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jueves, 18 de junio de 2020

LOS HÉROES DEL 3 DE MAYO – CEMENTERIO DE LA FLORIDA.

Al pasear por el Parque del Oeste, en dirección a la Ermita de San Antonio de la Florida y junto a la Escuela de Cerámica de Madrid, la puerta de una verja llama la atención. Sobre ella y en uno de sus laterales se explica que ese lugar es el Cementerio de la Florida, donde se encuentran los restos de cuarenta y tres patriotas arcabuceados por los franceses, en la cercana montaña del Príncipe Pío, el día 3 de mayo de 1808.

La historia de este Cementerio, tan desconocido como fundamental para recordar los hechos que tuvieron lugar en Madrid durante aquellas jornadas, nos va a ser contada con gran detalle por el historiador y Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, Luis Miguel Aparisi Laporta.





La Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos, fundada en el año 1839, es la encargada de custodiar este Cementerio de la Florida. Dicha asociación fue creada para garantizar un entierro digno a los soldados, que por falta de medios y tras haber defendido a su patria, carecían de un lugar apropiado para tal fin.

El cementerio, plagado de simbolismos y con muchas e interesantes historias en su interior, homenajea en su entrada a los héroes que allí descansan con la copia en cerámica del cuadro de Francisco de Goya “Los fusilamientos del 3 de Mayo”, donde cada año tiene lugar el inicio del Día de la Comunidad de Madrid. 
 
Al fondo de un camino entre árboles se puede contemplar la estación número trece del antiguo vía crucis del siglo XVII, que comenzaba en el convento y ermita donde más tarde se construiría la Basílica de San Francisco el Grande. A continuación se encuentra la entrada al primer recinto de este antiguo cementerio, que hasta el año 1874 aún continuaba utilizándose.

Mostramos aquí la apasionante historia del Cementerio de la Florida, el más antiguo de Madrid, que relata una parte fundamental de la crónica de esta ciudad en los inicios del siglo XIX y os animamos a conocer, ya que el recinto permanece cerrado a las visitas la mayor parte del año.




lunes, 18 de mayo de 2020

LA CASA-MUSEO DE LOPE DE VEGA.

El Barrio de las Letras, oficialmente llamado de las Cortes, es uno de los lugares más históricos de Madrid.

Dos máximas figuras del Siglo de Oro español vivieron en la calle de Cervantes (hasta 1835 llamada calle de Francos): Miguel de Cervantes Saavedra y Félix Lope de Vega y Carpio. Precisamente en esta calle se sitúa, en su número 11, la casa del “Fénix de los Ingenios”.

Convertida en museo desde el año 1935, fue construida en el último cuarto del siglo XVI y comprada por Lope de Vega en 1610. En ella vivió los últimos veinticinco años de su vida junto a su familia y escribió gran cantidad de su numerosa producción literaria.

En este vídeo y junto a Sheila Álvarez, del Departamento de Actividades y Difusión de la Casa-Museo de Lope de Vega, gestionada por la Comunidad de Madrid, no sólo podremos hacernos una idea de cómo era el Madrid de hace cuatro siglos, también disfrutaremos del mobiliario y la decoración que contenían las viviendas acomodadas de le época.






Cada una de las estancias de esta casa y museo se ha recreado con enseres, muebles y diversos utensilios de la época a la que corresponde. Incluso, aquí podemos ver algunas de las pertenencias que Lope de Vega había legado al cercano Convento de las Trinitarias (lugar donde fue enterrado Cervantes).

Entre los escombros que cegaban el pozo del huerto y jardín de la vivienda, que tanto cuidó el dramaturgo, fue rescatado en el año 1935 el dintel que figura hoy en la fachada de la casa y que demuestra el orgullo de su propietario por haber llegado a poseer este hogar tan confortable.






miércoles, 1 de abril de 2020

CAFÉ ORIENTAL y "TIRAR DE LA OREJA A JORGE".

Mucho se ha citado al Café Oriental de la Puerta del Sol, número 11, en prensa y en libros de autores como Pío Baroja o Benito Pérez Galdós. Su espléndida ubicación, haciendo esquina con las madrileñas calles de Preciados y de Tetuán, sirvió a los viandantes como referencia para indicar otras direcciones. La acera de su fachada fue mentidero de la Villa y lugar de reunión para grupos políticos de todas las ideologías, pero también se convirtió en un lugar excepcional para ver la dorada bola del “reloj de Gobernación” (hoy Comunidad de Madrid), que hasta bien entrado el siglo XX bajaba y subía dos veces diarias para señalar las doce horas.


Fuente: bdh-rd.bne.es (1862). Edificio de la Puerta del Sol con el Café Oriental en la esquina con la calle de Preciados.

Sería el domingo 10 de octubre de 1861 cuando, en la recientemente inaugurada Puerta del Sol, abrió sus puertas el Café Nuevo Oriental, con un salón capaz de recibir a mil cuatrocientas personas y decorado con un lujo exquisito en colores blanco y dorado. De altos techos, elegantes columnas de hierro, espacioso, bien iluminado por elegantísimos aparatos de gas y un salón de billar en su entresuelo, el local tenía acceso a través de varias puertas. 

Es de suponer que, entre la suntuosa decoración, el Oriental también había pensado en los aseos. No sabemos nada sobre el tema, pero sí que, en su misma puerta, sería instalada una columna mingitoria para uso exclusivamente masculino, allá por el año 1863. El centro de Madrid se hallaba entonces plagado de estos pequeños urinarios, situados en las zonas más transitadas (Red de San Luis, Puerta del Sol, calle de Alcalá), que eran además utilizados por limpiabotas o vendedores de pequeños artículos para ubicar sus negocios. Estos recintos no disponían de un hilo de agua que constantemente los lavara, siendo insuficiente su limpieza e insoportable el hedor que desprendían.


Fuente: bdh-rd.bne.es (1863). Señalada por la flecha aparece, en este recorte de fotografía, la columna mingitoria situada frente al Café Oriental.

El Café Oriental era famoso por las meriendas familiares, las tertulias de todo tipo en las que de todo se hablaba y por sus ricos panecillos largos y tiernos. En su gran salón de billar, situado en el entresuelo, fue apresado un grupo de aficionados a tirar de la oreja a Jorge, en el año 1889.

El juego de azar, que dependía de la suerte, estuvo prohibido en el país a lo largo de casi todo el siglo XIX y gran parte del XX. Su ejecución era considerada como un delito, lo que no impedía la proliferación de timbas clandestinas en los rincones de muchos establecimientos, entre ellos en los cafés. (El eufemismo “tirar de la oreja” parece provenir del siglo XVI, aunque con mucha posterioridad se le añadió el nombre de Jorge, quedando así la expresión utilizada en la prensa del siglo XIX para designar la acción de apostar por parte de los jugadores). 

En el mes de noviembre de 1894 el nuevo propietario del Café Oriental, Francisco Amigó González, sobrino del fundador, llevó a cabo una fastuosa remodelación del local, convirtiendo este negocio en uno de los más imponentes de la Puerta del Sol y aledaños.

Bajo la dirección de la prestigiosa casa de Nicasio Pechuán e hijo, el local fue transformado en una sala espléndida de la Alhambra. Molduras en los altos techos con profusión de dorados que crearon ambientes distintos, paredes forradas con grandes espejos, nuevo y brillante mobiliario en tonos oscuros, luz eléctrica y caloríferos. El nuevo diseño en madera para su fachada, de la casa Climent hermanos, incorporó los anuncios de aquellos productos que en el local se podían consumir. 


Fuente: mcu.es (finales del siglo XIX). La fachada muestra la nueva decoración del Café Oriental en la Puerta del Sol y en lateral de la calle de Preciados.

Se podría decir que por el Oriental pasó de todo y todos pasaron. Era un gran centro de reunión donde ver y dejarse ver, pero la respetable tranquilidad de su clientela no estaba exenta, en ocasiones, de algún lance pendenciero, sustracciones al descuido, petardos reivindicativos o de algún pollo pera dispuesto a entrar con su caballo con el fin de pasear entre los veladores. 

  
Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1905). La calle de Preciados y a la derecha el rotulo del Gran Café Oriental.

Benito Miranda sería el nuevo propietario del Gran Café Oriental en el año 1916. Un año más tarde, ante la subida de los precios de todos los artículos, la “Asociación de los dueños de cafés” había acordado incrementar el precio de los bollos y las medias tostadas a 0,15 céntimos (de peseta), pero por el incumplimiento de tal pacto por parte de otros propietarios del mismo gremio, el Oriental optó por regalar estas consumiciones a los primeros ciento cincuenta clientes, y hasta las 10h. de la mañana, que las solicitaran.

Los conciertos también fueron muy populares en el Café Oriental durante esta segunda década del siglo XX. El muy afamado y reputado violinista Fermín F. Ortiz acompañado por el maestro Espinosa, fueron muy del agrado de los inteligentes que premiaron con sus aplausos la inspirada labor de dichos señores.  

En el año 1925 se solicitaría una licencia de obras para el Café Oriental. Parece que se trató de dar un aire nuevo al local, despojándolo de su vieja fachada de madera oscura y, tal vez, de todos los artesonados que adornaban el interior. De esta manera, su exterior se cubrió con claras losas de mármol y se instalaron ventanas con grandes lunas de cristal, que lo despojaron de la elegancia de tiempos pasados. 


Fuente: madrid.org Fotografía de Martín Santos Yubero (años 30 del siglo XX). El café Oriental, con el diseño de 1925, durante la Guerra Civil Española.

El Oriental fue uno de los cafés socializados durante la Guerra Civil Española (1936-1939), manteniendo su actividad. Tras la contienda, el café desapareció y en su local fueron instalándose diversos comercios a lo largo del tiempo.



Fuentes:
bdh-rd.bne.es
bibliotecavirtualmadrid.org
hemerotecadigital.bne.es
madrid.org
mcu.es
prensahistoria.mcu.es

lunes, 16 de marzo de 2020

EL PALACIO DE LINARES Y SU LEYENDA.

En la plaza de la Cibeles de Madrid se sitúa, desde el año 1873, este suntuoso y bellísimo Palacio de Linares, proyectado por el arquitecto Carlos Colubí.



El Palacio de Linares fue construido con los mejores y más preciados materiales de la época, interviniendo en su decoración el arquitecto Adolf Ombrecht, el escultor Jerónimo Suñol y los pintores Alejandro Ferrant, Francisco Padilla, Casto Plasencia, Valeriano Domínguez o Francisco Amérigo. Mármoles, bronces, tapices, sedas orientales y maderas nobles aparecen en cada una de las salas de este majestuoso palacio que, como curiosidad, tenía de todo menos cocina. Los marqueses se hacían traer diariamente la comida desde el famoso Restaurante Lhardy, situado en la Carrera de San Jerónimo.

Una soberbia escalera da paso a las habitaciones, comedores, pasillos y diferentes salones del palacio que en este vídeo mostramos acompañados por Andrés García -director de Estandarte-. El formidable lujo y los mil extraordinarios detalles que contienen cada una de las dependencias de este precioso edificio, reflejan el exquisito gusto y el enorme coste de los valiosos materiales con que fue diseñada su decoración.

José Antonio de Murga Reolid, primer marqués de Linares, era hijo del rico empresario Mateo de Murga, quien construiría en el año 1847 el famoso Pasaje de Murga o del Comercio situado en la calle de la Montera de Madrid. Padre e hijo protagonizarían una de las leyendas más famosas de aquel Madrid de finales del siglo XIX, cuando José Antonio contrajo matrimonio con una joven llamada Raimunda, sin título nobiliario, que pasaría a convertirse en marquesa de Linares.

Acompañados por personajes de la época, el Palacio de Linares puede ser visitado en un espectáculo donde también se contarán muchos de los enigmáticos secretos que esconden sus paredes.


viernes, 6 de marzo de 2020

LAS LAVANDERAS DEL MANZANARES.

Julia Fernández era la más veterana de aquellas lavanderas del río Manzanares, allá por el año 1933. Pequeña de estatura, vivaracha y lista contaba entonces con setenta y cuatro años de edad y nada menos que sesenta y dos de profesión.

De sus catorce partos tan sólo habían sobrevivido dos hijos y explicaba que un buen mes podía ganar hasta noventa pesetas de jornal. (En aquellos años el precio de un kilo de pan podía llegar a los 0,80 céntimos de peseta). 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1933) Julia Fernández, a la derecha de la fotografía.

Los márgenes del río contaban por entonces con trescientas mujeres que desempeñaban el oficio de lavandera, cuyas edades oscilaban entre los doce y los más de setenta años. Estas últimas ya estaban aquejadas de reuma, dermatitis crónica que había destrozado sus manos y uñas, la gota y fuertes dolores en los riñones porque para lavar la ropa hay que mover la cintura más que una bailarina y precisaban de la asistencia de los “mozos de colada” o de las “roperas” que ayudaban, por pequeñas cantidades de dinero, al acarreo de los pesados fardos de ropa o a colgarla en los altos tendederos. 
 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1933). Tendederos del Manzanares a la altura del paseo de la Virgen del Puerto.

Ya hay constancia de los lavaderos en el Manzanares en el siglo XVIII. Destartalados chamizos, con techo y grandes huecos en sus paredes, que se nutrían con el agua del río. En su interior una gran pila dividida en varias docenas de puestos por los que cada lavandera debía abonar cincuenta céntimos de peseta para su utilización, ya que eran negocios privados aún en la década de los años treinta.


Fuente: mcu.es-fotografía de Otto Wunderlich, primeras décadas del siglo XX. Lavaderos y tendederos a la orilla del Manzanares.

El coste de estos recintos propiciaba que muchas mujeres ejercieran su trabajo directamente en las orillas del río, ahorrando así el alquiler de las pilas, pero incrementando el penoso esfuerzo de quitar las manchas de la ropa con el agua fría y restregando con sus propias manos, lo que durante el invierno se hacía especialmente duro.


Fuente: mcu.es-fotografía de Otto Wunderlich (1914). Lavanderas del Manzanares.

El proceso del lavado de la ropa consistía en empaparla con agua fría, untar el jabón, restregar toda la superficie, hacer la colada o introducirla en agua muy caliente y lejía (a mediados del siglo XIX era muy famosa el agua de Javelle – hipoclorito de sodio-). Cuando las manchas desaparecían había que volver a aclarar, retorcerla para que escurriera y tender. El lavado de cada prenda tenía un precio, que oscilaba entre los 0,15 céntimos de una camisa hasta los 0,30 céntimos de una sábana, siendo lo más laborioso la limpieza de las mantas y de los trajes de faena.

Los lavaderos proporcionaban el servicio de agua caliente para la colada o recuelo a un precio de 4,50 pesetas, cantidad que era abonada por cada lavandera, al igual que el resto de los productos utilizados: lejía, añil o jabón.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1933). Lavandera trabajando en una pila de lavadero.

A las duras condiciones de trabajo de las lavanderas se añadía el problema de los hijos pequeños, que iban con sus madres al río y a menudo eran propensos a sufrir enfermedades o accidentes.

En el año 1872 se inauguró el Asilo de las Lavanderas, también llamado Casa del Príncipe, a propuesta de la reina María Victoria esposa de Amadeo de Saboya. 


Fuente: memoriademadrid.es (1934). El Asilo de las Lavanderas.

Este edificio de madera estaba situado en lo que hoy es la glorieta de San Vicente, frente a la puerta del mismo nombre. Contaba con dos pisos y sendas dependencias para acoger a niños mayores de dos años y a párvulos, siempre que pertenecieran a legítimo matrimonio. Una pequeña sala de seis camas hacía las veces de casa de socorro, para atender a las lavanderas que hubieran tenido algún accidente en el desempeño de su oficio.

El Asilo era insuficiente para acoger a la gran cantidad de niños que precisaban de sus servicios. Pa meter allí a un crío tié una que hablarse de tú con el Presidente de la República, comentaba Trini López, madre de doce hijos, en el año 1932. 

La década de los años treinta del siglo anterior fue el final de las lavanderas del Manzanares. El agua, poco a poco, iba subiendo a las casas y no se hacía necesario encargar el transporte, lavado, secado y entrega de las prendas a las mujeres que desempeñaban este duro oficio en los lavaderos o en el propio río.

Esta penosa profesión desaparecería del todo con las máquinas eléctricas para lavar ropa, que ya se iban instalando en las casas más acomodadas en la segunda mitad de los años treinta del siglo pasado.

 






8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER.

POR UN TRABAJO DIGNO.



Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
mcu.es
memoriademadrid.es

miércoles, 19 de febrero de 2020

ESPECIAL BENITO PÉREZ GALDOS. (Parte II). GALDÓS Y LOS CAFÉS.

Antiguos Cafés de Madrid continúa su homenaje a la figura de Benito Pérez Galdós en compañía de Álvaro Llorente, guía cultural y colaborador de Espacio Madrid, recorriendo los lugares de la ciudad que marcaron la obra y la vida del espléndido novelista.




En el año 1862, cuando Galdós llegó a Madrid procedente de Las Palmas de Gran Canaria, se encontró con una bulliciosa Puerta del Sol recién remodelada. De inmediato, surgiría la fascinación del escritor por el mundo de los cafés que allí acababan de inaugurarse y por las tertulias que en ellos se celebraban. ¿Qué influencia tuvieron en la enorme obra de Pérez Galdós estos establecimientos?

A lo largo de su extensa producción describió al detalle la historia de Madrid y de sus habitantes, durante el siglo XIX. Expresiones y frases castizas aparecen en boca de los personajes, tal y como el novelista las escuchaba en realidad. ¿Cómo y de dónde tomaba Galdós el lenguaje de sus protagonistas?

Sin duda el antiguo Ateneo de Madrid, que por entonces y hasta el año 1884 se ubicaba en la calle de la Montera, fue el lugar que influyó más en el escritor. En él Pérez Galdós conocería a todos los destacados intelectuales del momento. Allí sería testigo de acontecimientos históricos que más tarde plasmaría en sus novelas y escucharía las más singulares discusiones filosóficas, que en este vídeo conoceremos.

Benito Pérez Galdós falleció el día 4 de enero de 1920. Su entierro se convirtió en uno de los más multitudinarios de Madrid, al que asistieron miles de mujeres y hombres de todas las clases sociales, mientras la España oficial se mantenía al margen.

- Otros artículos relacionados con Benito Pérez Galdós en Antiguos Cafés de Madrid:

lunes, 3 de febrero de 2020

ESPECIAL BENITO PÉREZ GALDOS. (Parte I). GALDÓS Y MADRID.

Benito Pérez Galdós llegó a Madrid, procedente de Las Palmas de Gran Canaria, en el mes de septiembre de 1862. Aquel joven estudiante de Derecho desconocía por entonces que se iba a convertir en el mayor novelista español, después de Miguel de Cervantes. 

El realismo de su obra permite hoy conocer la vida popular del aquel Madrid del siglo XIX. Calles, establecimientos, oficios diversos, modas, festejos o espectáculos aparecen retratados en las novelas de Galdós, siempre acompañados por el lenguaje cotidiano y real de cada uno de sus personajes.

Con Álvaro Llorente, guía cultural de Madrid, vamos a visitar en este vídeo los lugares que tuvieron relación con la vida y la obra del genial Pérez Galdós. Recorreremos algunas de las calles en las que tuvo su domicilio, conoceremos muchos pormenores y curiosas anécdotas de su vida, visitaremos la Universidad Central donde estudió y nos adentraremos en el más puro Madrid galdosiano, siguiendo el itinerario que aparece en varias de sus más célebres novelas.





   
Antiguos Cafés de Madrid homenajea con este vídeo (1ª parte) la figura y la extensa obra de Benito Pérez Galdós, cuando se conmemora el primer centenario de su fallecimiento. La crónica de España y la historia de Madrid, que noveló este magnífico escritor, bien valen nuestra más sincera admiración.





  

lunes, 9 de septiembre de 2019

LA CURIOSA HISTORIA DEL PERRO PACO.

Habrá que viajar hasta el Madrid de finales del siglo XIX para conocer la historia de Paco: un simpático perro bonachón, seductor, listo como ningún otro y tan independiente que nunca consintió tener dueño alguno.




El animal paseaba a sus anchas por la Puerta del Sol, la calle de Alcalá o El Retiro, siendo saludado a su paso como un vecino más de la ciudad. Tenía siempre la cena pagada en el entonces célebre Café de Fornos y no se privaba jamás de asistir a todos los espectáculos y eventos que tenían lugar en Madrid.

El Perro Paco se merecía un homenaje. Fue tan famoso que sería recordado durante muchos años, después de su desaparición, y su memoria no puede caer en el olvido. Ese ha sido el motivo para la realización de este bonito y conmovedor vídeo que hoy cuenta Antiguos Cafés de Madrid.




lunes, 6 de mayo de 2019

RESTAURANTE LHARDY.

Con casi doscientos años de antigüedad permanece, en la carrera de San Jerónimo de Madrid, el famoso restaurante Lhardy
 
Era el año 1839 cuando el francés Emilio Huguenin decidió instalar su negocio en una de las calles más importantes de la ciudad, paso obligado de los cortesanos carruajes que transitaban entre el Palacio Real y el Monasterio de los Jerónimos. El edificio elegido, terminado de construir en ese mismo año, fue obra del arquitecto José María Gallart.

Emilio Lhardy, nombre por el que sería conocido desde entonces, introdujo en Madrid el moderno concepto de restaurante que hoy conocemos. En su establecimiento los clientes sólo compartían mesa con quienes les acompañaban y no junto a un grupo de desconocidos comensales, como sucedía en el resto de los negocios del ramo. Implantó la carta, escrita en francés, con los platos a disposición del cliente y su precio correspondiente. Dotó a su negocio de comedores separados, con elegante decoración y distintos ambientes. En suma, Lhardy fue el primer restaurante moderno que tuvo Madrid.

En el vídeo que presentamos a continuación Ambrosio Aguado, uno de los socios propietarios del restaurante, relata la historia de Lhardy desde su apertura y muestra cada uno de sus deslumbrantes rincones, cuya bellísima decoración no ha variado desde que en el siglo XIX fuera diseñada por Rafael Guerrero, padre de la famosa actriz teatral María Guerrero.

Junto a su magnífica colección de espejos veremos los famosos samovares para bebidas frías y calientes, que fueron una asombrosa novedad para aquellos tiempos. También su célebre croquetero, cedido por el restaurante para la ambientación de películas de época. Además, nos serviremos un consomé como hicieron las mujeres durante muchas generaciones, al ser Lhardy uno de los pocos establecimientos de Madrid a los que podían asistir sin compañía.
 



La historia de Lhardy es mucha y más aún todos los personajes que han pasado por sus salones, a lo largo de sus ciento ochenta años de existencia. El mundo literario, el político, pintores, músicos, actores y actrices se han sentado a sus mesas, contribuyendo a que Madrid aparezca en las guías de viajes más influyentes del mundo entero desde el siglo XIX y hasta la fecha.




martes, 9 de abril de 2019

PALENTINO Y OTRAS TIENDAS DE LA CALLE DEL PEZ.


Mucho se habló de la desaparición del Palentino a su cierre y aún antes del año 2018. El último bar de barrio por las mañanas y de copas durante las noches. 

Fotografía: M.R.Giménez (2013). El desaparecido bar "Palentino" de la calle del Pez, en Madrid.

Ubicado en la calle del Pez, número 8, sabía congregar al vecindario de café con leche y churros, al de sol y sombra, al del bocata de media mañana y a quien entretenía el rato viendo la televisión junto a alguna bebida que perduraba demasiado. Así era este bar cuya clientela asidua se conocía de antiguo.

Por la noche la cosa daba un brinco y se convertía en algo muy diferente. Al reclamo de sus precios populares comenzó a llenarse de otro tipo de parroquia más joven, hasta el punto de necesitar una regulación para su acceso. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014). El antiguo bar "Palentino" al anochecer.
 
Inaugurado a principios de los años cuarenta del pasado siglo, Palentino había modificado poco su diseño: fachada de negro mármol, frisos plásticos en las paredes, lámparas y techos de un retardado art dèco, grandes lunas de espejo por todas partes y un largo mostrador situado a la derecha de la entrada. Sus grandes ventanales mostraban el interior de este bar, quizá demostrando que en él no había trampa ni cartón.

Fotografía: M.R.Giménez (2017). Interior del antiguo bar "Palentino".
 
El edificio anterior al actual, situado en el mismo lugar de la calle del Pez y esquina con la plaza de Carlos Cambronero, también contuvo un bar. Hay noticias, en el año 1935, del traspaso de este local para tal uso. Negocio efímero fue este bar, debido a que después de la Guerra Civil Española hubo que derruir la construcción, tras los terribles bombardeos de esta zona de Madrid. 

Fuente fotografía izquierda: bdh.bne.es (Entre 1936 y 1939). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2019). Mismo rincón de la calle del Pez de Madrid, con ocho décadas de diferencia.

La calle del Pez, importante por sus palacios (Bornos, Baena, Cheste y Bauer), estuvo plagada de comercios, muchos de ellos ya centenarios, que han ido desapareciendo en el tiempo.

Nada menos que ciento veintitrés años se ha mantenido abierta, en el número 30 de esta calle, la tienda de ropa infantil más antigua de Madrid. “La Moda”, con su niño comiendo chocolate tras los cristales del escaparate, se marchó para siempre en los primeros meses del año 2019. 

Fuente Fotografía izquierda: Ángel Viñuales de "La Moda" (aprox. década años 50). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2010) del niño comiendo chocolate.
 
A tres años de cumplir su centenario cerró “Calzados Penalva”, en el número 5, que en el año 1916 ya vendía alpargatas y más tarde se especializó en zapatos infantiles. Este comercio, al igual que “Almacenes Asturias”, con ropa de caballero y “Los Telares”, de textil para la casa, se situaron en locales alquilados al Convento de San Plácido (1913), cuyos espacios han sido ahora asimilados por el edificio.

Fotografía: M.R.Giménez (2007). Tres tiendas establecidas en del Convento de San Plácido y hoy desaparecidas: "Penalva", "Almacenes Asturias" y "Los Telares".

La calle del Pez cambió su nombre por el de calle Moriones entre los años 1868 y 1874, época conocida como el Sexenio Revolucionario. Antes de esas fechas, en el año 1865, un pastelero llamado José Barquín vino a instalar su negocio en el número 7 de esta vía. Su bonita tienda, llena de artísticos expositores de madera tallada y cristal, sería reemplazada por la “Pastelería Hernández” que, como todas las tiendas antiguas, tenía una cobradora del importe de la compra instalada en una pequeña cabina situada a la salida del establecimiento. Una obra de modernidad dio al traste con toda la decoración decimonónica, cambiando las artísticas maderas por el brillante aluminio. Treinta años después la pastelería del número 7 de la calle del Pez pasó a llamarse “V. García”, continuando la tradición del horno propio. En el año 2015 desapareció para siempre el dulce olor a dulces de esta calle.

Fotografía: M.R.Giménez (2013). Calle del Pez, nº7, donde estuvieron las pastelerías de Barquín, Hernández y V. García.
  
La calle del Pez también tuvo cines. El primero fue llamado “Coliseo Ena Victoria” y se inauguró en el año 1907. Un gran incendio dio al traste con el viejo barracón de madera y con las películas de cine mudo que proyectaba.
Con el tiempo vino a inaugurarse el “Cine Pez”, en el mes de noviembre de 1948, local de los llamados de sesión contínua, que algo más de dos décadas después pasaría a ser el “Teatro Alfil”.

Fuente fotografía izquierda: memoriademadrid (1907). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2019). "El Coliseo Ena Victoria" estuvo en el actual nº 5 de la calle del Pez. "El Cine Pez" hoy es el "Teatro Alfil" y se encuentra en el nº 10 de la vía.

Hoy la calle del Pez está llena de negocios de restauración. Bares, restaurantes y coctelerías ocupan aquellos locales que dejaron las antiguas tiendas de barrio. Pero a mediados del siglo XIX esta calle también tuvo sus cafés con espejos en las paredes, columnas de hierro forjado, veladores y divanes forrados de terciopelo, como el Café de San Antonio, situado en el número 1, con su famoso billar y sus conciertos de música o el Café del Pez, de cante y baile flamenco, en la esquina con la calle de Pozas.

La historia de estos dos antiguos cafés de la calle del Pez se puede leer pulsando sobre sus correspondientes nombres subrayados.



Fuentes:

Ángel Viñuales de “La Moda”
bdh.bne.es
hemerotecadigital.bne.es
memoriademadrid.es
somosmalasana.elperiodico.com