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lunes, 5 de diciembre de 2016

EL TEATRO DE APOLO Y SU CAFÉ.

Muy conocida es la abundante historia del terreno que hoy ocupa el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid. 


Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Antiguo edificio del banco de Vizcaya, donde estuvo el Teatro de Apolo.
Junto a él la iglesia de San José (s. XVIII).

Allí estuvo parte del convento de San Hermenegildo del Carmen Calzado desde el siglo XVI, dentro del que se vino a instalar el Café de Solís (que luego cambiaría su nombre por el de Café de Cervantes) hasta mediados del siglo XIX, cuando fue demolido el edificio.

Sobre dicho terreno se edificaría el famoso Teatro de Apolo, que en un primer momento llevó el nombre de Teatro de Moratín, siendo inaugurado el día 23 de noviembre de 1873.

Fuente: B.N.E. (1872).
Fachada del Teatro de Apolo al término de las obras. A la derecha se aprecia el primitivo nombre "Teatro de Moratín".

Propiedad del banquero José María Fontagud Gargollo, el Apolo fue construido dentro, y a la vez, de un edificio cuyos pisos superiores serían destinados al arrendamiento de particulares y oficinas. 

Este lujoso teatro de estilo Rococó francés fue diseñado por los arquitectos Próspero (¿) Chanderlot y F. Festau, ejecutando la obra Alejandro Sureda Chappron. 

En su fachada de piedra labrada se abrían tres grandes arcadas, destinadas al paso de carruajes. En cada uno de sus extremos había dos puertas más pequeñas que daban paso al público que a pie asistía a las representaciones, sirviendo además como portales de acceso a las viviendas superiores. Todas ellas se cerraban con cancelas de hierro. 

Fuente: Vitoria-gasteiz.org (1896).
Entrada lateral del Teatro de Apolo.

Cuatro máscaras, representando la comedia y la tragedia, separaban cada una de las arcadas de acceso; encima de ellas, relieves con guirnaldas de flores y frutos remataban las bases sobre las que se habían instalado cuatro estatuas que simbolizaban las artes escénicas. 

Nada más pasar al interior del teatro se llegaba en un ancho vestíbulo semicircular cubierto, por el que entraban y salían los carruajes de los más privilegiados, adornado por dos columnas de hierro fundido y otras seis que imitaban el mármol. Completaban la ornamentación estatuas de bronce, grandes maceteros, candelabros y multitud de lámparas. Una balaustrada de hierro separaba del público asistente la zona de paso de los vehículos. 

Fuente: Historias-matritenses.blogspot.com.es (Ricardo Márquez)
Vestíbulo del Teatro de Apolo con el paso de los carruajes.

Tras este primer vestíbulo se pasaba a una galería acristalada en donde se instalaron las taquillas y las oficinas. A su derecha se encontraba el primitivo café del teatro, con camareros de patillas alfonsinas y cuyo alumbrado tenía mecheros de gas con llamas en forma de abanico. En este café, algunos años después, el dramaturgo Carlos Arniches Barreda establecería su tertulia.

Un tercer vestíbulo, adornado con estatuas de bronce y arañas de cristal, daba acceso al patio de butacas y a las escaleras de mármol que conducían a los palcos de los pisos superiores. 

Con capacidad para 2.137 espectadores, el Teatro de Apolo era un coliseo suntuoso, digno, artístico y bello. Sus cuatro pisos habían sido decorados por artistas de renombre, como los pintores: Francisco Sans Cabot (techo de la cubierta), José Vallejo Galeazo (techo del teatro), Francisco Pla Vila (telón de boca) y Manuel Domínguez Sánchez. Giorgio Busato y Augusto Ferri se ocuparon del interiorismo y de la escenografía.

Fuente:Mcu.es (finales del siglo XIX).
En la fotografía de Jean Laurent se expone la muestra del pintor Francisco Sans Cabot, para la realización de la obra que ejecutaría en el techo de la cubierta del teatro.

El Teatro de Apolo estuvo destinado a la representación de obras dramáticas, en un primer momento. Los altos precios de sus entradas no eran accesibles para todo el mundo y la falta de calefacción (llegó a ser conocido como el Teatro de los Pozos de la Nieve), unida a que la mala orientación de algunos de sus palcos impedía ver la función, le hicieron decaer a partir del año 1878.

Una gran reforma del local tuvo lugar a principios de la década de los años ochenta del siglo XIX. El Apolo no sólo hizo más confortable la sala, sino que cambiaría completamente su repertorio para llegar a ser conocido a principios del siglo XX como La catedral del género chico, gracias a las representaciones de zarzuela. 

Andando el tiempo, en el Teatro de Apolo se inauguró un nuevo café. Inicialmente anunciado como elegante salón de té, la noche del 28 de abril de 1923 abrió sus puertas el Café Savoia.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del Café Savoia cuando fue inaugurado.

Tomás Salcedo, propietario del nuevo café, quiso recrear un ambiente aristocrático en su establecimiento. Altos techos, friso de madera en paredes y columnas, además de un cómodo mobiliario con butacas tapizadas en pana y calefacción, conformaban una decoración severa y elegante.

El Savoia tenía dos plantas. A pie de calle, un amplio salón dotado de un pequeño bar lo comunicaba directamente con el teatro. En el piso superior o principal había dos preciosos salones, con preferencia para las señoras y acceso independiente por el portal de la casa.

El ambiente del Savoia variaba sustancialmente a lo largo del día. Desde su apertura hasta poco más de las seis de la tarde, el local se llenaba con gente de teatro. Actores, actrices, agentes y empresarios allí ultimaban los detalles sobre la formación de sus nuevas compañías. En este café se organizaron numerosos banquetes para homenajear a los compositores de las zarzuelas con mayor éxito en el Teatro de Apolo. 

A media tarde comenzaba la música de los conciertos, en su pequeño escenario dotado de tramoya, a los que solían asistir las niñas bien para tomar el té. En los salones superiores, comenzaban las tertulias.

Fuente: B.N.E. (1928)

El Café Savoia fue, a partir del año 1925, el domicilio social del Athletic Club (luego, Atlético de Madrid) y su entresuelo el lugar donde se instaló la secretaría de esta asociación. Allí se vendían las entradas para los partidos de fútbol y tenían lugar las reuniones de las juntas generales del club. 

Fuente: B.N.E. (1929).
Camareros despedidos por el cierre del Café Savoia, posando en el interior del establecimiento.

A pesar del gran éxito alcanzado por el Teatro de Apolo, en especial durante la última sesión de sus representaciones diarias llamada “La Cuarta del Apolo”, el edificio fue vendido y derribado para construir el banco de Vizcaya (actualmente ocupado por dependencias del Ayuntamiento de Madrid).

En el año 1921 la familia del banquero Gargollo, primer propietario del inmueble, lo había vendido por cinco millones y medio de pesetas a una sociedad. Poco tiempo después el edificio salió a subasta, siendo adquirido nuevamente por esos primeros propietarios y al mismo precio en que lo vendieron. 

A principios del año 1929 el banco de Vizcaya realizó una oferta de compra a la familia Gargollo, que accedió a la venta de la finca con la condición de que no sería destruido el popular coliseo. Como resultado final, el banco adquirió el edificio por cinco millones de pesetas, demoliéndolo por completo. Madrid perdió con ello uno de sus teatros más populares.

El Café Savoia fue el último superviviente de los negocios ubicados en este inmueble de la calle de Alcalá. Su propietario de entonces, Marcelino Gato de Gonzalo, tras cobrar su indemnización, anunció el cierre para el domingo día 3 de noviembre de 1929 publicando que toda la recaudación del día iría a parar a los treinta trabajadores del café, como única compensación por quedarse sin empleo. 






Fuentes:

Es.wikipedia.org
"Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero" Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca de la B.N.E.
Historias-matritenses.blogspot.com (Ricardo Márquez).
Mcu.es
Vitoria-gasteiz.org

martes, 8 de diciembre de 2015

MAGIC-PARK, PASEO DE ROSALES.

Allá por la última década del siglo XIX el paseo de Rosales (hoy del Pintor Rosales) casi no rebasaba los límites de la cuesta de Areneros -que desde el día 8 de marzo de 1889 se denomina calle del Marqués de Urquijo- en el hoy barrio de Argüelles de Madrid. Fue por aquel entonces cuando vino a instalarse el Lavadero de Argüelles, en el número 26 de Rosales (aproximadamente el nº 38 actual) y cuya trasera se correspondía con la calle de Ferraz.


Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900).
Plano de Facundo Cañada López en el que aparece, señalado en azul, el Lavadero de Argüelles.

Dos décadas más tarde, los terrenos de aquel lavadero de barrio iban a convertirse en el parque de recreos más grandioso y elegantísimo de Madrid. Magic-Park sería inaugurado el sábado 14 de junio de 1913, a las nueve de la noche, en los terrenos a lo largo del paseo de Rosales, por la parte que mira a la Estación del Norte.

Fuente: B.N.E. (1913)

Nota.- Al ser esta una zona que a principios del siglo XX comenzaba su urbanización, los números de la calle de Ferraz y del paseo de Rosales que aquí aparecen son los que se anunciaban en la prensa del momento. La manzana a la que se hace referencia es la situada entre el paseo del Pintor Rosales y las calles del Buen Suceso, Ferraz y Marqués de Urquijo. 

Con acceso por la calle de Ferraz, nº 35 y también por el paseo de Rosales, este parque de recreos tenía su fachada lateral por la calle del Buen Suceso. Al tratarse de un lugar alejado del centro, la empresa Tranvías del Este de Madrid puso a disposición de los clientes un servicio especial de transporte con salida desde el centro de la ciudad. Hasta el Magic-Park llegaban los tranvías números 6, 11, 22, 27 y también el cangrejo de Argüelles (tranvía de marca Schuckert, eléctrico y pintado de rojo).

La entrada al Magic-Park, de cultas y morales distracciones, costaba 15 céntimos de peseta, daba derecho a disfrutar de una atracción y del teatro-cine al aire libre allí instalado (del que voló la tela de su pantalla por el viento, el día de la inauguración del parque).

Fuente: ABC (1914).
Escena de la obra "El alma de Garay" representada en el teatro-cine del Magic-Park. 

Todo Madrid supo de la apertura del Magic-Park por la gran cantidad de carteles y anuncios que, tanto en la prensa como por las calles, fueron difundidos y distribuidos de manera profusa varios meses antes de la esperada inauguración. 

Entre las múltiples atracciones con las que contaba este parque parece que las de mayor éxito eran: La plataforma de la risa o pieza de forma circular y giratoria en la que el público, situado en su centro, trataba de mantener el equilibrio. La debacle, un pim, pam, pum de botijos, cacharros de loza y barro al que se tiraban pelotas con obtención de premios para quienes tuviesen mejor puntería. El laberinto chino, un colosal enredo de pasillos que debían recorrerse hasta encontrar la salida. La caza del pato, la montaña rusa, una pista de patinaje, conciertos diarios con funciones de 6 a 8 y de 9 a 12 interpretados por una banda de veinte profesores. Restaurante, cervecería y pastelería, completaban los servicios de este espacio para el ocio.

Fuente: ABC (1915).
Inauguración de la temporada correspondiente al año 1915.

Las atracciones del Magic-Park sólo funcionaban durante la época estival. Mantuvo sus diversiones y espectáculos, con gran éxito, hasta finalizar la temporada correspondiente al año 1918. Luego quedó en la memoria de todos como uno de los mejores lugares de esparcimiento de Madrid.

Un año después sería inaugurado, en aquel mismo emplazamiento del paseo de Rosales, un nuevo centro de diversión titulado Saturno Park.

Fuente: B.N.E. (1919).
Aspecto del restaurante para cenas del Saturno Park.

Abierto al público el día 25 de julio de 1919, por el empresario Antonio Bargués, el nuevo parque de atracciones Saturno Park pretendía ser algo más refinado que el anterior. Tenía su entrada principal por el paseo de Rosales, número 26 (que hoy correspondería aproximadamente con el nº 38) y también por la calle de Ferraz, números 29, 31 y 33 (sobre el nº 33 de esta calle, en la actualidad).

Fuente: B.N.E. (1919).
Anuncio del Saturno Park, una semana después de su inauguración. 

Todo el diseño de la decoración del Saturno se debía al pintor y escenógrafo Salvador Alarma Tasta, quien había hecho instalar una gran puerta dorada en el paseo de Rosales y sobre ella una preciosa combinación de bombillas eléctricas. Altos y airosos mástiles, en los que ondeaban banderas con fondo azul y blanco, que por escudo llevan el planeta, rodeado de un anillo, completaban la ornamentación del principal acceso al parque.

A pocos metros de la entrada estaba el quiosco de la música. Su plataforma estaba rodeada por grupos de luz y tenía un gran farol de madera en el centro. Desde allí la banda de Saboya interpretaba sus melodías. 

Para salvar el desnivel del terreno se había construido una amplia escalera sobre la que se había instalado el comedor del restaurante.

En el lugar que ocupó el patio de butacas del teatro-cine en el antiguo Magic-Park se había levantado una réplica del barco Titanic, en cuyo interior se podía sentir la impresión del movimiento marítimo.

Fuente: B.N.E. (1919).
Atracción del Titanic, con movimiento marítimo.

Rodeando al Titanic, un pequeño ferrocarril arrastrado por una diminuta máquina de vapor realizaba su trayecto por el parque.

Fuente: ABC (1919).
Atracción del tren en miniatura.

El Saturno Park tuvo una vida corta. La competencia de nuevos negocios similares y cercanos como el Ideal Rosales, en el número 24 del paseo, lo hicieron desaparecer. En su lugar se instaló, desde el sábado 11 de junio de 1924, un nuevo negocio llamado Cine Park, propiedad de la empresa Segarra.

Más dedicado a las proyecciones cinematográficas, el Cine Park también tenía restaurante para cenas, servido por la Casa Molinero. La banda del Regimiento de Ingenieros y la orquesta Fémina amenizaban los espectáculos de las películas, que hasta el año 1929 no tendrían voz propia.

Varios negocios más aprovecharían el arbolado solar que dejó el añorado Magic-Park en el paseo de Rosales. Pero el terrero desigual de su manzana, el más fresco de todo Madrid, iba siendo poco a poco edificado, sin dejar espacio para ningún otro parque de recreo.





Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Spanishrailway.com
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Es.wikipedia.org

lunes, 27 de octubre de 2014

UN COLEGIO, UN TEATRO Y UN CINE EN LA CORREDERA BAJA DE SAN PABLO.

En el barrio de Malasaña, distrito Centro de Madrid, se sitúa la Corredera Baja de San Pablo a la que continúa la Corredera Alta, que alguna vez y por poco tiempo vino a llamarse calle de San Ildefonso. Ambas Correderas fueron una sola vía hasta principios del siglo XVIII –Corredera de San Pablo- y nunca antepusieron a su nombre el de “calle” para no caer en la redundancia. (Corredera significa calle larga o prolongada).


Fotografía: M.R.Giménez (2014)

El número 39 (que fue nº 41 hasta el año 1936) de la Corredera Baja es hoy un supermercado de alimentación, pero no siempre fue así. Si nos remontamos hasta mediados del siglo XIX podremos descubrir que en el terreno que hoy ocupa este edificio estuvieron instalados un colegio, un teatro y un cine de sesión continua con programa doble que vendría a convertirse en sala X durante la década de los años ochenta del siglo pasado.

El político y tercer Presidente de la I República Española, entre otros cargos de relevancia, además de profesor y pedagogo Nicolás Salmerón Alonso (1838-1908) fundó el Colegio Internacional en la antigua casa nº 41 de la Corredera Baja de San Pablo, en el año 1866. 

Fuente: B.N.E. (1866).
Anuncio del Colegio Internacional convocando plazas gratuitas para alumnos, mediante oposición.

El Internacional era un colegio que no hacía odioso al maestro ni cargante el estudio. No se usaban palmetas, ni otras disciplinas, ni se injuriaba a los niños llamándoles brutos cuando no se sabían la lección. Admitía alumnos internos, medio-pupilos y externos, todos ellos con al menos seis años de edad.

Nicolás Salmerón siempre defendió la libertad de cátedra, negándose a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral; por esta razón fue expulsado de su puesto como catedrático en la Universidad Central de Madrid. Fundó el Colegio Internacional, de enseñanza laica, siguiendo la filosofía krausista que llevaría diez años después a constituir un magnífico proyecto pedagógico: La Institución Libre de Enseñanza (ILE).

El Colegio Internacional se mantuvo en la Corredera Baja durante los años 1866 y 1869, para después trasladarse al viejo caserón de la calle de San Bernardo, número 19 (hoy sustituido por un insulso edificio de oficinas con el nº 17). Después de otro traslado, a la calle de Regueros, el Internacional, ya sin su director Nicolás Salmerón, pasó a formar parte de la ILE.

Fuente fotografía de la izquierda: Pares.mcu.es (Durante la Guerra Civil).
Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2014)
El Teatro de Cervantes, antes Salón Nacional, destruido por los bombardeos, desde la esquina de la Corredera con la calle de la Ballesta.
Hoy, el mismo lugar con el edificio de Luis Gutiérrez Soto y el supermercado.

La vetusta casa del Colegio Internacional, en la Corredera Baja de San Pablo, fue sustituida por un nuevo edificio proyectado para albergar un teatro. Fue así como el sábado 10 de octubre de 1908 se inauguró el Salón Nacional con todos los adelantos modernos y con todos los requisitos reglamentarios. 

Propiedad de la empresa Pla y Compañía, el nuevo teatro era amplio, espacioso, cómodo y elegante siendo diseñado por el arquitecto Pablo Aranda Sánchez con decoraciones, embocadura y telón pintados por el escenógrafo Luis Muriel. Para su inauguración se escogieron tres obras en verso y durante sus intermedios fueron exhibidas proyecciones cinematográficas.

En el mes de noviembre de 1911 el Salón Nacional fue arrendado por el entonces famoso actor y director Ricardo Simó-Raso, que se instalaría en él formando compañía propia. Simó modificó completamente el local, que pasaría a denominarse Teatro de Cervantes.

Fuente: Urbanity.cc (Abril de 1936).
Fachada del Teatro de Cervantes.

A decir de la prensa fue tal la obra acometida en el recién inaugurado Teatro de Cervantes que casi había sido construido sobre los cimientos del antiguo Salón Nacional, del que apenas han quedado en pie las paredes. Proyectado por el arquitecto Francisco Reynals Toledo, estaba dotado de calefacción y de un magnífico alumbrado con cincuenta y cinco aparatos, tenía veinte filas de butacas en la sala y dos pisos con treinta y dos palcos ricamente decorados con cortinajes de terciopelo verde. Las localidades eran cómodas y, destacaba un hecho importante: Desde ellas se ve no sólo la escena, sino también las demás localidades del teatro.

Una tercera reforma tuvo lugar en el Teatro de Cervantes durante el año 1916. El arquitecto Joaquín Rojí López-Calvo aumentaría la capacidad del local añadiendo dos plantas superiores, lo que llevaría a perder el ambiente acogedor inicial de la sala al resultar ésta demasiado alta y excesivamente larga. 

El Cervantes ya se anunciaba en la prensa indistintamente como cine o teatro durante los últimos años de la década de los veinte del siglo pasado. En la Guerra Civil Española el edificio fue bombardeado y destruido por completo y en su lugar se levantaría un nuevo inmueble de viviendas, con un cine en su parte baja: El Cine Cervantes. 

Fotografía: M.R.Giménez (2007)
El Cine Cervantes se convirtió en Sala X en el año 1984.

El nuevo edificio de la Corredera Baja de San Pablo, ya número 39, fue un proyecto del arquitecto Luis Gutiérrez Soto e incluyó cinco pisos para viviendas y un local para cine. El nuevo Cine Cervantes fue inaugurado el día 28 de marzo de 1942, programando las películas “La fortuna escondida” (1935) y “Posada en Jamaica” (1939). 

Concebido como sala de sesión continua, con doble programación de películas que habían sido estrenadas con anterioridad en locales de superior categoría, el Cervantes se convirtió en el cine de barrio más moderno y lujoso de los que entonces se ubicaban por detrás de la Gran Vía. 

Fuente: ABC (1942).

Cientos de programas dobles pasaron por el Cine Cervantes desde las cinco de la tarde hasta las doce y media de la noche, cada día. Películas de vaqueros, romanos, terror, policíacas y aquellas de asesinatos que curiosamente nunca tenían lugar en este país a pesar de tratarse de producciones españolas. Allí se podía ver al 007 James Bond, años después de su estreno, sin preocupación por enseñar el carné de identidad en la taquilla. Por su pantalla pasaron las licantrópicas transformaciones de Paul Naschy (Jacinto Molina Álvarez), los clásicos en celuloide como “Fuenteovejuna” y tantas otras anunciadas con el reclamo de grandioso programa en color, cuando por entonces casi todo era en blanco y negro.

El Cervantes se mantuvo como cine de barrio hasta el año 1984 y tras una nueva reforma pasaría a formar parte de las salas con programas de los llamados X, para adultos, en sesión continua desde las 10,30h. de la mañana.







Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“Nicolás Salmerón, fundador y director del Colegio El Internacional, modelo y ensayo para la Institución Libre de Enseñanza. 1866-1874” Juan Manuel Díaz Sánchez.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Es.Wikipedia.es
Pares.mcu.es
Catálogo de la exposición “Luis Gutiérrez Soto” 1997.

Agradecimiento muy especial para David Miguel Sánchez Fernández, del blog http://cinesdemadrid.blogspot.com.es/ por la documentación aportada para este artículo.

lunes, 21 de octubre de 2013

LA CASA DEL PUEBLO DE LA CALLE PIAMONTE DE MADRID.

Es posible que muchos aún recuerden y otros hayan oído hablar de la Casa del Pueblo, institución creada por la Unión General de Trabajadores y que fue la sede de las organizaciones socialistas españolas, a imagen de las entonces instauradas en Bélgica. 


La Casa del Pueblo de la calle de Piamonte, número 2 (hoy barrio de Chueca) de Madrid, fue la más importante del país. Inaugurada por Pablo Iglesias Possé (1850-1925) el día 28 de noviembre de 1908, fue clausurada pocos días después de finalizar la Guerra Civil Española, el 27 de marzo de 1939, siendo incautados todos sus bienes por el gobierno fascista. Su magnífico edificio sería derruido en el año 1953, para tratar de borrar la historia de lo que esta institución representó.

Fuente: El Socialista (1908)
La Casa del Pueblo de la calle Piamonte, recién inaugurada.

Las primeras entidades sindicales españolas datan de la década de los años setenta del siglo XIX y se denominaban centros obreros o centros de sociedades obreras. Fueron creadas para atender las reclamaciones y denuncias de los trabajadores, aconsejándoles como debían conducirse ante los problemas laborales. Con el fin de solventar las gravísimas carencias en educación, cultura, vivienda, asistencia sanitaria, alimentación y en materia laboral de los trabajadores de la época (cuando el pan costaba 0,37 pesetas, un litro de leche, 0,40 pesetas, el jornal medio era de 2 ptas./hombres, 1,30 ptas./mujeres y 0,50 ptas./ niños y las jornadas de trabajo oscilaban entre las 12 ó las 14 horas diarias), se crea en los años noventa del siglo XIX la “Aglomeración Cooperativa Madrileña Casa del Pueblo” que trataría de paliar todas estas deficiencias, impulsando la acción socialista y haciendo crecer su militancia. La pretensión era proporcionar a los interesados beneficios, instrucción y cuanto contribuya a elevar el nivel intelectual o moral o a mejorar su condición material.

El incremento de afiliaciones propició que la organización fuese tomando importancia y, tras pasar por numerosos locales en régimen de alquiler, se decidió en el año 1906 la compra de un edificio que albergaría a todos los despachos y secretarías organizativas siendo, además, un lugar de reunión para todas las asociaciones socialistas de Madrid. Es así como se iniciaría la historia de la Casa del Pueblo de la calle de Piamonte.

Fuente: "El Socialista" (1908).
Puerta de acceso por la calle de Piamonte, 2.

El palacio del duque de Béjar sería vendido a la organización socialista en el año 1907 por Jaime Roca de Togores, su propietario, por la cantidad de 315.000 pesetas. Las cuotas de las setenta y dos colectividades obreras madrileñas, una compensación del Ayuntamiento de Madrid por la expropiación de 1.000 pies cuadrados, efectuada a la finca para alinear la calle y la negociación del pago aplazado de la reforma del edificio, a la que contribuiría el trabajo desinteresado de muchos militantes, hizo posible la transformación del viejo palacio del siglo XVII en la Casa del Pueblo de Piamonte, bajo la dirección del arquitecto Mauricio Jalvo Millán. 

Sus dos plantas y azotea (1.400 m2.) albergaron las secretarías de las colectividades, la biblioteca, un “salón chico” para 350 asistentes, otro “salón grande” con cabida para 600 personas y que había sido el salón de baile del palacio, una sala de conversar, una tienda de comestibles, una escuela y un café. El patio interior del edificio sería cubierto con una estructura de hierro y vidrio.

Fuente: B.N.E. (1909)
Biblioteca, aún sin volúmenes, situada en el primer piso.

Fuente: B.N.E. (1909)

Fuente: B.N.E. (1909)
El primer café con veladores redondos.

La falta de presupuesto haría que el gran jardín del antiguo palacio, con fachada a la calle de Gravina, quedase sin adaptar en un principio. No es hasta el año 1909 el momento de iniciar la obra de un gran salón polivalente para teatro y proyección de películas, que además albergaría los congresos del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores. Se construye así el Salón-teatro de la Casa del Pueblo (posteriormente llamado Cine o Teatro Gravina y después Teatro Pérez Galdós en el año 1929), sobre el antiguo jardín, que sería inaugurado el día 15 de abril de 1915, con capacidad para 4.000 espectadores. 

Fuente: “El modernismo en la arquitectura madrileña: génesis y desarrollo de una opción ecléptica” de Óscar da Rocha Aranda.

El nuevo salón abriría una nueva fachada por el número 15 de la calle de Gravina. El aspecto general es similar a los novedosos teatros-cinemas de la época, con sus balcones de cajón sobre ménsulas, balcones de hierro y de vidrio, pilastras adosadas y remates decorativos propios del estilo de Mauricio Jalvo. En el interior destacaba su escenario, enmarcado por un arco decorado en su interior con dibujos modernistas. A los lados aparecían los bustos de Carlos Marx y de Pablo Iglesias.

Fuente: ugt.es
Mitin en el salón de la Casa del Pueblo. A los lados del escenario se aprecian los bustos de Pablo Iglesias y Carlos Marx.

En 1929 se acomete otra gran reforma en la Casa del Pueblo de la calle de Piamonte, esta vez encargada al arquitecto Gabriel Pradal Gómez.

Fuente: ub.edu (1930). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2013)
Fachada de la Casa del Pueblo de la calle de Piamonte, esquina con la calle Luis de Góngora, en el año 1930 y en la actualidad.

La remodelación del edificio de la calle de Piamonte, entre los años 1929 y 1930, añadió un piso a la estructura mediante la reducción de los elevados techos que tenía el antiguo palacio. La planta baja habría sido dotada de sobrios vanos rectangulares y enrejados, sobre los que se construyó otra serie de ventanales, paralelos con los del piso inferior, dotados de repisas salientes y enmarcados. En la última planta se duplicó el número de ventanas, ya que allí se ubicaría la biblioteca. La decoración de la fachada se completó con molduras entre los pisos, que realzaban la sobriedad del edificio. Por último, el torreón esquinero entre las calles de Piamonte y de Luis de Góngora se integró en el tercer piso del inmueble, suprimiéndose los tres grandes huecos redondos de la fachada original.

El café, importante centro de reunión que trataba de ser alternativo a la taberna de barrio, modificó su aspecto. Los pequeños veladores de antaño fueron sustituidos por amplias mesas de mármol capaces de acoger a grupos que además podían charlar o leer la prensa. El techo de cristal permitía el paso de la luz natural y servía de ventilación para la parte baja del edificio. Toda la decoración era sencilla, aséptica y funcional.

Fuente: Fundación Pablo Iglesias.(1930)
El nuevo café con techo de cristal y mesas grandes de mármol.

También el “salón grande” de la Casa del Pueblo sería remodelado. El pintor Luis Quintanilla Isasi (1893-1978) realizó en el año 1931 dos frescos sobre paneles contrachapados con encintado metálico, representando “El pueblo en marcha”, que serían destruidos con el conjunto del edificio.

Fuente: B.N.E. (1931)
Aspecto parcial de una de las pinturas.

A medida que la afiliación fue creciendo la Casa del Pueblo amplió el número de sus locales por la ciudad de Madrid, con la finalidad de cubrir mejor los servicios que en ella se prestaban. Especial importancia tuvo la Escuela Fundacional Cesáreo del Cerro, empresario que legó a las sociedades obreras que en cualquier época convivan en la Casa del Pueblo la cantidad de seiscientas sesenta y nueve mil pesetas (del año 1915) y además la casa número veinte de la calle de Carranza, valorada en trescientas treinta mil pesetas. Gracias a Cesáreo del Cerro Álamo se pudo adquirir un terreno de 22.000 m2. dedicado hasta entonces a la agricultura y casa de recreo, situado entre las calles de Teruel y de Orense (entre Cuatro Caminos y el paseo de la Castellana). Era aquel un barrio eminentemente obrero por entonces y fue especialmente elegido para instalar la escuela gratuita y de coeducación en el mes de julio de 1928, para niños de edades comprendidas entre los tres y los siete años.

Tanto las propiedades como la obra social de la Casa del Pueblo desaparecieron de un plumazo en el año 1939, tras finalizar la Guerra Civil Española. Los bienes fueron expoliados y la Historia ya nos relata lo que sucedió con las personas.

Fotografías: M.R.Giménez (2013)
Fachada actual de la calle de Piamonte, número 2.

Hoy sólo queda el recuerdo de una placa en la calle de Piamonte, número 2, pero es tan pequeña que pasa desapercibida a quien camina por esta vía.









Fuentes:

Fundación Pablo Iglesias, a quien “Antiguos cafés de Madrid” desean agradecer su colaboración para la realización de este artículo.
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Ub.edu
“El Socialista”
“El modernismo en la arquitectura madrileña: génesis y desarrollo de una opción ecléptica” de Óscar da Rocha Aranda.
Bolinf.es
U.G.T. Sindicato de la Unión General de Trabajadores.
“Centenario de la Casa del Pueblo de Madrid” 1808-2008.

Es.wikipedia.org

lunes, 14 de octubre de 2013

EL CAFÉ DE LA INFANTIL Y EL TEATRO ROMEA.

La calle de Carretas de Madrid ya era una de las más importantes de la Villa en el siglo XVII. Comercial e histórica (llamándose así por las carretas que los Comuneros de Madrid utilizaron como barricadas en los enfrentamientos del año 1521), esta calle vio acortada su longitud durante los años treinta del siglo pasado, para dar más amplitud a la plaza de Jacinto Benavente, donde hoy termina.


Foto: M.R.Giménez (2013)
La calle de Carretas en la actualidad.


En el número 14 de la calle de Carretas estuvo el Teatro-café de la Infantil, diminuto teatrillo en el que se tomaba café, al precio de un real y medio, mientras se veía una pequeña función de teatro. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
Desde la plaza de Jacinto Benavente, final de la calle de Carretas. El edificio central corresponde al lugar donde estuvo el Teatro-café de la Infantil y posteriormente el Teatro Romea.

A mediados del siglo XIX proliferaron en Madrid estos negocios de teatro-café. Eran establecimientos modestos, generalmente situados en grandes locales dotados de un pequeño escenario y un amplio salón con muchas mesas, sillas y bancos corridos. Los parroquianos podían ver los espectáculos tomando un café con media (tostada de pan), mientras actores principiantes o cómicos no muy favorecidos por la fortuna representaban piezas que el dueño del negocio había adquirido a otros autores noveles por muy poco dinero. De esta manera se medía el éxito de la obra teatral por las medias tostadas que se habían servido durante la función.

Cuando las obras allí representadas eran demasiado largas se dividían en cinco o seis actos y el público debía abonar el precio de una consumición por cada uno de ellos. Las representaciones solían gustar a la concurrencia que, en caso contrario, mostraba su desagrado arrojando al escenario todo tipo de cosas: terrones de azúcar, platillos, tazas y hasta restos de la media tostada sin consumir. Tras la función siempre había un baile de can-can que causaba frenesí en el público. 

Fuente: B.N.E. (1881)
Precios de las localidades del Teatro de la Infantil, al que se podía ir también sin necesidad de tomar café.

Así era pues el Teatro-café de la Infantil, cuyas primeras noticias en la prensa datan del año 1870 y que se inauguraría con la obra “El grito de la libertad” de Francisco Macarro Gallardo. Su dueño era Vicente Llorente, síndico y miembro del gremio de cafés, que además alquilaba su local para reuniones de las diferentes agrupaciones de Madrid.

El nombre de este café con teatro aparece en la traducción al español de la opereta “La Diva”:

“Y nos juramos amor fiel/ ante el tricornio de un civil/ la noche de San Daniel (1) /en el café de la Infantil”.

(1) Día 10 de abril de 1865, La Noche de San Daniel. La Guardia Civil y el ejército reprimieron brutalmente una concentración de trabajadores y estudiantes de la Universidad Central de Madrid en la Puerta del Sol. La protesta tuvo lugar ante la destitución del entonces catedrático Emilio Castelar Ripoll (luego Presidente de la primera República), por la publicación del artículo “El rasgo” contra Isabel II. Como consecuencia, el enfrentamiento causó un total de catorce muertos y ciento noventa y tres heridos.

La última temporada del teatro-café de la Infantil la de los años 1889-1890. El negocio cerró sus puertas, despidiéndose con un “apropósito” (pieza teatral de circunstancias) titulada “¡¡El dengue!!” de Anselmo Rodríguez Fernández, quedando su recinto convertido en un almacén de paños. 

Poco tiempo después un violinista llamado Leopoldo Marco inauguraría el Teatro Romea en la calle de Carretas, número 14. El día 6 de junio de 1890 aparece en la prensa que el Teatro de la Infantil ha cambiado de nombre. 

Fuente: B.N.E. (1935)
Fachada del Teatro Romea poco antes de su demolición.

El nuevo teatro tenía doscientas butacas, tres palcos al nivel de la sala en cada lado y todo el piso entresuelo de anfiteatros y fue continuador del que con el mismo nombre estuvo en la calle de la Colegiata, esquina a la plaza del Progreso (hoy de Tirso de Molina). Su entrada principal estaba situada en el portal de la casa, cuyos pisos superiores tenían viviendas y oficinas. El nombre de Romea se puso en honor al famoso actor romántico Julián Romea Yanguas. 

Fuente: B.N.E. (1933)

Las primeras obras estrenadas en el nuevo teatro Romea fueron “Juez y parte”, “Lucifer” y “El chaleco negro” de Manuel Meléndez París, a la que acompañaba “Los interesados” de Arango. La pareja de cómicos que formaron Loreto Prado y Enrique Chicote se presentaron en este teatro, juntos por primera vez, en el año 1898 y darían especial relevancia a este coliseo.

El empresario José Campúa se hizo con el teatro Romea en los años veinte del siglo pasado, realizando mejoras en su decoración y dedicándolo a espectáculos de revista y variedades. Una década después, en los años treinta, el edificio era ya muy viejo además de molesto para realizar la proyectada ampliación de la nueva plaza de Jacinto Benavente, inaugurada diez años antes. 

Fuente: B.N.E. (1935)
Desde la plaza de Jacinto Benavente, la calle de Carretas a la derecha. En el centro los restos del demolido Teatro Romea y a la izquierda el edifico de la Nueva Bolsa, que también desaparecería.

Es en 1934 cuando se aprueba la expropiación del inmueble del Romea, que será derribado en el año 1935 llevándose consigo, entre otros, al edificio de la antigua Bolsa de Madrid y a la plazuela de la Aduana vieja, donde estaba emplazado.







Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
“Pombo. Biografía del célebre café y de otros cafés famosos” Ramón Gómez de la Serna.
Es.wikipedia.org

Cartotecadigital.icc.cat

lunes, 20 de mayo de 2013

“EL CREPÚSCULO DEL LADRILLO” EN LA NAVE TRAPECIO DE TABACALERA.


El pasado domingo 19 de mayo de 2013 se estrenó la ópera buffa de tiempos de crisis “El crepúsculo del ladrillo” de José Manuel Naredo, en la antigua Tabacalera de la calle de Embajadores, número 53, de Madrid. 



Foto: M.R.Giménez (2013)

Este neoclásico edificio, construido entre los años 1780 y 1792 por el arquitecto Manuel de la Ballina para albergar la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes, luego reconvertido en Fábrica de Tabacos y Rapé en el año 1809, es en la actualidad el Centro Social Autogestionado de La Tabacalera que ofrece numerosas e interesantes actividades para todos.

Pulsar para ver el librero de la ópera.


La ópera fue representada por La Solfónica en colaboración con la Nave Trapecio de Tabacalera, Asambleas del 15M y muchos más…



¡Qué bello es el placer y la tranquilidad…!


La curia cardenalicia opina que es mala la codicia…


El sector terciario avanzado, hábilmente cementado y eventos bien sonados, son nuestra salvación, sí señor…



No sigáis con la extracción, el ladrillo y la especulación, ellos nos han traído a tan triste situación.
Dejad de trabajar sin ton ni son, recuperad vuestros oficios, vuestra libertad de acción, vuestra música y alegría, vuestro amor por la vida.


La ópera “El crepúsculo del ladrillo” finaliza con una jota que adapta el poema de Miguel Hernández Gilabert (1910-1942) “Vientos del pueblo”

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
De la obra “Viento del pueblo. Poesía de la guerra” de Miguel Hernández, escrita entre 1936 y 1937.




Fuentes: 
Fotografías de M.R.Giménez
Tabacalera.net
Navetrapecio.blogspot.com.es
Crepusculodelladrillo.wordpress.com