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lunes, 13 de febrero de 2012

LA ESQUINA DE CONDE DE PEÑALVER (GRAN VIA) CON HORTALEZA, UNA FONDA Y UN CAFÉ.



Esa esquina, entonces turbia y peligrosa, la veía yo desde la ventana del hotel donde me alojé a veces en los años 80. Apareció de pronto cuando me puse a imaginar mi novela El invierno en Lisboa. Y también cuando escribía Ardor Guerrero.” Antonio Muñoz Molina.



Cuando el primer tramo de la Gran Vía de Madrid aún se llamaba Conde de Peñalver, se inauguró el edificio del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial que ocupa desde entonces el solar donde estuvo el Palacio del conde de Santa Coloma, famoso en todo Madrid por el buen olor que salía de sus cocinas y más tarde por el abono de 601.140 pesetas, que se le hizo al conde por el derribo de su heredad (1592 m2.) en las expropiaciones para construir la Gran Vía.


Fuente: memoriademadrid.es. Derribos para el primer tramo de la Gran Vía.
 
Nota.- En el año 1910, época de la que data este plano, no debía estar decidido aún el derribo del Palacio del conde de Santa Coloma ya que el color gris con que esta finca se representa en el dibujo y las tenues líneas que marcan lo que habría de ser la nueva vía, parece que dejan a un lado este inmueble.


Fotografía: M.R.Giménez. Edificio del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial.

Era el día 24 de abril de 1924 cuando se inauguró el Círculo de la Unión Mercantil, en el número 3 de la calle de Conde de Peñalver (hoy Gran Vía, 24 -Hortaleza, 2 y Reina, 2); un enorme edificio de los arquitectos Luis y Joaquín Sainz de los Terreros, con fachada de piedra a base de motivos neorrenacentistas que incluía espacios comerciales, salones para bailes y conferencias, local de cafetería y lujosas viviendas en alquiler. Aquí estuvo, hacia 1926, el concesionario de automóviles de lujo “Studebaker” y “Pañería- Sedería Red de San Luis”, con especialidad en paños de Bejar, establecimiento este último aún abierto cuando el autor de “El jinete polaco” miraba desde la ventana del hotel donde se alojaba en los años 80.



  Fotografía: L. Domínguez Fisa
 Edificio Unión Mercantil e Industrial en los años 70 del siglo pasado. En primer plano la desaparecida fuente que sustituyó al templete de Antonio Palacios. En el fondo, los toldos azules de la pañería "Red de San Luis".


Antes de desaparecer bajo la piqueta el Palacio del conde de Santa Coloma, en su esquina de la calle de Hortaleza con la de la Reina, estuvo el café Nueva Iberia, llamado con anterioridad de La Marina
 

El viejo local ya era café desde mediados del siglo XIX, cuando la Red de San Luis era una pequeña plaza en la que daba comienzo la calle de Hortaleza. En 1895, el café Nueva Iberia, fue el escenario de un crimen del que la prensa se hizo eco, como no podía ser de otra manera.


Bajo el epígrafe “El crimen de anoche” se relata como “A.S. emparentado con la nobleza madrileña” (razón por la que no sabemos su nombre entero) y muy conocido entre la gente llamada “del bronce (gente resuelta y pendenciera) se había encontrado dos días antes con otro llamado Félix, en la Pradera de San Isidro. Félix tenía “desconfianza de la conducta de una mujer amiga suya, conocida como la Rita, desconfianza a la que podía haber contribuido A.S.” por lo que ambos hombres se enfrentaron, resultando Félix agredido. La noche del crimen en el café Nueva Iberia, Félix llegó a él con una pistola; encontró a la muchacha sentada a la mesa con A.S. quien al verle, se puso de pie mientras Félix le disparaba en el pecho y salía huyendo del local. El agredido aún tuvo fuerzas para intentar una persecución, pero quedó tendido en la acera de la calle sin vida. “En sus bolsillos se encontraron 600 pesetas, un reloj y una pistola de dos cañones”
 

Sobre el café Nueva Iberia no sólo se escribió por el fúnebre suceso relatado, sino también por haber sido el último lugar de reunión del “Bilis Club” o “sociedad literaria sin reglamento, sin junta directiva y sin domicilio” en la que participaban: Leopoldo Alas “Clarín”, Marcos Zapata, Armando Palacio Valdés, José Ortega Munilla (quien le puso el nombre), Eugenio Sellés, Adolfo Posada, Francisco Flores García, Luis Taboada y muchos más.


El Bilis Club comenzó siendo una reunión de amigos “de letras”, una tertulia en la que todos los temas eran posibles y donde la mordacidad de los comentarios allí expuestos trascendió a la prensa desde la década de los 70 del siglo XIX, época del inicio de este “club de bilis” en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo.


Fotografía: M.R.Giménez (2012). Lugar donde estuvo la fonda Genieys, de la calle de la Reina.


Bajando por la calle de la Reina (antiguo número 8) y poco antes de llegar a la calle del Clavel estuvo, hasta la demolición del edificio, la fonda Genieys que aparece señalada en el plano de derribos de la Gran Vía con el nombre de Casa de Victor Hugo.


El ciudadano Genieys” tenía su casa fonda en lo que había sido antes el palacio Masserano, convirtiéndola en uno de los mejores sitios para comer de Madrid, en tiempos de Larra y de Espronceda. Gioacchino Rossini (1792-1869) estuvo allí hospedado así como el general Joseph Léopold Sigisbert Hugo (gobernador de la provincia de Guadalajara, cuando José I) con su mujer e hijos, uno de los cuales era Victor Hugo (1802-1885).


En el año 1839 “chez Mr. Genieys” se traslada a la calle de la Salud porque el viejo caserón de la calle de la Reina estaba muy deteriorado. Se abre entonces en sus dependencias el colegio Polimático de primera y segunda enseñanza “para pensionistas, medio pensionistas y externos”. Durante los últimos años del siglo XIX los periódicos “El Resumen” y “Heraldo de Madrid” tuvieron en esta casa su sede así como el “Teatro Zorrilla”, que era de aficionados.
 

Entre el tercer trimestre del año 1910 y el final de 1911 se procede a la demolición de la práctica totalidad de esta manzana de casas, comprendida entre las calles de Hortaleza, Reina, Clavel y San Miguel, siendo el terreno de esta última absorbida por la nueva Gran Vía, al completo.



Fuente: memoriademadrid.es. Antigua calle de San Miguel. Su trazado sirvió para planificar el de la nueva Gran Vía.







Dedicado a Antonio Muñoz Molina, por su amabilidad.






Fuentes: 

hemeroteca.abc.es
hemerotecadigital.bne.es
memoriademadrid.es
"Las calles de Madrid" Pedro de Répide
"Pombo" Ramón Gómez de la Serna



lunes, 6 de febrero de 2012

EL CAFÉ DE LA ELIPA, EL GRAN MUSEO HARTHOFF Y “EL DÍA QUE ALFONSO XIII HINCÓ EL PICO”.

En la calle de Alcalá, junto a lo que fue el teatro Apolo y hoy es un edificio destinado al Ayuntamiento de Madrid, se encuentra la iglesia de San José (s. XVIII) y en su sótano, con entrada por el número 43 de la calle, se hallaba el Café de la Elipa. 

Era éste un café estrecho y largo, con dos tramos de peldaños que habrá (porque hoy existe como cervecería, pero con otro nombre) que descender para ir a su interior. Bajo de techo y, según se nos describe en la prensa de 1925, adornado con alto relieve griego de yeso por debajo del que había pequeños espejos para reflejar la luz de la calle. En su interior, tras bajar el último tramo de la pequeña escalera había “una zona catacumbesca, abovedada con un alto zócalo de azulejos sevillanos”. 

Foto: Hemeroteca Biblioteca Nacional de España
Tertulia en el café de la Elipa en el año 1925.
El 13 de abril de 1913 fue detenido junto a las mesas del café de la Elipa, que estaban en la calle, Rafael Sáncho por haber atentado contra Alfonso XIII disparando dos tiros con una pistola, en el acto de jura de bandera que se celebró ese día cerca de la fuente de la Cibeles. 

Foto: flickr.com/photos/etecemedios
Rafael Sáncho es detenido tras el atentado.
El café de la Elipa estuvo abierto durante la Guerra Civil y así, en el año 1938 se anuncia en la prensa puntualizando que había “consomé y aperitivos todos los días”. 

En este sótano de la iglesia de San José, antes del café, vino a instalarse el Gran Museo Harthoff, en el año 1874. Se trataba de una “exposición artística y científica” de anatomía o colección de figuras en relieve vaciadas sobre un cadáver, donde se representaban los órganos humanos. 

Debido a los inconvenientes del estrecho espacio en el que este museo estaba enclavado, en los últimos días de esta exposición, en febrero de 1875, los periódicos anuncian que “para satisfacer el deseo del ilustre público madrileño, se ha arreglado el museo de tal manera que desde hoy puedan entrar al mismo tiempo señoras y caballeros”. 

Foto: M.R. Giménez
Puerta de acceso actual a lo que fue el Gran Museo Harthoff  y después el café de la Elipa.
Si miramos de frente a la iglesia de San José en el lado izquierdo estaba la Casa del Cura o vivienda del párroco, que tenía dos plantas. Fue el primer edificio derribado el 4 de abril de 1910, fecha en que dio comienzo la construcción de la Gran Vía. 

Acompañado por el Presidente del Gobierno, José Canalejas y por el Alcalde de Madrid, José Francos Rodríguez, Alfonso XIII toma una piqueta de plata y hace un simbólico desconchón sobre la jamba de una de las ventanas del pequeño edificio; antes de que las personalidades asistentes al acto se retirasen, ya había sido cargado el primer carro de escombros de la demolición. Al día siguiente el periodista republicano Francisco Serrano Anguita ofrece su crónica del acontecimiento bajo el titular: “Alfonso XIII hinca el pico”. 




Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
“La Gran Vía: historia de una calle” José del Corral.
flickr.com/photos/etecemedios

lunes, 30 de enero de 2012

UN PEDAZO DE LA GRAN VÍA DE MADRID EN LA CALLE DE TETUÁN DEL VIEJO SAN JUAN (PUERTO RICO).

El número 260 (antiguo 26) de la calle de Tetuán del Viejo San Juan, nos reserva sorpresas. 


Fotografía: Manuel Chamorro. Fábrica de sodas de la calle de Tetuán, nº 26, en el Viejo San Juan de Puerto Rico.


Con el nombre de “Polo Norte – Fábrica de Sodas de Rivero y Compañía, Sucs.” escrito sobre el fondo amarillo de unos azulejos confeccionados en Madrid por “Casa González” Gran Vía, número 11 podemos descubrir mucho sobre la historia de la ciudad de San Juan, de este negocio abierto en el año 1902, que popularizó la Kola Champagne y sobre su fundador Ángel Rivero Méndez.


Ángel Rivero Méndez, antes de dedicarse al negocio de las sodas, fue un militar liberal. Hijo de inmigrantes canarios, nació en el año 1856 en Trujillo Bajo (pueblo hoy anexionado a la capital de Puerto Rico). Realizó sus estudios en la Escuela Insular de Entrenamiento Militar de la Academia de Infantería de Puerto Rico, trasladándose después a España para continuar su formación en Toledo y en Segovia. A su regreso a la isla, es elegido para gobernar el Castillo de San Cristobal, desde donde el día 10 de mayo de 1898 dispara el primer cañonazo de la Guerra Hispano-Estadounidense contra el “Yale”, barco norteamericano que bloqueaba el puerto de San Juan. 

 
Fotografía: Manuel Chamorro. Pudo ser este cañón desde el que Ángel Rivero Méndez disparó contra el "Yale".
  
Firme defensor de su país, siempre rechazó la americanización cultural impuesta por los Estados Unidos, a quien tuvo que entregar Puerto Rico el día 15 de octubre de 1898. Tras la guerra, en el año 1922, publicó “Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico” y escribe bajo el pseudónimo de “Remigio” en la prensa de Puerto Rico. El 23 de febrero de 1930 se suicidó con un disparo en la cabeza.


El oso polar, símbolo de la empresa “Polo Norte – Fábrica de Sodas de Rivero y Compañía, Sucs.” y elegido en plena fiebre expedicionaria por descubrir el Polo Norte geográfico, se encuentra en la fachada de la fábrica de sodas que fundó Ángel Rivero Méndez, junto al rótulo que señala el lema de la fábrica “¿Gaseosas Polo Norte? ¡Ni una palabra más!”, mientras sostiene en su mano una botella del refresco estrella de la empresa, una variante de la cola inventada en 1886 por Pemberton, en Atlanta.


Fotografía: Manuel Chamorro. El oso polar era el símbolo de la empresa. Se puede leer la frase: "¿Gaseosas Polo Norte? ¡Ni una palabra más!" sobre la figura.

Bajo uno de los paneles cerámicos de la fachada, en el que se representa una máquina embotelladora del refresco estrella de la fábrica de Rivero, la Kola Champagne, se aprecia la firma de la empresa que realizó sus azulejos: “Casa González. Gran Vía ..?. Madrid”.


Fotografía: Manuel Chamorro. Embotelladora de la "Kola Champagne" con la firma de la "Casa González. Gran Vía. Madrid"


Los hermanos González Álvarez-Ossorio, procedentes de Sevilla donde comienzan con la fabricación y venta de materiales para la construcción en los primeros años del siglo XX, deciden abrir en septiembre del año 1917 en la Gran Vía, numero 11 (entonces número 14) una lujosa tienda de sanitarios, rejería y cerámicas artísticas. El establecimiento se llamó “Casa González” y expuso un muestrario de productos, del que se han conservado sus cerámicas artísticas diseñadas por el pintor Gustavo Bacarisas con los escudos de Sevilla, Madrid, Málaga, Córdoba y Huelva, provincias donde la empresa tenía sucursales.


Fotografía: ABC. Inauguración de la tienda "Casa González" en la Gran Vía, nº 11, de Madrid, en el año 1917.


La tienda, que contaba con dos pisos del inmueble, tenía una valiosa escalera decorada con azulejos neorrenacentistas diseñados por Manuel García Montalbán, que aún se puede admirar.

 
Fotografía: M.R.Giménez (2012). Aspecto de lo que fue "Casa González", en la actualidad.



El más conocido de los Hermanos González era el arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio (1876-1929), creador de la Plaza de España de Sevilla y de la ampliación del edificio del ABC, en el paseo de la Castellana de Madrid, entre otras obras. Bien pudiese haber sido también el artífice del edificio de “Polo Norte – Fábrica de Sodas de Rivero” del Viejo San Juan, pero lo que sí podemos confirmar es que los azulejos de su fachada son de su empresa familiar de “Casa González” Gran Vía, Madrid.


La “Casa González” cerró esta tienda de la Gran Vía en el año 1930 y su local fue ocupado por la papelería “E. Pérez Vallejo”, que conservó intacta la decoración cerámica en su interior. En la actualidad un hotel mantiene este espacio como tránsito hacia sus dependencias superiores.





Fuentes:



http://home.coqui.net/sarrasin/bio.rivero.htm
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Agradecimiento muy especial a Manuel Chamorro, por sus fotografías y por descubrir el “Polo Norte” del Viejo San Juan (Puerto Rico).


lunes, 23 de enero de 2012

EL CAFÉ DEL DESENGAÑO, EL “TÓXPIRO DE DAZA” Y EL CAFÉ DE LOS BASILIOS.

La calle del Desengaño, donde estuvo el Café de su mismo nombre, hubo un tiempo en que se llamó calle de San Basilio por el convento que desde el siglo XVII allí se ubicaba. En la época de Fernando VII los frailes que en él vivían decidieron, vaya usted a saber por qué, degollar al guardián que les ayudaba; su pena fue abandonar el convento y desde 1835 quedó su iglesia a merced de otras actividades consecutivas: cuartel de artillería, teatro Lope de Vega, un molino de chocolate y la Bolsa de Comercio. En el año 1850 es derribado todo el complejo y sobre su solar se procedió a la construcción de casas particulares.

Foto: Flickr.Nicolas1056
Aspecto de la calle del Desengaño durante los derribos para la construcción de la Gran Vía.

El café del Desengaño ya existía en 1836 y estuvo situado en el número 15 (antiguo) de esta calle, antes de ser amputado su primer tramo por la construcción del edificio de Telefónica y por las obras de la Gran Vía. Su dueño, Manuel Molina, en 1898 abre una suscripción para “favorecer el invento del compatriota Daza”.

El Tóxpiro. Manuel Daza Gómez (1852-¿), ante la inminente  Guerra Hispano-Estadounidense  de 1898, concibe un proyectil aéreo, cónico, con aletas en sus lados y que lleva explosivos en el interior. Este cohete, al que llamó “Tóxpiro”, duplicaría el alcance de otros, podría construirse en todos los calibres y se dispararía eléctricamente desde un aparato especial a gran distancia del objetivo. El proyecto es presentado al Ministro de la Guerra, general Azcárraga, en junio de 1897, pero al realizar las pruebas de demostración en Murcia los resultados no fueron satisfactorios y el Tóxpiro se abandonó.

Manuel Daza era “un hombre exclusivamente dedicado a la ciencia, a la mecánica; ni conoce ni ha conocido otras ocupaciones ni tiene otros recreos que los que le proporcionan los libros de estudio”. Era miembro honorario de la Academia de Inventores de París, como reconocimiento al haber inventado un aparato electrónico para perforar pozos artesianos.

El café de los Basilios estuvo en la calle del Carbón, número 2 y ya existía en el año 1850. Esta calle del Carbón desapareció con los derribos de la Gran Vía, pero en sustitución y muy cerca de dónde estaba aquella se trazó la que hoy conocemos como la calle de Gonzálo Jiménez de Quesada.

El cronista de Madrid Ángel Fernández de los Ríos (1821-1880), vivió en el número 1 de la calle del Carbón, frente al café de los Basilios. Este café cambió varias veces de dueño, se remodeló por completo en diversas ocasiones, pero siempre mantuvo el mismo nombre. 

Pascual Madoz 1848. Aparecen señaladas la calle del Carbón y el Convento de San Basilio, que en ese momento era la Bolsa.

En mayo de 1893 fue noticia un “lunch” ofrecido en este café a la entonces famosísima cupletista “La Bella Chiquita” (Diana Dunosse) que “cantó cupléts acompañados de movimientos de culebra, lo suficientemente honestos para no alarmar a los mojigatos; pero también lo suficientemente expresivos para provocar el aplauso entusiasta”  según informa la prensa de aquel tiempo, que la describe así: “Era una bailarina antillana, de escultural figura, de cándido rostro e ingenua expresión, que ofrecía en el escenario el original espectáculo de una danza que movió en acción de protesta a la Asociación de Padres de Familia, y que las autoridades se vieron obligadas a prohibir por razones de moralidad y de orden público”.




Fuentes:
“Guía de Madrid”  Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Cartotecadigital.icc.cat

jueves, 19 de enero de 2012

LA PLAZA DE SANTO DOMINGO, TRES CAFÉS Y UNA PROCAZ ESPECULACIÓN.

Desde que en el siglo XIII comenzara a levantarse el convento de Santo Domingo, extramuros de la puerta de Balnadú (que estuvo situada cerca de lo que hoy es el Teatro Real) y hasta la fecha, la cuesta y la plaza de Santo Domingo de Madrid han sido objeto de especulativas y disparatadas transformaciones; a pesar de ello, hubo un tiempo en el cual aún no se había convertido en una caótica zona de paso rápido de transeúntes y vehículos, en el que las prisas contaban menos, sus edificios tenían un máximo de cinco alturas y los ruidos estaban mitigados por los árboles del jardín que luego ocupó un chocarrero aparcamiento para coches.

Foto: Urbanity.es
Plaza de Santo Domingo (1913)

Cuando a mediados del siglo XIX la de Santo Domingo era “plazuela” y la cuesta de su mismo nombre era conocida como “subida o bajada”, hubo aquí tres destacados cafés.
El Café de los Realistas o de Santo Domingo, que de ambas maneras alternaba su nombre, estuvo en lo que fuera el número 16 de la plazuela de Santo Domingo, esquina con la calle “Ancha” de San Bernardo.
Las primeras noticias de este café proceden del año 1823, época en la que era conocido como Café de los Realistas. El extranjero podía saber, leyendo el rótulo del establecimiento, la clase de gobierno que dominaba en España. En tiempo del absolutismo decía el rótulo Café de los Realistas y para puntualizar más su índole, el retrato de un voluntario realista aparecía pintado sobre la puerta. Posteriormente, aparecieron un guardia nacional o un miliciano urbano, signos del cambio de régimen”.
Tras la muerte de Fernando VII el establecimiento volvió a llamarse por su nombre primitivo, Café de Santo Domingo, a pesar de ser aún frecuentado por los realistas. Sus asiduos no paraban de narrar, en las tertulias, hasta el más insignificante episodio de la pasada Guerra de la Independencia (1808-1814). Todo era antiguo en este café y, a decir por los comentarios de los anales de la época, “entrar en él era como retroceder medio siglo”.
En 1850 la casa del café de Santo Domingo va a ser demolida y se hace almoneda con todo lo que el establecimiento tenía en su interior: Espejos, relojes de música y péndola, un molino de piedra para almendra, mostrador, anaqueles y una mesa de billar donde tantas partidas jugó el célebre Toriño, rival de otro afamado jugador barcelonés llamado Peret (Perico).

Foto: Urbanity.es
Plaza de Santo Domingo (1934). A la izquierda se ve la cuesta de Santo Domingo.  En la derecha el final de la calle de Jacometrezo. Al fondo, a la derecha, comenzaba la calle "Ancha" de San Bernardo, donde estaba el café. 

El Café de los Ángeles estaba situado en la cuesta de Santo Domingo, en una zona que entonces también formaba parte de la plazuela y frente al número 26 de ésta, junto a un lapidario.
Nota.- Por haber sido completamente modificada la zona a la que se hace referencia, los números de las casas son aportados como curiosidad, tal y como figuran en la prensa de la época.
Este café tenía un afamado billar y fue noticia en febrero de 1849 por haber sustituido las bandas de goma de la mesa de juego por otras metálicas de nueva invención, ante la admiración de los jugadores.
Contaba el café de los Ángeles con un parroquiano excepcional, Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), quien solía ir a escribir cada tarde. Publicaba sus escritos como colaborador en el periódico “El Contemporáneo”, dirigido por José Luis Albareda hasta que en noviembre de 1864 toma él mismo la dirección del diario, como se anuncia en el recorte de prensa.

Recorte de "El Contemporáneo" 9/Noviembre/1864. Fuente: B.N.E.

Un año después del derribo de la última parte del convento de Santo Domingo, en 1869, el lado izquierdo de la cuesta, “antes de la rinconada”, lugar donde se encontraba el café de los Ángeles, fue remodelado y alineado con el resto de la calle; de esta manera fue configurándose lo que sería una plaza, en vez de una plazuela, con un jardín de árboles.

Foto: Urbanity.es
Cuesta (subida o bajada) de Santo Domingo. Al fondo los edificios demolidos de la Plaza.

Pasan los años y el café de los Ángeles es restaurado y redecorado, anunciando su nueva apertura en 1892. El señor Mayorales, su dueño, encargó al “inteligente pintor Sr. Pechuga” la ornamentación del local que abriría sus puertas el día 19 de noviembre con un concierto de la banda de música del Batallón de Cazadores de Puerto Rico, “que tocará las mejores piezas de su escogido repertorio”.
El más joven de los cafés de esta zona de Santo Domingo fue el Café Asprón, que estuvo ubicado en lo que fue el número 18 de la plaza, haciendo esquina con la calle de Preciados.
Se anunciaba como Restaurante café Asprón Hermanos allá por el año 1910, ofertando menús económicos, a la carta. Tenía las puertas y ventanas decoradas con vidrieras de colores en las que se podían ver figuras de cariocas bailando. Más tarde fue convertido en un “tupi” o local de pequeñas dimensiones donde se podía tomar de pie cafés y licores. Pero este café desapareció con la especulación más exorbitante de las llevadas a cabo en el barrio del Centro por el Ayuntamiento de Madrid, entre los años 1967 y 1976, gracias a los ignominiosos esfuerzos de dos alcaldes: el gemebundo Carlos Arias Navarro, (de 1965 a 1973) y el impenitente Miguel Ángel García Lomas (de 1973 a 1976).
desestimados sus recursos por el Tribunal Supremo. La finalidad de este plan, según el Ayuntamiento, era “el ensanchamiento de la plaza de Santo Domingo y la apertura de la calle de Jacometrezo con objeto de facilitar la circulación del sector y la creación de un amplio lugar de estacionamiento de vehículos”. Todo ello suponía (y supuso) la demolición de, nada menos que, veintidós edificios localizados no sólo en la plaza de Santo Domingo sino también en las calles de Silva y de Jacometrezo.
El aparcamiento de Santo Domingo, que ya se había llevado por delante el jardín arbolado de la plaza en el año 1957, no parecía ser suficiente para los Alcaldes Arias Navarro y García Lomas; su justificación de convertir el centro de Madrid en una autopista con garaje para los coches, sin pensar en los vecinos y en pos de una modernidad descabellada e ignorante, incluía soterrada otra realidad: Una operación especulativa a gran escala.
Foto: Ayuntamiento de Madrid.
Aparcamiento antiguo de la plaza de Santo Domingo, donde antes había un jardín.

El 4 de mayo de 1969 un acuerdo de la Gerencia Municipal de Urbanismo actualiza la ordenación de la plaza de Santo Domingo. La zona es declarada de reparcelación “obligatoria”. Pero hasta el 23 de abril de 1976, con García Lomas como Alcalde, la ordenación de la plaza de Santo Domingo está en fase ejecutiva habiendo fallado el Tribunal Supremo el último de los recursos interpuestos. Comienza las demoliciones y la inminente construcción masiva de los edificios de más de diez alturas que contemplamos a día de hoy.

Fuentes:
Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
“Las calle de Madrid” de Pedro de Répide.
  Recuerdos personales de Rosario González Truchado.

martes, 10 de enero de 2012

UN CAFÉ, DIEZ CRÍMENES Y UNA PARRA EN LA ANTIGUA CALLE DE LAS BEATAS.

Ni el poeta cordobés Antonio Fernández Grilo (1845-1906) ni las Beatas de Santa Catalina de Sena del siglo XVI, tuvieron la culpa de los diez crímenes que sucedieron en esta pequeña calle de Madrid entre los años 1932 y 1964.

La calle de Antonio Grilo (llamada así desde el 15 de marzo de 1899) comienza en la de San Bernardo y termina en la plaza de los Mostenses, aunque en el plano de Pedro Texeira (1656) era algo más extensa. Antes de su cambio de nombre y hasta 1899, esta calle se llamó de las Beatas.

Foto: M.R. Giménez
                                      Aún puede verse una de las placas con el antiguo nombre de esta calle. 

El nombre de Beatas le vino a esta vía por el beaterio de Santa Catalina de Sena que allí existió en el siglo XVI y cuyo edificio fue posteriormente ocupado por el convento de los Premostratenses de San Norberto (Mostenses), desde 1611. Muchos fueron los cambios acometidos en este inmueble desde su inauguración, apareciendo ya en obras en el plano de Texeira, siendo el más significativo el realizado por Ventura Rodríguez (1717-1785) quien construyó en 1754 la iglesia dedicada a San Norberto, que posteriormente sucumbió a la piqueta de José Bonaparte junto a todo el recinto del monasterio, en el año 1811.

Foto: Skyscrapercity

                                                    Iglesia de San Norberto de Ventura Rodríguez.

Como hecho curioso e indicativo de la desidia administrativa hay que citar que en el año 1887 Pedro Carvajal de Castro, ferrolano, vecino de Madrid y rico hacendado muere dejando en su testamento, entre otras posesiones, un solar de 131 m. sito en la calle de las Beatas, número 13, esquina con la plaza de los Mostenses, número 8. Dicho legado queda para su mujer o para sus tíos, en caso de fallecimiento de aquella, al no tener descendencia de su matrimonio y a la muerte de todos estos herederos se registra que sus bienes quedarán para la beneficencia municipal (Asilo de San Bernardino, ya desaparecido y casas de socorro de Madrid). Pero hasta el 6 de mayo del año 2000, el Ayuntamiento de Madrid no aprobó aceptar le herencia de Pedro Carvajal y al regularizar la posesión del terreno en el Registro de la Propiedad para incorporarlo al inventario del patrimonio municipal, se comprobó que hasta la fecha no se había producido la aceptación oficial de este legado. Dadas las circunstancias, tras 113 años desde la muerte del donante hasta la aceptación de su herencia por el Ayuntamiento de Madrid, el solar de la calle de las Beatas se encuentra ocupado,¡cosas de la vida!, por un edificio de oficinas (69 m.) construido en los pasados años 60 y por la vía pública, respectivamente.
Todas las muertes violentas que se produjeron en esta calle tuvieron lugar en la acera de los nùmeros impares, que cuenta con tan sólo once portales. La primera de ellas, por orden de antigüedad, acaeció en el  en el ya conocido café de San Bernardo.

El café de San Bernardo fue durante mucho tiempo punto de reunión de los estudiantes de la cercana Universidad. En 1930 fue escogido para homenajear a los señores Llabré, Subrá y Tena, afamados autores de la zarzuela “¿Qué tiene la jota, madre?” estrenada en Madrid el 6 de agosto de ese mismo año, con gran éxito. Así mismo, la peña de autores noveles “Seis autores en busca de un personaje” hizo de este café su sede. Pero en octubre de 1932 un brutal suceso se produjo en la cocina del local y con el título de “Sangrienta riña de dos pinches” se relató en la prensa de la manera siguiente: “A la hora de comer y sentados a la mesa con el cocinero y otros dependientes del establecimiento, los dos pinches empezaron a lanzarse unas frases aparentemente en broma. De pronto uno tomó una botella de vino y golpeó al otro en la cabeza. Ese, sin mediar palabra, tomó un cuchillo de cocina que es una herramienta monstruosa por su tamaño y la clavó en el vientre de su compañero produciéndole una tremenda herida, tan tremenda que le atravesó el cuerpo. Llevaron a los heridos a la Casa de Socorro, en donde a éste último le fueron aplicadas unas inyecciones para sostener el funcionamiento del corazón, pero falleció a los 10 minutos. Su lesión estaba situada en el vientre y medía unos 15 centímetros, con salida del paquete intestinal y extensa hemorragia”. Por si ésto fuera poco, el redactor de la noticia precisa que “Además advirtieron otra herida en forma de sedal en el hombro derecho. Esta lesión última era de pronóstico reservado”. 

Foto: M.R. Giménez
                                               Calle de Antonio Grilo, lo que fue el Café de San Bernardo.

 El número 3 de la calle Antonio Grilo tiene especial relevancia por los luctuosos hechos que allí acaecieron entre los años 1945 y 1964.

En noviembre del año 1945 y en el primer piso de este edificio unos ladrones dieron muerte a un hombre, de oficio camisero, con objeto de robarle. El cuerpo fue hallado unos días después en estado de descomposición, con un fuerte golpe en la cabeza y sujetando en la mano un mechón del pelo de su agresor. Nunca se averiguó quién fue el asesino.

En el mes de mayo de 1962 un sastre, en el tercer piso, mata a sus cinco hijos y a su mujer. Antes de pegarse un tiro exhibió los cadáveres de tres de sus víctimas en el balcón de la casa, ante un aterrorizado vecindario.

El último de los hechos macabros tuvo lugar en 1964, cuando fue hallado el cadáver de un recién nacido en el cajón de un mueble en el tercer piso de la casa. Su madre, una joven soltera de 20 años, lo había estrangulado con sus manos ocultando el cuerpo durante varios días.

En otro orden de cosas hay que contar que frente al portal número 3 de la calle de Antonio Grilo, había una parra. 

Foro: Claudio Álvarez (2004) 
                                                           La Casa de la Parra, que ahora es un solar.

La casa era tan antigua como cualquiera de las que aún conserva la calle de Antonio Grilo. A penas dos pisos de altura, de larga fachada y con un gran portal para entrada de carruajes, el número 8 de esta calle era conocido en el barrio como la Casa de la Parra porque su fachada estaba recorrida por esa enorme planta que salía desde el interior. Los vecinos la conocían desde siempre, no pudiendo precisar su edad. Pero un día del año 2005, cuando ya el edificio estaba vacío de inquilinos, tuvo lugar la demolición que se llevó por delante casa y parra, dejando un solar sombrío y triste, hasta la fecha.        


Fuentes:

Hemeroteca ABC.
“Las calle de Madrid”, Pedro de Répide.
Hemeroteca B.N.E.

martes, 3 de enero de 2012

CAFES DE LA CALLE DE SAN BERNARDO Y “DOÑA MANOLITA”.

La calle de los Convalecientes de San Bernardo, como la nombra Teixeira (1656); calle Ancha de San Bernardo, llamada posteriormente así y hasta 1865 o calle de San Bernardo, como se la denomina hoy, además de ver como se acortaba su nombre durante cuatro siglos, al ritmo de la construcción de sus muchos palacios, también tuvo célebres cafés.

Aún quedan en el barrio vecinos muy mayores que la conocen simplemente como la “calle Ancha” por haber sido, antes de la construcción de la cercana Gran Vía, la más importante tanto en amplitud como en comercios, de este distrito del centro de Madrid.

Dejando a un lado la Universidad Central de Madrid, instalada allí desde el año 1836 y que tantas librerías aportó a la zona, hoy prácticamente desaparecidas, nos centraremos en los cafés que fueron apareciendo en el tramo comprendido entre la travesía de la Cruz Verde y la calle de la Flor Alta.

Café de Prada. Hacia el último cuarto del siglo XIX este café se encontraba en la calle de San Bernardo, número 50 (antiguo) junto a una pequeña fuente que abastecía de agua a los vecinos de esa zona y que tenía el surtidor en la llamada travesía de la Cruz Verde. Hoy son otros edificios los que configuran esta travesía y ya no existe la fuente, que debió desaparecer con las nuevas edificaciones de la pequeña calle durante los años 60.

Foto: M.R.Giménez
Travesía de la Cruz Verde, en la actualidad, con la calle de San Bernardo al fondo. Aquí estuvo la fuente y el Café de Prada.

El café de Prada tenía fama porque cada noche La banda del regimiento de Zaragoza ofrecía un concierto. Deleitaba tanto al entregado auditorio que, tras la interpretación del día 22 de abril de 1895, le fue entregada por el jubiloso público allí presente “una elegante batuta” al Sr. Martínez, músico mayor de la banda, al haber bordado la ejecución de la jota “La Dolores” del Maestro Bretón.



Este café fue escogido también por el Comité Federal Republicano del distrito de la Universidad, para conmemorar el aniversario de la primera República el 11 de febrero de 1900; anuncio que publica la prensa del momento para avisar a todos los afiliados y simpatizantes.



Algún tiempo después el café de Prada comenzó su declive y así en 1902 su fama de reunir a rateros y gentes “de mal vivir” entre su parroquia, era muy célebre en Madrid.



Los señores Gabela “acreditados reposteros” se hacen cargo del nuevo café que sustituye al de Prada y que titulan Café Mercantil, en 1908. Sus conciertos, con una banda compuesta por 22 músicos, eran anunciados por la prensa y bien acogidos por el público asistente cada noche. Precisamente el domingo 10 de noviembre de 1912 uno de sus clientes fue Manuel Pardiñas, que tres días más tarde asesinaría a Canalejas frente a la librería San Martín, en la Puerta del Sol. En la segunda década del siglo XX, el café Mercantil ya había sido convertido en un “tupi” o moderno local de pequeñas mesas, en el que la rapidez imperaba, donde se tomaba el café con prisa y, según Gómez de la Serna, era lugar que “despacha y despide”.



En la acera de los impares y haciendo esquina con la calle de Antonio Grilo (antes de las Beatas) estuvo hacia 1875 el Café de las Colonias, que luego pasó a llamarse Café de Peláez donde en febrero del año 1906 y bajo el título de “Gente sospechosa” el ABC informa que “la policía había sorprendido a ocho sujetos sospechosos que estaban jugando al julepe. En su poder se encontraron enormes facas”.

Foto: M.R. Giménez

San Bernardo esquina a Antonio Grilo. Aquí estuvo primero el café de las Colonias, luego el café de Peláez y más tarde el café de San Bernardo.
Este café estaba en la esquina del edificio donde vivió la escritora Emilia Pardo Bazán, entre los años 1890 y 1915, que entonces era el número 37 de la calle de San Bernardo y hoy es el número 35.



Bajo el nombre de Nuevo Café de San Bernardo, José Gándaras (a la sazón propietario de una famosa carnicería en la antigua calle de Jacometrezo) abre este nuevo local en el año 1907. Reforma los viejos billares del antiguo café de Peláez, cambia los vetustos muebles por otros más elegantes y dota al nuevo negocio de instalación eléctrica, ofreciendo sesiones musicales de violín, piano y ”fonógrafo”. El café de San Bernardo además se convierte en restaurante a la carta, siendo muy aclamados sus “bistecks”.



Tras cerrar el café de San Bernardo, el local fue convertido en una entidad bancaria. En la actualidad acoge a la famosa librería “Fuentetaja” (por el momento cerrada por un inventario ya demasiado largo).


Dos últimas sorpresas nos reserva aún la calle de San Bernardo, ambas juntas, en el antiguo número 18 (hoy número 8), junto a la Gran Vía.



Doña Manolita de Pablo (1879-1951), la famosa lotera de la Administración 5 (hoy administración 67, trasladada recientemente a la calle del Carmen), tuvo en la calle Ancha de San Bernardo su primer despacho de loterías. 

Foto: Granviacociditomadrileño.


 Doña Manolita en la puerta de la administración nº 5, calle de San Bernardo, 18 (1926).


Foto: M.R. Giménez
Calle de San Bernardo, número 8, en la actualidad. Aquí estuvo la lotería de "Doña Manolita".


Doña Manolita” comenzó a vender lotería, con gran fortuna, en el número 18 (hoy número 8) de la calle de San Bernardo, en el año 1904. Su marido, Manuel del Pino, también tuvo otro despacho en la calle de Alcalá, número 43 (hoy número 39) que aún conserva el 25 como número de la administración. 

Foto: M.R. Giménez

Este fue el despacho de loterías del marido de Doña Manolita, en la calle de Alcalá. Foto actual.
 

La fama de los premios en la lotería de Doña Manolita llega hasta hoy, a pesar de haber cambiado la ubicación del negocio en tres ocasiones. En el año 1931 abandona la administración de San Bernardo y se instala en la avenida de Pi y Margall, número 9 (actual Gran Vía, 31). Hoy la calle del Carmen, número 22 acoge la nueva sede de la popular marca expendedora de loterías.



Junto a lo que fue Doña Manolita estuvo el Café de la Gran Vía. 

Foto: M.R. Giménez
Lugar donde estuvo el Café de la Gran Vía (luego Café de la Reina Victoria) en la esquina de la calle de San Bernardo y la de Flor Alta.

 
El café de la Gran Vía se instaló en la calle de San Bernardo, 18 (actual número 8) y hacía esquina con la calle de la Flor Alta. Era un café en el que se daban comidas, tenía dos puertas, grandes billares “bien ventilados” y un precio de 0,75 pesetas la hora de juego.



Este café fue objeto de una sonada protesta el 12 de junio de 1904, cuando a primera hora de la tarde 140 trabajadores pertenecientes a la Agrupación Obrera de Camareros se introdujeron ordenadamente en el café y durante siete horas ocuparon todas las mesas, sin pedir consumición alguna. Reivindicaban la readmisión de dos camareros del local despedidos por el dueño, quien se negaba a recibir a la comisión que fue a negociar con él y tampoco contrataba a quienes pertenecieran a dicha sociedad gremial.



A finales de la segunda década del siglo XX, este café cambió de título y pasó a llamarse Café de la Reina Victoria, que en los años 30 ya había desaparecido, también. En la actualidad su local está ocupado por una oficina bancaria.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Pombo” Ramón Gómez de la Serna.