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jueves, 4 de mayo de 2017

HEMINGWAY EN LA CALLE DE LA TERNERA.

Se podría decir que Ernest Miller Hemingway o Ernesto Hemingway, como gustaba de llamarse durante sus estancias por España, continúa en la calle de la Ternera de Madrid.


Fotografías: M.R.Giménez (2017)
Dos aspectos de la pequeña calle de la Ternera.


El local situado en el número 4 de esta calle, que hoy alberga un restaurante cubano y a lo largo del tiempo sirvió para instalar diferentes negocios (carbonería, cochera, taller mecánico, lechería o depósito de libros), contiene un busto de Hemingway firmado por el escultor Santiago de Santiago Hernández. 

Esta escultura fue promovida por la asociación de los amigos de El Rincón de Hemingway, grupo que conoció y tuvo una relación muy estrecha con el escritor. Los toreros Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, el escritor José Luis Castillo-Puche y el propio escultor Santiago de Santiago formaban parte del colectivo.

La obra, que muestra en tamaño natural la cabeza en bronce del escritor, se instala sobre una base de piedra de granito en la que se lee Restaurante El Callejón a Hemingway, sobre una placa.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Escultura de Ernest Hemingway.

Fue a finales de abril del año 1982 el momento elegido para descubrir la escultura, con la asistencia del embajador de los Estados Unidos de América en España. El acto tuvo lugar en el restaurante El Callejón situado en el antiguo número 6 de la calle de la Ternera, histórica casa hoy desaparecida. 

Fuente: ABC (1982).
Descubrimiento de la escultura de Hernest Hemingway en El Callejón (c/ de la Ternera, 6)

La crónica de este inmueble, derribado a finales de los años noventa del siglo pasado, contaría, si existiera, que allí vivió y falleció el capitán Luis Daoíz Torres, héroe del levantamiento contra los franceses en el Cuartel de Monteleón de Madrid, el día 2 de mayo de 1808.

El único local del edificio fue ocupado por muchos negocios y entre ellos, en el año 1930, por la taberna Casa Guerrita Chico propiedad del que fuera novillero y después industrial Jesús Rodríguez Arribas.

Fuente: B.N.E. (1930)
Casa Guerrita Chico, situada en la calle de la Ternera, nº 6,

Más de una década después, en el año 1944, se inauguraría El Callejón como taberna especializada en comida casera, propiedad de Felipe García y Manuel Jiménez. Este antiguo número 6 de la calle de la Ternera era un lugar apartado, tranquilo y provisto de comedores independientes; fue visitado por Ernest Hemingway en tantas ocasiones que hasta tenía su propia mesa reservada de forma permanente.

Allí se reunió con muchos amigos españoles durante sus viajes a Madrid y conoció, por medio del torero Domingo Dominguín (Domingo González Lucas), a un joven militante del Partido Comunista que le fue presentado como Agustín Larrea, de profesión sociólogo y que no era otro que el futuro escritor y ministro de Cultura socialista Jorge Semprún Maura, por entonces en la clandestinidad y perseguido por el régimen fascista de Franco.

Semprún recordaría aquel encuentro con Hemingway del año 1954 en El Callejón al presentar su novela "Veinte años y un día" (2003), ambientada en la posguerra española y pergeñada durante aquella conversación con el Premio Nobel de Literatura.

Fuente: 2.munimadrid.es (1997).
Fachada de El Callejón, en la calle de la Ternera, nº 6, poco antes de ser demolida.

A mediados de los años ochenta del siglo pasado el negocio de El Callejón se amplió con el local situado en la casa contigua (que aún existe) del número 4 de la calle, por medio de un estrecho pasillo que comunicaba ambos negocios. Así el restaurante tendría como filial el Mesón La Ternera.

Fuente: ABC (1985)

El antiguo e histórico inmueble de la calle de la Ternera, número 6 fue derribado con toda su historia al finalizar la década de los años noventa. Sobre su solar se levantó de inmediato una nueva casa. 

El busto de Ernest Hemingway se instaló desde entonces en el local del número 4, antes mesón y hoy restaurante de comida cubana.

Fuente: mcu.es (1930-1936) - Fotografía de Antonio Passaporte.
Fachada del hotel Florida, situado en la plaza del Callao.

Ernest Hemingway se alojaba en el desaparecido Hotel Florida (pinchad) de la plaza del Callao de Madrid, durante la Guerra Civil Española. Este establecimiento se encontraba a muy corta distancia de la calle de la Ternera y de El Callejón.




Fuentes:

2.munimadrid.es
Es.wikipedia.org
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Mcu.es

lunes, 8 de octubre de 2012

LA CALLE DE LA TERNERA, DAOÍZ Y EL CAFÉ VARELA.


En el tramo de la calle de Preciados que discurre entre la plaza del Callao y la de Santo Domingo de Madrid, termina la pequeña y casi desconocida calle de la Ternera. Esta corta y estrecha vía, que ha cambiado de nombre en numerosas ocasiones -Almendro, Sombrero, Covadonga-, fue hace más de cuatro siglos una plazuela en la que se vendían las canales de las terneras (animal muerto y abierto, sin despojos). 


Foto: M.R.Giménez (2012)
La calle de la Ternera y al fondo la calle de Preciados.


Si por algo ha pasado a la historia la calle de la Ternera, y tal vez se haya librado de una segura desaparición especulativa, ha sido porque en el número 6, vivió y murió Luis Daoíz Torres (1767 y fallecido el día 2 de mayo de 1808). Hasta el año 1868, tras muchas peticiones, no se pondría una placa conmemorativa de mármol blanco en la fachada de esta casa de la calle de la Ternera. En ella, junto a un busto del militar, podría leerse: 

“En el cuarto principal de esta casa vivió y murió el capitán de Artillería don Luis Daoíz, herido mortalmente en defensa de la Independencia española en el Parque de Monteleón el día 2 de mayo de 1808”. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Calle de la Ternera, número 6, actual. La casa original y la placa conmemorativa en honor a Luis Daoíz, han sido reemplazadas.

La antigua casa de la calle de la Ternera, número 6 fue demolida al principio de los años noventa del siglo pasado. La placa en honor a Luis Daoíz se encuentra en paradero desconocido, a fecha de hoy. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1962)
Antigua casa de la calle de la Ternera, número 6
. 

En los bajos del edificio también estuvo el restaurante “El Callejón”, lugar tan frecuentado por Ernest Hemingway quien tenía reservado su propio rincón. 

Continuando por la calle de Preciados, en el chaflán que forma con la de las Veneras, se encuentra el café Varela. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
El edificio donde estuvo el antiguo café Varela. A la derecha de la fotografía está la calle de las Veneras y a la izquierda, la calle de Preciados.

Hay noticias del café Varela de la calle de Preciados, número 37, en el año 1883 cuando se inaugura la gran bodega Sótano H, en el mismo edificio y con entrada por la calle de las Veneras, número 6. Su dueño era Estanislao Rodríguez. El negocio se haría muy famoso en Madrid, llegando a convertirse en colmado o establecimiento en donde se sirven comidas de las 10 de la mañana a 2 de la madrugada, corderos asados, judías y callos a la española, a dos reales la ración. Comedores independientes. 

El Sótano H también tuvo su hecho luctuoso ya que, la noche del 24 de agosto de 1885, se suicidó de un tiro en la cabeza el joven asistente de un capitán de ingenieros que allá iba cada noche a cenar. Por las nueve cartas de despedida que le encontraron en el bolsillo parece que había sido acusado de una falta que nunca cometió, decidiendo quitarse la vida antes que ser arrestado por ello. Encima de la bandeja de pasteles que había comido dejó 6 reales, importe del gasto y la propina para el camarero. 

El Sótano H y el café Varela coexistieron hasta que en el año 1896 y tras veinticuatro meses de obras en el primer piso y el sótano del edificio, por fin se abrió el gran café con ventanales a las dos calles. 

Fuente: ABC (1959)
Interior del viejo café Varela. 

El Varela estaba considerado como un café de barrio por estar “algo alejado” de los de la Puerta del Sol. Divanes de alto respaldo tapizados de peluche rojo, espejos, delgadas columnas con floridos capiteles, orlas de escayola y plafones con guirnaldas constituían la decoración de este romántico café al que asistían los hermanos Machado, Miguel de Unamuno Jugo, Ricardo Baroja Nessi, José María de Cossío Martínez Fortún, Loreto Prado Medero y su inseparable Enrique Chicote, Ricardo Calvo Agostí y por supuesto Emilio Carrere Moreno, de quien se conserva una placa homenaje, en la actualidad. 

El edificio del café Varela, al igual que casi todas las casas del centro de Madrid, se vio afectado por las bombas incendiarias que cayeron en la zona durante la Guerra Civil Española (1936-1939), época en la que la Gran Vía era conocida con el nombre de “Avenida del quince y medio”, por el calibre de los cientos de obuses que sobre ella y en la mayoría de las calles aledañas caían cada día. 

Tras la guerra el café Varela vuelve a las tertulias tímidamente, ya que el derecho de reunión estaba durísimamente restringido durante la dictadura franquista. A pesar de todo Meliano Peraile Redondo, Antonio Mingote Barrachina, José Antonio Suárez de Puga Sánchez, Rafael Azcona Fernández y Gloria Fuertes “Poeta de guardia”, entre otros, convirtieron este café en un lugar cómodo en el que la poesía tuvo un papel más que destacado. 

Poco antes de los años cincuenta, cuando el menú de selecta cocina casera del café Varela costaba 30 pesetas, todo incluido, nace “Versos a Media Noche” de la mano del poeta Eduardo Alonso. Estos recitales de poesía tenían lugar cada sábado por la noche y luego, dado el éxito, se extendieron a lo largo de los otros días de la semana. 

También el Varela era un café musical. En 1948 el Trío de Madrid con el genial violinista Jesús Fernández y su violín mágico, obtuvo grandes éxitos en conciertos de tarde y noche. En la segunda mitad de la década de los años 50, del siglo pasado, Olga Ramos y su trío actuarían también en sesiones de tarde y noche. 

En palabras de Rafael Azcona: El Varela era un café muy acogedor, muchos de sus habituales utilizaban sus servicios para afeitarse. Incluso había un cliente otorrinolaringólogo que pasaba allí consulta. 

Fuente: ABC (1959)
Anuncio del cierre del café Varela, con fotografía de su fachada.

La historia del viejo café Varela terminó el día 15 de mayo de 1959. Los poetas de “Versos a Media Noche” declamaron los últimos versos junto al gran mural que Pedro Gros había pintado para el café y que contenía los rostros de muchos de ellos. Hay quien afirma que dicho cuadro pasó al Museo Municipal de Madrid, pero a fecha de hoy no ha sido posible localizarlo. 

El café Varela actual no guarda más recuerdo del antiguo que la placa de homenaje a Emilio Carrere, que los poetas españoles le dedicaron en el año 1952. 

Fuente: Cafevarela.com




Fuentes:
Hemeroteca ABC
Hemeroteca digital B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
“Los cafés cantantes de Madrid” (1846-1936) José Blas Vega.
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Cafevarela.com

lunes, 24 de septiembre de 2012

EL HOTEL FLORIDA DE LA PLAZA DEL CALLAO.


Entre los muchos disparates que se han llevado a cabo en el centro de Madrid, en pos de una modernidad extravagante y sobre todo durante los años sesenta del siglo pasado, hay que señalar el derribo del magnífico hotel Florida de la plaza del Callao, número 2. 

La especulación y el más insensato diseño originaron además un cambio hacia fachadas de cristal o ladrillo que nada tenía que ver con el conjunto de los edificios circundantes. 

Foto de la izquierda: Loty. Fuente: mcu.es (años 30 del siglo XX).
Foto de la derecha: M.R.Giménez (2012)
Junto al edificio de La Adriática estuvo el hotel Florida, que fue reemplazado por lo que hoy podemos ver.

El edificio es una verdadera joya de belleza y arte, se escribía en los periódicos el día 31 de enero de 1924 cuando tuvo lugar la inauguración del hotel Florida. Antonio Palacios Ramilo (1876-1945), su arquitecto, había realizado la obra del espléndido edificio en compañía de los ingenieros de caminos Dámaso Torán y Luis Harguindey, con la intervención de prestigiosas empresas de la época como la Casa Vers S.A. (entramado metálico) y Sucesores de G. Pereantón (cristalería y lunas). 

Fuente: B.N.E.
Habitación del hotel Florida en el año 1924.

Los diez pisos de altura del edificio albergaban, además del café La Granja Florida, doscientas habitaciones con baño, w.c. teléfono urbano e interurbano y calefacción. Justo y Francisco Aedo junto a Manuel Morán, eran los propietarios del hotel que respondía a las exigencias de las modernas corrientes, no faltando detalle alguno en punto a comodidad y confort. 

Fuente: B.N.E.
Entrada del hotel Florida (1924)

La decoración interior de los tres vestíbulos, el salón comedor, el café y el bar del hotel corrió a cargo de Luis Gómez y Virgilio Moreno, habituales colaboradores del arquitecto Palacios y cuyo taller se ubicaba en la calle del General Lacy, número 11. 

Fuente: B.N.E.
Restaurante del hotel Florida en el año 1924. 

El hotel Florida instaló la más moderna maquinaria, traída de América. Contaba con el lavado eléctrico del novedoso sistema “Crescent”, que lava la vajilla, colocada en unos cajones especiales donde los cacharros permanecen quietos mientras unos chorros de agua hirviendo llegan a todas las superficies y el “Autofrigor” o instalación frigorífica para la producción de hielo y la fabricación de helados. 

Tres meses después de su inauguración el hotel Florida fue objeto de un desafío protagonizado por el atleta portugués Néstor Lópes, que por entonces realizaba ascensos en solitario a los más conocidos monumentos europeos. 

A las 15 h. del día 5 de abril de 1924, Lópes escaló la fachada del hotel sin ayuda alguna. Una lluvia repentina propició que el atleta recurriera a una simple cuerda para culminar la ascensión del edificio, lo que constituyó para la prensa un ejercicio curioso e interesante. 

En el año 1926 el sótano o “cueva” del hotel Florida alojó una cervecería cuyo horario de apertura coincidía con la salida de los teatros. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Entrada a "la cueva" donde se ubicó la cervecería del hotel Florida. Esta foto corresponde con la remodelación de 1935, cuando se inauguró el Florida Keller Club.

Sólo cuatro años después, en 1930, la cervecería se convierte en el Florida Keller Club, un salón de té y cock-tail, dotado de pista para el baile. Estaba abierto desde el medio día hasta las diez de la noche. La decoración de este nuevo local corre a cargo del entonces dibujante José Loygorri, que talló en madera la figura de una jirafa para convertirla en la mascota del establecimiento. 

Poco después se reinaugura el café La Granja Florida, cuya decoración también es realizada por José Loygorri. El local, en la planta baja del hotel, se convirtió en restaurante, confitería, mantequería y cafetería de servicio rápido. Sus “barras enfrentadas” constituyeron una innovación muy peculiar en el diseño de este tipo de establecimientos en España. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Restaurante, confitería y cafetería "con las barras enfrentadas" de la Granja Florida. (1935).

No solamente fueron las innovaciones tecnológicas, lo céntrico de su ubicación y el exquisito diseño tanto de sus ambientes como de su fachada lo que proporcionaron fama al Florida de la plaza del Callao. Durante la Guerra Civil Española, el hotel se convirtió en el centro del que salían las crónicas informativas hacia todos los países del mundo. 

Tal vez el más popular de los corresponsales que se alojaron en el Florida fue Ernest Hemingway (1899-1961) que allí escribió “La quinta columna”, uno de los dos únicos textos teatrales del autor. 

Durante los años 1936 y 1937 también estuvieron en el hotel, entre otros cronistas: Mijail Koltsov (diario Pravda), John Dos Passos (revista Esquire), Gerda Taro y Robert Capa (revistas Vu y Regards), Martha Gellhorn (semanario Collier’s), Antoine de Saint-Exupéry (diario L’Intransigeant) y el director de cine documental Joris Ivens, que realiza “The Spanish Earth” (Tierra de España) en el año 1937, con la voz de Hemingway como narrador. 

Menos de cuarenta años después de la inauguración del hotel Florida, concretamente en 1962, el inmueble es adquirido por la entonces boyante y ya desaparecida empresa Galerías Preciados S.A. Los proyectos de expansión de estos grandes almacenes impusieron la demolición, en el año 1964, del bello edificio de Antonio Palacios para construir en su lugar el sombrío e incongruente inmueble que hoy podemos ver en la plaza del Callao, esquina a la calle del Carmen. El nuevo edificio fue inaugurado en el mes de octubre de 1968 por el gemebundo alcalde Carlos Arias Navarro con un discurso extremadamente servil hacia el fundador de los grandes almacenes, Pepín Fernández. Pero nadie lamentó la pérdida del hotel Florida, de su belleza y de su historia.




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
“Idealistas bajo las balas” Paul Preston.
Memoriademadrid.es
Skyscrapercity.com
Urbanity.es

miércoles, 6 de junio de 2012

BOTÍN, EL RESTAURANTE DEL ASADO AL ESTILO CASTELLANO.


Desde que el cocinero francés Jean Botín llegó a Madrid en el siglo XVII, muchos corderos y tostones (cochinillos) se han comido en esta capital. 

La plaza de Herradores era por entonces aquel sitio en que los nobles buscaban a los escuderos que habrían de llevar sus sillas de mano, y en ella abre "Botín" su figón el día 27 de enero de 1620, sitio donde Francisco de Quevedo y Villegas tuvo que refugiarse una noche de sus perseguidores. 

Parece que las especialidades de aquel local eran el pastel de liebre, el cochinillo (rostrizo) asado, la sopa con huevo y las auroras (leche de almendra con canela), para el postre. El establecimiento no había cambiado su fisonomía a principios del siglo XX manteniendo, como al principio, sus paredes de azulejos blancos ribeteados de colores, pequeñas mesas y sillas de madera, todo lo más sencillo posible. 

Foto: Todocoleccion.net
La primera "Casa Botín" de la plaza de Herradores. Hoy este edificio no existe.
La fama de este primer Botín fue en aumento hasta llegar a inaugurar, en el año 1920, una sucursal en la Dehesa de la Villa que ofertaba “cenas al fresco”. 

Volviendo a los inicios hay que decir que Jean Botín, el cocinero francés, estaba casado con una mujer de origen asturiano y la pareja no tuvo descendencia. A su fallecimiento el negocio de la plaza de Herradores (más tarde señalado con el número 7), pasó a manos de un sobrino de su mujer, manteniendo la marca “Botín”. 

Foto: Todocoleccion.net
Comedor de la antigua "Casa Botín" de la plaza de Herradores.

Un siglo después de inaugurar este negocio, ya en el año 1725, Cándido Remis, otro descendiente de la familia que llevaba el de la plaza de Herradores, se emancipa e instala una posada en la calle de Cuchilleros (que luego y hasta la fecha, sería el número 17). En aquellos tiempos no estaba permitido vender vino en este tipo de establecimientos ni tampoco otras vituallas, por lo que el viajero debía traer sus propias viandas para que le fueran preparadas. En la nueva fonda, allá por el año 1765, un joven Francisco de Goya y Lucientes encontró trabajo en sus cocinas mientras buscaba recursos para viajar a Italia y así continuar con sus estudios de pintura. 

La casa en la que se ubicó la nueva fonda de Botín, en la calle de Cuchilleros, ya existía en el año 1590. Su propietario había abonado la cantidad de 150 Ducados por el “privilegio de la exención de huéspedes”, impuesto que se pagaba por no albergar en el edificio a los miembros de los cortejos reales que venían a Madrid. (Hay que recordar que desde el año 1561, Felipe II convirtió a Madrid en capital de España; todos los edificios con más de un piso de altura estaban obligados a alojar a los funcionarios y al séquito real, imposición intercambiable por el impuesto de exención de huéspedes. Así surgen las “casas a la malicia” o construcciones que desde la calle figuraban tener sólo una altura y ocultaban otras dependencias superiores, de manera ingeniosa). 

Ambos negocios de marca “Botín”, el de la plaza de Herradores y el de la calle de Cuchilleros, coexistieron durante un tiempo. El hecho de tener el mismo nombre y dedicarse casi a la misma actividad, sin ser sucursales, originó algún que otro pleito entre ellos, hasta que en el año 1886 la “Pastelería de Cándido, sobrino de Botín” de la calle de Cuchilleros, número 17, fue legalmente autorizada para poner en su muestra, en el membrete de sus facturas y sellos, la marca de la casa. 

Foto enviada por Carlos González "Restaurante sobrino de Botín".
La fotografía es del año 1887 y en ella aparece todo el personal del negocio. Puede apreciarse la marca "Pastelería de Cándido, sobrino de Botín". Calle de Cuchilleros, 17.
El antiguo local se reforma entonces, se instalan escaparates y un gran mostrador de pastelería para vender pestiños, bartolillos, suizos y glorias. (Nota.- Las pastelerías de Madrid, hasta bien entrado el siglo XX, también asaban cochinillos y corderos, por encargo). Los alojamientos de las alturas superiores desaparecen y el horno del siglo XVIII, que aún podemos contemplar, no ha parado todavía de asar exquisiteces. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
El horno del siglo XVIII y su producción de cochinillos.
La fama de “Botín” de la calle de Cuchilleros fue en auge, mientras que el de la plaza de Herradores desaparecía en el primer tercio del siglo pasado. 

Hacia los años 30 del siglo XX Emilio González y Amparo Martín, adquieren el viejo horno de asar y lo convierten en el “Restaurante Sobrino de Botín”. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Portada del restaurante. A la derecha de la foto, sobre la puerta, se ve la inscripción del año 1725, cuando se inauguró la fonda. 

Modificaciones posteriores han ido haciendo de la casa de Cuchilleros, 17 uno de los más afamados e históricos lugares de Madrid, ostentando el título de restaurante más antiguo del mundo y siendo uno de los más mencionados en la literatura contemporánea. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Rincón de Hemingway. “Comimos en Botín en el comedor de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Cochinillo asado y rioja alta...” Ernest Hemingway – “Fiesta”. 
Benito Pérez Galdós: “España trágica”, “Realidad: novela en cinco jornadas”, “Fortunata y Jacinta”, “Torquemada y San Pedro”, “Misericordia”. 

Indalecio PrietoTuero: “De mi vida”. 

Arturo Barea Ogazón: “La forja de un rebelde”. 
“...se va sola, o con uno de nosotros, a casa de Botín, que es un restaurante muy antiguo de Madrid, y manda asar un cochinillo. Se lo come –si no vamos nosotros- ella sola, con una fuente grande de lechuga y un litro de vino”. 

Carlos Arniches Barreda: “La fiesta de San Antón”. 

Francisco de Sert Welsch (conde de Sert): “El goloso. Una historia europea de la buena mesa”. 

María Dueñas Vinuesa: “El tiempo entre costuras”. 

John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Graham Greene, Frederick Forsyth, James A. Michener y, por supuesto, Ernest Hemingway

Todos estos autores han incluido al restaurante Botín en sus obras. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Historias y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna.
Agradecimiento muy especial a Carlos González por la excelente aportación documental y a todo el personal del “Restaurante Sobrino de Botín” por su amabilidad.
Dar las gracias a Carlos Osorio http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/ por su magnífico blog y por su cortesía.