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lunes, 7 de marzo de 2016

MARUXA Y CORALIA.

Me topé con ellas en la rúa do Vilar de Santiago de Compostela (La Coruña). Estaba nublado. Era el año 1972.


Fotografía: Manuel Chamorro (2014).
Escultura de César Lombera en Santiago de Compostela.


Un alboroto surgió de repente: voces chillonas, risas de jóvenes arremolinados junto a quienes intentaban avanzar con dificultad para continuar su camino. 

Entonces las vi.

Eran dos mujeres frágiles, con la mirada perdida en un punto lejano, casi acostumbradas al espectáculo que se congregaba en torno a ellas. Una, la menor en estatura, accionaba a penas su antebrazo izquierdo como defensa para abrirse camino entre el gentío. La otra, más alta y con una larga melena teñida de oscuro, en silencio, esperando la oportunidad para reanudar el paseo.

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Alguien me dijo que eran las locas de Santiago. Dos mujeres fuertemente agarradas del brazo, vestidas con vivos colores, maquilladas hasta la exageración. Bocas desdentadas, extrema delgadez, facciones angulosas al límite. Solas, aisladas en su mundo irisado del que parecían no desear que nadie más participase. 

Fotografía: Manuel Chamorro (2014).

Maruxa y Coralia Fandiño Ricart eran hermanas y modistas. Habían nacido en el seno de una numerosa familia obrera compostelana. 

Desde que en el año 1925 la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) abrió su sede en la ciudad, tres de los hermanos Fandiño Ricart: Alfonso, Antonio y Manuel, llevados por sus ideas anarquistas, ocuparon puestos de relevancia en esta organización. Pero comenzó la Guerra Civil Española (1936-1939) y Galicia se convertiría desde el principio en una zona controlada por el bando franquista. La persecución y el exterminio metódico de todos aquellos que se mantenían fieles a la República dio comienzo y, como tantos miles, los hermanos Fandiño tuvieron que huir y ocultarse para no sufrir las represalias.

Entonces empezaron los interrogatorios, los sistemáticos registros a cualquier hora del día y de la noche en las casas de los fugitivos, el destrozo de sus bienes, las detenciones y las vejaciones a las mujeres de las familias de los que huyeron, por parte de las brigadas falangistas, con el fin de averiguar su paradero. Maruxa y Coralia sufrieron todo tipo de maltratos y humillaciones durante el período de la Guerra Civil y en los años posteriores.

Los encargos para la confección de prendas, único medio de vida de las hermanas, desaparecieron. Nadie se atrevía a tener relación con ellas por miedo a ser considerado “rojo” y “comunista”, nombres con los que despectivamente se calificaba a quienes no acataban las normas impuestas por el fascismo.

Fuente: Fotografía de Luis Carré. Revista "Viajar" (1978)

Las hermanas, siempre unidas, fueron deteriorándose poco a poco y su razón vino a instalarse en un lugar alejado del mundo real. Pero cada día, a las dos en punto de la tarde, salían a pasear por la zona vieja de Santiago de Compostela engalanadas con sus vestidos de colores y estridentes maquillajes. Silenciosas, andando con lentitud, miraban al frente intentando eludir al enjambre de individuos que se apiñaba a su alrededor profiriendo contra ellas mofas y escarnios mientras, con indolencia acostumbrada, sólo trataban de proseguir su camino.

Fuente: santiagoturismo.es (Aprox. década de los años 60).

En el año 1993 se les erigió como homenaje una escultura realizada por César Lombera, en el Parque de la Alameda de Santiago de Compostela (La Coruña).

Fotografía: Manuel Chamorro (2014)



DÍA 8 DE MARZO, TAMBIÉN CON EL RECUERDO PARA TODOS LOS SUFRIMIENTOS OLVIDADOS.



Fuentes:

Elpais.com
Santiagoturismo.es
Revista “Viajar”.

Agradecimiento especial para Manuel Chamorro, por las fotografías aportadas. 

viernes, 12 de febrero de 2016

LA BOBIA Y SU MOVIDA.

En la pequeña calle de San Millán, número 3, situada entre la plaza de Cascorro, donde comienza El Rastro, y la calle de Toledo, estuvo una de las cervecerías con más fama de Madrid: La Bobia. 


Fuente: conchamayordomo.com
"La Bobia" de Amalia Avia Peña (1963).

La cercanía de esta calle de San Millán con el mercado de La Cebada siempre propició que gran parte de sus escasos locales fueran destinados a negocios de restauración. Así distintas tabernas, casas de comida y cafés fueron ubicados en ella, a lo largo del tiempo, para dar servicio a tratantes, compradores y comerciantes. 

En la casa señalada con el número 3 de esta calle, se inauguró el Café Mercantil la noche del 3 de abril de 1884, propiedad de Pedro García Villasante y de Zacarías Gutiérrez Solana. Un espléndido banquete que hizo honor a la galantería de los anfitriones y a la habilidad del cocinero reunió, a puerta cerrada, gran número de periodistas, autoridades del distrito de La Latina y concejales del Ayuntamiento. La apertura para el público se verificó dos días después de este evento.

El Mercantil estaba elegantemente decorado, a imitación de los cafés más céntricos de Madrid. En él resaltaban las pinturas del techo y un distinguido servicio. Pronto comenzaría a ser el café escogido por los republicanos del distrito para realizar los banquetes del 11 de febrero, aniversario de la proclamación de la I República Española. 

Las deudas acumuladas y la mala gestión del negocio propiciaron que el Café Mercantil debiera subastar todos sus enseres y mobiliario, tasados en veintitrés mil quinientas cuarenta y cinco pesetas y cincuenta céntimos, en el mes de septiembre de 1893.

El local del Mercantil, tras el cierre del café, pasó a ser ocupado por distintos negocios. Sus grandes dimensiones favorecieron la instalación de almacenes de frutas y verduras, pollería, tienda para la venta de alcohol, bazar, etc. Hasta que en el año 1921, la vieja casa del número 3 de la calle de San Millán fue derruida y su solar, propiedad municipal, salió a subasta. El adjudicatario del terreno sería Timoteo Rojas, quien encargó al arquitecto Gonzalo Domínguez Espuñes la construcción del nuevo edificio estilo decó donde, con el tiempo, vendría a instalarse La Bobia.

Fotografía: M.R.Giménez (2016)
Calle de San Millán, nº 3, en la actualidad.

Fue el sábado, 4 de febrero de 1933, cuando La Bobia fue inaugurada como cervecería con precios corrientes

Fuente: B.N.E. (1933)

Su fachada de madera, semejante a la hoy desaparecida sastrería Claudio Alonso, el otro local del edificio, se adornaba con motivos art decó (que aún pueden apreciarse). 

Fotografía: M.R.Giménez (2016).
Elemento art decó de la fachada. Cierre decorado por Soen.

La Bobia anunciaba su marca en la fachada con un enorme rótulo de fondo rojo con letras tipo Park Lane, entre las que se había insertado luz de neón. Era un local de grandes dimensiones, con la barra situada a la izquierda de la entrada y numerosas mesas cubiertas de mármol blanco, en la zona de la derecha.

Su cercanía a El Rastro de la Ribera de Curtidores y al mercado de La Cebada, hacía del negocio un lugar frecuentado tanto por la clientela del barrio como por multitud de visitantes.

Fuente: pte.jgre.com (1977).
Pegada de carteles electorales en el rincón de la calle de San Millán, junto a La Bobia.

Durante los años treinta, del siglo pasado, La Bobia se anunciaba en la prensa como la cervecería más conocida de Madrid. Nunca fue un café propiamente dicho ni un lugar de sesudas tertulias. Era más bien un bar para el encuentro de los parroquianos del barrio y visitantes de paso. Su gran salón se llenaba de ancianos que veían a la gente pasar ante un sol y sombra (coñac y anís) y de personas que iban a desayunar un vaso de café con churros, acodadas en la barra. Todo cambiaba con la afluencia de los visitantes a El Rastro, los domingos por la mañana. 

Una verdadera revolución se llevó a cabo en La Bobia a partir del final de la década de los años setenta del siglo pasado. La Movida madrileña, contracultura surgida tras décadas de ignominiosa dictadura franquista, eligió a este bar como eminente núcleo de reunión dominguera.

Fuente: diomedia.com / Aurora Photos RM-José Azel.
La puerta de La Bobia durante La Movida madrileña.

Nuevos grupos de música, escritores, cineastas, fotógrafos, pintores y todo aquel que tenía algo que decir comenzó a manifestarlo. La Movida saltó en la calle y en las nuevas editoriales, también en los dos únicos canales de televisión existentes por entonces, en la radio y en los nuevos locales que apostaban por otra forma de entender la música cantada en el idioma que todos conocían. Ante la ausencia de revistas especializadas en contar todo lo que estaba pasando en Madrid aparecieron los fanzines, publicaciones confeccionadas con pocos medios por autores noveles, donde se hablaba de todo y se publicaban cómics con historias que, hasta ese momento, no habían visto la luz. Su medio de difusión fue El Rastro, instalado los domingos por la mañana en la Ribera de Curtidores y, tras la venta de los ejemplares, era necesario visitar La Bobia. 

Punks, rockers, mods con sus indumentarias respectivas, eran las nuevas tribus urbanas madrileñas que, junto con actores, artistas de todo tipo, ácratas, progres y músicos con mayor o menor fortuna, desplazaban a los parroquianos habituales de La Bobia para tomar los aperitivos domingueros, en la mayoría de las ocasiones uniendo a una noche algo nebulosa su presencia en el bar. Todo el mundo estaba en la puerta de la cervecería para ver y dejarse ver, para hablar con los demás, para tocar su música, porque había que estar allí, lloviera o no.

La Movida se diluyó en los años finales de la década de los ochenta del pasado siglo. Supuso, entre otras muchas cosas, un relevante cambio cultural y en la manera de entender la vida, dando una visibilidad a la ciudad de Madrid que hasta entonces no tenía.

Fotografías: M.R.Giménez (2008-2016).
Dos negocios de restauración, en años diferentes, del mismo local.

Pocos años después, en el mes de abril de 1991, cerró La Bobia. En su local se instalaron, a lo largo del tiempo, algunos negocios de restauración, el último de los cuales vuelve a repetir su marca.




  

Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
conchamayordomo.com
pte.jgre.com
diomedia.com  Aurora Photos RM - Jose Azel
es.wikipedia.org

lunes, 25 de enero de 2016

EL CAFÉ DE LA CASA DE LAS FLORES.

El barrio de Argüelles comenzó su planificación a mediados del siglo XIX, dentro del proyecto de Ensanche de Madrid planteado por el arquitecto Carlos María de Castro González. En una de sus parcelas, la situada entre las calles de Hilarión Eslava, Meléndez Valdés, Gaztambide y Rodríguez San Pedro vendría a construirse la Casa de Las Flores, entre los años 1930 y 1932, obra del arquitecto Secundino Zuazo Ugalde en colaboración con Miguel Fleischer. Este conjunto de edificios fue declarado monumento nacional en el año 1981 y marca un hito en la concepción de la arquitectura madrileña.

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
La Casa de las Flores, en la actualidad, desde la calle de la Princesa.

La primera construcción que ocupó la manzana donde posteriormente se ubicaría la Casa de Las Flores fue el campo deportivo de la Sociedad Gimnástica Española, club al que se concedió el título de Real en el año 1916. Se trataba de un pequeño estadio que servía para la celebración de diversas competiciones deportivas como béisbol, atletismo, gimnasia, boxeo y, sobre todo, fútbol. Fue inaugurado en el mes de abril 1913 y tenía su entrada por la calle de Rodríguez San Pedro, esquina con la de la Princesa.

Fuente: idehistoricamadrid.org (1927).
Fotografía aérea del barrio de Argüelles en la que se aprecia el campo deportivo.

Este recinto se encontraba frente a la casa donde vivió y falleció el escritor Benito Pérez Galdós (c/ Hilarión Eslava, número 7).

En el mes de mayo de 1922 la Real Sociedad Gimnástica Española inauguró su nuevo campo deportivo en la calle Diego de León.

Fuente: Diario ABC.(1913 y 1920)
En la fotografía de la izquierda se ve la casa de lo que fue la Hospedería de Jóvenes Obreras, en la calle de Gaztambide, nº 12, actual.
La fotografía de la derecha, señalada, la casa donde vivió Benito Pérez Galdós.

A lo largo del mes de octubre de 1930 dio comienzo la edificación de la Casa de las Flores, distribuida en dos cuerpos paralelos de cinco casas cada uno en dirección Norte-Sur, separados por un jardín. FOCSA, la empresa propietaria, lo era también de la fábrica de cerámica San Antonio que, para su propaganda, puso a disposición del arquitecto Zuazo cuanto quiso utilizar de ese material. Así el conjunto de los edificios mantiene sus sencillas fachadas en ladrillo visto, las cubiertas en baldosín y los interiores en terrazo, baldosa hidráulica y diversos tipos de cerámica.

A diferencia de las construcciones madrileñas, que utilizaban sillares de granito para los zócalos, la Casa de Las Flores lleva el ladrillo visto de sus fachadas hasta el borde de la acera.

Ocho de sus diez casas cuentan con seis alturas (vistas desde el exterior), distribuidas en planta baja (con sótano) y cinco pisos con cuatro viviendas, cada uno. Todas están dotadas de ascensor, desde su construcción. En el edificio también se instalaron lavaderos y tendederos de ropa, para uso de la comunidad. 

Fuente: B.N.E. (1933)
La Casa de las Flores, con su Café cervecería, al poco tiempo de ser inaugurada.

El total de las viviendas construidas en la manzana fue de doscientas ochenta y ocho, que tenían cuatro o cinco habitaciones en origen, además de cocina, baño, aseo, despensa, fresquera y calefacción. En el año 1932 cada cuarto (vivienda) correspondiente a las calles Rodríguez San Pedro, Hilarión Eslava y Meléndez Valdés tenía un precio de alquiler a partir de 180 pesetas mensuales, según tamaño. Eran pisos funcionales, admirablemente ventilados y muy bien iluminados en su conjunto, arquitectónicamente enclavados en el racionalismo madrileño.

La construcción del total de los diez edificios ubicados en esta manzana tuvo un importe de seis millones noventa y cinco mil ciento cuarenta pesetas con ochenta y cuatro céntimos.

Fuente: B.N.E. (1933) y fotografía: M.R.Giménez (2015).
Jardín interior de la Casa de las Flores y su pérgola, visto desde la calle de Rodríguez San Pedro.

La Casa de las Flores contaba con diecisiete locales destinados al comercio y en uno de ellos, ubicado en la esquina de las calles Rodríguez San Pedro con Hilarión Eslava, vino a instalarse el Café cervecería Las Flores en el año 1932.

Fuente: mmn-arquitectos.com (1935).
Fachada del Café cervecería Las Flores, con acceso por el soportal situado entre las calles de Rodríguez San Pedro e Hilarión Eslava.

La calle de Rodríguez San Pedro, en sus esquinas con las de Hilarión Eslava y de Gaztambide, formaba unas arcadas que servían de fachada a los soportales, que antes se encontraban al aire libre, y por los que se accedía a los locales allí instalados.

Fuente: B.N.E. (1935) y fotografía de M.R.Giménez (2015)
La terraza, en los soportales, del Café cervecería Las Flores. El mismo lugar hoy ocupado por una entidad bancaria.

El acceso al café Las Flores estaba situado dentro de la arcada, que hacía las veces de terraza cubierta por el soportal, en la calle de Hilarión Eslava. Una puerta giratoria daba entrada a varios ambientes bien diferenciados: un primer salón con divanes tapizados; a continuación la zona del mostrador, rodeado de pequeñas mesas con mármol en la superficie y sillas de madera; por último la parte más interior con un patio cubierto por cristales.


Fuente: dadum.unav.edu y B.N.E.
Interior del Café cervecería Las Flores, con sus tres ambientes diferenciados y luminosos.

Techos altos y luz directa proveniente de distintos ventanales y del techo acristalado, dotaban a este café de una gran luminosidad natural.

Es muy posible que un cliente habitual del Café Las Flores fuera Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda, el poeta chileno y premio Nobel que vivió en el quinto piso de la Casa de las Flores (posiblemente en la casa correspondiente al hoy número 72 -antes 66- de la calle Rodríguez San Pedro). 


Fuente: pinterest.com (Guerra Civil Española)
La Casa de las Flores, con la fachada correspondiente al Café cervecería, bombardeada durante la Guerra Civil.

La Casa de las Flores, la vivienda de Pablo Neruda y gran parte del barrio de Argüelles, al igual que casi todo Madrid, fueron bombardeados minuciosa y violentamente durante la Guerra Civil Española (1936-1939), por las tropas fascistas y sublevadas de Franco.

Los edificios de la manzana de Las Flores fueron reconstruidos a principios de la década de los años cuarenta, una vez terminado el conflicto. 

El café cervecería cerró definitivamente al quedar destrozado por los bombardeos y en su lugar se instaló, durante pocos años, una delegación del Instituto Nacional de Previsión. En la década de los cincuenta el local fue convertido en una sucursal bancaria, y así continúa en la actualidad. 







Fuentes:

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Prensahistorica.mcu.es
Idehistoricamadrid.org
Pares.mcu.es
Hemeroteca ABC
Pinterest.com
Dadun.unav.edu
“Neruda. El príncipe de los poetas” Mario Amorós.
“Confieso que he vivido” Pablo Neruda.
Es.wikipedia.org

viernes, 8 de enero de 2016

DEL CAFÉ DE LORENZINI AL DE PUERTO RICO, EN LA PUERTA DEL SOL.

Quizá la historia de los antiguos cafés de la Puerta del Sol comenzó en el Café de la Victoria, más conocido por el nombre de su propietario como Café de Lorenzini, situado en el número 2 de aquella plaza que entre los años 1857 y 1862 iba a ser objeto de la primera gran remodelación urbanística que tuvo el centro de Madrid.

Fuente: Madrid.org
Maqueta de León Gil de Palacio (1830). La casa donde se ubicaba el Café de Lorenzini aparece señalada por la flecha. En primer término la iglesia del Buen Suceso de la Puerta del Sol y al fondo el convento de la Victoria.

El Lorenzini (o Lorencini), pasaría a la historia como el café donde por vez primera se hizo tribuna de las primeras ideas liberales. En él tuvieron su origen las Sociedades Patrióticas o foros de opinión, que llegarían a editar sus propios periódicos e influyeron de manera considerable en la política española durante el llamado Trienio Liberal (1820-1823).

Fuente: Museodelestudiante.com
El Café de Lorenzini con el político Salustiano de Olózaga Almadoz, sobre la mesa, dando un discurso.

El Café de Lorenzini fue inaugurado alrededor del año 1810 por su dueño Carlos José Lorenzini y estuvo situado en la casa inmediata a la capilla de la Soledad del Convento de la Victoria (cuyo derribo dio salida a la calle Angosta de Majaderitos y hoy de Espoz y Mina). De pequeño tamaño, para acoger al numeroso público que en él se congregaba, tenía las paredes formadas en lienzo, en el que se habían pintado diversos paisajes -posiblemente por el pintor José Riv(b)elles-. A él se accedía por el portal del edificio donde estaba ubicado y constaba de un saloncito y galería, en cuyo extremo había un patinillo cubierto de cristales. Toscas sillas y consistentes mesas de madera, sobre las que los vehementes oradores lanzaban sus opiniones, configuraban el mobiliario de este que, casi más que un café, fue uno de los principales centros de divulgación de noticias en Madrid, además del primer lugar en donde el político Evaristo Fernández de San Miguel entonó el Himno de Riego, el día 7 de marzo de 1820.

El fallecimiento de su dueño dio al traste con el café, al iniciarse la década de los años cincuenta del siglo XIX. Su local sería entonces ocupado por una de las más famosas librerías de Madrid: la Librería Europea. Poco después el edificio de la Puerta del Sol, número 2, sería demolido en pos del ensanche y de las nuevas edificaciones que allí se erigieron y hoy podemos contemplar.

Los herederos de Lorenzini parecían decididos a instalar un nuevo café, del mismo nombre, en la casa que en el año 1856 se edificaba sobre el terreno que dejó la antigua construcción. Por alguna razón esto no fue posible y en su lugar se inauguró el Café de las Columnas.

Fuente: Bdh-rd.bne.es (1860).
Recorte de una fotografía de Jean Laurent. En la nueva Puerta del Sol, muy cerca del principio de la Carrera de San Jerónimo y señalado con una flecha, el Café de las Columnas.

Ocupando el piso bajo y el entresuelo del moderno edificio recién construido, situado en la Puerta del Sol, ya con el número 3, el Café de las Columnas fue abierto al público el jueves día 20 de marzo de 1856. Su dueño, Baltasar Menéndez, dotó a su establecimiento de modernas lucernas de gas y de una gran sala de billar mientras, a su alrededor, se iniciaban los derribos de las viejas casas que conformaban la antigua y rectangular plaza, que estaba a punto de desaparecer para convertirse en la que hoy existe. 

El de las Columnas era un café moderno y elegante, espacioso y de techos altos que reposaban sobre numerosas columnas, de ahí su nombre. 

Fuente: Todocoleccion.net
Dibujo de Ortega en el que se aprecia el interior del Café de las Columnas.

Café con numerosas tertulias literarias, de actores y de toreros, aparece mencionado en varias ocasiones dentro de los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós (1843-1929), quien fue parroquiano asiduo.

En el mes de mayo de 1870 el Café de las Columnas fue reformado y convertido en café musical. Se instaló un magnífico piano, donde profesores como Ignacio Carrillo o Vicente Maña conseguirían grandes éxitos. 

Fuente: B.N.E. publicada en 1884.
A la izquierda, en la parte inferior del dibujo, aparece la fachada del Café de las Columnas, de la Puerta del Sol.

Su más que reconocido chocolate y aquellas veladas musicales no impidieron las continuas redadas policiales en busca de salas de juego clandestino que, como en la mayoría de los cafés del momento, se habían instalado en él. 

A mediados del año 1890 el café de la Puerta del Sol, número 3, volvió a cambiar de dueño, de nuevo fue reformado y pasó a llamarse Café de Londres.

Fuente: ABC (1895)
Interior del Café de Londres.

Propiedad de Francisco Álvarez, el de Londres era un café de tertulias que mantenía la antigua sala de billar situada en el entresuelo. Bajo sus estilizadas columnas se reunían a diario el escritor Jacinto Octavio Picón Bouchet, el dramaturgo satírico Eduardo Lustonó, el poeta Francisco de Asís Icaza y el pintor José Gärtner de la Peña. La tertulia más destacada de este Café de Londres era teatral y estaba integrada por Vital Aza Álvarez-Buylla, Miguel Ramos Carrión y Ricardo de la Vega, entre otros dramaturgos.

El último y más duradero de los antiguos cafés instalados en este número 3 de la Puerta del Sol fue el Café de Puerto Rico.

Propiedad de Juan Nido, también dueño del negocio de restauración que funcionaba por entonces en el Parque de El Retiro de Madrid, el Café de Puerto Rico abrió en el año 1902. 

Fuente: B.N.E. (1915)
El Gran Café de Puerto Rico, tras la reforma del año 1915.

Manteniendo en su entresuelo la legendaria gran sala de billar, este café incorporó también un servicio de restaurant, cuyos platos del día se anunciaban en la prensa de forma habitual. Por un precio de 2 pesetas se podía consumir dos platos, vino, pan y postre, para las comidas. El de Puerto Rico era parada frecuente, por la noche, de los cómicos que trabajaban en los teatros Apolo y de la Comedia, como la actriz Loreto Prado y el actor Enrique Chicote, entre otros muchos.

En el año 1913 este café pasó a titularse Gran Café de Puerto Rico y dos años después, con un nuevo propietario, acometió una enorme reforma en su local, del que no quedó más que el título.

Fuente: ABC (1915).
Salón del Café de Puerto Rico, tras la reforma. En las columnas se ven las novedosas perchas para depositar sombreros y abrigos.

El nuevo dueño del Gran Café de Puerto Rico era Clemente Fernández, quien el sábado 9 de octubre de 1915 anunciaba la reapertura del suntuoso local. Bellamente decorado en elegante tono blanco con tonalidades doradas en paredes y techos, modificó por completo el mobiliario. Soberbios divanes de terciopelo gris, pequeñas mesas y elegantes sillones, espléndidos espejos y lunas biseladas, modernísimos aparatos de luz eléctrica, calefacción por agua caliente con la última palabra en este servicio. Como innovador diseño el café disponía de originales perchas, en forma de cestillos metálicos, insertadas en las columnas.

Fuente: ABC (1915).
La sala de billar y la moderna cocina.

El menú, confeccionado en la novísima cocina, había incrementado su precio a 3,50 pesetas e incluía vinos, postres variados y helados.

Fotografía: M.R.Giménez (2015).
Edificio actual de la Puerta del Sol, nº 3, donde estuvieron todos estos cafés.

El Café Puerto Rico, que ya en los años treinta había desalojado de su nombre el adjetivo “gran” y la preposición “de”, sería sustituido en el año 1959 por un negocio de sastrería para caballero y niño. 




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
Madrid.org
Museodelestudiante.com
Todocoleccion.net
Bdh.bne.es
Cervantesvirtual.com
“Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid” Ramón de Mesonero Romanos.
Es.wikipedia.org

jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ AÑO NUEVO.

Para los que estáis lejos
(podáis o no tomar las uvas).

Para los que estáis cerca.

Para los que ya no estáis, 
pero siempre tendréis nuestro cariño.

Los Antiguos Cafés de Madrid os desean...

Fotografía: M.R.Giménez/Manuel Chamorro.

Maqueta de la antigua plaza de toros de Madrid que se hallaba a las afueras de la Puerta de Alcalá. (Juan de la Mata Aguilera - 1846)


martes, 8 de diciembre de 2015

MAGIC-PARK, PASEO DE ROSALES.

Allá por la última década del siglo XIX el paseo de Rosales (hoy del Pintor Rosales) casi no rebasaba los límites de la cuesta de Areneros -que desde el día 8 de marzo de 1889 se denomina calle del Marqués de Urquijo- en el hoy barrio de Argüelles de Madrid. Fue por aquel entonces cuando vino a instalarse el Lavadero de Argüelles, en el número 26 de Rosales (aproximadamente el nº 38 actual) y cuya trasera se correspondía con la calle de Ferraz.

Fuente: Idehistoricamadrid.cchs.csic.es (1900).
Plano de Facundo Cañada López en el que aparece, señalado en azul, el Lavadero de Argüelles.

Dos décadas más tarde, los terrenos de aquel lavadero de barrio iban a convertirse en el parque de recreos más grandioso y elegantísimo de Madrid. Magic-Park sería inaugurado el sábado 14 de junio de 1913, a las nueve de la noche, en los terrenos a lo largo del paseo de Rosales, por la parte que mira a la Estación del Norte.

Fuente: B.N.E. (1913)

Nota.- Al ser esta una zona que a principios del siglo XX comenzaba su urbanización, los números de la calle de Ferraz y del paseo de Rosales que aquí aparecen son los que se anunciaban en la prensa del momento. La manzana a la que se hace referencia es la situada entre el paseo del Pintor Rosales y las calles del Buen Suceso, Ferraz y Marqués de Urquijo. 

Con acceso por la calle de Ferraz, nº 35 y también por el paseo de Rosales, este parque de recreos tenía su fachada lateral por la calle del Buen Suceso. Al tratarse de un lugar alejado del centro, la empresa Tranvías del Este de Madrid puso a disposición de los clientes un servicio especial de transporte con salida desde el centro de la ciudad. Hasta el Magic-Park llegaban los tranvías números 6, 11, 22, 27 y también el cangrejo de Argüelles (tranvía de marca Schuckert, eléctrico y pintado de rojo).

La entrada al Magic-Park, de cultas y morales distracciones, costaba 15 céntimos de peseta, daba derecho a disfrutar de una atracción y del teatro-cine al aire libre allí instalado (del que voló la tela de su pantalla por el viento, el día de la inauguración del parque).

Fuente: ABC (1914).
Escena de la obra "El alma de Garay" representada en el teatro-cine del Magic-Park. 

Todo Madrid supo de la apertura del Magic-Park por la gran cantidad de carteles y anuncios que, tanto en la prensa como por las calles, fueron difundidos y distribuidos de manera profusa varios meses antes de la esperada inauguración. 

Entre las múltiples atracciones con las que contaba este parque parece que las de mayor éxito eran: La plataforma de la risa o pieza de forma circular y giratoria en la que el público, situado en su centro, trataba de mantener el equilibrio. La debacle, un pim, pam, pum de botijos, cacharros de loza y barro al que se tiraban pelotas con obtención de premios para quienes tuviesen mejor puntería. El laberinto chino, un colosal enredo de pasillos que debían recorrerse hasta encontrar la salida. La caza del pato, la montaña rusa, una pista de patinaje, conciertos diarios con funciones de 6 a 8 y de 9 a 12 interpretados por una banda de veinte profesores. Restaurante, cervecería y pastelería, completaban los servicios de este espacio para el ocio.

Fuente: ABC (1915).
Inauguración de la temporada correspondiente al año 1915.

Las atracciones del Magic-Park sólo funcionaban durante la época estival. Mantuvo sus diversiones y espectáculos, con gran éxito, hasta finalizar la temporada correspondiente al año 1918. Luego quedó en la memoria de todos como uno de los mejores lugares de esparcimiento de Madrid.

Un año después sería inaugurado, en aquel mismo emplazamiento del paseo de Rosales, un nuevo centro de diversión titulado Saturno Park.

Fuente: B.N.E. (1919).
Aspecto del restaurante para cenas del Saturno Park.

Abierto al público el día 25 de julio de 1919, por el empresario Antonio Bargués, el nuevo parque de atracciones Saturno Park pretendía ser algo más refinado que el anterior. Tenía su entrada principal por el paseo de Rosales, número 26 (que hoy correspondería aproximadamente con el nº 38) y también por la calle de Ferraz, números 29, 31 y 33 (sobre el nº 33 de esta calle, en la actualidad).

Fuente: B.N.E. (1919).
Anuncio del Saturno Park, una semana después de su inauguración. 

Todo el diseño de la decoración del Saturno se debía al pintor y escenógrafo Salvador Alarma Tasta, quien había hecho instalar una gran puerta dorada en el paseo de Rosales y sobre ella una preciosa combinación de bombillas eléctricas. Altos y airosos mástiles, en los que ondeaban banderas con fondo azul y blanco, que por escudo llevan el planeta, rodeado de un anillo, completaban la ornamentación del principal acceso al parque.

A pocos metros de la entrada estaba el quiosco de la música. Su plataforma estaba rodeada por grupos de luz y tenía un gran farol de madera en el centro. Desde allí la banda de Saboya interpretaba sus melodías. 

Para salvar el desnivel del terreno se había construido una amplia escalera sobre la que se había instalado el comedor del restaurante.

En el lugar que ocupó el patio de butacas del teatro-cine en el antiguo Magic-Park se había levantado una réplica del barco Titanic, en cuyo interior se podía sentir la impresión del movimiento marítimo.

Fuente: B.N.E. (1919).
Atracción del Titanic, con movimiento marítimo.

Rodeando al Titanic, un pequeño ferrocarril arrastrado por una diminuta máquina de vapor realizaba su trayecto por el parque.

Fuente: ABC (1919).
Atracción del tren en miniatura.

El Saturno Park tuvo una vida corta. La competencia de nuevos negocios similares y cercanos como el Ideal Rosales, en el número 24 del paseo, lo hicieron desaparecer. En su lugar se instaló, desde el sábado 11 de junio de 1924, un nuevo negocio llamado Cine Park, propiedad de la empresa Segarra.

Más dedicado a las proyecciones cinematográficas, el Cine Park también tenía restaurante para cenas, servido por la Casa Molinero. La banda del Regimiento de Ingenieros y la orquesta Fémina amenizaban los espectáculos de las películas, que hasta el año 1929 no tendrían voz propia.

Varios negocios más aprovecharían el arbolado solar que dejó el añorado Magic-Park en el paseo de Rosales. Pero el terrero desigual de su manzana, el más fresco de todo Madrid, iba siendo poco a poco edificado, sin dejar espacio para ningún otro parque de recreo.




Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC
Prensahistorica.mcu.es
ABC.es
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Spanishrailway.com
Idehistoricamadrid.cchs.csic.es
Es.wikipedia.org

domingo, 22 de noviembre de 2015

LA CORREDERA BAJA Y LA CARNE DE CABALLO.

Mucha relación tiene esta calle de la Corredera Baja de San Pablo con la carne de equino ya que, en su número 49, fue inaugurada la primera expendeduría de carne de caballo de Madrid.


Fuente: B.N.E. (1934)
Fachada de la primera expendeduría de carne de caballo en Madrid. Corredera Baja, 49.

La venta autorizada de carne de caballo para el consumo humano siempre tuvo detractores y defensores. Desde mediados del siglo XIX la prensa recoge todas las discusiones posibles sobre su despacho legal o la prohibición fulminante de su comercio en Madrid, todo ello salpicado de numerosas noticias relativas a intoxicaciones y muertes de gentes que hubieron consumido piezas de esta carne, adquiridas de manera poco fiable. 

A diferencia de otros países europeos como Francia o Alemania y de zonas del norte de España, en donde era más o menos habitual mezclar distintas carnes en la producción de embutidos, en Madrid no eran frecuentes la compra ni la ingesta del caballo, a menos que el comensal fuese estafado. Tal vez esa era la razón por la que dicha carne, clandestina o no, siempre tuvo un precio más reducido que las piezas procedentes del ganado bovino.

Bajo el epígrafe ¡Nos europeizamos! la prensa madrileña anunciaba el viernes, 16 de noviembre de 1934 que, a las tres en punto, fue sacrificado en el Matadero de Madrid el primer caballo destinado al consumo público. El animal, que había pasado los controles sanitarios pertinentes, tenía entre diez y doce años. Al acto concurrieron destacadas personalidades municipales, algunos veterinarios, un torero retirado y varios fotógrafos. 

Fuente: B.N.E. (1934)
Aglomeración de clientes para adquirir la carne de caballo, en la Corredera Baja.

La carne del equino fue trasladada de inmediato a la expendeduría de la Corredera Baja, donde se agotó en la misma jornada, y tenía un precio por kilo de dos pesetas la de primera, 6 reales la de segunda y una peseta la de tercera. El dueño de la nueva carnicería manifestó que en su establecimiento se daría a cada pieza una presentación tan atractiva que sería capaz de competir con la ternera más aristocrática, como en las tiendas de París. 

El coste asequible propició que muchos madrileños introdujeran la carne en su dieta, casi por vez primera. 

Fotografía: M.R.Giménez (2015)
Estado actual de la expendeduría de la Corredera Baja.

La expendeduría de la Corredera Baja de San Pablo, número 49, se mantuvo abierta hasta bien entrados los años setenta del siglo pasado. Durante la década de los cincuenta cambió su rótulo dibujado a mano por otro de cristal pintado con grandes letras sobre un fondo negro y la tradicional cabeza de caballo, símbolo de los establecimientos del ramo. Hoy de su local ha desaparecido todo vestigio de haber sido la primera carnicería de Madrid en vender, de manera exclusiva, carne de caballo.





Fuentes:


Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.