Páginas

miércoles, 19 de junio de 2019

BARES AMERICANOS DE LA GRAN VÍA.

La moda de los bares americanos llegó a Madrid a principios de los años veinte del siglo pasado. La elegante y moderna Gran Vía, aún sin terminar, acogería a muchos de estos negocios que hicieron cambiar por completo el concepto de los antiguos cafés como centro de reunión. Aquellos divanes rojos, los espejos en las paredes o las decoraciones recargadas de los viejos locales dedicados a las prolongadas tertulias modificarían su diseño, dando más importancia a los altos taburetes, las paredes pintadas en tonos claros y un mobiliario más funcional.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1936). Larga barra y altos taburetes eran el distintivo de los bares americanos.



Los primeros bares americanos instalados en Madrid, como el American Bar Pidoux, iban dirigidos a un público elegante y chic. Visitantes extranjeros o aquellos que se definían como gente bien y que no entendían o despreciaban los cafés de antaño, las tabernas o las cervecerías llenas de público, integraban la clientela de estos modernos lugares en los que se consumían refinadas bebidas alcohólicas y selectos cock-tails, servidos por barmans uniformados. Sus locales, siempre que el espacio lo permitiera, tenían varios ambientes repartidos en salones, pero en ellos no podía faltar la gran barra de bar con sus altos taburetes.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1932). Público elegante y barmans uniformados.

Durante los años treinta del siglo anterior, los bares americanos de pequeñas dimensiones incorporarían a su oferta las comidas rápidas. La Gran Vía y sus aledaños fueron zonas de emplazamiento para oficinas y comercios, con trabajadores y trabajadoras que precisaban de lugares para comer por poco precio y con rapidez, por lo que este tipo de bares vio un estupendo negocio en ofrecer además estos servicios a su clientela. Las altas banquetas de sus barras se poblaron de la generación de la velocidad que, tras ingerir el menú, las abandonaban a la mayor brevedad para regresar a sus ocupaciones.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1936). Trabajadoras comiendo en la barra del Bar María Cristina, que estuvo situado en la calle Mayor.

En la avenida de Pi y Margall, como se llamaba por entonces el primer tramo de la Gran Vía, fueron inaugurados dos de los bares americanos cuya efímera historia concluiría con el final de la Guerra Civil Española.



Situado en el hoy número 40 de la Gran Vía (antaño nº 18 de la avenida de Pi y Margall) vino a instalarse el Bar Broadway, en el mes de marzo de 1935.



Propiedad de Isidro López Córdoba e hijo, el local tenía un amplio mostrador adornado con doradas franjas de colores en su exterior. Junto a él se encontraban las altas banquetas, propias de estos establecimientos, que como el resto de los asientos eran robustas y de fino trazado. Tras la barra, los encargados lucían blancas chaquetillas de doradas charreteras.



Sus salones, con camareros vestidos de smoking, estaban decorados con un sobrio gusto moderno por el pintor Pablo Ramírez, que armonizó las pinturas esmaltadas con finos paneles de plata, mientras que toda la instalación del bar corrió a cargo de la entonces prestigiosa Casa Vázquez del Saz (fundada en el año 1892).



En el Broadway era posible tomar desde un café hasta una caña de cerveza, vermut, aperitivos y los más sofisticados cock-tails del momento. Cada una de sus mesas tenía la lista de precios correspondiente, para que el cliente siempre supiera el importe de cada consumición.



Fuente: Fotografía de la izquierda, hemerotecadigital.bne.es (1937). Fotografía de la derecha, M.R.Giménez (2018). La fachada del Bar Broadway, junto a la Joyería Barceló, durante la Guerra Civil Española. A la derecha la vista actual del lugar.



Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el Bar Broadway, al igual que el resto de los negocios, mantuvo su actividad.



A principios de los años cuarenta el Bar Broadway sería reemplazado por la “Granja Frigo”, después “Granja Frigo Callao” y más tarde “Granja Callao”, una cafetería especializada en meriendas familiares que ya nada tenía que ver con un bar americano.



Fotografía de Juan Miguel Pando, fuente: mcu.es (1957). El local que ocupó el Bar Broadway fue más tarde la Granja Callao.



En la actualidad, y desde la década de los años ochenta, el local está ocupado por una conocida marca de comida rápida.


Otro de los bares inaugurados en la Gran Vía fue el Nautic-Bar, que abrió sus puertas el día 12 de septiembre de 1935 en la entonces avenida de Pi y Margall, número 16 (hoy Gran Vía, nº 38).



Decorado por el escultor Ángel Moya, el Nautic se anunciaba como el más elegante, lujoso y modernísimo establecimiento de esta clase, ofreciendo también conciertos de guitarra en sus salones. La barra del american bar de este negocio estaba situada en la zona del sótano.



Fuente: Fotografía de la izquierda, bdh-rd.bne.es (Guerra Civil Española). Fotografía de la derecha, M.R.Giménez (2018). Fachada del Nautic-Bar protegido contra los bombardeos. En su puerta el letrero dice "Hay café con azúcar". A la derecha la vista actual del local.



Su historia terminó a finales del año 1939 y el local que ocupó es hoy una tienda de artículos deportivos.





Fuentes:



bdh-rd.bne.es

hemerotecadigital.bne.es

mcu.es

lunes, 10 de junio de 2019

HOSPITAL DE LA V.O.T. EL MÁS ANTIGUO DE MADRID.

La Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís inauguró en Madrid este hospital en el año 1697 y desde entonces no ha dejado de funcionar ni un solo día.



Situado en la calle de San Bernabé, número 13, entre la Basílica de San Francisco el Grande y la Puerta de Toledo, el Hospital de la V.O.T. es un histórico museo, además de formar parte de la sanidad madrileña.



En este vídeo Antonio Pérez, hermano ministro de la Orden a la que también pertenecieron los escritores del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Félix Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca o Francisco de Quevedo, nos enseña y describe cada uno de los rincones de este impresionante edificio, comenzando por el muy valioso archivo que guarda preciados documentos desde el siglo XVII y una curiosa silla de mano del año 1662, que por entonces era utilizada para trasladar a los enfermos dentro del hospital.











Recorriendo su fascinante escalera de doble rampa y decorada con pinturas del arquitecto Teodoro Ardemans, veremos cuadros de Juan Carreño de Miranda y de Juan de Alfaro, esculturas de Agustín Querol y Francisco Dieussart.



Visitaremos la antigua botica, que conserva el botamen de porcelana de Limoges y una imagen del Niño Jesús con una curiosa historia. El claustro, de dos alturas y hoy acristalado, es el espacio alrededor del que se levantó este fantástico edificio.



La imponente capilla del Hospital de la V.O.T. que inició su construcción en el año 1693 y concluyó seis años más tarde, contiene obras de Antonio Pereda y de Pedro Ruiz González “pintor de la escuela de Madrid”. Cabe destacar el simpático detalle de la representación de un angelito que parece ofrecer a San José una bandeja de churros madrileños.



Este magnífico edificio y su capilla se pueden visitar, previa petición de hora. 


 

viernes, 17 de mayo de 2019

CAFÉ DE LISBOA.

Conocida es la historia de las Casas de Cordero, situadas junto a la Puerta del Sol de Madrid. Una de ellas, la que se corresponde con el número 1 de la calle Mayor, fue lugar de cafés desde que el edificio se inauguró en el año 1846.



Fotografía: M.R.Giménez (2012). Fachada de las Casas de Cordero de la calle Mayor.
 

Cuando el citado edificio se encontraba aún en construcción fue solicitado uno de sus locales, situado junto al gran portal, para ubicar allí el denominado Café Nuevo de Pombo, propiedad de Manuel Pombo, que posteriormente se trasladaría a la calle de Carretas con el nombre de Café y botillería de Pombo, donde más tarde tendría lugar la famosa tertulia de Ramón Gómez de la Serna.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1849). Fachada principal de la calle Mayor, nº 1 con el primitivo Café Nuevo de Pombo.
 
Otro café vendría a reemplazar a este de Pombo en la calle Mayor. El Café del Comercio, propiedad de Baltasar González, abriría sus puertas en los últimos años de la década de los cincuenta del siglo XIX y mantendría su negocio durante poco más de quince años.



Por fin, en el número 1 de la calle Mayor vendría a instalarse el café más perdurable de los allí ubicados, el Café de Lisboa, que fue inaugurado el día 4 de noviembre de 1875 y permanecería abierto, con el mismo nombre, hasta mediados de los años cincuenta del siguiente siglo.



Con decoración a cargo del pintor Aurelio de Lelli, el de Lisboa era un café propiedad de Santiago Menéndez. Espejos en las paredes y grandes lunas en sus ventanales hacían del establecimiento un lugar luminoso y más tranquilo que el resto de los establecimientos similares de la Puerta del Sol.



En su entresuelo tenía sala de billar. El lugar fue elegido por la entonces prestigiosa Casa Laorga (Constantino Laorga), especialista en el ramo, para realizar una exposición de mesas de billar durante el mes de junio de 1881.



Tras pasar por sucesivos dueños el Café de Lisboa llegó a manos de Arturo Rodríguez, que en el año 1910 lo reinauguraría con gran banquete ofrecido a los representantes de la prensa. El luminoso local fue decorado en tonos claros, estaba dotado de water-closses del más nuevo sistema y también de tocador de señoras, que no existía en casi ningún café. En sus salones independientes se podían celebrar banquetes, bodas, tertulias, conciertos y tenía otra puerta de acceso por el portal de la calle Mayor, número 1, para la clientela compuesta por mujeres.



Uno de los banquetes más célebres, de los muchos que tuvieron lugar en el Café de Lisboa, fue el ofrecido al entonces muy famoso ventrílocuo Eugenio Balder -Eugenio Balderraín- en el año 1913.



Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1913). Banquete en el Café de Lisboa en honor a Eugenio Balder - situado en el centro y con pajarita -.
 
Balder, que fabricaba sus propios muñecos, fue el primer ventrílocuo en afeitarse el bigote, siempre utilizado por los artistas para disimular el movimiento de los labios en sus espectáculos. Sus famosos personajes: Cleto, doña Cañerías, Kiriki y Gaonilla mostraban personalidades muy diferentes y sus diálogos, sin guión previo, fueron muy celebrados por el público de todas las edades.



Alrededor del año 1918 una famosa tertulia, entre las muchas que en el Lisboa tenían lugar, fue la presidida por el escritor y dramaturgo Jacinto Benavente. En ella no había un tema principal, como en otras reuniones de los cafés. Música, política, arte, ciencia o teatro, eran asuntos frecuentes de las conversaciones que contaban con la asistencia de los actores Loreto Prado, Enrique Chicote y Rafael Rivelles y de los periodistas Eduardo Palacio Valdés y Sinesio Delgado, entre otros.



Fotografía de Luis Ramón Marín (1918). Fuente: Fundación Pablo Iglesias. Jacinto Benavente en su tertulia del Café de Lisboa.
 

En ese mismo año, tras las elecciones celebradas el día 24 de febrero, Jacinto Benavente sería elegido diputado por Madrid, por lo que le fue ofrecido un banquete homenaje en el Café de Lisboa.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1918). Jacinto Benavente en el banquete organizado en el Café de Lisboa, tras ser elegido diputado.
 
El periodista Leopoldo Bejarano contaba en el periódico “El Liberal”, publicado el día 30 de abril de 1918, una curiosa anécdota bajo el epígrafe “¡Benavente pierde una apuesta!”.



Una noche, en el transcurso de la reunión de Benavente en el Café de Lisboa, uno de los contertulios apostó una cena para todos los presentes con champagne y puros a que una obra cualquiera, sólo firmada por el dramaturgo, con seguridad sería bien aceptada por todas las empresas, público y crítica.



Benavente adujo: “Si yo estreno una comedia descabellada, me mondan”, pero aceptó la apuesta. De inmediato, quien había sugerido la apuesta eligió a otros cuatro componentes de la tertulia y comenzaron a pergeñar un texto.



El manuscrito, planteado como opereta y llamado “Mefistófela”, fue estrenado el día 29 de abril de 1918 en el Teatro Reina Victoria de Madrid. Su diálogo plagado de groserías y ramplón de principio a final, a decir de la crítica no parecía de Benavente.



El dramaturgo perdió la apuesta, pero contrarrestando la broma y para no perder su admirable reputación teatral, estrenó al día siguiente “La Inmaculada de los Dolores” en el Teatro Lara, con gran éxito de público.



Fuente: pares.mcu.es (Guerra Civil Española). Bajo el rótulo del Centro Segoviano, aparece la fachada del Café de Lisboa.
 
Ya, a mediados de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el Café de Lisboa fue lugar de cita, los sábados, de escritores como: José Corrales Egea, Juan Eduardo Zúñiga, Isabel Gil Ramales, Arturo del Hoyo, Francisco García Pavón y, sobre todo, Antonio Buero Vallejo. Sus integrantes organizaban, en concurso privado, pequeños premios a los que presentaban sus cuentos, poemas, narraciones y pequeñas obras teatrales.



El Café de Lisboa desapareció de la calle Mayor en la segunda mitad de los años cincuenta del siglo pasado, siendo sustituido por el restaurante “Noche y Día”. Después vendrían diferentes negocios del ramo de la hostelería. En la actualidad el local se ha destinado a otros usos que no guardan relación con la mucha historia literaria que se vivió entre sus muros.



Fuentes:

Fundación Pablo Iglesias
hemeroteca.abc.es
hemerotecadigital.bne.es
pares.mcu.es
prensahistoria.mcu.es


lunes, 6 de mayo de 2019

RESTAURANTE LHARDY.

Con casi doscientos años de antigüedad permanece, en la carrera de San Jerónimo de Madrid, el famoso restaurante Lhardy.



Era el año 1839 cuando el francés Emilio Huguenin decidió instalar su negocio en una de las calles más importantes de la ciudad, paso obligado de los cortesanos carruajes que transitaban entre el Palacio Real y el Monasterio de los Jerónimos. El edificio elegido, terminado de construir en ese mismo año, fue obra del arquitecto José María Gallart.



Emilio Lhardy, nombre por el que sería conocido desde entonces, introdujo en Madrid el moderno concepto de restaurante que hoy conocemos. En su establecimiento los clientes sólo compartían mesa con quienes les acompañaban y no junto a un grupo de desconocidos comensales, como sucedía en el resto de los negocios del ramo. Implantó la carta, escrita en francés, con los platos a disposición del cliente y su precio correspondiente. Dotó a su negocio de comedores separados, con elegante decoración y distintos ambientes. En suma, Lhardy fue el primer restaurante moderno que tuvo Madrid.



En el vídeo que presentamos a continuación Ambrosio Aguado, uno de los socios propietarios del restaurante, relata la historia de Lhardy desde su apertura y muestra cada uno de sus deslumbrantes rincones, cuya bellísima decoración no ha variado desde que en el siglo XIX fuera diseñada por Rafael Guerrero, padre de la famosa actriz teatral María Guerrero.



Junto a su magnífica colección de espejos veremos los famosos samovares para bebidas frías y calientes, que fueron una asombrosa novedad para aquellos tiempos. También su célebre croquetero, cedido por el restaurante para la ambientación de películas de época. Además, nos serviremos un consomé como hicieron las mujeres durante muchas generaciones, al ser Lhardy uno de los pocos establecimientos de Madrid a los que podían asistir sin compañía.










La historia de Lhardy es mucha y más aún todos los personajes que han pasado por sus salones, a lo largo de sus ciento ochenta años de existencia. El mundo literario, el político, pintores, músicos, actores y actrices se han sentado a sus mesas, contribuyendo a que Madrid aparezca en las guías de viajes más influyentes del mundo entero desde el siglo XIX y hasta la fecha.



martes, 9 de abril de 2019

PALENTINO Y OTRAS TIENDAS DE LA CALLE DEL PEZ.


Mucho se habló de la desaparición del Palentino a su cierre y aún antes del año 2018. El último bar de barrio por las mañanas y de copas durante las noches. 

Fotografía: M.R.Giménez (2013). El desaparecido bar "Palentino" de la calle del Pez, en Madrid.

Ubicado en la calle del Pez, número 8, sabía congregar al vecindario de café con leche y churros, al de sol y sombra, al del bocata de media mañana y a quien entretenía el rato viendo la televisión junto a alguna bebida que perduraba demasiado. Así era este bar cuya clientela asidua se conocía de antiguo.

Por la noche la cosa daba un brinco y se convertía en algo muy diferente. Al reclamo de sus precios populares comenzó a llenarse de otro tipo de parroquia más joven, hasta el punto de necesitar una regulación para su acceso. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014). El antiguo bar "Palentino" al anochecer.
 
Inaugurado a principios de los años cuarenta del pasado siglo, Palentino había modificado poco su diseño: fachada de negro mármol, frisos plásticos en las paredes, lámparas y techos de un retardado art dèco, grandes lunas de espejo por todas partes y un largo mostrador situado a la derecha de la entrada. Sus grandes ventanales mostraban el interior de este bar, quizá demostrando que en él no había trampa ni cartón.

Fotografía: M.R.Giménez (2017). Interior del antiguo bar "Palentino".
 
El edificio anterior al actual, situado en el mismo lugar de la calle del Pez y esquina con la plaza de Carlos Cambronero, también contuvo un bar. Hay noticias, en el año 1935, del traspaso de este local para tal uso. Negocio efímero fue este bar, debido a que después de la Guerra Civil Española hubo que derruir la construcción, tras los terribles bombardeos de esta zona de Madrid. 

Fuente fotografía izquierda: bdh.bne.es (Entre 1936 y 1939). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2019). Mismo rincón de la calle del Pez de Madrid, con ocho décadas de diferencia.

La calle del Pez, importante por sus palacios (Bornos, Baena, Cheste y Bauer), estuvo plagada de comercios, muchos de ellos ya centenarios, que han ido desapareciendo en el tiempo.

Nada menos que ciento veintitrés años se ha mantenido abierta, en el número 30 de esta calle, la tienda de ropa infantil más antigua de Madrid. “La Moda”, con su niño comiendo chocolate tras los cristales del escaparate, se marchó para siempre en los primeros meses del año 2019. 

Fuente Fotografía izquierda: Ángel Viñuales de "La Moda" (aprox. década años 50). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2010) del niño comiendo chocolate.
 
A tres años de cumplir su centenario cerró “Calzados Penalva”, en el número 5, que en el año 1916 ya vendía alpargatas y más tarde se especializó en zapatos infantiles. Este comercio, al igual que “Almacenes Asturias”, con ropa de caballero y “Los Telares”, de textil para la casa, se situaron en locales alquilados al Convento de San Plácido (1913), cuyos espacios han sido ahora asimilados por el edificio.

Fotografía: M.R.Giménez (2007). Tres tiendas establecidas en del Convento de San Plácido y hoy desaparecidas: "Penalva", "Almacenes Asturias" y "Los Telares".

La calle del Pez cambió su nombre por el de calle Moriones entre los años 1868 y 1874, época conocida como el Sexenio Revolucionario. Antes de esas fechas, en el año 1865, un pastelero llamado José Barquín vino a instalar su negocio en el número 7 de esta vía. Su bonita tienda, llena de artísticos expositores de madera tallada y cristal, sería reemplazada por la “Pastelería Hernández” que, como todas las tiendas antiguas, tenía una cobradora del importe de la compra instalada en una pequeña cabina situada a la salida del establecimiento. Una obra de modernidad dio al traste con toda la decoración decimonónica, cambiando las artísticas maderas por el brillante aluminio. Treinta años después la pastelería del número 7 de la calle del Pez pasó a llamarse “V. García”, continuando la tradición del horno propio. En el año 2015 desapareció para siempre el dulce olor a dulces de esta calle.

Fotografía: M.R.Giménez (2013). Calle del Pez, nº7, donde estuvieron las pastelerías de Barquín, Hernández y V. García.
  
La calle del Pez también tuvo cines. El primero fue llamado “Coliseo Ena Victoria” y se inauguró en el año 1907. Un gran incendio dio al traste con el viejo barracón de madera y con las películas de cine mudo que proyectaba.
Con el tiempo vino a inaugurarse el “Cine Pez”, en el mes de noviembre de 1948, local de los llamados de sesión contínua, que algo más de dos décadas después pasaría a ser el “Teatro Alfil”.

Fuente fotografía izquierda: memoriademadrid (1907). Fotografía derecha: M.R.Giménez (2019). "El Coliseo Ena Victoria" estuvo en el actual nº 5 de la calle del Pez. "El Cine Pez" hoy es el "Teatro Alfil" y se encuentra en el nº 10 de la vía.

Hoy la calle del Pez está llena de negocios de restauración. Bares, restaurantes y coctelerías ocupan aquellos locales que dejaron las antiguas tiendas de barrio. Pero a mediados del siglo XIX esta calle también tuvo sus cafés con espejos en las paredes, columnas de hierro forjado, veladores y divanes forrados de terciopelo, como el Café de San Antonio, situado en el número 1, con su famoso billar y sus conciertos de música o el Café del Pez, de cante y baile flamenco, en la esquina con la calle de Pozas.

La historia de estos dos antiguos cafés de la calle del Pez se puede leer pulsando sobre sus correspondientes nombres subrayados.



Fuentes:

Ángel Viñuales de “La Moda”
bdh.bne.es
hemerotecadigital.bne.es
memoriademadrid.es
somosmalasana.elperiodico.com

miércoles, 3 de abril de 2019

LA ANTIGUA PASTELERÍA DEL POZO Y SUS TORRIJAS.



La Pastelería del Pozo, situada en la calle del mismo nombre, tiene el título de ser la más antigua de Madrid.

Su decoración no ha variado desde el inicio del siglo XIX. Alacenas de madera y cristal, lámpara de gas, diminutas sillas de espera, el viejo mostrador cubierto de mármol, su muy antigua caja registradora de marca National, balanzas y su magnífica fachada con el rótulo pintado a mano, como antaño se hacía, se muestran en este vídeo de Antiguos Cafés de Madrid.






Conocida a mediados del siglo XIX como “Horno y fábrica de bollos de la Esperanza”, en aquel obrador ya entonces se preparaban sus famosos hojaldres, el pan candeal y se asaban por encargo toda clase de carnes y pescados. En el año 1933 ya era propiedad de Julián Leal Charle, cuyos herederos en tercera generación continúan hoy con el negocio.

Antonio Pérez, Encargado del establecimiento, cuenta aquí los pormenores de tan viejo y tradicional horno pastelero que fue fundado nada menos que en el año 1830, cuando Madrid aún tenía muralla a su alrededor.

La pastelería guarda también una fotografía dedicada, expuesta junto al escaparate, del Premio Nobel Jacinto Benavente, amigo de los dueños de la casa. Todo aparece aquí rodeado de los espléndidos postres que allí se preparan, como si el tiempo se hubiera detenido.

El Maestro pastelero Ángel Villamil nos enseña, en el mismo obrador de la pastelería, como se hacen paso a paso las torrijas -propias de Semana Santa, pero que aquí se venden todo el año-. Su especial receta madrileña, propia de la casa, no ha variado desde el principio de la historia de este comercio casi bicentenario. 
 Sigue a los Antiguos Cafés de Madrid en YouTube, para conocer la historia madrileña.

viernes, 8 de marzo de 2019

UN MURAL EN LA GRAN VÍA.

Homenaje a las mujeres que luchan por cambiar las cosas y crear una sociedad justa e igualitaria para todas las personas.


Fotografía: M.R.Giménez (2019)



Spok Brillor pinta este mural sobre la fachada del Palacio de la Música, en la Gran Vía de Madrid.


Fotografía: M.R.Giménez (2019)


Fotografía: M.R.Giménez (2019)


8 DE MARZO, DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER.