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viernes, 8 de marzo de 2019

UN MURAL EN LA GRAN VÍA.

Homenaje a las mujeres que luchan por cambiar las cosas y crear una sociedad justa e igualitaria para todas las personas.


Fotografía: M.R.Giménez (2019)



Spok Brillor pinta este mural sobre la fachada del Palacio de la Música, en la Gran Vía de Madrid.


Fotografía: M.R.Giménez (2019)


Fotografía: M.R.Giménez (2019)


8 DE MARZO, DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER.




viernes, 8 de febrero de 2019

EL PARQUE DE EL CAPRICHO

Más de cincuenta años tardó en construirse este magnífico Parque de El Capricho de la Alameda de Osuna situado en Madrid. Su historia ha pasado por diversas fases, que van desde la grandeza al olvido, pero hoy ahí continúa.

¿Por qué el nombre de El Capricho? ¿Quienes fueron los arquitectos y artistas que intervinieron en su construcción? ¿Cuál es la historia de fray Arsenio, ermitaño que allí vivió y falleció? ¿Qué fantasías nos ofrece? A todas estas preguntas y a muchas más se da respuesta en este estupendo vídeo que hoy presenta Antiguos Cafés de Madrid.







Esta finca de recreo inició su construcción en el siglo XVIII. Los duques de Osuna compraron una propiedad llamada Jardín bajo de la Fuente de las Ranas y en ella comenzarían la edificación de tan precioso lugar. La duquesa Josefa Alonsa de la Soledad Pimentel, mecenas de artistas como el pintor Francisco de Goya, fue quien le puso el nombre de El Capricho.

Un jardín de diversos estilos: francés, inglés e italiano o más antiguo, contiene parterres y un singular laberinto, además de espléndidos árboles. Todo gira alrededor de su palacio neoclásico y otras construcciones como el casino de baile o el abejero, además de una multitud de caprichos o pequeñas edificaciones concebidas para admirar en el paseo.

Canales navegables con barcas, pequeñas isletas, estanques, fuentes... el agua no podía faltar en una finca que no sólo estaba pensada para el ocio, sino también para producir alimentos. Así, diversos árboles frutales, huertos y la elaboración de miel en el espléndido edificio del abejero proporcionaban una utilización de esta quinta que llegaba mucho más allá del simple descanso.

Familia de ilustrados, los duques de Osuna instalaron en El Capricho novedades tecnológicas, como el primer puente de hierro del país o la moderna maquinaria pensada para poner en marcha el agua de las rías navegables. 

martes, 20 de noviembre de 2018

CAFÉ DE LA ENCOMIENDA.


Quizá una de las calles más populares, costumbristas y parranderas de Madrid, durante las décadas finales del siglo XIX y las del inicio del XX, fue la antigua calle de la Encomienda, que todavía une El Rastro y la calle de Embajadores con el barrio de Lavapiés.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). La calle de la Encomienda


En esta de la Encomienda, en su número 16, estuvo desde el año 1908 el Teatro Nuevo con espectáculos de varietés, que en 1911 se convertiría en el Cine de la Encomienda y en los años cincuenta de pasado siglo pasó a ser el Cine Odeón, con nuevo y moderno edificio, que acaba de sucumbir bajo la piqueta.

Fotografía de la izquierda: viejo-madrid.es (1928). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). El Cine de la Encomienda y lo que hoy queda del Cine Odeón.


Un profesor de baile flamenco llamado Antonio Cansino Avecilla, tuvo en el número 10 de esta calle su estudio, allá por el año 1911. Con Cansino daría comienzo una saga de artistas, hijos y nietos, que emigrarían a los Estados Unidos de América en 1913. Su nieta, Margarita Carmen Cansino, que había comenzado su carrera con el nombre de Rita Cansino, sería conocida mundialmente como Rita Hayworth.

Fotografía de la izquierda: noticiariocentrodeandalucia.wordpress.com. Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). Antonio Cansino Avecilla con su nieta Rita Hayworth. Casa nº 10 de la calle de la Encomienda, donde este profesor de baile tenía su estudio.


Una calle tan animada como la de la Encomienda, a la que tampoco faltaba una Casa de Socorro en su número 21, no podía carecer de un café.


El local del número 19 de la calle de la Encomienda siempre estuvo ocupado por alguna tienda de vinos, cervecería o chocolatería, sin contar con un nombre específico de negocio. A partir del año 1882 allí se instaló el Café del Brasil, que alrededor de 1887 pasó a llamarse Café de Barcelona, siendo por entonces propiedad de Francisco Fonz.


El flamenco se había popularizado en los años finales del siglo XIX y en las siguientes décadas alcanzaría gran relevancia. 
 

El Café de Barcelona de la calle de la Encomienda se convertiría en un café de cante y baile, alrededor del año 1892 y poco tiempo después pasaría a ser conocido en todo Madrid como el Café de la Encomienda.


Fotografía: M.R.Giménez (2018). La fachada del Café de la Encomienda en la miniatura de Miguel Yunquera.


Su pequeño salón rectangular era servido por camareras y tenía en el fondo un pequeño tablao con descoloridas cortinas rojas a los lados. Junto a este escenario una varilla con media docena de pares de castañuelas, al alcance de los artistas, y en un nivel inferior un desvencijado piano. Era un café popular y modesto, con paredes forradas de recomendaciones para la clientela: “Se reserva el derecho de admisión”, “Se prohíbe subir al escenario” o “Hagan nueva consumición en cada actuación”.


Los guapos, eran los encargados de mantener el orden en el interior del Café de la Encomienda. Eran perdonavidas que trabajaban también en locales de juego. En las épocas en que estaba prohibido tirar de la oreja a Jorge (jugar apostando dinero), estos individuos se buscaban la vida impidiendo alborotos en los cafés.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1904). Interior del Café de la Encomienda.

Muchos fueron los artistas flamencos que comenzaron sus carreras en este café, que perduraría hasta el inicio de la Guerra Civil Española (1936). Sus nombres y repertorio figuraban en las pizarras que, a modo de cartelera del espectáculo, solían ponerse a la entrada del local.


Enrique Lara (bailaor), Rafaela Valverde (cantaora) primero conocida como “Tanguerita” por su corta edad y luego como “Tanguera”, Antonio Pozo “Mochuelo”, que fue el primer cantaor en presentarse ante el público bien vestido y sin vara para hacerse son, o el guitarrista Ramón Montoya, que en el año 1919 parece que se hizo cargo de este café. 

Fuente: memoriademadrid.es (1910).


Un artista singular de este local de la calle de la Encomienda sería  Baltasar Mathé. Con el nombre artístico  de “Mate sin pies”, por tener amputadas las dos piernas a la altura de las rodillas, era un bailarín de gran habilidad. Actuó por todo el país, en Londres y en París, a lo largo de su carrera.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). Fachada actual de lo que fue el Café de la Encomienda.


El Café de la calle de la Encomienda sería el último de aquel Madrid flamenco en cerrar sus puertas. Tan sólo quedaría en las citas de las novelas de Pío Baroja y en la memoria de todos los artistas que por él pasaron, arriba de su escenario o formando parte del numeroso público que a él asistía. 




Fuentes:

Bibliotecavirtualmadrid.org
Hemerotecadigital.bne.es
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936” José Blas Vega.
Memoriademadrid.es
Noticiariocentroandalucia.wordpress.com
Viejo-Madrid.es

martes, 7 de agosto de 2018

FERNANDO DE CASTRO, UN FEMINISTA DEL SIGLO XIX Y SU FUNDACIÓN.


El resultado de la obra de Fernando de Castro proporcionó a las mujeres la posibilidad de realizar estudios para así conseguir su propia independencia, su libertad y emancipación, instruyéndolas en una formación profesional que incluso propiciaría su ingreso en la Universidad Central de Madrid, por primera vez en la historia.


Cuando en el año 1845 el franciscano Fernando de Castro llegó a Madrid para impartir clases de Historia, comenzaría su toma de contacto con pedagogos tan importantes como Antonio Gil de Zárate o Julián Sanz del Río, introductor del krausismo o movimiento intelectual que promovió la educación en España y que inspiraría la creación de la Institución Libre de Enseñanza.


Poco a poco De Castro se transformó en uno de los profesores con más prestigio, saltando de las clases en el Instituto de San Isidro a la Universidad Central de Madrid, de la que llegaría a ser nombrado Rector.


Confesor de la Reina Isabel II, Académico de la Real Academia de la Historia y  Senador, fueron algunos de los importantes cargos que ocupó, a la vez de formar parte de la Sociedad Abolicionista, entre los años 1870 y 1874, contra el tráfico de esclavos y la “libertad de vientre” o liberación de todos aquellos que nacieran de una mujer esclava.


Fue en esa misma época cuando Fernando de Castro se decidió a abandonar sus cargos dentro de la iglesia y fundó la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.
 

Preocupado por el bajo nivel cultural de la mujer, que en el caso de las clases sociales medias y altas sólo podía aspirar al matrimonio o al convento mientras que en las clases más populares la falta de instrucción segregaba a las trabajadoras a las tareas más duras y poco reconocidas, la Asociación para la Enseñanza de la Mujer tomó como prioridad la educación y la formación gratuita de aquel olvidado cincuenta por ciento de la sociedad.


Los resultados pedagógicos conseguidos por esta Asociación darían como consecuencia, por ejemplo, que dos de sus alumnas: Matilde Padrós Rubio y María Amalia Goyri Goyri, se convirtieran en las primeras mujeres que ingresaron como estudiantes en la Universidad Central de Madrid, consiguiendo sus respectivos doctorados en Filosofía y Letras con sobresaliente. 


En este hermoso vídeo se muestra el edificio, situado en la calle de San Mateo de Madrid, que fue sede definitiva de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer desde el año 1893. 




Fernando de Castro, un feminista del siglo XIX y su Fundación.
 



Veremos aquí su extraordinaria biblioteca Alfonsina, el espléndido patio porticado con elegantes columnas de fundición y las diferentes salas llenas de detalles que fueron clases de música, laboratorio, comedor de alumnas o parvulario, donde hoy tienen lugar numerosos actos y programas culturales promovidos por la Fundación Fernando de Castro.

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