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lunes, 16 de noviembre de 2020

CASANOVA POR MADRID.

El término “casanova” ha llegado hasta nosotros como sinónimo de conquistador o mujeriego, pero tras este significado general se esconde uno de los personajes más singulares del siglo XVIII, el veneciano Giacomo Girolamo Casanova (1725-1789).



    
                                    


Casanova fue un hombre culto y educado, inteligente y cautivador, también diplomático, músico, escritor y agente secreto, además de un infatigable viajero obligado por las circunstancias de su azarosa vida.  

Durante algo más de un año fijó su residencia en Madrid, con la intención de asentarse en la corte de Carlos III, teniendo relación con los personajes más ilustrados de aquel tiempo.

En este vídeo vamos a descubrir el aspecto de aquel antiguo Madrid que Casanova detalló en su autobiografía, titulada “Historia de mi vida”. Veremos cómo era la sociedad del momento, las diversiones y los bailes en el Teatro de los Caños del Peral (espacio que actualmente ocupa el Teatro Real), los paseos de los madrileños por El Prado o por la Puerta del Sol, las calles y sus carruajes. Las siniestras posadas en las que dormían los viajeros, controladas por la Inquisición con su terrible poder sobre vidas y haciendas. Tampoco faltarán aquí los detalles de los viajes que este sorprendente personaje realizó al Palacio de Aranjuez o, como contrapunto, su paso por la terrible cárcel del Palacio del Buen Retiro.

Casanova relató en sus inconclusas memorias, escritas a la edad de setenta y tres años, las costumbres y los pormenores de la sociedad que le había tocado vivir. Por nuestra parte, os invitamos a realizar una espléndida visita al siglo XVIII madrileño.


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miércoles, 4 de noviembre de 2020

LA TAHONA DEL MICO Y EL MERCADO DE SAN ILDEFONSO.

Ya en el siglo XVIII, cuando el norte de Madrid se remataba en las puertas de Fuencarral, de los Pozos de la Nieve y de Santa Bárbara (que hoy se corresponderían con las glorietas de Ruiz Jiménez, de Bilbao y con la plaza de Santa Bárbara) ya existían, extramuros de la ciudad, la Era del Mico y un gran barranco que pasaría a ser conocido como el Campo del Tío Mereje.

No hay referencias encontradas para conocer la identidad del Mico, que sí sería el título de varios establecimientos situados en esta zona norte de Madrid, como: una taberna, un baile y la famosa Tahona del Mico situada en la esquina de las calles del Espíritu Santo y de la Corredera Alta de San Pablo.

 

Fuente: 2.munimadrid.es (1997) Fachada de la Tahona del Mico en su entrada por la Corredera Alta de San Pablo.
 

En el año 1805 ya existía la Tahona del Mico, famosa en todo Madrid por la elaboración de sus panecillos franceses, entre otros, además de los bollos de leche y sus espléndidas galletas. Era tal la popularidad de esta fábrica de pan que en los años sesenta del siglo XIX hubo de inaugurar una sucursal en la calle de la Aduana, junto a la Puerta del Sol, por hallarse la calle del Espíritu Santo tan extraviada del centro de Madrid. La tahona, con el fin de evitar el fraude, identificaba sus productos con un sello en el que se había grabado el número 87 con un ramo alrededor; todo pan que no tuviese este distintivo, no se había elaborado en ella.

El edificio donde se situaba la Tahona del Mico había visto mucha historia. Grande en extensión, sus dos alturas rodeaban un viejo patio donde en tiempos remotos daba vueltas la mula que hacía girar la enorme piedra que molía el trigo para confeccionar el pan. En su sótano tenía un pozo que servía a la vecindad para el aprovisionamiento de agua y una galería subterránea con ramales que iban a parar a la plaza de San Ildefonso, a la calle del Pez y, según se comentaba, llegaban hasta la misma plaza de Santo Domingo.

 

Fuente: 2.munimadrid.es (1997). Entrada de la Tahona del Mico por la calle del Espíritu Santo.


La vieja casa donde se situaba la popular Tahona del Mico fue derribada en el año 1998. 

 

A pesar de su popularidad, la del Mico era una más de las tiendas de alimentación y puestos callejeros que se extendían alrededor del Mercado de San Ildefonso, que estuvo situado en la cercana plaza del mismo nombre.

Ya en el siglo XVIII la plazuela de San Ildefonso era un importante centro de suministros para las gentes que vivían en esa zona, por entonces tan apartada del centro de Madrid. Cererías, herbolarios, una botica o un maestro de coches tenían en ella sus negocios y convivían con los cajones de verduras, frutas, carnes y animales vivos que con el tiempo irían ocupando también las calles de alrededor.

En el año 1835, siendo corregidor de Madrid Joaquín Vizcaíno (marqués viudo de Pontejos), vino a construirse el Mercado de San Ildefonso con el fin de poner un poco de orden en aquel laberinto de puestos callejeros. Cosa que no conseguiría, por ser muchos los tenderetes allí establecidos.

 

Fotografía: Martín Santos Yubero (1965) Fuente: madrid.org. Entrada al Mercado de San Ildefonso por la plaza del mismo nombre.

Sobre los terrenos, entonces propiedad del terrateniente y empresario Segundo Colmenares, bajo proyecto del arquitecto Lucio Olavieta, se inauguró el primer mercado de abastos techado de Madrid. Pequeño en extensión e insuficiente para acoger todos los puestos que a su alrededor seguían esparciéndose, este mercado tenía su entrada principal junto a la puerta de la iglesia de San Ildefonso (construida en el año 1826).

De planta cuadrada y con suelo de granito, el Mercado de San Ildefonso tenía varios accesos a la plaza, que coincidían con el final de los dos pequeños callejones cruzados en que se había dividido su ordenación. Los puestos de venta se distribuían entre el interior y el exterior del edificio, quedando estos últimos casi a la intemperie y sólo protegidos por un pequeño techo o por leves estructuras de cristal y madera con las que resguardarse del frío.

 

Fotografía: Martín Santos Yubero (1965) Fuente: madrid.org. Una esquina del mercado.

En el lado más escondido de la plaza de San Ildefonso, junto a la calle de Santa Bárbara, se hallaba un pequeño callejón cuya único acceso, a través de un arco, tenía una elaborada puerta de hierro. Con suelo empedrado y algunos puestos en su interior, este estrecho recinto habría servido para dar entrada a los productos destinados a la venta y como depósito de residuos del mercado.

 

Fotografía de Martín Santos Yubero (1965) Fuente: madrid.org. Callejón en la trasera del mercado.

El antiguo mercado de la plaza de San Ildefonso fue demolido en el año 1970 y en su lugar se instaló una superficie escasamente ajardinada con bancos alrededor y suelo de tierra. En la parte central, una pequeña fuente de hierro con dos caños sobre una plataforma escalonada de granito. 

 

Fotografía izquierda: Martín Santos Yubero (1971). Fotografía derecha: Manuel Chamorro (2020). La plaza de San Ildefonso cuando se inauguró su zona ajardinada y en la actualidad.
 

Hoy el jardín de la plaza de San Ildefonso tiene el suelo recubierto de baldosas y adoquines, la fuente de hierro fue relegada a un lateral y en ella se han instalado las terrazas de los bares que la circundan.



Fuentes:

hemerotecaditital.bne.es

Madrid.org

munimadrid.es