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martes, 20 de noviembre de 2018

CAFÉ DE LA ENCOMIENDA.


Quizá una de las calles más populares, costumbristas y parranderas de Madrid, durante las décadas finales del siglo XIX y las del inicio del XX, fue la antigua calle de la Encomienda, que todavía une El Rastro y la calle de Embajadores con el barrio de Lavapiés.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). La calle de la Encomienda


En esta de la Encomienda, en su número 16, estuvo desde el año 1908 el Teatro Nuevo con espectáculos de varietés, que en 1911 se convertiría en el Cine de la Encomienda y en los años cincuenta de pasado siglo pasó a ser el Cine Odeón, con nuevo y moderno edificio, que acaba de sucumbir bajo la piqueta.

Fotografía de la izquierda: viejo-madrid.es (1928). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). El Cine de la Encomienda y lo que hoy queda del Cine Odeón.


Un profesor de baile flamenco llamado Antonio Cansino Avecilla, tuvo en el número 10 de esta calle su estudio, allá por el año 1911. Con Cansino daría comienzo una saga de artistas, hijos y nietos, que emigrarían a los Estados Unidos de América en 1913. Su nieta, Margarita Carmen Cansino, que había comenzado su carrera con el nombre de Rita Cansino, sería conocida mundialmente como Rita Hayworth.

Fotografía de la izquierda: noticiariocentrodeandalucia.wordpress.com. Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). Antonio Cansino Avecilla con su nieta Rita Hayworth. Casa nº 10 de la calle de la Encomienda, donde este profesor de baile tenía su estudio.


Una calle tan animada como la de la Encomienda, a la que tampoco faltaba una Casa de Socorro en su número 21, no podía carecer de un café.


El local del número 19 de la calle de la Encomienda siempre estuvo ocupado por alguna tienda de vinos, cervecería o chocolatería, sin contar con un nombre específico de negocio. A partir del año 1882 allí se instaló el Café del Brasil, que alrededor de 1887 pasó a llamarse Café de Barcelona, siendo por entonces propiedad de Francisco Fonz.


El flamenco se había popularizado en los años finales del siglo XIX y en las siguientes décadas alcanzaría gran relevancia. 
 

El Café de Barcelona de la calle de la Encomienda se convertiría en un café de cante y baile, alrededor del año 1892 y poco tiempo después pasaría a ser conocido en todo Madrid como el Café de la Encomienda.


Fotografía: M.R.Giménez (2018). La fachada del Café de la Encomienda en la miniatura de Miguel Yunquera.


Su pequeño salón rectangular era servido por camareras y tenía en el fondo un pequeño tablao con descoloridas cortinas rojas a los lados. Junto a este escenario una varilla con media docena de pares de castañuelas, al alcance de los artistas, y en un nivel inferior un desvencijado piano. Era un café popular y modesto, con paredes forradas de recomendaciones para la clientela: “Se reserva el derecho de admisión”, “Se prohíbe subir al escenario” o “Hagan nueva consumición en cada actuación”.


Los guapos, eran los encargados de mantener el orden en el interior del Café de la Encomienda. Eran perdonavidas que trabajaban también en locales de juego. En las épocas en que estaba prohibido tirar de la oreja a Jorge (jugar apostando dinero), estos individuos se buscaban la vida impidiendo alborotos en los cafés.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1904). Interior del Café de la Encomienda.

Muchos fueron los artistas flamencos que comenzaron sus carreras en este café, que perduraría hasta el inicio de la Guerra Civil Española (1936). Sus nombres y repertorio figuraban en las pizarras que, a modo de cartelera del espectáculo, solían ponerse a la entrada del local.


Enrique Lara (bailaor), Rafaela Valverde (cantaora) primero conocida como “Tanguerita” por su corta edad y luego como “Tanguera”, Antonio Pozo “Mochuelo”, que fue el primer cantaor en presentarse ante el público bien vestido y sin vara para hacerse son, o el guitarrista Ramón Montoya, que en el año 1919 parece que se hizo cargo de este café. 

Fuente: memoriademadrid.es (1910).


Un artista singular de este local de la calle de la Encomienda sería  Baltasar Mathé. Con el nombre artístico  de “Mate sin pies”, por tener amputadas las dos piernas a la altura de las rodillas, era un bailarín de gran habilidad. Actuó por todo el país, en Londres y en París, a lo largo de su carrera.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). Fachada actual de lo que fue el Café de la Encomienda.


El Café de la calle de la Encomienda sería el último de aquel Madrid flamenco en cerrar sus puertas. Tan sólo quedaría en las citas de las novelas de Pío Baroja y en la memoria de todos los artistas que por él pasaron, arriba de su escenario o formando parte del numeroso público que a él asistía. 




Fuentes:

Bibliotecavirtualmadrid.org
Hemerotecadigital.bne.es
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936” José Blas Vega.
Memoriademadrid.es
Noticiariocentroandalucia.wordpress.com
Viejo-Madrid.es

lunes, 2 de abril de 2018

LOS CAFÉS CANTANTES DE MADRID.

A mediados del siglo XIX se produjo en Madrid una formidable transformación en los establecimientos dedicados al ocio. Las botillerías, locales en los que sólo se degustaban consumiciones, se convirtieron en cafés con espectáculos. 


Surgieron entonces diversos locales especializados en los más variados tipos de funciones musicales, desde los clásicos a los recitales de ópera pasando por las canciones más populares. 



También el arte flamenco comenzó a subir a los escenarios. Cantaores, guitarristas y bailaores de ambos sexos, mostraron en los tablaos un género artístico que hasta entonces sólo se presenciaba en las calles. 

Con las imágenes de la obra "Alarde de Tonadilla" de Hugo Pérez de la Pica, este vídeo cuenta la historia de los más destacados cafés flamencos que hubo en Madrid: como el Naranjeros, el Imparcial o La Marina. De ellos salieron muchos de los artistas que posteriormente llevaron su arte por el mundo.

                           Los cafés cantantes en el Teatro Tribueñe

Suscripciones al canal de Antiguos Cafés de Madrid en  esta dirección de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCCmQb2UTq-TNbf8Y8n7n6_w

Para más información sobre los cafés de cante que hubo en Madrid, pulsad sobre los nombres de los cafés situados en el párrafo anterior.





lunes, 4 de julio de 2016

LOS GABRIELES DE LA CALLE DE ECHEGARAY.

En la parrandera y madrileña calle de Echegaray (que hasta el año 1888 se llamó del Lobo) y haciendo esquina con la de Manuel Fernández y González (antes titulada calle de la Visitación) estuvo el muy conocido colmao Los Gabrieles.


Fotografías: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004) y M.R.Giménez (2016).
Antigua muestra del colmao Los Gabrieles y fachada actual.


El nombre de gabrieles hace referencia en cheli o jerga madrileña, a los garbanzos del cocido. Precisamente ese fue el origen del título elegido, por su primer propietario, para este negocio que comenzó en el año 1907 en la calle de la Visitación (hoy de Manuel Fernández y González), número 7.


Fuente: B.N.E. (1907).
Anuncio de Los Gabrieles, en su primer emplazamiento de la calle de la Visitación, 7 (hoy c/ de Manuel Fernández y González).

Fue el día 14 de enero de 1907 cuando abrió al público el primer local que llevó por nombre Los Gabrieles, cuya inauguración tuvo lugar dos días antes contando con la asistencia del escultor Mariano Benlliure, entre otras personalidades. El antiguo periodista Rafael José Jimeno Vizarra tuvo a bien abrir este negocio en la calle de la Visitación, que comenzó siendo un restaurant económico para clases populares. Dotado de cocinas de gas, era un lugar amplio, lujoso, lleno de luz y alegría en el que se vendía comida para llevar en recipientes traídos de casa o adquiridos en el propio lugar, incrementando a 0,25 céntimos el precio de la ración. 

Los abundantes platos de callos, vaca estofada, pote gallego y por supuesto de cocido madrileño, con precios que oscilaban entre los 0’30 y 0’70 céntimos de peseta, originaron que centenares de personas, llegadas desde todos los puntos de Madrid, agotasen cada día las existencias del establecimiento en poco menos de una hora.

Un año después de su apertura Los Gabrieles ya contaba con sus propios y elegantes comedores que, al salir del teatro servirán el bocadillo de la noche.

El éxito del restaurant de la calle de la Visitación (oficialmente c/ Manuel Fernández y González desde el año 1898) propició que su dueño abriera un nuevo negocio con el mismo nombre, situado a poca distancia, en el entonces número 19 -hoy 17- de la calle de Echegaray. Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909. 

Fue así como sobre el año 1910 apareció el nuevo restaurante Los Gabrieles de la calle de Echegaray, sucursal del anterior, y que con el tiempo se convertiría en el famoso colmao flamenco.

Fuente: B.N.E. (1915).
Fachada del colmao Los Gabrieles en la calle de Echegaray.

A partir del año 1911 Los Gabrieles fue convertido en un restaurant sevillano, con una zona de entrada en la que se había instalado un mostrador cuyo frontispicio está hecho con cerámica de la propia Cartuja y un gran número de “cuartos especiales” decorados con vistosidad. 

Sobre sus muros aparecían pintados los paisajes de Granada, con la Alhambra y los cármenes, de Sevilla, con su Giralda y la Torre del Oro junto al Guadalquivir. Otro de los cuartos, instalado en el sótano, había sido decorado a semejanza de una tartana valenciana con sus asientos, además del ruedo de una plaza de toros, con su barrera. El resto de las habitaciones tenían una decoración más severa, a excepción de la titulada “La Lidia” que contenía multitud de láminas con tema taurino, firmadas por el pintor Daniel Perea Rojas.

Fuente: B.N.E. (1915) y lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Zona del sótano de Los Gabrieles, en la calle de Echegay, en la que se aprecia el ruedo de la plaza de toros, con su barrera.

En el año 1915 Los Gabrieles, de la calle de Echegaray, ya contaba con un conocido ambiente compuesto por toreros, guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco. Sus veinticuatro trabajadores, sevillanos en su mayoría, provenían del mundo taurino y sirven al público con esmero extraordinario. 

A partir del año 1917 las pinturas murales de las paredes del local empezaron a ser reemplazadas por azulejos de cerámica con diseño de prestigiosos pintores como Enrique Orce Mármol, Enrique Guijo Navarro o Alfonso Romero Mesa.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Dos de los murales de cerámica de Los Gabrieles.

Esta decoración, en su mayoría, consistía en paneles con anuncios publicitarios de diferentes bodegas como “Anís del Cisne”, “La Gitana” (manzanilla), “Marqués del Mérito” coñac y vinos, “Clásica” manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. También otras empresas como “La Balandrista” (conservas) o “Gallegas Olibet” abonaron el coste de los murales cerámicos con el fin de publicitar sus productos en un local cuya fama iba cada vez más en aumento.

Fuente: lorenzoalonsoarquitectos.com (2000-2004).
Murales cerámicos de Los Gabrieles.

Alrededor del año 1924 Adrián Quijano, veterano encargado de Los Gabrieles, hombre a la antigua y de pintoresca facundia (de abundante y fácil palabra), se hace con la propiedad del local de la calle de Echegaray, ese rincón simpático donde se refugia la juerga que se quiere ribetear de arte, en opinión de alguna prensa del momento. 

La realidad fue que el colmao Los Gabrieles ya se había convertido en uno de los más famosos centros de flamenco que tenía Madrid, contando con su propio cuadro de bailaores, guitarristas y cantaores, a pesar de no ofrecer espectáculos sujetos a horario ni programación específica. Allí se consolidó el dúo formado por el cantaor Antonio Chacón García y el guitarrista Ramón Montoya Salazar, también compositor, siempre acompañado de su famosa guitarra apodada “La Leona”. Montoya fue el primero en impulsar el sonido de este instrumento en el cante ya que, hasta entonces, sólo había servido como acompañamiento de las voces.

Las tertulias de toreros y las jaranas flamencas en los reservados de Los Gabrieles, en su mayor parte organizadas tanto por señoritingos como por individuos de relevancia social, hicieron de Los Gabrieles un lugar cuya fama traspasó la ciudad de Madrid. Los numerosos banquetes que se organizaron para homenajear a escritores, dibujantes y artistas hicieron del restaurante andaluz un lugar al que volver. Fue el caso del famosísimo guitarrista Andrés Segovia Torres quien, acompañado del periodista peruano Felipe Sassone Suárez y del pianista Tomás Terán París, protagonizó una curiosa anécdota. 

En el transcurso de una comida en Los Gabrieles dos hombres gitanos con guitarra se acercaron a Andrés Segovia y sus acompañantes, preguntando al grupo: ¿Quieen oztez una mijita de juerga? Segovia propuso a sus amigos mantener oculta su muy conocida identidad, para que los músicos se manifestaran libremente. La figura del maestro, con melena y gafas por entonces, llamó la atención de los flamencos que preguntaron a Sassone sobre su identidad, obteniendo por respuesta que se trataba de un pintor francés. ¿Eze tío tan raro es franchute? Poz ahora va a ver eze tío la chipén. Tras los primeros jipíos y manoteos de guitarra, Andrés Segovia cogió el instrumento e intentó tocarlo aparentando desconocimiento, a lo que el guitarrista flamenco contestó: Ya zabía yo que ezte tío franchute no diquelaba de guitarra, a lo que el maestro respondió: ¡Qué franchute ni que cuerno, si soy más español que usted! y comenzó a tocar entre las risas de sus acompañantes y la estupefacción de los gitanos que fascinados se preguntaban ¿De dónde ha zalío ezte hombre?

La fama de Los Gabrieles, que alternaba la golfería pudiente con una clientela de artistas y escritores de reconocido prestigio, fue decayendo al finalizar la década de los años 50 del pasado siglo. Tres décadas después el local volvió a sus orígenes flamencos, recibiendo una clientela heterogénea compuesta por jóvenes y extranjeros.

En el año 2004 el colmao Los Gabrieles echó el cierre, debido a que el edificio de la calle de Echegaray, número 17, fue vendido a una empresa constructora. El local, con sus paredes de cerámica, fue protegido en el Plan General de 1997 por el Ayuntamiento de Madrid. En la actualidad, y tras numerosas vicisitudes que incluyen la reforma integran del edificio, una posterior okupación por un colectivo de lucha por una vivienda digna y un discutible proceso de restauración de los famosos azulejos, se encuentra cerrado y en su fachada no queda rastro alguno de su memoria.






Fuentes:

Es.wikipedia.org
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca de “El País”
Lorenzoalonsoarquitectos.com
Munimadrid.es
“Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez” Eusebio Rioja Vázquez y Norberto Torres Cortés.
Prensahistorica.mcu.es

Retabloceramico.net

miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL CAFÉ DE LA MARINA DE LA CALLE DE LOS JARDINES.

Según todos los estudiosos del arte flamenco la calle de los Jardines, número 21, albergó el mejor y más conocido de los cafés de cante tanto de la Villa como del resto del país. El café de la Marina fue escenario del inicio y presentación en Madrid de muchas carreras profesionales con proyección internacional de baile, cante y toque de guitarra con sus diferentes estilos o “palos”.


Hubo con anterioridad otro famoso café de la Marina en la calle de Hortaleza, número 4, que hacía esquina con la de la Reina. Dicho establecimiento, también con espectáculos de flamenco, se mantuvo abierto desde mediados hasta los años finales del siglo XIX, antes de que la zona fuese remodelada por la apertura de la entonces nueva Gran Vía. Ambos cafés homónimos no coincidieron en el tiempo.

Foto: M.R.Giménez (2013)

El café de la Marina de la calle de los Jardines, el café cantante más famoso de España, fue inaugurado en la década de los años noventa del siglo XIX. Café de gente del bronce y con fama de pendenciero, fue escenario de un tiroteo sin graves consecuencias entre el dramaturgo Joaquín Dicenta Benedicto y otro parroquiano en el mes de noviembre de 1898, año en que su dueño decidió anunciar en prensa su traspaso por no poder atenderlo. 

Foto: M.R.Giménez (2013)
La calle de los Jardines, número 21, en la actualidad. Aquí estuvo el café de la Marina y posteriormente el Cine Bello.

Lo verdaderamente importante del café de la Marina es la crónica de los artistas del arte flamenco que se darían a conocer sobre su escenario, ante un público procedente de todas las clases sociales. 

El cantaor Cayetano Muriel Reyes, más conocido como el “Niño de Cabra” inauguraría el primer espectáculo de este café, junto a Francisco Lema Ullet “Fosforito el Viejo”. La cantaora Pastora María Pavón Cruz “La Niña de los Peines”, una de las voces más importantes del cante jondo, popularizó en el de la Marina la copla de la que le vino su apodo:

“Péinate tú con mis peines/ que mis peines son de azúcar/ quien con mis peines se peina/ hasta los dedos se chupa.” 

Bailaoras como Juana Vargas de las Heras “La Macarrona”, Antonia Gallardo Rueda “La Coquinera” o Rosario Monje “La Mejorana”, de efímera carrera y madre de la famosísima Pastora Rojas Monje “Pastora Imperio”, presentarían su arte en Madrid sobre las tablas del café de la Marina. También bailaores como Antonio Vidal “Antonio el de Bilbao” el bailaor más enterao de todos los tiempos (según Vicente Escudero) o Francisco Mendoza Ríos “Faíco”, iniciarían sus internacionales carreras artísticas en la calle de los Jardines.

Hasta que el guitarrista Ramón Montoya Salazar no llegó al café de la Marina, la guitarra sólo servía como acompañamiento al baile y al cante jondo. Montoya, que debutó en este café y se mantuvo durante ocho años sobre su escenario, supo imponerse a las voces y “zapateaos” flamencos convirtiéndose en un verdadero maestro de este instrumento. Con Ramón Montoya el flamenco iniciaría una nueva forma de expresión, siendo el primer gran guitarrista de este arte que le llevaría a realizar conciertos por el extranjero.

Fuente: B.N.E. (1935)
Dibujo que representa un espectáculo del, ya entonces desaparecido, café de la Marina.

El café de la Marina aparece en la novela “La busca” de la trilogía “La lucha por la vida” de Pío Baroja y Nessi (1903).

“—Esto no vale nada—murmuró Leandro después de breve rato—vamos al café de la Marina.

Salieron de allí; llegaron á la Puerta del Sol, después de pasar la plaza del Progreso y la calle de Carretas, y por la de la Montera, entraron en la calle de Jardines. .

El café de la Marina tenía, como anuncio, un farol rojo en la puerta.

Al entrar, enfrente, se veía el tablado con las paredes recubiertas de espejos; las mesas arrimadas a la pared, no dejaban en medio más que un estrecho pasillo.”

Foto: M.R.Giménez (2013)
Interior de lo que fue el café de la Marina y después el Cine Bello, en la actualidad convertido en un restaurante.

En el año 1911, cuando la prensa recogía las quejas vecinales respecto al nefasto empedrado y los numerosos solares mal vallados que tenía la calle de los Jardines, el café de la Marina se transmuta en el Cine Bello

Fuente: B.N.E. (15/11/1911)
Publicidad en prensa sobre el entonces recién inaugurado Cine Bello.

Javier Carreño, abogado y publicista, adquiere el local del café dándole un aire de modernidad y convirtiéndolo en cinematógrafo, por la tarde, y en salón de varietés y cuadro flamenco, durante la noche. La entrada al recinto iba incluida en el coste de la consumición.

Por el escenario del nuevo cine Bello, al que todo el mundo continuaría llamando antiguo café de la Marina, pasaron bailarinas como Elisa Ruiz Romero “La Romerito”, Agustina Polo o las “Hermanas Rosas”; también las cupletistas Lilí Destor y Lolita Cruz, los “Hermanos Gómez” Reyes de la jota y la cantaora Alfonsa Jiménez acompañada del guitarrista Ángel Baeza. 

Sólo dos años duraría el negocio del cine Bello, que cerraría en el mes de abril de 1913 y su local, tras haber acogido a una gran cantidad de negocios, hoy se ha convertido en un restaurante. 







Fuentes:
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)” de José Blas Vega.
“El flamenco en Madrid” de José Blas Vega.
Elartedevivirelflamenco.com
Flamenco-world.com
Hemeroteca B.N.E.
“La Busca” de Pío Baroja.

Es.wikipedia.org

viernes, 19 de octubre de 2012

CAFÉ DEL PEZ.


La calle del Pez, que durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874) fue llamada calle de Moriones, no siempre terminó en la de San Bernardo, como lo hace ahora. El tramo final que hoy conocemos, donde la vía se ensancha, fue conocido con el nombre de calle de la Fuente del Cura. Fue allí precisamente, en la última casa de la calle del Pez, entonces número 40 y que hacía esquina con la de Pozas, donde estuvo el afamado Café del Pez.


Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz (1848).
Señalado con una flecha, el lugar donde estuvo el café del Pez. Se aprecia la fuente que dio nombre al último tramo de la calle, que en esta época ya se llamaba calle del Pez.


Las primeras noticias sobre este café provienen de la década de los años ochenta del siglo XIX. Su marca varió en numerosas ocasiones: Pez, Japón, Torralba y de nuevo café del Pez, al finalizar el año 1884.


Fuente: B.N.E.
Anuncio del café, del día 19 de enero de 1884, cuando aún tenía la marca de Torralba.  


El del Pez era un café de cante y baile flamenco en donde el guitarrista y maestro Ramón Montoya Salazar (1880-1949) tocó durante tres años, al principio de su carrera.  Asistían a él con asiduidad los hermanos Antonio y Manuel Machado y también el dramaturgo Joaquín Dicenta Benedicto (1862-1917), quien allí conoció a la bailaora Amparo de Triana.

Amparito contaba con quince años de edad cuando abandonó su carrera artística para unir su vida a la del escritor, entonces sin suerte, varios años antes de que éste compusiera “Juan José” (drama estrenado en 1895 y que dio a Dicenta fama internacional). Años después Joaquín Dicenta Alonso, hijo del dramaturgo, escribió “Amparo la de Triana. Escenas de la vida del inmortal escritor don Joaquín Dicenta y una cantaora” (estrenada en 1938), sobre las vicisitudes de aquella relación y ambientada en el café del Pez.


Foto: M.R. Giménez (2011)
Aspecto de la casa actual en donde estuvo el edificio que albergó al café del Pez.


El café del Pez contaba, a parte del tablao flamenco, con tres mesas de billar como indicaba su publicidad en la prensa de 1895, año en que también fue famoso por un altercado que se convirtió en conflicto diplomático.

Bajo el epígrafe “Un escándalo por una cuenta escandalosa” la prensa hace la crónica de dos señoritos, uno inglés (diplomático) y otro escocés (médico), que en la madrugada del día 29 de julio se negaron a abonar la cuenta en el café del Pez. Tras haber pasado toda la noche encantados con el cante y el baile del local, la factura de los “acomodados jóvenes” se desglosaba así:

1 botella de cerveza.- 0,75
2 cajetillas de tabaco.- 1,00
11 copas de jerez.- 8,25
8 botellas de jerez- 80
Desperfectos y roturas de una mesa de nogal.- 40
TOTAL: 130 PESETAS.

El impago de la minuta originó tal escándalo que ambos pisaverdes, junto al dueño del café y el camarero que los atendió,  terminaron la noche en el Juzgado de Guardia. Un mes más tarde, el embajador de Inglaterra presentó una nota al Ministerio de Estado reclamando contra la conducta de los funcionarios del Gobierno Civil de Madrid, respecto a los dos súbditos. 

El  dueño del café del Pez “el mejor café de su clase” anunciaba su intención de traspasarlo en los periódicos del mes de abril de 1899, por no poder atenderlo. Durante el mes de junio se liquidaban sus mesas de mármol, las lunas y las sillas. Un año  después la casa correspondiente al número 40 de la calle del Pez, esquina a la de Pozas, fue derribada junto a sus aledañas para construir el conjunto de viviendas modernistas para Urbano y  José Peña Chávarri, entre los años 1900-1901, que hoy podemos contemplar. (Pez, número 36, Pozas, número 2 y Minas, número 1).







Fuentes:

Es.wikipedia.org
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)” José Blas Vega.
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
cartotecadigital.icc.cat.

lunes, 7 de mayo de 2012

DOS CAFÉS DE LA PLAZA DE MATUTE.

No se conoce bien el origen del nombre de esta extraña plaza con forma de embudo; tal vez Matute fuera el propietario del terreno en que se abrió o quizá esta denominación provenga de los géneros que por allí pasaban a la ciudad de Madrid de forma clandestina, desde la cercana Puerta de Antón Martín. Lo cierto es que ya en el plano del portugués Pedro Texeira esta plaza aparece con el nombre y la misma fisonomía que hoy mantienen.

Plano Pedro Texeira (1656).
Aquí se ve la plazuela de Matute y la de Antón Martín. Señalada con el  número XLII aparece  Ntra. Sra. de Loreto.

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y José Zorrilla Moral (1817-1893) vivieron en la plaza de Matute, donde también estuvo la imprenta de la revista “La Ilustración de Madrid” y del periódico “El Imparcial”, (en el número 5, que hoy ocupa otro edificio) allá por los años setenta del sigloXIX.


Foto: M.R. Giménez (2012)
Plaza de Matute y al fondo la calle de Atocha.

Dos cafés vinieron a instalarse a lo largo de los 750 m2. de esta plazuela o plaza durante la segunda mitad del siglo XIX. Uno de ellos muy discreto y el otro demasiado jaranero.

El café de Barcelona. Se sabe que estuvo en la plazuela de Matute porque diversos autores lo atestiguan. Debía ser un lugar tranquilo que organizaba conciertos como aquel en que una orquesta de ciegos interpretaba maravillosamente “El Carnaval de Venecia”, mientras uno de sus integrantes acompañaba al grupo con un pito de su invención, magistralmente tocado, según la prensa del momento.

El café Imparcial. Era un café de cante, muy famoso en todo Madrid y del que se decía “que había siempre dos señores del orden público a la puerta”, por lo que pudiera pasar. En él “lucieron sus dones todas las estrellas del cante y del baile flamenco” como Juan Breva (Antonio Ortega Escalona), “El Dientes”, La Parrala (Dolores Parrales Moreno), “Rosa la Rosona” y muchos más.


Era el Imparcial un café que en sus comienzos nada tuvo que ver con el flamenco, ofreciendo “el chocolate especial de Asturias a partir de 8 reales el cubierto” y “conciertos de bandurrias de 3 a 6 de la tarde, dirigidos por el profesor señor Granados”. Pero a partir del año 1880 su ambiente derivó hacia el cante jondo, que por entonces estaba de moda entre la “buena sociedad”.


Foto: M.R. Giménez (2012)
Aquí estuvo la casa número 8 de la plaza de Matute, donde se instaló el café Imparcial. Cuando Miguel de Cervantes vivía en esta plaza, la iglesia de Ntra. Sra. de Loreto ocupaba este terreno.

La prensa se hizo eco de las numerosas protestas vecinales que el ruido de los espectáculos del café Imparcial generaba en la plaza de Matute. Demasiadas peleas, como la que tuvo lugar a principios de julio del año 1881 cuando todos los concurrentes del café se enfrentaron en una batalla a botellazos y palos; ello provocó que el gobernador prohibiese el cante y el baile en este café, en abril del año 1883.

El café Imparcial continuó con sus espectáculos, a pesar de haberse denegado el permiso para ello. Un año más tarde de la orden oficial que vedaba las representaciones, tuvo lugar un sonado juicio en la Sala de lo Criminal de la Audiencia de Madrid por los hechos acontecidos el 14 de abril de 1883. Varios hombres y una mujer fueron acusados de estafa, disparos, lesiones y desorden público en el interior del local. 


José Ortega “Caobita”, un conocido tratante de ganado caballar, entró la noche de los hechos en el café Imparcial, a beber algo. Tras haber apurado 33 copas de ron pidió que le sirvieran dos botellas de manzanilla, a lo que el mozo del café se negó hasta no ver abonado el importe de las primeras bebidas. Como Ortega pusiera obstáculos al pago de la deuda por falta de liquidez, se dirigió a los demás clientes del café para costear su factura diciéndoles: “Si fuerais gitanos puros, hijos del rey Faraón, no me dejaríais aquí por 33 reales” a lo que uno de los aludidos contestó: “Gitano de ley soy, hijo de Faraón, pero no tengo más que dos pesetas”. 

Dadas las circunstancias, el camarero volvió a solicitar el pago de las 33 copas de ron a Ortega, obteniendo por única respuesta: “Apunta la deuda en la esfera del reloj de la Puerta del Sol”, por lo que comenzó a sacarlo del café y conducirlo a la Prefectura. Los demás clientes, conocidos de “Caobita”, salieron a la calle en su defensa donde tras una fenomenal pelea hubo varios disparos de arma de fuego, que hirieron a dos personas. 

En el juicio José Ortega “Caobita” dijo ser “inocente de cuanto se me acumula”; a pesar de lo ello fue condenado a tres meses y un día de arresto mayor.

Fuente: B.N.E.


Peleas, broncas y ruido siguieron exasperando los nervios de aquellos vecinos de la plaza de Matute durante varios años más. Así, en mayo del año 1887 el dueño del café Imparcial volvió a ser denunciado por tener a 30 personas cantando y bailando en el café a las 3 de la madrugada. Hasta la última década del siglo XIX, cuando el café Imparcial cerró sus puertas, los habitantes de aquella plazuela no pudieron descansar tranquilos.

Fuente: "Blanco y Negro" (1902)
Caricatura sobre un espectáculo del café Imparcial.


El teatro Lara de Madrid estrenó el sainete lírico “Los lunes del Imparcial” el día 3 de febrero de 1894. Escrita por Tomás Luceño Becerra y con música de Joaquín Valverde Durán, sitúa la acción en el café Imparcial y en su tablao, con los personajes habituales del local. Cantaores, jaleadoras, la vendedora de periódicos, el cochero, mozos y parroquianos del café aparecen en esta obra escrita en verso que se compone de un acto y diez escenas.





Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“El teatro breve de Tomás Luceño” Julio Vidanes Díez.