Páginas

miércoles, 1 de abril de 2020

CAFÉ ORIENTAL y "TIRAR DE LA OREJA A JORGE".

Mucho se ha citado al Café Oriental de la Puerta del Sol, número 11, en prensa y en libros de autores como Pío Baroja o Benito Pérez Galdós. Su espléndida ubicación, haciendo esquina con las madrileñas calles de Preciados y de Tetuán, sirvió a los viandantes como referencia para indicar otras direcciones. La acera de su fachada fue mentidero de la Villa y lugar de reunión para grupos políticos de todas las ideologías, pero también se convirtió en un lugar excepcional para ver la dorada bola del “reloj de Gobernación” (hoy Comunidad de Madrid), que hasta bien entrado el siglo XX bajaba y subía dos veces diarias para señalar las doce horas.


Fuente: bdh-rd.bne.es (1862). Edificio de la Puerta del Sol con el Café Oriental en la esquina con la calle de Preciados.

Sería el domingo 10 de octubre de 1861 cuando, en la recientemente inaugurada Puerta del Sol, abrió sus puertas el Café Nuevo Oriental, con un salón capaz de recibir a mil cuatrocientas personas y decorado con un lujo exquisito en colores blanco y dorado. De altos techos, elegantes columnas de hierro, espacioso, bien iluminado por elegantísimos aparatos de gas y un salón de billar en su entresuelo, el local tenía acceso a través de varias puertas. 

Es de suponer que, entre la suntuosa decoración, el Oriental también había pensado en los aseos. No sabemos nada sobre el tema, pero sí que, en su misma puerta, sería instalada una columna mingitoria para uso exclusivamente masculino, allá por el año 1863. El centro de Madrid se hallaba entonces plagado de estos pequeños urinarios, situados en las zonas más transitadas (Red de San Luis, Puerta del Sol, calle de Alcalá), que eran además utilizados por limpiabotas o vendedores de pequeños artículos para ubicar sus negocios. Estos recintos no disponían de un hilo de agua que constantemente los lavara, siendo insuficiente su limpieza e insoportable el hedor que desprendían.


Fuente: bdh-rd.bne.es (1863). Señalada por la flecha aparece, en este recorte de fotografía, la columna mingitoria situada frente al Café Oriental.

El Café Oriental era famoso por las meriendas familiares, las tertulias de todo tipo en las que de todo se hablaba y por sus ricos panecillos largos y tiernos. En su gran salón de billar, situado en el entresuelo, fue apresado un grupo de aficionados a tirar de la oreja a Jorge, en el año 1889.

El juego de azar, que dependía de la suerte, estuvo prohibido en el país a lo largo de casi todo el siglo XIX y gran parte del XX. Su ejecución era considerada como un delito, lo que no impedía la proliferación de timbas clandestinas en los rincones de muchos establecimientos, entre ellos en los cafés. (El eufemismo “tirar de la oreja” parece provenir del siglo XVI, aunque con mucha posterioridad se le añadió el nombre de Jorge, quedando así la expresión utilizada en la prensa del siglo XIX para designar la acción de apostar por parte de los jugadores). 

En el mes de noviembre de 1894 el nuevo propietario del Café Oriental, Francisco Amigó González, sobrino del fundador, llevó a cabo una fastuosa remodelación del local, convirtiendo este negocio en uno de los más imponentes de la Puerta del Sol y aledaños.

Bajo la dirección de la prestigiosa casa de Nicasio Pechuán e hijo, el local fue transformado en una sala espléndida de la Alhambra. Molduras en los altos techos con profusión de dorados que crearon ambientes distintos, paredes forradas con grandes espejos, nuevo y brillante mobiliario en tonos oscuros, luz eléctrica y caloríferos. El nuevo diseño en madera para su fachada, de la casa Climent hermanos, incorporó los anuncios de aquellos productos que en el local se podían consumir. 


Fuente: mcu.es (finales del siglo XIX). La fachada muestra la nueva decoración del Café Oriental en la Puerta del Sol y en lateral de la calle de Preciados.

Se podría decir que por el Oriental pasó de todo y todos pasaron. Era un gran centro de reunión donde ver y dejarse ver, pero la respetable tranquilidad de su clientela no estaba exenta, en ocasiones, de algún lance pendenciero, sustracciones al descuido, petardos reivindicativos o de algún pollo pera dispuesto a entrar con su caballo con el fin de pasear entre los veladores. 

  
Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1905). La calle de Preciados y a la derecha el rotulo del Gran Café Oriental.

Benito Miranda sería el nuevo propietario del Gran Café Oriental en el año 1916. Un año más tarde, ante la subida de los precios de todos los artículos, la “Asociación de los dueños de cafés” había acordado incrementar el precio de los bollos y las medias tostadas a 0,15 céntimos (de peseta), pero por el incumplimiento de tal pacto por parte de otros propietarios del mismo gremio, el Oriental optó por regalar estas consumiciones a los primeros ciento cincuenta clientes, y hasta las 10h. de la mañana, que las solicitaran.

Los conciertos también fueron muy populares en el Café Oriental durante esta segunda década del siglo XX. El muy afamado y reputado violinista Fermín F. Ortiz acompañado por el maestro Espinosa, fueron muy del agrado de los inteligentes que premiaron con sus aplausos la inspirada labor de dichos señores.  

En el año 1925 se solicitaría una licencia de obras para el Café Oriental. Parece que se trató de dar un aire nuevo al local, despojándolo de su vieja fachada de madera oscura y, tal vez, de todos los artesonados que adornaban el interior. De esta manera, su exterior se cubrió con claras losas de mármol y se instalaron ventanas con grandes lunas de cristal, que lo despojaron de la elegancia de tiempos pasados. 


Fuente: madrid.org Fotografía de Martín Santos Yubero (años 30 del siglo XX). El café Oriental, con el diseño de 1925, durante la Guerra Civil Española.

El Oriental fue uno de los cafés socializados durante la Guerra Civil Española (1936-1939), manteniendo su actividad. Tras la contienda, el café desapareció y en su local fueron instalándose diversos comercios a lo largo del tiempo.



Fuentes:
bdh-rd.bne.es
bibliotecavirtualmadrid.org
hemerotecadigital.bne.es
madrid.org
mcu.es
prensahistoria.mcu.es

lunes, 16 de marzo de 2020

EL PALACIO DE LINARES Y SU LEYENDA.

En la plaza de la Cibeles de Madrid se sitúa, desde el año 1873, este suntuoso y bellísimo Palacio de Linares, proyectado por el arquitecto Carlos Colubí.



El Palacio de Linares fue construido con los mejores y más preciados materiales de la época, interviniendo en su decoración el arquitecto Adolf Ombrecht, el escultor Jerónimo Suñol y los pintores Alejandro Ferrant, Francisco Padilla, Casto Plasencia, Valeriano Domínguez o Francisco Amérigo. Mármoles, bronces, tapices, sedas orientales y maderas nobles aparecen en cada una de las salas de este majestuoso palacio que, como curiosidad, tenía de todo menos cocina. Los marqueses se hacían traer diariamente la comida desde el famoso Restaurante Lhardy, situado en la Carrera de San Jerónimo.

Una soberbia escalera da paso a las habitaciones, comedores, pasillos y diferentes salones del palacio que en este vídeo mostramos acompañados por Andrés García -director de Estandarte-. El formidable lujo y los mil extraordinarios detalles que contienen cada una de las dependencias de este precioso edificio, reflejan el exquisito gusto y el enorme coste de los valiosos materiales con que fue diseñada su decoración.

José Antonio de Murga Reolid, primer marqués de Linares, era hijo del rico empresario Mateo de Murga, quien construiría en el año 1847 el famoso Pasaje de Murga o del Comercio situado en la calle de la Montera de Madrid. Padre e hijo protagonizarían una de las leyendas más famosas de aquel Madrid de finales del siglo XIX, cuando José Antonio contrajo matrimonio con una joven llamada Raimunda, sin título nobiliario, que pasaría a convertirse en marquesa de Linares.

Acompañados por personajes de la época, el Palacio de Linares puede ser visitado en un espectáculo donde también se contarán muchos de los enigmáticos secretos que esconden sus paredes.


viernes, 6 de marzo de 2020

LAS LAVANDERAS DEL MANZANARES.

Julia Fernández era la más veterana de aquellas lavanderas del río Manzanares, allá por el año 1933. Pequeña de estatura, vivaracha y lista contaba entonces con setenta y cuatro años de edad y nada menos que sesenta y dos de profesión.

De sus catorce partos tan sólo habían sobrevivido dos hijos y explicaba que un buen mes podía ganar hasta noventa pesetas de jornal. (En aquellos años el precio de un kilo de pan podía llegar a los 0,80 céntimos de peseta). 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1933) Julia Fernández, a la derecha de la fotografía.

Los márgenes del río contaban por entonces con trescientas mujeres que desempeñaban el oficio de lavandera, cuyas edades oscilaban entre los doce y los más de setenta años. Estas últimas ya estaban aquejadas de reuma, dermatitis crónica que había destrozado sus manos y uñas, la gota y fuertes dolores en los riñones porque para lavar la ropa hay que mover la cintura más que una bailarina y precisaban de la asistencia de los “mozos de colada” o de las “roperas” que ayudaban, por pequeñas cantidades de dinero, al acarreo de los pesados fardos de ropa o a colgarla en los altos tendederos. 
 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1933). Tendederos del Manzanares a la altura del paseo de la Virgen del Puerto.

Ya hay constancia de los lavaderos en el Manzanares en el siglo XVIII. Destartalados chamizos, con techo y grandes huecos en sus paredes, que se nutrían con el agua del río. En su interior una gran pila dividida en varias docenas de puestos por los que cada lavandera debía abonar cincuenta céntimos de peseta para su utilización, ya que eran negocios privados aún en la década de los años treinta.


Fuente: mcu.es-fotografía de Otto Wunderlich, primeras décadas del siglo XX. Lavaderos y tendederos a la orilla del Manzanares.

El coste de estos recintos propiciaba que muchas mujeres ejercieran su trabajo directamente en las orillas del río, ahorrando así el alquiler de las pilas, pero incrementando el penoso esfuerzo de quitar las manchas de la ropa con el agua fría y restregando con sus propias manos, lo que durante el invierno se hacía especialmente duro.


Fuente: mcu.es-fotografía de Otto Wunderlich (1914). Lavanderas del Manzanares.

El proceso del lavado de la ropa consistía en empaparla con agua fría, untar el jabón, restregar toda la superficie, hacer la colada o introducirla en agua muy caliente y lejía (a mediados del siglo XIX era muy famosa el agua de Javelle – hipoclorito de sodio-). Cuando las manchas desaparecían había que volver a aclarar, retorcerla para que escurriera y tender. El lavado de cada prenda tenía un precio, que oscilaba entre los 0,15 céntimos de una camisa hasta los 0,30 céntimos de una sábana, siendo lo más laborioso la limpieza de las mantas y de los trajes de faena.

Los lavaderos proporcionaban el servicio de agua caliente para la colada o recuelo a un precio de 4,50 pesetas, cantidad que era abonada por cada lavandera, al igual que el resto de los productos utilizados: lejía, añil o jabón.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1933). Lavandera trabajando en una pila de lavadero.

A las duras condiciones de trabajo de las lavanderas se añadía el problema de los hijos pequeños, que iban con sus madres al río y a menudo eran propensos a sufrir enfermedades o accidentes.

En el año 1872 se inauguró el Asilo de las Lavanderas, también llamado Casa del Príncipe, a propuesta de la reina María Victoria esposa de Amadeo de Saboya. 


Fuente: memoriademadrid.es (1934). El Asilo de las Lavanderas.

Este edificio de madera estaba situado en lo que hoy es la glorieta de San Vicente, frente a la puerta del mismo nombre. Contaba con dos pisos y sendas dependencias para acoger a niños mayores de dos años y a párvulos, siempre que pertenecieran a legítimo matrimonio. Una pequeña sala de seis camas hacía las veces de casa de socorro, para atender a las lavanderas que hubieran tenido algún accidente en el desempeño de su oficio.

El Asilo era insuficiente para acoger a la gran cantidad de niños que precisaban de sus servicios. Pa meter allí a un crío tié una que hablarse de tú con el Presidente de la República, comentaba Trini López, madre de doce hijos, en el año 1932. 

La década de los años treinta del siglo anterior fue el final de las lavanderas del Manzanares. El agua, poco a poco, iba subiendo a las casas y no se hacía necesario encargar el transporte, lavado, secado y entrega de las prendas a las mujeres que desempeñaban este duro oficio en los lavaderos o en el propio río.

Esta penosa profesión desaparecería del todo con las máquinas eléctricas para lavar ropa, que ya se iban instalando en las casas más acomodadas en la segunda mitad de los años treinta del siglo pasado.

 






8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER.

POR UN TRABAJO DIGNO.



Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
mcu.es
memoriademadrid.es

miércoles, 19 de febrero de 2020

ESPECIAL BENITO PÉREZ GALDOS. (Parte II). GALDÓS Y LOS CAFÉS.

Antiguos Cafés de Madrid continúa su homenaje a la figura de Benito Pérez Galdós en compañía de Álvaro Llorente, guía cultural y colaborador de Espacio Madrid, recorriendo los lugares de la ciudad que marcaron la obra y la vida del espléndido novelista.




En el año 1862, cuando Galdós llegó a Madrid procedente de Las Palmas de Gran Canaria, se encontró con una bulliciosa Puerta del Sol recién remodelada. De inmediato, surgiría la fascinación del escritor por el mundo de los cafés que allí acababan de inaugurarse y por las tertulias que en ellos se celebraban. ¿Qué influencia tuvieron en la enorme obra de Pérez Galdós estos establecimientos?

A lo largo de su extensa producción describió al detalle la historia de Madrid y de sus habitantes, durante el siglo XIX. Expresiones y frases castizas aparecen en boca de los personajes, tal y como el novelista las escuchaba en realidad. ¿Cómo y de dónde tomaba Galdós el lenguaje de sus protagonistas?

Sin duda el antiguo Ateneo de Madrid, que por entonces y hasta el año 1884 se ubicaba en la calle de la Montera, fue el lugar que influyó más en el escritor. En él Pérez Galdós conocería a todos los destacados intelectuales del momento. Allí sería testigo de acontecimientos históricos que más tarde plasmaría en sus novelas y escucharía las más singulares discusiones filosóficas, que en este vídeo conoceremos.

Benito Pérez Galdós falleció el día 4 de enero de 1920. Su entierro se convirtió en uno de los más multitudinarios de Madrid, al que asistieron miles de mujeres y hombres de todas las clases sociales, mientras la España oficial se mantenía al margen.

- Otros artículos relacionados con Benito Pérez Galdós en Antiguos Cafés de Madrid:

lunes, 3 de febrero de 2020

ESPECIAL BENITO PÉREZ GALDOS. (Parte I). GALDÓS Y MADRID.

Benito Pérez Galdós llegó a Madrid, procedente de Las Palmas de Gran Canaria, en el mes de septiembre de 1862. Aquel joven estudiante de Derecho desconocía por entonces que se iba a convertir en el mayor novelista español, después de Miguel de Cervantes. 

El realismo de su obra permite hoy conocer la vida popular del aquel Madrid del siglo XIX. Calles, establecimientos, oficios diversos, modas, festejos o espectáculos aparecen retratados en las novelas de Galdós, siempre acompañados por el lenguaje cotidiano y real de cada uno de sus personajes.

Con Álvaro Llorente, guía cultural de Madrid, vamos a visitar en este vídeo los lugares que tuvieron relación con la vida y la obra del genial Pérez Galdós. Recorreremos algunas de las calles en las que tuvo su domicilio, conoceremos muchos pormenores y curiosas anécdotas de su vida, visitaremos la Universidad Central donde estudió y nos adentraremos en el más puro Madrid galdosiano, siguiendo el itinerario que aparece en varias de sus más célebres novelas.





   
Antiguos Cafés de Madrid homenajea con este vídeo (1ª parte) la figura y la extensa obra de Benito Pérez Galdós, cuando se conmemora el primer centenario de su fallecimiento. La crónica de España y la historia de Madrid, que noveló este magnífico escritor, bien valen nuestra más sincera admiración.





  

martes, 28 de enero de 2020

CAFÉ DE PRADA, UNA TRAVESÍA Y UNA FUENTE.

La calle de San Bernardo, situada en el centro de Madrid, se llamó de los Convalecientes hasta que Felipe II mandó cerrar el hospital en ella ubicado y que le daba nombre. Poco después pasó a denominarse de los Convalecientes de San Bernardo, recogiendo así la denominación del convento dedicado a este santo y cuyo primer oficio fue celebrado en el año 1596. Ya en el siglo XIX, para distinguirla de otra más estrecha y con el mismo título, pasó a llamarse calle Ancha de San Bernardo (Ancha, para los del barrio), hasta que finalmente quedó con el escueto nombre de San Bernardo.


Fuente: mcu.es. Fotografía de Antonio Passaporte-Loty- entre 1927 y 1936. La calle de San Bernardo. A la derecha el inicio de la calle de los Reyes.

En el antiguo número 50 de esta vía (cuya casa ya derruida se corresponde con el actual número 40) vino a instalarse el Café de Prada, propiedad de Santiago Prada y cuya historia se remonta al año 1884.

Su servicio esmerado, la música de sus conciertos y un gran salón de billar harían del de Prada uno de los cafés de barrio más populares entre los estudiantes de la cercana Universidad Central de Madrid. Además, sería el lugar elegido por el periodista Emilio Carrere, los poetas Mauricio Bacarisse y Francisco Martínez Corbalán, el músico José Losada o el escritor antitaurino Eugenio Noel (Eugenio Muñoz Díaz), para la celebración de su tertulia.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1903).


El Café de Prada parece que comenzó su declive con la llegada del nuevo siglo. En su local comenzaban a reunirse pandillas de rateros que espantaban a la clientela y así Ricardo Prada, su dueño por entonces, traspasó el local que se convertiría en el Café Mercantil.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1907).
 
Poco duró el nuevo negocio a su dueño, Guillermo Encinas de la Nieta, ya que sólo un año y pocos meses después de su apertura sería declarado en quiebra por el Juzgado de Primera Instancia del distrito del Hospicio, como se anunciaba en el mes de agosto de 1907.

Durante los primeros días del mes de enero de 1908, y con nuevos propietarios apellidados Gabela, el Café Mercantil volvió a ser inaugurado. Estos reputados jefes de cocina y reposteros anunciaban selectos menús bien condimentados, manteniendo en su negocio la estupenda sala de billar y los hermosos conciertos, con una orquesta de veintidós músicos. Pero tampoco duraría demasiado este café de la calle de San Bernardo en sus manos. Dos años después, en 1910, sería adquirido por Crisanto García del Barrio, industrial propietario del cinematógrafo Franco-Español, situado en la calle del Duque de Alba (terreno que con posterioridad ocuparía el ya desaparecido Cine Alba).

El Café Mercantil fue noticia, a su pesar, por un hecho curioso. Dos días antes de ser asesinado José Canalejas Méndez (presidente del Consejo de Ministros en 1912) en la Puerta del Sol, su ejecutor Manuel Pardiñas pasó varias horas en el café. Tras ingerir varias copas de coñac, vermú francés y fumar algunos cigarros de la mejor calidad, mantuvo distendidas charlas con la clientela y los músicos que allí actuaban. Tras el atentado, la fotografía de Pardiñas fue publicada por los periódicos de la época y todos reconocieron al individuo que la noche de aquel domingo de noviembre estuvo en el Mercantil

Lo más singular de este caso fue que, al prestar declaración en el juzgado, compañeros y conocidos aseguraron que Pardiñas era un hombre bastante reservado, que no fumaba ni bebía y no le gustaba salir por la noche.

Fuente: prensahistorica.mcu.es (1932) y fotografía de la derecha M.R.Giménez (2020). La travesía de la Cruz Verde, con el Gran Café Bar Ideal, en 1932. El mismo lugar, hoy.

A principios del mes de marzo de 1916, en el mismo emplazamiento de la calle de San Bernardo, abriría un nuevo negocio con el título de Gran Café-Bar Ideal.

Suntuoso y refinado, sus nuevos dueños, Eduardo Arenal y Salvador Guinea, montaron en el nuevo café un servicio de pastelería, repostería y fiambres a domicilio, además de convertirlo también en chocolatería con precios económicos. Mantuvieron la sala de billar de cuatro mesas y el salón para las tertulias, en el que instalaron un elegante, artístico y magnífico piano orquestal norteamericano, equivalente a una orquesta de veinticinco profesores.

Hacia el año 1923 el Gran Café-Bar Ideal caería en declive, convirtiéndose en un modesto local en donde tomar un desayuno y salir por la puerta, pero manteniendo su sala de billar.

El edificio donde se ubicaron sucesivamente los cafés mencionados hacía esquina con la travesía de la Cruz Verde, que hasta el año 1835 se llamaba calle del Nabo. Con escasos veinte metros de longitud, esta pequeña travesía une las calles de San Bernardo y de la Cruz Verde.

Fuente: mcu.es. Fotografía de Juan M. Pando (1963). Así era la casa de la c/ de San Bernardo y la travesía de la Cruz Verde, donde se ubicaron estos cafés. El local terminó siendo ocupado por un banco.

Abastecida por el viaje de agua de Amaniel, vino a instalarse en esta travesía de la Cruz Verde una fuente de vecindad con forma de un jarrón grande de hierro. Corría el año 1848 cuando este caño vecinal fue inaugurado, reemplazando a la que fue famosa Fuente del Cura, situada en la cercana calle del Pez.  

Fuente: memoriademadrid.es (1864). Alfonso Begué. La Fuente de la Piña.

La fuente sería conocida como Fuente de la Piña por el vecindario y es muy posible que durante la Guerra Civil Española resultara destruida, siendo reemplazada por otra de piedra, también con un sólo caño y pilón.

Fuente: mcu.es (1963). Fotografía de Juan M. Pando. La travesía de la Cruz Verde con la fuente que reemplazó a la conocida como de la Piña.


Sería al principio de la década de los años setenta del siglo pasado, cuando el edificio y la fuente de la travesía de la Cruz Verde fueron demolidos.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es
mcu.es
memoriademadrid.es
prensahistoriaca.mcu.es

martes, 7 de enero de 2020

DOS AÑOS DE CAFÉS. UN PASEO TRAS LAS CÁMARAS.

En Antiguos Cafés de Madrid estamos de celebración. Nuestra segunda temporada de vídeos, sobre la historia de esta fascinante Villa, ha tenido una gran acogida y queremos celebrarlo con esta nueva entrega, resumen del año, con escenas inéditas.


Dos paseos tras las cámaras. Antiguos Cafés de Madrid 


Mostramos aquí muchas de las historias que aún no habían visto la luz, curiosidades, tomas falsas y la simpatía de todos los que han hecho posible esta fantástica aventura que tiene por objeto descubrir Madrid.

Deseamos homenajear a todos los que han participado con nosotros, enseñándonos sus magníficos establecimientos centenarios, relatando las interesantes historias de los lugares más antiguos de Madrid y que aún continúan en activo, llevándonos a vivir las más curiosas tradiciones y deleitándonos con los mejores pitanzas. Con ellos hemos descubierto cuál es el hospital más longevo o el primer restaurante que se inauguró y hemos aprendido, entre otras muchas cosas, a identificar los restos de la Guerra Civil que aún se conservan en la Casa de Campo. Así mismo, nos han presentado al que fue el perro más famoso de la ciudad y hemos podido visitar la antigua estación del Metro de la Gran Vía, viajando en sus primeros vagones y ascendiendo por el famoso Templete del arquitecto Antonio Palacios.

El cariño y la amabilidad con que nos acogieron nuestros colaboradores se encuentra bien recogido en este nuevo trabajo.

Agradecemos muchísimo a quienes nos han seguido y comentado nuestros vídeos sobre la historia de esta magnífica ciudad. La enorme cantidad de cosas que hemos aprendido y podido transmitir a todos, es una parte de los proyectos que estamos preparando para la tercera temporada, que comienza a partir de ahora.

 ¡¡¡ MUCHAS GRACIAS A TODOS !!!

VAMOS A POR LA TERCERA TEMPORADA.