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Mostrando entradas con la etiqueta flamenco Madrid. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 3 de junio de 2020

CAFÉ DE NUMANCIA – CAFÉ DE LA MAGDALENA.

La antigua calle de la Magdalena, que aún conserva recias construcciones palaciegas del siglo XVIII, siempre fue comercial y bullanguera. En ella estuvo el famoso Teatro de Variedades desde el año 1843 (reconstruido en 1849), que fue uno de los de más honrosa historia y simpática popularidad de Madrid hasta ser consumido por un pavoroso incendio sin víctimas en el mes de enero de 1888.

Fuente: madrid.org (1850). El Teatro de Variedades, durante una representación.
  
Como toda calle popular, esta de la Magdalena contaría en su número 30 (hoy nº 28) con un famoso café allí instalado desde el año 1880, por entonces propiedad de Lorenzo Ortiz. El Café de Numancia, uno de los más longevos de Madrid, pasaría con el tiempo a tener otros nombres y a dedicar sus representaciones a distintos géneros musicales.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1899). Anuncio del Café de Numancia, convocando a una reunión.


El Numancia fue un café de reuniones y musical desde el principio. Contaba con un virtuoso pianista, que primero iba para médico y resultó músico de talento, llamado Federico Chueca, quien por cinco pesetas diarias y una cena acompañaba por las noches a las artistas allí contratadas. 
 
También café de cante flamenco, a la moda de aquellos años, el Numancia sería de los primeros en obsequiar a sus parroquianos con un billete de una rifa de un objeto artístico, que se entregaría al que coincidiese con el premio gordo de la Lotería Nacional. Un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso, vecino de Lavapiés durante el curso de 1897-1898 de la Real Academia de San Fernando, también se contaba entre los clientes de este café.

En el año 1891, después de cuatro meses de reforma, volvió a abrir el Café Numancia habiendo realizado muchas mejoras. Espejos, aparatos eléctricos y una espléndida colección de marinas, realizadas por el pintor Adolfo Giráldez Peñalver, sería la elogiada decoración de este café de barrio. No fue el último arreglo del local porque en el año 1901, bajo la dirección del joven decorador Manuel Fernández, el nuevo dueño del Numancia, Wenceslao Pérez, volvería a inaugurar este café sencillo y elegante con una cena ofrecida a la prensa, acompañada de un espléndido concierto de guitarras y bandurrias.
 
En los primeros años del siglo XX este café volvería a cambiar de dueño y de nombre, titulándose Café de la Magdalena.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907). Anuncio del recien inaugurado Café de la Magdalena.

Propiedad de Luis González desde 1907, sus salones y sala de billar fueron decorados con un gusto más moderno. De él desaparecerían los espejos, aparatos eléctricos y las marinas que Adolfo Giráldez había pintado para el antiguo Café de Numancia. En su propaganda se anunciaban grandes estancias para fiestas, bodas y banquetes. Lo único que parecía perdurar de su antecesor era la “vicaría” o salón para citas, que tenía su entrada por la trasera calle de la Cabeza, número 33.

Como curiosidad, en el año 1908 el dueño del café tuvo que denunciar en el Juzgado de Guardia a tres parroquianos que tenían la costumbre de llevarse todas las noches la silla donde tomaban asiento, llegando a reunir más de treinta.
 
Fuente: madrid.org (años veinte del siglo anterior). Albert Ziegler pintó esta escena, que quizá pudo haber sido en el Café de la Magdalena.

El Café de la Magdalena se convertiría en uno de los más famosos cafés de cante de Madrid, contratando a quienes después serían grandes figuras del flamenco. Éste fue el caso de Juan Sánchez Valencia “Estampío”, que llegaría a ser muy conocido por su baile del “Picador”. Bailaores como Salud Rodríguez “La hija del Ciego” o Vicente Escudero, a quien Manuel de Falla encargó la coreografía de “El amor brujo” y el prestigioso cantaor Antonio Chacón, también actuaron en este café. 
 
Sobre el año 1919 el nuevo propietario del local era Antonio Toledano. El género flamenco empezaría a combinarse con las varietés y el cuplé en los espectáculos de viejo café, al que cambiaron su nombre por el de Kursaal de la Magdalena
 
Cincuenta céntimos (de peseta) deban derecho a la entrada a este establecimiento de atmósfera cargada. Mesas, bancos de madera y pequeños palcos se situaban en torno a la sala. En el fondo un pequeño bar, una tarima que hacía de escenario y a su derecha una cortina que ocultaba la puerta de los retretes. Para la decoración de las paredes de algunas zonas se habían utilizado cabezas de toros y variados carteles.
 
Se llegó a decir que el Kursaal de la Magdalena era la basílica metropolitana del culto flamenco ya que, entre otros muchos artistas famosos en ese arte, allí actuaría Francisco Mendoza Ríos “Faíco”, al que se atribuye la creación del baile por farruca. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1921). Anuncio de las actuaciones del Kursaal de la Magdalena, con el bailaor "Faíco".

El día 8 de mayo de 1930 el viejo café de cante se convirtió en cabaret. Su dueño, que seguía siendo Antonio Toledano, lo volvió a inaugurar con el nombre de Trianón Sevilla, maravilloso rincón andaluz, con el precio de la entrada a una peseta.
 
Sin duda, para conservar el viejo ambiente, el Trianón también ofertaba en sus espectáculos un cuadro flamenco, pero a la vez y sobre todo sus funciones eran de variedades venidas a menos. Se mantenían los palcos del viejo café, pero el local había sido reformado. En su escenario imperaba la frivolidad de mujeres fatales artistas de menor categoría, anunciadas, en un largo programa en la puerta, como cupletistas y bailarinas. Su jornada comenzaba a primera hora de la tarde y terminaba a última hora de la madrugada. Cantaban y bailaban en el pequeño escenario, luego alternaban en las mesas y de ellas retornaban al tablao. Los espectadores venían e iban mientras ellas continuaban en el reducido local hora tras hora, copa tras copa, para salir de madrugada, con los pies heridos de bailar y la garganta deshecha de beber.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). Ambiente del interior del Trianón Sevilla.
 
Muchos clientes iban al Trianón Sevilla para ver en persona al que fue campeón de Europa en peso pluma, Antonio Ruiz. El exboxeador, de suerte adversa, era el portero del local a su pesar.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1934). El exboxeador Antonio Ruiz, corta la entrada de un cliente en la puerta del Trianón Sevilla.

La historia de este local se pierde casi al final de la Guerra Civil Española (1936-1939), años durante los que mantuvo su actividad como tantos otros negocios.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
Los cafés cantantes de Madrid 1846-1936”. José Blas Vega.
madrid.org




 

martes, 20 de noviembre de 2018

CAFÉ DE LA ENCOMIENDA.


Quizá una de las calles más populares, costumbristas y parranderas de Madrid, durante las décadas finales del siglo XIX y las del inicio del XX, fue la antigua calle de la Encomienda, que todavía une El Rastro y la calle de Embajadores con el barrio de Lavapiés.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). La calle de la Encomienda


En esta de la Encomienda, en su número 16, estuvo desde el año 1908 el Teatro Nuevo con espectáculos de varietés, que en 1911 se convertiría en el Cine de la Encomienda y en los años cincuenta de pasado siglo pasó a ser el Cine Odeón, con nuevo y moderno edificio, que acaba de sucumbir bajo la piqueta.

Fotografía de la izquierda: viejo-madrid.es (1928). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). El Cine de la Encomienda y lo que hoy queda del Cine Odeón.


Un profesor de baile flamenco llamado Antonio Cansino Avecilla, tuvo en el número 10 de esta calle su estudio, allá por el año 1911. Con Cansino daría comienzo una saga de artistas, hijos y nietos, que emigrarían a los Estados Unidos de América en 1913. Su nieta, Margarita Carmen Cansino, que había comenzado su carrera con el nombre de Rita Cansino, sería conocida mundialmente como Rita Hayworth.

Fotografía de la izquierda: noticiariocentrodeandalucia.wordpress.com. Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). Antonio Cansino Avecilla con su nieta Rita Hayworth. Casa nº 10 de la calle de la Encomienda, donde este profesor de baile tenía su estudio.


Una calle tan animada como la de la Encomienda, a la que tampoco faltaba una Casa de Socorro en su número 21, no podía carecer de un café.


El local del número 19 de la calle de la Encomienda siempre estuvo ocupado por alguna tienda de vinos, cervecería o chocolatería, sin contar con un nombre específico de negocio. A partir del año 1882 allí se instaló el Café del Brasil, que alrededor de 1887 pasó a llamarse Café de Barcelona, siendo por entonces propiedad de Francisco Fonz.


El flamenco se había popularizado en los años finales del siglo XIX y en las siguientes décadas alcanzaría gran relevancia. 
 

El Café de Barcelona de la calle de la Encomienda se convertiría en un café de cante y baile, alrededor del año 1892 y poco tiempo después pasaría a ser conocido en todo Madrid como el Café de la Encomienda.


Fotografía: M.R.Giménez (2018). La fachada del Café de la Encomienda en la miniatura de Miguel Yunquera.


Su pequeño salón rectangular era servido por camareras y tenía en el fondo un pequeño tablao con descoloridas cortinas rojas a los lados. Junto a este escenario una varilla con media docena de pares de castañuelas, al alcance de los artistas, y en un nivel inferior un desvencijado piano. Era un café popular y modesto, con paredes forradas de recomendaciones para la clientela: “Se reserva el derecho de admisión”, “Se prohíbe subir al escenario” o “Hagan nueva consumición en cada actuación”.


Los guapos, eran los encargados de mantener el orden en el interior del Café de la Encomienda. Eran perdonavidas que trabajaban también en locales de juego. En las épocas en que estaba prohibido tirar de la oreja a Jorge (jugar apostando dinero), estos individuos se buscaban la vida impidiendo alborotos en los cafés.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1904). Interior del Café de la Encomienda.

Muchos fueron los artistas flamencos que comenzaron sus carreras en este café, que perduraría hasta el inicio de la Guerra Civil Española (1936). Sus nombres y repertorio figuraban en las pizarras que, a modo de cartelera del espectáculo, solían ponerse a la entrada del local.


Enrique Lara (bailaor), Rafaela Valverde (cantaora) primero conocida como “Tanguerita” por su corta edad y luego como “Tanguera”, Antonio Pozo “Mochuelo”, que fue el primer cantaor en presentarse ante el público bien vestido y sin vara para hacerse son, o el guitarrista Ramón Montoya, que en el año 1919 parece que se hizo cargo de este café. 

Fuente: memoriademadrid.es (1910).


Un artista singular de este local de la calle de la Encomienda sería  Baltasar Mathé. Con el nombre artístico  de “Mate sin pies”, por tener amputadas las dos piernas a la altura de las rodillas, era un bailarín de gran habilidad. Actuó por todo el país, en Londres y en París, a lo largo de su carrera.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). Fachada actual de lo que fue el Café de la Encomienda.


El Café de la calle de la Encomienda sería el último de aquel Madrid flamenco en cerrar sus puertas. Tan sólo quedaría en las citas de las novelas de Pío Baroja y en la memoria de todos los artistas que por él pasaron, arriba de su escenario o formando parte del numeroso público que a él asistía. 




Fuentes:

Bibliotecavirtualmadrid.org
Hemerotecadigital.bne.es
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936” José Blas Vega.
Memoriademadrid.es
Noticiariocentroandalucia.wordpress.com
Viejo-Madrid.es

lunes, 2 de abril de 2018

LOS CAFÉS CANTANTES DE MADRID.

A mediados del siglo XIX se produjo en Madrid una formidable transformación en los establecimientos dedicados al ocio. Las botillerías, locales en los que sólo se degustaban consumiciones, se convirtieron en cafés con espectáculos.

Surgieron entonces diversos locales especializados en los más variados tipos de funciones musicales, desde los clásicos a los recitales de ópera pasando por las canciones más populares.

También el arte flamenco comenzó a subir a los escenarios. Cantaores, guitarristas y bailaores de ambos sexos, mostraron en los tablaos un género artístico que hasta entonces sólo se presenciaba en las calles. 

Con las imágenes de la obra "Alarde de Tonadilla" de Hugo Pérez de la Pica, este vídeo cuenta la historia de los más destacados cafés flamencos que hubo en Madrid: como el Naranjeros, el Imparcial o La Marina. De ellos salieron muchos de los artistas que posteriormente llevaron su arte por el mundo.



                           Los cafés cantantes en el Teatro Tribueñe

Para más información sobre los cafés de cante que hubo en Madrid, pulsad sobre los nombres de los cafés situados en el párrafo anterior.



lunes, 4 de julio de 2016

LOS GABRIELES DE LA CALLE DE ECHEGARAY.

En la parrandera y madrileña calle de Echegaray (que hasta el año 1888 se llamó del Lobo) y haciendo esquina con la de Manuel Fernández y González (antes titulada calle de la Visitación) estuvo el muy conocido colmao Los Gabrieles.


Fotografías: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004) y M.R.Giménez (2016).
Antigua muestra del colmao Los Gabrieles y fachada actual.


El nombre de gabrieles hace referencia en cheli o jerga madrileña, a los garbanzos del cocido. Precisamente ese fue el origen del título elegido, por su primer propietario, para este negocio que comenzó en el año 1907 en la calle de la Visitación (hoy de Manuel Fernández y González), número 7.


Fuente: B.N.E. (1907).
Anuncio de Los Gabrieles, en su primer emplazamiento de la calle de la Visitación, 7 (hoy c/ de Manuel Fernández y González).

Fue el día 14 de enero de 1907 cuando abrió al público el primer local que llevó por nombre Los Gabrieles, cuya inauguración tuvo lugar dos días antes contando con la asistencia del escultor Mariano Benlliure, entre otras personalidades. El antiguo periodista Rafael José Jimeno Vizarra tuvo a bien abrir este negocio en la calle de la Visitación, que comenzó siendo un restaurant económico para clases populares. Dotado de cocinas de gas, era un lugar amplio, lujoso, lleno de luz y alegría en el que se vendía comida para llevar en recipientes traídos de casa o adquiridos en el propio lugar, incrementando a 0,25 céntimos el precio de la ración. 

Los abundantes platos de callos, vaca estofada, pote gallego y por supuesto de cocido madrileño, con precios que oscilaban entre los 0’30 y 0’70 céntimos de peseta, originaron que centenares de personas, llegadas desde todos los puntos de Madrid, agotasen cada día las existencias del establecimiento en poco menos de una hora.

Un año después de su apertura Los Gabrieles ya contaba con sus propios y elegantes comedores que, al salir del teatro servirán el bocadillo de la noche.

El éxito del restaurant de la calle de la Visitación (oficialmente c/ Manuel Fernández y González desde el año 1898) propició que su dueño abriera un nuevo negocio con el mismo nombre, situado a poca distancia, en el entonces número 19 -hoy 17- de la calle de Echegaray. Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909. 

Fue así como sobre el año 1910 apareció el nuevo restaurante Los Gabrieles de la calle de Echegaray, sucursal del anterior, y que con el tiempo se convertiría en el famoso colmao flamenco.

Fuente: B.N.E. (1915).
Fachada del colmao Los Gabrieles en la calle de Echegaray.

A partir del año 1911 Los Gabrieles fue convertido en un restaurant sevillano, con una zona de entrada en la que se había instalado un mostrador cuyo frontispicio está hecho con cerámica de la propia Cartuja y un gran número de “cuartos especiales” decorados con vistosidad. 

Sobre sus muros aparecían pintados los paisajes de Granada, con la Alhambra y los cármenes, de Sevilla, con su Giralda y la Torre del Oro junto al Guadalquivir. Otro de los cuartos, instalado en el sótano, había sido decorado a semejanza de una tartana valenciana con sus asientos, además del ruedo de una plaza de toros, con su barrera. El resto de las habitaciones tenían una decoración más severa, a excepción de la titulada “La Lidia” que contenía multitud de láminas con tema taurino, firmadas por el pintor Daniel Perea Rojas.

Fuente: B.N.E. (1915) y lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Zona del sótano de Los Gabrieles, en la calle de Echegay, en la que se aprecia el ruedo de la plaza de toros, con su barrera.

En el año 1915 Los Gabrieles, de la calle de Echegaray, ya contaba con un conocido ambiente compuesto por toreros, guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco. Sus veinticuatro trabajadores, sevillanos en su mayoría, provenían del mundo taurino y sirven al público con esmero extraordinario. 

A partir del año 1917 las pinturas murales de las paredes del local empezaron a ser reemplazadas por azulejos de cerámica con diseño de prestigiosos pintores como Enrique Orce Mármol, Enrique Guijo Navarro o Alfonso Romero Mesa.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Dos de los murales de cerámica de Los Gabrieles.

Esta decoración, en su mayoría, consistía en paneles con anuncios publicitarios de diferentes bodegas como “Anís del Cisne”, “La Gitana” (manzanilla), “Marqués del Mérito” coñac y vinos, “Clásica” manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. También otras empresas como “La Balandrista” (conservas) o “Gallegas Olibet” abonaron el coste de los murales cerámicos con el fin de publicitar sus productos en un local cuya fama iba cada vez más en aumento.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Murales cerámicos de Los Gabrieles.

Alrededor del año 1924 Adrián Quijano, veterano encargado de Los Gabrieles, hombre a la antigua y de pintoresca facundia (de abundante y fácil palabra), se hace con la propiedad del local de la calle de Echegaray, ese rincón simpático donde se refugia la juerga que se quiere ribetear de arte, en opinión de alguna prensa del momento. 

La realidad fue que el colmao Los Gabrieles ya se había convertido en uno de los más famosos centros de flamenco que tenía Madrid, contando con su propio cuadro de bailaores, guitarristas y cantaores, a pesar de no ofrecer espectáculos sujetos a horario ni programación específica. Allí se consolidó el dúo formado por el cantaor Antonio Chacón García y el guitarrista Ramón Montoya Salazar, también compositor, siempre acompañado de su famosa guitarra apodada “La Leona”. Montoya fue el primero en impulsar el sonido de este instrumento en el cante ya que, hasta entonces, sólo había servido como acompañamiento de las voces.

Las tertulias de toreros y las jaranas flamencas en los reservados de Los Gabrieles, en su mayor parte organizadas tanto por señoritingos como por individuos de relevancia social, hicieron de Los Gabrieles un lugar cuya fama traspasó la ciudad de Madrid. Los numerosos banquetes que se organizaron para homenajear a escritores, dibujantes y artistas hicieron del restaurante andaluz un lugar al que volver. Fue el caso del famosísimo guitarrista Andrés Segovia Torres quien, acompañado del periodista peruano Felipe Sassone Suárez y del pianista Tomás Terán París, protagonizó una curiosa anécdota. 

En el transcurso de una comida en Los Gabrieles dos hombres gitanos con guitarra se acercaron a Andrés Segovia y sus acompañantes, preguntando al grupo: ¿Quieen oztez una mijita de juerga? Segovia propuso a sus amigos mantener oculta su muy conocida identidad, para que los músicos se manifestaran libremente. La figura del maestro, con melena y gafas por entonces, llamó la atención de los flamencos que preguntaron a Sassone sobre su identidad, obteniendo por respuesta que se trataba de un pintor francés. ¿Eze tío tan raro es franchute? Poz ahora va a ver eze tío la chipén. Tras los primeros jipíos y manoteos de guitarra, Andrés Segovia cogió el instrumento e intentó tocarlo aparentando desconocimiento, a lo que el guitarrista flamenco contestó: Ya zabía yo que ezte tío franchute no diquelaba de guitarra, a lo que el maestro respondió: ¡Qué franchute ni que cuerno, si soy más español que usted! y comenzó a tocar entre las risas de sus acompañantes y la estupefacción de los gitanos que fascinados se preguntaban ¿De dónde ha zalío ezte hombre?

La fama de Los Gabrieles, que alternaba la golfería pudiente con una clientela de artistas y escritores de reconocido prestigio, fue decayendo al finalizar la década de los años 50 del pasado siglo. Tres décadas después el local volvió a sus orígenes flamencos, recibiendo una clientela heterogénea compuesta por jóvenes y extranjeros.

En el año 2004 el colmao Los Gabrieles echó el cierre, debido a que el edificio de la calle de Echegaray, número 17, fue vendido a una empresa constructora. El local, con sus paredes de cerámica, fue protegido en el Plan General de 1997 por el Ayuntamiento de Madrid. En la actualidad, y tras numerosas vicisitudes que incluyen la reforma integran del edificio, una posterior okupación por un colectivo de lucha por una vivienda digna y un discutible proceso de restauración de los famosos azulejos, se encuentra cerrado y en su fachada no queda rastro alguno de su memoria.






Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca de “El País”
Lorenzoalonsoarquitectos.com
Munimadrid.es
“Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez” Eusebio Rioja Vázquez y Norberto Torres Cortés.
Prensahistorica.mcu.es

Retabloceramico.net

miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL CAFÉ DE LA MARINA DE LA CALLE DE LOS JARDINES.

Según todos los estudiosos del arte flamenco la calle de los Jardines, número 21, albergó el mejor y más conocido de los cafés de cante tanto de la Villa como del resto del país. El café de la Marina fue escenario del inicio y presentación en Madrid de muchas carreras profesionales con proyección internacional de baile, cante y toque de guitarra con sus diferentes estilos o “palos”.


Hubo con anterioridad otro famoso café de la Marina en la calle de Hortaleza, número 4, que hacía esquina con la de la Reina. Dicho establecimiento, también con espectáculos de flamenco, se mantuvo abierto desde mediados hasta los años finales del siglo XIX, antes de que la zona fuese remodelada por la apertura de la entonces nueva Gran Vía. Ambos cafés homónimos no coincidieron en el tiempo.

Foto: M.R.Giménez (2013)

El café de la Marina de la calle de los Jardines, el café cantante más famoso de España, fue inaugurado en la década de los años noventa del siglo XIX. Café de gente del bronce y con fama de pendenciero, fue escenario de un tiroteo sin graves consecuencias entre el dramaturgo Joaquín Dicenta Benedicto y otro parroquiano en el mes de noviembre de 1898, año en que su dueño decidió anunciar en prensa su traspaso por no poder atenderlo. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
La calle de los Jardines, número 21, en la actualidad. Aquí estuvo el café de la Marina y posteriormente el Cine Bello.

Lo verdaderamente importante del café de la Marina es la crónica de los artistas del arte flamenco que se darían a conocer sobre su escenario, ante un público procedente de todas las clases sociales. 

El cantaor Cayetano Muriel Reyes, más conocido como el “Niño de Cabra” inauguraría el primer espectáculo de este café, junto a Francisco Lema Ullet “Fosforito el Viejo”. La cantaora Pastora María Pavón Cruz “La Niña de los Peines”, una de las voces más importantes del cante jondo, popularizó en el de la Marina la copla de la que le vino su apodo:

“Péinate tú con mis peines/ que mis peines son de azúcar/ quien con mis peines se peina/ hasta los dedos se chupa.” 

Bailaoras como Juana Vargas de las Heras “La Macarrona”, Antonia Gallardo Rueda “La Coquinera” o Rosario Monje “La Mejorana”, de efímera carrera y madre de la famosísima Pastora Rojas Monje “Pastora Imperio”, presentarían su arte en Madrid sobre las tablas del café de la Marina. También bailaores como Antonio Vidal “Antonio el de Bilbao” el bailaor más enterao de todos los tiempos (según Vicente Escudero) o Francisco Mendoza Ríos “Faíco”, iniciarían sus internacionales carreras artísticas en la calle de los Jardines.

Hasta que el guitarrista Ramón Montoya Salazar no llegó al café de la Marina, la guitarra sólo servía como acompañamiento al baile y al cante jondo. Montoya, que debutó en este café y se mantuvo durante ocho años sobre su escenario, supo imponerse a las voces y “zapateaos” flamencos convirtiéndose en un verdadero maestro de este instrumento. Con Ramón Montoya el flamenco iniciaría una nueva forma de expresión, siendo el primer gran guitarrista de este arte que le llevaría a realizar conciertos por el extranjero.

Fuente: B.N.E. (1935)
Dibujo que representa un espectáculo del, ya entonces desaparecido, café de la Marina.

El café de la Marina aparece en la novela “La busca” de la trilogía “La lucha por la vida” de Pío Baroja y Nessi (1903).

“—Esto no vale nada—murmuró Leandro después de breve rato—vamos al café de la Marina.

Salieron de allí; llegaron á la Puerta del Sol, después de pasar la plaza del Progreso y la calle de Carretas, y por la de la Montera, entraron en la calle de Jardines. .

El café de la Marina tenía, como anuncio, un farol rojo en la puerta.

Al entrar, enfrente, se veía el tablado con las paredes recubiertas de espejos; las mesas arrimadas a la pared, no dejaban en medio más que un estrecho pasillo.”

Foto: M.R.Giménez (2013)
Interior de lo que fue el café de la Marina y después el Cine Bello, en la actualidad convertido en un restaurante.

En el año 1911, cuando la prensa recogía las quejas vecinales respecto al nefasto empedrado y los numerosos solares mal vallados que tenía la calle de los Jardines, el café de la Marina se transmuta en el Cine Bello

Fuente: B.N.E. (15/11/1911)
Publicidad en prensa sobre el entonces recién inaugurado Cine Bello.

Javier Carreño, abogado y publicista, adquiere el local del café dándole un aire de modernidad y convirtiéndolo en cinematógrafo, por la tarde, y en salón de varietés y cuadro flamenco, durante la noche. La entrada al recinto iba incluida en el coste de la consumición.

Por el escenario del nuevo cine Bello, al que todo el mundo continuaría llamando antiguo café de la Marina, pasaron bailarinas como Elisa Ruiz Romero “La Romerito”, Agustina Polo o las “Hermanas Rosas”; también las cupletistas Lilí Destor y Lolita Cruz, los “Hermanos Gómez” Reyes de la jota y la cantaora Alfonsa Jiménez acompañada del guitarrista Ángel Baeza. 

Sólo dos años duraría el negocio del cine Bello, que cerraría en el mes de abril de 1913 y su local, tras haber acogido a una gran cantidad de negocios, hoy se ha convertido en un restaurante. 







Fuentes:
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)” de José Blas Vega.
“El flamenco en Madrid” de José Blas Vega.
Elartedevivirelflamenco.com
Flamenco-world.com
Hemeroteca B.N.E.
“La Busca” de Pío Baroja.

Es.wikipedia.org