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lunes, 26 de octubre de 2015

EL CAFÉ COMERCIAL.

El hoy desaparecido Café Comercial de la madrileña glorieta de Bilbao, número 7, que también tenía entrada por el 116 (hoy nº 110) de la calle de Fuencarral, cerró sus puertas el día 27 de julio del 2015, sin aviso previo.


Fotografía: M.R.Giménez (2015).
El Café Comercial cerrado y sus ventanas llenas de mensajes para despedirlo.


El Comercial era el más antiguo de los cafés que aún se mantenían abiertos en Madrid desde el siglo XIX, ya que fue inaugurado el día 23 de marzo de 1887 en la que todavía era conocida por muchos como la glorieta de la Puerta de Bilbao. Dicha puerta primero fue llamada de los Pozos de la nieve (por el negocio allí ubicado, propiedad de Paulo Charquias, dedicado al almacén de las nieves traídas desde la sierra de Guadarrama) y más tarde sería renombrada como Puerta de San Fernando. Fue edificada, en primera instancia, en el siglo XVII, siendo sustituida por una nueva en el año 1767. A partir del día 19 de marzo de 1837 fue oficialmente la Puerta de Bilbao y siempre sirvió de paso a la ciudad por aquella zona del norte de Madrid, a través de la cerca de Felipe IV, hallándose ubicada en el tramo hoy comprendido entre la calle de Fuencarral y la glorieta. 

La cerca de Felipe IV y esta segunda Puerta de Bilbao desaparecieron con el ensanche de Madrid en el año 1864, configurándose la glorieta y las calles aledañas que ya habían comenzado su parcelación.

Fuente: Fotografía de la izquierda Bvpb.mcu.es. Fotografía de la derecha M.R.Giménez.
Dos aspectos de la puerta de los Pozos de la Nieve. En la izquierda la primera, del siglo XVII (Plano de Pedro Texeira). En la derecha la construida en 1767 (según maqueta de León Gil de Palacio).

Durante los primeros años ochenta del siglo XIX comenzó la construcción de edificios alrededor de la nueva glorieta de Bilbao, que alojarían nuevos negocios y, por supuesto, nuevos cafés. Tal sería el caso del Café de Luchana, ubicado en el número 7 de ésta que sería conocida como la segunda Puerta del Sol por los chamberileros.

Pocos datos se han encontrado en la prensa sobre este de Luchana. El café fue el primer negocio de su clase instalado en la nueva casa, propiedad de la condesa de la Romera, en el año 1883 y se mantuvo con el mismo nombre hasta 1887, año en que fue vendido a Antonio Gómez Fernández quien lo renombró como Gran Café Comercial.

Fuente: Es.paperblog.com (1910).
Fachada del Gran Café Comercial y un "charlatán" vendiendo su mercancía.

Un luctuoso suceso haría que el Gran Café Comercial apareciese en toda la prensa, a los pocos meses de su apertura. 

El miércoles, 23 de noviembre de 1887 a las doce y treinta del mediodía, los guardias de orden público aprehendieron en el café a un individuo que, pocos minutos antes, había disparado dos tiros sobre una joven modista causándole heridas muy graves en la cabeza y en la espalda.

El asesino, Federico Calero, casado y policía, había escrito una carta a la mujer, llamada Epifanía, para citarla en el café. A la hora prevista ambos se saludaron y tomaron asiento junto a una de las mesas, conversando de forma tranquila sobre las pretensiones amorosas del joven, que ella había desdeñado siempre.

Según manifestaron los clientes que se encontraban cerca de la pareja la discusión comenzó cuando el hombre, ofendido por el desafecto de la joven, le solicitó la devolución de una papeleta de empeño sobre un reloj, a lo que la muchacha respondió resuelta: “En cuestiones de intereses, lo que quieras, pero nada más”. 

El hombre entendió en la respuesta de la mujer que nunca más volvería a verla e iracundo, sacó un revólver de su bolsillo y disparó certero a la cabeza de la modista, rematando luego con otro tiro sobre su espalda. 

Calero esperó a los guardias sin moverse del café, ante el espanto de la clientela, mientras la joven era trasladada al hospital de la Princesa, donde falleció a los pocos días por la gravedad de sus heridas. Federico Calero fue condenado a la pena de cadena perpetua, en el juicio celebrado un año después.

Fuente: ABC (1909).
Al menos desde el año 1894 hubo siempre un quiosco frente al Café Comercial.

Muchas fueron las reformas interiores que se acometieron en el Comercial desde su apertura que, como se ha indicado, tuvo lugar en el año 1887. Tan sólo tres años después de su inauguración el café se renovó completamente añadiendo pinturas en los techos, estatuas, jarrones y nuevos aparatos de alumbrado con buen gusto en la nueva ornamentación. 

En el año 1895 su propietario, Antonio Gómez, de nuevo modificó el café añadiendo un artístico artesonado en el techo, preciosas pinturas en las paredes obra del joven artista Serrano (muy probablemente Antonio Serrano Hidalgo), quien también restauraría las estatuas y los jarrones incorporados en la primera reforma. El resultado de la obra fue colosal, convirtiendo al Comercial en uno de los más elegantes cafés de la corte, donde a diario ya comenzaban a reunirse conocidos artistas y escritores.

Fuente: B.N.E. (1906).
Interior del Gran Café Comercial durante uno de sus banquetes. Se aprecia el artístico artesonado del techo.

Otro suceso fúnebre tendría lugar en el Comercial durante el mes de abril de 1896, cuando un joven decentemente vestido entró en el café, pidió un té y antes de que se lo sirvieran se sintió indispuesto, agravándose su situación de tal manera que falleció a los pocos minutos. Siendo registrado, con objeto de proceder a su identificación, se hallaron en sus bolsillos numerosas tarjetas de visita y papeles, pero no se pudo averiguar dato alguno sobre su identidad.

Casi desde el principio de su existencia, el Gran Café Comercial se convirtió en uno de los centros de reunión preferido por los buenos aficionados a la música. En conciertos de bandurria y piano, violín y chelo se interpretaban piezas clásicas, populares y callejeras desde las nueve de la noche hasta la una de la madrugada. Durante los intermedios un magnífico gramófono da a conocer las últimas novedades en discos.

Pablo Sorozábal Mariezkurrena, que más tarde se convertiría en un afamado compositor, formó parte del trío de cuerda del Café Comercial a finales de la década de los años diez del siglo pasado.

Fuente: B.N.E. (1906)
Anuncio de concierto en el Gran Café Comercial. 

Durante el verano de 1906 el Café Comercial cambió de dueño, siendo a partir de entonces Narciso Pérez de Muniain Elio su nuevo propietario. Con él continuarían los conciertos de música en directo y por gramófono; también alquilaba su gran salón para organizar banquetes de numerosos comensales.

Tres años después, en 1909, Arturo Contreras Sepúlveda compró el Gran Café Comercial y haría quitar de su título la palabra “gran”, dejándolo con el nombre que ha tenido hasta su cierre. El negocio ha pertenecido durante 116 años a la misma familia Contreras. 

Fuente: B.N.E. (1932)
El Café Comercial tuvo, durante varias décadas, la misma fachada realizada en madera.

Con el nuevo dueño el café dispuso de una sala de billar en su planta superior, correspondiente al primer piso del edificio. Pasando el tiempo este recinto se convertiría en “La planta de arriba”, un lugar destinado a diversas actividades como el club de ajedrez, presentación de libros, teatro para niños, etc.

Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Planta superior del Café Comercial, donde estuvieron los billares.

En el mes de marzo de 1911 una carta al director del periódico “Heraldo de Madrid” denunciaba la insalubridad del Café Comercial con respecto a sus inodoros, porque solo tiene un retrete en el primer piso. Cuatro meses después el café era denunciado debido a sus malas condiciones higiénicas y conminado con el cierre si no lo sanea. Parece que el problema fue subsanado con celeridad.

Durante el verano del año 1918 la hermosa y amplia terraza con toldo del Comercial fue uno de los lugares más celebrados de la zona norte de Madrid. Sus cómodas butacas de mimbre, situadas alrededor de los 49 veladores que la componían, se llenaban cada noche de grupos pintorescos, abigarrados y polícromos que charlan y ríen

Familias enteras ocupaban las mesas mientras los niños jugaban entre ellas, los padres formaban sus propias tertulias y las madres acompañaban a las hijas vestidas de blanco, en charlas distendidas alrededor de algún velador. 

Las “peñas” o tertulias de los habituales al café también solían reunirse en la terraza y entre ellas la formada por el compositor Jerónimo Giménez Bellido, el pintor Juan Martínez Abades y el libretista Julián Moyrón Sánchez. 

Médicos, periodistas y artistas ocupaban las mesas de la gran terraza del Comercial, que en el año 1922 fue denunciada por no pagar los impuestos correspondientes.

Fuente: B.N.E. (1930).
Terraza del Café Comercial con tertulia de médicos.

La música en directo continuaba en el Café Comercial cuando aún se podía degustar un cocido completo al precio de tres pesetas con cinco céntimos, factura que algún pícaro hambriento, como Antoine Yustin muy conocido especialista en darse buenos banquetes en diversos cafés, eludía pagar. 

La cuenta personal de Antoine, de la que jamás había abonado ni un sólo céntimo, ascendía a la cantidad de 102 comilonas, siempre pedidas a la carta. Muy conocido por la prensa, aunque parece que su fisonomía no era detectada por los camareros de los cafés y restaurantes que frecuentaba para darles el sablazo, era detenido invariablemente tras cada uno de sus festines, ingresando en la cárcel a continuación y volviendo a las andadas, tras cumplir varios días de escarmiento. Al ser juzgado siempre repetía la misma frase: “Ya los pagaré todos juntos”.

A finales de los años veinte del siglo pasado el Comercial se anunciaba en prensa como el café de moda o el café de las bodas, junto a una completa cartelera con los programas de las bandas de música que amenizaban cada día, las tardes y las noches de los melómanos con variados repertorios desde lo clásico al de fantasías de zarzuelas y operetas. Orquestas como “Los Orfeo”, “Magín” (en la sección vermut de los días festivos), “Jermann” o “Mirecki” gozaban de gran popularidad también en la década de los años treinta.

Fuente: B.N.E. (1932).
Interior del Café Comercial.

En la Guerra Civil Española (1936-1939) el Café Comercial fue uno de los establecimientos de alimentación e industria gastronómica socializado y gestionado por sus trabajadores.

Fuente: B.N.E. (octubre de 1937)

Durante la década de los años cincuenta del siglo XX el Café Comercial se renovó por completo. Entre los años 1951 y 1952 el negocio acometió una gran remodelación incorporando la más moderna maquinaria industrial del momento y también reestructuró su decoración, siendo ésta la que se ha mantenido hasta su cierre. Al final de la obra, en agosto de 1952, el café vendía sus viejos enseres mediante un anuncio publicado en la prensa.

Fotografías: M.R.Giménez (2013).
Dos aspectos del Café Comercial en su última etapa.

Los ciento veintiocho años de permanencia del Café Comercial han escrito la historia de muchas tertulias, como las ya mencionadas de médicos y músicos. Sería demasiado extenso citar la lista de escritores, periodistas, cineastas, actores y actrices, políticos, poetas, dibujantes y autores de toda condición que han asistido con asiduidad a este café entremezclándose con su clientela más habitual, en ocasiones. 

Muchas de las generaciones literarias, desde las denominadas del 98, del 14, del 27 y también la del 50, tuvieron en el Comercial su centro de reunión y entre sus miembros: Antonio y Manuel Machado Ruiz (poetas), Rafael Cansinos Asséns (escritor), Edgar Neville Romrée (cineasta), Ignacio Aldecoa Isasi (escritor), Enrique Jardiel Poncela (que en el café escribía), Gabriel Celaya Leceta y Blas de Otero Muñoz (poetas), Rafael Sánchez Ferlosio (ensayista y novelista), Enrique Tierno Galván (profesor y alcalde de Madrid), Rafael Azcona Fernández (guionista), Antonio Muñoz Molina (novelista y sillón “u” de la Real Academia Española) y muchísimos más.

Fotografía: M.R.Giménez.
El último café.

El Café Comercial ya no existe. Su local será ocupado por algún otro negocio que deberá respetar todos los elementos protegidos que componen su decoración.








Fuentes:

“El antiguo Madrid. Paseos históricos y anecdóticos por las calles y casas de esta villa” Ramón de Mesonero Romanos.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
Historias-matritenses.blogspot.com
Hemeroteca Biblioteca Nacional de España
Hemeroteca diario ABC
Prensahistorica.mcu.es
Bvpb.mcu.es
Boe.es
Elpais.com
Es.paperblog.com
Es.wikipedia.org

lunes, 5 de octubre de 2015

JAUJA, BAR-RESTAURANTE AMERICANO.

Esta entrada del blog Antiguos cafés de Madrid y otras cosas de la Villa está dedicada a la memoria de Rosario González Truchado: “La chica más guapa de la plaza del Callao”.


La muy antigua calle de los Peligros, situada entre la de Alcalá y la Gran Vía de Madrid, siempre mantuvo su nombre original a pesar de los diversos añadidos que le han acompañado a lo largo del tiempo. Conocida hoy oficialmente como Virgen de los Peligros, ya en el plano de Pedro Texeira (1656) aparece como “de los Peligros” y años más tarde fue renombrada como “Angosta de Peligros” para diferenciarla de la “Ancha” (que desde 1849 vendría a conocerse como calle de Sevilla). 

Pasando el tiempo, dicha calle también perdió el apéndice de “angosta” para, desde el año 1865, llamarse únicamente “de Peligros” o nombre con el que ha quedado ya en la memoria de todos, aunque una última disposición municipal del año 1954 vino a anteponer a su nombre el de “Virgen de”, figurando así desde entonces.

Fuente: Todocoleccion.net (1928).
Calle de Peligros, como se la llamaba entonces.

La de Peligros era una calle muy estrecha que comenzaría su ensanche en el año 1804 y fue una de las elegidas para probar la instalación de un pavimento de madera, obra que daría comienzo en el mes de septiembre de 1843. Los grandes inconvenientes de este entarugado, propiciando resbalones y caídas de viandantes y caballerías al deformarse los troncos con la lluvia, forzaron a que se reemplazase por piedra tan sólo cinco años después de su instalación.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Calle de la Virgen de los Peligros, en la actualidad.

En el número 9 de esta muy comercial y transitada calle de los Peligros vino a abrir el bar-restaurante Jauja, en el que a cualquier hora el cubierto estaba a disposición del cliente y con económicos precios.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936)
Puerta de acceso al bar-restaurante americano Jauja, su portero y una de sus camareras.

Jauja fue inaugurado en los primeros días del mes de abril de 1936 como bar-restaurante americano. El cinematógrafo, por entonces, había puesto de moda la norteamericanización de las actividades y comer mirando al reloj. Es por ello que este moderno negocio se planteó para satisfacer las necesidades de empleados, negociantes y artistas que precisaban comer de forma rápida, aunque bien condimentada. Su lema, escrito sobre un frente del local, decía: Buen servicio, elegancia, economía y rapidez. El menú consistía en dos platos a elegir, pan, jarrita de vino de Rioja y postre, al precio de 4 pesetas. Jauja también contaba con un servicio a domicilio que, en quince minutos, transportaba los pedidos en una camioneta propiedad del negocio.

Además de los comedores y de un bar quick-lunch (para comida rápida), el local también disponía de instalaciones para servir y comprar café de la marca “La paz azucarera”, repostería, fiambres y helados americanos.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936).
Despacho de café "La paz azucarera" instalado en el mismo local.

El diseño del flamante bar-restaurante Jauja fue realizado por los arquitectos Saturnino Ulargui, Sáez de Vicuña e Izaguirre, que utilizaron con profusión en el mostrador, las columnas y los zócalos del local un material decorativo e inalterable que sustituye al mármol, al cristal y a la madera: “Formica” (plástico inventado en el año 1912). Los colores blanco, rojo, negro y verde antique de este material se combinaron de forma elegante, aunque un poco atrevida.

Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1936).
La moderna barra del Jauja forrada de Formica.

En las paredes y los techos predominaban los tonos suaves. El pintor Mariano del Barrio combinó el óleo y el esmalte en diversos tonos verdes, blancos, rojos y grises que, compaginados con escayolas, dotaban al local de una perfecta armonía.

Para dar una mayor perspectiva se instaló un techo de figura difícil en su ejecución, además de luz indirecta en todo el recinto.

La aireación del Jauja se realizaba de forma natural basándose en la diferencia de temperatura de sus dos fachadas (en las calles de Peligros y Jardines) con diferente orientación. Este curioso sistema se ejecutaba por medio de la apertura de ranuras en los muros, a diferentes niveles, en armonía con las temperaturas extremas del clima, lográndose una traslación lenta de uno a otro lado por capas horizontales. De esta forma el aire se renovaba por completo de manera continuada sin gasto mecánico, pérdida de calor ni corriente.

El Jauja también contaba con música ambiental, procedente de las emisiones de la radio, sin demasiadas resonancias para facilitar la conversación de su clientela. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Edificio donde estuvo situado el bar-restaurante Jauja, en la actualidad.

Como remate del escenario cinematográfico que se quería representar en su ambiente, el Jauja había contratado los servicios de un portero de raza negra para su entrada. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Puerta de acceso de lo que fue el bar-restaurante Jauja, con sus fachadas a las calles de Peligros y Jardines.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el bar-restaurante Jauja fue administrado, como tantos otros negocios, por un Comité de Explotación formado por sus propios trabajadores. En el mes de abril de 1937 dicho Comité recaudó la cantidad de 5.000 pesetas, que haría entrega a la Junta Delegada para la Defensa de Madrid. 

En la actualidad, y tras pasar por varios negocios, el número 9 de la calle de la Virgen de los Peligros se ha convertido en un supermercado de alimentación.







Fuentes:

Prensahistorica.mcu.es
Hemerotecadigital.bne.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Todocoleccion.net
Es.wikipedia.org

martes, 1 de septiembre de 2015

LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO.

El siguiente reportaje ha sido realizado por Antonio Pasies Monfort, de tabernasantiguasmadrid.blogspot.com.es y por María Rosario Giménez de antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es Aparece publicado simultáneamente en ambos blogs.




La Cava Baja fue desde el S XVII una de las calles más animadas, trajineras y bullangueras de Madrid. Hasta hace poco se podían encontrar en ella muchos comercios artesanales cuya antigüedad se remontaba, en muchos casos, al S.XVIII.


Esparterías, cordelerías, toneleros, albarderos, fábrica de cedazos y tiendas de garrotes y cencerros compartían espacio con la numerosas posadas, mesones, bodegones, figones y tabernas que llenaban la calle.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1934)
Cava Baja.

A finales del S XIX Hilario Peñasco y Carlos Cambronero apuntaban que:



“Dan vida y animación a la calle las galeras, correos y carricoches de esta provincia, el sinnúmero de caballerías que constantemente entran y salen de las posadas, ya portando géneros de comercio, ya sirviendo de medios de locomoción al labrador que en sosegado macho hace su entrada en la corte, llevando en la grupa a la esposa o a la hermana.”

Unos años más tarde, ya en el S XX, Pedro de Répide nos describe las tabernas y el ambiente de esta calle tan vital y bulliciosa.

“Las tabernas, más a la manera de las legendarias, permanecen en esta Cava con sus cortinillas rojas, sus azulejos con grecas y floripondios azules, o a veces con alegorías de vituallas, y los escaparates en que se ostentan las cazuelas de callos hechos una masa espesa y visible, y los platos con tajadas de abadejo o truchuela”.

A mediados del siglo pasado Antonio Velasco Zazo ve como “Van y vienen los trajinantes llevando de los cabestros las acémilas y jumentos cargados de cestas y talegos. Pone la recua una nota pintoresca en las calles angostas y legendarias que conducen a la Cava.
Invaden estas calles los aldeanos cargados con alforjas y sacos, los carromatos atestados de fardos”.

Muchas eran las posadas sitas en torno al actual número 35 (hoy Casa Lucio) y anterior nº 41 de la Cava Baja, desde finales del siglo XVII: La de Mariana, la de Salcedo, la de San Luis y la de San Pedro. Allá se instaló un bodeguero llamado Juan Bardasco en 1879, que dos años después traspasaría su local a Domingo Parrondo, quien serviría vinos y comidas. En el año 1902 apareció en esta Cava un nuevo propietario llamado Santiago González Gómez que, con toda probabilidad, anexionaría a su negocio la pequeña taberna de Pilar Gómez, también allí ubicada.

Santiago González, más conocido como El Segoviano, había venido a Madrid desde su natal Castillejo de Mesleón (Segovia), tras pasar por las profesiones de pastor y panadero. Al llegar a la ciudad trabajó en varios oficios hasta que arrendó una taberna de la Cava Baja, en la esquina con Puerta Cerrada (hoy bar La Terraza) y posteriormente, al quedar libre la cocina del antes citado número 35 (antes nº 41) de esta calle, Santiago se haría con el local por 100 pesetas. En el año 1907 cogió en traspaso, por 500 pesetas, la posada de San Pedro. Además de estos negocios, El Segoviano fue también propietario de una tienda de ultramarinos, otra de compra-venta, varios locales y algunos pisos a lo largo de la Cava Baja.


Fuente: Nuevo Mundo (1932).
Santiago González frente al escaparate de "La reina de los lacones".

Un contemporáneo, Antonio Velasco Zazo, nos describe así al mesonero:

“El Segoviano resulta un hombre popular, simpático, regordete, bajito, corto de brazos, la cabeza monda, el color encendido, los ojos pequeños y avispados, la sonrisa franca, rasurado, calmoso y comedido en el hablar, diligente en el servicio y pródigo en el agasajo (…) en mangas de camisa, luciendo el típico delantal de peto verde con rayas negras”.


LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO.


El actual número 30 de la Cava Baja albergó, desde los años cuarenta del siglo XVIII, una de las hospederías más conocidas de Madrid: la Posada de San Pedro, que con el tiempo pasaría a llamarse Mesón del Segoviano.

Ya en el siglo XVII tenemos registradas no menos de 30 posadas en la Cava Baja por lo que es muy posible que esta Posada de San Pedro anteriormente tuviera otro nombre, ya que las primeras referencias a este lugar encontradas en la prensa datan de año 1815. 


Fuente: Diariomadrid.net (1955)
Puerta de acceso a la que fue posada de la Cava Baja, nº 30.

La de San Pedro tenía su acceso principal por el entonces número 28 de la Cava Baja (hoy equivalente al nº 30) y un paso de carruajes con entrada por la trasera calle del Almendro, número 15.

Se trataba de una casa de corredor a la que se accedía, mediante un gran portón de dos hojas, a un zaguán de paredes encaladas y suelo empedrado que a su vez desembocaba en un gran patio central rodeado por balcones de madera. A la derecha del patio había un amplio comedor, cuyos techos y paredes estaban pintados al fresco, que tenía una viga central con una única lámpara de cuatro brazos, realizada por completo en madera maciza y con un peso de cuatro arrobas.


Fuente: Asislazcano.blogspot.com (Segunda mitad s. XX).
Aposento del mozo, en el patio de la posada.

La posada daba alojamiento a cuarenta y dos inquilinos; arrieros, botijeros extremeños y comerciantes que traían, e incluso vendían allí, sus mercancías a Madrid desde todos los puntos del país. El precio de las camas podía llegar a dos pesetas en los primeros años del siglo XX, importe que no estaba al alcance de los viajeros menos favorecidos, conocidos como saqueros, quienes por un real accedían a un saco de paja depositado en el suelo y dormían junto al lugar donde se guardaban los animales.

Muchos fueron los propietarios de la Posada de San Pedro a lo largo del tiempo. Sabemos que en los años 50 y 60 del siglo XIX el dueño de la posada era Cayetano Feito; pasó después a la familia Ríos y desde 1894 hasta que la arrendó Santiago González, el posadero era Laureano González.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1920).
Santiago González "El Segoviano" con familiares y trabajadores de la posada.

En el año 1908 Santiago “El Segoviano” ya era el propietario de la Posada de San Pedro situada en la Cava Baja, número 28. 

De la Cava Baja salían de antiguo los carromatos y tartanas llamados “ordinario” con dirección a diversos municipios de las provincias de Madrid y Toledo, que más tarde fueron reemplazados por renqueantes automóviles de pasajeros. Cada “ordinario” llevaba adosado el nombre del municipio al que realizaba los viajes y en él se transportaban personas y mercancías. El trasiego de viajeros propició un importante negocio para las posadas establecidas en las Cavas Baja y Alta hasta la década de los años sesenta del siglo XX, momento en que este servicio dejó de funcionar en dicho emplazamiento.


Fuente: Viejo-madrid.es (1929).
Viajeros en la Cava Baja.

La fama de la Posada de San Pedro se extendería por todo Madrid, sobre todo, a partir del día 8 de junio de 1921 con el homenaje al escritor y periodista Francisco Grandmontagne Otaegui, del que toda la prensa dio noticia. La famosa artista Raquel Meller, los escritores Ramón Pérez de Ayala, Ramón Gómez de la Serna, José Augusto Trinidad Martínez Ruiz “Azorín”, el poeta Antonio Machado, la periodista Encarnación Mateos, entre otros muchos, organizaron este sonado banquete homenaje de cuyo recuerdo quedaría una placa conmemorativa en el comedor de la Posada de San Pedro, que pasaría a llamarse desde entonces Mesón del Segoviano.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1953).
Portal de la Posada de San Pedro, ya renombrada como Mesón del Segoviano, en el nº 30 de la Cava Baja.

A partir de ese momento el Mesón del Segoviano fue otro de los lugares preferidos por escritores, pintores, actores, dibujantes, periodistas y asociaciones de diversa condición para agasajar a los famosos de la época. La fama del lugar convertiría la posada en una magnífica hospedería con gran cantidad de dormitorios ventilados, agua abundante y buenos lechos.


Fuente: B.N.E. (1935).
Santiago "El Segoviano" sirve vino durante una celebración.

El ya conocido como Mesón del Segoviano continuaba sirviendo las viandas en los utensilios de toda la vida. Las judías con chorizo, el cocido, las pepitorias y sopas de ajo, los asados de cordero y los flanes eran presentados a los clientes en platos cuencos y cazuelas de culo redondo, acompañadas de cubiertos de palo y vasos de cuerno también en los célebres banquetes, a los que asistía puntualmente el pintor Arturo Ortiz-Alguacil.


Fuente: Todocoleccion.net
Anuncio promocional del Mesón del Segoviano con una de las pinturas de Arturo Ortiz-Alguacil.

Arturo Ortiz-Alguacil era un pintor arbitrario y absurdo, y sin embargo de un raro interés turbador. Según contaba, a quien deseara escuchar, había viajado por todo el mundo, fue discípulo de Antonio Muñoz Degrain y llegó a estar pensionado en Roma. Pero todo debió torcerse en algún momento de su vida cuando hubo de aceptar la hospitalidad de Santiago “El Segoviano”, a cambio de su pintura, para poder sobrevivir.

Ortiz-Alguacil vivía gratis en el mesón desde 1921 y fue el pintor de sus paredes y techos con escenas de un realismo bárbaro donde se podían reconocer los rostros de los parroquianos, sus trajes y ademanes. En sus frescos dominaban los colores ocres, rojos y negros. “La Navidad en Segovia”, “La lujuria y la miseria”, “Un admirador inesperado” que reflejaba al asustado artista subido a un árbol mientras un toro contempla su cuadro, hecho real acaecido en Sevilla, fueron algunas de las obras con que este bohemio adornó posada y demás locales propiedad de El Segoviano. 

Una noche de marzo del año 1929, tras la celebración de uno de los banquetes de escritores y artistas, el pintor se sintió indispuesto y allí mismo falleció rodeado de sus amigos. Dejó inconclusa su obra titulada “La muerte del Buda” en uno de los últimos comedores del mesón.


Fuente: Todocoleccion.net
Publicidad del Mesón del Segoviano con otra de las pinturas de Arturo Ortiz-Alguacil.

En el año 1989 lo que fue la Posada de El Segoviano se vendió a la constructora “Desarrollo Agrario, Industrial y Urbano, SA” sociedad participada por la empresa PROCYRSA, propiedad del entonces concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ramón Tamames Gómez. Tan solo un año después de la venta el inmueble fue rápidamente declarado en ruina y sus inquilinos desalojados con premura.

Así, el actual número 30 de la Cava Baja se convirtió en un solar donde la constructora propietaria se negaría a permitir las excavaciones arqueológicas que exige el Plan General de Urbanismo de Madrid para las zonas de máxima protección, como esta. La Comunidad Autónoma de Madrid amenazó entonces con la paralización de las obras para la nueva edificación y la constructora no tuvo más remedio que claudicar.

Las exploraciones arqueológicas sacaron a la luz varios silos, al parecer musulmanes, y un gran lienzo de 180 m2. de la muralla cristiana del siglo XI, que por la Cava Baja transcurría.


Fotografías: M.R.Giménez y Vicente Valdés (2015).
Fachada del actual nº 30 de la Cava Baja. En el interior del inmueble se conserva el lienzo de la muralla cristiana del s. XI.

Un nuevo edificio de viviendas fue levantado en el solar, dejando al descubierto el lienzo de muralla para su visita. 


MESÓN DEL SEGOVIANO (Actual CASA LUCIO).


La taberna que Santiago González puso en 1902 en el nº 41 (actual número 35) de la Cava fue evolucionando hasta convertirse en un mesón que, durante algunos años, era conocido como “La reina de los lacones”. Así lo comenta “El Imparcial” en 1930 cuando dice que, además de la Posada de San Pedro, tiene otra casa de comidas en el 41, que desde hace muchos años se la conoce como reina de lacones y sabrosos codillos a 65 céntimos.


Fuente: Revista Buen Humor (1931).
"La reina de los lacones"

En 1923 el mismo periódico nos habla de Santiago y del Mesón:

“El caprichoso comedor de la famosa casa reina de los lacones y cocidos que el Segoviano posee en el núm. 41 de dicha calle de donde puede decirse que es rey y señor, ya que así se pregona y lo viene demostrando en todas las verbenas del distrito, engalanando la calle sin reparar en gastos, hasta hacerla sobresalir sobre todas las demás donde pasamos un rato agradable contemplando las pinturas tan originales y cosas tan divertidas como éstas, alusivas desde luego a las figuras: 

«El que quiera un cocido de «el Segoviano» que madrugue, que yo ya le tengo en la mano». Más allá un maestro de escuela gime desesperado: “¡Con qué afán miro a los motilones al ver que comen cordero y lacón del célebre Segoviano»! ¡Yo, maestro de escuela, estoy desmayado!”.

Parece que el pillín de don Santiago no siempre ofrecía productos de la mejor calidad pues el diario “El Sol” del 16/7/1925 notifica que Santiago González, Cava Baja, 41, es multado con 250 pesetas por venta de carne en malas condiciones para el consumo.


Fuente: Todocoleccion.net
Antecocina y uno de los salones decorados con profusión por Arturo Ortiz-Alguacil.

El citado Velasco Zazo nos relata cómo eran los locales que Santiago González tenía en los números 28 (actual nº 30) y 41 (actual nº 35) de la Cava Baja:

“En los últimos años se ha puesto de moda el Mesón del Segoviano, en la Cava Baja, antes Posada de San Pedro, adornado con curiosas pinturas murales, lo mismo que los sótanos de la taberna frontera.

Los clientes recorren el laberinto de sus artísticos escondrijos y saboreando el lechón al horno, el cordero con patatas, la tortilla española, la sopa de ajo arriero y el vino rancio escanciado en jarritas talaveranas.

Desde el despacho de vinos –la clásica taberna- una escalerilla de caracol conduce a la cueva, convertida en una especie de laberinto.

Los comedores están en los sótanos de otro local frontero (…) que por la Cava Alta muestran sus fachadas posteriores. Se llega a estos subterráneos cruzando otra taberna de pobre aspecto.

Una serie de reducidos escondrijos, en cuyo fondo se ven sobre un gran tablero las hinchadas corambres; de tierra desigual el suelo; de pino la mesas pequeñitas, con velones apagados; bajas las sillas y harto estrechos los bancos; decoradas completamente las paredes con pintura llamativa, caricaturesca y alegórica; en este ambiente se sirven la sopa de ajo en cazuela y con cuchara de palo, los huevos fritos sobre grandes lonjas de jamón, el cordero, el cochinillo asado, la pepitoria, los bartolillos y el vino manchego en jarritas talaveranas”. 


Fuente: Todocoleccion.net
Jarra de cerámica talaverana del Mesón del Segoviano.

Cuando en 1942 muere Santiago el mesonero, su hija Petra se pone al frente de los negocios. El Mesón sigue funcionando con normalidad pero, poco a poco, va perdiendo esa clientela compuesta por lo más granado de Madrid y, hacia los años sesenta, sus comedores pasan a ser ocupados por extranjeros curiosos y jóvenes con sus tunas estudiantiles cantando “Clavelitos” acompañados por sus propias guitarras o por las que les prestaba el local.


Fuente: Periódico "Villa de Madrid"
Petra González en el año 1982.

Para animar los cantos se bebía un vinazo dulzón y cabezón acompañado por unas tortillas fácilmente superables. Ya en 1935 Emilio Carrere escribía:

Una jarra
pintada, de Talavera
-vino espeso y peleón-.
La guitarra,
errabunda y lastimera,
del mesón,
y una lágrima colgando
del bordón.


Fuente: ABC
Taberna del Mesón del Segoviano hacia 1970.

En 1945 entra como aprendiz en el mesón Lucio Blázquez; sólo tenía 12 años pero ya era muy espabilado y trabajador. Cuando doña Petra decide en 1974 dejar el local por jubilación, se lo cede a Lucio que ya se había independizado y abierto otro establecimiento en la misma calle.


Fuente: Urbancidades.wordpress.com (1960) y Enciclopedia de Madrid, editada por Espasa-Calpe (1977).
En la fotografía de la derecha se aprecia aún el rótulo de "Mesón del Segoviano" aunque el local ya era propiedad de Lucio.

Petra se mantuvo únicamente al frente de la Posada hasta su fallecimiento en 1987.

En el año 1974 y después de una reforma total, el Mesón del número 35 de la Cava Baja reabre conservando el nombre, pero unos años después pasa a llamarse “Casa Lucio” y a convertirse quizás en el más conocido restaurante de Madrid en donde un par de huevos te cuesta uno. Pero esa ya es otra historia.








Fuentes:

“Ruta emocional de Madrid “ Emilio Carrere.
“Fondas y Mesones” Antonio Velasco Zazo.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
“Las calles de Madrid” Hilario Peñasco y Carlos Cambronero.
“Centros y periferias en España y Austria: aspectos literarios y culturales” Carlos Buján López y María José Domínguez Vázquez.
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC
Hemeroteca El País.
Madridhistorico.com
Es.wikipedia.org
Urbancidades.wordpress.com
Asislazcano.blogspot.com
Todocoleccion.net
Viejo-Madrid.es
Enciclopedia de Madrid. Espasa-Calpe.
Memoriademadrid.es

martes, 18 de agosto de 2015

BUFFET ITALIANO, CARRERA DE SAN JERÓNIMO, 37.

Desde finales del siglo XVI y hasta el año 1884 la parte de la carrera de San Jerónimo, donde hoy se encuentra el Congreso de los Diputados, estuvo ocupada por el Hospital de San Pedro de los Italianos y por su iglesia. Parece que ello constituiría un magnífico pretexto para albergar en sus cercanías, desde el año 1870, a uno de los restaurantes más prestigiosos de Madrid, conocido por todos como “Los Italianos” (a pesar de que su nombre real era el de Buffet Italiano), que se ubicaba en el por entonces número 32 de esta vía. Su comedor tenía el aspecto de una fonda de estación, en opinión de Ramón Gómez de la Serna que organizó en él algún banquete homenaje al comenzar el siglo XX. Allí adquieren la ilusión latina envuelta en queso y macarrones.


Como sucursal de este famoso y antiguo restaurant se inauguró en los primeros días de marzo del año 1923, en el número 37 de la carrera de San Jerónimo (que hoy se corresponde con el nº 17), el Buffet Italiano, local suntuosa y elegantemente decorado dirigido por Ricardo Piccio y nominado de igual forma que el restaurante del que era filial, situado en la acera de enfrente.

Fuente: B.N.E. (1923)
Fachada del bar Buffet Italiano en su inauguración.

El Buffet Italiano era un magnifico Bar, cuya especialidad son los cocktails-vermouth, café y chocolate, que también tenía tienda de selectos comestibles y de inmediato abriría además un gran salón comedor. Ofertaba todos sus productos como importados de Italia y de otros países, con servicio a la carta, desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada.

Fuente: B.N.E. (1923)
Interior del bar Buffet Italiano.

El local del Buffet Italiano ocupaba toda la planta del edificio de la carrera de San Jerónimo y tenía también un acceso por la calle de Arlabán, número 8. Fue un lugar elegido para la celebración de numerosos homenajes.

Fuente: Fundaciontelefonica.com (principio años 30 del siglo XX).
Una de las cenas homenaje celebradas en el Buffet Italiano. 

Multitud de personajes del mundo cinematográfico, de la literatura, de las artes en general y de la política fueron asiduos del bar Buffet Italiano y de su comedor. 

Una de las tertulias más animadas de este local era la conducida por el escritor y político socialista Luis Araquistáin Quevedo que junto a Juan Negrín López (quien llegaría a ser Presidente del Consejo de Ministros entre 1931 y 1939), el pintor Luis Quintanilla Isasi, el periodista y político Juan Álvarez del Vayo Ollogui, el historiador Ricardo Gutiérrez Abascal (conocido por el seudónimo de Juan de la Encina), el médico Gonzalo Rodríguez Lafora y el también escritor, además de traductor, Luis Ciges Aparicio, entre otros, tenía lugar cada sábado por la tarde.

La clientela del Buffet Italiano estaba compuesta por personas heterogéneas de la vida nacional e internacional. Y como muestra de su diversidad habrá que citar a: Federico García Lorca, Rafael Sánchez Mazas, Samuel Ros Pardo, Felipe Camino Galicia de la Rosa (León Felipe), José Moreno Villa y Felipe Sassone Suárez, entre un largo etcétera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Fachada de lo que fue el bar Buffet Italiano, en la actualidad.

En el edificio del Buffet Italiano, construido en el año 1890, se instalaría también el Hotel Peninsular en 1929.


Fuente: Todocoleccion.net (principio años 30 del siglo XX)
El edificio del Hotel Peninsular y el Buffet Italiano.

Los dueños del Buffet Italiano y del Hotel Peninsular traspasaron estos negocios, de manera urgente, entre los años 1935 y 1936. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
El edificio donde estuvieron el Hotel Peninsular y el Buffet Italiano, en la actualidad.

El bar Buffet Italiano, con dueños diferentes, se mantuvo abierto hasta bien entrada la década de los años sesenta del siglo pasado.





Fuentes:

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.
Hemeroteca ABC.
“Obras completas” Ramón Gómez de la Serna.
“Al final de la cabriola. Conversaciones con el pintor Luis Quintanilla” Joaquín F. Quintanilla y Consuelo Soldevilla.
Fundaciontelefonica.com
Todocoleccion.net
Es.wikipedia.org

viernes, 31 de julio de 2015

LOS ESPEJOS DE LA CALLE DEL GATO.

Entre las diversiones gratuitas en la ciudad de Madrid con las que contaban autóctonos y foráneos desde mediados del siglo XIX, tres eran las más destacadas y de imprescindible visita: ver el descenso de la bola del reloj en la Puerta del Sol, mirar los movimientos de los chinos con trenza del reloj de Canseco en la plaza del Ángel y desternillarse ante los espejos deformantes de la calle del Gato.


Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La calle del Gato (Álvarez Gato), en la actualidad.

Ha de comenzarse diciendo que la famosa calle del Gato tuvo este nombre hasta el año 1918, cuando se propuso en el Ayuntamiento de Madrid el cambio de su denominación por el de calle de Álvarez Gato, en alusión al poeta Juan Álvarez Gato que durante el s. XV tuvo su casa en ella. Este Gato fue descendiente de aquel soldado que durante la Reconquista, en el siglo XI, trepó con gran habilidad por las murallas de Madrid, solo auxiliado por una daga. La destreza en su escalada originó que sus compañeros le impusieran el apodo de “Gato”, que él añadiría como apellido al suyo propio. Esta anécdota daría origen al apelativo de “gatos” para todos los oriundos de Madrid capital.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).














La historia de los espejos deformantes de la calle del Gato (a la que los madrileños continuaron llamando así, a pesar del cambio en su rotulación), es muy posible que provenga de los años cuarenta del siglo XIX, cuando la Carpintería de Juan Rodríguez y su almacén de espejos vinieron a instalarse en dicha vía. 

Fuente: B.N.E. (1841)
Anuncio de la carpintería de Juan Rodríguez informando sobre la venta de espejos.

En el año 1850 otro vidriero, José Canosa, vino a reemplazar el taller de Juan Rodríguez de la calle del Gato, especializándose en lámparas fúnebres, para nichos y panteones. Con toda probabilidad fue él quien inició la saga de comerciantes que con ese apellido se mantuvo en el número 3 de esta calle hasta bien entrados los años treinta.

No es de extrañar que cualquiera de los dos vidrieros mencionados (Rodríguez o Canosa) utilizaran como reclamo para sus respectivos negocios los primeros espejos deformantes de los que tenemos noticia en esta calle. En la prensa del año 1903 se cita que las risas que provocaban sus imágenes han hecho las delicias de cuatro generaciones.

Estos espejos grotescos, mágicos o deformantes que tanto divertían a todos estaban situados en la fachada de la tienda. Eran dos de cuerpo entero, uno cóncavo y otro convexo; las carcajadas que arrancaban las grotescas reproducciones de su figura, se sucedían sin interrupción.

Fuente: B.N.E. (1905).
En este dibujo se aprecian los espejos primitivos de cuerpo entero.

Su fama en Madrid llegó hasta el punto de anunciar en la prensa su visita, sin otro objetivo que la diversión de mirarse en ellos.

Fuente: B.N.E. (1896).

Mientras tanto la familia Canosa, propietaria del local, veía prosperar su negocio dedicado a la venta de lámparas para todos los usos y utensilios del hogar. Este comercio cambiaría su denominación a lo largo del tiempo, a medida que las sucesivas generaciones familiares lo fueron heredando. Así, entre mediados del siglo XIX y principios de la década de los años treinta del siglo pasado, este comercio se llamó: José Canosa, Canosa e Hijo, Ángel Canosa, La lámpara de oro e Hijos de Ángel Canosa, entre otras variantes. 

Fuente: B.N.E. (1910)
Anuncio del comercio de Ángel Canosa donde figura el reclamo de "La casa de los espejos".

Sin lugar a dudas los espejos de la calle del Gato llegarían a la inmortalidad gracias a Ramón Valle Peña (1866-1936) más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, en su obra teatral “Luces de Bohemia”, inicialmente publicada por entregas en la revista “España” a lo largo del año 1920, editada en 1924 y no estrenada en el teatro hasta el año 1971. 


MAX
Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO
¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX
España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO
¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX
Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO
Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

(Fragmento de la escena duodécima de “Luces de Bohemia”).


En algún momento de su historia los primitivos espejos de cuerpo entero de la calle del Gato fueron sustituidos por otros de menor tamaño. Pero, unos u otros, continuaron siendo visitados y provocando hilaridad de igual manera.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Réplica de los espejos convexo y cóncavo (de plástico), en la actualidad.

Durante los años treinta del siglo pasado el local del número 3 de la calle del Gato se convirtió en un almacén de aguardientes propiedad de Carlos Barranco, que posteriormente pasaría a denominarse Vinícola Aurora y desde el año 1960 se convertiría en un bar, famoso por sus raciones de patatas bravas. El negocio mantuvo también los célebres espejos en su fachada hasta que una irracional e ignorante celebración por el triunfo de un partido de fútbol, en el año 1998, vino a destrozarlos.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Los viejos espejos restaurados tras el acto vandálico del año 1998.

Hoy una réplica de plástico nos recuerda la historia de estos espejos que desde hace más de siglo y medio hacen reír a todo el que pase por la siempre peatonal calle del Gato de Madrid.







Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del diario ABC.
Prensahistorica.mcu.es
Elpais.com
“Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Luces de bohemia” Ramón María del Valle-Inclán.
Cervantesvirtual.com
Es.wikipedia.org