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martes, 1 de septiembre de 2015

LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO.

El siguiente reportaje ha sido realizado por Antonio Pasies Monfort, de tabernasantiguasmadrid.blogspot.com.es y por María Rosario Giménez de antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es Aparece publicado simultáneamente en ambos blogs.



La Cava Baja fue desde el S XVII una de las calles más animadas, trajineras y bullangueras de Madrid. Hasta hace poco se podían encontrar en ella muchos comercios artesanales cuya antigüedad se remontaba, en muchos casos, al S.XVIII.


Esparterías, cordelerías, toneleros, albarderos, fábrica de cedazos y tiendas de garrotes y cencerros compartían espacio con la numerosas posadas, mesones, bodegones, figones y tabernas que llenaban la calle.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1934)
Cava Baja.

A finales del S XIX Hilario Peñasco y Carlos Cambronero apuntaban que:


“Dan vida y animación a la calle las galeras, correos y carricoches de esta provincia, el sinnúmero de caballerías que constantemente entran y salen de las posadas, ya portando géneros de comercio, ya sirviendo de medios de locomoción al labrador que en sosegado macho hace su entrada en la corte, llevando en la grupa a la esposa o a la hermana.”

Unos años más tarde, ya en el S XX, Pedro de Répide nos describe las tabernas y el ambiente de esta calle tan vital y bulliciosa.

“Las tabernas, más a la manera de las legendarias, permanecen en esta Cava con sus cortinillas rojas, sus azulejos con grecas y floripondios azules, o a veces con alegorías de vituallas, y los escaparates en que se ostentan las cazuelas de callos hechos una masa espesa y visible, y los platos con tajadas de abadejo o truchuela”.

A mediados del siglo pasado Antonio Velasco Zazo ve como “Van y vienen los trajinantes llevando de los cabestros las acémilas y jumentos cargados de cestas y talegos. Pone la recua una nota pintoresca en las calles angostas y legendarias que conducen a la Cava.
Invaden estas calles los aldeanos cargados con alforjas y sacos, los carromatos atestados de fardos”.

Muchas eran las posadas sitas en torno al actual número 35 (hoy Casa Lucio) y anterior nº 41 de la Cava Baja, desde finales del siglo XVII: La de Mariana, la de Salcedo, la de San Luis y la de San Pedro. Allá se instaló un bodeguero llamado Juan Bardasco en 1879, que dos años después traspasaría su local a Domingo Parrondo, quien serviría vinos y comidas. En el año 1902 apareció en esta Cava un nuevo propietario llamado Santiago González Gómez que, con toda probabilidad, anexionaría a su negocio la pequeña taberna de Pilar Gómez, también allí ubicada.

Santiago González, más conocido como El Segoviano, había venido a Madrid desde su natal Castillejo de Mesleón (Segovia), tras pasar por las profesiones de pastor y panadero. Al llegar a la ciudad trabajó en varios oficios hasta que arrendó una taberna de la Cava Baja, en la esquina con Puerta Cerrada (hoy bar La Terraza) y posteriormente, al quedar libre la cocina del antes citado número 35 (antes nº 41) de esta calle, Santiago se haría con el local por 100 pesetas. En el año 1907 cogió en traspaso, por 500 pesetas, la posada de San Pedro. Además de estos negocios, El Segoviano fue también propietario de una tienda de ultramarinos, otra de compra-venta, varios locales y algunos pisos a lo largo de la Cava Baja.


Fuente: Nuevo Mundo (1932).
Santiago González frente al escaparate de "La reina de los lacones".

Un contemporáneo, Antonio Velasco Zazo, nos describe así al mesonero:

“El Segoviano resulta un hombre popular, simpático, regordete, bajito, corto de brazos, la cabeza monda, el color encendido, los ojos pequeños y avispados, la sonrisa franca, rasurado, calmoso y comedido en el hablar, diligente en el servicio y pródigo en el agasajo (…) en mangas de camisa, luciendo el típico delantal de peto verde con rayas negras”.


LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO.


El actual número 30 de la Cava Baja albergó, desde los años cuarenta del siglo XVIII, una de las hospederías más conocidas de Madrid: la Posada de San Pedro, que con el tiempo pasaría a llamarse Mesón del Segoviano.

Ya en el siglo XVII tenemos registradas no menos de 30 posadas en la Cava Baja por lo que es muy posible que esta Posada de San Pedro anteriormente tuviera otro nombre, ya que las primeras referencias a este lugar encontradas en la prensa datan de año 1815. 


Fuente: Diariomadrid.net (1955)
Puerta de acceso a la que fue posada de la Cava Baja, nº 30.

La de San Pedro tenía su acceso principal por el entonces número 28 de la Cava Baja (hoy equivalente al nº 30) y un paso de carruajes con entrada por la trasera calle del Almendro, número 15.

Se trataba de una casa de corredor a la que se accedía, mediante un gran portón de dos hojas, a un zaguán de paredes encaladas y suelo empedrado que a su vez desembocaba en un gran patio central rodeado por balcones de madera. A la derecha del patio había un amplio comedor, cuyos techos y paredes estaban pintados al fresco, que tenía una viga central con una única lámpara de cuatro brazos, realizada por completo en madera maciza y con un peso de cuatro arrobas.


Fuente: Asislazcano.blogspot.com (Segunda mitad s. XX).
Aposento del mozo, en el patio de la posada.

La posada daba alojamiento a cuarenta y dos inquilinos; arrieros, botijeros extremeños y comerciantes que traían, e incluso vendían allí, sus mercancías a Madrid desde todos los puntos del país. El precio de las camas podía llegar a dos pesetas en los primeros años del siglo XX, importe que no estaba al alcance de los viajeros menos favorecidos, conocidos como saqueros, quienes por un real accedían a un saco de paja depositado en el suelo y dormían junto al lugar donde se guardaban los animales.

Muchos fueron los propietarios de la Posada de San Pedro a lo largo del tiempo. Sabemos que en los años 50 y 60 del siglo XIX el dueño de la posada era Cayetano Feito; pasó después a la familia Ríos y desde 1894 hasta que la arrendó Santiago González, el posadero era Laureano González.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1920).
Santiago González "El Segoviano" con familiares y trabajadores de la posada.

En el año 1908 Santiago “El Segoviano” ya era el propietario de la Posada de San Pedro situada en la Cava Baja, número 28. 

De la Cava Baja salían de antiguo los carromatos y tartanas llamados “ordinario” con dirección a diversos municipios de las provincias de Madrid y Toledo, que más tarde fueron reemplazados por renqueantes automóviles de pasajeros. Cada “ordinario” llevaba adosado el nombre del municipio al que realizaba los viajes y en él se transportaban personas y mercancías. El trasiego de viajeros propició un importante negocio para las posadas establecidas en las Cavas Baja y Alta hasta la década de los años sesenta del siglo XX, momento en que este servicio dejó de funcionar en dicho emplazamiento.


Fuente: Viejo-madrid.es (1929).
Viajeros en la Cava Baja.

La fama de la Posada de San Pedro se extendería por todo Madrid, sobre todo, a partir del día 8 de junio de 1921 con el homenaje al escritor y periodista Francisco Grandmontagne Otaegui, del que toda la prensa dio noticia. La famosa artista Raquel Meller, los escritores Ramón Pérez de Ayala, Ramón Gómez de la Serna, José Augusto Trinidad Martínez Ruiz “Azorín”, el poeta Antonio Machado, la periodista Encarnación Mateos, entre otros muchos, organizaron este sonado banquete homenaje de cuyo recuerdo quedaría una placa conmemorativa en el comedor de la Posada de San Pedro, que pasaría a llamarse desde entonces Mesón del Segoviano.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1953).
Portal de la Posada de San Pedro, ya renombrada como Mesón del Segoviano, en el nº 30 de la Cava Baja.

A partir de ese momento el Mesón del Segoviano fue otro de los lugares preferidos por escritores, pintores, actores, dibujantes, periodistas y asociaciones de diversa condición para agasajar a los famosos de la época. La fama del lugar convertiría la posada en una magnífica hospedería con gran cantidad de dormitorios ventilados, agua abundante y buenos lechos.


Fuente: B.N.E. (1935).
Santiago "El Segoviano" sirve vino durante una celebración.

El ya conocido como Mesón del Segoviano continuaba sirviendo las viandas en los utensilios de toda la vida. Las judías con chorizo, el cocido, las pepitorias y sopas de ajo, los asados de cordero y los flanes eran presentados a los clientes en platos cuencos y cazuelas de culo redondo, acompañadas de cubiertos de palo y vasos de cuerno también en los célebres banquetes, a los que asistía puntualmente el pintor Arturo Ortiz-Alguacil.


Fuente: Todocoleccion.net
Anuncio promocional del Mesón del Segoviano con una de las pinturas de Arturo Ortiz-Alguacil.

Arturo Ortiz-Alguacil era un pintor arbitrario y absurdo, y sin embargo de un raro interés turbador. Según contaba, a quien deseara escuchar, había viajado por todo el mundo, fue discípulo de Antonio Muñoz Degrain y llegó a estar pensionado en Roma. Pero todo debió torcerse en algún momento de su vida cuando hubo de aceptar la hospitalidad de Santiago “El Segoviano”, a cambio de su pintura, para poder sobrevivir.

Ortiz-Alguacil vivía gratis en el mesón desde 1921 y fue el pintor de sus paredes y techos con escenas de un realismo bárbaro donde se podían reconocer los rostros de los parroquianos, sus trajes y ademanes. En sus frescos dominaban los colores ocres, rojos y negros. “La Navidad en Segovia”, “La lujuria y la miseria”, “Un admirador inesperado” que reflejaba al asustado artista subido a un árbol mientras un toro contempla su cuadro, hecho real acaecido en Sevilla, fueron algunas de las obras con que este bohemio adornó posada y demás locales propiedad de El Segoviano. 

Una noche de marzo del año 1929, tras la celebración de uno de los banquetes de escritores y artistas, el pintor se sintió indispuesto y allí mismo falleció rodeado de sus amigos. Dejó inconclusa su obra titulada “La muerte del Buda” en uno de los últimos comedores del mesón.


Fuente: Todocoleccion.net
Publicidad del Mesón del Segoviano con otra de las pinturas de Arturo Ortiz-Alguacil.

En el año 1989 lo que fue la Posada de El Segoviano se vendió a la constructora “Desarrollo Agrario, Industrial y Urbano, SA” sociedad participada por la empresa PROCYRSA, propiedad del entonces concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ramón Tamames Gómez. Tan solo un año después de la venta el inmueble fue rápidamente declarado en ruina y sus inquilinos desalojados con premura.

Así, el actual número 30 de la Cava Baja se convirtió en un solar donde la constructora propietaria se negaría a permitir las excavaciones arqueológicas que exige el Plan General de Urbanismo de Madrid para las zonas de máxima protección, como esta. La Comunidad Autónoma de Madrid amenazó entonces con la paralización de las obras para la nueva edificación y la constructora no tuvo más remedio que claudicar.

Las exploraciones arqueológicas sacaron a la luz varios silos, al parecer musulmanes, y un gran lienzo de 180 m2. de la muralla cristiana del siglo XI, que por la Cava Baja transcurría.


Fotografías: M.R.Giménez y Vicente Valdés (2015).
Fachada del actual nº 30 de la Cava Baja. En el interior del inmueble se conserva el lienzo de la muralla cristiana del s. XI.

Un nuevo edificio de viviendas fue levantado en el solar, dejando al descubierto el lienzo de muralla para su visita. 


MESÓN DEL SEGOVIANO (Actual CASA LUCIO).


La taberna que Santiago González puso en 1902 en el nº 41 (actual número 35) de la Cava fue evolucionando hasta convertirse en un mesón que, durante algunos años, era conocido como “La reina de los lacones”. Así lo comenta “El Imparcial” en 1930 cuando dice que, además de la Posada de San Pedro, tiene otra casa de comidas en el 41, que desde hace muchos años se la conoce como reina de lacones y sabrosos codillos a 65 céntimos.


Fuente: Revista Buen Humor (1931).
"La reina de los lacones"

En 1923 el mismo periódico nos habla de Santiago y del Mesón:

“El caprichoso comedor de la famosa casa reina de los lacones y cocidos que el Segoviano posee en el núm. 41 de dicha calle de donde puede decirse que es rey y señor, ya que así se pregona y lo viene demostrando en todas las verbenas del distrito, engalanando la calle sin reparar en gastos, hasta hacerla sobresalir sobre todas las demás donde pasamos un rato agradable contemplando las pinturas tan originales y cosas tan divertidas como éstas, alusivas desde luego a las figuras: 

«El que quiera un cocido de «el Segoviano» que madrugue, que yo ya le tengo en la mano». Más allá un maestro de escuela gime desesperado: “¡Con qué afán miro a los motilones al ver que comen cordero y lacón del célebre Segoviano»! ¡Yo, maestro de escuela, estoy desmayado!”.

Parece que el pillín de don Santiago no siempre ofrecía productos de la mejor calidad pues el diario “El Sol” del 16/7/1925 notifica que Santiago González, Cava Baja, 41, es multado con 250 pesetas por venta de carne en malas condiciones para el consumo.


Fuente: Todocoleccion.net
Antecocina y uno de los salones decorados con profusión por Arturo Ortiz-Alguacil.

El citado Velasco Zazo nos relata cómo eran los locales que Santiago González tenía en los números 28 (actual nº 30) y 41 (actual nº 35) de la Cava Baja:

“En los últimos años se ha puesto de moda el Mesón del Segoviano, en la Cava Baja, antes Posada de San Pedro, adornado con curiosas pinturas murales, lo mismo que los sótanos de la taberna frontera.

Los clientes recorren el laberinto de sus artísticos escondrijos y saboreando el lechón al horno, el cordero con patatas, la tortilla española, la sopa de ajo arriero y el vino rancio escanciado en jarritas talaveranas.

Desde el despacho de vinos –la clásica taberna- una escalerilla de caracol conduce a la cueva, convertida en una especie de laberinto.

Los comedores están en los sótanos de otro local frontero (…) que por la Cava Alta muestran sus fachadas posteriores. Se llega a estos subterráneos cruzando otra taberna de pobre aspecto.

Una serie de reducidos escondrijos, en cuyo fondo se ven sobre un gran tablero las hinchadas corambres; de tierra desigual el suelo; de pino la mesas pequeñitas, con velones apagados; bajas las sillas y harto estrechos los bancos; decoradas completamente las paredes con pintura llamativa, caricaturesca y alegórica; en este ambiente se sirven la sopa de ajo en cazuela y con cuchara de palo, los huevos fritos sobre grandes lonjas de jamón, el cordero, el cochinillo asado, la pepitoria, los bartolillos y el vino manchego en jarritas talaveranas”. 


Fuente: Todocoleccion.net
Jarra de cerámica talaverana del Mesón del Segoviano.

Cuando en 1942 muere Santiago el mesonero, su hija Petra se pone al frente de los negocios. El Mesón sigue funcionando con normalidad pero, poco a poco, va perdiendo esa clientela compuesta por lo más granado de Madrid y, hacia los años sesenta, sus comedores pasan a ser ocupados por extranjeros curiosos y jóvenes con sus tunas estudiantiles cantando “Clavelitos” acompañados por sus propias guitarras o por las que les prestaba el local.


Fuente: Periódico "Villa de Madrid"
Petra González en el año 1982.

Para animar los cantos se bebía un vinazo dulzón y cabezón acompañado por unas tortillas fácilmente superables. Ya en 1935 Emilio Carrere escribía:

Una jarra
pintada, de Talavera
-vino espeso y peleón-.
La guitarra,
errabunda y lastimera,
del mesón,
y una lágrima colgando
del bordón.


Fuente: ABC
Taberna del Mesón del Segoviano hacia 1970.

En 1945 entra como aprendiz en el mesón Lucio Blázquez; sólo tenía 12 años pero ya era muy espabilado y trabajador. Cuando doña Petra decide en 1974 dejar el local por jubilación, se lo cede a Lucio que ya se había independizado y abierto otro establecimiento en la misma calle.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1960) y Enciclopedia de Madrid, editada por Espasa-Calpe (1977).
En la fotografía de la derecha se aprecia aún el rótulo de "Mesón del Segoviano" aunque el local ya era propiedad de Lucio.

Petra se mantuvo únicamente al frente de la Posada hasta su fallecimiento en 1987.

En el año 1974 y después de una reforma total, el Mesón del número 35 de la Cava Baja reabre conservando el nombre, pero unos años después pasa a llamarse “Casa Lucio” y a convertirse quizás en el más conocido restaurante de Madrid en donde un par de huevos te cuesta uno. Pero esa ya es otra historia.








Fuentes:

“Ruta emocional de Madrid “ Emilio Carrere.
“Fondas y Mesones” Antonio Velasco Zazo.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“Las calles de Madrid” Hilario Peñasco y Carlos Cambronero.
“Centros y periferias en España y Austria: aspectos literarios y culturales” Carlos Buján López y María José Domínguez Vázquez.
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC
Hemeroteca El País.
Madridhistorico.com
Es.wikipedia.org
Urbancidades.wordpress.com
Asislazcano.blogspot.com
Todocoleccion.net
Viejo-Madrid.es
Enciclopedia de Madrid. Espasa-Calpe.
Memoriademadrid.es

martes, 18 de agosto de 2015

BUFFET ITALIANO, CARRERA DE SAN JERÓNIMO, 37.

Desde finales del siglo XVI y hasta el año 1884 la parte de la carrera de San Jerónimo, donde hoy se encuentra el Congreso de los Diputados, estuvo ocupada por el Hospital de San Pedro de los Italianos y por su iglesia. Parece que ello constituiría un magnífico pretexto para albergar en sus cercanías, desde el año 1870, a uno de los restaurantes más prestigiosos de Madrid, conocido por todos como “Los Italianos” (a pesar de que su nombre real era el de Buffet Italiano), que se ubicaba en el por entonces número 32 de esta vía. Su comedor tenía el aspecto de una fonda de estación, en opinión de Ramón Gómez de la Serna que organizó en él algún banquete homenaje al comenzar el siglo XX. Allí adquieren la ilusión latina envuelta en queso y macarrones.

Como sucursal de este famoso y antiguo restaurant se inauguró en los primeros días de marzo del año 1923, en el número 37 de la carrera de San Jerónimo (que hoy se corresponde con el nº 17), el Buffet Italiano, local suntuosa y elegantemente decorado dirigido por Ricardo Piccio y nominado de igual forma que el restaurante del que era filial, situado en la acera de enfrente.

Fuente: B.N.E. (1923)
Fachada del bar Buffet Italiano en su inauguración.

El Buffet Italiano era un magnifico Bar, cuya especialidad son los cocktails-vermouth, café y chocolate, que también tenía tienda de selectos comestibles y de inmediato abriría además un gran salón comedor. Ofertaba todos sus productos como importados de Italia y de otros países, con servicio a la carta, desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del bar Buffet Italiano.

El local del Buffet Italiano ocupaba toda la planta del edificio de la carrera de San Jerónimo y tenía también un acceso por la calle de Arlabán, número 8. Fue un lugar elegido para la celebración de numerosos homenajes.

Fuente: Fundaciontelefonica.com (principio años 30 del siglo XX).
Una de las cenas homenaje celebradas en el Buffet Italiano. 

Multitud de personajes del mundo cinematográfico, de la literatura, de las artes en general y de la política fueron asiduos del bar Buffet Italiano y de su comedor. 

Una de las tertulias más animadas de este local era la conducida por el escritor y político socialista Luis Araquistáin Quevedo que junto a Juan Negrín López (quien llegaría a ser Presidente del Consejo de Ministros entre 1931 y 1939), el pintor Luis Quintanilla Isasi, el periodista y político Juan Álvarez del Vayo Ollogui, el historiador Ricardo Gutiérrez Abascal (conocido por el seudónimo de Juan de la Encina), el médico Gonzalo Rodríguez Lafora y el también escritor, además de traductor, Luis Ciges Aparicio, entre otros, tenía lugar cada sábado por la tarde.

La clientela del Buffet Italiano estaba compuesta por personas heterogéneas de la vida nacional e internacional. Y como muestra de su diversidad habrá que citar a: Federico García Lorca, Rafael Sánchez Mazas, Samuel Ros Pardo, Felipe Camino Galicia de la Rosa (León Felipe), José Moreno Villa y Felipe Sassone Suárez, entre un largo etcétera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada de lo que fue el bar Buffet Italiano, en la actualidad.

En el edificio del Buffet Italiano, construido en el año 1890, se instalaría también el Hotel Peninsular en 1929.


Fuente: Todocoleccion.net (principio años 30 del siglo XX)
El edificio del Hotel Peninsular y el Buffet Italiano.

Los dueños del Buffet Italiano y del Hotel Peninsular traspasaron estos negocios, de manera urgente, entre los años 1935 y 1936. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
El edificio donde estuvieron el Hotel Peninsular y el Buffet Italiano, en la actualidad.

El bar Buffet Italiano, con dueños diferentes, se mantuvo abierto hasta bien entrada la década de los años sesenta del siglo pasado.




Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
“Obras completas” Ramón Gómez de la Serna.
“Al final de la cabriola. Conversaciones con el pintor Luis Quintanilla” Joaquín F. Quintanilla y Consuelo Soldevilla.
Fundaciontelefonica.com
Todocoleccion.net
Es.wikipedia.org

viernes, 31 de julio de 2015

LOS ESPEJOS DE LA CALLE DEL GATO.

Entre las diversiones gratuitas en la ciudad de Madrid con las que contaban autóctonos y foráneos desde mediados del siglo XIX, tres eran las más destacadas y de imprescindible visita: ver el descenso de la bola del reloj en la Puerta del Sol, mirar los movimientos de los chinos con trenza del reloj de Canseco en la plaza del Ángel y desternillarse ante los espejos deformantes de la calle del Gato.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La calle del Gato (Álvarez Gato), en la actualidad.

Ha de comenzarse diciendo que la famosa calle del Gato tuvo este nombre hasta el año 1918, cuando se propuso en el Ayuntamiento de Madrid el cambio de su denominación por el de calle de Álvarez Gato, en alusión al poeta Juan Álvarez Gato que durante el s. XV tuvo su casa en ella. Este Gato fue descendiente de aquel soldado que durante la Reconquista, en el siglo XI, trepó con gran habilidad por las murallas de Madrid, solo auxiliado por una daga. La destreza en su escalada originó que sus compañeros le impusieran el apodo de “Gato”, que él añadiría como apellido al suyo propio. Esta anécdota daría origen al apelativo de “gatos” para todos los oriundos de Madrid capital.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).














La historia de los espejos deformantes de la calle del Gato (a la que los madrileños continuaron llamando así, a pesar del cambio en su rotulación), es muy posible que provenga de los años cuarenta del siglo XIX, cuando la Carpintería de Juan Rodríguez y su almacén de espejos vinieron a instalarse en dicha vía. 

Fuente: B.N.E. (1841)
Anuncio de la carpintería de Juan Rodríguez informando sobre la venta de espejos.

En el año 1850 otro vidriero, José Canosa, vino a reemplazar el taller de Juan Rodríguez de la calle del Gato, especializándose en lámparas fúnebres, para nichos y panteones. Con toda probabilidad fue él quien inició la saga de comerciantes que con ese apellido se mantuvo en el número 3 de esta calle hasta bien entrados los años treinta.

No es de extrañar que cualquiera de los dos vidrieros mencionados (Rodríguez o Canosa) utilizaran como reclamo para sus respectivos negocios los primeros espejos deformantes de los que tenemos noticia en esta calle. En la prensa del año 1903 se cita que las risas que provocaban sus imágenes han hecho las delicias de cuatro generaciones.

Estos espejos grotescos, mágicos o deformantes que tanto divertían a todos estaban situados en la fachada de la tienda. Eran dos de cuerpo entero, uno cóncavo y otro convexo; las carcajadas que arrancaban las grotescas reproducciones de su figura, se sucedían sin interrupción.

Fuente: B.N.E. (1905).
En este dibujo se aprecian los espejos primitivos de cuerpo entero.

Su fama en Madrid llegó hasta el punto de anunciar en la prensa su visita, sin otro objetivo que la diversión de mirarse en ellos.

Fuente: B.N.E. (1896).

Mientras tanto la familia Canosa, propietaria del local, veía prosperar su negocio dedicado a la venta de lámparas para todos los usos y utensilios del hogar. Este comercio cambiaría su denominación a lo largo del tiempo, a medida que las sucesivas generaciones familiares lo fueron heredando. Así, entre mediados del siglo XIX y principios de la década de los años treinta del siglo pasado, este comercio se llamó: José Canosa, Canosa e Hijo, Ángel Canosa, La lámpara de oro e Hijos de Ángel Canosa, entre otras variantes. 

Fuente: B.N.E. (1910)
Anuncio del comercio de Ángel Canosa donde figura el reclamo de "La casa de los espejos".

Sin lugar a dudas los espejos de la calle del Gato llegarían a la inmortalidad gracias a Ramón Valle Peña (1866-1936) más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, en su obra teatral “Luces de Bohemia”, inicialmente publicada por entregas en la revista “España” a lo largo del año 1920, editada en 1924 y no estrenada en el teatro hasta el año 1971. 


MAX
Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO
¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX
España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO
¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX
Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO
Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

(Fragmento de la escena duodécima de “Luces de Bohemia”).


En algún momento de su historia los primitivos espejos de cuerpo entero de la calle del Gato fueron sustituidos por otros de menor tamaño. Pero, unos u otros, continuaron siendo visitados y provocando hilaridad de igual manera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Réplica de los espejos convexo y cóncavo (de plástico), en la actualidad.

Durante los años treinta del siglo pasado el local del número 3 de la calle del Gato se convirtió en un almacén de aguardientes propiedad de Carlos Barranco, que posteriormente pasaría a denominarse Vinícola Aurora y desde el año 1960 se convertiría en un bar, famoso por sus raciones de patatas bravas. El negocio mantuvo también los célebres espejos en su fachada hasta que una irracional e ignorante celebración por el triunfo de un partido de fútbol, en el año 1998, vino a destrozarlos.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Los viejos espejos restaurados tras el acto vandálico del año 1998.

Hoy una réplica de plástico nos recuerda la historia de estos espejos que desde hace más de siglo y medio hacen reír a todo el que pase por la siempre peatonal calle del Gato de Madrid.






Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Elpais.com
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Luces de bohemia” Ramón María del Valle-Inclán.
Cervantesvirtual.com
Es.wikipedia.org

jueves, 16 de julio de 2015

UNA PASTELERÍA Y UNA FUENTE EN LA CALLE DEL MESÓN DE PAREDES.

Curioso es el nombre de esta calle de Madrid que informa sobre la posada o mesón, propiedad de Simón Miguel Paredes o Miguel Simón Paredes, según los autores, que allá se instaló por los tiempos finales de la Edad Media. Parece que se trataba de un negocio bien asistido que aposentó a los viajeros procedentes de Toledo, de Aragón y de otros puntos; sus grandes dimensiones le convirtieron en el mayor que por aquel tiempo había en las inmediaciones de Madrid. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Inicio de la calle del Mesón de Paredes.

De entre los muchos establecimientos de todo tipo que a lo largo del tiempo se asentaron en esta calle del Mesón de Paredes hay que destacar el que sería conocido como la Pastelería de Canales, nombre que tuvo desde las dos últimas décadas del siglo XIX hasta el año 1921.

La historia de esta pastelería se remonta al año 1561, fecha en la que se instaló su famoso horno que se mantendría en funcionamiento hasta los años treinta del siglo pasado. Se trataba de la pastelería más antigua de Madrid y una de las más longevas de Europa. La excelencia de sus hojaldres, sobre todo, era bien conocida y parece que entre la clientela habitual se encontraban, durante los siglos XVI y XVII, Miguel de Cervantes Saavedra, Félix Lope de Vega y Carpio, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Pedro Calderón de la Barca.

Esta pastelería horneaba también empanadas rellenas con toda clase de carnes, buñuelos y dulces de huevo hilado o de frutos secos, que se vendían en las fiestas populares de Madrid, todo acompañado por licores y vinos. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Calle de Juanelo. A la derecha aparece el lugar donde estuvo la casa, hoy reemplazada por otra, en la que se ubicó la Pastelería de Canales.

La primera noticia encontrada en la prensa sobre esta pastelería de la calle del Mesón de Paredes, procede del año 1790. Sin nombre distintivo por entonces, estaba situada en la casa número 7 de esta calle (que luego pasaría a ser el nº 11 y hoy se correspondería con el nº 9), esquina a la de Juanelo. El negocio era tan conocido que servía de referencia para indicar la ubicación de casas u otros comercios por allí apostados. 

Fuente: B.N.E. (1879).
Anuncio de la famosa pastelería, donde se informa de la fecha de su fundación.

Muchos fueron los propietarios de este obrador a lo largo del tiempo. El más conocido fue Tomás Canales Hernández (de él proviene la titularidad del negocio denominado “Pastelería de Canales”), que mantuvo el establecimiento de la pastelería desde la década de los años noventa del siglo XIX hasta el año 1921. Además del antiguo horno, situado en la tienda, el local tenía una escalerilla como las de barco, que a los comedores del piso entresuelo conducía. 

En el local donde estuvo la pastelería vino a instalarse en el año 1922 el Bar Trianón, que parece dio un vuelco significativo al negocio convirtiéndolo en un lugar más moderno. Raciones, bocadillos, refrescos y bebidas de todas clases se ofertaban en este nuevo establecimiento, junto a los pasteles de toda la vida. En la vivienda que los dueños del Trianón tenían sobre el bar se cometió El crimen de la calle del Mesón de Paredes, en el mes de noviembre de 1932 y del que la prensa dio numerosos datos. 

Fuente: B.N.E. (1929)
Interior del Bar Trianón.

Bajando por la empinada cuesta, en dirección a la Ronda de Valencia, se encuentra la plazuela de Cabestreros, donde se inicia la calle del mismo nombre. Se trata de un rincón nombrado así de manera oficiosa por los vecinos, porque nunca tuvo denominación propia al estar integrado en la vía del Mesón de Paredes. La importancia de este lugar se debe a la Fuente de Cabestreros, que ya aparece en el plano de Madrid realizado por Pedro Texeira (1656). 

Fuente: bvpb.mcu.es
Recorte del plano de Madrid, de Pedro Texeira (1656), donde se muestra la primera Fuente de Cabestreros.

Dicha fuente original fue sustituida en el siglo XIX por otra más pequeña, de alto pilón y faroles en la parte superior.

Fuente: B.N.E. (años treinta del siglo XX).
La Fuente de Cabestreros de alto pilón y faroles, antes de su demolición.

El agua de la de Cabestreros procedía del viaje del Bajo Abroñigal y dotaba de servicio tanto al vecindario como al Convento de las Dominicas de Santa Catalina de Sena, enclavado frente a ella, y demolido a mediados del siglo XX. 

Conocida también como Fuente de los Machos, por sus presuntas propiedades vigorizantes, el antiguo surtidor con faroles del siglo XIX desapareció de la noche a la mañana, y sin avisar, un día del año 1934. Ese mismo año sería inaugurada por el Ayuntamiento la fuente que hoy se encuentra en dicho emplazamiento y que es conocida como la Fuente de la República de la calle de Cabestreros.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La fuente de la República de la calle Cabestreros, en la actualidad.

De planta rectangular y construida en granito, esta fuente consta de un cuerpo central al que remata el ornamento de una piña del mismo material. En él se encuentran las inscripciones que informan sobre el año de su construcción (1934) por la República Española - Ayuntamiento de Madrid – y el nombre de Fuente de Cabestreros. Sus dos caños, hoy en desuso, vertían el agua sobre sendos pilones orientados al norte y al sur.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Uno de los surtidores "secos" de la Fuente de la República de la calle Cabestreros.

Durante el final de los años setenta del siglo pasado esta fuente tenía sus inscripciones en letras doradas superpuestas sobre el cuerpo central. Muchas de ellas habían desaparecido, pero se leía perfectamente “República Española”. Hay quien asegura que este rótulo fue ocultado por los vecinos durante la dictadura franquista, para salvaguardar la procedencia de la famosa fuente que volvería a ser rehabilitada a mediados de la década del año dos mil, con su grafía original sobre la piedra.







Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahisotica.mcu.es
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
Cervantesvirtual.com
“Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” Antonio Campmani
Es.wikipedia.org
Bvpb.mcu.es
Munimadrid.es

jueves, 2 de julio de 2015

EL BAR FLOR DE LA PUERTA DEL SOL.

La nueva Puerta del Sol de Madrid, cuya transformación se produjo entre los años 1857 y 1862, dio paso de inmediato a la instalación de numerosos establecimientos que ocuparon sus nada baratos locales. Como se sabe un gran número de cafés, hoteles y todo tipo de negocios abrirían aquí sus puertas compitiendo en lujo, confor e higiene. Pero también hubo bares, menos distinguidos que los cafés aunque tan importantes como ellos. Tal es el caso del Bar Flor, situado en lo que fue el número 14 (local que hoy corresponde con el nº 13) y que abrió al público en el año 1920.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Puerta del Sol vista desde el mirador de lo que fue el Bar Flor. 

El local donde luego se instalaría el Bar Flor estuvo siempre ocupado por algún negocio desde que en el año 1861 se levantase el edificio donde se encuentra, propiedad del marqués de Manzanedo. Una academia de francés, las exposiciones de una fábrica de tejas (Sierra y Guisasola) o de un estudio fotografía (Manuel Alviach), la cervecería de Candela, que allí estuvo entre los años 1902 a 1917, fueron algunos de los comercios que en este lugar se ubicaron hasta que allí vino a instalarse el Bar Flor. 

Fuente: Charles Clifford (1862), Jean Laurent (1870), bdh.re.bne.es (1905) y Francesc Catalá Roca (1954).
El mismo local a lo largo del tiempo: Una academia de francés, una exposición de tejas, la Cervecería de Candela y el Bar Flor.

Jaime Rigo, Eduardo Carmona y Cía. inauguraron este bar de estilo modernista, que también era restaurant por cubierto y a la carta, el día 13 de septiembre de 1920, en la Puerta del Sol. Su magnífica decoración, con profuso empleo de mármol y bronce, corrió a cargo del escenógrafo e interiorista Salvador Alarma Tastás. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Fachada del Bar Flor, en su inauguración.

Todo el recinto estaba iluminado por lámparas de cristal tallado de originalísimo estilo, contaba con varios salones dotados de calefacción central y un mobiliario cómodo y rico.

Tras la puerta de acceso, sobre la que se encontraba una marquesina de mármol, había dos mostradores enfrentados: uno para el servicio del bar y el otro para la venta de pastelería, helados y fiambres.

El Flor disponía de las más modernas cámaras frigoríficas, hornos para pastelería mallorquina y maquinaria para la congelación de helados. 

Fuente: B.N.E. (1920)
Mostrador del Bar Flor, en su inauguración.

Fue noticia en varios periódicos la donación del diez por ciento de lo vendido durante la semana ( correspondiente al día 28 de septiembre de 1921), que los propietarios del Bar Flor realizaron a la Cruz Roja con destino a los soldados de la Guerra de África (Desastre de Annual).

En el lateral derecho de su fachada estuvo instalado durante varios años un tablero en donde se escribían las noticias más relevantes del momento. Así, el público se apiñaba frente a la pizarra que en el establecimiento tiene “La Voz” y “El Sol” (periódicos) para conocer, por ejemplo, los detalles del recorrido del hidroavión “Plus Ultra” durante el mes de febrero de 1926.

La prensa también recogió el grave suceso acaecido el día 8 de febrero de 1928 cuando, a las 7,30 horas de la tarde, un gran trozo de mármol correspondiente a la cubierta de la entrada del Bar Flor cayó sobre numerosas personas que transitaban en ese momento por el número 14 del Puerta del Sol. Cinco heridos de diversa consideración y numerosos contusionados fue el balance del accidente. 

Fuente: Onis-online.blogspot.com (1931)
Fachada, modificada tras el accidente, del Bar Flor. A la derecha se aprecia la pizarra donde se escribían las noticias más destacadas de la prensa.

En el año 1929 llegó a Madrid el primer “Photomaton” que producía fotografías por máquina automática en ocho minutos, a un coste de 1,50 pesetas. El Bar Flor instalaría en su puerta, unos años más tarde, el primero de estos aparatos situado en la Puerta del Sol, cuando el mecanismo de este invento se redujo sustancialmente, ocupando solo el espacio de una pequeña cabina.

Durante la Guerra Civil Española el servicio del Flor continuó, animando a la clientela con llamativos anuncios de publicidad.

Fuente: ABC. (1938)
Anuncio para animar al consumo en el Bar Flor, durante la Guerra Civil Española.

Era el año 1941 cuando comenzó a editarse “La Codorniz” o La revista más audaz, para el lector más inteligente. Tuvo, entre otras sedes, una de sus primeras redacciones en la Puerta del Sol, justo encima del Bar Flor donde su director Miguel Mihura Álvarez y el dibujante Tono (Antonio Lara de Gavilán) discurrían las historias a contar en esta publicación.

El Bar Flor, como todos los cafés de la Puerta del Sol, fue entrando en decadencia. Durante los años sesenta del siglo pasado toda su ornamentación modernista había desaparecido, al igual que su servicio de pastelería, pasando a convertirse en un local para desayunos rápidos en la barra, tertulias subrepticias que comentaban los libros prohibidos por la dictadura imperante y lugar de encuentro disimulado para el furtivo mundo homosexual; todo ello amenizado por la música de una diminuta orquesta de señoritas pudorosamente ataviadas con falda larga y camisa rematada por un pequeño lazo negro en el cuello. 

En el año 1978 cerró el piso superior del Flor, desapareciendo su famoso mirador que mostraba todo lo que sucedía en la Puerta del Sol. Poco después el Bar Flor pasaría a la historia.





Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
Bdh-re.bne.es
Onis-online.blogspot.com.es
Madridciudadaniaypatrimonio.org
Es.wikipedia.org

lunes, 15 de junio de 2015

GRAN VÍA, GRANDES ALMACENES MADRID-PARÍS.

Como es sabido, la Gran Vía de Madrid comenzó sus obras de construcción en el año 1910 y quedaría terminada (sin contar con las modificaciones ulteriores) durante 1953 con la edificación del inmueble donde se instalaría el hotel Washington, en el número 72 de la misma. 


Lujosos comercios, cines, joyerías, cafés y casas de moda vinieron a instalarse en los nuevos edificios a medida que se remataban sus obras. También llegaron grandes almacenes como el de “D. Rafael Sánchez”, ubicado en el primer tramo de la Gran Vía (hoy nº 16) que por entonces llevaba el nombre de avenida del Conde de Peñalver; este fue el primero en instalarse y abrió las dos plantas que allí ocupaba en el año 1916. 

Pero no sería hasta el principio de los años veinte del pasado siglo cuando la Gran Vía de Madrid vería inaugurar los espléndidos Almacenes Madrid-París, S.A. que no tienen nada que envidiar a los más célebres del extranjero.

“Madrid-París eran unos grandes almacenes de cuatro plantas dedicados al hogar y a los obsequios (menaje, muebles suntuosos y más modestos, modas, objetos de regalo y salón de té elegante). Yo recuerdo que se oía, desde la calle, a una orquestina tocar piezas de moda entonces. En Madrid no he vuelto a ver otro igual". Así los describe Rosario González Truchado, testigo de la construcción del edificio y cliente que fue de este extraordinario comercio.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Reflejo del edificio de los Almacenes Madrid-París, en el cristal de un escaparate.

La primera piedra del magnífico inmueble, construido ex profeso para albergar los almacenes Madrid-París, fue colocada durante el mes de diciembre de 1920 en el solar ubicado en la entonces avenida de Pi y Margall, número 6 (hoy Gran Vía, 32). El edificio, cuyas fachadas aún hoy corren por las calles de Gonzalo Jiménez de Quesada (Hilario Peñasco hasta el año 1933), Desengaño y Mesonero Romanos, fue proyectado por el arquitecto Teodoro Anasagasti Algán y dirigido por el ingeniero Maximiliano Jacobson.

El jueves 3 de enero de 1924 los almacenes Madrid-París abrieron sus puertas al público, siendo inaugurados a las once de la mañana por Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Fuente: B.N.E. (1924)
Los Grandes Almacenes Madrid-París, en su inauguración.

El piso bajo del edificio contaba con anchos soportales que ocupaban la gran fachada situada en Gran Vía y los inicios de las calles laterales. En su interior se habían instalado los grandes escaparates y las principales puertas de acceso al comercio. Estas galerías desaparecieron en el año 1935 con la primera modificación del inmueble.

Fuente: Bne.es. Archivo Ruiz Vernacci (principio de los años 30 del siglo pasado).
Recortes de la fotografía original con dos aspectos de los soportales que rodeaban el edificio.

El edificio se remataba en la terraza con dos torrecillas dotadas de artísticas columnas que contienen sendos depósitos de agua con capacidad para 300 m3. que conectaban con setenta y dos bocas de riego instaladas en el interior, para la prevención de incendios.

Fuente: Mcu.es. Archivo Antonio Passaaporte (Loty). Principio de los años 30 del siglo pasado.
Recorte de la fotografía original en donde se aprecia una de las antenas instaladas por Unión Radio.

De las ocho plantas edificadas en total (siete en altura y una de sótano) cuatro serían destinadas a la instalación comercial distribuyendo juguetes, perfumería, bisutería y objetos de regalo en la planta baja; pañerías y tejidos en la segunda, confección y sombreros en la tercera, que además contaría con un lujoso salón de té con capacidad para seiscientas personas. La cuarta planta estaría dedicada exclusivamente a la exposición y venta de mobiliario. 

En este edificio también vendría a instalarse la estación emisora Unión Radio (hoy Cadena SER), cuya primera transmisión tendría lugar el día 17 de junio de 1925, para lo que fue necesario colocar dos antenas de treinta y seis metros de altura sobre la terraza.

Fuente: B.N.E. (1924)
Interior de los Almacenes Madrid-París y su magnífica escalera.

Sin duda lo que más llamaba la atención al entrar en los Almacenes Madrid-París era su hall central, sobre el que se había construido una admirable cúpula circular con treinta metros de diámetro, elevada a una distancia de treinta y siete metros del suelo. La prensa informaba que esta cúpula era la de mayor altura en Europa construida en hormigón armado, material utilizado también en los entramados horizontales y verticales del edificio.

Fuente: Bne.es. Archivo Vaamonde (Guerra Civil Española).
Base de la cúpula deteriorada por los bombardeos.

Al fondo del vestíbulo central con una extensión de 4.000 m2. se encontraba el principio de una preciosa escalera con diecinueve peldaños, que hacia la mitad de su altura se dividía en dos tramos de dieciséis escalones cada uno y conducía a la primer piso del local. De la planta baja también partían cuatro ascensores y tres montacargas.

Además de la luz natural que entraba por las ventanas del diáfano local, su iluminación artificial se llevaba a cabo mediante cuatrocientas lámparas que soportaban un total de doscientas mil bujías.

Los grandes almacenes Madrid-París empleaban como dependientes a trescientas personas, entre hombres y mujeres, además de contar con trabajadores de mantenimiento y conductores para los automóviles rápidos para el transporte de los pedidos. El precio de sus artículos a la venta oscilaba entre los 5 céntimos y las 100.000 pesetas, en el año 1924.

Fuente: B.N.E. (1934)
Vestíbulo central de los Almacenes Madrid-París.
El esplendor del Madrid-París no duró más de diez años. Desafortunadas gestiones llevarían a la quiebra del negocio, dejando sin empleo a más de trescientos trabajadores directos. El día 8 de enero de 1934 los almacenes cerraron sus puertas definitivamente.

En el año 1935 el arquitecto Teodoro Anasagasti vuelve a ser el encargado de llevar a cabo la obra para la remodelación del edificio, en el que se instalarían diversos negocios como Viajes Carco, el cine Madrid-París (más tarde llamado Imperial) o los almacenes S.E.P.U (Sociedad Española Precios Únicos) que fueron inaugurados el día 11 de agosto de 1934, con productos cuyos precios oscilaban entre los 25 céntimos y las 5 pesetas. 

Fuente: diario El País. (Mediados de la década de los años 30 del siglo XX).
Los Almacenes SEPU y el cine Madrid-París ya inaugurados.

Posteriormente, en el año 1956, el edificio de la Gran Vía, 32 vuelve a ser remodelado perdiendo importantes elementos decorativos y añadiendo varias alturas a las ya existentes. 

En la actualidad gran parte del inmueble vuelve a estar en obras de remodelación, esta vez para alojar otro nuevo gran almacén textil que se unirá a los tres ya existentes.







Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca del diario ABC.
“El cine, la Gran Vía y yo” Rosario González Truchado.
Memoriademadrid.es
Prensahistorica.mcu.es
Mcu.es
Coam.org
Urbanity.cc
Es.wikipedia.org
Elpais.com