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lunes, 15 de junio de 2015

GRAN VÍA, GRANDES ALMACENES MADRID-PARÍS.

Como es sabido, la Gran Vía de Madrid comenzó sus obras de construcción en el año 1910 y quedaría terminada (sin contar con las modificaciones ulteriores) durante 1953 con la edificación del inmueble donde se instalaría el hotel Washington, en el número 72 de la misma. 


Lujosos comercios, cines, joyerías, cafés y casas de moda vinieron a instalarse en los nuevos edificios a medida que se remataban sus obras. También llegaron grandes almacenes como el de “D. Rafael Sánchez”, ubicado en el primer tramo de la Gran Vía (hoy nº 16) que por entonces llevaba el nombre de avenida del Conde de Peñalver; este fue el primero en instalarse y abrió las dos plantas que allí ocupaba en el año 1916. 

Pero no sería hasta el principio de los años veinte del pasado siglo cuando la Gran Vía de Madrid vería inaugurar los espléndidos Almacenes Madrid-París, S.A. que no tienen nada que envidiar a los más célebres del extranjero.

“Madrid-París eran unos grandes almacenes de cuatro plantas dedicados al hogar y a los obsequios (menaje, muebles suntuosos y más modestos, modas, objetos de regalo y salón de té elegante). Yo recuerdo que se oía, desde la calle, a una orquestina tocar piezas de moda entonces. En Madrid no he vuelto a ver otro igual". Así los describe Rosario González Truchado, testigo de la construcción del edificio y cliente que fue de este extraordinario comercio.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Reflejo del edificio de los Almacenes Madrid-París, en el cristal de un escaparate.

La primera piedra del magnífico inmueble, construido ex profeso para albergar los almacenes Madrid-París, fue colocada durante el mes de diciembre de 1920 en el solar ubicado en la entonces avenida de Pi y Margall, número 6 (hoy Gran Vía, 32). El edificio, cuyas fachadas aún hoy corren por las calles de Gonzalo Jiménez de Quesada (Hilario Peñasco hasta el año 1933), Desengaño y Mesonero Romanos, fue proyectado por el arquitecto Teodoro Anasagasti Algán y dirigido por el ingeniero Maximiliano Jacobson.

El jueves 3 de enero de 1924 los almacenes Madrid-París abrieron sus puertas al público, siendo inaugurados a las once de la mañana por Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Fuente: B.N.E. (1924)
Los Grandes Almacenes Madrid-París, en su inauguración.

El piso bajo del edificio contaba con anchos soportales que ocupaban la gran fachada situada en Gran Vía y los inicios de las calles laterales. En su interior se habían instalado los grandes escaparates y las principales puertas de acceso al comercio. Estas galerías desaparecieron en el año 1935 con la primera modificación del inmueble.

Fuente: Bne.es. Archivo Ruiz Vernacci (principio de los años 30 del siglo pasado).
Recortes de la fotografía original con dos aspectos de los soportales que rodeaban el edificio.

El edificio se remataba en la terraza con dos torrecillas dotadas de artísticas columnas que contienen sendos depósitos de agua con capacidad para 300 m3. que conectaban con setenta y dos bocas de riego instaladas en el interior, para la prevención de incendios.

Fuente: Mcu.es. Archivo Antonio Passaaporte (Loty). Principio de los años 30 del siglo pasado.
Recorte de la fotografía original en donde se aprecia una de las antenas instaladas por Unión Radio.

De las ocho plantas edificadas en total (siete en altura y una de sótano) cuatro serían destinadas a la instalación comercial distribuyendo juguetes, perfumería, bisutería y objetos de regalo en la planta baja; pañerías y tejidos en la segunda, confección y sombreros en la tercera, que además contaría con un lujoso salón de té con capacidad para seiscientas personas. La cuarta planta estaría dedicada exclusivamente a la exposición y venta de mobiliario. 

En este edificio también vendría a instalarse la estación emisora Unión Radio (hoy Cadena SER), cuya primera transmisión tendría lugar el día 17 de junio de 1925, para lo que fue necesario colocar dos antenas de treinta y seis metros de altura sobre la terraza.

Fuente: B.N.E. (1924)
Interior de los Almacenes Madrid-París y su magnífica escalera.

Sin duda lo que más llamaba la atención al entrar en los Almacenes Madrid-París era su hall central, sobre el que se había construido una admirable cúpula circular con treinta metros de diámetro, elevada a una distancia de treinta y siete metros del suelo. La prensa informaba que esta cúpula era la de mayor altura en Europa construida en hormigón armado, material utilizado también en los entramados horizontales y verticales del edificio.

Fuente: Bne.es. Archivo Vaamonde (Guerra Civil Española).
Base de la cúpula deteriorada por los bombardeos.

Al fondo del vestíbulo central con una extensión de 4.000 m2. se encontraba el principio de una preciosa escalera con diecinueve peldaños, que hacia la mitad de su altura se dividía en dos tramos de dieciséis escalones cada uno y conducía a la primer piso del local. De la planta baja también partían cuatro ascensores y tres montacargas.

Además de la luz natural que entraba por las ventanas del diáfano local, su iluminación artificial se llevaba a cabo mediante cuatrocientas lámparas que soportaban un total de doscientas mil bujías.

Los grandes almacenes Madrid-París empleaban como dependientes a trescientas personas, entre hombres y mujeres, además de contar con trabajadores de mantenimiento y conductores para los automóviles rápidos para el transporte de los pedidos. El precio de sus artículos a la venta oscilaba entre los 5 céntimos y las 100.000 pesetas, en el año 1924.

Fuente: B.N.E. (1934)
Vestíbulo central de los Almacenes Madrid-París.
El esplendor del Madrid-París no duró más de diez años. Desafortunadas gestiones llevarían a la quiebra del negocio, dejando sin empleo a más de trescientos trabajadores directos. El día 8 de enero de 1934 los almacenes cerraron sus puertas definitivamente.

En el año 1935 el arquitecto Teodoro Anasagasti vuelve a ser el encargado de llevar a cabo la obra para la remodelación del edificio, en el que se instalarían diversos negocios como Viajes Carco, el cine Madrid-París (más tarde llamado Imperial) o los almacenes S.E.P.U (Sociedad Española Precios Únicos) que fueron inaugurados el día 11 de agosto de 1934, con productos cuyos precios oscilaban entre los 25 céntimos y las 5 pesetas. 

Fuente: diario El País. (Mediados de la década de los años 30 del siglo XX).
Los Almacenes SEPU y el cine Madrid-París ya inaugurados.

Posteriormente, en el año 1956, el edificio de la Gran Vía, 32 vuelve a ser remodelado perdiendo importantes elementos decorativos y añadiendo varias alturas a las ya existentes. 

En la actualidad gran parte del inmueble vuelve a estar en obras de remodelación, esta vez para alojar otro nuevo gran almacén textil que se unirá a los tres ya existentes.







Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
“El cine, la Gran Vía y yo” Rosario González Truchado.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
Mcu.es
Coam.org
Urbanity.cc
Es.wikipedia.org
Elpais.com

lunes, 1 de junio de 2015

GRAN CAFÉ “SOCIAL” DE ORIENTE Y LA ESCUELA DE VALLECAS.

En la esquina de la calle de Atocha con la del Doctor Drumen de Madrid fue instalado uno de los cafés tan amplio y espacioso como olvidado en la historia. El Café de Oriente, que con el tiempo pasaría a ser conocido como el Gran Café Social de Oriente, acogería durante la década de los años veinte del siglo pasado a una de las más famosas tertulias de la Generación del 27, siendo también el punto de partida de la Escuela de Vallecas.


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Aquí estuvo el Café de Oriente, en la esquina entre las calles de Atocha y Doctor Drumen.

Con el nombre de Café de Oriente vino a inaugurarse este local el día 22 de junio de 1887 por la sociedad compuesta por el abogado, publicista y orador Manuel Zapatero García y el dueño del Hotel de Oriente de la calle del Arenal, José Rodríguez. 

El de Oriente era un café-restaurant tan espacioso que el día de su inauguración fue presentado a la prensa con una generosa cena para más de doscientos comensales. Elegante y lujoso, para ser de los instalados lejos del centro, poseía un hermoso mostrador de mármol, paredes cubiertas de espejos, adornos y pinturas en el techo semejantes a los de los cafés más céntricos y mejor decorados de Madrid. 

Este café fue escogido en numerosas ocasiones por los posibilistas de Emilio Castelar Ripoll y por los federales de Francisco Pi y Margall, durante las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XIX, para la celebración de banquetes con el fin de conmemorar la proclamación de la I República Española (1873-1874).

Fotografía: Jesús García Férriz (1929)
Glorieta de Atocha. La flecha indica la ubicación del Café Social de Oriente.

Se podría afirmar, sin ninguna duda, que la época de mayor importancia en este café tendría lugar en la década de los años veinte del siglo pasado, momento en el que será conocido como Gran Café “Social” de Oriente, gracias al pintor Rafael Pérez Barradas (1890-1929).

Fuente: Realacademiadebellasartesdesanfernando.com
Dibujo de Rafael Barradas sobre el Café Social de Oriente, realizado en los años veinte del siglo anterior.

Nada más llegar a Madrid, en el año 1919, Barradas comenzaría a frecuentar las famosas tertulias del Café de Pombo, donde entraría en contacto con los Novecentistas o Generación del 14 Rafael Cansinos-Assens y Ramón Gómez de la Serna, entre otros. También frecuentaría la Residencia de Estudiantes donde intimaría con Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca. Todos ellos serían asiduos al Café de Oriente, formando parte de la tertulia ultraísta denominada de “los alfareros”, dirigida por Barradas, y así llamada porque muchos de sus integrantes eran colaboradores de la entonces prestigiosa revista “Alfar”.

Fuente: En.wahooart.com.
Dibujo de un parroquiano del Café Social de Oriente, realizado por Rafael Barradas en la década de los años veinte del siglo pasado. 

Se puede decir que, en Madrid, el Ultraísmo (movimiento vanguardista en oposición al modernismo) tenía su sede en el Café Social de Oriente de la calle de Atocha. Allí aparece, en el año 1922, el pintor y sobre todo escultor Alberto Sánchez Pérez “Alberto” (1895-1962) incorporándose de inmediato a la tertulia.

Fuente: Museoreinasofia.es (1924)
Dibujo de Alberto Sánchez "Alberto" reflejando el ambiente del Café Social de Oriente.

La producción de dibujos y pinturas centradas en este café, en los personajes asistentes a su tertulia y en la frenética vida moderna de quienes pasaban por la glorieta de Atocha a toda prisa, fue colosal. 

Fuente: chobojos.zoomblog.com (1924).
Retrato de Federico García Lorca realizado por Salvador Dalí en el Café Social de Oriente.

Será en el año 1927 cuando aparece la denominada Escuela de Vallecas, grupo de pintores, escultores, poetas, escritores vanguardistas y cuyos iniciadores fueron Alberto Sánchez Pérez, Pancho Lasso (Francisco Lasso Morales) y Benjamín Palencia. 

El nombre de Escuela de Vallecas aparece por vez primera en un escrito posterior de Alberto Sánchez. No se trataba de una academia de enseñanza ni de un movimiento artístico; la Escuela de Vallecas fue una vanguardista forma de mirar y reflejar lo observado en los campos de Castilla. El grupo realizaba los recorridos a pie partiendo desde el Café Social de Oriente, junto a la Puerta de Atocha.

Aquellos itinerarios se emprendían a diario, en invierno y verano, a partir de las tres y media de la tarde. Por la vía del tren o por caminos alternativos, al llegar a las cercanías de Villaverde Bajo (barrio situado al sur de Madrid), el colectivo solía dirigirse a Vallecas (barrio situado al sureste de Madrid) donde está ubicado el Cerro Almodóvar "al que bautizamos con el nombre de «Cerro Testigo», porque de ahí había de partir la nueva visión del arte español". 

Fotografía: Emilio Sánchez Martín (1999-2000).
Cerro Almodóvar, llamado "Cerro Testigo" por la Escuela de Vallecas.

Con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Francisco Lasso iban también escultores, poetas, escritores y estudiantes de arquitectura. Maruja Mallo (pintora), José Moreno Villa (escritor), Eduardo Yepes (escultor), Antonio Rodríguez Luna (pintor), Juan Manuel Díaz-Caneja (pintor), Federico García Lorca (poeta), Luis Castellanos (pintor), Rafael Alberti (poeta), Luis Felipe Vivanco (arquitecto y poeta), José Herrera Petere (escritor), Miguel Hernández (poeta) formarían parte, con mayor o menor intensidad, de los que deseaban llegar a descubrir la sobriedad y la sencillez que transmitían las tierras de Castilla, añadiendo a los áridos paisajes de Vallecas los de Vicálvaro, Valdemoro (cuando aún eran municipios independientes de Madrid capital) y las provincias de Guadalajara y Toledo.

Los años más productivos de la Escuela de Vallecas, entre 1930 y 1932, coincidieron con la llegada de la II República Española, momento de gran renovación cultural en todas sus formas de expresión. Es en estos años cuando aparecerán también las Misiones Pedagógicas (impulsadas por el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío), el Teatro del Pueblo (dirigido por Alejandro Casona) y La Barraca (coordinado y dirigido por Eduardo Ugarte y Federico García Lorca) con la finalidad de extender la cultura y las nuevas formas de expresión por todos los pueblos del país.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) este panorama intelectual cambió sustancialmente. A pesar de todo, el gobierno de la II República acudió a la Exposición Internacional de París, en el año 1937, instalando su propio pabellón para recabar el apoyo de los aliados contra la sublevación del ejército fascista. Pablo Ruiz Picasso presentaría allí su "Guernica" y Alberto Sánchez Pérez la escultura "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella". 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Escultura "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella" de Alberto Sánchez, situada en la puerta del Museo Reina Sofía de Madrid

Tras la Guerra Civil la Escuela de Vallecas intentó resurgir de sus cenizas, entre 1940 y 1942) mediante el impulso de Benjamín Palencia, ocultando todo vestigio de lo ocurrido en los años treinta y ocultando sobre todo a “Alberto” su máximo impulsor, que por entonces se encontraba exiliado en Moscú.

La historia del Café Social de Oriente se resumirá desde entonces. En el año 1938 formaría parte de las industrias socializadas (gestionadas por los trabajadores) y tras la Guerra Civil, perdería el sobrenombre de “Social” y pasaría a convertirse en un café de barrio. Cerró sus puertas a finales de los años sesenta del siglo pasado pasando a convertirse en sucesivos negocios de restauración, hasta la fecha.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Realacademiadebellasartesdesanfernando.com
“Aquellas tertulias de Madrid” Mariano Tudela.
“Rodríguez Luna, el pintor en el exilio republicano español” Miguel Cabañas Bravo.
“La influencia del Futurismo en España” Juan Agustín Mancebo Roca.
En.wahooart.com
Chobojos.zoomblog.com
Cervantesvirtual.com
“La Escuela de Vallecas mito y realidad” Ayuntamiento de Madrid.
Memoriademadrid.es
Museoreinasofia.es
Es.wikipedia.org
“Benjamín Palencia y el origen de la poética de Vallecas” Caja Castilla-La Mancha.

martes, 19 de mayo de 2015

NIÁGARA, LA PRIMERA PISCINA DE MADRID.

No fue hasta el siglo XVII el momento en que comenzarían a popularizarse en Madrid las casas de baños siendo, en un principio, exclusivamente utilizadas por prescripción facultativa. Tuvieron que pasar casi dos siglos más para que la inmersión del cuerpo en una tina de agua se convirtiera en diversión o en deporte. Así, en el año 1879, vino a inaugurarse la primera piscina madrileña con el nombre de El Niágara, nuevo establecimiento de baño con pilas de natación.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Cuesta de San Vicente, 14, en la actualidad. Aquí estuvieron los Baños de El Niágara.

En los primeros días del mes de junio de 1879 abrieron al público los denominados Baños de El Niágara, junto al entonces lavadero de Rivadeneira, en el por aquellas fechas número 12 del Paseo de San Vicente (hoy Cuesta de San Vicente, 14). Por esta vía, llamada hasta el siglo XVII camino del Río, transcurrió el arroyo de Leganitos que, una vez urbanizada la zona, dotaba de agua a los baños y al lavadero.

Fuente: Idehistoricamadrid.org - plano de Facundo Cañada (1900).
Sombreados en color azul se pueden ver los "Baños Niágara" y junto a ellos el lavadero de Rivadeneira. 

El Niágara se publicitaba al principio como un balneario, cuyos baños medicinales se encontraban en un espacio ajardinado de 35.000 pies de superficie que llegaba hasta el entonces paseo Alto del Rey (hoy calle de Irún) o única vía que lo separaba de la Montaña del Príncipe Pío y de sus zonas verdes.

Fuente: B.N.E.
Primer anuncio en prensa de El Niágara, aparecido el día 6 de julio de 1879.

A partir del año 1880 El Niágara ya era un acreditado establecimiento. Propiedad de Vito Montaner contaba, entre otros, con servicios médicos y farmacéuticos en el mismo recinto. En él se había instalado una pila de natación de 23 metros de largo por 8 de ancho y 1,5 metros de profundidad, con agua corriente del Lozoya a 23ºC. de temperatura (por estar soleada). El coste del servicio era de dos a tres reales. Para el baño de las mujeres había otra pila algo más pequeña, a dos reales persona. Las instalaciones se completaban con dieciséis baños particulares de 3 metros y 1 de profundidad, once pilas de baños calientes en ventiladas habitaciones y 12 pilas de mármol de grandes dimensiones y forma no conocida en Madrid, decoradas con gran lujo. El Niágara también contaba con espléndidos jardín y restaurant.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1881).
Anuncio en prensa de dos gabinetes con baños particulares para utilizar en familia o de forma individual.

El dueño del establecimiento había negociado con la empresa de los Tranvías de Madrid (Barrio de Salamanca) un servicio para el transporte desde la Puerta del Sol hasta el paseo de San Vicente, a medio real el viaje, con descuento para los clientes del balneario.

Durante los primeros meses del año 1882 Vito Montaner, dueño del establecimiento, instalaría un sistema de calefacción tubular, para poder utilizar las instalaciones también durante el invierno; de esta forma el balneario ofertaba baños de vapor e hidroterapia durante todo el año. Así mismo, los días no feriados, se obsequiaba a los clientes con baños musicales, entre las siete y las diez de la mañana, cuya entrada era gratuita. Por entonces, el número 12 del paseo de San Vicente había pasado a convertirse ya en el nº 14.

Fuente: Palomatorrijos.blogspot.com
Fotografía aérea de la zona de la plaza de España. Finales de la década de los años 10 del siglo XX.

Llegarían los años diez del siglo pasado y el nuevo arrendatario del negocio, Santiago Domínguez, quiso convertir El Niágara en un parque de recreos. Para ello había planeado la construcción de una montaña rusa y de una pista de hielo sobre las piscinas, durante el invierno, mediante una costosa instalación de máquinas frigoríficas que conservaran helada una capa de agua de 30 centímetros de espesor. Pero el proyecto final, que seguía manteniendo las piscinas, solo contaría con la novedad de un espacioso y elegante cinematógrafo llamado Petit-Cine que fue inaugurado en junio de 1914, cobrando 20 céntimos por la entrada.

El Petit-Cine de los Baños de El Niágara era un edificio modernista, de dos pisos utilizables como sala, con planta rectangular de veinticinco metros de anchura por veintinueve de fondo y amplias escaleras. El arquitecto Antonio Álvarez Redondo realizó su proyecto, cuya construcción se había ejecutado mediante muros de ladrillo y grandes armaduras de hierro de la fábrica J. Jareño. El interior estaba decorado con escayola y cartón piedra, pintura al temple y al óleo. La fachada exterior era de treinta y dos metros, estaba construida en ladrillo y tenía columnas de fundición en la planta baja.

El cine del Niágara pasaría a llamarse Cinema España en el mes de febrero de 1916, tras haberse acometido una gran reforma en su interior.

Fotografía cedida por David Miguel Sánchez Fernández del blog cinesdemadrid.blogspot.com
Los Baños de El Niágara. A la izquierda el edificio del Petit-Cine y a la derecha la cúpula de las Pescaderías Coruñesas (inmueble hoy también desaparecido).

Los Baños El Niágara fueron adquiridos por el Club de natación Atlético, que inauguró en ellos su sede social el día 11 de septiembre de 1921, con distintas pruebas natatorias. 

Fuente: B.N.E. (1921)
Fotografía tomada el día de la inauguración del Club natación Atlético.

Diez años después, en 1931, el Atlético se fusionaría con el Canoe Club (fundado en 1930) y conformarían el Canoe Natación Club, para impulsar la natación y los deportes acuáticos en Madrid. Esta nueva asociación se propuso contar con una piscina cubierta para los entrenamientos durante el invierno, para lo que decidió comenzar el cerramiento de una de las dos grandes piscinas del Niágara, que mantendrían el agua entre los 22 y los 25º C. de forma constante. Esta sería la primera piscina cubierta de Madrid que fue inaugurada el día 20 de diciembre de 1931.

Fuente: ABC (1945)
Primera piscina cubierta de Madrid.

Pero el complejo de ocio y deporte en el que se habían convertido los Baños del Niágara quedaría reducido a escombros para levantar en su lugar el hotel actual y un nuevo cine, llamado Príncipe Pío y hoy desaparecido, durante los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado.





Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
“El modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléptica” Oscar da Rocha Aranda.
Palomatorrijos.blogspot.com.es
Idehistoricamadrid.org
Museodeljuego.org
Agradecimiento muy especial a David Miguel Sánchez Fernández del blog cinesdemadrid.blogspot.com.es, por la documentación aportada.

martes, 5 de mayo de 2015

EL DESCONOCIDO RELOJ DE SOL DE LA CALLE DEL DESENGAÑO.

Donde se unen las calles de la Luna y del Desengaño de Madrid vino a construirse la actual iglesia de San Martín, allá por la mitad del siglo XVII, según el trazado del arquitecto Juan de Corpa. Años después, en 1719, el edificio sería reedificado bajo los planos de Eugenio Valenciano que agrandaría el templo manteniendo la planta de cruz latina inicial. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada principal de la iglesia de San Martín.

La iglesia se encuadra en el estilo barroco madrileño, con dos torres cuadrangulares de ladrillo de tres cuerpos y cuatro vanos en cada una de ellas. Sobre su churrigueresca puerta principal, que mantiene los herrajes del siglo XVIII realizados por la escuela de forja madrileña, se sitúa un grupo escultórico atribuido a la escuela de los Ron (Juan Alonso Villabrille y Ron) en donde se representa a Juan Agustín Adorno, fundador de la institución de los “clérigos menores” que por entonces ocupaban la iglesia, orando ante la Virgen de Portacoeli.

El templo pasaría a denominarse de Portacoeli (Porta-coeli o Portaceli) y a partir del año 1836, con la llegada de los monjes de San Benito, de San Martín.

Nota.- Al no ser mucha la información existente sobre esta iglesia, los textos consultados refieren datos diversos sobre todo lo relativo a su construcción. En este caso se ha optado por recurrir a lo aportado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La flecha señala la ubicación del reloj de sol, en la esquina de la calle del Desengaño.

Dejando al margen otros importantes aspectos arquitectónicos, artísticos e históricos de la iglesia de San Martín, centraremos la atención en su pequeño y desconocido Reloj de sol.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)

Si pocos son los datos referentes a la historia de la construcción de la iglesia de San Martín, aún menos son los encontrados para identificar a este reloj solar. Orientado a mediodía (sur) y de instalación vertical, tiene forma circular y está realizado en bronce. Se encuentra empotrado en la esquina derecha de la torre más cercana a la tapia correspondiente al jardín de la iglesia, con fachada a la calle del Desengaño. Su gnomon (pieza que sirve para indicar las horas) tiene forma triangular con un decorativo recorte en su parte inferior. Muestra numeración romana entre las VI de la mañana y las VI de la tarde, representando la hora cuarta con tres unos (IIII). Entre las estrías que marcan las horas se aprecian otras más cortas que señalan las medias y los cuartos, aunque el disco se encuentra muy deteriorado.

Fuente: B.N.E. (1932)

Este reloj de sol tiene una inscripción en su parte superior: F. de P. Sarriá 1840.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Inscripción del reloj. F. de P. Sarriá -1840.

La prensa informa sobre el boticario Francisco de Paula Sarriá que ya en el año 1821 vivía en la calle de Tudescos, situada en el entonces denominado barrio de Moriana. (La travesía de Moriana, que daba nombre al barrio, fue absorbida por las obras para la construcción de la Gran Vía. Existió también la plazuela de Moriana, en la que remataba dicha travesía, que hoy sería correspondiente con la parte superior de la plaza del Callao).

Una terrible epidemia de cólera-morbo había llegado a Madrid en el verano de 1834 haciendo grandes estragos en la población, principalmente en el período comprendido entre los meses de junio a septiembre. El boticario Francisco de Paula, que también era profesor de Farmacia de la Diputación, suministra gratis todos los medicamentos necesarios para los enfermos coléricos, y cloruros para desinfección. Rebaja un 35% de todas las medicinas que se necesiten para los pobres que padezcan enfermedades comunes, por el tiempo que la epidemia aflija a esta capital.

Bien pudo ser este boticario Sarriá, hombre adinerado y propietario también de varias casas en el barrio, quien regalara a los vecinos el reloj solar de la iglesia de San Martín situado en la calle del Desengaño, en el año 1840.



Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
“Las iglesias del antiguo Madrid” Elías Tormo.
Relojesdesol.info
Gallica.bne.fr

miércoles, 15 de abril de 2015

CASA PASCUAL, CALLE DE LA LUNA 16.

Los cuatrocientos cincuenta metros de longitud que tiene la calle de la Luna de Madrid, aunque hoy pasen desapercibidos, albergan una abundante historia. Aquí se alzan aún, y de milagro, dos palacios del siglo XVIII: el de los condes de Talara y Torralba (en el número 27) y el de la Infanta Carlota, antes del marqués del Llano (en el número 32). Hasta el año 1969, con menor fortuna porque fue demolido, ahí estuvo también el Palacio de Monistrol o del conde de Sástago (en el número 11, donde hoy se encuentra la denominada, de forma extraoficial, plaza de la Luna). 

Esta calle aún conserva una de las boticas más antiguas de Madrid, allí establecida desde el año 1833, la Farmacia Cardona, y tuvo una de las tiendas más populares y lujosas del barrio, el Molino de chocolates “El Indio”, cuyo mobiliario forma parte de la decoración del Museo del Traje de Madrid.

En medio de todo lo antedicho estuvo la Taberna de Pascual o Casa Pascual, cuna de artistas y cantera de bohemios.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Con fachada gris y cierres metálicos, lo que fue Casa Pascual es hoy un local abandonado en la calle de la Luna

Pascual Álvarez vino a instalar su taberna en el actual número 16 de la calle de la Luna, (antes nº 14), allá por el primer año del siglo XX. Anunciada en prensa como “Pascual Álvarez, vinos y comidas” durante las primeras décadas, pasó a llamarse “Casa Álvarez” y finalmente “Restaurant Casa Pascual” a partir de los años treinta. 

Un alto escalón daba acceso a la taberna desde la acera de la calle de la Luna. Su interior tenía forma de rectángulo, con dos columnas cuadradas en medio, mesas fijas de mármol y un mostrador con superficie de zinc situado a la izquierda de la entrada, sobre el que se había instalado una gran anaquelería cargada de botellas.

Fuente: B.N.E. (1936)
Mostrador y anaquelería de Casa Pascual.

El local también tenía comedor en el entresuelo, cuya entrada se hacía por el portal del edificio mediante una puerta independiente. Allí se celebraron numerosos banquetes de distintas asociaciones profesionales, homenajes a dramaturgos, como el ofrecido a José Marco Davó y José Alfayate por el éxito obtenido con la obra “Con las manos en la masa o No hay mal que por bien no venga” en 1935, y fundamentalmente los festejados por y para los periodistas de “El País-diario republicano” o “La Libertad”, diarios que a lo largo del tiempo tuvieron su sede e imprenta en la cercana calle de la Madera baja, nº 8. 

Casa Pascual, que en teoría cerraba a las tres de la madrugada aunque mantenía abierto su entresuelo para los asiduos, tenía una parroquia variopinta. Allí se entremezclaban hombres y mujeres de los más diversos oficios para comer sus famosas judías a la bretona, el cocido o un bistec en bocadillo. 

Fuente: B.N.E. (1936)
Parroquianos variopintos comparten mesa en Casa Pascual.

Gente de la gallofa madrileña alternaba en el mostrador con periodistas, serenos, artistas bohemios, trabajadores nocturnos o madrugadores de artes gráficas, estudiantes de la vecina Universidad y con aquellos que recogían las comidas para llevar destinadas a las redacciones de prensa, las oficinas o a los templos donde se rinde culto a Cupido.

Fuente: B.N.E. (1933)
Lista de precios de una taberna económica, que bien pudiera ser Casa Pascual.

Será durante la década de los años treinta del siglo pasado cuando Casa Pascual entre en la historia de los figones del centro de Madrid. 

Como restaurante popular, cuyo fogón podía verse desde fuera de la cocina, comenzó a ser frecuentado además por artistas, autoridades, políticos de todas las ideologías, escritores, diplomáticos y poetas. Por allí pasó el pleno de los miembros de la Generación del 27 y en el mes de marzo de 1935 los periodistas de izquierdas destinados en el Congreso, ofrecieron un banquete al entonces expresidente del Consejo de Ministros Manuel Azaña Díaz y a Santiago Casares Quiroga, que en esos momentos era exministro de la Gobernación.

Fuente: B.N.E. (1935)
Manuel Azaña situado en el centro de la fotografía. 

Por entonces Rogelia, viuda de Pascual, llevaba el negocio junto a su hijo Paco. Habían reformado el local, eliminando el viejo mostrador de zinc y madera para sustituirlo por otro de piedra gris con líneas curvas en su frente. El salón del entresuelo fue convertido en modernos comedores independientes servidos por cuatro camareros. 

La clientela del barrio continuó mezclándose en esta taberna con periodistas como Emilio Carrere (que escribiría: La Casa Pascual es un restaurant nocturno y demócrata) o Pedro de Répide, con poetas como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Raúl González Tuñón o con pintores como Maruja Mallo y José Caballero. Precisamente para este último Pablo Neruda escribió, en marzo de 1970 su poema “A José Caballero, desde entonces” en el que recuerda con pesadumbre aquellos amigos y aquel Madrid que se disolvieron en el tiempo, mencionando la famosa taberna de Pascual de la calle de la Luna.


Dejé de ver a tantas gentes,
¿Por qué?
Se disolvieron en el tiempo.
Se fueron haciendo invisibles.
Tantas cosas que ya no veo,
que no me ven. Y ¿por qué?
Aquellos barrios con barricas
y cuerdas y quesos flotantes
en los suburbios del aceite.
Dejé la calle de la Luna
y la taberna de Pascual.
Dejé de ver a Federico.
¿Por qué?
Y Miguel Hernández cayó
como piedra dura en el agua,
en el agua dura.
También Miguel es invisible.
De cuanto amé, qué pocas cosas
me van quedando para ver,
para tocar,
para vivir.
¿Por qué dejé de ver el frío
del mes de enero, como un lobo
que venía de Guadarrama
a lamerme con una lengua,
a cortarme con su cuchillo?
¿Por qué?
¿Por qué no veo a Caballero,
pintor terrestre y celestial,
con una mano en la tristeza
y la otra mano en la luz?
A ese lo veo.
Tal vez más entrado en la tierra,
en el color, en el silencio,
enamorado, anaranjado,
viviendo un sol sobreviviente.
Así es.
A través de él veo la vida
que dejé de ver para nunca.
La dicha que yo no perdí
(porque aprendí después las cosas
luchando).
A través de su tinta ardiente
y de su arcilla delirante,
a través del puro fulgor
que lo delata,
veo lo que amé y no perdí,
y sigo amando:
calles, tierras, dulzura, frío,
la sepulcral Plaza Mayor,
el tiempo con su larga copa.
Y en el suelo una rosa blanca,
ensangrentada.

Pablo Neruda. Isla Negra, marzo de 1970.


En el año 1972 la taberna Casa Pascual cerró sus puertas siendo sustituida por “La Boroña”, un nuevo restaurante asturiano y tan económico como su antecesor. 

Varios y diferentes negocios se instalaron a lo largo del tiempo en este hoy vacío local. En la actualidad su abandonada y sucia fachada no muestra el menor recuerdo del histórico pasado que tuvo años atrás.






Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Tabernasantiguasdemadrid.blogspot.com
Es.wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

miércoles, 1 de abril de 2015

COLEGIO JOAQUÍN COSTA, LA CIUDAD INFANTIL DE MADRID.

El lugar donde hoy se encuentra el Colegio Joaquín Costa, en el paseo de los Pontones, número 8, fue el sitio escogido para fundar un ambicioso proyecto pedagógico que llevaría el nombre de Ciudad Infantil y fue promovido por el Colegio de Doctores de Madrid y en especial por el Dr. Francisco Carrillo Guerrero, en el año 1923.

Esta zona, correspondiente al barrio de La Latina y cercana al depauperado Barrio de las Injurias, presentaba entonces un alarmante índice de analfabetismo por la escasez de plazas escolares en su entorno. El proyecto de la Ciudad Infantil no sólo pretendía llegar a atender a los más de ocho mil niños del barrio sino también a sus familias, posibilitando asistencia médica, apoyo jurídico, instrucción higiénica y todo cuanto fuera necesario con el fin de paliar las míseras condiciones de vida de los habitantes de aquella parte de Madrid y su enorme mortalidad infantil.

La parcela destinada a ser la Ciudad Infantil era desde el año 1869 el Mercado de Caballerías o de Ganados, un terreno cercado con valla y algunas casetas para los servicios del mercado y donde, desde el amanecer hasta las diez horas de la mañana, todos los días se compraban y vendían animales de abasto y labor.

Fuente: idehistoricamadrid.org -Facundo Cañada- (1900)
Plano de la zona: Paseo de los Pontones y Puerta de Toledo. Resaltado en azul se aprecia el Mercado de ganados.

Enclavado entre el paseo de los Pontones, la ronda de Segovia y el paseo Imperial fue un terrero extramuros hasta el año 1868 cuando se decidió derribar la cerca de Felipe IV, de la que se conserva un pequeño lienzo, que tenía un acceso a Madrid por la Puerta de Toledo.

Fuente: Fotografía de Jean Laurent (1865). Fotografía actual de M.R.Giménez (2014)
La Puerta de Toledo en 1865 aún era lugar de acceso a Madrid y tenía tapiados sus laterales. Hoy sólo queda un pequeño lienzo de la cerca de Felipe IV.

El comienzo de las obras para la Ciudad Infantil tuvo lugar en el año 1923, cuando el contratista Fernando Force Lafuente solicitó la licencia al Ministerio de Instrucción Pública por un valor de 1.041.355’99 pesetas, dinero que sería recaudado mediante suscripción pública y aportaciones de los integrantes del Colegio de Doctores de Madrid, además de los correspondientes organismos oficiales (Ministerio de Instrucción Pública y Ayuntamiento).

Cuatro fueron los primeros pabellones de madera que conformarían los inicios del Grupo Escolar Joaquín Costa, construidos en esta Ciudad Infantil y donde comenzaron las clases diurnas y nocturnas para 200 alumnos, elegidos entre los 600 niños que presentaron su matrícula y que hubieron de quedar en lista de espera por falta de sitio. 

Fuente:idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1956-1957)
Fotografía aérea de la zona que muestra el terreno destinado a la Ciudad Infantil y al colegio.

Aparte de la necesaria alfabetización, habría talleres de diversos oficios trabajando con la puerta abierta para que puedan ser vistos por los niños y estos puedan elegir el que más les guste. El recinto estaría dotado de un gran jardín, huerta, campo de deportes, piscina, capilla, teatro y diversiones al aire libre que instruyen deleitando.

Pero la realidad no iría paralela con los planes para el desarrollo de esta Ciudad Infantil ya que a finales del año 1925 las obras del nuevo edificio y de los restantes servicios se iban retrasando, los alumnos continuaban en los barracones de madera y el cerramiento del recinto aún no se había realizado. 

Fuente: memoriademadrid.es (1929 aprox.)

Hasta el año 1929 no se terminó de construir el nuevo edificio que albergaría el Grupo Escolar Joaquín Costa, quedando cerrado y sin utilizar debido a la lentitud en la tramitación de su expediente para obtener el permiso oficial de apertura. Numerosos actos vandálicos estaban destruyendo los cristales de sus ventanas, el robo de materiales y las goteras arruinaban los suelos de madera, las puertas y el mobiliario. Así se había mantenido durante seis años, desde el comienzo de las obras, ante la pasividad de la Administración y las denuncias de la prensa, rodeado por las peligrosas y profundas zanjas resultantes de las excavaciones practicadas con el fin de buscar la rasante con el paseo de los Pontones. 

Hasta el día 7 de octubre de 1930 no daría comienzo la matriculación de los nuevos alumnos de este grupo escolar, que iniciaría el curso con el nuevo centro dotado de cantina, ropero, duchas, calefacción, biblioteca, escuela maternal con médico, jardín con árboles y todo lo necesario. El colegio sería inaugurado, finalmente, de manera oficial el día 13 de agosto de 1931 contando con una sección maternal, tres de especialización en primaria y una de secundaria. También se impartirían clases de idiomas, artísticas, corte y confección –con el fin de que los alumnos elaborasen prendas para otros niños- y de preparación comercial. Contaría con inspección médica y odontológica, además de una cantina que daría de comer a 350 niños y niñas subvencionada por el Ayuntamiento.

Fuente: ABC y B.N.E. (1931).
Inauguración del Colegio y busto de Joaquín Costa del escultor José M. Palma (hoy desaparecido).

En el año 1934 el Grupo Escolar Joaquín Costa ya tenía 1 sección maternal, 2 de párvulos, 9 de niñas y 20 de niños. También contaba con unidades destinadas a los alumnos con alguna deficiencia. En total albergaba a 1.500 estudiantes, con horario desde las 8 horas de la mañana hasta las 6 horas de la tarde. Para el acceso a una plaza escolar de los más pequeños tendrían prioridad los niños huérfanos y quienes justificaran el trabajo de ambos padres.

La enseñanza impartida es completamente moderna en todos los grados. Los niños y niñas eran atendidos para su evolución física y mental por los procedimientos recomendados en la moderna Paidología, complementada con excursiones al centro de Madrid, pueblos y ciudades cercanas. El Grupo Escolar Joaquín Costa de la Ciudad Infantil fue único de su clase en Madrid. 

Fuente: B.N.E. (1931)

La dirección del centro organizaba a menudo celebraciones para los niños y conferencias para sus padres a cargo de eminentes médicos y pedagogos. Verbenas, La fiesta de los juguetes o la de Fin de curso, que cada año tenía lugar en el Teatro Español. 

Fuente: B.N.E. (1931)
Parvulario del colegio.

A principios del mes de junio de 1934 se constituye en el Joaquín Costa la Asociación de Amigos del Niño (lo que hoy es la Asociación de Madres y Padres de Alumnos). Fue creada por los padres de los discípulos con la finalidad de instaurar becas para el acceso a estudios superiores de los alumnos, establecer colonias escolares, organizar festivales infantiles y conferencias, concursos de trabajos realizados por los niños y sus premios, adquirir materiales de varios oficios para que los alumnos ingresaran en un puesto de trabajo con categorías superiores a las de aprendiz. Esta asociación recaudaba fondos realizando festivales para el barrio en el recinto del colegio.

En el año 1936 comienza la Guerra Civil Española. En el mes de agosto de ese mismo año se habilita una residencia infantil para acoger a los niños de los distritos cercanos al Grupo Escolar Joaquín Costa. Un mes más tarde, el director del colegio, Manuel Alonso Zapata, es asesinado junto a su familia por las tropas fascistas. En octubre el colegio es bombardeado durante el horario de clase. 

Tras el fin de la guerra el colegio se reconstruye y vuelve a impartir clases, pero perdiendo el espíritu relacionado con la Institución Libre de Enseñanza que inspiró a la Ciudad Infantil de Joaquín Costa. 

En el año 1970 el edificio del colegio se encontraba en tan mal estado que se acordó su demolición y la edificación del que ahora existe. En esa época contaba con 850 alumnos y 22 unidades. En la actualidad sus 18.000 m2 de superficie albergan a 36 aulas de primaria y 6 de educación infantil, a las que asisten 1.130 alumnos.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Idehistoricamadrid.org
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Memoriademadrid.es
Colegiojoaquincosta.com
“La educación en la España revolucionaria (1936-1939)” Ramón Safón.
Mcu.es
Es.Wikipedia.org


Dedicado a todos los niños y niñas que un día fueron alumnos de la Ciudad Infantil y del Colegio Público Joaquín Costa del Paseo de los Pontones de Madrid.