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viernes, 18 de enero de 2019

LA CASA DE LA INQUISICIÓN.


La calle de Isabel la Católica, que comienza en la plaza de Santo Domingo y termina en la Gran Vía, no siempre tuvo ese nombre. Premostenses se llamaba a mediados del siglo XVII, y antes calle del Espíritu Santo. Sobre 1851 se le impuso el nombre de María Cristina y alrededor del año 1858 al fin consiguió su denominación actual.

El tenebroso nombre con el que más tiempo fue conocida esta vía (aún después de la abolición) fue el de Inquisición, ya que desde finales del siglo XVII hasta el año 1820 en ella estuvo instalado el Tribunal de la Inquisición y la cárcel del Santo Oficio.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Fotografía derecha: M.R.Giménez (2018). La calle de Isabel la Católica en 1934 y en la actualidad. Al fondo la plaza de Santo Domingo.

La Casa de la Inquisición fue edificada en el siglo XVII. Tenía tres plantas de altura y varios pisos de intrincados sótanos que se extendían por debajo de la plaza de Santo Domingo. Una ancha y severa puerta, sobre la que se habían construido grandes balcones, daba acceso a las extensas salas con elevados techos de su interior, todo ello levantado a base de recios muros con más de medio metro de espesor.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es. Fotografía derecha: M.R.Giménez (2018). La Casa de la Inquisición en 1926 y el edificio que la reemplazó.

En este odiado edificio, que había forjado una leyenda horrible en Madrid, se llevaban a cabo los procedimientos judiciales exclusivos del denominado Santo Oficio, además de estar destinado a cárcel; pero el Consejo Supremo y palacio del Inquisidor se situaba en la cercana calle de Torija, esquina con la plaza de la Marina Española, cuyo edificio (1780) aún se conserva.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). Edificio de la calle de Torija, donde estuvo el Consejo Supremo de la Inquisición.

Las sentencias a muerte dictadas por el Tribunal de la Inquisición eran ejecutadas a las afueras de Madrid o en la plaza de la Cruz Verde, mientras que la plaza Mayor era el escenario de los autos de fe o actos públicos, en donde los condenados eran exhibidos y debían pedir perdón por las herejías y blasfemias de las que habían sido acusados por este siniestro tribunal.

La tétrica Casa de la Inquisición fue asaltada por el pueblo de Madrid en el mes de marzo de 1820. En su interior sólo se encontraban entonces dos personas. Pocas décadas después, al realizar obras de acondicionamiento en los bajos del edificio, se halló un falso suelo que dejó al descubierto gran cantidad de huesos humanos. Los restos fueron depositados en el Cementerio General del Norte, que se encontraba cercano a la glorieta de Quevedo.


Tras la abolición total de tan espeluznante institución (1834) la Casa de la Inquisición, situada en el número 4 de la calle, fue vendida, convirtiendo sus salones en locales de alquiler para comercios, industrias y en cuartos destinados a viviendas. Aún tardaría varias décadas en cambiar también el nombre de la vía.

En el año 1945 el viejo caserón del siglo XVII fue derribado, junto con su penosa historia.

Los modernos edificios de la por entonces casi terminada Gran Vía darían paso también a la “Gran Galería” o pasaje comercial, que conecta aún las calles de San Bernardo e Isabel la Católica, situado entre dos altos inmuebles de viviendas.

Fotografía: M.R.Giménez (2019). Gran Galería, pasaje que comunica las calle de Isabel la Católica y San Bernardo.

En uno de sus laterales, precisamente sobre lo que fue el terreno que ocupó la Casa de la Inquisición, se inauguró en los años cincuenta del pasado siglo una de las más famosas salas de fiesta de Madrid, El Biombo Chino, hoy convertida en discoteca.


Fuente: andrespajares.es (años setenta). Fotografía: M.R.Giménez (2019). Fachada del "Biombo Chino" y la discoteca que allí se encuentra en la actualidad.

Ironías de la vida.



Fuentes:
andrespajares.es
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
hemerotecadigital.bne.es
prensahistorica.mcu.es

miércoles, 2 de enero de 2019

UN AÑO DE CAFÉS. UN PASEO TRAS LAS CÁMARAS.

A lo largo de este año hemos enseñado muchas cosas en nuestro canal de YouTube “Antiguos Cafés de Madrid”.



Descubrimos historias, edificios, lugares o personajes de los que no todo el mundo habla, pero que fueron y son los que han hecho de la ciudad de Madrid lo que ahora es.



En este vídeo que aquí presentamos hay nuevas anécdotas, curiosidades e historias inéditas que nuestros amigos nos contaron y ahora ven la luz por primera vez. Sabremos, por fin, de dónde viene la expresión ¡Hasta luego, Lucas!. Conoceremos el ambiente de los antiguos cafés madrileños. Saborearemos las sopas Rumford o nos enteraremos del uso que se le daba a una peculiar argolla en la taberna más antigua de Madrid, entre otras muchas e interesantes cosas.



Cerramos aquí nuestra primera temporada y comenzamos la segunda en el canal, agradeciendo a todos los que han colaborado con nosotros su simpatía, su paciencia, y todas las buenas e interesantes historias que nos han contado.



Olga María Ramos, cupletista y cupletóloga. Juan José Moreno, bibliotecario de la Fundación Fernando de Castro. Fátima de la Fuente, presidenta de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Julio Oliveros, propietario de la Taberna Oliveros. Antonio Pasies, escritor y bloguero. Alberto Arcos, bailarín y coreógrafo. Hugo Pérez de la Pica, director de teatro. Vicente Valdés. Luis Chamorro, dibujante. Christian Peña, coordinador del Museo Histórico Minero.


¡¡Un millón de gracias!! 
Os animamos a seguir nuestro canal.

lunes, 24 de diciembre de 2018

LECHE DE ALMENDRAS PARA LA NOCHEBUENA.

A la lombarda, el besugo o el pavo, platos tradicionales en la cena de Nochebuena del Madrid del siglo XIX, vendría a unirse también algo que no podía faltar tanto en las mesas más pudientes como en las más menesterosas: La leche de almendras.

Tradicionalmente las almendras eran conocidas como remedio para las enfermedades del pecho o de la garganta y se elaboraba con ellas una pasta, a modo de manteca, cuidando de no perder su aceite. La masa obtenida se mezclaba con un poco de agua templada y comenzaba un laborioso proceso de prensado con estameña, para sacar todos los jugos.

En la década de los años veinte de mil ochocientos esta pasta de almendras, o la preparación ya dispuesta, se vendía en cafés y confiterías, pero también se regalaba a los parroquianos más habituales de estos establecimientos.

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1842 y 1853). Anuncios de cafés en los que se vendía o regalaba a sus clientes habituales la leche de almendras.

Su elaboración para la cena de Nochebuena, en la que no podía faltar, consistía en diluir el producto en agua con azúcar, una corteza de limón, un poco de canela en polvo y una hoja de laurel, dejándolo hervir durante unos minutos. La sopa se servía acompañada por finas rebanadas de pan tostado, a los postres.



El incremento del precio del producto principal de este plato fue encareciéndose debido a la gran demanda. Eran muchos los cafés y establecimientos que añadían extraños elementos variados y más baratos al preparado, ocasionando no pocas alteraciones en el estómago de los consumidores.



Fue así como en la Navidad del año 1892 los cafés dejaron de regalar la leche de almendras a sus clientes, y no muchos años después el tradicional plato dejaría de estar presente en las mesas de Nochebuena de los madrileños, quedando olvidada esta costumbre hasta la fecha.





 ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!


martes, 4 de diciembre de 2018

TABERNA OLIVEROS DE EL RASTRO.

Quienes sean habituales de El Rastro de Madrid habrán pasado muchas veces por la calle de San Millán, frente a la plaza de Cascorro y muy cerca del Mercado de la Cebada.


Un gran cartel, en donde un orgulloso y risueño cocinero está cortando un jamón, reclama a quien le mira anunciando que “Para comer bien y barato” está en la calle de San Millán, 4. Allí, precisamente, se encuentra la antigua Taberna Oliveros, que abrió al público en el año 1857.
 

Aquellos eran por entonces “los barrios bajos” de Madrid y sus vecinos se ganaban la vida en los puestos de El Rastro o del mercado. A ellos se irían añadiendo quienes venían de otras zonas con el fin de vender frutas, verduras, carnes, animales vivos y también los que se dedicaban al transporte de personas y mercancías.


Muchas tabernas, tiendas de vinos, casas de comidas y cafés hubo en estas calles de La Latina, por donde se movía un público variopinto compuesto además por toreros con fama o sin ella y gentes de la cultura que se divertían escuchando la pintoresca forma de hablar de los parroquianos, para después ponerla en boca de los personajes de muchas obras de teatro y novelas de ambiente costumbrista. De todos estos negocios hoy sólo queda la Taberna Oliveros.


En este vídeo mostramos cómo es la taberna de la calle de San Millán, una de las más antiguas de Madrid, que mantiene intacta su decoración más que centenaria. 

Julio Oliveros, su propietario actual, nos cuenta la historia de sus pinturas murales, de los rótulos que prohíben cantar y bailar desde hace más de un siglo, de sus azulejos de Talavera de la Reina (Toledo). Nos mostrará también cómo era la típica barra tabernera de estaño, el grifo de vermut y su espléndida fachada decorada por el pintor Fidel Blanco.



https://www.youtube.com/watch?v=Hq-eggtLoHA

Vídeo: La Taberna Oliveros de El Rastro 

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martes, 20 de noviembre de 2018

CAFÉ DE LA ENCOMIENDA.


Quizá una de las calles más populares, costumbristas y parranderas de Madrid, durante las décadas finales del siglo XIX y las del inicio del XX, fue la antigua calle de la Encomienda, que todavía une El Rastro y la calle de Embajadores con el barrio de Lavapiés.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). La calle de la Encomienda


En esta de la Encomienda, en su número 16, estuvo desde el año 1908 el Teatro Nuevo con espectáculos de varietés, que en 1911 se convertiría en el Cine de la Encomienda y en los años cincuenta de pasado siglo pasó a ser el Cine Odeón, con nuevo y moderno edificio, que acaba de sucumbir bajo la piqueta.

Fotografía de la izquierda: viejo-madrid.es (1928). Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). El Cine de la Encomienda y lo que hoy queda del Cine Odeón.


Un profesor de baile flamenco llamado Antonio Cansino Avecilla, tuvo en el número 10 de esta calle su estudio, allá por el año 1911. Con Cansino daría comienzo una saga de artistas, hijos y nietos, que emigrarían a los Estados Unidos de América en 1913. Su nieta, Margarita Carmen Cansino, que había comenzado su carrera con el nombre de Rita Cansino, sería conocida mundialmente como Rita Hayworth.

Fotografía de la izquierda: noticiariocentrodeandalucia.wordpress.com. Fotografía de la derecha: M.R.Giménez (2018). Antonio Cansino Avecilla con su nieta Rita Hayworth. Casa nº 10 de la calle de la Encomienda, donde este profesor de baile tenía su estudio.


Una calle tan animada como la de la Encomienda, a la que tampoco faltaba una Casa de Socorro en su número 21, no podía carecer de un café.


El local del número 19 de la calle de la Encomienda siempre estuvo ocupado por alguna tienda de vinos, cervecería o chocolatería, sin contar con un nombre específico de negocio. A partir del año 1882 allí se instaló el Café del Brasil, que alrededor de 1887 pasó a llamarse Café de Barcelona, siendo por entonces propiedad de Francisco Fonz.


El flamenco se había popularizado en los años finales del siglo XIX y en las siguientes décadas alcanzaría gran relevancia. 
 

El Café de Barcelona de la calle de la Encomienda se convertiría en un café de cante y baile, alrededor del año 1892 y poco tiempo después pasaría a ser conocido en todo Madrid como el Café de la Encomienda.


Fotografía: M.R.Giménez (2018). La fachada del Café de la Encomienda en la miniatura de Miguel Yunquera.


Su pequeño salón rectangular era servido por camareras y tenía en el fondo un pequeño tablao con descoloridas cortinas rojas a los lados. Junto a este escenario una varilla con media docena de pares de castañuelas, al alcance de los artistas, y en un nivel inferior un desvencijado piano. Era un café popular y modesto, con paredes forradas de recomendaciones para la clientela: “Se reserva el derecho de admisión”, “Se prohíbe subir al escenario” o “Hagan nueva consumición en cada actuación”.


Los guapos, eran los encargados de mantener el orden en el interior del Café de la Encomienda. Eran perdonavidas que trabajaban también en locales de juego. En las épocas en que estaba prohibido tirar de la oreja a Jorge (jugar apostando dinero), estos individuos se buscaban la vida impidiendo alborotos en los cafés.


Fuente: bibliotecavirtualmadrid.org (1904). Interior del Café de la Encomienda.

Muchos fueron los artistas flamencos que comenzaron sus carreras en este café, que perduraría hasta el inicio de la Guerra Civil Española (1936). Sus nombres y repertorio figuraban en las pizarras que, a modo de cartelera del espectáculo, solían ponerse a la entrada del local.


Enrique Lara (bailaor), Rafaela Valverde (cantaora) primero conocida como “Tanguerita” por su corta edad y luego como “Tanguera”, Antonio Pozo “Mochuelo”, que fue el primer cantaor en presentarse ante el público bien vestido y sin vara para hacerse son, o el guitarrista Ramón Montoya, que en el año 1919 parece que se hizo cargo de este café. 

Fuente: memoriademadrid.es (1910).


Un artista singular de este local de la calle de la Encomienda sería  Baltasar Mathé. Con el nombre artístico  de “Mate sin pies”, por tener amputadas las dos piernas a la altura de las rodillas, era un bailarín de gran habilidad. Actuó por todo el país, en Londres y en París, a lo largo de su carrera.

Fotografía: M.R.Giménez (2018). Fachada actual de lo que fue el Café de la Encomienda.


El Café de la calle de la Encomienda sería el último de aquel Madrid flamenco en cerrar sus puertas. Tan sólo quedaría en las citas de las novelas de Pío Baroja y en la memoria de todos los artistas que por él pasaron, arriba de su escenario o formando parte del numeroso público que a él asistía. 




Fuentes:

Bibliotecavirtualmadrid.org
Hemerotecadigital.bne.es
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936” José Blas Vega.
Memoriademadrid.es
Noticiariocentroandalucia.wordpress.com
Viejo-Madrid.es

lunes, 12 de noviembre de 2018

UNA MINA EN EL CENTRO DE MADRID.


Para sorpresa de propios y extraños, el centro de Madrid cuenta con una mina de carbón. 


Marcelo Jorissen, belga e Ingeniero de Minas, proyectó en los años sesenta del siglo pasado este espacio experimental bajo el suelo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía, de la calle de Ríos Rosas, para que los estudiantes se enfrentaran por vez primera con un pozo y una galería a tamaño real, antes de introducirse en una verdadera mina.


En el vídeo que hoy presentamos bajaremos a esta instalación, situada a veinticinco metros bajo el suelo. Conoceremos las diferentes partes que la componen y veremos un espléndido castillete del pozo que perteneció a una mina de verdad, situada en Baños de la Encina (Jaén).






Vídeo: Una mina en el centro de Madrid. Escuela Técnica de Ingenieros de Minas y Energía.







El edificio de la Escuela de Minas de Madrid fue proyectado por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, finalizando sus obras en el año 1893. Por entonces el barrio de Chamberí, donde se encuentra, formaba parte del extrarradio de la ciudad. 


Este centro alberga, aún hoy, las dependencias con que contaba a finales del siglo XIX: su magnífica biblioteca histórica, el museo de minerales y fósiles (uno de los tres más importantes de España), el espléndido claustro de profesores y su antesala que fue decorada, como gran parte del edificio, por el ceramista Daniel Zuloaga


El soberbio edificio, que se pensó para estar situado en el Parque de El Retiro, conserva también un majestuoso salón de actos, decorado con mármoles, estucos y vidrieras de la Casa Maumejean. Su admirable patio interior porticado con techo de cristal, expone la colección de maquetas e instrumentos topográficos de la Escuela. 



La Escuela Técnica de Ingenieros de Minas y Energía se encuentra en la calle de Ríos Rosas, número 21.


Más información: