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jueves, 10 de junio de 2021

CAFÉ DE FORNOS.

De todos aquellos antiguos cafés que existieron en Madrid quizá el más distinguido, lujoso y añorado, muchos años después de su desaparición, fue el Café de Fornos.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.comunidad.madrid (1908). El Café de Fornos y la calle de Peligros.

Derroche de lujo y confort, Fornos fue el centro de todo a partir del día 20 de julio de 1870, cuando se inauguró en la esquina de la calle de Alcalá con la de Peligros. Manuel y Carlos Fornos, hermanos e industriales del gremio, dieron a su negocio un aspecto palaciego que, a decir de muchos, era demasiado para sólo un café.

El arquitecto Jerónimo de la Gándara había construido en el año 1868 el espléndido edificio donde sólo dos años más tarde de ser acabado se instalaría el Café de Fornos, negocio que nunca cerraba sus puertas y que contaba con una clientela variopinta dependiendo de la hora. Durante el día, diplomáticos extranjeros, literatos o políticos, tomaban sus aperitivos en el gran salón al sosiego de la charla, la mayor parte de las veces. Luego, los grupos se dirigían al comedor o a alguno de los gabinetes del entresuelo, donde continuaba la tertulia tras la comida. Familias con cierto poder adquisitivo o simplemente curiosos venidos de otras ciudades constituían la clientela de este café, que no dejaba indiferente a nadie. Por la noche todo cambiaba, al ser el lugar preferido de cómicos y auditorio tras terminar la cuarta del Apolo (última representación de ese famoso teatro). El ambiente bullicioso, con la animación de los reservados y en el comedor, podía durar hasta altas horas de la madrugada.


Fuente: Fotografía de Kaulak (Antonio Cánovas del Castillo). Banquete en uno de los reservados del Café de Fornos.

Fornos se puso de moda en Madrid a los dos meses de ser inaugurado. Su restaurante de alta y reconocida cocina, nada asequible para la mayoría, vería aumentar los metros destinados al comedor dos años después de su apertura. Entre los famosos invitados a cenar cada noche se contaba el Perro Paco, celebridad muy conocida por todos los habitantes de la ciudad.

En el Café de Fornos se rendía culto al arte. Tanto su planta baja, destinada al café, como su entresuelo, donde se ubicaba el restaurante y los gabinetes o reservados, estaban decorados con gusto refinado y gran elegancia por Ramón Guerrero (padre de la memorable actriz María Guerrero).

Ornamentado al estilo Luis XV, sobre sus paredes pintadas de color blanco se instalaron molduras y florones en color oro acompañados con paisajes, figuras de pájaros y coloridas flores de los reconocidos pintores Augusto Ferri y Giorgio Busato. Grandes espejos, más uno de tamaño colosal, reflejaban la luz que entraba por las ventanas iluminando los veladores de diversos tamaños cubiertos de mármol y los múltiples divanes tapizados. Un enorme reloj, compuesto por dos esferas dispuestas para ser vistas desde cualquier punto del salón, grandes figuras de bronce que hacían de soporte a algunas de las numerosas lámparas de gas diseminadas por todo el café y una fuente de mármol, formaban parte de la decoración de este salón donde el lujo no se detenía y llegaba a la prodigalidad.

Lo que más llamaba la atención a todos sus clientes era el techo, pintado por José Vallejo Galeazo, representando las alegorías del té, el café, el chocolate, los licores y los helados en cuatro cuadros principales. En el primero de ellos, el té, dos figuras femeninas tomaban plácidamente esta infusión en un cielo con nubes y rodeadas de amorcillos. Este fresco sería descrito por el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, resaltando la pureza de los contornos y la frescura del colorido propios del talento reconocido del autor.

 

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1870). Fragmento del techo del Café de Fornos, pintado por José Vallejo, con la alegoría del té.

El café también contaba con un gabinete especial para señoras, situado en la planta baja e independiente de la sala principal, con entrada por el portal del edificio. Este pequeño salón estaba adornado con cuatro cuadros que representaban las estaciones del año, siendo el más sobresaliente de ellos “El Invierno”, obra del pintor Ricardo (?) Balaca.

La suntuosidad del Café de Fornos no parecía ser suficiente para sus dueños ya que, en el mes de julio de 1876, anunciaba su cierre por reforma completa y liquidación de muebles, estatuas, lámparas, pinturas, espejos y demás enseres.

El día 18 de octubre de 1879, tras algo más de tres años de obras, reabriría el Fornos ante una clientela sorprendida por la riqueza del decorado, la belleza de los frescos y la comodidad del local.

Ramón Guerrero, esta vez junto al pintor Emilio Sala, volvió a dirigir la obra de este café al que la gran afluencia de público había deteriorado de manera notable su famosa ornamentación. Fornos sería considerado, en adelante, el establecimiento más suntuoso y espectacular del país.

El suelo, desde su entrada al gran salón, estaba cubierto por una gran alfombra. La prolífica iluminación del local había cambiado sus antiguas estatuas de bronce por otras de hierro cincelado, que sostenían en sus brazos haces de luces de gas. El mostrador de madera de nogal estaba cubierto de espejos, con el fin de dar más luminosidad al espacio.

Lo verdaderamente destacable de la nueva decoración del Fornos eran sus nuevas pinturas. La figura del mitológico Mercurio, obra de Emilio Sala y situada en la entrada, se había representado con cuerpo de mujer llevando en las manos una cafetera y un caduceo.


Fuente: Fotografía de Jean Laurent. mcu.es (1880 aprox.). Alegoría de Mercurio, con cuerpo de mujer.
 

Una vez más el techo de Fornos, obra también de Emilio Sala, volvió a representar alegorías sobre el café, mediante una musa pensativa esperando a tomar su taza preparada por un pequeño genio; el té, donde Inglaterra elaboraba la infusión para India y Japón; el vino, con ninfas desnudas y coronadas de hiedra; la cocina española, con una mujer cociendo garbanzos mientras un pinche francés se mofaba de ella. Los helados, la repostería, el banquete, el pan y las salsas se simbolizaban mediante figuras masculinas con el torso desnudo. 

 

Fuente: Fotografías de Jean Laurent. mcu.es (1880 aprox.). Cuatro vistas del techo del Café de Fornos con las alegorías del café, el té, el vino y el pan, pintados por Emilio Sala.

Las paredes del café estaban cubiertas por magníficos paisajes debidos a Antonio Gomar, mientras que la parte inferior de sus columnas de hierro forjado fueron revestidas por los famosos damasquinados de Germán Zuloaga.  

 

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1898). Salón principal del Café de Fornos.

En el entresuelo del café volvió a instalarse el restaurante con el gusto más refinado. Un zócalo, imitando la madera de ébano con incrustaciones de marfil, servía de marco a tapices con figuras de caza realizados por Germán y Daniel Zuloaga. Los otros dos comedores estaban decorados con cuadros de tipos antiguos españoles, pintados por Joaquín Araujo y caricaturas de personajes de la época, obra Manuel Luque y Daniel Perea.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1900). Comedor del restaurante del Café de Fornos.
 

En el año 1887 el Fornos pasaría a ser gestionado por Manuel Martínez, cuñado de los propietarios, quien volvería a realizar obras de restauración en el café valoradas en 4.000 duros. Parece que el declive del negocio daría comienzo a partir de entonces y Manuel Fornos, su primer dueño, volvió a coger sus riendas hasta que el día 13 de julio de 1904 puso fin a su vida, abrumado por los problemas económicos.

El mítico Café de Fornos, opulento y hermoso, cerró sus puertas en el mes de agosto de 1908. Una sentencia del Tribunal Supremo había dado la razón a la propietaria del edificio que solicitaba su desahucio, aunque más tarde no tuvo inconveniente en alquilar su gran local a otros establecimientos del ramo.

Fue así como a partir del año 1910 irían sucediéndose negocios, con mayor o menor suerte, entre los que se encontraban los titulados: Café Labraña, Bar Monopol, Cervecería La Tropical o Café Riesgo.

La espléndida decoración del antiguo Café de Fornos fue perdiéndose poco a poco, hasta que en el año 1933 la célebre casa situada en la esquina de las calles de Alcalá y de Peligros fue demolida. 

 

Fuentes:

bibliotecavirtualmadrid.comunidad.madrid

El café de Fornos (1870-1909) de Madrid, epicentro social y cultural en la calle de Alcalá” Mónica Vázquez Astorga.

hemerotecadigital.bne.es

mcu.es

prensahistorica.mcu.es

 

Para más información, podéis entrar en los siguientes artículos de este blog:

La Curiosa historia del Perro Paco

https://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2019/09/la-curiosa-historia-del-perro-paco.html

Café Labraña, Bar Monopol y Cervecería La Tropical de la calle de Alcalá:  

https://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2016/05/cafe-labrana-bar-monopol-y-cerveceria.html

El Café Riesgo de la calle de Alcalá:

https://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2020/08/el-cafe-riesgo-de-la-calle-de-alcala.html


 

miércoles, 19 de mayo de 2021

BOTÍN. EL RESTAURANTE MÁS ANTIGUO DEL MUNDO.

Cuando el cocinero Jean Botín inauguró su negocio, a principios del siglo XVII, desconocía que su apellido iba a dar nombre al que hoy es el restaurante más antiguo del mundo.

José González, uno de los directores y propietarios de Botín, cuenta para Antiguos Cafés de Madrid en este vídeo la extraordinaria historia de este tradicional restaurante situado en la calle de Cuchilleros, número 17.


Vídeo: Botín, el restaurante más antiguo del mundo.


El edificio donde se encuentra el Restaurante Botín o Sobrino de Botín, situado junto a la plaza Mayor y el Arco de Cuchilleros, fue construido en el año 1725 sobre bodegas y pasadizos edificados en el siglo XVI. Estas galerías recorrían esa zona de la ciudad sirviendo de paso entre los edificios colindantes o como camino furtivo para atravesar la antigua muralla construida alrededor de Madrid.

Entre los comedores, cargados de la historia de aquellos que los visitaron tantas veces a lo largo del tiempo, encontramos su cocina y dentro de ella el famoso horno de asar cuyo fuego se mantiene vivo desde hace tres siglos. ¿Por qué? ¿Qué pasaría si sus brasas se apagaran?.

El Restaurante Botín, con su popular cochinillo asado y el resto de sus viandas, ha sido citado en multitud de obras literarias de Benito Pérez Galdós, Carlos Arniches, Arturo Barea, John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Graham Greene, Frederick Forsyth y, por supuesto, de Ernest Hemingway que, por muy singulares motivos que aquí sabremos, tenía reservada la misma mesa en un rincón del establecimiento.

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Para ampliar la información sobre la historia del Restaurante Botín podéis consultar el siguiente artículo, en el blog Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa: 

Botín, el restaurante del asado al estilo castellano: 

https://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2012/06/botin-el-restaurante-del-asado-al.html