Páginas

martes, 29 de mayo de 2018

EL CAFÉ VIENA Y LA SOCIEDAD VEGETARIANA DE MADRID.


Habría que comenzar la historia del Café Viena de Madrid en la calle de la Misericordia, número 2, esquina con la de Capellanes (hoy del Maestro Victoria). Allí, a finales del mes de febrero de 1873, Matías Lacasa Ferrer inauguró su despacho central de pan de Viena, producto que fabricó en exclusividad.

Fotografía: M.R.Giménez (2017). Calle de la Misericordia, esquina con la del Maestro Victoria (antes de Capellanes), hoy. El edificio actual es del año 1906.

Tras el fallecimiento de Lacasa el negocio quedó en manos de su esposa Juana Nessi Arrola, tía abuela de los que más tarde se convertirían en famosos escritores: Pío, Ricardo y Carmen Baroja. De esta forma la familia Baroja Nessi pasaría a ocuparse de la empresa, que con el tiempo vendría a ser conocida con el nombre de “Viena Capellanes”.


A principios de la década de los años diez del siglo pasado Manuel Lence Fernández, encargado del negocio hasta entonces, compró aquella empresa familiar. Fue a partir de ese momento cuando se produciría el mayor auge de la casa, inaugurando numerosas sucursales por todo Madrid y aumentando la oferta gastronómica de sus establecimientos.


Sería en el mes de febrero de 1929 cuando se inauguró el Café Viena, con entrada por la esquina de las calles de Luisa Fernanda y Mendizábal, al lado de Rosales.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1929)

El Viena era un café grande, con suelos de baldosa y techos artesonados, columnas y paredes recubiertas hasta la mitad por frisos de trabajada madera, rematados por pequeños espejos enmarcados. Mesas con oscuro mármol y sillas de caoba acompañaban a los divanes que, como en todos los cafés, estaban situados a lo lardo de las paredes. La luz, procedente de los grandes ventanales del local esquinado, era suficiente para alumbrar a los tertulianos que en aquel café de barrio deseaban pasar el tiempo, acompañados o no por la música de piano o violín de sus conciertos esporádicos.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1929). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2012).

El café nació también como restaurante. Allí se podía comer bien por la cantidad de 3,50 pesetas durante los años treinta del siglo pasado. Sus amplios salones se destinaban al negocio de las celebraciones familiares y los banquetes de asociaciones, como la Sociedad Vegetariana Madrileña.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1936). Banquete mensual de la Sociedad Vegetariana de Madrid, en el que no se servía alcohol. Los platos no se condimentaban con sal ni vinagre.

En el mes de febrero de 1903 Juan Padrós Rubió – por entonces primer presidente del Madrid Foot-ball Club (Real Madrid Club de Fútbol) – colaboró en la fundación de la Sociedad Vegetariana, de la que surgiría la Sociedad Vegetariana de Madrid alrededor del año 1909.

Dicha Sociedad estaba integrada por médicos de prestigio como: Casiano Ruiz Ibarra, Enrique Jaramillo y Eduardo Alfonso, que había sido alumno de Santiago Ramón y Cajal. El auge del vegetarianismo y del naturismo propiciaría que en el año 1919 comenzara a editarse su revista, Acción Naturista y siete años después, el día 24 de enero de 1926, la asociación inaugurara su sede propia en la calle del Barco, número 32, de Madrid, lugar donde se impartían numerosas conferencias abiertas al público.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Portada del primer número de la revista "Acción Naturista" de 1919. Anuncio del Café Viena en 1932 en un número posterior de la revista.


Los seguidores madrileños del vegetarianismo encontraron en la casa Viena Capellanes un buen aliado. Su obrador suministraba gran cantidad de productos variados y, entre ellos, un sabroso pan integral con harina molida en molino de piedra. También el nuevo Café Viena servía comidas vegetarianas, previo aviso, por lo que fue elegido para celebrar la comida mensual de la Sociedad Vegetariana, hasta que comenzó la Guerra Civil Española.

Fuente: pares.mcu.es (1936). Recorte de fotografía. Inicio de la Guerra Civil Española en la calle de Luisa Fernanda, con el rótulo del Café Viena.

Quizá lo más destacado de la vida del Café Viena, en las décadas posteriores a la contienda, fuera la tertulia que el director de cine Luis Buñuel mantuvo en él durante sus estancias en Madrid entre los años 1960 y 1980. Allí se reuniría casi a diario con el escritor José Bergamín, el doctor José Luis Barros, el compositor Gustavo Pittaluga, el torero Luis Miguel Dominguín y otros amigos, mientras estudiantes de la cercana Ciudad Universitaria ocupaban el resto de las mesas.

El viejo Café Viena cerró sus puertas en el año 1979 para convertirse, un año después, en un lugar diferente y más moderno, aunque conservando su nombre inicial.



Más información sobre el doctor “Eduardo Alfonso, médico naturista” pulsad el subrayado.



Fuentes:

Hemerotecadigital.bne.es
“Mi último suspiro” Luis Buñuel
Pares.mcu.es

viernes, 11 de mayo de 2018

LA TABERNA DE ANTONIO SÁNCHEZ.



El madrileño barrio de Lavapiés, situado en el centro de Madrid, fue siempre populoso y concurrido. Entre sus numerosos comercios, que congregaban a todos los oficios posibles, hubo también un considerable número de establecimientos dedicados a la venta de vinos.


En el número 13 de la calle del Mesón de Paredes se encuentra la taberna más antigua de Madrid, llamada de “Antonio Sánchez” desde el año 1891, pero que ya existía como tienda que despachaba vino en el siglo XVIII.


Su decoración centenaria se ha conservado intacta en el tiempo: las mesas y banquetas de su mobiliario, el magnífico mostrador de caoba tallada, los óleos representando a los más famosos toreros de siglos anteriores o sus impresionantes tinajas de barro de Colmenar.


¿Qué leyendas nos aguardan en la taberna de Antonio Sánchez? ¿Quiénes fueron sus clientes más famosos? ¿En qué consistió el festín pantagruélico del famoso pintor Zuloaga?



Para este vídeo los Antiguos Cafés de Madrid contamos con la colaboración del escritor, bloguero y cronista de las tabernas Antonio Pasies Monfort. Con él descubriremos la historia de esta joya madrileña, sus anécdotas más curiosas y quiénes fueron los más célebres parroquianos que allí tuvieron tertulia.


Para más información sobre la historia de las tabernas de Madrid en el blog Tabernas Antiguas de Madrid.







viernes, 27 de abril de 2018

EL PASAJE DE LA ALHAMBRA Y SUS PINTORES.

La calle de Augusto Figueroa, que hasta el año 1904 se llamó del Arco de Santa María, está ubicada en el madrileño barrio de Chueca.

Entre la citada calle y la de San Marcos vino a inaugurarse hacia el año 1888 el Pasaje de la Alhambra, uno de los más olvidados y desconocidos de Madrid. 


Fuente: triunfodigital.com (1970). Entrada al Pasaje de la Alhambra por la calle de Augusto Figueroa.
   
Seis edificios destinados a viviendas y comercios o pequeñas industrias componían este Pasaje, que había tomado su nombre del frontero Teatro de la Alhambra inaugurado en el año 1870 y demolido treinta y cinco años después, cuando ya había cambiado su nombre por el de Teatro Moderno.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1878). Ilustración de Julio Comba García. Interior del Teatro de la Alhambra que, además de para hacer funciones, era alquilado para la celebración de eventos.

Sendos arcos de medio punto, cerrados en su parte superior por una reja de hierro forjado bajo la que se instalaron rótulos con el nombre de “Pasage” de la Alhambra, daban acceso al lugar tanto en su entrada por la calle de Augusto Figueroa, número 32, como por la de San Marcos (entrada principal). Tras atravesar cada uno de ellos se entraba en un zaguán, con suelo adoquinado, que servía de distribuidor para algunos de los portales y escaleras que conducían a los diferentes pisos de los edificios. Estos recintos contaban con techos artesonados. 


Fuente: hemeroteca.abc.es (1968). Zaguán de entrada al Pasaje de la Alhambra por la calle de Augusto Figueroa.

El interior del Pasaje se abría al aire libre, proporcionando a los negocios y las viviendas que allí tenían sus portales, balcones y ventanas, mucha luz natural. Fue así como este Pasaje se convertiría en el lugar elegido por varios reconocidos pintores para instalar en él sus estudios, a lo largo del tiempo.

En el mes de mayo de 1888 el pintor Casto Plasencia Maestro vino a establecerse en el número 3 del Pasaje de la Alhambra. Su estudio, a decir de la prensa del momento, tiene algo de museo y de templo, parece calcado de un cuento de “Las mil y una noches”.


Fuente: ceres.mcu.es (1888). Fotografía de Laurent y Cia. Estudio del pintor Casto Plasencia.

Un gran salón de 16 por 9 metros, con luz cenital modificable mediante cortinas hábilmente situadas, era el espacio idóneo para el trabajo del pintor y la compañía de sus amigos. Las paredes estaban tapizadas con rico peluche en cuatro diferentes colores y un zócalo de cuero de Córdoba, entre los que se había instalado un riquísimo friso bordado, estilo Luis XVII. Suntuosos cortinajes para las puertas, arcones, armarios renacentistas, antiguas sillas y sillones, armaduras, ánforas romanas y jarrones de Talavera formaban parte del opulento mobiliario, que rodeaba a Plasencia durante sus jornadas de trabajo.

Tras su fallecimiento, el estudio fue ocupado por el pintor José Jiménez Arando, hasta la llegada de Joaquín Sorolla Bastida, en el año 1893. 


Fuente: ceres.mcu.es (1898). Estudio del pintor Joaquín Sorolla.

Sorolla abandonó el estudio del Pasaje de la Alhambra en el año 1903 para trasladarse a la calle de Miguel Ángel. En el año 1910 ocupó su casa-estudio en el antiguo paseo del Obelisco (hoy calle del General Martínez Campos).

Los pintores Cecilio Pla Gallardo, Eduardo Chicharro Agüera y el poeta Eduardo Chicharro Briones (uno de los impulsores del Postismo o movimiento que quiso ser síntesis de todas las vanguardias literarias precedentes, tras la Guerra Civil Española), también tuvieron su estudio en este Pasaje.


Fuente: Flickr.com/Nicolas1056 (1910). Interior del Pasaje de la Alhambra, que fue sede de varios periódicos.

El Pasaje de la Alhambra fue dejándose caer, poco a poco. Los seis edificios que lo componían, cuyas viviendas y negocios estaban arrendados por trabajadores y jubilados que sufrieron todo tipo de presiones para el desalojo de las mismas, serían finalmente demolidos. Las fincas, adquiridas entre los años 1943 y 1945 por el marqués de Seoane y presidente de la compañía Credesa, fueron compradas a su anterior propietario por trece millones de pesetas. El día 24 de julio de 1961, el gobernador civil autorizaría inicialmente el derribo de las casas.

Tras varias demandas entre los vecinos y la sociedad propietaria, el día 1 de julio de 1970 el Tribunal Supremo sentenció sobre la resolución de todos los contratos de arrendamiento y la pérdida de indemnización por parte de los inquilinos que aún se mantenían en sus viviendas y negocios. Tras nueve años de litigios, el histórico Pasaje de la Alhambra desapareció y los 25.000 metros cuadrados que ocupaba alcanzaron un valor de 2.000 millones de pesetas (de 1970).

En su lugar se edificó el conjunto de viviendas y locales comerciales que hoy se corresponden con los números 32 y 34 de la calle de Augusto Figueroa, con el 39 y el 41 de la calle de San Marcos y con el número 15 de la calle del Barquillo.




Fuentes:

ceres.mcu.es
es.wikipedia.org
flickr.com/Nicolas1056
hemeroteca.abc.es
hemerotecadigital.bne.es
triunfodigital.com “El caso del Pasaje de la Alhambra” Luis Carandell.
Agradecimiento muy especial para el profesor y amigo Fernando Moreno Sanz, por sus aportaciones para este artículo.

lunes, 2 de abril de 2018

LOS CAFÉS CANTANTES DE MADRID.

A mediados del siglo XIX se produjo en Madrid una formidable transformación en los establecimientos dedicados al ocio. Las botillerías, locales en los que sólo se degustaban consumiciones, se convirtieron en cafés con espectáculos. 


Surgieron entonces diversos locales especializados en los más variados tipos de funciones musicales, desde los clásicos a los recitales de ópera pasando por las canciones más populares. 

También el arte flamenco comenzó a subir a los escenarios. Cantaores, guitarristas y bailaores de ambos sexos, mostraron en los tablaos un género artístico que hasta entonces sólo se presenciaba en las calles. 

Con las imágenes de la obra "Alarde de Tonadilla" de Hugo Pérez de la Pica, este vídeo cuenta la historia de los más destacados cafés flamencos que hubo en Madrid: como el Naranjeros, el Imparcial o La Marina. De ellos salieron muchos de los artistas que posteriormente llevaron su arte por el mundo.

                           Los cafés cantantes en el Teatro Tribueñe

Suscripciones al canal de Antiguos Cafés de Madrid en  esta dirección de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCCmQb2UTq-TNbf8Y8n7n6_w

Para más información sobre los cafés de cante que hubo en Madrid, pulsad sobre los nombres de los cafés situados en el párrafo anterior.





miércoles, 21 de marzo de 2018

MAXIM’S EN MADRID.


Decía la prensa del año 20 del siglo pasado que el Madrid de entonces parecía trasplantado al corazón del viejo París. La calle de Alcalá, con las terrazas de sus cafés y los lujosos edificios ya inaugurados o en vías de concluir, era el epicentro de la vida madrileña junto a la cercana Puerta del Sol. 


A semejanza del famoso restaurante, inaugurado en el año 1893 en París, Madrid también tuvo su Restaurant Maxim’s Patisserie. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1920).
Fachada del Maxim's en la calle de Alcalá, con su terraza de sillones en mimbre.

Luis Mediero y José García, que habían viajado por el extranjero y apuntaron lo que por allá vieron, serían los primeros propietarios del Maxim’s, que abrió sus puertas el día 10 de octubre de 1917 en la calle de Alcalá, número 17, junto al Casino de Madrid. El nuevo establecimiento supuso un verdadero derroche de ingenio y de exquisito gusto en todos los detalles de los diversos departamentos. 

Con decoración de estilo Luis XVI, su fachada en madera estaba adornada por dos magníficas farolas y bajo ellas la terraza, con butacas de mimbre, que se mantendría abierta a lo largo de todo el año sobre la acera de la calle de Alcalá. 

En la planta baja había dos grandes salones. El principal se destinó a patisserie (pastelería) y bar americano, decorado en estilo inglés, con frisos de caoba y paredes forradas de riquísimo damasco color salmón, de las que pendían magníficos espejos; el otro salón se habilitó para restaurante y baile, con elegante decoración Luis XVI, que contrastaba sus paredes y techos pintados de blanco con el azul de las molduras, en forma de recuadro, que sobre ellos se habían instalado. Sus cuarenta mesas y doscientas sillas del gusto más refinado se iluminaban mediante plafoniéres y apliqués esparcidos por toda la sala. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1920).
Salón destinado a restaurante y baile.

Amenizados por la orquesta, Maxim’s proponía sus tés danzants y los suopers-tango, bailes por la tarde o tras la finalización de las funciones en los teatros cercanos, en los que tomar el té o cenar. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1920).
Bar americano en el segundo salón, de estilo inglés.
Una escalera, fabricada en caoba y bronce, comunicaba la planta baja del Maxim’s con los lindos saloncitos independientes situados en el entresuelo. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1917).
Anuncio de la inauguración del Maxim's.

Maxim’s encierra por la noche toda la leyenda mundana y divertida de la gente elegante de Madrid, se leía en la prensa del momento. A su entrada, un portero con librea sólo autorizaba el acceso a quienes fueran bien vestidos: pieles y joyas o pajarita y esmoquin. 

Lo que comenzaría siendo un lugar chic de ambiente aristocrático, para ir a cenar mientras se veía bailar a las parejas o se bailaba al son de la música de las orquestas más afamadas, se convirtió en el primer cabaret de Madrid. Lindas muchachas, alegres, desenvueltas y gráciles, generalmente extranjeras, asistían al Maxim’s con sus faldas cortas, posturas desenfadadas y bailes no exentos de picardía. La mujer también comenzaba a tomar posesión de las diversiones nocturnas. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1920).
Dibujo del interior del Maxim's.

La prensa más conservadora realizaba continuos ataques al Maxim’s, entre otras razones, por ser uno de los pocos sitios de Madrid con salón de juego autorizado. 

Por alguna razón, la historia del Maxim’s madrileño fue breve. Una década después de ser inaugurado, sus salones se convirtieron en el restaurante vasco Fígaro que, al año siguiente, se transformaría en el Café Colón situado junto al Café Regina, (cuya historia se puede leer pulsando sobre el nombre de estos cafés). 





Fuentes:

Hemeroteca.abc.es
Hemerotecadigital.bne.es

lunes, 12 de marzo de 2018

PASAJE DE MURGA O PASAJE DEL COMERCIO.


Entre la Gran Vía y la Puerta del Sol, en el centro de Madrid, se encuentra la calle de la Montera, una de las más transitadas de la ciudad. 

Aquí se ubica el viejo y desconocido Pasaje de Murga o Pasaje del Comercio, el más bonito de Madrid. 

¿Quién fue Murga? ¿Qué relación tuvo con quien mandó edificar el Palacio de Linares, situado frente a la Cibeles, y con su leyenda tenebrosa, una de las más famosas de Madrid? ¿Para qué fue construido este precioso Pasaje? ¿Qué albergaba su interior? ¿Hubo en él algún antiguo café importante? ¿Qué famosos escritores visitaban las librerías de viejo que en él se instalaron? 

Su historia, muchas veces ignorada por quienes caminan a través de él, se cuenta en este vídeo con espectaculares imágenes, que sin duda os gustará.


https://www.youtube.com/watch?v=4_C3VoeY8VU



Más información sobre el Pasaje de Murga o del Comercio y los comercios que durante más de siglo y medio allí estuvieron, en el blog de los “Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa”.


El café del Pasaje de Murga o del Comercio:  http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es/2011/11/cafe-del-pasaje-y-pasaje-de-murga-o-del.html

jueves, 1 de marzo de 2018

MUJERES EN EL MADRID DE LOS AÑOS 30.


Con la proclamación de la II República Española, el día 14 de abril de 1931, creció la toma de conciencia y el asociacionismo entre las mujeres de este país. En la mayoría de los casos centraban sus esfuerzos en conseguir mejoras sociales, reivindicando derechos o denunciando situaciones que les eran adversas. También surgieron clubs, casinos, ateneos y centros femeninos (así llamados por la prensa conservadora) o feministas, sobre todo en las grandes ciudades, que solían congregar a mujeres con alto poder adquisitivo y con un evidente interés por participar en determinadas actividades sociales, hasta entonces sólo reservadas a los hombres. 


El Centro Feminista Magerit comenzó su actividad el día 27 de marzo de 1932 en la entonces denominada avenida del Conde de Peñalver, número 24 (hoy Gran Vía, nº 1), siendo el primero de tal índole inaugurado en España. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1932).
Bar americano y galería del Centro Feminista Magerit.

Este local, distribuido en dos alturas, estaba dotado de los ambientes a la moda de la época e imitaba a los clubs masculinos, recintos a los que las mujeres no tenían acceso. Así, contaba con bar americano, sala de juego, biblioteca, dos salones de conversación y otro para tomar el té, comedor y, diferenciándose de aquellos a los que deseaba emular, además estaba provisto de cocina. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1932).
Salón de la rotonda y sala de conciertos.

Magerit era un centro solo para señoras, en su piso bajo. Las socias podían acudir con familiares o amigos invitados, únicamente al piso principal. 

Para la prensa del año 1932 aquel era un casino de relumbrón, de lujo y modernidad cuyos muebles tubulares de acero habían sido ideados por alemanes, pero de construcción española. En sus salones con paredes lisas pintadas en tonos claros e iluminadas por luces indirectas, tan de moda entonces, no estaba permitido hablar de política ni de religión. 

Cada asociada debía abonar la cantidad de cincuenta pesetas por su inscripción en el centro Magerit y cinco pesetas más como cuota mensual, cantidades nada asequibles para la economía de la mayor parte de las mujeres de entonces. 

En la misma época, familias enteras de traperos salían cada madrugada para recoger en sus carros la basura de la Gran Vía y sus aledaños. 

Fuente: pinterest.es (mediados del siglo XX). Fotografía: Francesc Català-Roca.
Trapera por la Gran Vía de Madrid.

Establecidas alrededor de Madrid, en lo que aún no eran barrios de la capital (Tetuán de las Victorias, Las Carolinas, Canillejas), cientos de personas se ganaban la vida con lo que otros desechaban. 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1930).
Margaret D'Espont.

Margaret D’Espont era conocida entre sus vecinos como la tía Güesos o la Madam. 

Procedente de Inglaterra, aunque nacida en la India, esta mujer había sido institutriz, publicista y propietaria de una casa de modas. 

Llegó a España en el mes de marzo de 1910, siendo este país el único que aún no conocía de Europa. ¡Quién iba a decirme entonces que aquí quedaría para siempre! 

En su juventud había iniciado la carrera de Medicina, también hablaba varios idiomas y, a su llegada al país, trabó amistad con escritores y periodistas como: Emilio Carrere, Rafael Altamira, Mario Roso de Luna o Benito Pérez Galdós. Por éste último publicó sus primeros artículos, en el diario El Liberal, contra las corridas de toros, que dieron mucho que hablar. Los textos iban firmados por Eugenio Noel (Eugenio Muñoz Díaz), escritor y detractor de la tauromaquia, quien entregó íntegramente a Margaret lo que el periódico abonaba por este trabajo. 

Algo se torció en la vida de esta mujer, en algún momento. 

A los sesenta y dos años de edad Margaret vivía sola en una humilde chabola, en compañía de sus gatos y perros. Para sobrevivir salía al alba con su borrico y su carro, como sus vecinos, para recoger la basura de la Gran Peña (Gran Vía, número 2) y de la entonces denominada glorieta de la Alegría (hoy de Manuel Becerra). 

Decía que se comunicaba con los espíritus, su única compañía.




8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER.
LOS MISMOS DERECHOS Y LAS MISMAS OBLIGACIONES PARA TODOS Y PARA TODAS.





Fuentes:

Hemerotecadigital.bne.es
Pinterest.es