: mcu.es. Fotografía de Antonio Passaporte-Loty- entre 1927 y 1936. La calle de San Bernardo. A la derecha el inicio de la calle de los Reyes.

En el antiguo número 50 de esta vía (cuya casa ya derruida se corresponde con el actual número 40) vino a instalarse el Café de Prada, propiedad de Santiago Prada y cuya historia se remonta al año 1884.

Su servicio esmerado, la música de sus conciertos y un gran salón de billar harían del de Prada uno de los cafés de barrio más populares entre los estudiantes de la cercana Universidad Central de Madrid. Además, sería el lugar elegido por el periodista Emilio Carrere, los poetas Mauricio Bacarisse y Francisco Martínez Corbalán, el músico José Losada o el escritor antitaurino Eugenio Noel (Eugenio Muñoz Díaz), para la celebración de su tertulia.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1903).


El Café de Prada parece que comenzó su declive con la llegada del nuevo siglo. En su local comenzaban a reunirse pandillas de rateros que espantaban a la clientela y así Ricardo Prada, su dueño por entonces, traspasó el local que se convertiría en el Café Mercantil.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907).
 
Poco duró el nuevo negocio a su dueño, Guillermo Encinas de la Nieta, ya que sólo un año y pocos meses después de su apertura sería declarado en quiebra por el Juzgado de Primera Instancia del distrito del Hospicio, como se anunciaba en el mes de agosto de 1907.

Durante los primeros días del mes de enero de 1908, y con nuevos propietarios apellidados Gabela, el Café Mercantil volvió a ser inaugurado. Estos reputados jefes de cocina y reposteros anunciaban selectos menús bien condimentados, manteniendo en su negocio la estupenda sala de billar y los hermosos conciertos, con una orquesta de veintidós músicos. Pero tampoco duraría demasiado este café de la calle de San Bernardo en sus manos. Dos años después, en 1910, sería adquirido por Crisanto García del Barrio, industrial propietario del cinematógrafo Franco-Español, situado en la calle del Duque de Alba (terreno que con posterioridad ocuparía el ya desaparecido Cine Alba).

El Café Mercantil fue noticia, a su pesar, por un hecho curioso. Dos días antes de ser asesinado José Canalejas Méndez (presidente del Consejo de Ministros en 1912) en la Puerta del Sol, su ejecutor Manuel Pardiñas pasó varias horas en el café. Tras ingerir varias copas de coñac, vermú francés y fumar algunos cigarros de la mejor calidad, mantuvo distendidas charlas con la clientela y los músicos que allí actuaban. Tras el atentado, la fotografía de Pardiñas fue publicada por los periódicos de la época y todos reconocieron al individuo que la noche de aquel domingo de noviembre estuvo en el Mercantil

Lo más singular de este caso fue que, al prestar declaración en el juzgado, compañeros y conocidos aseguraron que Pardiñas era un hombre bastante reservado, que no fumaba ni bebía y no le gustaba salir por la noche.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1932) y fotografía de la derecha M.R.Giménez (2020). La travesía de la Cruz Verde, con el Gran Café Bar Ideal, en 1932. El mismo lugar, hoy.

A principios del mes de marzo de 1916, en el mismo emplazamiento de la calle de San Bernardo, abriría un nuevo negocio con el título de Gran Café-Bar Ideal.

Suntuoso y refinado, sus nuevos dueños, Eduardo Arenal y Salvador Guinea, montaron en el nuevo café un servicio de pastelería, repostería y fiambres a domicilio, además de convertirlo también en chocolatería con precios económicos. Mantuvieron la sala de billar de cuatro mesas y el salón para las tertulias, en el que instalaron un elegante, artístico y magnífico piano orquestal norteamericano, equivalente a una orquesta de veinticinco profesores.

Hacia el año 1923 el Gran Café-Bar Ideal caería en declive, convirtiéndose en un modesto local en donde tomar un desayuno y salir por la puerta, pero manteniendo su sala de billar.

El edificio donde se ubicaron sucesivamente los cafés mencionados hacía esquina con la travesía de la Cruz Verde, que hasta el año 1835 se llamaba calle del Nabo. Con escasos veinte metros de longitud, esta pequeña travesía une las calles de San Bernardo y de la Cruz Verde.

Fuente: mcu.es. Fotografía de Juan M. Pando (1963). Así era la casa de la c/ de San Bernardo y la travesía de la Cruz Verde, donde se ubicaron estos cafés. El local terminó siendo ocupado por un banco.

Abastecida por el viaje de agua de Amaniel, vino a instalarse en esta travesía de la Cruz Verde una fuente de vecindad con forma de un jarrón grande de hierro. Corría el año 1848 cuando este caño vecinal fue inaugurado, reemplazando a la que fue famosa Fuente del Cura, situada en la cercana calle del Pez.  

Fuente: memoriademadrid.es (1864). Alfonso Begué. La Fuente de la Piña.

La fuente sería conocida como Fuente de la Piña por el vecindario y es muy posible que durante la Guerra Civil Española resultara destruida, siendo reemplazada por otra de piedra, también con un sólo caño y pilón.

Fuente: mcu.es (1963). Fotografía de Juan M. Pando. La travesía de la Cruz Verde con la fuente que reemplazó a la conocida como de la Piña.


Sería al principio de la década de los años setenta del siglo pasado, cuando el edificio y la fuente de la travesía de la Cruz Verde fueron demolidos.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
mcu.es
memoriademadrid.es
prensahistoriaca.mcu.es