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jueves, 29 de mayo de 2014

EL BAR ¡ALEGRÍA! Y SU MOSTRADOR.

El antecedente de lo que hoy conocemos como la plaza de Canalejas de Madrid fue llamado popularmente, que no de manera oficial, Las Cuatro Calles. El lugar era una encrucijada entre la Carrera de San Jerónimo y las calles de Sevilla, del Príncipe y de la Cruz. En el año 1912 comenzaron los derribos de las antiguas casas para configurar esa nueva plaza que por acuerdo del ayuntamiento, en el mes de noviembre de ese mismo año, vendría a llevar el apellido del que fuera Presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas Méndez (1854-1912).

En un año impreciso y anterior a 1910, abriría en Las Cuatro Calles el bar llamado ¡Alegría! famoso en todo Madrid por sus bajos precios, sus panaux (murales) decorativos con caricaturas de políticos y personajes célebres del momento y por su servicio muy decente. El bar ¡Alegría! pronto inauguró sucursales; una de ellas, la situada en la calle de Atocha, 113 (hoy glorieta del Emperador Carlos V – más conocida como glorieta de Atocha – número 8), tuvo en su recinto un modernista y tecnológico mostrador.

Fuente: Viejo-madrid.es (1911)
El bar ¡Alegría! de Atocha y su magnífico mostrador modernista.

La noche del domingo día 9 de julio de 1911 abriría al público este segundo ¡Alegría! instalado en Madrid. El bar, artísticamente alumbrado y con una amplitud extraordinaria, estaba dividido en dos secciones: el salón para degustaciones y la zona del mostrador. 

Fuente: B.N.E. (1911)
Aspecto del salón para degustaciones.

El bar ¡Alegría! estaba dotado de la más moderna maquinaria construida e instalada por la Casa A. Vázquez del Saz, de la calle Zurbano. Su cafetera marca “Ideal” con presión de 1,5 atmósferas pasa el agua dos veces por la masa del café arrastrando todos sus aceites esenciales, lo que se traduce en el mayor aprovechamiento del mismo. Lo sorprendente, por entonces, era que el café se preparase en el acto y a la vista del público, al precio de 20 céntimos de peseta la taza.

Los aparatos de luz eléctrica habían sido fabricados por la misma Casa de la cafetera “Ideal”, así como también su famoso mostrador

Fuente: B.N.E. (1911)
Sobre el mostrador se aprecia la saturadora para el agua de seltz y tras éste el mueble niquelado para toneles. 

La barra o mostrador del bar ¡Alegría! era, como todo el decorado, de estilo modernista. Tenía varios grifos para las distintas clases de bebidas y, al estar dotado de cámara frigorífica y depósitos para hielo, expendía directamente los refrescos fríos. Varios fregaderos con inyectores de agua propiciaban una limpieza automática de los vasos utilizados.

Sobre el mostrador se podía ver la saturadora de marca “Hispania”, para la producción de agua de seltz y tras él había un originalísimo mueble de metal niquelado, para la colocación de toneles.

Fuente: B.N.E. (25.12.1912)
¿Quién sería I.G.G.?

Un enigmático anuncio, encontrado en la prensa del mes de julio de 1912, proponía una subrepticia cita frente al bar ¡Alegría! de la calle de Atocha. Allí estaré yo.

Fuente: Memoriademadrid.org (años 20 del siglo XX).
Fragmento de fotografía de la calle de Sevilla, 3 en donde estuvo la sucursal del ¡Alegría!, junto a Casa Thomas, en el edificio de La Equitativa. 

Una tercera sucursal del bar ¡Alegría! se abriría al público el día 10 de junio de 1913, a las 8 de la mañana, en la elegante calle de Sevilla, número 3 –contiguo a Casa Thomas (importante bazar)- . Para la promoción del nuevo local los periódicos anunciaron el regalo de seis mil objetos para los seis mil primeros clientes que realizaran una o más consumiciones en esta casa.

Fotografía: Charles Chusseau-Flaviens (años 20 del siglo XX).
El café-bar ¡Alegría! y Casa Thomas de la calle de Sevilla, con ambiente de toreo.

Parece que la parroquia de este nuevo bar ¡Alegría! estaba formada por gentes del toreo y cómicos que, al igual que en las otras sucursales y por tradición, no debían dejar propina al abonar sus consumiciones.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Aquí estuvo el bar ¡Alegría! de Atocha, hasta el año 1960.

De los tres locales abiertos del bar ¡Alegría! en el centro de Madrid el que más perduró fue el de Atocha, que hoy corresponde con el número 8 de la glorieta. Las últimas noticias encontradas en la prensa sobre este negocio datan del año 1960. Un año después, en el mismo lugar, se inauguraría un nuevo bar llamado El Brillante.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
geh.org/fm/chusseau-flaviens
Memoriademadrid.es
Viejo-Madrid.es
Es.wikipedia.org

martes, 20 de mayo de 2014

DE CAFÉS Y SEDERÍAS EN EL Nº 6 DE LA CALLE DE CARRETAS.

Según escribía Ramón Gómez de la Serna allá por los años treinta del siglo pasado, esta calle es en la que se saluda mejor a toda la población, refiriéndose a la de Carretas de Madrid. Naturalmente la cosa ha variado mucho desde entonces; sin embargo en ella prosigue el ir y venir constante de todo tipo de gentes que se entremezclan con el tráfico y no ha decaído un ápice en su tradición comercial. En esta de Carretas, que mantiene su nombre desde el siglo XVI, se instalaron famosas librerías (Escamilla, El Libro de Oro, Cuesta o la de Nicolás Moya, que aún perdura), tiendas de objetos de goma, las mejores ortopedias como la inmortal Galeán, joyerías, el famoso Bazar X, sederías y, por supuesto, sus famosos cafés.


Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Aspecto actual de la calle de Carretas, con la Puerta del Sol al fondo.

Una de las casas de esta calle de Carretas que merece especial atención es la situada en el número 6, hoy convertida en un insustancial edificio que en nada recuerda al Café del Siglo que allí fue inaugurado en los años cincuenta del siglo XIX.

Fotografías: M.R.Giménez (2014)
A la izquierda la fachada ocre y anodina del actual nº 6 de la calle de Carretas y a la derecha su interior, lo único que perdura de lo que fue el edificio.

Este café del Siglo tuvo fama de ser uno de los mejor alumbrados de Madrid, cuando la luz de gas comenzaba a implantarse en los locales públicos de la Villa. Coexistió con otro del mismo nombre, situado en la calle Mayor, pero de distinto dueño. 

Era este un café grande, que también tenía acceso por la trasera y estrecha calle de la Paz. Entre sus dos pisos se repartían numerosos veladores y divanes, acompañados por grandes espejos sobre las paredes, contando también con varias mesas de billar. Muchas fueron las obras de remodelación de este café del Siglo, una por cada cambio de dueño, durante los años 1864, 1883 y 1890. Pero quizá al estar situado junto al mítico Café y botillería de Pombo -donde años después Ramón Gómez de la Serna institucionalizaría su Sagrada Cripta- nunca terminó de funcionar.

En el mes de marzo de 1890 se estableció en este café una casa de juego, actividad prohibida en esos momentos, repartiéndose por todo Madrid tarjetas elegantemente impresas para anunciar ese nuevo pasatiempo. Una de ellas fue a parar a manos del gobernador civil, que de inmediato allí envió a las fuerzas del orden para detener a todo el que estuviera infringiendo la ley. Veintiocho parroquianos fueron arrestados mientras jugaban tranquilamente a la lotería. Todos ellos, acompañados del bombo y demás utensilios de la industria, fueron conducidos al gobierno civil.

Parece que las múltiples deudas y una paulatina falta de clientela dieron al traste con el café del Siglo, que a principios de los años noventa del siglo XIX vería subastados todos los enseres. Lunas, rinconeras, espejos embutidos en la pared, mesas cuadrilongas y veladores redondos fueron valorados en 3.808 pesetas.

El Gran Restaurant Parisién vendría a instalarse en el número 6 de la calle de Carretas, por poco tiempo, reemplazando al viejo café. 

Fuente: B.N.E. (1893).
Anuncio del efímero Gran Restaurant Parisién, instalado en la calle de Carretas, nº 6.

El día 25 de enero de 1899 abriría sus puertas el magnífico Café de la Paz, propiedad del conocido industrial y concejal del ayuntamiento Julián Uruburu Goiri (que antes fue dueño del café de San Millán).

Fuente: B.N.E. (1904)
La fotografía corresponde a la remodelación del café que tuvo lugar en el año 1904.

Tenía el café de la Paz un primer salón al que le seguía otro que puede denominarse de “Los espejos”. Su decorado delicado y exquisito estaba compuesto por hermosos tapices de color salmón, con bordados artísticamente hechos a base de sedas de colores, que cubrían las paredes laterales. El mobiliario y toda la ornamentación era de estilo Luis XVI. Techos y columnas se hallaban adornados con finísimas pinturas que, con el moblaje cómodo y rico y la gran profusión de luz eléctrica junto a nuevos mecheros de gas, imprimen al lujosísimo salón un tono de color grandioso y elegante.

Con precios que oscilaban entre las 4 pesetas para un almuerzo y una peseta más para una comida, el de la Paz fue un café afamado hasta que llegó el fallecimiento de su dueño. En el año 1903 las deudas acumuladas hicieron inevitable el embargo del negocio que pasaría a manos de un nuevo dueño llamado Antonio García Moriones, quien remodelaría el local pasando a llamarse Café Nuevo de la Paz.

Fuente: B.N.E. (1904)

A partir del año 1904 comenzarían los conciertos en el Nuevo de la Paz. “La banda del regimiento de Wad-Ras” y los dieciocho profesores de guitarra, bandurria, laúd y mandolina de la orquesta “Mandolinista Española” obtendrían éxitos ruidosísimos en sus conciertos de 3h. a 6h. de la tarde. Más adelante, en el año 1917, la “Orquesta Galindo” también conseguiría el favor de una clientela que no debía abonar mayor precio en sus consumiciones por escuchar los recitales de música.

Parece que poco a poco la parroquia huyó del Nuevo de la Paz al considerarlo demasiado estruendoso para la tertulia. Su dueño cerraría el negocio del local situado en la calle de Carretas, número 6, que al año siguiente volvería a abrir con el nombre de Alesanco e Hijo, un comercio que honra a Madrid. 

Fuente: Soleryllach.com (1930)
Sección de la tienda dedicada a la venta al por mayor de las pieles.

El día 2 de octubre de 1918 se inauguró Casa Alesanco e Hijo, un lujoso establecimiento de novedades para señora, peletería y mercería. Una instalación suntuosa que contaba con cuarenta empleados.

Antonio Alesanco era, además de diputado a Cortes por Madrid, el empresario del Teatro Romea y vino a encargar al arquitecto Luis Sáinz de los Terreros la obra de este establecimiento de la calle de Carretas, quien lo concebiría con un elegantísimo estilo parisién.

Una amplia rotonda se abría tras la portada principal y en ella fueron instalados dos originales escaparates y varias vitrinas con muestras de peletería, mercería, perfumería y géneros de punto. Una vez dentro del local el recinto se dividía en tres zonas diferentes: la habilitada para la compra al detall del público, decorada en blanco y espléndidamente iluminada, con multitud de espejos y estanterías de madera tallada que albergaban los géneros a la venta. En su centro había dos vitrinas de exposición y un mostrador en forma de mesa semicircular forrada de terciopelo.

La segunda zona del establecimiento estaba situada en un precioso patio de cristales y fue destinada a la atención de los pedidos para la exportación a las provincias. Allí también se ubicó el despacho de la gerencia y del contable, además de la caja.

En el tercer sector de la tienda, con acceso por el número 3 de la trasera calle de la Paz, se había ubicado el despacho para la venta al por mayor y el taller para el tratamiento de las pieles y su confección.

Alesanco, que terminó siendo más conocida como peletería, dejó paso en el año 1934 a Sederías Carretas, comercio antecedente de los que fueron grandes almacenes de Galerías Preciados.

Fuente: B.N.E. (1930)
Anuncio de la inaguración de Sederías Carretas.

En la actualidad la casa número 6 de la calle de Carretas está ocupada al completo por una marca de ropa. El edificio se remodeló y ya no queda nada de su magnífico patio acristalado ni de otras dependencias que recuerden a los famosos cafés que allí estuvieron. Tan sólo se ha conservado su vieja fachada con los huecos de los antiguos balcones y retazos de las vigas de madera que sustentaban el antiguo edificio de ladrillo visto, únicamente perceptible desde el interior de la zona de acceso y que pasa completamente desapercibida.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Pombo. Biografía del célebre café y de otros cafés famosos” Ramón Gómez de la Serna.
Soleryllach.com
Memoriademadrid.es

lunes, 5 de mayo de 2014

LA COMPAÑÍA PENINSULAR DE TELEFONOS DE ALCALÁ, Nº 1.

Antes de crearse la Compañía Telefónica española que hoy conocemos, en el año 1924, el empresario Enrique Parellada había fundado las compañías Peninsular (para la red de la zona noroeste) y Madrileña de Teléfonos (para la red de Madrid) a las que la CTNE absorbería con posterioridad. Desde la fundación de estas dos empresas, a finales del siglo XIX, el considerable incremento de peticiones de líneas telefónicas provocó que hubiera de levantarse un nuevo edificio para albergar las oficinas centrales de Madrid, hasta entonces instaladas en el antiguo número 12 de la calle de Alcalá. 


El día 25 de marzo de 1911, tras solo nueve meses de comenzadas las obras y sobre un terreno propiedad de la Compañía Peninsular de Teléfonos, se abrió al público la moderna edificación que por su originalidad y su belleza llama la atención, en el número 1 de la calle de Alcalá de Madrid.

Fuente: B.N.E. (1911)
Fachada del número 1 en la calle de Alcalá, de la Compañía de Teléfonos.

De fachada esbelta y exquisito buen gusto, el nuevo edificio tenía una superficie de 367,11 m2. y fue diseñado por el arquitecto Manuel Castilla Picó para el solar que hasta entonces ocupó la antigua Fonda del Comercio de la calle de Alcalá, junto a la Puerta del Sol.

Compuesta por dos pisos, más un sótano, la construcción tenía 6,52 metros de ancho en el frontal de la calle de Alcalá, siendo el principal elemento de su fachada una amplia arcadura que recogía el balcón del despacho principal y la puerta de acceso. Sobre el arco se instaló un gran reloj. A los lados, dos esbeltos pilastrones rematados por copulines en los que se habían cincelado las letras “C” y “P”, iniciales de la empresa. El conjunto estaba realizado en arenisca blanca y caliza gris marmórea combinadas con mosaicos, aplicaciones y brazos metálicos que sustentaban grandes lámparas y carteleras. 

Nada más acceder al edificio había un hermoso vestíbulo decorado con rica ornamentación pictórica, combinada con mármoles de tonos claros.

Fuente: B.N.E. (1911)
Vestíbulo de entrada.

A continuación del vestíbulo se abría un patio central con columnas de doble altura en hierro, separado del resto de las dependencias por mamparas de cristal y caoba, al estilo inglés. Su techo estaba cerrado por una claraboya, permitiendo la entrada de luz natural durante el día, y de él pendían grandes lámparas eléctricas que alumbraban por la noche. En el centro un pupitre de dos caras, con doce divisiones, construido en caoba, cristal grabado y ensambladuras de bronce. Por esta dependencia se accedía a los diferentes locutorios públicos correspondientes a las redes urbana e interurbana. 

Fuente: B.N.E. (1911)
Patio central con columnas de hierro.

Junto a este patio se encontraba un departamento para señoras, decorado estilo Luis XVI, y otro para servicios de los reporteros de prensa. 

Fuente: Europeana.eu (1911)
Departamento para señoras de estilo Luis XVI.

Otras dependencias de la planta inferior eran: el despacho del jefe de la Central, el wáter, el urinario y un closet. Al fondo, tras recorrer un pasillo que partía del patio central, estaba la escalera de acceso a la planta principal en donde se encontraba el despacho de la dirección, oficinas auxiliares y una antesala iluminada con la luz cenital de la claraboya central.

Todas las dependencias estaban separadas entre sí por tabiques donde predominaba el cristal, para favorecer la luminosidad de los recintos. Los suelos de baldosín hidráulico y la pintura al óleo en las paredes, completaban la decoración del interior.

En el sótano del edificio se encontraba el archivo general, un almacén y el cuarto de la calefacción.

Desde la estación central que contenía este edificio se podían expedir despachos telefónicos y celebrar conferencias con las localidades más importantes de la zona noreste del país, así como también con las nuevas estaciones de la red del sur. 

Fuente: Mcu.es (durante la Guerra Civil Española)

Durante la Guerra Civil Española la Puerta del Sol, al igual que todo el centro de Madrid, fue sistemáticamente bombardeada por los sublevados contra la II República. El edificio telefónico, convertido ya en un pequeño locutorio, sufrió las consecuencias del desastre y sería derruido al igual que las casas contiguas de la calle de Alcalá hasta el límite con la Real Casa de la Aduana. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Aspecto actual de la calle de Alcalá, nº1. Edificio de la Caja de Ahorros y callejón del mismo nombre.

La especulación del terreno hizo el resto y en su lugar se levantó, en el año 1951, un nuevo edificio para la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid abriendo también un pasaje peatonal con el nombre de esta entidad.






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Memoriademadrid.es
Mcu.es
Revista ilustrada de banca, ferrocarriles, industria y seguros.
Es.wikipedia.org

lunes, 21 de abril de 2014

CAFÉ AQUARIUM, DERROCHE DE LUJO.

A pocos metros del edificio de La Unión y el Fénix (hoy de Metrópolis) en la calle de Alcalá y frente a los cafés Granja El Henar y su contiguo Negresco, vino a instalarse el Café Aquarium como un novísimo lugar de esparcimiento, destinado también a ser cervecería y con una gran terraza sobre la acera.

Fuente: idehistoricamadrid.cchs.csic.es
En los planos contrapuestos (fotografía actual y plano parcelario años 30) aparece la zona de la calle de Alcalá en donde se situaban (1) el café Aquarium, (2) el café Negresco y (3) la Granja El Henar. En el recuadro el Círculo de Bellas Artes.

El Aquarium fue proyectado por el arquitecto Luis Gutiérrez Solo, siendo inaugurado el caluroso día 11 de julio de 1932 en la calle de Alcalá, número 39 (hoy nº 35). Sus precios, a pesar de su lujosa decoración, eran corrientes en todos los artículos según su propietario Luis Sanz.


Fuente: Davidzuker.com (1932)
Vista nocturna de la fachada principal del café Aquarium. 

De profusa decoración Decó, todo en él era curvo. El Aquarium hacía gala de una iluminación que combinaba las luces indirectas de colores con abundantes espejos, convenientemente colocados; incluso tuvo la luna más grande de España con sus siete metros de largo por tres y medio de alto, en una sola pieza.

Asientos amplios y mesas de pequeño formato proporcionaban cómodas zonas de paso con suelos completamente enmoquetados. 

Fuente: Urbanity.es (1932)

El Aquarium tenía acceso por la calle de Alcalá mediante una puerta giratoria y también por la calle del Caballero de Gracia. En la entrada se hallaba la primera y legítima fuente de soda americana en España que estaba servida por dos barmans americanos quienes confeccionaban variadas combinaciones de refrescos y helados a la vista del público, con aromas y esencias desconocidas para la concurrencia.

Fuente: Urbanity.es (1932).
Parte central del café que tenía todo su suelo enmoquetado.

Todo el recinto conservaba una temperatura estable en cualquier época del año, renovando y filtrando 30.000 m3. de aire cada cinco minutos exactos. El público percibe suavemente la intensidad del aire producido a pesar de que la instalación no contaba con ninguna rejilla visible para tal fin.

La pomposa decoración se remataba con un precioso reloj de cristal trabajado con verdadero gusto y con la instalación de varios acuarios con peces y plantas acuáticas. 

Fuente: Urbanity.es (1932)
Uno de los acuarios con peces y plantas, instalado en la pared.

Siempre atestado de público (llegó a contabilizar 3.000 personas diarias), no era un centro de tertulias tan afamado como el Negresco o Granja El Henar, sus vecinos de enfrente. A decir de la prensa, el Aquarium fue un café frecuentado por el snobismo y la cursilería del momento al que asistía, incluso, el futuro dictador fascista Frascisco Franco.

Al comenzar la Guerra Civil Española el café Aquarium fue abandonado por su empresario y pasó a ser gestionado por los propios trabajadores, que bajarán el precio del café puro a 0,80 pesetas por taza. La explotación colectiva comenzaría en el mes de agosto de 1936 encontrando un enorme déficit en el negocio, que los propios trabajadores conseguirían controlar tres meses después llegando a obtener beneficios. 

Fuente: B.N.E. (6 de enero de 1937)
Plantilla de trabajadores del café Aquarium durante la Guerra Civil Española. A la derecha los tres componentes del Comité Gestor del café. 

Los setenta y ocho trabajadores del café lograron liquidar los gastos anteriores de pago a suministradores, abonar el salario a los treinta compañeros que luchaban en el frente, entregar la cantidad de mil pesetas a cada familia de los fallecidos y donar el cincuenta por ciento de su salario para “gastos de guerra” a la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el general José Miaja Menant. 

Fuente: Fotografía de la izquierda Urbanity.es. Fotografía de la derecha M.R.Giménez (2014).
Fachada principal del café Aquarium y en lo que se ha convertido hoy el mismo lugar.

Una vez terminada la Guerra Civil el café Aquarium fue entregado a su antiguo propietario, quien se apresuró a subir el precio de los cafés de su establecimiento. El gobierno civil del momento había expuesto el criterio de mantener los precios existentes a fecha 18 de julio de 1936, fecha del comienzo de la contienda, pero el Aquarium no lo cumplió y por ello se le impondría una multa de 2.500 pesetas (de las del año 1939).

Aunque tímidamente intentaron establecerse algunas tertulias en este café, las circunstancias de la posguerra no permitirían devolverle a su época dorada y, en el mes de octubre de 1945, anunciaba la venta de todos los muebles y enseres.





Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Davidzuker.com
Urbanity.es
Es.Wikipedia.org
Oa.upm.es – Laura Fernández Quinteiro.

miércoles, 9 de abril de 2014

EL CAFÉ NEGRESCO DE LA CALLE DE ALCALÁ.

Situado junto a la Granja El Henar el mítico Café Negresco, con su terraza, fue también escaparate y observatorio a la vez de todo aquello que acontecía en el Madrid de los años veinte y hasta mediados de la década de los cuarenta. Sus numerosas tertulias de periodistas (Luis Araquistáin Quevedo), escritores (Jacinto Benavente, Enrique Jardiel Poncela), poetas (León Felipe), pintores (Julio Romero de Torres) y hasta una de las primeras compuesta por mujeres (Eloísa Muro, Carmen Ponce de León y Manolita Rosales) que jamás fue tomada en serio, hicieron de este café uno de los más concurridos de Madrid.

Fuente: Bremaneur.wordpress.com y B.N.E. (1926)
Fachada de los cafés Granja El Henar y Negresco (a la derecha).

Inaugurado en el mes de noviembre de 1926, el antiguo Negresco era un café con fachada de oscura madera y a la clásica vieja usanza, pero con una espléndida terraza en su puerta situada en el número 38 de la calle de Alcalá. 

Fuente: Europeana.eu (s/ 1927)
Señalado el antiguo café Negresco.

El viejo café Negresco sería reformado en el año 1934 por el arquitecto Jacinto Ortiz Suárez y, tras varios meses cerrado, se convirtió en la expresión de un nuevo estilo decorativo y arquitectónico. La flamante y moderna transformación gustó y fue motivo de elogiosas críticas en los periódicos de la época.

Fuente: Urbanity.es (s/ 1934)
Fachada del café Negresco con su tipografía novedosa y luz de neón.

La fachada del nuevo Negresco estaba revestida de mármol negro de Bélgica y de granito de Camprodón; sobre ella se instaló la novedosa tipografía de la marca confeccionada en latón pavonado y luces de neón, con una longitud de casi 15 metros. En su planta baja se situó el café y la cervecería, dejando la principal para salón de té y baile con acceso a través del café y por el portal de la finca, con ascensor privado. 

Fuente: Urbanity.es (1934)
Aspecto de las dos plantas del Negresco con la escalera de acceso y sus espejos.

Nada más entrar al café se encontraba la tienda con mostrador refrigerado y exhibidor de productos para su venta y enfrente el mostrador de soda, decorado en aluminio y mármol negro. El suelo de este recinto era de color gris claro con franjas en marrón y rojo.

Fuente: Urbanity.es (1934)
A la entrada del Negresco, la tienda con exhibidor refrigerado y el mostrador de soda.

El café y cervecería de la planta de calle tenía columnas revestidas en mármol de color verde, la carpintería era en negro y sus paredes estaban pintadas en verde claro, haciendo juego con el color de la piel de los divanes.

La iluminación del local jugaba con la luz indirecta, difusa en el cielo raso para aumentar la claridad, pero también utilizando apliques de aluminio mate en color blanco sobre columnas y paredes. 

Fuente: Urbanity.es (1934)
Dos aspectos del café.

El salón de té, situado en la parte superior o principal, tenía pintadas sus paredes con estuco que logra una perfecta imitación del pergamino. Sus mesas y sillas eran de madera de nogal en color claro y tapizadas en piel de cabra color natural. A él se accedía por una escalera, con peldaños forrados en goma negra, decorada con espejos parabólicos.

Fuente: Urbanity.es (1934)
Salón de té y escalera de comunicación con el café.

Como café dotado de todas las comodidades, el Negresco renovaba el aire de su interior creando una atmósfera exenta de humos, humedad y bacterias consiguiendo un ambiente fresco en verano y cálido en invierno.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Aquí estuvo el café Negresco, junto al edificio del Círculo de Bellas Artes.

La música de las orquestas que actuaban en el café Negresco era retransmitida por la radio durante la década de los años treinta del pasado siglo, anunciando en la prensa diaria el programa correspondiente. Pero esto no le valió para terminar convertido en una entidad bancaria, al igual que su vecino Granja El Henar situado en el mismo edificio que hoy parecen dos distintos. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Otro aspecto de la calle de Alcalá donde estuvo el café Negresco, cercano al Ministerio de Educación.

Actualmente no queda nada que recuerde a los dos cafés más famosos de esta parte de la calle de Alcalá, que estuvieron situados junto al edificio del Círculo de Bellas Artes (1926).






Fuentes:

Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Bremaneur.wordpress.com
Europeana.eu
Urbanity.es
Textos de Laura Fernández Quinteiro.

lunes, 31 de marzo de 2014

LA GRANJA EL HENAR, LABORATORIO DE TERTULIAS.

Lo que en el año 1910 comenzó siendo un establecimiento de venta de leche, manteca y quesos, terminaría por convertirse en uno de los cafés con tertulias más representativos del siglo XX en Madrid.


La Granja El Henar, con su famosa terraza de verano, estuvo situada en la calle de Alcalá, número 40 y por ella pasaron todos los políticos, periodistas, escritores, artistas, profesores y aspirantes a cada una de esas categorías, durante la primera mitad del siglo pasado.

Fuente: B.N.E. (1912)

Era el año 1907 cuando Fermín Lomba de la Pedraja, propietario de fincas ganaderas en Aranjuez (Madrid) y Santander, decide emprender negocios en la capital. Para ello abrirá en la calle de Alcalá un establecimiento al que denominaría Granja El Henar (no del Henar), marca que inscribió en el registro de nombres comerciales en el año 1910, dedicado a la venta de leche de vaca y productos derivados. 

El próspero negocio y su privilegiado emplazamiento favorecieron la reconversión de la tienda en un café con el mayor gusto y confort a mediados del año 1912, ofertándose también la venta de cremas, yogurt, kéfir, cervezas, horchata y, por supuesto, leche con servicio a domicilio. Posteriormente se comercializaría la Crema Henar, riquísimo postre, especial para fresa.

El café Granja El Henar era, al principio, un lugar tranquilo e higiénico que olía a leche esterilizada, a chocolate con bizcochos, a cerveza fresca y a aceitunas rellenas de anchoa. En el fondo, por las tardes, se sentaba el filósofo José Ortega y Gasset a tomar un frasco de agua de Mondariz con sus tertulianos y a tratar todo lo relativo a la futura Revista de Occidente.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada actual del lugar donde estuvo la Granja El Henar, junto al café del Círculo de Bellas Artes.

A principios del año 1924 se insertaron anuncios en la prensa para la convocatoria de un concurso de decoración e instalación del nuevo café Granja El Henar, reclamando a los artistas y decoradores del momento. El proyecto elegido fue el de los arquitectos Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó, que seis años después realizarían también el café Zahara de la Gran Vía. 

Fuente: Bremaneur.wordpress.com
Fachada de Granja El Henar durante la Guerra Civil Española.

La nueva Granja El Henar se convirtió en el año 1925 en un café de su tiempo, moderno, sin concesiones banales. Un café en al que todos se sentían llamados y donde se arraiga y consolida todo, que comenzó a llenarse de literatos, artistas, políticos y cualquiera que deseara ver y dejarse ver, sobre todo en su magnífica terraza de la acera de la calle de Alcalá.

Fuente: Urbanity.es (1935)
Terraza de Granja El Henar unida a la del café Negresco.

Domínguez y Arniches, los arquitectos y decoradores, explicaban su obra aduciendo que al ser “La Granja” un café muy de Madrid, era perfectamente lógico el hacer un local de ambiente marcadamente madrileño, simplificando y estilizando en un sentido moderno el ambiente de los viejos salones, iglesias, paradores y calles de Madrid, que tanto se diferencian de sus contemporáneos españoles.

Fuente: Urbanity.es (1925)
Patio central de Granja El Henar.

Era “La Granja” un café grande y con rincones propicios para la tertulia. Amplio, fresco y cómodo, dotado de un espléndido patio español y un precioso salón de té con ascensor independiente por el portal, al que solían asistir las mujeres.

Fragmento de fotografía de Antonio Passaporte -Loty- de la segunda mitad de los años 30 del siglo XX. Señalado el café Granja El Henar y a su lado el café Negresco.

El café Granja El Henar comenzó de inmediato a congregar gran número de tertulias, entre las que destacó la dirigida por Ramón María del Valle-Inclán y en la que curiosamente se llegaría a debatir con vehemencia sobre el número exacto de palabras contenidas en “El Quijote de Cervantes”. Uno de los tertulianos, de fastidiosa elocuencia, llegó al punto de sacar de quicio al prócer con sus interminables explicaciones y Valle, que no se caracterizaba por su carácter complaciente, le contestó: “¡Basta! ¡Por Dios! Se abren ante usted mundos de ignorancia… Así terminó la discusión.

Fuente: B.N.E. (1927)
Tertulia de Valle-Inclán en Granja El Henar.

El laboratorio de tertulias en la Granja El Henar convocaba también la de Manuel Azaña, otra de Domínguez y Arniches, con arquitectos, en la mesa adjunta a la de Valle-Inclán; la de veterinarios dirigida por Félix Gordón Ordás, que tras la Guerra Civil sería Presidente de la República Española, en el exilio. El escritor Ramón J. Sender asistía a la “peña” junto al pintor Juli Ramís Palau y los hermanos escritores Eduardo y Rafael Dieste Gonsálvez. 

Los miembros de la Generación del 98 y de la Generación del 27, asistían al café Granja El Henar. Desde su terraza, frontera con la del también muy conocido Café Negresco, vieron pasar y se unieron a las concentraciones y manifestaciones a favor de la II República Española. 

La Guerra Civil no pudo con el café, pero sí la especulación. A finales de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el café Granja El Henar fue convertido en una sucursal del banco Popular y en la década siguiente la prensa anunció la demolición del edificio que lo albergaba para levantar un rascacielos de 17 pisos, que nunca llegaría a construirse. El inmueble fue dividido en dos, remodelando las fachadas que hoy parecen corresponder a edificios distintos y están ocupados por dependencias oficiales. 







Fuentes:

Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Urbanity.es
Prensahistorica.mcu.es
“Una breve historia del escaparate madrileño moderno” de Humberto Huergo Cardoso.

Mcu.es