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martes, 5 de marzo de 2019

LA ALEGRE COFRADÍA DEL ENTIERRO DE LA SARDINA.

Entre las abundantes fiestas populares y callejeras de Madrid quizá El Entierro de la Sardina es la de más larga tradición y se celebra, aunque caigan chuzos de punta, todos los Miércoles de Ceniza para rematar el Carnaval.

Habrá que remontarse al siglo XVIII para conocer los orígenes de tan ocurrente y divertida costumbre, que hasta el pintor Francisco de Goya dejó plasmada en uno de sus cuadros.

Veremos aquí toda la historia de este singular entierro, sabremos por qué se celebra y cómo es la indumentaria adecuada para seguir al fúnebre y alegre cortejo compuesto por las peñas del Boquerón y de la Sardina, surgidas en El Rastro madrileño. 

Visitaremos el museo en donde se conservan los estandartes originales de tan humorístico sepelio y todos los féretros en los que se ha llevado a la sardina en los diferentes años.

Todo ello nos lo cuenta en este vídeo, con mucha gracia castiza, el vicepresidente de la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina, Enrique Orsi.


 




El Entierro de la Sardina sigue vivo hoy en Madrid gracias a esta Alegre Cofradía con sede en El Rastro. Su local se encuentra en el mismo lugar donde el anticuario Serafín Villén, quien recuperó esta fiesta hace más de medio siglo, tuvo su almoneda. 

Os animamos a participar en el Entierro de la Sardina de Madrid y a reíros de lo lindo, con esta Alegre Cofradía y con la del Boquerón. 

Sigue a  Antiguos Cafés de Madrid en YouTube, para conocer la historia de Madrid.



lunes, 24 de diciembre de 2018

LECHE DE ALMENDRAS PARA LA NOCHEBUENA.

A la lombarda, el besugo o el pavo, platos tradicionales en la cena de Nochebuena del Madrid del siglo XIX, vendría a unirse también algo que no podía faltar tanto en las mesas más pudientes como en las más menesterosas: La leche de almendras.

Tradicionalmente las almendras eran conocidas como remedio para las enfermedades del pecho o de la garganta y se elaboraba con ellas una pasta, a modo de manteca, cuidando de no perder su aceite. La masa obtenida se mezclaba con un poco de agua templada y comenzaba un laborioso proceso de prensado con estameña, para sacar todos los jugos.

En la década de los años veinte de mil ochocientos esta pasta de almendras, o la preparación ya dispuesta, se vendía en cafés y confiterías, pero también se regalaba a los parroquianos más habituales de estos establecimientos.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1842 y 1853). Anuncios de cafés en los que se vendía o regalaba a sus clientes habituales la leche de almendras.

Su elaboración para la cena de Nochebuena, en la que no podía faltar, consistía en diluir el producto en agua con azúcar, una corteza de limón, un poco de canela en polvo y una hoja de laurel, dejándolo hervir durante unos minutos. La sopa se servía acompañada por finas rebanadas de pan tostado, a los postres.



El incremento del precio del producto principal de este plato fue encareciéndose debido a la gran demanda. Eran muchos los cafés y establecimientos que añadían extraños elementos variados y más baratos al preparado, ocasionando no pocas alteraciones en el estómago de los consumidores.



Fue así como en la Navidad del año 1892 los cafés dejaron de regalar la leche de almendras a sus clientes, y no muchos años después el tradicional plato dejaría de estar presente en las mesas de Nochebuena de los madrileños, quedando olvidada esta costumbre hasta la fecha.





 ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!


martes, 23 de enero de 2018

ALPHONSE MUCHA Y ANTONIO CHAVES EN LA CALLE DE SAN JOAQUÍN.

En la plaza de San Ildefonso de Madrid, desde el año 1761, se eleva la vieja casona que fue sede del primer sorteo de la Lotería Real. Carlos III confió su organización al napolitano José Peya quien puso en marcha este juego, más parecido a la actual lotería primitiva, el día 10 de diciembre de 1763, y solo para Madrid.


Fuente: 2.munimadrid.es (1997) M.R.Giménez (2014).
La antigua casona del siglo XVIII de la plaza de San Ildefonso.


Las fachadas de esta antigua casona (hoy modernizada) se sitúan entre la Corredera Alta de San Pablo, plaza de San Ildefonso y calle de San Joaquín. Fue en esta última donde el inteligente industrial Ricardo Somoza realizó importantes reformas para convertir una antigua vaquería-lechería, allí ubicada desde el último cuarto del siglo XIX, en el despacho de leche más bonito de la capital. 

El lujoso establecimiento de estilo modernista fue inaugurado en el mes de noviembre de 1911, en el entonces número 14 (hoy nº 16) de la calle de San Joaquín. En su fachada de madera se colocaron cristales pintados representando un paisaje campestre con figuras de mujeres acompañadas por sendas vacas, probablemente realizadas por la prestigiosa casa G. Pereantón. 

La preciosa decoración del interior de la vaquería fue encargada al pintor Antonio Chaves Martín, quien pegó lienzos sobre las paredes y pintó frescos sobre los techos. 

Enmarcadas entre cenefas, ribetes y orlas este pintor situó diversas figuras de amorcillos, escenas pastoriles y alguna relativa al comercio de la leche en la que representó al dios Mercurio. 

Fuente: Madrid modernista: guía de arquitectura. Óscar da Rocha Aranda y Ricardo Muñoz Fajardo.
Alegoría del comercio de la leche, con el dios Mercurio. Firma del pintor Chaves con el año de la inauguración de la lechería-vaquería.

Lo más destacado de la obra de Chaves fue su copia casi literal de la serie Las Artes que el artista checo Alphonse Mucha, considerado como el padre del Art Nouveau, había realizado en el año 1898.

Las alegorías de la Poesía, la Danza, la Música y el Arte de Alphonse Mucha, recreadas en evocadoras figuras femeninas, fueron reinterpretadas por Chaves como las Cuatro Estaciones del año y reproducidas en las paredes de la vaquería, modificando pequeños rasgos y la tonalidad de sus colores.

Fuente: Madrid modernista: guía de arquitectura. Óscar da Rocha y Ricardo Muñoz Fajardo.
Originales de Antonio Chaves representando las Cuatro Estaciones, copiadas de la obra de Alphonse Mucha.

Fuente: Taringa.net
Obra original de Alphonse Mucha, de la serie Las Artes, en 1898.

Un magnífico mostrador de mármol blanco, con columnas más oscuras a los lados y un espejo incrustado en su parte delantera, además de modernistas apliques para la luz y un reloj isabelino situado sobre la puerta de acceso, completaban la decoración original de la lechería que, con el tiempo, incorporaría diferentes soportes y mobiliario de uso común en donde organizar los productos a la venta.

Fuente: Madrid modernista: guía de arquitectura. Óscar da Rocha y Ricardo Muñoz Fajardo.
Antiguo mostrador modernista de la vaquería, hoy en paradero desconocido.

En el mes de mayo de 1923 la vaquería y lechería de la calle de San Joaquín pasó a manos del industrial Demetrio España, propietario de los establos situados en la carretera de Chamartín con el nombre de “El Descanso”, quien mantendría la decoración del establecimiento. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1923).
Fachada de la vaquería El Descanso, con los cristales pintados antiguos.

Muy probablemente entre el año 1923 y la década de los años treinta, los cristales pintados de la fachada de este establecimiento fueron sustituidos por otros, firmados por José G. Plata sucesor de G. Pereantón. Su diseño se modificó mostrando vacas sobre un paisaje cuyo fondo eran los establos “El Descanso”, marca que también tenía la vaquería.

Los diferentes propietarios que el establecimiento tuvo durante los años mantuvieron intacta la decoración, que con el tiempo fue deteriorándose.

Fuente: 2.munimadrid.es (1997) y M.R.Giménez (2016)
Fachada de la antigua vaquería, hoy transformada en un centro de promociones.

En el año 2007 la vieja casa de la plaza de San Ildefonso fue derribada, manteniendo únicamente su fachada, y reconstruida para reconvertirla en modernas viviendas. Su demolición se llevó también la decoración de Antonio Chaves, las lunas pintadas de la casa Pereantón y todo el modernismo que les acompañaba.

Los muros exteriores, únicos restos supervivientes de la casona del siglo XVIII, fueron elegidos por el artista Jorge Rodríguez-Gerada para pintar su obra efímera "Identidad" con el retrato de Daniel, un joven vecino del barrio de Malasaña.

Fuente: 2.munimadrid.es (1997) y M.R.Giménez (2016).
El interior de la vieja vaquería, ayer y hoy.

En el nuevo edificio se ha intentado recuperar la antigua vaquería, como un espacio destinado a promociones diversas. La fachada imita el diseño del antiguo establecimiento, con lunas en las que se reproducen los viejos dibujos de José G. Plata sucesor de G. Pereantón. En el interior se han imitado los dibujos de Antonio Chaves, situándolos en los mismos ángulos de la antigua tienda, pero dotando a su fondo de una mayor luminosidad. El viejo mostrador marmóreo y modernista de la lechería ha sido reemplazado por otro que trata de asemejarse al antiguo.




Fuentes:

2.munimadrid.es
“El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica”. Óscar da Rocha Aranda.
“Madrid modernista: guía de arquitectura”. Óscar da Rocha Aranda y Ricardo Muñoz Fajardo.
Hemerotecadigital.bne.es
Taringa.net

domingo, 25 de septiembre de 2016

ANTONIO SÁNCHEZ “EL TATO” Y SU PIERNA.

En la antigua plaza de toros de Madrid (1754-1801), aquella que estuvo situada extramuros y junto a la Puerta de Alcalá, el torero Antonio Sánchez “El Tato” fue corneado por el morlaco “Peregrino” la tarde del 7 de junio de 1869. Esa grave cogida ocasionó que el diestro perdiese su pierna derecha, tras serle amputada a consecuencia de la gangrena, una semana después del percance. 


Fuente: bdh-rd.bne.es (1855)
Antigua plaza de toros de Madrid situada junto a la Puerta de Alcalá.

“El Tato” pasaría a la historia tanto por su sobrenombre como por las peripecias de su pierna. 

En todos los cosos taurinos, cuando el diestro no era hábil con el estoque a la hora de matar, el público exclamaba ¡A ese no le mata ni “El Tato”! o ¡Anda y que te mate “El Tato”! (imprecación también usada para despedir a quien molesta). Más modernamente comenzó a utilizarse la expresión ¡No ha venido ni “El Tato”! alusiva a la falta de concurrencia, debido a que Antonio Sánchez figuró en gran parte de los espectáculos taurinos celebrados entre 1852 y 1869, además de no perderse muchos de los actos sociales de su tiempo.

Fuente: bne.es (publicada en el año 1897, tras su fallecimiento).
Fotografía del torero Antonio Sánchez, 

De rumboso, postinero y valiente tachaba la prensa de mediados del siglo XIX a Antonio Sánchez García “El Tato”, destacando sus estocadas a volapié (suerte de matar en la que el torero avanza hacia el toro echando la muleta a la derecha a la vez que clava el estoque). Afamado y muy querido por la afición de Madrid, la tremenda cornada que sufrió aquel 7 de junio de 1869 supuso una auténtica conmoción para sus seguidores que, cada día, esperaban impacientes el parte médico a la puerta de su casa, en la calle de Espoz y Mina.

Dos operaciones sin anestesia fueron necesarias para salvar la vida de “El Tato”. La primera, a cuatro dedos por debajo de la rodilla, amputó su pierna derecha que de inmediato fue llevada por los aficionados a la Farmacia de San José -también droguería, perfumería y laboratorio químico- de la calle de Fuencarral, número 11, esquina con la del Desengaño, número 2. (Esta casa, desaparecida cuando se construyó la Gran Vía, se situaba en la parte posterior de lo que hoy es el edificio de la Telefónica).

Fuente: bne.es (1869).
Noticia publicada en la prensa, al día siguiente de la amputación.

Con el propósito de ser embalsamada, la pierna de “El Tato” fue introducida en un frasco de cristal lleno de formol a la espera de los preparativos necesarios. Pero un grave incendio, debido a la explosión de un mechero de gas, se llevó por delante la farmacia, gran parte del edificio donde aquella se ubicaba y afectó a las casas colindantes de la calle de Fuencarral, el día 13 de julio, un mes después de la amputación. Innumerables seguidores de “El Tato” corrieron hacia el siniestro para salvar su reliquia, que sucumbió en el incendio como la gran mayoría de los objetos contenidos en el establecimiento.

Tras algo más de un año de convalecencia, Antonio Sánchez se movía con un ingenioso artilugio que le posibilitaba andar con agilidad y sin muletas. La prótesis originó contradictorias noticias en la prensa del momento.

Juan Antonio Palomo Sánchez, residente en Puertollano (Ciudad Real) y pastor de profesión, había construido una elaborada pierna artificial para “El Tato”. Su invento, supervisado por varios médicos, parece que obtuvo la concesión del Ministerio de Fomento para su fabricación y el posterior implante a otros discapacitados. 

Paralelamente a la noticia de la nueva pierna de “El Tato”, los periódicos informaban sobre la estancia en Londres del torero con el objeto de que le construyan un aparato-pierna para torear. Por este motivo desde el pueblo de Puertollano se dirigió una carta al periódico “El Imparcial” ante el temor de que charlatanes extranjeros plagiaran el invento de Juan Antonio Palomo, desprestigiando así la industria española.

Fuente: bne.es (1871).
Carta remitida al periódico "El Imparcial".

Antonio Sánchez “El Tato” falleció en el año 1895. Su prótesis pasó a ser posesión de Juan Bol Baryolo, coleccionista de todo cuanto al toreo hacía referencia y residente en Valencia. La recopilación de piezas, que Bol databa de forma minuciosa y guardaba en su casa, iba desde las cabezas de toros hasta las prendas ensangrentadas de los desafortunados matadores que resultaron corneados en diferentes corridas; trajes de luces, moñas, banderillas, capotes, estoques y un sinfín de utensilios constituían un museo taurino que, a decir de quienes lo visitaban, producía un hedor repugnante en la vivienda.

Fuente: larazonincorporea.blogspot.com (1900)
La pierna ortopédica de "El Tato" exhibida en la Exposición Universal de París.

Con motivo de la Exposición Universal de París, celebrada en el año 1900, pareció buena la idea de enviar allá muchos de los objetos reunidos en la colección del taurófilo Juan Bol. España vería así representada su fiesta nacional y enseñaría al mundo el arte de la tauromaquia. 

Entre los estoques enmarcados de los matadores “Guerrita” (Rafael Guerra Bejarano) y “Montes” (Antonio Montes Vico), se instaló la pierna ortopédica de Antonio Sánchez García “El Tato”, cuyo paradero se desconoce.



Fuentes:

Bdh-rd.bne.es
Es.wikipedia.org
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Larazonincorporea.blogspot.com.es
Prensahistorica.mcu.es

martes, 8 de diciembre de 2015

MAGIC-PARK, PASEO DE ROSALES.

Allá por la última década del siglo XIX el paseo de Rosales (hoy del Pintor Rosales) casi no rebasaba los límites de la cuesta de Areneros -que desde el día 8 de marzo de 1889 se denomina calle del Marqués de Urquijo- en el hoy barrio de Argüelles de Madrid. Fue por aquel entonces cuando vino a instalarse el Lavadero de Argüelles, en el número 26 de Rosales (aproximadamente el nº 38 actual) y cuya trasera se correspondía con la calle de Ferraz.


Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900).
Plano de Facundo Cañada López en el que aparece, señalado en azul, el Lavadero de Argüelles.

Dos décadas más tarde, los terrenos de aquel lavadero de barrio iban a convertirse en el parque de recreos más grandioso y elegantísimo de Madrid. Magic-Park sería inaugurado el sábado 14 de junio de 1913, a las nueve de la noche, en los terrenos a lo largo del paseo de Rosales, por la parte que mira a la Estación del Norte.

Fuente: B.N.E. (1913)

Nota.- Al ser esta una zona que a principios del siglo XX comenzaba su urbanización, los números de la calle de Ferraz y del paseo de Rosales que aquí aparecen son los que se anunciaban en la prensa del momento. La manzana a la que se hace referencia es la situada entre el paseo del Pintor Rosales y las calles del Buen Suceso, Ferraz y Marqués de Urquijo. 

Con acceso por la calle de Ferraz, nº 35 y también por el paseo de Rosales, este parque de recreos tenía su fachada lateral por la calle del Buen Suceso. Al tratarse de un lugar alejado del centro, la empresa Tranvías del Este de Madrid puso a disposición de los clientes un servicio especial de transporte con salida desde el centro de la ciudad. Hasta el Magic-Park llegaban los tranvías números 6, 11, 22, 27 y también el cangrejo de Argüelles (tranvía de marca Schuckert, eléctrico y pintado de rojo).

La entrada al Magic-Park, de cultas y morales distracciones, costaba 15 céntimos de peseta, daba derecho a disfrutar de una atracción y del teatro-cine al aire libre allí instalado (del que voló la tela de su pantalla por el viento, el día de la inauguración del parque).

Fuente: ABC (1914).
Escena de la obra "El alma de Garay" representada en el teatro-cine del Magic-Park. 

Todo Madrid supo de la apertura del Magic-Park por la gran cantidad de carteles y anuncios que, tanto en la prensa como por las calles, fueron difundidos y distribuidos de manera profusa varios meses antes de la esperada inauguración. 

Entre las múltiples atracciones con las que contaba este parque parece que las de mayor éxito eran: La plataforma de la risa o pieza de forma circular y giratoria en la que el público, situado en su centro, trataba de mantener el equilibrio. La debacle, un pim, pam, pum de botijos, cacharros de loza y barro al que se tiraban pelotas con obtención de premios para quienes tuviesen mejor puntería. El laberinto chino, un colosal enredo de pasillos que debían recorrerse hasta encontrar la salida. La caza del pato, la montaña rusa, una pista de patinaje, conciertos diarios con funciones de 6 a 8 y de 9 a 12 interpretados por una banda de veinte profesores. Restaurante, cervecería y pastelería, completaban los servicios de este espacio para el ocio.

Fuente: ABC (1915).
Inauguración de la temporada correspondiente al año 1915.

Las atracciones del Magic-Park sólo funcionaban durante la época estival. Mantuvo sus diversiones y espectáculos, con gran éxito, hasta finalizar la temporada correspondiente al año 1918. Luego quedó en la memoria de todos como uno de los mejores lugares de esparcimiento de Madrid.

Un año después sería inaugurado, en aquel mismo emplazamiento del paseo de Rosales, un nuevo centro de diversión titulado Saturno Park.

Fuente: B.N.E. (1919).
Aspecto del restaurante para cenas del Saturno Park.

Abierto al público el día 25 de julio de 1919, por el empresario Antonio Bargués, el nuevo parque de atracciones Saturno Park pretendía ser algo más refinado que el anterior. Tenía su entrada principal por el paseo de Rosales, número 26 (que hoy correspondería aproximadamente con el nº 38) y también por la calle de Ferraz, números 29, 31 y 33 (sobre el nº 33 de esta calle, en la actualidad).

Fuente: B.N.E. (1919).
Anuncio del Saturno Park, una semana después de su inauguración. 

Todo el diseño de la decoración del Saturno se debía al pintor y escenógrafo Salvador Alarma Tasta, quien había hecho instalar una gran puerta dorada en el paseo de Rosales y sobre ella una preciosa combinación de bombillas eléctricas. Altos y airosos mástiles, en los que ondeaban banderas con fondo azul y blanco, que por escudo llevan el planeta, rodeado de un anillo, completaban la ornamentación del principal acceso al parque.

A pocos metros de la entrada estaba el quiosco de la música. Su plataforma estaba rodeada por grupos de luz y tenía un gran farol de madera en el centro. Desde allí la banda de Saboya interpretaba sus melodías. 

Para salvar el desnivel del terreno se había construido una amplia escalera sobre la que se había instalado el comedor del restaurante.

En el lugar que ocupó el patio de butacas del teatro-cine en el antiguo Magic-Park se había levantado una réplica del barco Titanic, en cuyo interior se podía sentir la impresión del movimiento marítimo.

Fuente: B.N.E. (1919).
Atracción del Titanic, con movimiento marítimo.

Rodeando al Titanic, un pequeño ferrocarril arrastrado por una diminuta máquina de vapor realizaba su trayecto por el parque.

Fuente: ABC (1919).
Atracción del tren en miniatura.

El Saturno Park tuvo una vida corta. La competencia de nuevos negocios similares y cercanos como el Ideal Rosales, en el número 24 del paseo, lo hicieron desaparecer. En su lugar se instaló, desde el sábado 11 de junio de 1924, un nuevo negocio llamado Cine Park, propiedad de la empresa Segarra.

Más dedicado a las proyecciones cinematográficas, el Cine Park también tenía restaurante para cenas, servido por la Casa Molinero. La banda del Regimiento de Ingenieros y la orquesta Fémina amenizaban los espectáculos de las películas, que hasta el año 1929 no tendrían voz propia.

Varios negocios más aprovecharían el arbolado solar que dejó el añorado Magic-Park en el paseo de Rosales. Pero el terrero desigual de su manzana, el más fresco de todo Madrid, iba siendo poco a poco edificado, sin dejar espacio para ningún otro parque de recreo.





Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Spanishrailway.com
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Es.wikipedia.org

lunes, 21 de mayo de 2012

ISIDRO, ROSQUILLAS Y LA TIA JAVIERA.

Ahora que han pasado todos los festejos de San Isidro menos los taurinos, relegados al disfrute de una ínfima parte de los ciudadanos de Madrid, dedicaremos un homenaje a quienes en aquellos participaron y han quedado en la memoria colectiva, aún sin saber del todo quienes eran. 


La primera romería del año en Madrid siempre fue la de San Isidro, que luego derivó en verbena.



Isidro de Merlo Quintana (1082 aprox.-1172) labrador de profesión, fue un hombre de estatura elevada, muy dado a la plegaria y al milagro. Desde el siglo XVI hay constancia de la romería a él dedicada. Su nombre dio pie a conocer como “Isidros” a aquellos viajeros del resto de España, que acudían a la capital con ocasión de su fiesta, el día 15 de mayo.


Foto: Memoriademadrid.es
Verbena en la Pradera de San Isidro (1929). Atracciones de Tíovivo, puestos de golosinas, paseantes y meriendas.


Hay constancia en la prensa del progresivo desinterés que a través de los años ha deteriorado tanto la romería como la verbera, celebradas ambas en la Pradera de San Isidro. A esto habría que añadir la merma en la extensión del lugar desde el año 1788, cuando Francisco de Goya lo pintó, debido a la proliferación de edificaciones que hoy ocupan dicho emplazamiento. En la actualidad la verbena de San Isidro parece relegada a ser el único sitio donde los políticos madrileños no dudan en mezclarse con los ciudadanos, pero con el único fin de hacerse un retrato.


Fuente: El País.
"La Pradera de San Isidro" de Francisco de Goya (1788).

Todo lo que se vendía en la Pradera de San Isidro llevaba incorporada la coletilla “del santo”; así botijos, campanillas, pitos, figuritas de barro con la cara del político más popular del momento y también las rosquillas, eran llamadas del santo para distinguir estas mercancías de las feriadas en otras verbenas. 


También Madrid siempre ha acompañado todas sus fiestas con una comida especial y un dulce tradicional siendo, en esta ocasión, las rosquillas del Santo el confite más celebrado y famoso.

Foto: M.R. Giménez.
Rosquillas del Santo. "Tontas", sin azúcar añadido. "Listas", hoy de variados sabores. 


Dichas rosquillas del Santo, como dejó escrito Jacinto Benavente Martínez (1866-1954), son de tres clases: “Las tontas, las de Fuenlabrada, o de yema y las de Villarejo de Salvanés, o de la tía Javiera, que por rosquillas hizo famoso su nombre y el de su pueblo”. 

La tía Javiera se inmortalizó por sus rosquillas “que eran las del baño blanco, y la gracia de ellas estaba en que el baño no se cuarteaba ni se desprendía al partirlas”. Viajaba hasta cualquier verbena, desde su natal Villarejo de Salvanés, con el cargamento de rosquillas y muy pronto tuvo imitadores. Así, en su puesto de vendedora podía leerse: “Yo, como verdadera tía Javiera, no tengo hijas ni sobrinas”. 

Anuncio en prensa del año 1863. (Es muy probable que se refiera a la sobrina segunda de la tía Javiera).
Tan sólo una sobrina segunda de la tía Javiera, parece que tenía la fórmula magistral de las famosas rosquillas y también iba por las verbenas más populares, acomodando su puesto. A ella se refiere Benavente cuando habla de su infancia en la fiesta de la Pradera de San Isidro: “No vestía de lugareña, como las otras vendedoras, pero sí llevaba al cuello un collar de aljófar (pequeñas perlas de forma irregular) de muchas vueltas”. 

La tía Javiera falleció durante el primer tercio del siglo XIX, pero la receta de sus rosquillas “listas” –que parece duraban alrededor de seis días sin alteración- ha perdurado en el tiempo tanto como su personaje, representado en forma de cabezudo acompañando a Luis Candelas, Madame Pimentón, Goya, La Arganzuela y tantos otros, en algunas fiestas de Madrid.

Foto: Wikipedia.org
La tía Javiera representada en un cabezudo, en la plaza del Callao de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca ABC.
Hemeroteca de la B.N.E.