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viernes, 21 de febrero de 2014

ZAHARA, EL CAFÉ MODERNO.

A finales del año 1926 estaba próximo a inaugurarse el Palacio Comercial de la avenida de Pi y Margall, número 9 (hoy Gran Vía, 31), de Madrid. El edificio, proyectado por el arquitecto José Miguel de la Quadra-Salcedo Arrieta-Mascarua y pensado para uso exclusivamente comercial, albergaría en su esquina con la calle de Mesonero Romanos el Café Zahara.


Fotografía: M.R.Giménez (2010)
Marquesina de lo que fue el café Zahara de la Gran Vía, esquina a la calle de Mesonero Romanos.


El Gran Café Zahara fue inaugurado el día 10 de abril de 1930. Propiedad de la Sociedad de Cafés y Cervecerías, fue diseñado inicialmente por los arquitectos: Secundino de Zuazo Ugalde, Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó (hijo del dramaturgo), como café, salón de té y cervecería. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
Fachada del café Zahara cuando fue inaugurado.

El Zahara se autodefinía como un café moderno, su decoración era sencilla y suntuosa, a la vez, en una mezcla algo extraña entre el bar americano, tan de moda entonces, y una jaima del desierto. 

Su estilo racionalista, de moda en el periodo de entreguerras, organizaba el espacio simétrica y dinámicamente utilizando formas geométricas simples y colores para diferenciar los espacios, que servían a la vez como decoración.

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
Salón de té. Un falso cactus y la tela del techo recuerdan al desierto.

El local se había dividido en distintos ambientes que comenzaban en un porche amplio, acogedor, donde se hallan instaladas mesas y sillas de mimbre. Sus grandes ventanales lo iluminaban con la luz de la calle y sobre ellos había una repisa en la que se habían colocado infinidad de tiestos de forma cónica que contenían todo tipo de plantas crasas. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
El porche luminoso, con muebles de mimbre y las plantas sobre los ventanales.

Todo el local estaba pintado en tonos suaves y poseía una hábil disposición de luces indirectas, atenuadas por cuadros de planchas de cristal opaco. Tanto las lámparas de la fachada exterior como las de las paredes interiores estaban formadas por pequeños triedros de cristal blanco que hacían más acogedor el ambiente.

Lo novedoso, en cuanto a la disposición del local, era un gran pasillo que dividía sus tres salones principales y facilitaba tanto el acceso a las mesas como el tránsito de los camareros y las comandas. Este espacio se enmarcaba con unas robustas columnas pintadas en tonos oscuros, brillantes y pulidos, que sostenían un techo con forma de bóveda de cañón. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)

En cuanto a las innovaciones tecnológicas, el café Zahara anunciaba reiteradamente tener siempre una atmósfera limpia gracias a sus potentes máquinas de impulsión y extracción de aire. La renovación del ambiente se hacía ocho veces diarias gracias a unos aspiradores que absorbían el aire viciado, purificándolo mediante filtros de carbón. La moderna maquinaria utilizada permitía calentar el espacio en invierno y refrigerarlo durante el verano.

Su cocina también aplicaba las innovaciones del momento. En ella todo se fabrica mecánicamente. Contaba con tostador de café, fábrica de hielo y un aparato para la esterilización de la vajilla y los demás utensilios. 

Fuente: ABC (1930)
La cocina del café Zahara.

Sin duda lo más espectacular del café Zahara era su equipo reproductor eléctrico de discos gramofónicos. El aparato de control estaba compuesto por amplificadores, filtros, motores para discos y una serie de llaves para el control de señales luminosas hallándose instalado en una cabina desde la que podían pronunciarse conferencias, tan solo aplicando al aparato un micrófono.

La instalación se completaba con treinta altavoces de bocina, estrategicamente situados y bien disimulados, perfectamente empotrados en la pared a una distancia determinada y recubiertos de una rejilla. De esta forma el sonido se propagaba por igual en todos los salones.

Dos meses después de su inauguración, el día 2 de junio de 1930, los clientes del Zahara pudieron escuchar un importante partido de futbol celebrado en Barcelona, que sería radiado en directo desde este café. Además, la noche del 24 de noviembre de 1932, se transmitió la función de despedida del por entonces famoso barítono Emilio Sagi Barba.

El Zahara también tuvo música en directo. En noviembre de 1933 la Orquesta Rusa de Balalaikas haría furor al repetir durante varios meses sus actuaciones y un año después triunfarían también los conciertos clásicos de la Orquesta Ibarra.

Quizá el espacio más singular del Zahara lo constituía el American bar Miami, anejo al café y según parece mayoritariamente visitado por extranjeros y turistas. 

Fuente: Memoriademadrid.es (1930)
El American bar Miami.

La moda de los bares americanos había llegado a Madrid al principio de los años 20 del siglo pasado y en el moderno café Zahara, no podía faltar. Así se habilitó el bar americano Miami, dotado de grandes y luminosos ventanales a la calle.

Su decoración sencilla y funcional había cambiado los divanes de los viejos cafés por tresillos y sillones con tapicería de dibujos geométricos simples, acompañados de mesas bajas con estructura metálica. Una barra semicircular, con taburetes altos, encajada en una bóveda de cuarto de esfera y una gran viga en forma de palmera, completaban la ornamentación del recinto en el que se podían degustar sus famosos cócteles.

Es muy posible que durante la Guerra Civil Española el café Zahara sufriera numerosos desperfectos, al igual que todos los establecimientos y viviendas de la Gran Vía de Madrid (que fue conocida por el nombre de avenida del Quince y Medio, por el calibre de los obuses con que el ejército fascista bombardeaba la zona). Así, el día 31 de octubre de 1940, se anuncia su reapertura y dos años después reanuda sus conciertos en directo con la Orquesta K.D.T.

Fueron numerosas las reformas que se acometieron en el café Zahara, a lo largo de su historia. 

Durante los años cincuenta, del siglo pasado, el café había perdido su decoración original y se había convertido en un anodino lugar iluminado por tubos de luz fluorescente de tonos rosados. Sus paredes habían sido pintadas en color crema y sus muebles de diseño racionalista habían dejado paso a sofás alargados que reposaban contra la pared. Aún así, seguía manteniendo una fiel clientela de tertulianos: Pintores, escultores, poetas y poetisas, dramaturgos y gentes de teatro.

En la década de los años setenta el Zahara volvió a renovarse y se convirtió en una cafetería acorde con los tiempos. El local se transformó por completo haciéndose más diáfano y agrandando su fachada de la calle de Chinchilla. Posteriormente, cuando internet comenzó a ser imprescindible, se habilitó también un moderno cibercafé en una de sus salas de la planta superior.

El día 31 de enero de 2010, el café Zahara cerró sus puertas. Parece que los altos alquileres del local imposibilitaron continuar con el negocio.

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Gran Vía, 31 esquina a la calle de Mesonero Romanos, en la actualidad. Ya no existe el café Zahara ni la lotería de Doña Manolita, que estaba junto a él.

Hoy es una tienda dedicada a la venta de ropa, como tantas otras de la Gran Vía de Madrid.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Base de datos del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Es.wikipedia.org

Los Antiguos Cafés de Madrid agradecen muy especialmente la colaboración del profesor Fernando Moreno Sanz para la realización de esta entrada.


miércoles, 12 de febrero de 2014

EL DIORAMA DE LA PLATERÍA DE MARTÍNEZ.

Allá por los años noventa del siglo XVIII, en lo que hoy es el Barrio de las Letras de Madrid, la calle de Moratín se llamaba de San Juan y la calle de la Alameda tenía por nombre el de Nuestra Señora de la Leche. Fue en el año 1792 cuando comenzó a edificarse el neoclásico edificio conocido por el nombre de Platería de Martínez que albergaría fábrica y escuela, propiedad del maestro platero Antonio Martínez Barrio (1750-1798) y con patrocinio de Carlos IV.

Fuente: Memoriademadrid.es (1836)
Dibujo de la fachada principal de Platería de Martínez, con toda su ornamentación inicial.

El inmueble de la Platería de Martínez no sólo fue conocido por la belleza de su fachada y por la espléndida producción de objetos artísticos que en él se realizaron, además de ser uno de los primeros edificios industriales de Madrid, también llegaría a ser célebre por acoger desde el día 9 de julio de 1838 a su famoso Diorama

Fuente: B.N.E. (1838)
Anuncio de la inauguración del Diorama.

El platero Martínez había fallecido en el año 1798 dejando como única heredera de sus bienes y fábrica a su hija, a punto de nacer, Josefa Martínez, quien diecinueve años después casaría con el militar Pablo Cabrero Cosculluela. Es a partir de entonces cuando empezó la remodelación del edificio de la Platería de Martínez, ampliando su extensión y abriendo una nueva fachada de tres alturas por la calle de la Alameda, número 1. 

Fue el arquitecto municipal Juan José Sánchez Pescador (que también proyectó las Casas de Cordero) quien tomó a cargo la realización del proyecto de agrandar el edificio de la Platería de Martínez por encargo de Pablo Cabrero, el nuevo director de la empresa. La nueva fachada de 258 pies de largo (79m.), clasicista y simétrica, se construyó en armonía con la ya existente de la calle de San Juan (hoy plaza de la Platería de Martínez). 

Fuente: Cartotecadigital.icc.cat
Plano de Madrid de Francisco Coello y Pascual Madoz.
Situación de la Platería de Martínez en el año 1848.

Las obras, que terminaron en el año 1836, dotaron al edificio de un nuevo almacén, ampliaron la vivienda de sus propietarios y proporcionaron un espacio para la instalación del novedoso espectáculo llamado Diorama

Fuente: Memoriademadrid.es (anterior a 1918).
Fachada principal de Platería de Martínez en el s. XX. Habían desaparecido los elementos ornamentales y la estatua de Minerva coronando las Artes.

Según Pascual Madoz la expresión diorama proviene de las palabras griegas: día, luz y visión, siendo el triunfo del arte de la perspectiva y el último término entre la ilusión y la realidad. 

Louis-Jacques-Mandé Daguerre, inventor también del daguerrotipo, había estudiado a fondo la sensación de profundidad de las imágenes e ideó en el año 1822 un paisaje tridimensional, ubicado ante un fondo en curva y pintado de tal forma que simulara un entorno real, a lo que añadió efectos de iluminación y puso por nombre diorama. Todo ello se expondría en una gran maqueta, que estaba acompañada por sonidos y otros oportunos efectos. 

Así pues, en el año 1838 llegó a Madrid el Gran Diorama – Octava Maravilla que dejó perplejos a los espectadores que poseían ocho reales para presenciar el espectáculo. Vino a instalarse en las nuevas y recién inauguradas dependencias creadas para tal uso de la calle de la Alameda, número 1, edificio de la Platería de Martínez, por iniciativa de su director Pablo Cabrero. 

En la parte principal del emplazamiento se podía contemplar el interior del suntuoso Monasterio de El Escorial, siendo sus principales vistas el coro, su bellísima iglesia y el magnífico panteón, todo ello ambientado por la música del órgano y una nube de incienso. Los espectadores podían apreciar como era el lugar durante el día y por la noche mediante la combinación de juegos de luces. Este escenario había sido realizado por el pintor teatral Juan Blandchard, siguiendo las técnicas de Daguerre. 

El diorama de El Escorial fue uno de los más célebres espectáculos de Madrid durante más de treinta años, perdurando hasta mucho después del fallecimiento de su impulsor Pablo Cabrero, en el año 1846. A partir de esa fecha la fábrica de la Platería de Martínez sería arrendada por los herederos a la Compañía General del Iris hasta su cierre, en el año 1867 y posteriormente el edificio se vendió al estado, en el año 1884, que lo convirtió en dependencias para el Ministerio de Hacienda. 

El fin de Diorama e inmueble llegarían al principio del siglo XX. 

La prensa anunciaba que desde el día 1 hasta el día 20 de junio de 1914, el diorama de El Escorial, que antiguamente estuvo en la Platería de Martínez, queda expuesto al público en el Palacio de la Exposición de Bellas Artes del Retiro (Palacio de Velázquez). Luego será enviado al extranjero.

El edificio de Martínez comenzó a languidecer por falta de mantenimiento en el año 1907. Su estado ruinoso hizo que se sacara a subasta pública y fuese adjudicado a un nuevo propietario que decidió construir sobre su terreno nuevos y modernos edificios. Así fue como se procedería a su demolición en el año 1918, respetando su fachada tras las numerosas quejas de los habitantes de Madrid. Sería el pintor Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923), quien reuniendo dinero de amigos y paisanos, comprase la fachada de la fábrica de Platería de Martínez para trasladarla al Círculo de Bellas Artes de Valencia, lugar donde parece se encuentra desmontada en la actualidad y desde entonces.

Fuente: Memoriademadrid.es (1918)
El edificio había sido demolido y sólo quedaba su fachada apuntalada.

Hoy día de la fábrica de Platería de Martínez tan solo queda el recuerdo de una placa y las marcas del lugar en donde estuvo su fachada, sobre la acera de la plaza que lleva su nombre.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La plaza de Platería de Martínez, en la actualidad. Sobre la acera se ven las marcas de los pilares y columnas de lo que fue la fachada de la Platería.

En el año 1923 se inauguró sobre el solar que ocupó la Platería de Martínez el Savoy Hotel.

Fuente de la fotografía de la izquierda: Archivo fotográfico de la Delegación de Propaganda de Madrid durante la Guerra Civil. Fotografía actual: M.R.Giménez (2014)
Fachada del Savoy Hotel, durante la Guerra Civil Española y en la actualidad. 

El Savoy fue bombardeado por la aviación fascista por ser la residencia de los asesores soviéticos a la República durante la Guerra Civil Española. Este edificio fue reconstruido con posterioridad y hoy está dedicado a otros usos.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
“En el segundo centenario de la Fábrica de Martínez”. Fernando A. Martín.
Archivo fotográfico de la Delegación de Propaganda de Madrid durante la Guerra Civil.
“El diorama de la Fábrica Platería Martínez: La representación del Monasterio del Escorial” Mónica Carabias Álvaro.
“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones en ultramar” Pascual Madoz Ibáñez.
Es.wikipedia.org

Cartotecadigital.icc.cat

domingo, 2 de febrero de 2014

EL CAFÉ DE EL DIVÁN Y J.C. WALKEN DE LA CALLE DE SEVILLA.

La configuración actual de la corta y monumental calle de Sevilla (antes llamada Ancha de los Peligros) de Madrid, data de finales del siglo XIX. En sus admirables edificios vinieron a instalarse suntuosos comercios relacionados con la joyería (Sainz), la relojería (Alberto Maurer), bisutería y complementos (Casa Thomas) y, por supuesto, importantes cafés.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Aspecto actual de la calle de Sevilla, esquina con la calle de Alcalá.

El café de El Diván estuvo situado en el número 16 (hoy nº 6) de la calle de Sevilla, junto al popularísimo café Suizo y abrió sus puertas el día 21 de septiembre de 1891 haciendo una caja de 367’55 pesetas, que fue entregada íntegramente a una comisión de representantes de la prensa que recaudaba fondos para repartirlos en los entonces necesitados barrios y arrabales madrileños de La Guindalera, Prosperidad, Pacífico, Plaza de toros y Ventas del Espíritu Santo, Carabanchel, Vallecas, Pozuelo y del río Manzanares.

Fuente: lahistoriadelapublicidad.com

Un suceso muy significado en la prensa, a los pocos días de la inauguración de este café, fue el tremendo apagón protagonizado por la Compañía Madrileña de Electricidad, que había sido fundada tan sólo dos años antes (1889). Una avería en el suministro dejó sin luz a toda la zona centro de Madrid interrumpiendo las funciones del teatro Eslava, el circo Parish y también a cafés como El Diván, en el que los parroquianos tuvieron que alumbrarse con cerillas o poniendo velas en las botellas. El establecimiento presentaba un aspecto fúnebre y algunos aprovecharon la ocasión para tomar distraídamente la puerta, olvidándose de pagar el gasto. El público estaba silencioso y meditabundo, tanto en el café como en la calle, hondamente preocupado con aquel accidente.

El café de El Diván era también cervecería y contaba con los servicios del cocinero Waldo Sánchez García quien a media tarde y a la salida de los teatros: Real, de la Comedia, Español, Zarzuela y Apolo, preparaba los famosos “lunchs” de El Diván para que los espectadores de aquellos pudieran saborear los exquisitos manjares a los que no podría oponer ningún reparo el gourmet más exigente.

Fuente: B.N.E. (1894).

La parroquia asidua de El Diván estaba compuesta por grupos heterogéneos. Cómicos, toreros, novilleros y sus representantes, políticos, periodistas y escritores tenían allí sus tertulias. 

José Francos Rodríguez, posterior alcalde de Madrid en dos ocasiones, sería recibido con una tremenda ovación de todos los concurrentes al café de El Diván tras haber dimitido como concejal, en noviembre de 1895, por oposición a Nicolás de Peñalver Zamora – El conde de Peñalver- y alcalde de Madrid en ese momento.

El escritor Felipe Pérez González, que compuso el libreto de la zarzuela “La Gran Vía”, escribió “Un cuento viejo y un año nuevo”, que publicaría para celebrar la entrada del año 1893, haciendo referencia a este café:

“Agapito es un “gorrón” / sin la menor aprensión / que pide si no le dan, y concurre a una reunión / en el café del Diván…

Una tertulia de escritores, poetas y periodistas muy famosa tuvo asiento en este café y estuvo compuesta por Antonio Palomero Dechado (“Gil Parrado”), Joaquín Dicenta Benedicto, Marcos Zapata Mañas, Manuel Paso Cano, Luis Gabaldón Blanco y Federico Canalejas Fustegueras a los que se unió también Ramón Valle y Peña, más conocido por Ramón María del Valle-Inclán, al regresar de su viaje por América, momento en que comenzaría a utilizar chistera de alas planas, levita entallada, chalina (bufanda) y dejó crecer su larga barba. 

Al café de El Diván también iban muchos cómicos en busca de trabajo y de algún azucarillo que tomar como única comida del día. Por la noche, tras el cierre del establecimiento, permanecían en la acera paseando desde su puerta hasta la entonces conocida como “Relojería Walthan”, propiedad de Alberto Maurer y situada en la esquina de la calle de Sevilla con Las Cuatro Calles (hoy plaza de Canalejas).

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La calle de Sevilla, número 6 (antes 16), con fachada de tonos rojizos.

El café de El Diván cerró en los primeros años del siglo XX, siendo sustituido por el llamado “Almacén de Tejidos Nacionales y Extranjeros” que vendía popelinas, panamás, batistas y percales estampados, entre otros géneros.

En la parte superior del mismo edificio de la calle de Sevilla, número 16, donde estuvo situado el café de El Diván fue a instalarse Fotografía Walken

Fuente: B.N.E. (principios del s. XX)
La calle de Alcalá en su confluencia con la calle de Sevilla. Aún existía el café Suizo, en la esquina. El café de El Diván había sido sustituido por el "Almacén de Tejidos". Sobre el tejado se lee "Fotografía Walken".

José Calvache Gómez de Mercado, que firmaba sus trabajos como J.C. Walken, abrió su gran estudio de fotografía en la calle de Sevilla alrededor del año 1910. Artista por temperamento y fervientemente enamorado de la belleza retrató a toda la escena española, toreros como Diego Mazquiarán “Fortuna” y eminentes escritores como Jacinto Benavente, colaborando de forma habitual con el semanario “Mundo Gráfico”, entre otras publicaciones.

Fuente: B.N.E. (1914)
El estudio de Fotografía Walken.

Walken obtuvo numerosos galardones internacionales por sus fotografías, interviniendo también en el mundo del cine. Fue director de las películas “El niño de las monjas” (1925) y “Charlot español, torero” (1929).




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Es.wikipedia.org
Memoriademadrid.es

Agradecimiento muy especial para www.lahistoriadelapublicidad.com/blog.php por la aportación de material para la confección de esta entrada al blog.

martes, 14 de enero de 2014

MANUEL GARCÍA SICHES, EL OLVIDADO INVENTOR DEL LARINGOSCOPIO.

Desde que en el año 1855 el madrileño Manuel García diera a conocer su laringoscopio en la Royal Society of London del Reino Unido, este inventor ha pasado en múltiples ocasiones de los frenéticos homenajes al más contumaz de los olvidos. 

Fuente: Johnsingersargent.org
Retrato de Manuel García Siches pintado por John Singer Sargent (1905). 

Manuel Patricio Vicente Rodríguez Siches, que cambió su primer apellido por el de García, nació el día 17 de marzo de 1805 en una casa de la calle del Limón Baja o del Limoncillo (hoy travesía del Reloj) que hacía esquina con la calle de la Puebla Nueva (hoy llamada de Fomento). El inmueble, aún existente, no sólo ha visto variar los nombres de las calles que lo acogen, sino también la ubicación del portal que le daba acceso (en 1805 la entrada de la finca se situaba en el número 19 de la calle del Limón Baja y hoy se accede a la misma por el portal número 35 de la calle de Fomento). 

Fuente: Foto izquierda B.N.E. (1921). Foto derecha M.R.Giménez (2014).
Edificio de la calle de Fomento, esquina a la travesía del Reloj, donde nació el inventor del laringoscopio. En la fotografía de la izquierda aún no se había puesto la placa dedicada a Manuel García.

Toda la familia de Manuel García (Rodríguez) Siches se dedicaba a la ópera, viajando continuamente por Europa y América. Su padre fue el brillante tenor conocido con el nombre de Manuel del Populo Vicente García (Manuel Rodríguez Aguilar) que también ejercía como notable y férreo maestro de canto, compositor y empresario artístico. Su madre, Joaquina Siches, sería conocida en el mundo operístico por su segundo apellido, “La Briones”. María Felicia García “La Malibrán” y Micaela Paulina García “La Viardot” fueron sus hermanas, igualmente dedicadas al canto como mezzosoprano y soprano, respectivamente.

Manuel García estudió armonía en París y residió con su familia en varias ciudades europeas, en Estados Unidos y en Méjico, debutando como barítono en la ciudad de Nueva York en el año 1825. Las malas críticas recibidas por su apagada y desagradable voz le hicieron desistir de su carrera operística para dedicarse a la enseñanza del canto, alistándose en el año 1830 en el Ejército Expedicionario Francés, donde comenzaría sus estudios anatomofisiológicos de la laringe. Compaginó su aprendizaje con la publicación de varios volúmenes sobre la enseñanza del canto, técnica aprendida de su padre, que servirían como manuales a los profesores especializados en diversas partes del mundo. En España no se editarían hasta un siglo después de su aparición.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Placa de 1924, con el anexo inferior de 1955, en la travesía del Reloj, en la actualidad.

Desde la década de los años cuarenta del siglo XIX Manuel García residió en París y en Inglaterra, siendo nombrado profesor de la Royal Academy of Music y del Royal College of Music de Londres. Fue en esta ciudad donde concebiría la idea de observar el funcionamiento de la laringe durante el momento en que se emiten los sonidos; para ello proyectó, con la ayuda de un espejo de dentista con el mango más largo y ayudado por otro que recibiría la luz natural, el primer rudimento de laringoscopio con el que poder observar el funcionamiento de ese conducto y de la parte superior de la tráquea en personas vivas. Para evitar el empañamiento de los espejos de antemano eran sumergidos en agua caliente.

Fuente: “Manuel García, profesor de canto e inventor del laringoscopio y precursor de la laringoscopia (1805-1906)”. A. Pérez de Urbina, A. Pérez Trullén
Laringoscopio original del profesor Manuel García Siches.

Hasta 1855, año en que el profesor Manuel García presentó su invento en la Royal Society, las afecciones de la laringe únicamente se detectaban mediante el tacto digital. El carácter tranquilo y metódico de García le propició continuar con el perfeccionamiento de su laringoscopio que hasta el año 1857 no sería reconocido con el interés debido, ya que el uso de la luz del sol como único foco para la visualización hizo desestimar el proyecto en varias ocasiones (el reflejo del sol podía producir quemaduras al paciente o la ausencia de luz natural imposibilitaba la realización de la prueba). Posteriormente el médico alemán Johann Nepomuk Czermak (1828-1873) tomaría en consideración el laringoscopio de Manuel García, perfeccionando el sistema para la utilización de luz artificial y su reflejo en un espejo oftálmico perforado en su centro. El invento y la laringoscopia (examen interior de la laringe) obtendrían el éxito reconocido a nivel mundial a partir de entonces. Hasta el año 1862 esta técnica no sería introducida en España. 

A partir de la década de los años 70 del siglo XIX diversas universidades, asociaciones médicas y multitud de prestigiosos doctores especialistas en las enfermedades de garganta, reconocieron al profesor de canto Manuel García Siches la importancia de su aportación a la ciencia. 

En el año 1895, a los noventa años de edad, Manuel García se jubilaba de su labor docente en la ciudad de Londres, donde fallecería once años después en pleno uso de sus facultades.

Más no será hasta el día 13 de abril de 1924 la fecha en que se le rinde homenaje en España. Ese lunes, a las cuatro de la tarde, se descubrió la placa existente hoy en la travesía del Reloj, esquina a la calle de Fomento de Madrid, obra del escultor Rafael Vela del Castillo. En ella se representa el busto de “Manuel García, inventor del laringoscopio” copiado del cuadro que John Singer Argent, destacado retratista estadounidense, que se pintó con motivo del centésimo aniversario del inventor. 

Fuente: ABC (1924).
Aspecto de la placa original, sin el añadido del año 1955.

Tres décadas después, en el año 1955, al cumplirse el centenario de la Sociedad Española de Otorrinolaringología se añadió a la placa ya existente, tapando su remate original, un modesto rótulo para recordar los cien años del descubrimiento del laringoscopio.



Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Memoriademadrid.es
Johnsingerargent.org
Es.wikipedia.org
Revistadepatologiarespiratoria.org
“Manuel García, profesor de canto e inventor del laringoscopio y precursor de la laringoscopia (1805-1906)”.  A. Pérez de Urbina, A. Pérez Trullén


martes, 31 de diciembre de 2013

PARA TODOS Y TODAS.

EN LOS ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID NOS TOMAREMOS LAS UVAS PENSANDO EN QUE SÍ SE PUEDE.

¡¡¡ FELIZ Y AFORTUNADO AÑO 2014 !!!

Foto: M.R.Giménez (2013)
El señor orondo de la calle de Postas, con su loro al hombro.

viernes, 20 de diciembre de 2013

BARES AUTOMÁTICOS EN MADRID. TÁNGER Y TOKI-ONA.

Las máquinas de café o refrescos, las expendedoras de comida rápida o de dulces que hoy son frecuentes un lugares públicos y centros de trabajo, serían un resumen moderno de lo que fueron en su día los bares automáticos que se abrieron en Madrid durante la segunda mitad de los años treinta del siglo XX. Aunque hay noticias en la prensa sobre la instalación de un pequeño bar automático en el vestíbulo del malogrado teatro Novedades de Madrid, alrededor del año 1902, de resultado efímero. 

Los primeros bares automáticos estaban dotados de un mecanismo muy simple y eran deficientes en su funcionamiento al introducir la moneda por la ranura señalada con el rótulo del manjar o la bebida que se apetece, y no suele salir nada. Sus defectos de funcionamiento y la picaresca para burlar sus dispositivos los hicieron fracasar, en un primer momento. Al final de la década de los años veinte se ideó en Alemania un distribuidor automático a prueba de monedas falsas basado en los más perfectos modelos norteamericanos, y a partir de entonces el negocio de los automáticos iría en aumento en toda Europa, llegando a Madrid en 1935.

El primero de estos establecimientos inaugurado en la Villa fue el Bar automático Tánger, en la avenida de Pi y Margall, número 11 (hoy Gran Vía, 33).

Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual de la esquina de la Gran Vía con la calle de Mesonero Romanos, donde estuvo el Bar automático Tánger.

En la esquina de la Gran Vía con la calle de Mesonero Romanos vino a instalarse el Tánger, en la primavera del año 1935, dejando boquiabiertos a los que por su acera pasaban. Lo moderno llegaba, por fin, aunque los parroquianos de los cafés “de toda la vida” se convertirían en detractores del nuevo sistema. 

Fuente 1ª fotografía: Memoriademadrid.es (1935). 2ª fotografía: M.R.Giménez (2012)
A la izquierda la puerta de acceso del Bar automático Tánger. A la derecha, en la actualidad.

Obra del arquitecto Alberto López de Asiaín, del pintor Vicente Otero y del ebanista Julián García, solicitaba para su inauguración bebidas, conservas y toda clase de suministros directamente de productores sin intermediarios en anuncios de prensa durante el mes de mayo de 1935.

Fuente: Memoriademadrid.es (1935)
Interior del Tánger, desde la puerta de acceso. A la derecha, las máquinas expendedoras.

El local tenía una planta baja, con acceso desde la calle, en la que se encontraban las máquinas expendedoras y la barra del bar, con camareros. En su sótano se instalaron la cocina, el obrador, almacenes, aseos y otras dependencias del negocio. 

Los automáticos están calculados con arreglo al espesor, peso y diámetro de nuestras monedas, y cualquier pieza extraña no llega al mecanismo distribuidor, por lo que no puede existir el fraude. El Tánger tenía más de medio centenar de trabajadores con lo que las máquinas y la mecanización son una reivindicación total al esfuerzo primitivo, sin el doble esfuerzo manual que antes se realizaba.

Este negocio no se había ideado como café de tertulia sino como un bar de comida rápida que se consumiría de pie, en la barra o en los mostradores instalados a lo largo del recinto.

En el mes de enero de 1936 se anunció la inauguración de un servicio de restaurante cuyo cubierto, al precio de 3’90 pesetas, constaba de tres platos, cerveza o vino, postre y pan, además de continuar con las máquinas expendedoras.

El bar automático Tánger formó parte de las industrias socializadas por los trabajadores del Sindicato de Alimentación y Gastronómicos, durante la Guerra Civil Española. En el año 1948, el local anunciaba en la prensa su cierre y traspaso, finalizando para siempre su actividad.

Fuente: Memoriademadrid.es (1935)
Interior del Tánger con la puerta de acceso al fondo. La barra con camareros se situaba a la derecha y se observa la entonces novedosa iluminación indirecta.

En los llamados entonces “barrios bajos” de Madrid, concretamente en la plaza del Progreso (hoy plaza de Tirso de Molina), número 2, se inauguró en el mes de agosto de 1935 el Bar automático Toki-Ona.

Fuente: B.N.E.
Inauguración del Bar automático Toki-Ona, el día 1 de septiembre de 1935.

El Toki-Ona (nombre vasco que significa “Buen Sitio” en castellano), era propiedad de José Usera y Santiago Artola. Sus máquinas expendedoras automáticas fueron fabricadas por Construcciones Mecánicas Mundo e instaladas por Adolfo Ruiz de los Ríos, diseñador de las mismas.

Fuente: Fuenterrebollo.com (1933)
En el recuadro aparece el lugar donde dos años más tarde se inauguraría el Bar automático Toki-Ona.

El local tenía barra con camareros, pero carecía de obrador; su pastelería, repostería y panadería procedían de Viena Capellanes (establecimiento propiedad de la familia del escritor Pío Baroja, durante sus inicios).

La apertura del Toki-Ona fue todo un acontecimiento en Madrid ya que la española Alicia Navarro, elegida ese mismo año Miss Europa, fue la encargada de inaugurar el local y su jardín de verano, que servía también como restaurante.

Fuente: B.N.E. (1935)
En la fotografía aparece Alicia Navarro "Miss Europa", junto a las máquinas expendedoras del automático, el día de la inauguración del bar.

Pocos meses antes del comienzo de la Guerra Civil Española, el Aero Popular de Madrid (primer grupo español de vuelo sin motor) daría un homenaje en el Toki-Ona al entonces afamado piloto Antonio Menéndez Peláez, primero en sobrevolar el océano Atlántico desde Camagüey (Cuba) hasta Sevilla (España), en un avión monomotor de cabina abierta.

El Toki-Ona también sería socializado por los trabajadores del Sindicato de Alimentación y Gastronómicos, al igual que el Tánger, durante la Guerra Civil. En 1940 aún organizaba cenas con espectáculo.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Urbanity.es
Fuenterrebollo.com

Memoriademadrid.es

viernes, 13 de diciembre de 2013

CAFÉS DE LA ANTIGUA PUERTA DEL SOL DE MADRID.

La Puerta del Sol es, pues, el laboratorio político-cortesano, económico-social, científico y literario de Madrid…
“El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa”. Ramón de Mesonero Romanos. (1861)



Las obras de remodelación de la Puerta del Sol, cuya estructura hoy conocemos, se realizaron entre los años 1857 y 1862 con proyecto de los ingenieros/arquitectos Lucio del Valle Arana, Juan Ribera Piferrer y José Morer Abril. Sus 5.069 m2. de superficie se convertirían tras la remodelación en 12.320 m2.

Fuente: Bibliotecavirtualmadrid.org
Sección del proyecto aprobado de las obras de la Puerta del Sol. Las líneas finas muestran la configuración de las calles tal y como estuvieron hasta el inicio de la obra.

Todas las calles que en ella confluían, a excepción de las del Correo y Carretas, perdieron el espacio de los edificios de sus primeros tramos para dar amplitud a la nueva Puerta del Sol y disponer su forma semicircular. También desaparecieron las antiguas y estrechas calles de Cofreros y de la Zarza. Los nuevos edificios proyectados darían más anchura a las calles del Arenal, Preciados y Carmen.

Recorte de la fotografía: Charles Clifford (1857). Fuente: B.N.E.
(1) Taller de "Litografía de los Mineros".
Así era la antigua Puerta del Sol.

Los dos cafés más importantes de la antigua Puerta del Sol fueron el de Correos y el de Minerva. Se encontraban en puntos opuestos, uno cerca del inicio de la calle del Arenal y el otro cerca del principio de la calle de Alcalá.

Recorte de la fotografía: Charles Clifford (1857). Fuente: B.N.E.
El café de Correos aparece remarcado. Frente a él la "Principal", la entrada de la Casa de Correos.

En la manzana de casas comprendida entre las calles del Arenal y Preciados (que en medio alojaba a la diminuta calle de los Cofreros), frente a la Principal (puerta de acceso a la Casa de Correos), se inauguró el café de Correos en el año 1830.

Sabemos que durante la década de los años cuarenta del siglo XIX, fue propiedad de Isidro Miranda, dueño también de una empresa de diligencias con servicio al municipio de El Escorial, entre otros lugares, y que en este café se vendían los billetes para los viajes de esa compañía.

En el año 1847 Miranda abrió un nuevo y afamado café, que también sería fonda, denominado café de Correos, en pueblo de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Hoy el lugar existe manteniendo la denominación de “Miranda” y continúa siendo café, famoso por sus picatostes, y hotel. 

El café de Correos de la antigua Puerta del Sol tenía una parroquia de estudiantes y militares. Era un lugar bien situado en el centro de Madrid y, como tantos otros de la época, prácticamente no cerraba nunca. A finales del año 1855 y principios de 1856 la prensa da noticia de las redadas que la policía llevó a cabo en este café, deteniendo a toda su clientela. Eran los tiempos del delegado del gobierno Carlos Marfori Callejas, al parecer amante de la reina Isabel II y uno de los protagonistas de “Los Borbones en pelota”, sátira atribuida a los hermanos Béquer (Gustavo Adolfo y Valeriano). Marfori se propuso limpiar los cafés de Madrid de buenas piezas, para lo que no dudó en utilizar a las fuerzas del orden para arrestar indiscriminadamente a más de cincuenta personas cada noche. 

En el de Correos se reunía la Comisión de propietarios de las casas de la Puerta del Sol y calles adyacentes afectadas por la reforma que se llevaría a cabo, con el fin de compartir información y debatir sobre las indemnizaciones pertinentes.

El café desapareció bajo la piqueta que demolió la casa número 22 y las circundantes, llevándose consigo el famoso taller de “Litografía de los Mineros” de la calle de Preciados, esquina con la Puerta del Sol o la “Botica del señor Lletget”, que tenía fachada por la calle del Arenal. Con el tiempo, en la nueva Puerta del Sol se establecería otro café de Correos mucho más moderno.

Fotografía de Charles Clifford (1853). Fuente: Historias-matritenses.blogspot.com
Aparece remarcado el café de Minerva y a la derecha el inicio de la calle de Alcalá.

En el número 2 de esta antigua Puerta del Sol estaba el café de Minerva. Con el mismo nombre hubo otro anteriormente, en la calle de Atocha, número 28, frente a la iglesia de San Sebastián, café con pianista y lugar de encuentro para los estudiantes de la entonces Facultad de Medicina de San Carlos, situada en la misma calle. 

Ninguno de los cafés de Minerva dieron noticias a la prensa por acontecimientos de especial relevancia. Eran lugares tranquilos, no demasiado grandes y estaban considerados como cafés de segunda clase. 

Del Minerva de la Puerta del Sol sabemos que fue inaugurado poco antes del comienzo de las obras de remodelación de la zona. Tenía dos ventanucas a la acera, tapadas por humildes pero frescas persianas de paja. Su parca decoración constaba de torneadas sillas de Vitoria (con asiento de enea), mesas de pino y un techo decorado por el pincel abstracto de los quinqués de petróleo. Cerró cuando fue derribada la casa que lo acogía y las aledañas, al igual que la peluquería de “Santos de la Pinta” que ocupaba el segundo piso del edificio, la sastrería de “L. Blanco” (Luis Blanco), de la casa aneja o del sombrerero “Campo”, situada dos números más arriba del café.

La antigua Puerta del Sol desapareció para siempre dejando únicamente en pie el edificio de la Real Casa de Correos (1768) y el inmueble de viviendas que hace esquina con la calle de Espoz y Mina inaugurado en 1856, un año antes del comienzo de las obras para la transformación de la zona.





Fuentes:

Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Bibliotecavirtualmadrid.org
Historias-matritenses.blogspot.com

Bne.es